Tardamos casi una hora en llegar hasta l parte más al norte del Periférico de Mérida, bajamos y caminamos por una zona industrial y luego por una de las zonas con más alto poder adquisitivo de la ciudad, me sorprendió incluso ver rascacielos, algo que no recordaba haber visto nunca en mis anteriores visitas. A pesar de eso, el parque ecoarqueológico de Altabrisa es uno de los peor cuidados que hay en Mérida, se encuentra totalmente abandonado y sus senderos ya parecen una ruina más entre toda la maleza que los cubre. Fue sumamente difícil movernos y encontrar algo en ese lugar, incluso nos llenamos otra vez con semillas de hierba pega pega. Hicimos varios intentos, encontrando grandes piedras, pero solo hasta llegar al centro del lado sur del parque pudimos ver una construcción de rocas en círculo, que me recordaron las llamadas "kivas" de Cuicuilco, probablemente contemporáneas, ya que muchos sitios de Mérida datan del Preclásico Tardío, incluso del Medio. También encontramos una plataforma con el arranque de los muros del edificio superior, pero eso fue todo lo que pudimos divisar, aunque sabíamos que debía haber más edificios.
Posible estela en Polok Kej
Salimos a una glorieta y nos sentamos a quitarnos las semillas que teníamos pegadas en los pantalones, decidimos pedir un taxi, se hacía tarde y era la forma más rápida de ir a Los Héroes, donde continuaríamos el recorrido. Aproximadamente 40 minutos más tarde estábamos llegando a la orilla norte de ese enorme fraccionamiento, que aún se encuentra en construcción. Leonardo había excavado en el salvamento que se estaba llevando a cabo ahí y me mostró el área central de un sitio llamado Polok Kej "Venado gordo", que, al parecer, sería la única sección de ese lugar que se conservaría, quizá como otro parque ecoarqueológico. Vimos lo que parecía ser una estela muy erosionada y, metros más allá, un basamento piramidal con 6 o 7 m de altura. En la parte trasera pasaba una albarrada, aunque no sé si es prehispánica o más reciente. Aún pude ver un poco de los trabajos arqueológicos al pasar y regresamos al fraccionamiento.
Chen-Hó
Caminamos muchas cuadras desde ahí, la tarde cayó y llegamos al parque que contiene los restos del sitio de Oxmul ya habiendo caído la noche, el nombre del lugar significa tres montículos, aunque vimos dos, el tercero debía estar al otro lado de la calle, en otro parque que ya no visitamos por la oscuridad. Únicamente pudimos ver los basamentos destruidos, que sobrepasaban los 4 m de altura. Salimos a la avenida principal y pedimos otro taxi, esta vez al Parque ecoarqueológico de Oriente, donde se encuentra el sitio de Chen-Ho, otro que ya conocía.
Este último lugar es muy diferente a todos los demás, el parque es muy concurrido, tenía puestos de comida y otros productos en sus alrededores y se encuentra iluminado. No tuvimos problemas para recorrer sus estructuras ya excavadas de noche, una perspectiva que pocas veces se puede apreciar en los sitios arqueológicos. Únicamente me limité a tomar fotografías, consideré que mi viejo vídeo del lugar estaba bien.
Caminamos un poco para tomar otro camión, aunque decidimos transbordar más tarde para llegar lo más cerca posible del hostal. Habíamos caminado más de 10 km y el cansancio ya estaba pesando, andar por la ciudad siempre me ha parecido más agotador que el campo. El primer transporte dio muchas vueltas, se detuvo por mucho tiempo y tardamos bastante, el segundo solo lo abordamos por algunas cuadras. Llegamos casi directo a comer y luego a descansar, William ya había dado señales de vida y confirmó que al día siguiente saldríamos en la camioneta a un último recorrido por el Puuc.
El 7 de diciembre Leonardo planeaba ir con sus amigos a Uxmal aunque no pudieron por cuestiones de los vuelos de vuelta de ellos. Yo pensaba descansar por la mañana y salir a algunos parques ecoarqueológicos dentro de Mérida y que Leonardo me alcanzara más tarde, él se iría hasta el lunes siguiente, así que tenía un par de días más. Me sentía un poco cansado por esa semana en la que había tenido una ponencia y la larga y rápida caminata de Nocuchich. Al final acordamos salir poco antes del medio día y él se cambiaría de hospedaje al hostal donde me había estado quedando, Leonardo quería visitar lo más posible, yo quería un día tranquilo, pero al final me convenció de hacer el recorrido tan largo como se pudiera. Aún así tuve una mañana relajada en la que, por primera vez en años, aproveché el desayuno gratis que ofrecían; tuve tiempo de recostarme en los camastros de las áreas compartidas y alrededor de las 11 estuve listo para salir.
Leonardo llegó y esperé a que dejara sus cosas, lo primero que hicimos fue ir al oxxo más cercano para comprar una tarjeta del transporte público, ahora llamado va y ven. Ya William me había explicado que los autobuses viejos habían sido retirados y se implementaron unos nuevos cuyo cobro era electrónico. Decidimos utilizarlo para no gastar demasiado en taxis.
Estructura principal del área de Los Paseos, Opichén
Decidimos comenzar por el lado más cercano, al poniente de la ciudad, y recorrer en sentido de las manecillas del reloj hasta el oriente. Tomamos un camión hacia Opichén, en media hora o menos ya estábamos bajando y caminamos algunas cuadras más a un sitio que Leonardo había marcado y que yo no sabía de su existencia: La Joya. Estábamos a orillas de una gran área verde cubierta de maleza, aunque caminando un poco más nos encontramos con un parque en un pequeño cuadrado despejado, ahí vimos los muros bajos de una plataforma habitacional que tenía algunos montículos pequeños arriba, lo reconocí como un solar maya, una zona de casas divididas de otras por un muro bajo y que contenía varias construcciones pequeñas y un huerto.
Caminamos de regreso a Opichén, aunque primero pasamos a un camellón que fue convertido en un parque lineal llamado Los Paseos, yo tampoco sabía de su existencia y me sorprendió gratamente que contaba con varios montículos, uno de ellos con dos niveles de aproximadamente 5 m de altura que había sido excavado, dejando visible la gran escalinata de acceso y el frente del cuerpo superior. De ahí seguimos un par de cuadras hasta un parque llamado "Girasoles I" que ya tenía ubicado de años atrás, aunque ahí solo vimos algunos muros de plataforma, unos metros más lejos pasamos por "Girasoles II", con un pequeño edificio triádico, aunque destruido, solo se observaba el montículo. Nos dirigimos a la hacienda del lugar y ahí vimos un gran conjunto de montículos limpios de maleza aunque sin excavar. Todos esos parques formaban parte del mismo sitio de Opichén.
Villa Magna II
A partir de ahí, caminamos por un poco más de tiempo hacia el norte, hasta llegar al parque de Villa Magna II, que solamente tiene un montículo con muros de contención, pasando una calle está Villa Magna, con otro montículo pequeño. Unos metros más allá llegamos a Villa Magna I, un poco más extenso y con otro edificio destruido más extenso y más alto, aunque solo con una esquina visible. Estos tres puntos bien podrían ser parte de Opichén, pero los agrupamos aparte como Villa Magna.
Desde ahí caminamos un par de cuadras para tomar un camión que nos llevara más al norte, bajando en el parque arqueo-ecológico del Poniente, donde se encuentra el extenso sitio de Xoclán, el más grande de toda el área metropolitana de Mérida. Yo lo había visitado 10 años antes, aunque de manera muy apresurada y el vídeo que grabé era muy corto, por lo que aproveché para hacer uno nuevo. Nos encontramos con un basamento de 4 o 5 m de altura con los escalones de acceso a la base visibles, luego cruzamos el lado sur del parque para ver una estructura residencial en un camellón. Después de ello, estuvimos caminando bastante para ubicar el resto del sitio.
Base de la estructura principal de Xoclán
El parque es grande y en su centro hay una aguada muy extensa con la que nos topamos siguiendo el camino principal. Tomamos un sendero secundario y nos encontramos con el grupo central, con una estructura triádica que quizá alcanzaba 10 m o más de altura, el mayor edificio prehispánico que queda en toda Mérida. Más al sur nos encontramos con los voluminosos muros y pilastras de un palacio que no había visto antes. El conjunto tiene más montículos, aunque solo en uno de ellos se ven algunas piedras de construcción. Caminamos un buen rato para cruzar al lado norte del parque, donde hay otro conjunto de edificios, cuando llegamos empezaba a llover de forma muy ligera, aunque no duró mucho. El Grupo Norte tenía un montículo alto, de más de 5 m de altura y otros más pequeños, aunque no vimos arquitectura expuesta. Nos llamó la atención la presencia de piedras enormes por todo el parque, quizá fue una gran cantera.
Aún teníamos tiempo para seguir, así que caminamos a Periférico para dirigirnos al norte de la ciudad.
Durante la semana Will me dijo que se había contagiado de gripe, no parecía que fuera a reponerse para el fin de semana aunque quedaba la posibilidad de salir a la selva el domingo, yo tuve también algunas molestias, aunque la irritación de garganta me duró un par de días y me repuse por completo. Venía el último fin de semana que Leonardo estaría en Mérida, así que estuvimos en contacto pensando en hacer algún recorrido el sábado. Mi primera opción era Dzibilchaltún, pero después de revisar vimos que estaba cerrado, como lo había estado ya un largo tiempo a pesar del anuncio de su apertura, que aún no había sucedido. Llegado el jueves no había un plan claro, pero decidí tomarme el viernes para hacer el viaje a Mérida de forma económica, en combi o en camión de segunda clase. El 5 de diciembre hice una visita al Museo del Fuerte de San Miguel, el único que me faltaba conocer en Campeche, cuenta con un interesante acervo reunido en múltiples sitios del estado, sobre todo en Calakmul.
El 6 de diciembre, casi de último minuto decidí ir a Hopelchén en combi, no tenía claro los horarios de ese transporte, pero no quería levantarme tan temprano como la semana anterior para tomar el camión de las 6 de la mañana. Will me había pasado el número celular de un guía que podía llevarme a Nocuchich, pero nunca me contestó, pretendía buscarlo en el centro y seguir mi camino si no lo encontraba.
Torre de Nocuchich
El recorrido de ese día se fue dando sobre la marcha, llegué a tomar el transporte a las 7 de la mañana, pero resultó que saldría hasta las 8, no me quedó otra que esperar. El trayecto fue más rápido que en el camión, llegando poco después de las 9 a Hopelchén. Caminé al palacio municipal, el cual estaba desierto, pensé en tomar un mototaxi y decirle que me llevara hasta el sitio, pero luego se me ocurrió que tenía suficientes piernas y energía para ir y regresar los 20 km totales que implicaba ir ahí, más aún, consideré un reto hacerlo antes de que pasara el camión a Mérida, que sabía que estaría ahí alrededor de las 2 de la tarde, si no lo lograba, aún tenía la opción de esperar la corrida de las 4 pm. Con ese pensamiento comencé a caminar poco antes de las 9, tomando una terracería de sascab (tierra blanca) con una recta polvorienta que parecía interminable. Era tan ancha como para que los autos que pasaban no se me acercaran, pero cada que eso ocurría me cubría un poco más de tierra. Fueron casi 5 km de lo mismo, hasta que me encontré con un camino lateral, donde las condiciones eran mejores, había árboles en las orillas que daban algo de sombra y la tierra no estaba suelta.
Torre de Nocuchich
A partir de ahí crucé un par de grandes campos de cultivo divididos por manchones de selva, poco a poco iba subiendo la velocidad, no hacía mucho calor, había viento fresco y el camino era bueno. Solo caminando, sin correr jamás, pude alcanzar una velocidad promedio de más de 6 km/h, por lo que recorrí los 10 km de ida en un poco más de hora y media. Llegando al sitio vi algunos montículos pequeños en el campo. Me encontraba en perfectas condiciones, solo eran las 10:30 de la mañana, así que estaba convencido de que regresaría para la corrida de las 2 pm, pero eso dependía de qué tan rápido encontrara la torre de Nocuchich, único edificio en pie del sitio. Alguna vez hubo otra con un gran rostro en su fachada, pero fue dinamitada porque infundía miedo en los locales. La que está en pie es una torre emblema, sin ninguna habitación, solamente un cuerpo inferior, un friso y una crestería calada. Un edificio bastante pequeño entre un manchón de selva, podía ser como buscar una aguja en un pajar, sin embargo, Gabriel Partida había estado ahí, después William, y habían marcado bien la ubicación. Yo no tenía machete, pero si un punto que buscar, era un volado.
Torre de Nocuchich
Me metí a la selva sin seguir ningún sendero, para mi agrado no estaba especialmente cerrada, se podía pasar bastante bien. Estuve revisando mi ubicación con el GPS de mi celular, acercándome al punto indicado. Estaba muy cerca y no veía nada que indicara construcción en pie, solamente algunos montículos bajos, comenzaba a pensar que la ubicación tenía algún error cuando la torre apareció de repente frente a mí. No la vi hasta que estuve a escasos 5 metros, aún con selva poco tupida. Dejé mis cosas y le di la vuelta para mirarla por todos los ángulos, aunque a mitad de ello me di cuenta de que tenía las piernas llenas de hierba pega pega que crecía al pie del edificio, por fortuna, el pantalón que traía tenía tejido muy cerrado y fue fácil retirar esas semillas que tanto me habían molestado semanas antes. Estuve recorriendo todo alrededor para buscar algún resto de la torre caída, encontré un par de posibles ubicaciones, pero no queda nada claro entre las piedras amontonadas.
Me tomé un tiempo para comer algo y beber agua, algo que no había hecho hasta entonces, no lo había necesitado. Salí de la selva alrededor de las 11:45, directamente al norte para cortar camino, nuevamente sin sendero. Me encontré con un par de pequeñas cuevas, aunque no hice ningún intento por entrar. Regresé al camino y empecé a caminar de regreso subiendo el ritmo rápidamente a uno similar al del trayecto de ida. Antes de llegar a la gran recta me encontré de frente con un joven menonita que dijo llamarse Juan, se acercó a hablar conmigo preguntándome si había visto a un mexicano por ahí, que quería que le ayudara a chapear algún terreno (o eso entendí con su pobre español). Me preguntó si tenía música qué escuchar, cerveza o cigarros, yo no tenía ninguna de esas cosas, y se interesó especialmente por mi celular. No parecía querer seguir su camino, así que le dije que tenía que irme para alcanzar el camión. Seguí caminando un km más y luego vi que venía cruzando en diagonal un campo que yo había rodeado por completo. Me alcanzó y siguió preguntándome cosas. Esto me llevó más de media hora y mis piernas se enfriaron, finalmente vimos a un hombre con bicicleta a lo lejos, él lo reconoció y se fue a su encuentro. Finalmente me dejó seguir mi camino.
Los últimos cuatro kilómetros hasta Hopelchén, y en especial el último, con subida, fueron mucho más difíciles y lentos, mis piernas habían perdido el ritmo y comenzaron a dolerme los músculos, ya había recorrido 16 km al paso más rápido que pude y ascender al poblado hacía que me dolieran las pantorrillas y los muslos. Llegué agotado al mercado y me encontré con una larga fila que esperaba el camión, era la 1:30 y mucha gente quería ir a Mérida. Temí que no pudiera siquiera subir, pero cuando por fin pasó el transporte a las 2:15 alcancé a ascender, pero de pie y muy incómodo y apretado, no cabía ni un alma ya. Sufrí bastante hasta llegar a Bolonchén, donde bajaron varias personas y pude acomodarme mejor, a pesar de ello no pude sentarme hasta después de salir de Santa Elena. Llegué a Mérida después de las 5 de la tarde y me dirigí al mismo hostal que la semana anterior, solo pasé a dejar mi mochila y fui de inmediato a comer en la primera fonda que encontré. Regresé a descansar con las piernas muy cansadas y adoloridas. El plan para el día siguiente, sin los Williams, se terminó de acordar apenas esa noche.
Salimos de Xkampon de regreso a Santa Elena, íbamos a retomar lo que dejamos pendiente dos fines de semana atrás. Solo daría tiempo de un sitio más por el rumbo, así que fuimos a la segura a Tunkuyí, ya habíamos llegado hasta el pie del sitio, ahora éramos más y teníamos un par de horas extra para abrirnos paso. Tomamos rumbo a Bolonchén, pero antes de llegar ahí dimos vuelta en la misma terracería por la que visitamos Kansah antes y tomamos la misma desviación que pasamos aquella vez. Dejamos la camioneta en el mismo punto y caminamos por la milpa, subiendo por un montículo. Estuve revisando el suelo para ver si encontraba el filtro y la tapa que había perdido 15 días antes, pero no había ni rastro de ellos. Cruzamos otro tramo de milpa y llegamos hasta la orilla del campo, ahí ya no habíamos pasado y esperábamos tener que buscar un punto de acceso para abrirnos camino a machetazos, sin embargo, unos pocos metros al norte nos encontramos con un sendero completamente abierto.
Tunkuyí
Caminamos unos 50 metros y llegamos directamente hasta la estructura principal de Tunkuyí, un edificio en estilo Puuc Temprano, que tiene una moldura rota, es decir, una línea de piedras salientes que divide la fachada del friso y que sube formando un rectángulo sobre las puertas, aunque en este caso sube en las entradas laterales, una de ellas ya colapsada, y luego vuelve a subir en la central, algo muy poco común. Estos tres accesos daban paso a una sola habitación, también habían dos cuartos laterales que debieron tener otras dos puertas, quizá con su propia moldura rota, aunque ya están caídas. Solo tuvimos que limpiar un poco de maleza para tomar las fotografías de mejor manera y nos encontramos con vestigios de que alguien había estado ahí recientemente. Días más tarde me dijo mi amigo Balta Castro que en ese sitio hay un guardián que vive al pie del sitio, aunque no lo encontramos en esta ocasión.
Lázaro Cárdenas
A pesar de que sabemos que hay algunas cosas más que ver en el sitio, la maleza crecida impedía que buscáramos en los alrededores, así que terminamos la visita con esta única estructura y regresamos a la camioneta. Emprendimos el regreso, el único que tenía hora de llegada era yo, ya que debía tomar el camión a Campeche a las 7:30 pm, eran las 4, así que decidimos pasar a un sitio más en el camino de regreso. Escogimos Lázaro Cárdenas, uno que había intentado años atrás con Eduardo y Julio, pero nos equivocamos de camino y no pudimos llegar a pesar de que Lalo ya lo había visitado, a mi regreso de ese viaje estuve revisando la zona y marqué una posible ubicación que le di a Will, quien comprobó que era correcta. Era mi turno de visitarlo.
Llegamos hasta Santa Elena y nos desviamos a Ticul, nuevamente entramos a una terracería y avanzamos mucho más que la vez que estuve ahí infructuosamente, casi llegamos hasta el sitio en la camioneta, únicamente caminamos un centenar de metros.
Habitación con pintura azul
Llegamos hasta el único edificio en pie, este tiene un basamento bajo, que apenas alcanza los 4 m de altura. En la parte alta se encuentra un templo con dos cuartos, uno detrás del otro, construidos con piedra muy burda y en un estilo muy temprano, al parecer es un sitio más antiguo que otros en el Puuc. Lo más sorprendente es que aún se puede ver restos de pintura con un bonito azul maya en las paredes de la habitación frontal (al menos), no pudimos revisar la trasera porque estaba lleno de panales de avispas, a pesar de que estaba anocheciendo y, en teoría, los insectos estarían inactivos, algunos se movían y volaban, por lo que nadie se atrevió a intentar el paso.
Fue una visita muy rápida, por lo que al poco tiempo estábamos nuevamente en la camioneta, regresando por Ticul hasta Muna y luego tomando el mismo camino por el que habíamos llegado. Arribamos a la central de autobuses con media hora de anticipación y Will se fue a llevar a los demás donde estaban hospedados. Yo me quedé a esperar un poco el autobús, que salió muy puntual. Llegué a Campeche después de las 9:30 pm. Las calles estaban casi desiertas, pero aún así decidí caminar hasta el departamento, únicamente distante dos km de la central de ADO. Pasé a comprar mi cena en uno de los pocos locales que vi abiertos y llegué a descansar, me esperaba otra semana de catalogar materiales en el laboratorio, también ese miércoles me tocó presentar una ponencia dentro de un seminario del Instituto de Investigaciones Antropológicas y el jueves vi a Ángeles, a quien había conocido cuando estuve en Campeche, en 2019, para un curso de cultura y lengua maya, fuimos a cenar y estuvimos conversando hasta casi media noche, a pesar de que el viernes me esperaba un largo día.
Al día siguiente Juan estaba peor de la gripe, por lo que no pudo acompañarnos, tampoco su hijo ni William padre. Por la mañana me levanté temprano y me dispuse a realizar el recorrido del día únicamente con Will; cuando ya iba a pasar por mí al hostal, Leonardo apareció por mensaje (otra vez estuvo en silencio desde la noche anterior) y pidió llevar a dos de sus amigos que estaban en la misma excavación en la que él se encontraba: Fabrizio y Marcos, así nos juntamos otra vez cinco, un mejor número para abrirnos paso en la selva con los machetes y para dividir los gastos. Will y yo nos fuimos en la camioneta a una gasolinera cercana a la salida para el Puuc y ahí citamos a los demás, que llegaron en un taxi.
Salimos todos juntos hacia Campeche y luego tomamos la desviación para Muna, por segunda vez comenzamos el día desayunando en el mercado de dicho poblado, donde pedí más tacos de cochinita que la última vez, sabiendo que son excelentes. Pasamos también a comprar dos garrafones de agua de 5 litros cada uno, ya que no encontramos de 10.
Estructura principal de Xkampon
Salimos hacia el Puuc, esta vez hasta Santa Elena, muy cerca de ahí nos desviamos en un camino rural que después se convierte en terracería. Ya había pasado por esa senda para ir un par de veces a Sacbé y una más a Huitzinchá, este último muy cerca de Xkampon, algo que ya sabía entonces, pero sin una ubicación exacta era sumamente complicado visitarlo porque es un pequeño conjunto rodeado de selva, fallar incluso por 10 metros significa no llegar ahí. Ahora Will tenía la ubicación del lugar, que ya habían visitado algunos de nuestros compañeros antes. Seguimos de largo de donde yo había estado antes y llegamos a una gran milpa con un apicultivo en su orilla, ahí dejamos la camioneta y nos preparamos para caminar, suponíamos que sería un complicado trayecto abriendo paso a machetazos, suponíamos bien. Los primeros metros únicamente rodeamos el campo abierto, pero al poco tiempo teníamos que pasar por un terreno en barbecho lleno de maleza, había arbustos, enredaderas, hierba pega pega y muchas espinas.
Lado trasero de la estructura principal
Pasamos la mayor parte del tiempo de camino buscando áreas más abiertas, rodeando, retrocediendo y avanzando a la fuerza entre toda esa cubierta vegetal. Ir al frente significaba un gran desgaste, era necesario machetear todo el tiempo; cuando había pastos eso era inútil, había que pasar por encima de las plantas y separarlas para abrirse paso. Después de un buen rato llegamos a la orilla de la selva, ahí la hierba disminuía mucho y se abrían espacios entre los árboles, pero cada tanto nos encontrábamos troncos caídos que tapaban nuestro avance y complicaban todo.
Will estuvo revisando el GPS en su celular, mientras que yo revisaba la brújula para comparar lo que el aparato nos decía con la dirección que estábamos siguiendo, un par de veces tuvimos opiniones diferentes sobre el rumbo que debíamos seguir, nos pasamos por algunos metros y pasamos a unos 50 metros del sitio sin haberlo sospechado; al final, el instrumento más sencillo y analógico demostró su gran utilidad aún en tiempos digitales y nos dirigió hasta nuestro destino.
Segunda estructura
Nos encontramos con un montículo que intentamos rodear, la maleza estaba sumamente cerrada, por lo que eso fue imposible. La única forma de pasar fue pasar sobre las piedras y atravesar un último tapón vegetal. Me adelanté para comprobar si estábamos en Xkampón y a los pocos metros pude ver la estructura principal casi totalmente cubierta de maleza, justo en el punto que tenía marcado Will. Llamé a los demás y al poco tiempo estábamos todos limpiando el frente del edificio para poder fotografiarlo. Esta estructura tiene forma de "L", aunque la parte más corta está casi completamente colapsada. Tiene decoraciones de zigzag llamadas Chanchimez, además de columnillas anudadas. La fachada está cubierta de grandes piedras muy bien labradas, siendo un edificio sumamente bonito. En el vértice había un panal de avispas, estos insectos no nos permitieron limpiar bien la hierba por aquel lado. A Leonardo le picaron mientras macheteaba, luego yo intenté quitar algunas ramas, cosa que logré hacer, pero al caer la primera de ellas pude ver a los pequeños guardianes volando y, aunque retrocedí y me cubrí, uno de ellos me picó en el cuello, cerca de la nuca, lo que dolió bastante por un par de minutos.
Decoración interna
Mientras los demás observaban la parte trasera del edificio y las habitaciones, que tenían partes derrumbadas por atrás, yo regresé a revisar lo que me había parecido un sendero cuando me adelanté, tenía la idea de que ahí debía haber otro edificio y no me equivocaba. A los pocos metros me encontré con otra estructura en L que cerraba el cuadrángulo, aunque esta estaba mucho más destruida, aún así se podía ver parte de las decoraciones en los muros derrumbados y en el suelo. Una entrada permanecía en pie apenas balanceándose sobre la jamba izquierda, en el muro intermedio con otra habitación había decoraciones, algo raro por encontrarse al interior de uno de los cuartos. Nuevamente llamé a los demás y estuvimos un rato ahí. Luego de ello decidimos salir por un sendero que partía de la parte trasera de la estructura principal, por lo que regresamos hacia allá.
Pudimos seguir el camino mientras estábamos en la selva, sin embargo, al salir al campo cubierto de hierba otra vez nos encontramos con espesa maleza que había que cortar a machetazos. Estuvimos un rato avanzando y retrocediendo porque parecía que aquel lado era aún peor que el de la entrada, el reloj con GPS de Will y nuevamente la brújula nos ayudaron a encontrar el paso que usamos antes, de forma que pudimos salir por lo que ya habíamos cortado, ahorrando mucho esfuerzo, gastamos mucho tiempo ubicando Xkampon, pero verdaderamente valió la pena.
Me levanté temprano el sábado 30 de noviembre, habíamos fijado la cita a las 7 de la mañana en el lobby del hotel donde Juan y su hijo estaban hospedados, unas cuadras al norte de la catedral de Mérida. Estaba listo mucho antes porque debía cruzar todo el centro para llegar ahí. Me tomé todo con calma porque por mensajes ví que los Williams llegarían un poco tarde y Leonardo no contestaba desde la noche anterior. La caminata de un poco más de un kilómetro me sirvió para soltar las piernas, que habían amanecido algo pesadas por el largo trayecto en autobús del día anterior y por el recorrido en Uxmal.
Me encontré con Juan en la esquina de su hotel, estaba agripado y buscando algún lugar abierto para tomar un desayuno o al menos café, pero había un evento llamado "la noche blanca", donde hubo eventos callejeros y conciertos (cerca de mi hostal había un gran escenario, pero yo nunca salí a ver), gracias a que los comercios estuvieron funcionando durante gran parte de la noche, abrirían tarde por la mañana, la búsqueda era inútil.
Arco de entrada a Chichén Viejo
Estuvimos platicando un rato, tanto ellos como los Williams habían viajado hasta Copán desde que los vi, recorriendo también una parte de Guatemala y cruzando por Belice. Leonardo seguía sin dar señal de vida cuando los demás llegaron por nosotros en su camioneta, decidimos que era hora de irnos y pararíamos en una gasolinera en las afueras de la ciudad. Ahí Juan aprovechó para comprar su café y, en el último momento, Leonardo finalmente mandó mensaje. Le dimos la opción de alcanzarnos en Chichén Itzá yéndose en camión, o que pidiera un taxi de inmediato y llegara a la gasolinera. No estaba demasiado lejos de nosotros, por lo que escogió la segunda opción. Aprovechamos para unirnos a Juan, yo me compré un frappé bastante azucarado. Luego de media hora llegó el último de nosotros, totalmente crudo. Subimos a la camioneta y tomamos la carretera hacia Valladolid, tomando hacia Kantunil, Libre Unión y, por último, Pisté, donde paramos a desayunar panuchos, salbutes y algunos otros platos regionales. Estábamos justo junto a la iglesia del pueblo, que tiene en sus muros varias piezas provenientes del cercano Chichén Itzá, incluyendo cabezas de serpiente que sobresalen en algunas partes altas.
Templo de la Serie Inicial, Chichén Viejo
Llegamos al sitio ya casi a las 10 am, la cita que tenía Juan para todos era a las 11, por lo que nos quedaba un poco de tiempo. Decidimos entrar para pasar ese tiempo recorriendo, aunque únicamente alcanzamos a dar la vuelta por el enorme juego de pelota principal, el más grande que se conoce, con sus templos en las cabeceras, paneles en los taludes, aros de piedra y el Templo del Jaguar en su lado oriental. Regresamos a la entrada, nos dirigiríamos a la única razón que me hizo volver hasta ahí, el conjunto de Chichén Viejo, recientemente abierto al público mediante cita o con cupo limitado. Desde 2012 había tenido como propósito no volver hasta poder entrar ahí, ya que me desagrada bastante la gestión del lugar, que lleva años convertido en un tianguis, donde los vendedores no dan descanso al visitante y, por si fuera poco, siempre lleno de gente. Para mi satisfacción, los turistas no tienen ni la menor idea de que existe ese conjunto arquitectónico, así que éramos los únicos que entrarían, por supuesto tampoco hay vendedores.
Plataforma de la Tortuga
Recorrimos un camino de más de 1 km, que fue abierto casi de manera improvisada porque el antiguo cruzaba terrenos privados por los que los dueños no quisieron dar permiso de paso. Luego de unos 15 minutos llegamos ante el gran arco de entrada al grupo. Desde ahí comenzamos a apreciar que la arquitectura es muy parecida a la del área central, aunque más pequeña, y muestra una mezcla entre el estilo del Puuc y elementos del centro de México. Por todos lados había decoraciones en relieve, tanto en frisos como en columnas, fachadas y piedras sueltas que fueron reutilizadas. Al inicio nos encontramos con una rareza: la plataforma de la Tortuga, la cual tenía dos accesos con escalinatas, cuyas alfardas eran patas de reptil, por un lado se veía una cola y por el otro la cabeza de la tortuga. La superficie alta estaba curveada, como un caparazón. Más allá nos encontramos con el Templo de la Serie Inicial, que muestra al menos dos de sus cuatro etapas constructivas.
Palacio de los Falos y de los Caracoles
La parte más lejana era la más impresionante también, ahí estaba el Palacio de los Falos, unido con el de los Caracoles, edificios muy complejos y llenos de recintos con columnatas internas. Todos los frisos estaban decorados. En uno de sus costados estaba la plaza más bella del conjunto, con varios templos pequeños en sus costados, incluyendo el Templo de los Búhos, un edificio muy sobrio y elegante, con representaciones de estas aves en su friso, cuyas cabezas sobresalían como esculturas empotradas, además de que las molduras tienen pequeñas tortugas de piedra. Hay varias plataformas y edificios que se encuentran en el recinto, al menos por dos de los lados hay una muralla o muro de piedra burda, mientras que en otro hay un bajo que delimita el lugar.
Mientras estábamos ahí, llegaron tres visitantes con un arqueólogo guía, eran dos mujeres maduras y un hombre. Nos pareció extraño encontrarlos y que no hubieran ingresado con nosotros en la visita del día. Vimos que tenían intenciones de entrar a los palacios de los Caracoles y de los Falos, áreas restringidas para su visita y escuchamos que el que los llevaba les dijo que no podían pasar si nosotros los veíamos. Will sugirió quedarnos ahí para evitar su paso, nosotros no teníamos ninguna objeción. Esperamos hasta que se fueron. Días más tarde nos enteramos de que el hombre era el expresidente Aznar, de España, una de las mujeres era su esposa. Nos vanagloriamos más entonces de habernos quedado ahí, a ninguno de nosotros nos gusta ver que haya gente con privilegios especiales por su posición.
Chichanchob
Regresamos a la entrada del sitio y proseguimos con nuestro recorrido, pasamos por la plaza principal y caminamos hacia el sur, para llegar al segundo juego de pelota y la Casa Colorada o Chichanchob, un conjunto muy sobrio que se completa con el Templo del Venado. A un costado se encuentra el famoso Caracol, edificio muy peculiar por tener cuerpos rectangulares que no están alineados entre sí, además de un templo circular con dos niveles unidos por una escalera interna en espiral. Cuenta con varias puertas y ventanas que parecen alinearse con la salida y puesta de astros, por lo que se cree que era un observatorio.
Un poco más lejos llegamos hasta la Casa de Las Monjas, un edificio muy vertical e imponente que cuenta con decoraciones geométricas. En uno de sus costados tiene un anexo ricamente ornamentado con mascarones del monstruo de la tierra. Esta ala colinda con una pequeña estructura llamada La Iglesia, tal vez la mejor conservada del sitio, totalmente decorada. Solamente es una habitación sin basamento, pero el friso y la crestería son muy altos, dando una apariencia casi completamente vertical. Frente a este pequeño pero hermoso conjunto se encuentra un camino que lleva al Akab Dzib, otro edificio muy sobrio, pero está en terrenos privados y ya ni siquiera lo encontramos en los mapas del sitio.
El Caracol
Emprendimos el regreso a la plaza principal, a partir de ahí me separé del grupo porque quería terminar mi vídeo del lugar y faltaban algunos conjuntos. Ya estaba haciéndose tarde y debía darme algo de prisa. Caminé rápidamente por el conjunto de las Mil Columnas, anteriormente había podido entrar al "Mercado", un cuadrángulo con las columnatas más altas de todo el sitio, pero ya es imposible pasar, está prohibido, uno no se puede acercar a menos de dos metros de cualquier edificio. De ahí me acerqué al Castillo, el edificio principal y más conocido de Chichén Itzá, que no necesita ninguna descripción, es sumamente conocido.
Pasé también por el Templo de los Guerreros, que estaba recibiendo retoques, por lo que habían trabajadores en sus costados, este edificio siempre me ha parecido muy interesante por sus ricos ornamentos, el chac mool en la entrada de su templo, las columnas con personajes, las paredes con relieves, entre otros. A su lado se observa el Templo de las Mesas, que ni siquiera estaba excavado la primera vez que estuve ahí, en el 2000. Ahora luce completamente liberado de escombro.
Anexo de Las Monjas y La Iglesia
Caminé por el sacbé al cenote sagrado, tenía muy mal recuerdo de este trayecto, ya que en 2012 estaba completamente cubierto de puestos callejeros y los vendedores nunca dejaron de acosarme. Esta vez no había ninguna diferencia, pero por la hora ya muchos comerciantes se estaban retirando, por lo que pude tener un poco de tranquilidad. El gran cenote me pareció más grande que lo que recordaba, además de ver mucho mejor la plataforma construida que está en un costado. Ahí escuché algún turista que tontamente se disponía a tirar una moneda y grabarlo para ponerlo en alguna red social... por algo me disgustan las multitudes.
Regresé a la plaza para observar por última vez la cara principal del Castillo, que mira al norte. También fui pasando por las plataformas de Venus y la de las Águilas y los Jaguares, muy parecidas entre si, pero con relieves diferentes. La primera con estrellas y personajes, la segunda con animales. El último edificio que recorrí fue el Tzompantli, plataforma cuyas paredes están completamente adornadas con cráneos de piedra. Ya los demás me esperaban, así que emprendimos la retirada y el regreso hacia Mérida. Juan había empeorado de su gripe, Leonardo ya no parecía tener molestias de la cruda.
El Castillo y el Templo de los Guerreros
Todavía intentamos visitar el sitio de Ikil pero, al parecer, el sendero que lleva al edificio del lugar se cerró, encontramos otro que parecía ir al mismo punto, pero era ya muy tarde y había caído la noche. Aunque verificamos con el dron que efectivamente el gran basamento se encontraba cerca de nosotros, luego de caminar había que abrirse paso macheteando, sería peligroso y muy complicado en la penumbra, así que desistimos. Regresamos a buscar donde comer, lo cual no fue fácil porque continuaba el evento de la "Noche Blanca" y habían muchas calles cerradas. Terminamos por casualidad en un restaurante de carne, algo caro pero bueno. De ahí pasamos a dejar a Juan y luego a mí en mi hostal. Los Williams y Leonardo se fueron juntos, al día siguiente volveríamos a salir a un par de sitios.
El viernes 29 de noviembre me tomé el día para ir a Mérida, Juan Flores había reservado un recorrido que recientemente se abrió al público, ahí vería también a Juan Jr., los Williams y a Leonardo, quien estaba en práctica de excavación desde algunos días antes en la capital yucateca. Aproveché el trayecto para ir a un viejo conocido: Uxmal, no había estado ahí desde 2012 y, ya que había ido también en el 2000, pensaba hacer una visita para tener un recorrido cada 12 años.
Salí del departamento a las 5 de la mañana, hora en la que no había camiones todavía, hay taxis, pero yo preferí llegar caminando hasta la terminal de autobuses SUR, a poco más de 3 km de donde estaba. Cuando comencé a caminar la madrugada estaba en su punto más oscuro y el cielo lleno de estrellas. Por las calles principales pasaban algunos autos pero, en general, todo estaba desierto. La calma se rompía con los perros que hacían un escándalo a mi paso y por uno que otro trasnochado que parecía caminar sin rumbo y erráticamente. Pasé por las murallas del antiguo casco urbano, que estaban iluminadas y se veían aún más imponentes. Un poco después llegaba a la terminal, con 15 minutos de ventaja.
Pirámide del Adivino
El autobús salió a las 6 en punto, la primera claridad del día comenzaba a asomarse por el oriente. A los pocos minutos el sol apareció pero la carretera hacia Castamay estaba cubierta por una espesa bruma que se disipó rápidamente. Así transcurrieron más de 3 horas, aunque al inicio, al pasar por Cayal, el camión estaba fallando, me di cuenta de ello porque el motor se apagaba cada vez que hacía una parada. A pesar de ello, luego de llegar a Hopelchén y detenerse bastante tiempo, no volvió a pasar lo mismo, algo arreglaron ahí. El trayecto por Bolonchén y Santa Elena fue más rápido, aunque llegamos casi a las 10 a Uxmal, cuando tendríamos que haber estado ahí cerca de las 9.
Bajé en la carretera y caminé hacia la entrada, todo se encontraba muy cambiado desde la última vez que estuve ahí, con establecimientos y museos para el creciente turismo en la zona. Las aglomeraciones no son de mi agrado, por lo que evito generalmente estos lugares, por eso no había regresado en tanto tiempo. Esta vez, a pesar de ser un viernes laborable, había varios grupos de turistas que paseaban por todos lados, haciendo difícil mi labor de fotografiar el lugar sin gente.
Cuadrángulo de las Monjas
Subí por la rampa de entrada y, de nuevo, estaba frente a la gran Pirámide del Adivino, este edificio con cinco etapas constructivas es sumamente impresionante y fue uno de los primeros que llamaron mi atención en el área maya, cuando tenía 12 años y lo visité por primera vez. Ahora comprendía mucho mejor su arquitectura y el conjunto de edificios del cuadrángulo de los Pájaros, que fue reconstruido por completo, 24 años atrás ahí solo había montículos. Pasé una hora esperando junto al arco que da entrada al complejo para poder tomar una fotografía sin gente. Era increíble como los grupos de turistas se sincronizaban para que, cuando uno terminaba su recorrido y salía del cuadrángulo, automáticamente entraba otro y comenzaba el guía correspondiente con su exposición. Aproveché los 5 minutos que estuvo libre y luego salí a ver un edificio llamado Columnata Oriente, donde de inmediato reconocí que prácticamente nada de lo que se ve es original, es una estructura que no aparece en planos antiguos y en un lugar donde nada se veía en fotografías. Esto es algo muy extraño que ha ocurrido en Uxmal, la reconstrucción total de edificios, algunos prácticamente inventados.
Pasé por el juego de pelota, donde habían trabajadores haciendo retoques, luego subí a la plataforma del Cuadrángulo de las Monjas, cuyos cuatro edificios principales están bellamente ornamentados con mosaicos de piedra. Ahí siempre hubo gente presente, por lo que abandoné mi intento de tomar fotografías libres de personas. El edificio del oriente estaba también recibiendo trabajos, aunque los demás lucían esplendorosos, ya que habían recibido trabajos recientemente y sus piedras brillaban muy limpias al sol.
Restos de ¿Arco?
A partir de ahí me di cuenta de algo que ya esperaba: el recorrido estaba mucho más restringido que en mis visitas anteriores. Antes había ido al área noroeste del sitio, ahora todo estaba señalado con cinta y había letreros que prohibían el paso hacia esas zonas. Los conjuntos de ese sector y "El Cementerio" estaban cerrados. En cambio, el camino me llevó hasta el frente del edificio de El Palomar, completamente excavado, trabajos realizados en los últimos dos o tres años. Ahí pude ver unos raros vestigios de lo que parecía un arco construido a un nivel más alto de la plaza, la excavación solo dejó un banco circular de piedra que claramente no era una construcción original. Sin la información de la excavación ni cédula en el lugar, es imposible comprender esa estructura. Por otro lado, la construcción principal del conjunto luce imponente libre de vegetación y restaurada en su lado norte. Ahí estuve esperando otra vez, pero un par de turistas que estaban sentados justo al centro del arco principal del edificio nunca se quitaron hasta que vieron llegar más gente, otra vez me fue imposible estar solo. Por otro lado, en mi anterior visita pasé al lado contrario del conjunto y llegué hasta el Templo del Sur, que tiene restos del edificio superior, aún más alto que la Gran Pirámide y con el mejor panorama de todo el sitio. Hoy está cerrado también.
Casa de las Tortugas
Justamente el siguiente punto fue la Gran Pirámide, a un costado del Palomar. Este edificio se podía subir, hoy está cerrado. Me costó trabajo fotografiarlo porque el sol estaba justo detrás de él y me daba de frente. Descansé un rato ahí y luego me dirigí a la enorme plataforma del Palacio del Gobernador. Ahora pude comprender mucho mejor la serie de edificios que están en el lado oriental, con portadas tipo Chenes y subestructuras que quedaron visibles. Subí justo frente a la Casa de las Tortugas, un edificio sumamente elegante y estuve un rato haciendo un timelapse corto de la vista desde ahí, que abarca el Juego de Pelota, el Cuadrángulo de las Monjas y la Pirámide del Adivino.
El sol caía a plomo pero no hacía tanto calor como pareciera, así que estuve caminando tranquilamente por todos lados, aunque los turistas se refugiaban en la sombra; eso me permitió tomar fotografías de los edificios vacíos. Así fui a ver el Palacio del Gobernador, considerado la cumbre de la arquitectura del Puuc. Este edificio también fue trabajado recientemente y había algunas láminas cubriendo una subestructura recientemente excavada.
Palacio del Gobernador
Nuevamente el recorrido estaba mucho más restringido, en años anteriores visité la Pirámide de la Vieja y la plataforma de los falos en la parte sureste del sitio, estas áreas están cerradas actualmente. Es así que me vi obligado a terminar el recorrido pasando por un par de edificios completamente reconstruidos, a uno de ellos le pusieron columnas redondas hechas de piedras sueltas, a diferencia de las que aparecen siempre, monolíticas. Además tiene una tapa de bóveda pintada que luce absolutamente como nueva. No me cabe la menor duda de que ese par de estructuras son una completa invención, algo inexplicable que solo he visto en Uxmal.
Terminé mi recorrido, debía regresar a la carretera a las 3 pm para esperar el camión a Mérida, eran las 2, así que me recosté en una banca que se usa como parada, dispuesto a esperar incluso hasta pasadas las 4 de la tarde, sin embargo, a los pocos minutos pasó un chavo en su mototaxi y nos ofreció a mí y a un par de turistas más llevarnos a Muna por un módico precio. Yo no dejé pasar la oportunidad, que me ahorraría al menos dos horas de camino. Así llegamos justo cuando el camión que venía de Ticul iba pasando, aunque iba tan lleno que preferí abordar una combi. Llegué a Mérida alrededor de las 5 pm y me dirigí de inmediato al hostal donde me iba a quedar un par de noches, luego salí con urgencia a comer al centro. En la noche hicimos planes para el día siguiente...