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domingo, 26 de mayo de 2019

Viaje al Puuc pt. 23. Halal, Campeche

Restos de habitación en el primer nivel de Halal
Comenzaba la tarde cuando salimos de Kabah y me pareció una oportunidad perfecta para visitar Halal; dicho sitio ya lo había recorrido junto con Wilberth a inicios de 2017 pero en esa ocasión estuvimos buscando vestigios entre los montículos del lugar y hallamos la enorme acrópolis ya bastante tarde, tanto que cuando regresamos era de noche; ahora quería rodear todo el edificio nivel por nivel para descubrir lo que pudiera estar a la vista ya que aún se conserva bastante arquitectura aunque en mal estado.

Tomamos la carretera a Bolonchén y luego nos desviamos ya estando en el estado de Campeche, tomamos una carretera secundaria y luego de un rato reconocí el lugar aunque no pude distinguir los grandes montículos que había visto antes con Wilberth, únicamente la gigantesca acrópolis se dibujaba al fondo como un pequeño cerro.
Habitaciones del segundo nivel

Dejamos el auto justo junto al comienzo del talud del edificio prehispánico y entramos por el mismo pequeño sendero que había seguido dos años antes, subimos al primero de cinco niveles y nos encontramos de inmediato con restos de habitaciones, ahí todas las fachadas estaban colapsadas pero aún se mantiene en pie la mitad de las bóvedas, los muros traseros y algunas paredes divisorias con puertas que comunicaban internamente los cuartos; se trata de una larga hilera y estuvimos ahí por un buen rato.

Adriana y Julio se quedaron en esa zona mientras yo me abría camino con el machete para rodear toda la primer terraza de la acrópolis, no pude encontrar nada en el lado trasero pero sí comencé a encontrarme con las reinas de Halal: montones de avispas.
Habitación bajo la escalinata de ascenso en el tercer nivel

Ascendimos al segundo nivel de la acrópolis y el panorama era bastante parecido al primero: únicamente se veían habitaciones sin fachada, nuevamente le di la vuelta entera al edificio pero ahora fue mucho más complicado porque la maleza era muy cerrada y espinosa, finalmente me fue imposible seguir el contorno y tuve que subir al tercer nivel para poder volver donde me esperaba Julio y Adriana.

Esa tercer terraza es la más interesante del edificio, comenzamos visitando el lado sur, una parte que no había visto antes; ahí me encontré con restos de un chultún y luego un monumento esculpido bastante borrado porque su lado labrado está expuesto a toda la erosión del sol y la lluvia; es la sección inferior de una estela que tiene un personaje de pie aunque solo se observa hasta la mitad del torso y algunos cartuchos glíficos.
Fragmentos de estela

A unos pasos de la estela se encuentra una habitación que conserva su fachada, tiene una sola entrada pero lo que más llama la atención es su moldura "rota" que forma un medio rectángulo sobre el marco del acceso; este tipo de decoración simple es muy característico de las etapas más tempranas del estilo arquitectónico del Puuc y puede verse también en Sabacché, Kabah u otros sitios, ya lo habíamos podido ver en el pequeño edificio de Cooperativa, construido de la misma forma pero a una escala mucho menor.

Quise acercarme a la habitación para ver su interior pero aún estando a 5 metros de distancia las avispas se lanzaron a atacarme por lo que tuve que tirar mi tripié y salir corriendo de inmediato, tuve suerte de que no me picó ninguna. 
Habitación con moldura "rota"

Le dí la vuelta nuevamente a la terraza y esta vez encontré varios fragmentos de decoraciones que seguramente pertenecieron a fachadas ya desaparecidas de las numerosas habitaciones de la acrópolis.

Al llegar al lado norte del nivel me encontré con la habitación que más me gusta del sitio, también conserva su fachada y tiene un estilo bastante particular: cuenta con un friso totalmente liso aunque hay piedras que sobresalen, ignoro si así estaban originalmente o si el tiempo las ha botado de su lugar. La entrada es un pórtico con columnas cuadradas y parece tener dos habitaciones, una detrás de la otra. Nuevamente me quedé con las ganas de entrar pues hay enormes panales repletos de avispas en el interior, ni siquiera intenté acercarme.
Habitación con pórtico de columnas

Cerca de ahí observamos una habitación que estaba justo debajo de la escalinata principal de acceso al edificio, ahí se conserva una puerta que comunicaba con otro cuarto del otro lado que dejamos para el final.

Ascendimos al cuarto nivel y no encontramos ya casi ningún vestigio arquitectónico en pie, únicamente se pueden ver algunas alineaciones de piedras pues la zona más alta está sumamente destruida; pareciera que dicha terraza es la cima pero al centro aún se alza un pequeño basamento que llega más arriba aún.

Subimos hasta la cima con dificultad por las plantas espinosas y los henequenes que complicaban el paso, sobre todo Adriana tuvo muchos inconvenientes con las piedras sueltas y al comenzar la bajada incluso tuvo una caída que no tuvo consecuencias. Desde la parte alta, a pesar de encontrarse a gran altura, no se tiene una buena vista porque los árboles cubren todo.
Dintel glífico

Finalmente llegamos a la segunda habitación bajo la escalinata, nuevamente estaba custodiada por enormes avisperos pero lo que ahí se encuentra valía la pena como para arriesgarse. Entré sumamente lento y casi arrastrándome por el suelo y pude fotografiar un dintel con glifos en el frente. Cuando estaba terminando las avispas se agitaron y salí corriendo de ahí; justo afuera el talud es muy empinado y resbaloso por lo que caí y el machete que traía en la mano voló por los aires; únicamente pude ver como caía y se clavaba en el suelo a unos centímetros de mi mano, estuve bastante cerca de hacerme una herida grave porque el filo era bastante peligroso.

Con ésto terminamos el recorrido y descendimos hasta el auto; un rato antes habíamos escuchado mucho ruido de gente que parecía hacerle señas al conductor de alguna gran máquina agrícola, al llegar al auto nos dimos cuenta que me había estacionado dejando poco espacio y tuvieron dificultades para pasar por ahí. 

Aún no caía la tarde, decidimos visitar un sitio más que era muy sencillo y al cual no le había tomado fotos ni vídeo a pesar de haberlo visitado con Wilberth también hacía dos años...

viernes, 3 de noviembre de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 28 y final. De vuelta en Sacbé, Hultún y Halal, un intento de visitar Xcambó

Sacbé
Nohpat fue el último sitio maya nuevo para mí que visté en el viaje, pero aún faltaba mostrarle a Wilberth dos más que ya había visto. El primero de ellos fue Sacbé, el cual había visitado con Julio y Eduardo días antes y que nos dió dificultades para llegar a él; sin embargo luego de los dos intentos que hicimos el camino se me quedó muy bien grabado por lo que no tuve ningún problema en guiar a Wilberth hasta el pequeño claro donde dejamos el auto y después en caminar hasta el sendero que sube a la pequeña loma que soporta los edificios que quedan de Sacbé.

Ésta vez no hubo ataques de pulgas y la visita fue más rápida, yo simplemente esperé a mi compañero y tomé unas pocas fotos extras de la estructura principal.
Montículo con jambas en Hultún

Luego de salir de Sacbé no recorrimos mucho para llegar a un hotel en las afueras de Santa Elena en cuyos terrenos se encuentra otro sitio arqueológico llamado Hultún "flecha de piedra"; ahí llegué con Luis Adrián un año antes buscando a un trabajador que nos guiara pero no lo encontramos y lo que pudimos encontrar por nuestra cuenta fue una plaza rodeada de montículos, una estructura parcialmente en pie y algunos chultunes.

Nuevamente llegamos a la recepción del lugar y de nueva cuenta no encontramos guía por lo que tuvimos que realizar lo mismo que antes: pedimos permiso para poder pasar a ver los vestigios por nuestra cuenta, a lo cual la dueña del hotel accedió amablemente.
Estructura en Hultún

Lo primero que vimos fue la plaza con montículos que yo ya conocía, aunque ahora me dí cuenta de que habían adornado su centro con flores y algunas representaciones de los cuatro puntos cardinales; de ahí seguimos un sendero que a sus lados también tenía edificios completamente destruidos y en su parte media encontramos la estructura que yo ya había visitado y que tiene un cuarto con la pared trasera y las de los lados en pie aunque toda la fachada y los recubrimientos externos de piedra se han caído. Ésta vez me tomé mucho más tiempo que la primera que llegué en observar el edificio (en aquella ocasión ya oscurecía) y me dí cuenta de que hacia la izquierda se encontraban restos que indicaban que al menos hubo dos habitaciones más.
Restos de plataforma en Hultún

Yo seguí el sendero rápidamente con la intención de peinar todo el terreno buscando senderos que entraran a la selva pues ahí mismo existe otro edificio más completo y que tenía decoraciones en forma de flecha que le dieron el nombre de Hultún; así llegué primero a un montículo que ya conocía y luego a un camino mas grande. Corrí por más de 300 metros entrando en todos los pequeños senderos que encontré pero lo único que pude ver por aquel lado fueron más montículos  y algunos chultunes; esforzaba la vista entre la maleza para buscar la silueta de alguna construcción pero no vi nada más, finalmente el camino comenzaba a bajar por una suave ladera y no pude ver ya ningún resto por lo que decidí regresar y buscar por otro lado.
Montículo bajo en Hultún

Al llegar a la estructura de nueva cuenta, seguí su contorno y llegué a un pequeño sendero que me llevó a otro camino muy ancho, ahí Wilberth me ayudó a buscar yendo hacia el lado contrario al que yo fui. Por aquél lado no pudimos ver más que los restos de una plataforma que parecía prometedora pero sobre ella tampoco encontramos ningún resto visible de edificios, en total habíamos visto varios montículos, uno de ellos con las jambas de entrada al edificio que lo coronaba todavía en su lugar; además de eso en muchos lugares pudimos ver restos de mosaicos de piedra decorados típicamente en estilo del puuc, con formas geométricas e incluso forma de herradura. Igualmente había muchas otras piezas lisas que debieron pertenecer al recubrimiento de los muros o de las bóvedas de estructuras hoy desaparecidas.
Restos de decoraciones de Hultún

Todavía intenté buscar en las inmediaciones de la primera plaza, ahí hay un chultún que ya conocía pero intenté ir más allá aunque solo encontré un pequeño sendero que me llevó a un área que funcionaba como bodega del hotel, ahí ví dos monumentos grabados en piedra pero no supe distinguir si eran originales o si se trataba de decoraciones que habían realizado para poner en la plaza que estaban adornando. Ahí terminó el recorrido nuevamente sin haber encontrado el edificio faltante.

Salimos de Hultún y todavía teníamos en mente regresar a Halal pues nuestros amigos nos informaron de que ahí había por lo menos dos dinteles grabados con glifos que podíamos ver y que no encontramos cuando estuvimos ahí. 
Dintel grabado en Halal

Decidimos parar en aquel sitio extraordinario con mucho gusto, antes de llegar a Hecelchakán, lugar donde nos separaríamos definitivamente; de nuevo subimos a la gran acrópolis que encontramos en el lugar y revisamos el área que nos indicaron, entonces dimos con los monumentos en la habitación más llena de avispas que había... sin embargo nos atrevimos a entrar con mucho sigilo. Yo no me acerqué del todo pues ya sabía lo que era ser picado y no quería revivirlo, así que solamente tomé fotos con un poco de acercamiento pero Wilberth si bajó hasta el dintel y estuvo ahí por algunos minutos que me parecieron eternos; yo estaba afuera listo para arrojar una piedra al gigantesco panal con la intención de ganar tiempo para mi compañero de escapar si las avispas atacaban y luego salir a toda velocidad de ahí aunque sabía que no tendríamos muchas posibilidades por lo empinado de la ladera. Por fortuna no pasó nada de eso.

Llegamos poco después y ya de noche a Hecelchakán y ahí yo tomé el camión de regreso a Mérida mientras que Wilberth salió en el auto rumbo a Campeche. El autobús paró en todos los pueblos que pasamos y tardé bastante en llegar así que terminé por hospedarme en el hotel más cercano a pesar de que era un poco caro, ahí ya lo único que hice fue cenar un poco y dormir.

El último día del viaje fue un completo fracaso, yo quería llegar finalmente a Xcambó, un sitio costero abierto al público; sabía que había dos formas de llegar en transporte público: una por Progreso y la otra por Motul, me decidí por la primera con la intención de meterme al mar un rato, sin embargo no pude pasar del puerto pues no encontré transporte disponible y los taxis eran extremadamente caros; además cuando me dirigía al mar comenzó a llover y el viento sopló fuerte por lo que decidí regresar a Mérida y comer lo más que pudiera. Luego de un corto paseo por el centro y de comprar algunos libros, nuevamente pasé la noche en el mismo hotel y al día siguiente salí temprano rumbo al aeropuerto, llegando a la ciudad de México antes del medio día por primera vez en todos mis viajes vía aérea.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 19. Haltunchón y Halal

Haltunchón
Ya en el capítulo anterior dije que desde la cima de Cacabxnuc se podía ver a lo lejos un sitio muy similar que se llama Haltunchón (pila donde se bañan los zopilotes). Ése sitio es un solo edificio en pie que también está sobre un pequeño cerro; en 2013 lo visité junto con Julio y tuvimos serias dificultades para subir pues las lluvias nos azotaron e incluso nos obligaron a desistir en una ocasión de llegar arriba pues cayeron rayos muy cercanos que provocaron que huyéramos de ahí cuando íbamos a mitad de la pendiente.

Wilberth nunca había estado en el sitio, así que decidimos ir; en ésta ocasión la maleza estaba mucho menos crecida y pudimos ver un camino que la anterior vez estaba oculto, por lo que el ascenso fue sumamente fácil.
Edificio de Haltunchón

La estructura está muy deteriorada y tiene grietas y huecos en todos los muros, así como un gran agujero de saqueo en el piso de su única habitación. Toda su decoración externa está caida y no hay restos de alguna posible crestería que lo coronara; sin embargo, hay una franja de piedras que rodea la parte alta de la pared trasera y las laterales que presentan todavía una serie de glifos pintados en rojo, algunos de ellos aún muy nítidos.

Desde ahí pudimos ver también Cacabxnuc aunque fue un poco más complicado encontrar el cerrito en donde se encuentra, al parecer en la zona había una serie de estucturas parecidas a éstas que tenían contacto visual entre sí y por ello podían enviarse señales provenientes de sitios grandes como fueron Xcalumkín al sur y Dzotchén al norte.

Frente del edificio de Haltunchón
Tuvimos algunas dudas sobre el siguiente sitio a visitar, podía ser Dzotchén pero la hora ya vespertina hacía difícil que encontráramos guía; otros sitios circundantes estaban contemplados pero el camino era tan malo que decidimos no seguirlo. Wilberth sugirió ir a un sitio conocido por él al que llamaba Yalnón por estar cerca de un campo de menonitas así nombrado y yo me inclinaba por Halal (pastizal), un lugar muy enigmático para mí pues sabía que era un sitio mayor, marcado en mis mapas como muy importante, pero no tenía referencia alguna de lo que ahí se encontraba y las imágenes de satélite no mostraban nada identificable, excepto manchones de árboles en medio de campos de cultivo, pero tan grandes que no parecían ser montículos sino áreas cubiertas de selva.

Montículo en Halal, el lado derecho que sobresale es una escalinata
Cuando tomamos el desvío que llevaba a "Yalnón", me di cuenta de que aquel lugar y Halal eran exactamente el mismo. Llegamos a un gran campo de cultivo y de inmediato vimos un gran montículo que estaba rodeado de un manchón verde de árboles y maleza. La perspectiva era muy prometedora, aunque Wilberth de inmediato la atenuó diciendo que solamente había encontrado ahí algunos restos de decoración. Así fuimos directo a entrar a la maleza para llegar a la gran estructura que tendría unos 7 m de alto; en cuanto estuve junto a su base subí con gran esfuerzo pues las piedras estaban muy sueltas y habían enredaderas que surgían de todos lados repletas de espinas. Arriba el panorama era de total destrucción, ningún resto conservaba su forma y nada indicaba que hubiera ahí un templo superior a pesar de que muy probablemente lo hubo. Aún así al revisar más detenidamente pude ver que en uno de los lados parecía sobresalir una serie de rocas derrumbadas que dibujaban la forma de la vieja escalinata que permitía el acceso y que no conservaba ningún escalón.
Restos de dintel y jambas

Estuve un buen rato revisando toda la base del edificio y sólo pude encontrar algunas piedras lisas que pudieron ser recubrimientos o dinteles de puertas; no quería irme de ahí habiendo visto tan poco, era lo mismo que cuando fracasamos en encontrar algo más en Komchén o en San Francisco, en San Diego Buenavista tampoco encontramos arquitectura en pie pero ahí habían monumentos esculpidos... Me rendí con éste edificio y salí de ahí para cruzar el camino hacia otro manchón de selva donde se veía un montículo más bajo; el resultado fue el mismo aunque más atrás pude ver otro montón alargado de piedras y en su parte alta se veía un dintel todavía sobre las jambas que formaban una entrada y algunos restos de muros. Parecía que la suerte cambiaba pero no pude encontrar nada más. 
Primera habitación en la acrópolis de Halal

Ya estábamos a punto de irnos, el sol estaba bajando en el horizonte y parecía que no encontraríamos otra cosa, sin embargo había en el fondo del camino lo que parecía un cerro alargado totalmente cubierto de árboles, le dije a Wilberth que haría el último intento de encontrar algo de arquitectura en pie subiendo ahí pues parecía que en la región era regla que hubieran estructuras en las cimas de éstas lomas; crucé una huerta y al llegar a la base de éste cerro me di cuenta de que no era natural, por todas partes se veían restos de derrumbe y por fín, algunos muros que aunque muy dañados eran signo inequívoco de que se trataba de un edificio maya. Grité a Wilberth que se acercara y entre los dos comenzamos a recorrer una de las estructuras cerradas al público más increíbles que he visto en México: entre más avanzábamos había que subir por el derrumbe y encontrábamos más y mejores vestigios: al principio restos de muro, más arriba habitaciones con media bóveda en pie, con su frente caido y así hasta completar de contar 4 o 5 niveles que estimábamos alcanzaban casi 40 metros de altura y una base frontal de más o menos 120 metros... dimensiones colosales comparables con la gran acrópolis de Ek Balam.
Restos de puerta de entrada a una habitación

Cada rincón de éste edificio tenía algo nuevo para ver, a pesar de la gran destrucción de cuando en cuando teníamos pedazos de bóveda, muros parcialmente en pie, algunas entradas a habitaciones y que comunicaban cuartos entre sí, restos de decoraciones claramente de estilo puuc: columnillas, pedazos de mascarones de Chac, motivos geométricos... no podíamos perder mucho tiempo pues la oscuridad se acercaba rápidamente, ya veía destellos rojos colarse entre los árboles y dibujarse en las piedras de los muros.

Cada vez que alguno de nosotros avanzaba un poco se producía una exclamación de sorpresa al descubrir un nuevo detalle del edificio o al darnos cuenta de que arriba del nivel en que estábamos había otro con más construcciones y entre más subíamos parecía aumentar la conservación de las habitaciones que ahí encontrábamos.

De pronto y al dar la vuelta a un muro que formaba un ángulo de 90 grados con una línea de habitaciones en el tercer nivel del edificio, ví el cuarto más bellamente conservado del lugar, el cual tenía una entrada muy ancha soportada por dos columnas cuadradas con capiteles y su parte superior probablemente era lisa, un estilo constructivo muy diferente a lo que había visto en otros sitios cercanos y que me recordó más a Chichén Itzá que al puuc donde nos encontrábamos.
Habitación con entrada enterrada

De inmediato llamé a Wilberth y revisamos más de cerca la entrada, pudimos ver que detrás habían más habitaciones pero nos vimos completamente impedidos de pasar por la presencia de enormes panales de avispas, de ahí en adelante nos dimos cuenta que éste lugar era el más infestado de éstos insectos que hubiéramos visto, pues nos impidieron pasar a todos los recintos en pie o semienterrados y sus colonias alcanzaban un tamaño muy superior a los que estábamos acostumbrados a ver.

Ya comenzaba a ponerse muy oscuro cuando nos decidimos a seguir, divisando sobre éste nivel la cumbre del edificio que sobresalía más a la derecha y era mucho más esbelta que la base, ahí no quedaba nada en pie pero en su frente se observaba claramente el lugar que la escalinata de acceso ocupaba e incluso dos cuartos que quedaban directamente bajo ésta.
La habitación mejor conservada de Halal

Desde lo alto podíamos ver el atardecer ya muy avanzado y nos dimos cuenta de que la altura era muy grande en comparación con los otros montículos que vimos en el lugar, a penas podíamos divisar la planicie entre el follaje y nos dábamos cuenta que la bajada sería difícil y peligrosa por la inclinación y porque no podríamos llegar a la base antes de que la oscuridad bajo los árboles fuera casi total; aún así nos detuvimos en una de las habitaciones bajo la escalinata y pudimos ver que contenía dos entradas a recintos más profundos, sin embargo el panal de avispas más grande del lugar junto con 3 más pequeños nos impidieron el paso de nuevo; ésta habitación tenía otro secreto guardado que supimos días más tarde y volvimos al final del viaje para verlo...
Atardecer desde la acrópolis de Halal

El cielo aún no se veía completamente negro pero ya se podían divisar algunas estrellas cuando dejamos la última habitación para descender del edificio, sin embargo ya no podíamos ver ningún detalle del suelo que pisábamos, la inclinación inicial era de vértigo y poco a poco iba suavizándose pero nos obligó a avanzar de forma lenta y titubeante pues a cada momento peligrábamos de caer a una considerable altura que resultaría muy perjudicial para nosotros. Nuevamente teníamos la muestra del gran tamaño de ésta acrópolis pues parecía que la bajada era interminable. Finalmente alcanzamos la planicie y nos dirigimos al carro; al salir de entre la maleza de inmediato el camino pareció iluminarse, así de cerrado era el follaje sobre el edificio. Todavía antes de irnos me puse a mirar la gran mole de la que acabábamos de regresar, sin duda es uno de los lugares más grandiosos y enigmáticos que he conocido.
Acrópolis de Halal desde el camino

Una vez que salimos de ahí, nos dirigimos directamente hacia Hopelchén, el corazón de la región de los Chenes, donde Wilberth nació y donde aún vive una parte de su familia, nos quedamos con ellos y nos asignaron una habitación donde tendimos dos hamacas para dormir. Estuvimos conversando un rato y cenamos; finalmente terminó un día muy productivo a pesar de haber comenzado nuestra exploración ya bastante tarde.