Mostrando entradas con la etiqueta pinturas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pinturas. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de septiembre de 2019

Un día de viaje por Tlaxcala y Quecholac pt. 1. Tizatlán, Tlaxcala

Altar polícromo
El 3 de marzo de 2019 realicé un recorrido por Tlaxcala y Quecholac con mis amigos de hace 16 años, Marisela y Martín y su hija Alondra. Hacía tiempo que no salíamos a ninguna parte así que fue muy grato recorrer algunos lugares en su compañía, que además sería la primera experiencia en sitios arqueológicos complicados de visitar para Alondra.

En esta ocasión me tocó manejar, salí bastante temprano para recoger a mis amigos en su casa; el tráfico estaba muy tranquilo así que me tomó poco tiempo; para mi sorpresa no tardaron demasiado en salir (suelen ser muy impuntuales) y tomamos rumbo a la autopista Mexico-Puebla. 

En un principio parecía que sería un viaje problemático porque en cuanto comenzamos a avanzar el auto empezó a hacer una especie de ruido que iba acompañado de alguna manera por un cambio de presión que se sentía en los oídos, parecía como el rotor de un helicóptero y me preocupó bastante; paramos en una gasolinera y revisé el cofre sin encontrar nada raro aunque sospechaba que algo estaba obstruyendo la toma de aire; subimos de nueva cuenta y el sonido seguía; sin embargo decidí acelerar a ver si la cosa que obstruía se volaba con el viento y de pronto el problema desapareció.
Altar polícromo

A partir de entonces no hubo ningún problema mecánico, solo Alondra se mareó con las curvas de la autopista. Llegamos hasta San Martín Texmelucan y desde ahí nos dirigimos hacia la ciudad de Tlaxcala; la primera parada era Tizatlán, yo tenía previsto tomar un retorno de la carretera para llegar casi directo al sitio pero cuando llegamos ahí nos encontramos conque lo habían clausurado. Tuvimos que seguir más de 1 km y luego dar vuelta hacia el lado contrario de la carretera para regresar por algunas calles muy enredadas. Por fortuna los mapas nos ayudaron y finalmente pudimos llegar a un paso a desnivel que cruzaba al lado correcto y desde ahí nuevamente pasamos por un laberinto de calles hasta ver la iglesia colonial de Tizatlán.

Hicimos una pequeña parada para que pasara el mareo de Alondra y comiera un poco, luego de eso caminamos hacia un área techada frente al atrio de la iglesia; ahí se encuentra la parte excavada y abierta al público de este sitio que formó parte de los señoríos prehispánicos tlaxcaltecas.
Iglesia de Tizatlán

Pudimos ver algunos montículos bajos, solamente uno dejaba ver elementos arquitectónicos, entramos al área cubierta y pudimos ver que se trataba de una subestructura que alguna vez estuvo bajo el templo superior de un pequeño basamento, ahí se podían apreciar las paredes de algunas habitaciones y sobre todo dos altares bellamente cubiertos de pinturas polícromas.

El primero de ellos parecía tener una serie de cartuchos calendáricos, nos llamó mucho la atención descubrir rostros de Tláloc entre las figuras representadas. Yo no pude descifrar el resto de motivos de las pinturas pues no tengo mucho conocimiento del estilo así que solamente pudimos concluir que se trataba de algunas de las pinturas mejor conservadas que hubiéramos visto. Ahí estuvimos un buen rato pues yo quería documentar cada centímetro de los altares y además Martín le dio su cámara a Alondra y le encantó estar tomando fotografías del lugar.
Entrada a la vieja capilla abierta

Luego de salir, rodeamos el basamento y pudimos ver lo que quedaba de la escalinata que llevaba a la cima que cubrió el cuarto con los altares polícromos. Desde ahí caminamos a la iglesia colonial que estaba frente al sitio y el custodio nos llevó a la parte trasera pues ahí se encontraba una capilla abierta mucho más antigua que fue parcialmente cubierta por la construcción visible tiempo después.

Nuestra sorpresa fue mayúscula pues ahí dentro nos encontramos con una serie de pinturas (ahora coloniales) que también estaban muy bien conservadas y que eran sumamente bellas.

Nuevamente estuvimos un rato contemplando el lugar, se trataba de un arco donde al centro estuvo el altar, había un muro que sobresalía a los lados y un techo de madera, todo profusamente decorado.
Capilla abierta de Tizatlán

El techo de esa área me recordó mucho a las bellísimas iglesias de Andahuaylillas y Chinchero en Perú, había partes con los detalles muy nítidos y coloridos y algunas, sobre todo en la parte baja, que ya habían perdido los murales y solo se veían en color blanco.

Una vez que salimos nos encontramos con una escultura prehispánica colocada junto a la iglesia; Tizatlán es uno de los sitios donde mejor se puede apreciar el contraste e incluso la integración entre el pasado prehispánico y colonial.

Regresamos al auto para hacer un corto trayecto, yo tenía la propuesta de hacer una caminata por los cerros aunque no sabía si mis compañeros aceptarían...

martes, 16 de enero de 2018

Viaje por México y Guatemala pt. 2. Bonampak y los problemas de la selva

Acrópolis de Bonampak
El segundo día de viaje salimos temprano con rumbo a la selva lacandona, parando primero en el restaurante camino verde. Ahí visité a la señora Trinidad Celís y conversamos un poco mientras el grupo desayunaba y observaba el pequeño museo que hay en un rincón del lugar; ella me dijo que el turismo había bajado bastente últimamente y más tarde pude ver la razón. 

Una vez que terminamos el desayuno, volvimos al autobús y continuamos hacia Bonampak, cada vez que paso por aquella ruta me parece que aparecen más topes que hacen lento el trayecto, por lo que la distancia de 120 km desde Palenque pareció eterna. Una vez que llegamos al crucero San Javier, a 15 km de nuestro destino, apareció la primera sorpresa desagradable: ahora cobran 30 pesos por persona para pasar hacia la zona arqueológica o al poblado de Lacanhá, así que nos obligaron a parar para recolectar el peaje.
Estela 1 de Bonampak

Ya sabíamos que debíamos dejar el autobús más adelante y tomar el transporte que los lacandones tienen rumbo a Bonampak, sin embargo la última vez que estuve ahí en 2015 el costo redondo no pasaba de 50 pesos. Ésta vez nos cobraron $100 por persona y al parecernos que era un precio excesivo por 6 o 7 km de recorrido se alzaron de hombros diciendo "es lo que hay que pagar". Igualmente al negociar una lancha para ir a Yaxchilán más tarde, cuando antes habíamos pagado 150 por persona, ahora querían 300, aunque pudimos rebajar al precio anterior después de negociar, pero todavía nos esperaban más sorpresas desagradables.

En Bonampak a parte de lo que ya habíamos pagado, todavía había que dar la entrada del inah, lo cual ya eleva a alrededor de $200 pesos la visita, por mucho fuera del alcance de la mayoría de la población mexicana.

Nos dieron a penas una hora para recorrer y salir hacia Yaxchilán, lo cual logramos dando un paseo por la plaza, viendo las 3 estelas que se encuentran ahí y que muestran diversos hechos realizados por el gobernante Chan Muwan, quien era vasallo del rey Pájaro Jaguar IV de Yaxchilán. Finalmente entramos a los 3 cuartos con pinturas que se encuentran en el edificio I, en la parte baja de la acrópolis.
Cuarto 2

Éstos 3 murales van contando la historia de una batalla, el cuarto 1 a la izquierda es el primero y muestra una ceremonia en las gradas de la acrópolis. Se puede ver a los nobles y al gobernante con bellos atavíos y en la parte baja una serie de personajes en procesión, así como músicos que tocan trompetas y actores disfrazados de animales acuáticos como un cangrejo de río. Todo el cuadro parece festivo y conserva bellos colores que aunque ya se estaban perdiendo por el paso del tiempo, fueron restaurados recientemente, por lo que han recuperado algo del gran esplendor que mostraron cuando fueron pintados al final del periodo clásico, ya cerca del año 800 dC.
Presentación de cautivos

El segundo cuarto es quizá el más impresionante de todos, muestra una batalla en la selva en la cual se enfrentaron Bonampak y Yaxchilán contra el reino de Sak' T'zí, probablemente el sitio de Plan de Ayutla, cerca de Nueva Palestina, más al norte de donde nos encontrábamos. 

Se pueden ver guerreros heridos y vencidos por los capitanes del bando contrario; del otro lado del cuarto, sobre la puerta, se encuentran los cautivos vencidos, algunos moribundos y otros rogando por su vida y mirando sus manos sangrantes con una visible desesperación mientras que los vencedores se posan sobre ellos con postura triunfante.
Cuarto 3

El tercer cuarto es el mejor conservado, presenta la celebración después de la victoria y muestra nuevamente a los nobles con bellos atavíos, otros personajes están sentados aunque sus rostros fueron mutilados y se observa el estuco blanco bajo la pintura que fue arrancada, al lado izquierdo se ve un grupo de mujeres en actitud de conversar, sentadas sobre una banca colorida.

Éstos murales son algunos de los mejor conservados del clásico maya, cambiaron la forma de ver ésta cultura que anteriormente a su descubrimiento era vista como un pueblo pacífico que se dedicaba a la observación de los astros y son un tesoro invaluable que por desgracia como ya dije está ahora fuera del alcance del visitante mexicano promedio por los cobros abusivos que se han añadido para su visita, que si bien los poblados lacandones podrían necesitar, es excesivo cobrar $200 pesos por persona cuando en otras zonas arqueológicas no se paga jamás ni la mitad de eso, con mucha razón ya no pude ver los camiones llenos de gente que visitaban el lugar anteriormente ni las personas que por su cuenta llegaban en auto.
Estela 1 de Dos Caobas en el museo de Frontera

Salimos de ahí y nos dirigimos a Frontera Corozal para tomar la lancha a Yaxchilán, ya sabíamos que en éste poblado cobraban peaje para entrar también, además que los pobladores expulsaron al inah y ahora cobran la entrada al sitio ellos mismos. No nos sorprendieron los $30 pesos de inicio, pero nos llevamos una nueva sorpresa desagradable al saber que además de pagar la lancha, habría que dar $70 pesos de entrada al sitio ¡por 15 minutos de recorrido! en un lugar que mínimo debería de visitarse en 3 horas... yo me negué rotundamente a subir siquiera a la lancha, así como mis compañeros Adriana y Ernesto, además de una pareja del grupo. Los demás tampoco quisieron pagar la entrada al sitio para tan poco tiempo, aunque los convencieron de hacer el recorrido en lancha para ver animales en el camino; quizá a ellos les pareciera bueno ver un cocodrilo pero a mí se me hizo muy poca cosa, así que me quedé en el poblado y preferí ver el pequeño museo que ahí se encuentra y que nunca había estado abierto en mis 3 visitas anteriores, pero que ésta vez para mi sorpresa si lo estaba. Ahí pudimos ver dos estelas del cercano sitio de Dos Caobas, una serie de piezas menores de piedra y cerámica y una colección de fauna conservada en formol.

Finalmente nos sentamos a comer, cuando los demás volvieron hicieron lo mismo y salimos de ahí ya casi a las 8 de la noche, lo que hizo que el recorrido de regreso y hacia el poblado de Tenosique fuera ya de noche y bajo una lluvia tremenda que complicó al conductor el llevarnos de forma segura a destino; a casi media noche estábamos instalándonos en el hotel en el centro de la ciudad fronteriza de Tabasco...