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martes, 18 de febrero de 2020

Un mes en Campeche pt. 5. Xcucsuc y Xpambehaltún

Base de una estructura en Xcucsuc
Recorrimos unos pocos kilómetros a partir de Xcalachetzimin para buscar nuevamente Xcucsuc, un sitio al que había creído llegar a inicios de año junto con Adriana y Julio pero que después de una revisión resultó ser en realidad Xpambehaltún.

En esta ocasión comenzamos a buscar el lugar un poco más al sur que en la vez anterior, creyendo que encontraríamos un edificio en pie dentro de alguno de los pequeños manchones de selva que se encuentran rodeados de tierras de cultivo. Incluso nos separamos para abarcar más terreno pero únicamente encontramos algunos montículos.

Llegamos a una zona por la que pasé meses antes y dónde la maleza no me había dejado ver más que la base de un edificio, ahora estaba tan limpio de vegetación que claramente apreciamos varios montículos, algunos con restos de arranques de muro o jambas y dinteles caádos.
Lo que queda del grupo central de Xcucsuc

Era tal la destrucción que creímos que todo el sitio se encontraba ya casi desaparecido, pero meses más tarde en una nueva revisión supe que la estructura en pie que buscábamos no se encontraba en el área visitada (que en verdad era la parte central de Xcucsuc), sino que estaba a unos metros al sur de Xpambehaltún; esto me hizo convencerme de que el tan buscado edificio en realidad nunca fue parte de Xcucsuc sino de su vecino más occidental.

Ya que nos encontrábamos muy cerca de la parte que había visitado de Xpambehaltún, aprovechamos para que Wilberth e Iván lo conocieran; avanzamos un poco en el auto y luego caminamos unos metros hasta llegar a las estructuras. Ahí volví a encontrar la bella habitación donde meses antes habían unas crías de zopilote (que ya se habían ido) y la rara decoración del friso con barras verticales de estuco.
Xpambehaltún

De inmediato me puse a buscar unos glifos con pintura que me habían indicado que estaban ahí y no tardé en encontrarlos, sin embargo el estado de conservación de dichos elementos es muy malo y a penas pueden apreciarse.

Aproveché para tomar algunas fotografías y luego de una rápida visita regresamos al auto. Era más tarde que lo planeado y decidimos emprender el regreso a Campeche pero desviarnos un poco para recorrer un sitio llamado Xcochá. Tomamos una terracería que estaba en buen estado y que no nos presentó problemas para avanzar a buena velocidad, más tarde dimos vuelta en un camino mucho más difícil y llegamos hasta la base de unos cerros en los que suponíamos que se encontraban algunas estructuras todavía en pie. Había que subir para verificar pero ya nos encontrábamos bastante desgastados, Iván y Wilberth prefirieron avanzar un poco más por el camino a ver si podían ver algo mientras yo ascendía.
Decoración en Xpambehaltún

Crucé un poco de maleza y a penas dí unos pasos sobre la ladera de uno de los cerros cuando sentí un fuerte dolor en la parte interna de la rodilla izquierda, intenté seguir subiendo pero me era imposible dar un solo paso al frente con esa pierna; luego de parar y hacer dos intentos me convencí de que era inútil y podía lastimarme severamente, así que regresé al carro. Debido a todo esto no completamos la visita a Xcochá y regresamos a Campeche para comer. Todo el camino estuve preocupado de que mi lesión fuera algo grave ya que me impedía levantar la rodilla del suelo, aunque aún me permitía caminar sobre terreno plano sin mayor problema. Al día siguiente habría un interesante recorrido y no quería perdérmelo. 

Llegamos a la casa donde me hospedaba y comimos un poco de lo que teníamos en el refrigerador. Wilberth e Iván se fueron y yo me quedé acostado en la hamaca sin que mi rodilla mejorara. Así me mantuve hasta que Fernando regresó ya por la noche y preparamos nuestro siguiente recorrido, por nada del mundo me quedaría en Campeche al día siguiente.

lunes, 17 de junio de 2019

Viaje al Puuc Pt. 26. Xpambehaltún, Campeche

Primera estructura de Xpambehaltún
El siguiente sitio que visitamos aquel día fue sumamente problemático; lo primero que hicimos fue buscar el camino de acceso en el borde de Cumpich, yo no estaba seguro de nuestra posición luego de habernos desviado al cementerio y eso complicó todo de inicio. Una serie de hechos extraños casi nos imposibilita realizar cualquier visita a algún sitio por el resto del día.

Hice dos intentos por ubicarnos y al segundo tomamos el camino más sureño que conducía a las inmediaciones de Xcucsuc, un sitio poco conocido que había podido ver en los vídeos inéditos de mi amigo Eduardo; solo unos metros adelante vimos que la brecha era terrible, comenzaba a ascender para pasar por el costado de una colina y estaba totalmente cubierta de piedras irregulares, algo imposible de pasar con el auto. Tomamos rumbo al norte para buscar un segundo camino alternativo pero de pronto vi que mi brújula indicaba que estábamos en una dirección equivocada, ahí me di cuenta de que en los anteriores intentos por ubicarnos había pasado lo mismo y por eso estaba teniendo problemas.
Primera estructura

A partir de ahí supimos que algo extraño sucedía, Julio y yo reconocíamos aquella carretera porque habíamos pasado por ella tiempo atrás cuando visitamos el sitio de Haltunchón, según el mapa era imposible girar tanto como para no dirigirse casi directamente al norte y sin embargo la brújula decía otra cosa. Decidí ignorar mi instrumento y dimos vuelta al poniente directamente hacia el sitio ¡mi sorpresa fue mayúscula al ver que la brújula ahora indicaba que nos dirigíamos al norte! el misterio fue creciendo, me imaginé que estábamos de alguna manera cerca de algún yacimiento de hierro o de una antena que generaba un fuerte magnetismo pero es prácticamente imposible encontrar hierro en la piedra caliza de la península de Yucatán y no se veía por ninguna parte algún indicio de instalaciones de transmisión o algo parecido, pedí a mis compañeros que revisaran la dirección en sus celulares y ambos indicaban erróneamente el norte, igual que la mía.
Restos de habitación

Le pedí el mapa a Adriana y lo coloqué sobre el volante, iba muy despacio revisando cada rasgo de la carretera contra la fotografía de satélite con la que contaba; no había duda, íbamos hacia el oeste por el camino correcto y las brújulas seguían apuntando en dirección del oeste en lugar del norte. Aún más sorprendente fue mirar claramente como al rodear un cerro la aguja de mi instrumento dio un giro de más de 360° para detenerse finalmente apuntando al verdadero norte.

Un poco más adelante llegamos a la entrada de un rancho, tuve dudas sobre la ubicación de Xcucsuc pero sabía que estábamos muy cerca. Mis compañeros se quedaron en el auto y yo caminé por los terrenos cercanos para buscar estructuras en pie. Encontré numerosos montículos y algunos pocos restos de muro pero ningún edificio medianamente conservado, incluso pasé por toda la parte trasera del rancho sin encontrar nada.
La decoración inusual del segundo edificio

Regresé al auto y decidimos avanzar un poco más para seguir buscando, un local que pasaba sumamente acalorado nos indicó que había unas ruinas más adelante aunque sus instrucciones fueron bastante vagas para ser de mucha ayuda; llegamos hasta un lugar donde el camino comenzaba a serpentear al pie de varios cerros y decidimos no seguir más allá, ya de regreso vi un llano con milpas y unos montículos bastante sugerentes, estábamos a punto de pasarnos pero decidí parar y echar un vistazo.

Así bajé nuevamente dejando a mis compañeros en el auto, ya llevaba cerca de hora y media caminando bajo un sol inclemente y me encontraba sumamente cansado pero no quería marcharme sin encontrar nada. Crucé un campo y llegué a la base totalmente enmontada de la colina más grande, la cual tendría 6 o 7 metros de altura; con dificultad subí a su parte alta y ahí me encontré con un gran chultún, justo en la cima había indicios de que alguna vez hubo una construcción pero nada más.
Bóveda en el segundo edificio.

Ya casi me rendía pero al mirar en dirección a donde el carro se encontraba, vi en una pequeña colina cercana un muro que se dibujaba a penas entre la maleza, hice señas a mis compañeros y me dirigí hacia ahí; luego de un rato nos reunimos todos en ese punto y pudimos ver un edificio bastante dañado pero que conservaba parte de las bóvedas de dos habitaciones, una detrás de otra y su acceso en el centro de la fachada frontal. Julio se puso a limpiar la maleza pero el machete ya estaba perdiendo filo, por ello fue algo tardado y difícil.

Luego de revisar el edificio, concluí que no se trataba del que había visto en el vídeo de Eduardo así que me dispuse a buscar en la parte trasera, ahí parecía haber un pequeño patio y del otro lado otro montículo. Fue difícil acercarme hasta ahí pero bien valió la pena pues esa segunda estructura estaba mejor conservada que la primera.
Polluelos de zopilote

Lo primero que pude ver fue un muro parcialmente expuesto bajo un montón de escombro, se trataba de un friso con una decoración bastante extraña de líneas verticales, no lo supe entonces pero en una de ellas existe incluso un glifo pintado. Al rodear el edificio vi un fragmento de bóveda aún en pie que tenía un hueco en su parte baja, me acerqué y noté un olor desagradable que provenía del interior, aún así entré para encontrarme con una habitación prácticamente completa; mis ojos se estaban acostumbrando a la oscuridad que ahí reinaba cuando empecé a escuchar un sonido extraño como de gruñido, temí encontrarme con algún animal agresivo pero no podía moverme demasiado, un momento después pude ver dos pequeños polluelos cubiertos de plumilla blanca y con la cabeza casi desnuda y negra, se trataba de crías de zopilote. Decidí no molestarlas y salí por el mismo hueco, afuera vi que su madre estaba posada en un árbol y por momentos graznaba y volaba de un lugar a otro amenazante.
Xpambehaltún entre la maleza

Julio y Adriana llegaron hasta ahí un rato después y luego de tomar fotografías decidimos regresar al auto, pasamos por un tercer montículo que no parecía tener arquitectura en pie pero que si tenía tres oquedades extrañas casi cuadradas en su parte alta, no pude saber la razón de su existencia porque estaban casi completamente cubiertas de escombro.

Ninguna de las dos estructuras era alguna de las que había visto así que concluimos que estábamos en otro grupo arquitectónico y que Xcucsuc era bastante extenso y disperso. Me intrigaba que Julio afirmaba muy seguro de ello que la decoración en líneas verticales la había visto en una publicación de Eduardo pero yo no vi nada parecido en el vídeo. Varios meses después pude saber la realidad del sitio en el que estuvimos: en realidad se llamaba Xpambehaltún y no formaba parte de Xcucsuc. 

Ahí terminaron nuestros recorridos del día, habíamos tardado demasiado, quería pasar a Bécal a comprar un sombrero para mi amigo Carlos, cosa que hice y acabé comprando otro para mí; debíamos llegar a Mérida a encontrarnos con Eduardo y Mónica; una vez ahí vimos que nuestro amigo estaba un poco mejor y ahora tenía unas muletas para ayudarse a caminar, más tarde nos reunimos con Balta y Nubia para cenar y terminamos todos en lugares diferentes: Julio se hospedó con su familia, Eduardo ya se encontraba en otro hospedaje, Adriana consiguió cuarto en un tercer hotel y yo ya tenía reservado un lugar en el hostal del primer día.