Salimos de Xkampon de regreso a Santa Elena, íbamos a retomar lo que dejamos pendiente dos fines de semana atrás. Solo daría tiempo de un sitio más por el rumbo, así que fuimos a la segura a Tunkuyí, ya habíamos llegado hasta el pie del sitio, ahora éramos más y teníamos un par de horas extra para abrirnos paso. Tomamos rumbo a Bolonchén, pero antes de llegar ahí dimos vuelta en la misma terracería por la que visitamos Kansah antes y tomamos la misma desviación que pasamos aquella vez. Dejamos la camioneta en el mismo punto y caminamos por la milpa, subiendo por un montículo. Estuve revisando el suelo para ver si encontraba el filtro y la tapa que había perdido 15 días antes, pero no había ni rastro de ellos. Cruzamos otro tramo de milpa y llegamos hasta la orilla del campo, ahí ya no habíamos pasado y esperábamos tener que buscar un punto de acceso para abrirnos camino a machetazos, sin embargo, unos pocos metros al norte nos encontramos con un sendero completamente abierto.
Tunkuyí
Caminamos unos 50 metros y llegamos directamente hasta la estructura principal de Tunkuyí, un edificio en estilo Puuc Temprano, que tiene una moldura rota, es decir, una línea de piedras salientes que divide la fachada del friso y que sube formando un rectángulo sobre las puertas, aunque en este caso sube en las entradas laterales, una de ellas ya colapsada, y luego vuelve a subir en la central, algo muy poco común. Estos tres accesos daban paso a una sola habitación, también habían dos cuartos laterales que debieron tener otras dos puertas, quizá con su propia moldura rota, aunque ya están caídas. Solo tuvimos que limpiar un poco de maleza para tomar las fotografías de mejor manera y nos encontramos con vestigios de que alguien había estado ahí recientemente. Días más tarde me dijo mi amigo Balta Castro que en ese sitio hay un guardián que vive al pie del sitio, aunque no lo encontramos en esta ocasión.
Lázaro Cárdenas
A pesar de que sabemos que hay algunas cosas más que ver en el sitio, la maleza crecida impedía que buscáramos en los alrededores, así que terminamos la visita con esta única estructura y regresamos a la camioneta. Emprendimos el regreso, el único que tenía hora de llegada era yo, ya que debía tomar el camión a Campeche a las 7:30 pm, eran las 4, así que decidimos pasar a un sitio más en el camino de regreso. Escogimos Lázaro Cárdenas, uno que había intentado años atrás con Eduardo y Julio, pero nos equivocamos de camino y no pudimos llegar a pesar de que Lalo ya lo había visitado, a mi regreso de ese viaje estuve revisando la zona y marqué una posible ubicación que le di a Will, quien comprobó que era correcta. Era mi turno de visitarlo.
Llegamos hasta Santa Elena y nos desviamos a Ticul, nuevamente entramos a una terracería y avanzamos mucho más que la vez que estuve ahí infructuosamente, casi llegamos hasta el sitio en la camioneta, únicamente caminamos un centenar de metros.
Habitación con pintura azul
Llegamos hasta el único edificio en pie, este tiene un basamento bajo, que apenas alcanza los 4 m de altura. En la parte alta se encuentra un templo con dos cuartos, uno detrás del otro, construidos con piedra muy burda y en un estilo muy temprano, al parecer es un sitio más antiguo que otros en el Puuc. Lo más sorprendente es que aún se puede ver restos de pintura con un bonito azul maya en las paredes de la habitación frontal (al menos), no pudimos revisar la trasera porque estaba lleno de panales de avispas, a pesar de que estaba anocheciendo y, en teoría, los insectos estarían inactivos, algunos se movían y volaban, por lo que nadie se atrevió a intentar el paso.
Fue una visita muy rápida, por lo que al poco tiempo estábamos nuevamente en la camioneta, regresando por Ticul hasta Muna y luego tomando el mismo camino por el que habíamos llegado. Arribamos a la central de autobuses con media hora de anticipación y Will se fue a llevar a los demás donde estaban hospedados. Yo me quedé a esperar un poco el autobús, que salió muy puntual. Llegué a Campeche después de las 9:30 pm. Las calles estaban casi desiertas, pero aún así decidí caminar hasta el departamento, únicamente distante dos km de la central de ADO. Pasé a comprar mi cena en uno de los pocos locales que vi abiertos y llegué a descansar, me esperaba otra semana de catalogar materiales en el laboratorio, también ese miércoles me tocó presentar una ponencia dentro de un seminario del Instituto de Investigaciones Antropológicas y el jueves vi a Ángeles, a quien había conocido cuando estuve en Campeche, en 2019, para un curso de cultura y lengua maya, fuimos a cenar y estuvimos conversando hasta casi media noche, a pesar de que el viernes me esperaba un largo día.
Al día siguiente Juan estaba peor de la gripe, por lo que no pudo acompañarnos, tampoco su hijo ni William padre. Por la mañana me levanté temprano y me dispuse a realizar el recorrido del día únicamente con Will; cuando ya iba a pasar por mí al hostal, Leonardo apareció por mensaje (otra vez estuvo en silencio desde la noche anterior) y pidió llevar a dos de sus amigos que estaban en la misma excavación en la que él se encontraba: Fabrizio y Marcos, así nos juntamos otra vez cinco, un mejor número para abrirnos paso en la selva con los machetes y para dividir los gastos. Will y yo nos fuimos en la camioneta a una gasolinera cercana a la salida para el Puuc y ahí citamos a los demás, que llegaron en un taxi.
Salimos todos juntos hacia Campeche y luego tomamos la desviación para Muna, por segunda vez comenzamos el día desayunando en el mercado de dicho poblado, donde pedí más tacos de cochinita que la última vez, sabiendo que son excelentes. Pasamos también a comprar dos garrafones de agua de 5 litros cada uno, ya que no encontramos de 10.
Estructura principal de Xkampon
Salimos hacia el Puuc, esta vez hasta Santa Elena, muy cerca de ahí nos desviamos en un camino rural que después se convierte en terracería. Ya había pasado por esa senda para ir un par de veces a Sacbé y una más a Huitzinchá, este último muy cerca de Xkampon, algo que ya sabía entonces, pero sin una ubicación exacta era sumamente complicado visitarlo porque es un pequeño conjunto rodeado de selva, fallar incluso por 10 metros significa no llegar ahí. Ahora Will tenía la ubicación del lugar, que ya habían visitado algunos de nuestros compañeros antes. Seguimos de largo de donde yo había estado antes y llegamos a una gran milpa con un apicultivo en su orilla, ahí dejamos la camioneta y nos preparamos para caminar, suponíamos que sería un complicado trayecto abriendo paso a machetazos, suponíamos bien. Los primeros metros únicamente rodeamos el campo abierto, pero al poco tiempo teníamos que pasar por un terreno en barbecho lleno de maleza, había arbustos, enredaderas, hierba pega pega y muchas espinas.
Lado trasero de la estructura principal
Pasamos la mayor parte del tiempo de camino buscando áreas más abiertas, rodeando, retrocediendo y avanzando a la fuerza entre toda esa cubierta vegetal. Ir al frente significaba un gran desgaste, era necesario machetear todo el tiempo; cuando había pastos eso era inútil, había que pasar por encima de las plantas y separarlas para abrirse paso. Después de un buen rato llegamos a la orilla de la selva, ahí la hierba disminuía mucho y se abrían espacios entre los árboles, pero cada tanto nos encontrábamos troncos caídos que tapaban nuestro avance y complicaban todo.
Will estuvo revisando el GPS en su celular, mientras que yo revisaba la brújula para comparar lo que el aparato nos decía con la dirección que estábamos siguiendo, un par de veces tuvimos opiniones diferentes sobre el rumbo que debíamos seguir, nos pasamos por algunos metros y pasamos a unos 50 metros del sitio sin haberlo sospechado; al final, el instrumento más sencillo y analógico demostró su gran utilidad aún en tiempos digitales y nos dirigió hasta nuestro destino.
Segunda estructura
Nos encontramos con un montículo que intentamos rodear, la maleza estaba sumamente cerrada, por lo que eso fue imposible. La única forma de pasar fue pasar sobre las piedras y atravesar un último tapón vegetal. Me adelanté para comprobar si estábamos en Xkampón y a los pocos metros pude ver la estructura principal casi totalmente cubierta de maleza, justo en el punto que tenía marcado Will. Llamé a los demás y al poco tiempo estábamos todos limpiando el frente del edificio para poder fotografiarlo. Esta estructura tiene forma de "L", aunque la parte más corta está casi completamente colapsada. Tiene decoraciones de zigzag llamadas Chanchimez, además de columnillas anudadas. La fachada está cubierta de grandes piedras muy bien labradas, siendo un edificio sumamente bonito. En el vértice había un panal de avispas, estos insectos no nos permitieron limpiar bien la hierba por aquel lado. A Leonardo le picaron mientras macheteaba, luego yo intenté quitar algunas ramas, cosa que logré hacer, pero al caer la primera de ellas pude ver a los pequeños guardianes volando y, aunque retrocedí y me cubrí, uno de ellos me picó en el cuello, cerca de la nuca, lo que dolió bastante por un par de minutos.
Decoración interna
Mientras los demás observaban la parte trasera del edificio y las habitaciones, que tenían partes derrumbadas por atrás, yo regresé a revisar lo que me había parecido un sendero cuando me adelanté, tenía la idea de que ahí debía haber otro edificio y no me equivocaba. A los pocos metros me encontré con otra estructura en L que cerraba el cuadrángulo, aunque esta estaba mucho más destruida, aún así se podía ver parte de las decoraciones en los muros derrumbados y en el suelo. Una entrada permanecía en pie apenas balanceándose sobre la jamba izquierda, en el muro intermedio con otra habitación había decoraciones, algo raro por encontrarse al interior de uno de los cuartos. Nuevamente llamé a los demás y estuvimos un rato ahí. Luego de ello decidimos salir por un sendero que partía de la parte trasera de la estructura principal, por lo que regresamos hacia allá.
Pudimos seguir el camino mientras estábamos en la selva, sin embargo, al salir al campo cubierto de hierba otra vez nos encontramos con espesa maleza que había que cortar a machetazos. Estuvimos un rato avanzando y retrocediendo porque parecía que aquel lado era aún peor que el de la entrada, el reloj con GPS de Will y nuevamente la brújula nos ayudaron a encontrar el paso que usamos antes, de forma que pudimos salir por lo que ya habíamos cortado, ahorrando mucho esfuerzo, gastamos mucho tiempo ubicando Xkampon, pero verdaderamente valió la pena.
Llegamos a Akil un poco antes de la cita con Nelson, quien me mandó un mensaje para preguntarme dónde me encontraba y por poco me confundía con otra persona que estaba también sentada en la plaza central del lugar. Llegó junto con otra joven en su moto y nos preguntó si queríamos ir caminando al sitio cercano o iríamos por el auto, escogimos la primera opción y luego de un pequeño trecho nos mostró un enorme montículo que se veía detrás de unas casas.
Preguntamos a uno de los lugareños si había forma de que nos dejaran pasar a ver la estructura y nos respondió que aquel basamento estaba en el terreno de una casa del otro lado de la manzana por lo que fuimos a rodear la cuadra, conforme avanzábamos podíamos notar que nos encontrábamos ante un edificio sumamente grande que incluso en algunas partes colindaba directamente con la calle. Pudimos ver que era una gigantesca plataforma y divisamos otros montículos en su contorno, me sorprendió bastante la magnitud de los vestigios y no podía creer que se encontraran en el centro de Akil y no hubiera sabido nada de ellos antes.
Montículo sobre la plataforma
Llegamos a la entrada de una casa muy humilde que se encontraba al borde de la gran plataforma, algunas personas se encontraban a unos metros y de entre ellas pregunté a una señora si había forma de conseguir permiso para entrar; ella me dijo que la casita que veíamos pertenecía a su madre que era una persona de avanzada edad y carácter fuerte pero al no encontrarse ahí, mi interlocutora nos acompañó a ver la parte alta del edificio.
Nos encontramos con una tradicional casa maya y algunos corrales con animales, todo estaba sobre el montículo y nos pareció que dichas construcciones no habían afectado significativamente la estructura, al ver más allá de eso nos encontramos con una plaza de gran tamaño y en su contorno sobresalían 4 o 5 montículos que por ese lado no parecían muy altos pero que en sus lados que daban al nivel de la calle tenían 15 o más metros de elevación.
Plaza de Akil entre la maleza
Subimos a dos de estos basamentos y cada vez nos sorprendía más el tamaño de la enorme edificación sobre la que nos encontrábamos, la señora que nos acompañaba nos contó que su familia había vivido ahí por mucho tiempo, algo que ha pasado en muchos sitios mayas que han sido tragados por poblaciones actuales. Supimos también problemas con los habitantes del otro extremo de la construcción pues habían arrazado partes del edificio y luego de bajar a la calle pudimos comprobarlo nosotros mismos: vimos incluso una casa donde habían destruido completamente la mitad de un gran montículo y las piedras blanquecinas nos indicaban que aquello había sucedido muy recientemente.
En los patios de algunas casas vimos piezas de decoración que debieron encontrarse en los edificios prehispánicos y más tarde supimos de la existencia de una pared con adornos aún en pie pero que no visitamos.
Chacmultún
Nos despedimos de Nelson deseándole un feliz año nuevo y se me ocurrió terminar el año en un último sitio, nos dirigimos rápidamente a Chacmultún y llegamos justo a tiempo para que Adriana recorriera el grupo central.
Como el horario de visita ya había terminado decidí quedarme en la entrada que estaba desierta para pedir permiso de recorrer el lugar si pasaba el custodio, eso no sucedió pero si llegó una familia que vive un poco más adelante sobre el camino, les pregunté si estaba bien que observáramos el último atardecer desde el grupo más elevado del lugar y me dijeron que no habría ningún problema.
Subí a la plataforma del grupo central para alcanzar a Adriana y estuvimos ahí solamente unos minutos pues el horizonte comenzaba a tornarse rojizo, regresamos al carro y lo llevamos hasta la base de la colina que sostiene el grupo Xethpol, elegí ese lugar porque mira directamente al poniente y tiene una buena altura sobre el nivel del valle.
Grupo Xethpol
Mientras ascendíamos pude ver que los últimos rayos de sol iluminaban con tonos rojizos el edificio principal del lugar, noté que pronto se vería el último destello así que tuve que subir corriendo, Adriana se quedó un poco atrás por lo que al llegar estuve solo por un momento suficientemente largo para preparar mi cámara y acomodarme para observar. Cuando estuvimos ya los dos arriba el sol estaba comenzando a ocultarse así que llegamos justo a tiempo.
Estuve tomando fotos y video hasta que el atardecer del último día del 2018 terminó, con unos minutos de luz todavía fuimos a recorrer brevemente los otros edificios del grupo Xethpol y luego regresamos al auto para hacer otro largo recorrido pues nos habíamos puesto de acuerdo con nuestros amigos Nubia y Balta para vernos en el poblado de Santa Elena con Julio y Eduardo, quienes ese día debían llegar hasta ahí luego de un largo recorrido que comenzaron varios días antes que nosotros.
El atardecer en Chacmultún
Yo pensaba ir hacia Xul para luego llegar a la ruta Puuc por el poblado de Cooperativa pero en algún momento me equivoqué y terminamos saliendo hacia Tekax así que de ahí pasamos a Akil y luego a Cooperativa, seguimos toda la ruta Puuc y llegamos a nuestro destino.
Julio, Eduardo y su novia Mónica ya nos esperaban para cenar, al llegar nos llevamos una sorpresa desagradable pues Eduardo se había lastimado la rodilla severamente y ni siquiera podía levantarse de la silla pues doblar la pierna era imposible por la inflamación. Todos sus planes se habían alterado por ello y decidimos que al día siguiente mientras él iba al médico, Julio nos acompañaría en nuestro primer recorrido del año y seguiría con nosotros hasta volvernos a encontrar en Mérida dos días más tarde.
Poco después llegaron Balta y Nubia y estuvimos ahí varias horas platicando y cenando, fue la tercera vez consecutiva que recibía el año en la zona maya con amigos y a pesar de que aún no era media noche estuvo bastante bien. Nos despedimos pues Balta y Nubia regresarían a Mérida mientras Adriana y yo todavía teníamos una noche reservada en Oxkutzcab, Julio ya tenía habitación en Santa Elena así que acordamos pasar por él temprano. Eran mas de las 11 de la noche y manejé por las estrechas carreteras de la zona para regresar, justo antes de las 12 llegamos al hotel y nos dijeron que de haber tardado un poco más hubiera sido imposible pasar pues se acostumbra quemar unos muñecos que representan el año nuevo y que están llenos de cuetes, para ello se cierran las calles. Habíamos visto todo ese día a esos muñecos colocados como sentados afuera de las casas, nos estuvimos preguntando la razón por la que estaban ahí y recién entonces lo supimos. Así comenzaba el 2019 y aún había bastantes sitios qué recorrer antes del final del viaje.
Nohpat fue el último sitio maya nuevo para mí que visté en el viaje, pero aún faltaba mostrarle a Wilberth dos más que ya había visto. El primero de ellos fue Sacbé, el cual había visitado con Julio y Eduardo días antes y que nos dió dificultades para llegar a él; sin embargo luego de los dos intentos que hicimos el camino se me quedó muy bien grabado por lo que no tuve ningún problema en guiar a Wilberth hasta el pequeño claro donde dejamos el auto y después en caminar hasta el sendero que sube a la pequeña loma que soporta los edificios que quedan de Sacbé.
Ésta vez no hubo ataques de pulgas y la visita fue más rápida, yo simplemente esperé a mi compañero y tomé unas pocas fotos extras de la estructura principal.
Montículo con jambas en Hultún
Luego de salir de Sacbé no recorrimos mucho para llegar a un hotel en las afueras de Santa Elena en cuyos terrenos se encuentra otro sitio arqueológico llamado Hultún "flecha de piedra"; ahí llegué con Luis Adrián un año antes buscando a un trabajador que nos guiara pero no lo encontramos y lo que pudimos encontrar por nuestra cuenta fue una plaza rodeada de montículos, una estructura parcialmente en pie y algunos chultunes.
Nuevamente llegamos a la recepción del lugar y de nueva cuenta no encontramos guía por lo que tuvimos que realizar lo mismo que antes: pedimos permiso para poder pasar a ver los vestigios por nuestra cuenta, a lo cual la dueña del hotel accedió amablemente.
Estructura en Hultún
Lo primero que vimos fue la plaza con montículos que yo ya conocía, aunque ahora me dí cuenta de que habían adornado su centro con flores y algunas representaciones de los cuatro puntos cardinales; de ahí seguimos un sendero que a sus lados también tenía edificios completamente destruidos y en su parte media encontramos la estructura que yo ya había visitado y que tiene un cuarto con la pared trasera y las de los lados en pie aunque toda la fachada y los recubrimientos externos de piedra se han caído. Ésta vez me tomé mucho más tiempo que la primera que llegué en observar el edificio (en aquella ocasión ya oscurecía) y me dí cuenta de que hacia la izquierda se encontraban restos que indicaban que al menos hubo dos habitaciones más.
Restos de plataforma en Hultún
Yo seguí el sendero rápidamente con la intención de peinar todo el terreno buscando senderos que entraran a la selva pues ahí mismo existe otro edificio más completo y que tenía decoraciones en forma de flecha que le dieron el nombre de Hultún; así llegué primero a un montículo que ya conocía y luego a un camino mas grande. Corrí por más de 300 metros entrando en todos los pequeños senderos que encontré pero lo único que pude ver por aquel lado fueron más montículos y algunos chultunes; esforzaba la vista entre la maleza para buscar la silueta de alguna construcción pero no vi nada más, finalmente el camino comenzaba a bajar por una suave ladera y no pude ver ya ningún resto por lo que decidí regresar y buscar por otro lado.
Montículo bajo en Hultún
Al llegar a la estructura de nueva cuenta, seguí su contorno y llegué a un pequeño sendero que me llevó a otro camino muy ancho, ahí Wilberth me ayudó a buscar yendo hacia el lado contrario al que yo fui. Por aquél lado no pudimos ver más que los restos de una plataforma que parecía prometedora pero sobre ella tampoco encontramos ningún resto visible de edificios, en total habíamos visto varios montículos, uno de ellos con las jambas de entrada al edificio que lo coronaba todavía en su lugar; además de eso en muchos lugares pudimos ver restos de mosaicos de piedra decorados típicamente en estilo del puuc, con formas geométricas e incluso forma de herradura. Igualmente había muchas otras piezas lisas que debieron pertenecer al recubrimiento de los muros o de las bóvedas de estructuras hoy desaparecidas.
Restos de decoraciones de Hultún
Todavía intenté buscar en las inmediaciones de la primera plaza, ahí hay un chultún que ya conocía pero intenté ir más allá aunque solo encontré un pequeño sendero que me llevó a un área que funcionaba como bodega del hotel, ahí ví dos monumentos grabados en piedra pero no supe distinguir si eran originales o si se trataba de decoraciones que habían realizado para poner en la plaza que estaban adornando. Ahí terminó el recorrido nuevamente sin haber encontrado el edificio faltante.
Salimos de Hultún y todavía teníamos en mente regresar a Halal pues nuestros amigos nos informaron de que ahí había por lo menos dos dinteles grabados con glifos que podíamos ver y que no encontramos cuando estuvimos ahí.
Dintel grabado en Halal
Decidimos parar en aquel sitio extraordinario con mucho gusto, antes de llegar a Hecelchakán, lugar donde nos separaríamos definitivamente; de nuevo subimos a la gran acrópolis que encontramos en el lugar y revisamos el área que nos indicaron, entonces dimos con los monumentos en la habitación más llena de avispas que había... sin embargo nos atrevimos a entrar con mucho sigilo. Yo no me acerqué del todo pues ya sabía lo que era ser picado y no quería revivirlo, así que solamente tomé fotos con un poco de acercamiento pero Wilberth si bajó hasta el dintel y estuvo ahí por algunos minutos que me parecieron eternos; yo estaba afuera listo para arrojar una piedra al gigantesco panal con la intención de ganar tiempo para mi compañero de escapar si las avispas atacaban y luego salir a toda velocidad de ahí aunque sabía que no tendríamos muchas posibilidades por lo empinado de la ladera. Por fortuna no pasó nada de eso.
Llegamos poco después y ya de noche a Hecelchakán y ahí yo tomé el camión de regreso a Mérida mientras que Wilberth salió en el auto rumbo a Campeche. El autobús paró en todos los pueblos que pasamos y tardé bastante en llegar así que terminé por hospedarme en el hotel más cercano a pesar de que era un poco caro, ahí ya lo único que hice fue cenar un poco y dormir.
El último día del viaje fue un completo fracaso, yo quería llegar finalmente a Xcambó, un sitio costero abierto al público; sabía que había dos formas de llegar en transporte público: una por Progreso y la otra por Motul, me decidí por la primera con la intención de meterme al mar un rato, sin embargo no pude pasar del puerto pues no encontré transporte disponible y los taxis eran extremadamente caros; además cuando me dirigía al mar comenzó a llover y el viento sopló fuerte por lo que decidí regresar a Mérida y comer lo más que pudiera. Luego de un corto paseo por el centro y de comprar algunos libros, nuevamente pasé la noche en el mismo hotel y al día siguiente salí temprano rumbo al aeropuerto, llegando a la ciudad de México antes del medio día por primera vez en todos mis viajes vía aérea.
Nohpat es un sitio que quería visitar desde el 2015, en que pasé por la zona del puuc yucateco junto con mi amigo Luis Adrián; de hecho aquella vez hicimos un intento de llegar ahí pasando primero por el sitio de Mulchic, pero equivocamos el camino y caminamos por varias horas sin llegar a ninguno de los dos, al regresar pudimos encontrar Mulchic, aunque en un primer momento no lo vimos a pesar de encontrarse a escasos metros del camino por el que habíamos pasado. Más tarde en ese mismo viaje proyectábamos intentarlo de nuevo siguiendo otro camino más corto pero el tiempo no nos lo permitió.
Ésta vez con Wilbeth decidimos intentar llegar a Nohpat por el segundo camino, el cual debía llegar por una terracería que cruzaba campos de cultivo; hacia allá nos dirigimos y aunque la ansiedad hacía que por momentos pensara que íbamos por una brecha equivocada, de pronto llegamos a un claro cubierto de maleza y pudimos ver los grandes montículos de ésta importante ciudad prehispánica.
Primeros vestigios arquitectónicos
Seguimos en el auto por el camino y éste nos llevó justo hasta la base de una estructura muy dañada que no parecía ser de las mayores del lugar, sin embargo de pronto nos encontramos con una gran piedra que tenía las caras completamente planas, indicando que podría tratarse del dintel de la puerta de una habitación caida, más adelante pudimos ver restos de las paredes internas de un cuarto; así que dejamos ahí el vehículo y comenzamos a caminar para ver éstos vestigios. Un poco al costado del primer montículo pudimos ver que se encontraba una gran plataforma que sostenía uno de los edificios principales de Nohpat. Por un viejo video de Eduardo sabíamos que al menos había dos grandes construcciones con algunos restos visibles así que asumimos que éste era uno de ellos.
Pared en estructura
Wilberth comenzó a subir a lo más alto del edificio por la cara más alta, mientras que yo subí a la plataforma más baja entre las piedras sueltas que quedaban de su talud y lo primero que encontré fue que el gran montículo que la coronaba tenía un gran muro hecho de piedras de buen tamaño perfectamente distinguible y libre de vegetación, ascendí rodeando ésta pared y desde arriba pude tener una gran vista del valle donde Nohpat se encuentra, ahí llegó Wilberth, quien había tenido muchas dificultades en su ascenso por el lado contrario al mío, sin embargo la vista le hizo olvidar su esfuerzo y además había restos de las paredes del templo superior, encontrándonos en el centro de lo que debió ser una habitación muy estrecha.
Restos en la cima de la primer estructura
Del lado por donde Wilberth subió la elevación era enorme, sobrepasando quizá los 25 metros y dejando ver más a la derecha la gran mole del otro edificio principal que esperábamos ver en el lugar; yo traté de fotografiar los restos arquitectónicos desde varios ángulos pero hubo algunos muy complicados pues la inclinación junto a las paredes era tremenda.
Bajamos por donde yo había subido, pues era el lado más seguro, encontrando que la plataforma de abajo tenía una gran superficie, siguiendo un sendero que rodeaba la construcción superior me encontré con una escultura que reconocí: se trataba de una estela con un personaje de frente y burdamente tallado, éste monumento fue dibujado por Frederick Catherwood a mediados del siglo XIX y aparece en el libro de John Lloyd Stephens "Incidentes de viaje en Yucatán".
Estela en la plataforma
Ésto no era todo, ya creíamos que sólo nos faltaba ir a observar la segunda gran estructura pero estábamos completamente equivocados, la curiosidad me hizo seguir por el camino que nos llevó a la estela mientras que Wilberth la fotografiaba y lo que encontré nos sorprendió gratamente. Un poco más adelante se podía distinguir la escalinata que llevaba al cima del edificio que habíamos subido y luego de bajar de la plataforma encontré restos de otras piedras con figuras labradas que representaban rostros cadavéricos, llamé a Wilberth y luego seguí sobre el sendero que parecía dirigirse a la segunda estructura pero antes de eso vi cerca de nosotros los restos de una habitación.
Fue una gran sorpresa pues estaba más completa que lo que habíamos visto hasta ese momento, subí al montículo de baja altura que la sostenía y todavía no llegaba junto a los muros cuando al otro lado pude apreciar que se extendía una plaza ¡y estaba rodeada de un palacio completo! aunque todos los techos estaban casi completamente destruidos, por todas partes se veían paredes en pie, en algunas incluso las entradas permanecían en su lugar con sus dinteles sobre ellas.
Habitación con entrada
Pasamos un buen rato recorriendo éstas primeras hileras de habitaciones, formaban un cuadrángulo y al llegar al lado contrario del que habíamos visto primero nos encontramos con un nuevo cuadrángulo detrás, por lo que una sorpresa llevaba a la otra; ya en aquél momento sabíamos que estábamos en un sitio extraordinario que debía sin duda colocarse entre los favoritos de todo el viaje.
Examinamos de nuevo éste segundo cuadrángulo e incluso en una de sus construcciones pudimos ver un muro que conservaba una sección decorada con columnillas típicas del estilo del Puuc. Ahí pudimos ver por qué Nohpat era un paso obligado por el camino que llevaba antiguamente desde Uxmal hasta Kabah, las dos ciudades más grandes de la región.
Habitación parcialmente enterrada
En uno de los costados del segundo cuadrángulo pudimos ver que incluso existía una construcción de tres o cuatro niveles cubiertos de cuartos, algunos de ellos parcialmente enterrados pero con su techo prácticamente completo. Éste gran palacio no lo habíamos encontrado en referencias ni en los videos de Eduardo, lo cual fue la mayor sorpresa que Nohpat nos había deparado; encontrábamos una habitación tras otra, muros completos, fragmentos de decoraciones, dinteles y entradas en su lugar, fragmentos de muros con su recubrimiento externo de piedras bien labradas y lisas, algunas paredes con gran altura se alzaban junto al talud de la gran construcción y nosotros no cabíamos de la emoción e íbamos de un rincón a otro examinando lo que encontrábamos.
Paredes en la parte superior del palacio
Finalmente nos encontramos con el edificio grande que habíamos visto en un principio y subimos hasta su cima, encontrándonos con un enorme muro que tenía una altura considerable, ahí arriba había restos de habitaciones que tenían bóvedas mayas también sumamente altas y delgadas, ésto si lo reconocí por los vídeos y subimos hasta lo que fue el techo del templo superior, desde donde no teníamos una vista muy amplia debido a la espesura de la selva sobre aquel lugar.
Estuvimos ahí un rato sin poder creer todo lo que habíamos visto en el sitio, ya no habíamos visto nada más en los alrededores así que decidimos regresar desde ahí siguiendo el mismo camino por el que habíamos llegado.
Gran Montículo
A la fecha en la que escribo éste diario de viaje, Nohpat es el último sitio maya nuevo que he visitado, y será difícil que alguno en el futuro lo supere en sorpresas, sin embargo jamás se sabe del todo lo que se encontrará en éste tipo de lugares que permanecen olvidados y enterrados entre la selva.
Sin embargo éste no fué el último lugar que visitamos, todavía recorrimos algunos sitios ya conocidos por mí aquel día, y eso lo narraré en el capítulo final de éste relato la próxima semana.
Luego de haber encontrado el Aka'na de Yaxcopoil, no había mucho tiempo para ir a algún sitio difícil de encontrar o más lejano que el poblado de Santa Elena; por ello Eduardo nos propuso a Julio y a mí llevarnos al sitio de Sacbé, él ya lo había visitado dos veces así que supuso que sería fácil llegar.
Llegamos a Santa Elena y entramos en una terracería buscando las referencias que Eduardo recordaba para llegar, al principio no estábamos seguros del lugar donde debíamos tomar otra brecha para dirigirnos a Sacbé pero luego de encontrarnos con una pequeña milpa y un apicultivo ya no hubo duda; dejamos el carro en un pequeño claro y caminamos siguiendo el sendero que a partir de ahí se internaba en la selva, aunque sólo unos metros adelante parecía perderse, sin embargo ésto sólamente era porque un árbol caído bloqueaba el paso, pero luego de rodearlo la senda seguía en línea recta.
Estructura destruida
Caminamos algunos metros buscando un árbol marcado desde el cuál se podía subir una loma hasta el sitio, sin embargo no encontrábamos nada sino algunos razguños en un tronco; Eduardo decidió que subiéramos a una loma desde ahí pero llegamos hasta la cima sin encontrar nada. Como ya he mencionado, Lalo ya había estado en Sacbé dos veces, aunque la primera de ellas había equivocado el camino, se separó de él y aún teniendo un gps en su reloj no pudo regresar por donde había entrado y se perdió durante 5 horas en la selva, una experiencia terrible que es una de las peores situaciones que pueden pasarle a alguien que va en búsqueda de sitios arqueológicos mayas como nosotros. Yo también me atreví a salir del camino para ver si encontraba el elusivo Sacbé sin hallar nada más que algunas plataformas y alineaciones de piedras, sin embargo mi apoyo para orientarme probó ser más confiable que un pequeño gps: el sol, usando el mismo método que los cazadores de la región pude volver sin mayor problema al sitio donde Eduardo y Julio se sentaron para esperarme, y se arrepintieron después de no haberme acompañado pues al estar inmóviles sin darse cuenta fueron presa de una gran cantidad de pulgas cuyas picaduras les provocaron una tremenda comezón más tarde aquél mismo día.
Restos de edificio
Volvimos a salir al camino nuevamente siguiendo al sol, no sabíamos como podríamos encontrar solos el sitio así que decidimos no perder tiempo y regresar a Santa Elena para buscar a uno de los guías que ahí viven, pero llegando a su casa nos dijeron que se encontraba en Mérida; entonces Eduardo sugirió buscar a otro guía llamado Narciso, a quién el encontró en el campo y que finalmente lo llevó a Sacbé días después de haberse perdido. Por el nombre nadie nos pudo dar razón de donde encontrarlo, por lo que en el carro fuimos a estacionarnos afuera del restaurante Chac Mool, donde habíamos cenado días antes para conectarnos a su red wifi, de la cual teníamos guardada la contraseña. Vimos el vídeo que Lalo grabó y ahí supimos el apellido de Narciso; con éste dato fue fácil que nos dieran su dirección, unos minutos después lo encontramos afuera de su casa y le pedimos que nos ayudara a dar con Sacbé, cosa que aceptó de buena gana luego de haber reconocido a Eduardo.
Restos de otro edificio
Nuevamente llegamos hasta el punto donde subimos a la loma, pero Narciso siguió de largo y a menos de 100 m más adelante dió vuelta en un camino que iba hacia el lado contrario al que nosotros entramos antes... así nos dimos cuenta que Eduardo nos había llevado justo por donde se había perdido algunos años antes.
El camino subía otra loma y justo al llegar a la parte más alta nos encontramos con los restos de un edificio que conservaba parte de sus muros pero cuyos techos estaban completamente derrumbados, mientras examinaba las habitaciones pude ver entre la maleza la bella estructura que aún está en pie en Sacbé pero antes de dirigirme ahí caminé hasta otro montículo que en su cima también tenía varios restos de muros y habitaciones.
Sacbé fue visitado en el siglo XIX por John Lloyd Stephens y Frederick Catherwood, por lo que aparece en el libro "Incidentes de viaje en Yucatán" y posee una litografía del edificio principal, el cual sigue casi igual que como se encontraba entonces, excepto porque una buena parte de su decoración en mosaico de piedra ha caído ya de su fachada; Sacbé también estuvo desubicado muchos años en los que se llegó a creer que había colapsado todo lo que había en pie, pero fue redescubierto hace pocas décadas.
Detalle de la decoración de la estructura principal
Después de ver los dos edificios casi totalmente destruidos finalmente estuve frente a la estructura 1; éste edificio probablemente tuvo tres habitaciones, de las cuales dos siguen en pie y la del lado derecho ha colapsado dejando en su lugar un montón de piedras. En el cuarto de la izquierda tiene una gran grieta que anuncia que será la siguiente en caer a menos que sea rescatada, sin embargo prácticamente no hay trabajo arqueológico en éste sitio.
La parte superior de la fachada está decorada con mosaico de piedra y es uno de los diseños más sobrios y armoniosos que me ha tocado ver, contiene formas de grecas sobre una línea de tamborcillos y alternando los diseños geométricos hay filas de dos mascarones del dios chaac con su nariz curva que sobresale.
Estructura 1 de Sacbé
Cuando terminamos de fotografiar y de admirar el edificio principal ya la luz del sol se tornaba rojiza, así que regresamos al auto y llevamos a Narciso a su casa para luego pasar a cenar nuevamente en el restaurante Chac Mool. Ahí fue cuando primero Eduardo y poco después Julio comenzaron a quejarse de la intensa comezón que los piquetes de las pulgas les producían y tuvieron que aguantar hasta que regresamos al hotel en Mérida para salir a comprar una pomada que les alivió el malestar que por momentos parecía que se tornaba insoportable; yo me salvé de ésto por no haberme detenido en ningún momento mientras estábamos en la selva.
Cuando regresamos de Xkipché al camino a San Simón, Stephan, con su espléndida memoria, nos llevó a un sitio que él mismo reportó; incluso Julio traía consigo aquel documento sobre un lugar cercano llamado Chelem, que es el nombre de una planta parecida a la sábila.
Avanzamos algunos kilómetros hasta que a señal de Stephan nos detuvimos y entramos en un camino junto a una milpa pero luego de algunos metros no le pareció el lugar correcto así que volvimos al auto para seguir un poco más y volver a intentarlo. Ésta vez le pareció familiar la zona y nuevamente rodeamos un cultivo de maíz para después entrar en un pastizal y subir a una pequeña colina llena de maleza. Era tal la espesura vegetal que nos costó demasiado trabajo aún con los machetes de nuestro guía y de Eduardo abrir una pequeña brecha hasta encontrar vestigios de edificios mayas, se trataba solo de un montón de piedras que en algunas partes tenía señales de muros tan destruidos que no se podía observar su forma, los rodeamos por casi todos los lados que la maleza nos permitió sin encontrar mucho mas de lo que ya habíamos visto. Buscábamos un pedazo de arco que se mantenía en pie milagrosamente y Stephan comenzaba a lamentar que parecía haberse colapsado pero ya cuando íbamos a bajar de la loma rodeamos un poco más el borde del montón de rocas y ahí pudimos ver la arquitectura prácticamente en las mismas condiciones en las que fue encontrada años antes. Había restos de muros de dos habitaciones, una de ellas con un hueco que al principio confundimos con el arco, pero el real se encontraba detrás; éste era el techo de otra habitación casi totalmente colapsada pero la fracción en pie seguía balanceándose sobre a penas tres piedras muy delgadas.
Jambas sobre un montículo en San Simón
Luego de regresar al auto, llegamos hasta San Simón a la casa donde un guía de Stephan solía vivir, pero falleció hace años por lo que preguntamos por su hermano y después de algunos minutos apareció en la puerta intrigado por los desconocidos que hablaban del finado. Preguntamos por un dintel (parte superior de una entrada) que tenía glifos que se encontraba en las cercanías pero él no sabía de su existencia, aún así le pedimos que nos llevara a algunos vestigios cercanos.
Nos internamos en la selva cercana y poco después empezamos a encontrar montículos que estaban completamente destruídos, algunos incluso con fosas de saqueo; teníamos que fijarnos bien donde caminábamos porque comenzamos a encontrar chultunes (pozos en forma de botellón excavados en la tierra); buscamos en todo alrededor pero no pudimos encontrar el dintel que Stephan había visto alguna vez que visitó aquel sitio. Lo único en pie que encontramos eran dos jambas, las piedras de cada lado de una entrada a una habitación completamente destruida que permanecían de pie como único vestigio de lo que alguna vez se levantó sobre un montículo.
Muro en Elewitz
Preguntamos al hermano del guía fallecido si conocía algun otro monumento maya o vestigio y nos dijo que había una piedra con dibujos tirada en un campo cercano, caminamos hasta un área de cultivo y buscamos pero nuevamente no pudimos dar con ella por lo crecido de la maleza; por último nos dijo que había algunos muros sobre un cerro y hacia allá nos dirigimos, sobre una empinada ladera pudimos ver aquel edificio en ruinas y supimos que su nombre era Elewitz "cerro quemado". Teníamos la duda de si estábamos lo suficientemente lejos de San Simón como para considerar que era un sitio diferente pero más tarde Stephan nos lo confirmó. En aquella cima vimos los muros de un edificio que ya había caido pero aún tenían la forma de las habitaciones e incluso mostraban claramente el lugar donde se encontraban las entradas. Alrededor de la estructura había varios chultunes, la mayoría derrumbados pero uno de ellos tenía dos bocas que se abrían en el piso, algo que yo nunca había visto antes pues todos los que conocía tenían sólo una abertura.
Edificio en Yiba
De regreso en San Simón nos despedimos de nuestro nuevo guía y él muy contento nos dijo que investigaría en los alrededores para conocer los lugares donde su hermano había estado y mostrárnolos cuando volviéramos por aquel rumbo, como aún no anochecía ya cuando íbamos de regreso nos detuvimos a la orilla de la carretera en un sitio donde se veía una gran plataforma y luego de subirla pudimos ver que la coronaba otro edificio parcialmente en pie. Éste lugar lleva por nombre Yiba, yo conocía de su existencia pero no sabía lo que se encontraba ahí. La mayoría del edificio había caido dejando solo el muro intermedio entre dos habitaciones y una pequeña sección del muro trasero que muestra decoraciones en forma de herradura. Cuando estábamos fotografiando el lugar ya el sol bañaba las piedras con tonos rojos y entonces nos dimos un poco de prisa para ir a dejar a nuestro guía de Xkipché a su casa en Muná.
Detalle de decoraciones de Yiba
Eduardo y Stephan quisieron ir a Santa Elena a cenar en el restaurante Chac Mool, donde han pasado muchas veces y cuyos dueños los conocen, así que nos desviamos de la ruta hacia Mérida para llegar hasta ahí. Había algo de gente por lo que en lo que nos servían me aparté a la carretera para intentar tomar fotografías del cielo nocturno pero ninguna me pareció buena al final.
Después de algo de plática y de comer ávidamente luego de un día largo salimos ya completamente a oscuras de regreso a Mérida y llegamos ahí algo tarde. Dejamos a Stephan pensando que habría otro día en que nos acompañaría aunque ésto finalmente no sucedió y regresamos al hotel para decidir la ruta del día siguiente, el primer sitio que visitáramos sería el número 400 para Eduardo, pero eso quedará para la próxima entrada en el blog...