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sábado, 15 de febrero de 2025

Estancia arqueológica en Campeche. Parte 9. Xkampon, Yucatán

Xkampon entre la maleza
Al día siguiente Juan estaba peor de la gripe, por lo que no pudo acompañarnos, tampoco su hijo ni William padre. Por la mañana me levanté temprano y me dispuse a realizar el recorrido del día únicamente con Will; cuando ya iba a pasar por mí al hostal, Leonardo apareció por mensaje (otra vez estuvo en silencio desde la noche anterior) y pidió llevar a dos de sus amigos que estaban en la misma excavación en la que él se encontraba: Fabrizio y Marcos, así nos juntamos otra vez cinco, un mejor número para abrirnos paso en la selva con los machetes y para dividir los gastos. Will y yo nos fuimos en la camioneta a una gasolinera cercana a la salida para el Puuc y ahí citamos a los demás, que llegaron en un taxi.

Salimos todos juntos hacia Campeche y luego tomamos la desviación para Muna, por segunda vez comenzamos el día desayunando en el mercado de dicho poblado, donde pedí más tacos de cochinita que la última vez, sabiendo que son excelentes. Pasamos también a comprar dos garrafones de agua de 5 litros cada uno, ya que no encontramos de 10. 

Estructura principal de Xkampon
Salimos hacia el Puuc, esta vez hasta Santa Elena, muy cerca de ahí nos desviamos en un camino rural que después se convierte en terracería. Ya había pasado por esa senda para ir un par de veces a Sacbé y una más a Huitzinchá, este último muy cerca de Xkampon, algo que ya sabía entonces, pero sin una ubicación exacta era sumamente complicado visitarlo porque es un pequeño conjunto rodeado de selva, fallar incluso por 10 metros significa no llegar ahí. Ahora Will tenía la ubicación del lugar, que ya habían visitado algunos de nuestros compañeros antes. Seguimos de largo de donde yo había estado antes y llegamos a una gran milpa con un apicultivo en su orilla, ahí dejamos la camioneta y nos preparamos para caminar, suponíamos que sería un complicado trayecto abriendo paso a machetazos, suponíamos bien. Los primeros metros únicamente rodeamos el campo abierto, pero al poco tiempo teníamos que pasar por un terreno en barbecho lleno de maleza, había arbustos, enredaderas, hierba pega pega y muchas espinas.

Lado trasero de la estructura principal
Pasamos la mayor parte del tiempo de camino buscando áreas más abiertas, rodeando, retrocediendo y avanzando a la fuerza entre toda esa cubierta vegetal. Ir al frente significaba un gran desgaste, era necesario machetear todo el tiempo; cuando había pastos eso era inútil, había que pasar por encima de las plantas y separarlas para abrirse paso. Después de un buen rato llegamos a la orilla de la selva, ahí la hierba disminuía mucho y se abrían espacios entre los árboles, pero cada tanto nos encontrábamos troncos caídos que tapaban nuestro avance y complicaban todo.

Will estuvo revisando el GPS en su celular, mientras que yo revisaba la brújula para comparar lo que el aparato nos decía con la dirección que estábamos siguiendo, un par de veces tuvimos opiniones diferentes sobre el rumbo que debíamos seguir, nos pasamos por algunos metros y pasamos a unos 50 metros del sitio sin haberlo sospechado; al final, el instrumento más sencillo y analógico demostró su gran utilidad aún en tiempos digitales y nos dirigió hasta nuestro destino.

Segunda estructura
Nos encontramos con un montículo que intentamos rodear, la maleza estaba sumamente cerrada, por lo que eso fue imposible. La única forma de pasar fue pasar sobre las piedras y atravesar un último tapón vegetal. Me adelanté para comprobar si estábamos en Xkampón y a los pocos metros pude ver la estructura principal casi totalmente cubierta de maleza, justo en el punto que tenía marcado Will. Llamé a los demás y al poco tiempo estábamos todos limpiando el frente del edificio para poder fotografiarlo. Esta estructura tiene forma de "L", aunque la parte más corta está casi completamente colapsada. Tiene decoraciones de zigzag llamadas Chanchimez, además de columnillas anudadas. La fachada está cubierta de grandes piedras muy bien labradas, siendo un edificio sumamente bonito. En el vértice había un panal de avispas, estos insectos no nos permitieron limpiar bien la hierba por aquel lado. A Leonardo le picaron mientras macheteaba, luego yo intenté quitar algunas ramas, cosa que logré hacer, pero al caer la primera de ellas pude ver a los pequeños guardianes volando y, aunque retrocedí y me cubrí, uno de ellos me picó en el cuello, cerca de la nuca, lo que dolió bastante por un par de minutos.

Decoración interna
Mientras los demás observaban la parte trasera del edificio y las habitaciones, que tenían partes derrumbadas por atrás, yo regresé a revisar lo que me había parecido un sendero cuando me adelanté, tenía la idea de que ahí debía haber otro edificio y no me equivocaba. A los pocos metros me encontré con otra estructura en L que cerraba el cuadrángulo, aunque esta estaba mucho más destruida, aún así se podía ver parte de las decoraciones en los muros derrumbados y en el suelo. Una entrada permanecía en pie apenas balanceándose sobre la jamba izquierda, en el muro intermedio con otra habitación había decoraciones, algo raro por encontrarse al interior de uno de los cuartos. Nuevamente llamé a los demás y estuvimos un rato ahí. Luego de ello decidimos salir por un sendero que partía de la parte trasera de la estructura principal, por lo que regresamos hacia allá.

Pudimos seguir el camino mientras estábamos en la selva, sin embargo, al salir al campo cubierto de hierba otra vez nos encontramos con espesa maleza que había que cortar a machetazos. Estuvimos un rato avanzando y retrocediendo porque parecía que aquel lado era aún peor que el de la entrada, el reloj con GPS de Will y nuevamente la brújula nos ayudaron a encontrar el paso que usamos antes, de forma que pudimos salir por lo que ya habíamos cortado, ahorrando mucho esfuerzo, gastamos mucho tiempo ubicando Xkampon, pero verdaderamente valió la pena.

sábado, 25 de mayo de 2024

Viaje por el noreste del Petén. Parte 7: Inicio del gran recorrido en la selva, El Pilar y La Lagunita

Arco de entrada a la reserva natural
El domingo 24 de marzo comenzamos nuestro gran recorrido por la selva, antes de las 7 de la mañana ya estábamos reunidos en el lobby de nuestro hotel y poco después llegó Miguel, nuestro guía, con las camionetas y su equipo de trabajadores. Entraríamos en cuatro vehículos más la camioneta de Will. Lo primero fue acomodar todo nuestro equipaje en la parte de atrás de dos de ellos, en una más llevaban motosierras, machetes y otras herramientas y en la última el agua y la comida. Fui uno de los últimos en acomodar sus cosas y en encontrar lugar, por lo que me tocó junto con Eduardo y Miguel en la camioneta líder. Ahí mismo habrían de ir las cocineras, a quienes recogimos cerca del centro de Melchor de Mencos. Luego de esa parada corta, tomamos camino hacia el norte, justo junto a la frontera de Guatemala y Belice, hasta llegar al arco de entrada a la reserva natural. De inmediato dejamos atrás los campos de pastoreo y de cultivo para internarnos en la selva; pasamos el destacamento militar de "El Manantial", donde revisaron nuestros permisos y nos dieron acceso; un poco más adelante nos encontramos con los primeros árboles caídos, fue sorprendente ver a los trabajadores en acción con las motosierras y los machetes para despejar el paso, todos sabían lo que tenían que hacer y se sincronizaban perfectamente. Así avanzamos algunos kilómetros hasta llegar al lado Guatemalteco del sitio de El Pilar.

Corte de un árbol caido
El Pilar es un importante asentamiento atravesado por la frontera y que ha sido trabajado principalmente trabajado del lado beliceño, sin embargo en Guatemala también se ha excavado un grupo que cuenta con una gran estructura y un juego de pelota. Por desgracia el edificio principal fue partido por completo por una enorme fosa de saqueo que dejó al descubierto una o dos etapas constructivas. El resto de la estructura fue excavada y se pueden apreciar sus cuerpos rectos. El frente es mucho más bajo que la parte trasera porque da hacia una gran plataforma, mientras que el lado posterior baja hasta el nivel del valle. 

Decoración escalonada

Estuvimos recorriendo este edificio, sobre todo la parte trasera de la gran trinchera de saqueo, en su parte más alta pudimos ver algunas decoraciones escalonadas y geométricas. Me adelanté a los demás y estuve fotografiando el lado frontal por un rato, para después recorrer el juego de pelota y algunos montículos cercanos. Mientras tanto, las cocineras montaron una mesa y nos ofrecieron el desayuno, siendo yo el penúltimo en llegar. Cuando estaba terminando me llamaron Thomas, Leonardo y Marvin; en un principio entendí que querían ver la frontera, la cual debía estar entre 300 y 500 metros del punto donde estábamos, pero después me di cuenta que querían llegar hasta la parte Beliceña de El Pilar, yo ya había verificado el punto de GPS del sitio y sabía que estábamos a 1 km de distancia de ahí, el sendero no parecía muy transitado y me opuse a seguir, porque tomaría mucho tiempo y ya era tiempo de irnos de ahí. Los demás decidieron volver, pero Marvin no nos hizo caso y siguió adelante; cuando volvimos con los demás se hizo un desorden por eso, pero afortunadamente él también decidió regresar unos minutos más tarde.

Estructura principal de El Pilar
Subimos a las camionetas y avanzamos otro rato entre la selva, encontramos al menos otro árbol caído, aunque el camino estaba en muy buenas condiciones. Antes de llegar al campamento de La Lagunita, la camioneta donde íbamos nosotros se apagó y decidimos visitar el cercano sitio del mismo nombre antes que cualquier otra cosa. Entramos a pie por un sendero por 200 o 300 metros y nos encontramos con un montículo de tamaño mediano y alargado, en su parte alta aún podían verse algunos restos de bóvedas y muros, pero lo más interesante fue un pasaje muy estrecho con bóveda escalonada que aparentaba ser un pasillo entre dos estructuras que fue techado en algún momento. Al entrar nos dimos cuenta que cada uno de los muros laterales daba a una habitación, una configuración muy extraña en el caso de que se tratara de dos edificios que fueron unidos más tarde, yo fui de la idea de que todo el conjunto podría haberse construido al mismo tiempo y ese pasillo abovedado no fue resultado de una ampliación.
Pasaje en La Lagunita

El corto recorrido terminó regresando a los vehículos, la camioneta no pudo arrancar y tuvimos que repartirnos en las demás. Will me llamó a la suya, así que ahí seguí en los recorridos siguientes junto con William, Juan y Julio. Así nos dirigimos al campamento de La Lagunita, donde llevaron la camioneta descompuesta jalándola con otra. No paramos ahí por mucho tiempo, faltaba el plato fuerte del día...



miércoles, 12 de julio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 6: Nakbé

Estructura en el Grupo Códex

Para el 5 de abril tocaba el primero de dos días extenuantes, en los que sabíamos que caminaríamos más de 30 km cada uno. A pesar de ello me pareció que comenzamos tarde y algunos del grupo ya empezaban a tener ampollas y pesadez al caminar. Este día era opcional visitar el sitio de La Muralla, pero primero teníamos que llegar a Nakbé y recorrerlo. Este trayecto inicial solamente tenía 14 km, pero el ritmo en general estaba disminuyendo. Estuve al frente tratando de jalar al grupo e insistiendo en que había que avanzar, me sentía como un animal salvaje en una jaula, cada vez que había un descanso permanecía de pie dando vueltas en mi rincón de sendero; no estaría tranquilo hasta completar el recorrido completo del día. A pesar de estar caminando sobre otro sakbé que conectaba La Danta con Nakbé, todo se agravaba porque pasamos tramos de "pantano", donde la tierra en algún momento fue lodo y quedó llena de agujeros por el paso de las mulas; caminar ahí por mucho tiempo era una tortura.

Estructura principal del Grupo Códex
Por fin llegamos hasta Nakbé, que significa "junto al camino", un sitio aún más antiguo que El Mirador, aunque no tan monumental; decir esto es engañoso, ya que los edificios principales son masivos. 

Adriana apenas podía seguir caminando, por lo que se adelantó al campamento sobre una mula, la primera vez que alguien subía en alguna, para hacer el recorrido en el sitio más tarde y con calma.

El primer conjunto que visitamos fue el grupo Codex, donde no encontramos edificios de gran tamaño, dos de ellos estaban parcialmente excavados: uno, de carácter residencial, mostraba dos habitaciones; el otro era un pequeño templo con restos del recinto superior.

Nos dirigimos a la Acrópolis central, pasando por unas canteras. Vimos algo poco usual en todos los sitios arqueológicos que he visitado: piedras en proceso de ser cortadas y ya preparadas que habían sido dejadas a un lado del camino o sin separar de la roca madre. Aquí se trabajó quizá hasta el momento de abandono de Nakbé.

Cantera
Ya subiendo a la Acrópolis, nos encontramos con varios edificios que tenían más de 20 m de altura, sin arquitectura expuesta pero llenos de fosas de saqueo, incluso una era utilizada como bodega por los arqueólogos, aunque un derrumbe casi cubrió por completo la puerta que resguardaba su entrada.

Pasamos por la Plaza Central, donde ahora se encuentra el campamento del IDAEH, de ahí caminamos por una gran calzada prehispánica hasta la acrópolis noreste. Ahí vimos otro enorme montículo, pero decidimos no subirlo porque no tenía una gran vista por los árboles que le cubrían, además de que queríamos ahorrar energías para el resto del día.

El recorrido continuó hasta el Grupo Coral, donde nos encontramos con una gran pared en pie, además de varios cuartos ya excavados. Nuevamente se trataba de un conjunto menor, sin edificios de gran tamaño.

Pared en el Grupo Coral
Nuestra siguiente parada tenía un especial interés para mí: el juego de pelota. Desde hace tiempo tengo un álbum de fotos de este tipo de edificio y este es uno de los más antiguos en el área maya. Tuvo tres etapas constructivas y la primera es del Preclásico Medio, cuando únicamente contaba con dos banquetas bajas.

Estuve un rato esperando a que mis compañeros avanzaran y me quedé atrás tomando fotos, naturalmente debía tener imágenes de este juego de pelota.

La penúltima parada fue un chultún en el que anteriormente se podía entrar, sin embargo el lazo que se utilizaba para bajar se había podrido y no pudimos descender a su interior.

Templo principal de la Estructura 1

Finalmente regresamos a la Plaza Central y algunos de nosotros, los que iríamos al recorrido de La Muralla, subimos a su cima, ya que no tendríamos otra oportunidad de hacerlo. Me sorprendió que los templos superiores eran mucho más pequeños que los de El Tigre o La Danta, en El Mirador. La vista desde ahí permitía ver claramente el edificio principal de su gigantesco vecino, además de la estructura La Pava.
Una vez que bajamos, caminamos hasta nuestro campamento, distante casi 1 km de ahí y, de inmediato, comimos. Nos esperaba un trayecto que resultó ser una auténtica salvajada...




martes, 4 de julio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 5: El Mirador

Templo lateral de El Tigre

Desde la Muerta, solamente faltaban poco más de 2 km para arribar al Mirador, así que apreté el paso. En poco tiempo llegué junto con Ernesto y entramos cantando al campamento. Estaba sumamente feliz de haber llegado por fin hasta ahí y arrojé mi sombrero al aire apenas llegar. No dio tiempo de hacer mucho, el atardecer se acercaba, así que poco después nos dirigimos hacia el complejo El Tigre, a un lado del campamento, para ver el atardecer desde ahí.

Una vez en la plataforma superior, me sorprendió ver el templo principal y uno de los laterales con las fachadas frontales totalmente liberadas y con algunas excavaciones cubiertas de lonas y plásticos negros. Incluso en algunas partes se veían restos de mascarones de estuco.

Estuve grabando mi vídeo utilizando una impresión 3D del edificio que yo modelé, tardé bastante y fui uno de los últimos en llegar a la cima principal, a más de 50 m por encima del nivel del suelo. Desde ahí podía ver la gran mole de La Danta, el edificio principal del sitio, ubicado a 2 km de ahí. También se podían ver las elevaciones de edificios más cercanos, con menor altura pero sumamente masivos. Más lejos se observaban los edificios de Tintal y la estructura 1 de Nakbé.

La Danta desde El Tigre
El atardecer fue muy similar al anterior, sin nubes y con una capa de humo en el horizonte. Apenas el sol se ocultó, bajé a la explanada superior para observar mejor el templo lateral. Ahí me encontré a Carlos, quien estaba esperando la oscuridad para tomar fotos con el cielo estrellado de fondo; su idea me pareció excelente y aproveché mi tripié para intentar hacer lo mismo. Nuestros compañeros se quedaron en la parte alta un rato y en mis primeras fotografías aparecieron líneas de luz que eran ellos con sus linternas, descendiendo mientras el lente de mi cámara permanecía abierto en una serie de exposiciones largas. Después de eso tomé otras imágenes iluminadas con la luz de la luna, casi llena; fui el último en bajar y le pedí a nuestro guía Antonio que nos llevara al edificio Garra de Jaguar, pues quería tomar fotos nocturnas de los mascarones, él accedió de buena gana y estuvimos otro rato en dicho lugar, utilizando todas nuestras lámparas para iluminar los detalles en estuco.

El Tigre, de noche
De vuelta en el campamento, cenamos extrañando un poco la carne, ya que el calor impedía que llevaran hasta ahí ese tipo de alimento. Nuevamente nuestro grupo se quedó platicando largo rato, pero esta vez decidí ir a dormir temprano, me levantaría a las 3 am para subir al complejo Monos, también junto al campamento, y ver las estrellas con la luna ya oculta, además del amanecer, en compañía de Antonio, Jorge, Nath y Rosa.

En este campamento había aún más gente que en el anterior, ya que hay caminatas cortas que solamente visitan el Mirador, provocando que se juntaran más grupos. Debido a ello algunas de las tiendas de campaña fueron movidas a otras áreas, a mi me tocó dormir en la plaza de un conjunto rodeado de montículos bajos, todos completamente saqueados.

Vía Láctea en el complejo Monos
Mi noche no fue tranquila, el sonido del viento era fuerte y los árboles se mecían con sus ráfagas. Había uno en especial, con un tronco largo y delgado, que se inclinaba directo sobre mi tienda; yo podía verlo claramente porque no ocupamos los toldos, dejando el techo abierto para ventilar nuestros refugios. Intenté dormir pero nunca pude conciliar el sueño pensando en que ese árbol me cayera encima en cualquier momento. Solo pude tranquilizarme saliendo a medianoche a mover mi tienda unos metros lejos del alcance de ese gran tronco.

Apenas pasaron unas horas cuando decidí levantarme, el día anterior no había recorrido el campamento y solo tenía una pequeña idea de dónde se encontraba el baño. Salí y me dirigí hacia donde debía estar, pero acabé caminando en círculo. Un guía de otro grupo me preguntó si necesitaba algo y acabó por mostrarme el sendero correcto.

Templo lateral en La Pava
Media hora después estaba cambiándome y esperando a los demás en las mesas del campamento. Eran las 4 de la mañana, pero ya había agua caliente para preparar café y algunas de las cocineras se alistaban a comenzar a preparar el desayuno. Mis compañeros llegaron y después se nos unió Antonio. Caminamos menos de 300 metros y empezamos a ascender otro gran edificio, arriba reconocimos de nuevo el patrón triádico, con un templo central y dos laterales. Este era el complejo Monos, algo más pequeño que El Tigre, pero igualmente se trata de un edificio descomunal, calculé que su volumen es similar a la pirámide de la Luna de Teotihuacan.

La vista era bellísima: la luna roja estaba bajando en el horizonte y, al irse su luminosidad, la Vía Láctea se encendió como si alguien hubiera presionado un interruptor celeste, justo el centro de la galaxia se presentaba frente a nosotros cerca de la constelación de Escorpión. Tuvimos algunos minutos para observarla y para fotografiarla antes de que empezara a notarse la primera claridad del día detrás de La Danta, el edificio principal, que teníamos frente a nosotros, hacia el oriente.

Estructura principal de La Pava
Cuando ya no pudimos ver la galaxia, decidimos movernos a uno de los templos laterales, con una vista más directa de La Danta. Jorge y yo colocamos nuestros tripiés y tomamos videos en timelapse del amanecer. A pesar de que no hubo colores demasiado espectaculares, el viento movía rápidamente las nubes bajas; una vez que el sol salió nos regaló la vista de algunos de sus rayos colándose entre los vapores matutinos.

Fui el primero en descender, regresé a mi tienda y me vestí con pantalón de vestir, camisa y chaleco; una vieja idea que tenía con Neftalí, tomarnos fotografías al estilo de los viejos exploradores en El Mirador. Ahora me sentía muy melancólico y me pesaba haber quedado solo en esa idea, pero al menos pude hacerlo. La plaza donde estaba mi tienda, junto a una de las trincheras de saqueo, me pareció una buena locación para editar una foto que pareciera del siglo XIX.

Templo superior de La Danta
Volví a cambiarme y me reuní con todo el grupo para desayunar. Más tarde emprendíamos por fin el recorrido por el resto del sitio. No me esperaba todo lo que pudimos observar, sin duda El Mirador es increíble. Nunca imaginé que existiera un sitio tan masivo y voluminoso, ni que tuviera tantos detalles ya excavados.

Comenzamos pasando por un lado del grupo de El Tigre, para después llegar hasta la muralla que bordea una parte del límite oriental del área central. Continuamos por una gran calzada hasta llegar a la base de la masiva plataforma del Complejo La Danta. Me adelanté con Jorge y subimos a su primer nivel. Pasamos junto a un gran complejo de tipo Grupo E, con una estructura axial, que tuvo escalinatas en sus cuatro caras y un montículo alargado frente a este, que sostenía tres templos superiores.

Vista desde La Danta
Aprovechamos para subir al complejo La Pava, vacío de gente. Este se encuentra en el costado sur de la primera plataforma y mira hacia el norte, a diferencia de El Tigre y Monos, que miran al oriente, y de La Danta, que mira al poniente. En la parte superior nos encontramos con uno de los templos laterales, es un edificio pequeño, pero muestra mascarones en su base, a los lados de la escalinata de acceso. En la parte más alta, el templo principal también tenía restos de mascarones, aunque más destruidos.

Bajamos de La Pava y cruzamos la plataforma, pasando junto a un gran reservorio de agua, ahora seco. Más adelante subimos al segundo nivel, donde vimos algunos montículos bajos y llegamos hasta la enorme base del edificio de La Danta, propiamente dicho. Esta enorme estructura sostiene en su plataforma superior un total de 7 templos y una pequeña plataforma central.

Mascarón de la estructura Garra de Jaguar
Ya en la parte alta, estuve tomando fotos y videos utilizando otra impresión 3D de un modelo mío del edificio. Pude ver que de los 7 templos superiores, únicamente uno de los laterales principales muestra la escalinata de acceso liberada de tierra y maleza, mientras que el edificio principal está completamente visible. Ambos con una verticalidad impresionante. Subí primero al lateral, aunque los árboles no permiten una vista muy amplia.

Fui el último en subir al templo principal de La Danta, con 72 m de altura en total. Ahí pude ver, por un lado, los grandes edificios de la ciudad: Monos, El Tigre, El León y Cascabel; mientras que por el otro se alcanzaba a divisar la Estructura 1 de Nakbé. La magnitud de la ciudad se mostraba en todo su esplendor y me pareció perfectamente comprensible que, al primer vistazo, desde el aire, los descubridores de El Mirador hayan creído que El Tigre y La Danta eran volcanes. Nunca había visto un sitio tan masivo, aunque sí conozco algunos con una extensión mayor, aunque con menor volumen constructivo.

Mascarón de la estructura El Búho
Me quedé también al final en la parte superior, ahí tuve un momento muy emotivo. Pedí incluso a los guías que me dejaran solo un par de minutos y accedieron sin problemas. Recordé a mi amigo Neftalí, a mi maestro Federico, ambos fallecidos y con quienes me hubiera gustado trabajar ahora que he cursado la carrera de arqueología. Pensé en todo lo que tuve que dejar y todo lo que he perdido. Había llevado un listón azul amarrado en el brazo, el cual perteneció a alguien más que fue muy importante para mí y que tampoco regresará; me lo puse hasta llegar al Mirador, como símbolo de lo último que me queda de mi vida anterior, y que terminará muy pronto, con mi examen profesional... verdaderamente ha sido volver a empezar de cero. Me quité aquel listón al llegar al sitio y no volveré a ponérmelo nunca más. Se me quebró la voz en el último vídeo que grabé antes de bajar y, a medio camino, no pude soportar más el sentimiento que me invadía, me apoyé sobre la madera de la escalera que ahora permite subir, y lloré por un momento.

Friso de los nadadores
Pero estar en El Mirador era un motivo de alegría y no de tristeza para mí, por lo que me recompuse de inmediato y alcancé a los demás. Ellos se dirigían a la Pava, así que Jorge y yo pedimos permiso para adelantarnos y nos dejaron ir al grupo de las estelas y esperar a los demás ahí. Pudimos observar un par de monumentos con motivos muy complicados y estilizados, además de algunos glifos esgrafiados en un estilo muy antiguo, casi parecidos a la escritura olmeca. Nos sentamos a esperar y terminé acostado en el suelo sin pensar en las garrapatas, que ya hacían estragos entre mis compañeros.

Cuando los demás nos alcanzaron, se decidió regresar al campamento a comer. Más tarde salimos de nuevo hacia el templo Garra de Jaguar, donde pudimos apreciar los mascarones que ya había fotografiado de noche. De ahí nos dirigimos a la acrópolis central, pasando por varios conjuntos menores, aunque todos construidos sobre plataformas gigantescas. Así llegamos hasta la estructura de El Búho, donde pudimos ver otro mascarón de gran tamaño, y después al friso de los nadadores, el cual ha sido interpretado como una escena del Popol Vuh, aunque esto es especulativo. Ahí se puede apreciar una escena acuática con dos personajes nadando y algunos animales y seres sobrenaturales relacionados con el agua.

Atardecer desde La Danta
Pasamos por un gran grupo E en la plaza central del sitio, cuyo edificio axial es llamado El León, aunque no lo subimos. Un poco más al norte nos encontramos con el grupo Cascabel, con un gran edificio cuya cima es sumamente estrecha. Ahí ascendimos y pudimos ver El Tigre entre los árboles. Finalmente visitamos un basamento de menor tamaño cuya cima estaba siendo excavada. Regresando de ahí, el grupo se dividió. Algunos querían ver el atardecer y la salida de la luna llena desde el Complejo Monos, mientras que unos cuantos, incluyéndome, regresamos hasta La Danta para ver la puesta de sol desde el punto más alto del sitio.

Nuevamente ascendimos todo el camino hasta ahí y estuvimos por un rato sentados en la cima. El atardecer tuvo algunas nubes, por lo que fue un poco más vistoso que los anteriores. Regresamos mientras la oscuridad se expandía en la enorme ciudad preclásica y todavía tuve una sorpresa natural que no había podido apreciar anteriormente por no traer conmigo mi lámpara de minero, o no usarla sobre la frente. Esta vez la coloqué sobre mis ojos, y ese ángulo permitió que, al apuntar la luz hacia la maleza, pudiera distinguir numerosos pares de puntos blancos. Se trataba de ojos de arañas que reflejaban la luz de mi lámpara, desde pequeñas saltarinas hasta tarántulas. Incluso algunas brillaban de todo el cuerpo, revelando que cargaban con cientos de crías diminutas.

Regresamos hasta el campamento, cenamos carne que habían traído en un tour en helicóptero, lo cual nos supo a gloria, a pesar de que a cada quién le tocó tan sólo un pequeño pedazo. Finalmente nos retiramos a dormir después de un día de ensueño, habiendo caminado más de 10 km en total.



martes, 27 de junio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 4: 20 km de El Tintal a La Muerta

Mono araña en el camino
Esa madrugada comencé a despertarme muy temprano para poder evitar largas filas en el baño del campamento. En Tintal estábamos más de 100 personas entre los grupos que estábamos realizando el trekking, guías, arrieros y cocineras. Esta costumbre mía que siempre aplico en los viajes en grupo dio un resultado inesperado pero interesante. Al regresar de la letrina al campamento, escuché pasos entre la vegetación, muy cerca del sendero; se escuchaban muy fuerte, por lo que me parecía poco probable que se tratara de un depredador, sin embargo, era evidente que el ruido provenía de un animal relativamente grande. Al acercarme vi una silueta blanca con un raro perfil, tardé un momento en identificar el animal que tenía al frente, a escasos 2 metros, pero de inmediato encendí la cámara de mi celular y pude grabar al oso hormiguero que comenzó a subir a un árbol al escucharme cerca.

Montículo en El Jabalí
Un par de horas más tarde, dejamos el equipaje pesado para que lo volvieran a cargar en las mulas, mientras que nosotros desayunábamos. Al igual que en la cena, todo tenía un sazón excelente. Aquí comenzaba a darme cuenta del impresionante trabajo de logística que la gente de Carmelita maneja después de años de realizar estos trekkings: cada día cargaban y descargaban las mulas con el equipaje, montaban las tiendas de campaña y llegaban arrieros con comida y agua muy temprano por la mañana. Las cocineras se levantaban a la misma hora que yo para comenzar a cocinar y luego emprendían el camino al siguiente campamento sobre mulas. Cuando el camino era muy largo, se detenían en puntos de descanso para prepararnos algún refrigerio. Los guías y arrieros que acompañan a los grupos se distribuyen al frente y detrás de la gente, llevan agua suficiente para recargar los recipientes de los participantes y ayudan en todo momento a quienes lo necesiten. Nosotros llevábamos 4 mulas sin carga por si alguien las necesitaba, dos para el grupo en general, una para Juan y una para Erik (quien nunca la utilizó), pero no fueron tocadas hasta el cuarto día.

Estructura 1 de La Muerta
Comenzamos a caminar poco después de las 7 de la mañana, pasando junto a la aguada que proporcionaba agua a Tintal en la época prehispánica. Preparé mi dron, ya que pensaba utilizarlo aquel día. En esta ocasión caminamos cerca de 15 km con un descanso intermedio hasta el campamento El Jabalí, donde paramos para comer unas tostadas excelentes. En el primer descanso aproveché para hacer algunas tomas con el dron por encima de la selva, estuve cerca de arrepentirme porque el viento vencía la fuerza de las hélices, impidiendo que regresara al punto de inicio. Vi con un poco de desesperación como bajaba la batería sin poder acercarlo a donde me encontraba. La solución fue mandarlo a dar un gran rodeo para que llegara a mi ubicación de forma oblicua, esta estrategia fue exitosa y la realicé justo a tiempo para no arriesgar al jaguacóptero a quedar atorado en lo alto de algún árbol.

Estructura 2 de La Muerta
Más tarde nos sorprendió que en El Jabalí tenían incluso refrescos fríos, que, aunque eran un poco
caros, a muchos del grupo les encantó tomar. Yo me mantuve en mi posición de no tomar lujos, así que solo tomé jugo que nos dieron con nuestro refrigerio. Este segundo día también tuve la sensación de estar comiendo en exceso, aunque el esfuerzo que se empezaba a acumular disminuyó la sensación de pesadez. A un lado del campamento, que tenía un edificio de madera con una planta alta, estaba un montículo con un gran saqueo, vestigio de un pequeño asentamiento prehispánico en el lugar.

Nos sentamos a descansar un rato, incluso Eduardo se quedó dormido, por lo que a algunos nos pareció que paramos demasiado tiempo. Estábamos ya impacientes porque el siguiente esfuerzo nos llevaría hasta La Muerta, ya en la entrada del Mirador, el sitio principal del viaje.

Interior de la Estructura 2
Comenzamos a caminar el último tramo, encontrándonos con un gran muro a un lado del sendero; no supimos decir si era parte de una estructura o era un borde del sacbé que estábamos recorriendo, ya que íbamos sobre el antiguo camino blanco que unía a El Tintal con El Mirador, el cual era bastante ancho y en algunos lugares tenía más de 5m de altura sobre el terreno circundante. Gracias a que los vehículos ya no pasan en ese sector, el sendero era mucho más fácil de caminar que el día anterior.

Los últimos 2 km, Jorge y yo nos adelantamos apretando bastante el paso, esto nos dio tiempo de grabar un video en el letrero de entrada al Mirador y volar el dron un poco sobre los únicos dos edificios excavados de La Muerta. Estas dos estructuras son del Clásico Tardío, por lo que no formaron parte del enorme sitio Preclásico que es ahora su vecino. Alrededor nos encontramos con varios montículos pequeños.

El grupo nos alcanzó y tuve que esperar por ratos para poder terminar mi vídeo sin tanta gente en las tomas, el espacio era muy pequeño para nuestro gran número. Primero me dirigí a la Estructura 2, la cual es reportada como un laberinto con cámaras subterráneas. Al recorrerlo no me pareció tan laberíntico; en realidad son varias cámaras paralelas unidas por pasillos que están enterradas por etapas constructivas posteriores, después se construyó un segundo piso más o menos similar y finalmente todo fue cubierto por un edificio piramidal que incluso tenía acceso por el lado contrario al que tuvo en un principio.

Monumento 1 de La Muerta
Finalmente subí a la vecina Estructura 1, la cual fue muy dañada pero aún se puede apreciar que es una
especie de Templo 1 de Tikal, pero en miniatura. Anteriormente estas dos estructuras eran las únicas que estaban casi completamente consolidadas en todo el recorrido, pero ahora quedaría muy sorprendido por el trabajo que se ha desarrollado en toda la zona que recorrimos en el trekking.

Después de esta breve visita, caminamos algunos metros hasta el llamado petrograbado de La Muerta. En realidad se trata de un altar fragmentado y se ha llamado Monumento 1. Está muy dañado, pero aún se puede ver un poco de un gran rostro de deidad y algunos glifos. Entre estos últimos se encuentra el glifo emblema de la cabeza de serpiente, usado por los gobernantes de Calakmul. Esto ha sido utilizado para argumentar que El Mirador fue cabecera de ese reino en el Preclásico, sin embargo, hay que tener en cuenta que este monumento es del Clásico, cuando esa urbe ya estaba abandonada y Calakmul tenía una gran influencia en toda la región del Petén, por lo que es muy común encontrar su emblema.

Un poco más adelante nos encontramos con una estela lisa, otro monumento de La Muerta. Este fue el último punto antes de llegar al punto culminante del trekking: El Mirador.



jueves, 22 de junio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 3: Primeros 20 km de caminata. De Carmelita a El Tintal

Por la mañana, antes de las 5, mi enojo se había esfumado por la emoción de iniciar por fin el tan esperado trekking a El Mirador. Hacía 11 años que me había enterado de su existencia y 23 desde que vi por primera vez un dibujo de aquel sitio del Preclásico, mientras me preguntaba en dónde podría encontrarse algo así. Jorge, en cambio, seguía molesto, pero esas sensaciones se fueron diluyendo después de cruzar a Flores en lancha, atravesamos la isla caminando con nuestras mochilas y nos encontramos frente al puente de entrada con Eduardo, que ya nos esperaba junto a la camioneta que nos llevaría a Carmelita, el último poblado al norte y donde se comienza la caminata.

Al poco tiempo estábamos todos en camino, recorriendo un largo trayecto por terracería y pasando un par de controles donde había que registrarse. Finalmente, llegamos hasta Carmelita, dejamos el equipaje que cargarían las mulas y pasamos a desayunar. Una vez terminada la comida, alistamos nuestra agua para el camino y nos reunimos en el centro de visitantes. Dos guatemaltecos se unieron a nuestro grupo porque no habían alcanzado al suyo, estuvieron con nosotros un par de días y luego se integraron con sus compañeros.

Conocimos a nuestros guías Antonio y Ronald, a nuestro arriero Fabián y a las cocineras que nos acompañaron en todo el trekking. Finalmente comenzamos a caminar pasando las 10:30 de la mañana.

El camino se internaba entre los árboles casi de inmediato, por lo que no tuvimos que estar expuestos al sol directo en ningún momento. Eso era muy bueno porque el calor estaba cerca de los 40°C. Este primer tramo puede ser recorrido con vehículos y esto lo aprovechan para llevar suministros al campamento de Tintal, el cual es el mejor equipado de todos los que visitamos durante el trekking; sin embargo, la desventaja es que el suelo que pisábamos estaba tremendamente disparejo y lleno de surcos de llantas que se habían hecho sobre lodo luego de alguna lluvia, y que ahora estaban duros y teníamos que pasarlos haciendo equilibrio.

Después de caminar unos 13 km, nos encontramos con un área abierta entre los árboles, ahí habían colocado sillones de madera para descansar, una adición muy reciente y que gran parte de nuestro grupo aprovechó. Yo preferí sentarme sobre un tronco partido, quería tener las menores comodidades posibles, estando en la selva en esta caminata tan larga. Ahí nos dieron algunos sándwiches que tenían un excelente sabor; aunque, para mi gusto, entre el desayuno y este aperitivo, había comido demasiado y me sentía un poco pesado.

Luego del descanso, reanudamos la marcha y comenzamos a encontrarnos con cada vez más montículos, todos llenos de trincheras de saqueo, algo que vimos en todas y cada una de las estructuras que encontramos, sin ninguna excepción.

Pasando los 18 km comencé a adelantarme al grupo, intentando llegar un poco antes para grabar mis clips de vídeo sin gente, sin embargo ahí hubo algunas bifurcaciones del camino, por lo que tenía que esperar al guía para saber por dónde seguir.

En la entrada al sitio nos reunimos todos, esperando a los más rezagados. Después volví a adelantarme, alcanzando a grabar solamente el gran juego de pelota del sitio, uno de los más grandes del área maya. Caminamos un poco por el área central, rodeada por un foso que alguna vez tuvo agua, algo muy parecido a Becán, aunque El Tintal es más antiguo, ya que data del Preclásico.

Salimos por otro camino y llegamos al campamento, ahí nos acomodamos en nuestras tiendas y luego regresamos un poco hacia el sitio para subir a la estructura Henequén, donde observaríamos el atardecer. El nombre de Tintal se debe a que en el área se encontraba una gran cantidad de árboles de palo de tinte, no hay estructuras con arquitectura visible, solamente montículos, algunos de gran tamaño.

Mientras subíamos, me quedé atrás para tomar una foto. Frente a mí pasó Eduardo y luego Mónica. Cuando iba ya detrás de ellos, Eduardo perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, comenzando a rodar sobre su espalda y llevándose consigo a Mónica. De alguna manera que no alcanzo a comprender, di un salto al frente y quedé casi tendido en el talud de la estructura, con los brazos alcancé a detener a ambos, por lo que la caída no continuó y solamente quedamos con algunos golpes. Fue un accidente peligroso, ya que había estacas en los escalones de madera para ascender y una piedra de buen tamaño me golpeó en una pierna, aunque no sentí el impacto.

Ya arriba se nos pasó el susto y miramos el primer atardecer del trekking, aunque no había nube alguna y únicamente en el horizonte se observaba una capa de humo, producto de la temporada de quema de los campos de cultivo, lo que hacía que no fuera un crepúsculo muy espectacular. Permanecimos algún rato más y tomé unas cuantas fotos de las estrellas, aunque no resultaron muy vistosas.

Finalmente regresamos al campamento, tomamos la cena, que tuvo un excelente sazón y nos retiramos a dormir ya tarde, después de estar conversando un buen rato.



miércoles, 14 de junio de 2023

La expedición más esperada: trekking al Mirador. Parte 1: De la Ciudad de México a Flores

Después de más de una década de desear visitar el ya legendario sitio maya de El Mirador y habiendo pasado contratiempos que pospusieron el viaje indefinidamente, incluso después de atravesar una pandemia mundial, finalmente llegó el 30 de marzo de 2023, día elegido para comenzar el viaje que me llevaría de regreso a la selva del Petén, en Guatemala.

Fue un día sumamente largo, tenía ya todo listo para mi partida pero primero me tocó trabajar. El cumpleaños de mi jefa, la Dra. Lourdes se acercaba y ya no la veríamos pronto, así que Romina (mi compañera y amiga) y yo decidimos que le compraríamos un pequeño pastel, siendo yo el designado para pasar a comprarlo antes de llegar. Después de mi parada en el centro comercial, acudí al cubículo donde he pasado ya casi dos años haciendo trabajo arqueológico de gabinete, mi primer empleo formal en el área. Me encontré con la novedad de que, tanto la Dra. como Romina, estaban en la clase que mi jefa imparte los jueves; no quise interrumpir, así que me quedé solo preparando la bibliografía para un artículo que tenemos en preparación.

A medio día Romina salió casi corriendo, ya que tenía un compromiso. Antes de irse pasó a despedirse de mí y a desearme un buen viaje, ella sabía bien cuánto había esperado ese día; más tarde nuestra jefa también salió y le entregué el pastel que compramos poco antes de que también se retirara. Fueron dos alegres despedidas para unas vacaciones de dos semanas, con muchos buenos deseos y abrazos cálidos. No puedo comenzar mi relato sin mencionar que este, mi primer trabajo como arqueólogo, es para mí como vivir en un sueño. Aunque es bastante humilde, alcanzó para que realizara mi viaje: yo nunca había sido feliz con ningún empleo, ahora lo soy y me siento sumamente orgulloso de compartir mi tiempo y aprender de dos personas a quienes quiero y admiro profundamente, y que trabajan tan apasionadamente como yo.

Pero ahí no termina el ensueño en el que vivo todos los días. Yo no me marché de inmediato; Perla, quien me invitó a trabajar en este lugar en primera instancia, y con quien doy algunas clases en la universidad como profesor adjunto, también saldría de viaje, así que me invitó a comer junto con las tesistas de posgrado. Después de un rato de espera, fuimos a un pequeño restaurante de mariscos y brindamos con cerveza. La plática fue muy agradable, nuevamente me sentí muy afortunado de estar ahí... a ambos nos desearon feliz viaje y luego tuve que marcharme con algo de prisa para ir a mi casa por mi equipaje. Además de mi trabajo, convivo con muchas personas interesantes con quienes tengo un trato muy amigable. Si bien la academia es un lugar donde la gente suele destrozarse entre sí, yo no estoy inmerso en ello y he venido a caer en un lugar muy agradable para mí.

Llegué a mi casa algo apresurado, apenas tuve tiempo para acomodar los últimos detalles, revisar las reservaciones de hotel y despedirme de mi papá. Dejé un tremendo desorden en mi cuarto, el cual no volvería a ver en 11 días.

No quise gastar en taxi, tendría que ahorrar todo lo posible para más tarde, así que anduve en camión para ir a encontrarme con mi amigo Jorge, quien manejaría todo el camino hasta Flores, el punto de encuentro con todo el grupo que realizaría el trekking. Esperé un poco a que saliera de su trabajo y de ahí nos dirigimos en su auto hasta su casa, donde ya nos esperaba Nath, su novia, que también iría con nosotros al viaje.

Estuvimos viendo un rato la televisión, pero había que dormir algunas horas, por lo que nos fuimos a acostar temprano, habiéndonos enterado de que Ernesto, otro de los participantes del viaje, había salido ya en autobús rumbo a Villahermosa. Yo ansiaba darle alcance, aunque teníamos que esperar aún algunas horas.

Poco después de las 2 de la mañana, Adriana, la cuarta de las participantes del viaje que viajaría en el auto de Jorge con nosotros, nos mandó mensaje diciendo que ya estaba por llegar donde nos encontrábamos. Edson, su novio y compañero nuestro en viejos proyectos, la había llevado en carro; conversamos un poco y acomodamos todo para salir a comenzar el viaje. Nos despedimos de Edson y tomamos rumbo primero hacia Tlalpan, había que pasar a recoger a Rosa, la última ocupante del auto para completar las 5 plazas. Ella es amiga de Jorge; Adriana y yo no la conocíamos hasta entonces, y había sido la última de todo el grupo del trekking que se agregó al viaje, apenas un par de días antes. Una afortunada adición, ya que disfrutó bastante el recorrido y fue una compañera agradable y entusiasta.

Finalmente tomábamos rumbo hacia Flores, en Guatemala. No podía creer que estuviera pasando por fin y pasé casi todo el tiempo mirando el paisaje y platicando. Siempre me gusta manejar, pero Jorge jamás soltaría el volante de su auto y aguantó muy bien todo el trayecto. Tomamos la salida a Puebla, atravesamos esa ciudad y seguimos hasta las Cumbres de Maltrata, las cuales estaban libres de neblina, lo que hizo bastante sencillo su cruce. Más tarde, en La Tinaja, tomamos la desviación hacia Coatzacoalcos y justo ahí nos alcanzó el amanecer. Ese tramo siempre me da sueño, así que, como buen pasajero, me quedé dormido por única ocasión en el trayecto. Desperté cerca de Acayucan y no volví a pegar los ojos, ahí Jorge llamó a Ernesto, quien nos dijo que estaba por llegar a Villahermosa, a pesar de tener muchas horas de ventaja estábamos por alcanzarlo.

Más adelante tomamos rumbo a también a Villahermosa, la cual evitamos mediante su libramiento; avanzamos hacia Catazajá y después dimos vuelta en la carretera hacia Tenosique. Nos encontramos con la faraónica obra del tren maya, de la cual no opinaré. Pasado el medio día entramos a la carretera hacia la frontera de El Ceibo, ya veíamos el objetivo mucho más cerca. Jorge y yo cantábamos a todo pulmón e incluso paramos un poco para que yo grabara el letrero de la última población del lado mexicano: Sueños de oro.

El cruce de la frontera fue un poco tardado porque había una fila de personas, pero sin mayor problema. Mientras los demás sellábamos nuestra salida en la aduana mexicana, Jorge se adelantó para arreglar el cruce del auto. Justo ahí nos encontramos con Ernesto y Valeria, quienes acababan de llegar y tomarían un colectivo hacia Flores, les habíamos dado alcance con más de 8 horas de desventaja. El transporte público es mucho más lento que Jorge manejando...


Cuando pasamos a sellar nuestra entrada a Guatemala ya todo el trámite del vehículo estaba terminado, así que volvimos a abordar para continuar a Flores. Este trayecto fue mucho más lento, a pesar de que la carretera estaba en mejores condiciones que en México, había topes (llamados túmulos ahí) sumamente altos que obligaban a disminuir mucho la velocidad. Ya era tarde cuando llegamos por fin a la capital del departamento de Petén, decidimos ir directamente a comer y nos adelantamos a todos los demás en el restaurante bar que era el punto de encuentro. Llegamos ahí justo al atardecer, por lo que pudimos grabar y fotografiar al sol poniéndose sobre el lago Petén Itzá.

Mientras comíamos, poco a poco fueron llegando los demás participantes del trekking, quienes ya habían llegado a Flores por la mañana y en días anteriores: Eduardo y Mónica, de Querétaro, Erik, de Nueva Zelanda, William padre e hijo y Thomas, de Mérida, Marcia, de Argentina, Juan, de Laredo y Leonardo, de la Ciudad de México. Ya entrada la noche, cuando estábamos por irnos (teníamos que rodear un brazo del lago en el auto para llegar a nuestro hotel), finalmente llegaron Ernesto y Valeria, luego de varias horas desde la frontera. Únicamente faltaba Carlos, de Chetumal, un viejo amigo que no había visto en algunos años, pero él llegaría al día siguiente por la tarde.

Después de un rato alcanzamos a los yucatecos, a Marcia y a Juan en el hotel, ya que estábamos hospedados en el mismo, y ellos cruzaron el lago en lancha para llegar ahí, un trayecto de 5 minutos, mientras que el rodeo en auto era de más de 20. Nuestra habitación tenía un problema con el baño, el cual se arregló al día siguiente, pero gracias a eso nos rebajaron a la mitad el precio de la primera noche. Antes de irme a dormir disfruté de una bella vista nocturna de Flores desde la orilla norte del lago. Por cuarta ocasión estaba ahí, y en el viaje más esperado desde que comencé a visitar sitios mayas en 2012.