Salimos de Xkampon de regreso a Santa Elena, íbamos a retomar lo que dejamos pendiente dos fines de semana atrás. Solo daría tiempo de un sitio más por el rumbo, así que fuimos a la segura a Tunkuyí, ya habíamos llegado hasta el pie del sitio, ahora éramos más y teníamos un par de horas extra para abrirnos paso. Tomamos rumbo a Bolonchén, pero antes de llegar ahí dimos vuelta en la misma terracería por la que visitamos Kansah antes y tomamos la misma desviación que pasamos aquella vez. Dejamos la camioneta en el mismo punto y caminamos por la milpa, subiendo por un montículo. Estuve revisando el suelo para ver si encontraba el filtro y la tapa que había perdido 15 días antes, pero no había ni rastro de ellos. Cruzamos otro tramo de milpa y llegamos hasta la orilla del campo, ahí ya no habíamos pasado y esperábamos tener que buscar un punto de acceso para abrirnos camino a machetazos, sin embargo, unos pocos metros al norte nos encontramos con un sendero completamente abierto.
Tunkuyí
Caminamos unos 50 metros y llegamos directamente hasta la estructura principal de Tunkuyí, un edificio en estilo Puuc Temprano, que tiene una moldura rota, es decir, una línea de piedras salientes que divide la fachada del friso y que sube formando un rectángulo sobre las puertas, aunque en este caso sube en las entradas laterales, una de ellas ya colapsada, y luego vuelve a subir en la central, algo muy poco común. Estos tres accesos daban paso a una sola habitación, también habían dos cuartos laterales que debieron tener otras dos puertas, quizá con su propia moldura rota, aunque ya están caídas. Solo tuvimos que limpiar un poco de maleza para tomar las fotografías de mejor manera y nos encontramos con vestigios de que alguien había estado ahí recientemente. Días más tarde me dijo mi amigo Balta Castro que en ese sitio hay un guardián que vive al pie del sitio, aunque no lo encontramos en esta ocasión.
Lázaro Cárdenas
A pesar de que sabemos que hay algunas cosas más que ver en el sitio, la maleza crecida impedía que buscáramos en los alrededores, así que terminamos la visita con esta única estructura y regresamos a la camioneta. Emprendimos el regreso, el único que tenía hora de llegada era yo, ya que debía tomar el camión a Campeche a las 7:30 pm, eran las 4, así que decidimos pasar a un sitio más en el camino de regreso. Escogimos Lázaro Cárdenas, uno que había intentado años atrás con Eduardo y Julio, pero nos equivocamos de camino y no pudimos llegar a pesar de que Lalo ya lo había visitado, a mi regreso de ese viaje estuve revisando la zona y marqué una posible ubicación que le di a Will, quien comprobó que era correcta. Era mi turno de visitarlo.
Llegamos hasta Santa Elena y nos desviamos a Ticul, nuevamente entramos a una terracería y avanzamos mucho más que la vez que estuve ahí infructuosamente, casi llegamos hasta el sitio en la camioneta, únicamente caminamos un centenar de metros.
Habitación con pintura azul
Llegamos hasta el único edificio en pie, este tiene un basamento bajo, que apenas alcanza los 4 m de altura. En la parte alta se encuentra un templo con dos cuartos, uno detrás del otro, construidos con piedra muy burda y en un estilo muy temprano, al parecer es un sitio más antiguo que otros en el Puuc. Lo más sorprendente es que aún se puede ver restos de pintura con un bonito azul maya en las paredes de la habitación frontal (al menos), no pudimos revisar la trasera porque estaba lleno de panales de avispas, a pesar de que estaba anocheciendo y, en teoría, los insectos estarían inactivos, algunos se movían y volaban, por lo que nadie se atrevió a intentar el paso.
Fue una visita muy rápida, por lo que al poco tiempo estábamos nuevamente en la camioneta, regresando por Ticul hasta Muna y luego tomando el mismo camino por el que habíamos llegado. Arribamos a la central de autobuses con media hora de anticipación y Will se fue a llevar a los demás donde estaban hospedados. Yo me quedé a esperar un poco el autobús, que salió muy puntual. Llegué a Campeche después de las 9:30 pm. Las calles estaban casi desiertas, pero aún así decidí caminar hasta el departamento, únicamente distante dos km de la central de ADO. Pasé a comprar mi cena en uno de los pocos locales que vi abiertos y llegué a descansar, me esperaba otra semana de catalogar materiales en el laboratorio, también ese miércoles me tocó presentar una ponencia dentro de un seminario del Instituto de Investigaciones Antropológicas y el jueves vi a Ángeles, a quien había conocido cuando estuve en Campeche, en 2019, para un curso de cultura y lengua maya, fuimos a cenar y estuvimos conversando hasta casi media noche, a pesar de que el viernes me esperaba un largo día.
Llegamos al poblado de Xculoc en muy poco tiempo y tomamos una terracería por algunos metros. Wilberth había estado ya en el lugar y me contó que aquél era el único sitio en el que había tenído la oportunidad de estar en compañía de su abuelo, quien era originario de la región.
Lo primero que vimos fueron los restos de una escultura de la que se dice que representa una mujer embarazada, sin embargo lo que se puede observar es que en realidad era parte de un cuerpo cadavérico; Wilberth me comentó que cuando estuvo ahí por primera vez la cabeza aún estaba en su sitio; hoy en día sólo existe el cuerpo seccionado en dos partes.
Escultura en Xculoc
Unos pasos más allá vimos un enorme muro construido con piedras megalíticas, nunca había visto una pared de ese tipo en el área puuc por lo que me pareció que podría ser de una etapa temprana, antes de que se desarrollara la construcción con acabados mucho más finos que se puede ver en edificios posteriores.
Una vez que rodeamos éste muro y subimos a una plataforma pudimos ver el único edificio en pie de Xculoc; éste tenía 3 habitaciones de las cuales quedan dos en pie y la del extremo derecho ya colapsó. No le quedan restos de decoraciones y no ha sido tan trabajado como Xcochkax aunque se puede notar que le han dado algunos retoques en algunos detalles.
Permanecimos ahí poco tiempo pues pensábamos ir a Itzimté de Bolonchén (hay otro Itzimté en Guatemala) y entonces bajamos de la plataforma por donde habíamos llegado; regresamos al auto y nos encontramos con la desagradable sorpresa de que otra vez la batería se había descargado aunque ésta vez no estaba completamente muerta como pasó en el km 8.5, así que pudimos arrancarlo a empujones y a pesar de que nunca había hecho una maniobra de esas, pude arrancarlo al primer intento.
Palacio de Itzimté
En no mucho tiempo llegamos a Itzimté pero comenzaba a bajar el sol en el horizonte. Éste sitio es enorme, quizá el mayor de la zona y se extiende sobre una gran planicie cubierta de cultivos. Pensábamos visitar sólo algunos de los edificios principales y pasamos rodeándolos con el auto por terracerías que cruzan el campo, todo parecía bastante complicado pues estaba cubierto de pastizal altísimo, con más de 2 metros sobre el suelo.
Wilberth sugirió ir a una estructura al norte de las principales, la cual mostraba restos de su templo superior; nos acercamos lo más que pudimos en el auto y cruzamos una milpa pero al llegar a la base fue imposible pasar incluso con los machetes por lo cerrado que estaba el pasto gigantesco que crecía sobre todo el edificio.
Restos sobre el palacio de Itzimté
Al fracasar para subir a aquel edificio decidimos ir al palacio principal de Itzimté, que habíamos visto en un lado del camino, también estaba bastante cubierto de ese pasto gigante pero había pequeñas brechas que facilitaban el subir.
Varias veces estuvimos a punto de caer pero llegamos hasta la estructura que tiene 3 niveles y en ellos pudimos observar hileras de habitaciones a las que les quedaban las paredes traseras y los muros divisorios en pie, en todas había caido la fachada. La parte superior estaba coronada con un templo igualmente con algunos muros y parte de su bóveda en pie. Desde ahí pudimos ver el sol meterse justo detrás de otro gran edificio que estaba frente a nosotros y el cielo se tornó rojizo, dando una vista hermosísima a la planicie.
La última luz del día desde el palacio de Itzimté
Yo quería ver el edificio grande de enfrente y casi corriendo me dirigí a él para llegar con la última luz del día, crucé nuevamente un campo de maíz y me topé con un muro de pasto aún peor que el de la primera estructura que vimos, estuve luchando con ésta vegetación usando el machete pero parecía que no cortaba nada a pesar de ver volar lo que cedía al filo; me convencí de que era demasiado trabajo entrar por ahí y me puse a rodear esa pared verde buscando alguna brecha que me permitiera pasar pero no encontré ninguna.
Nuevamente tuve que aceptar la derrota y ya estaba oscuro cuando subimos nuevamente al auto y regresamos hasta Hopelchén a la casa de los tíos de Wilberth, ahí estuvimos platicando un buen rato hasta que el cansancio nos hizo colocar las hamacas nuevamente para pasar la noche...