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domingo, 26 de mayo de 2019

Viaje al Puuc pt. 23. Halal, Campeche

Restos de habitación en el primer nivel de Halal
Comenzaba la tarde cuando salimos de Kabah y me pareció una oportunidad perfecta para visitar Halal; dicho sitio ya lo había recorrido junto con Wilberth a inicios de 2017 pero en esa ocasión estuvimos buscando vestigios entre los montículos del lugar y hallamos la enorme acrópolis ya bastante tarde, tanto que cuando regresamos era de noche; ahora quería rodear todo el edificio nivel por nivel para descubrir lo que pudiera estar a la vista ya que aún se conserva bastante arquitectura aunque en mal estado.

Tomamos la carretera a Bolonchén y luego nos desviamos ya estando en el estado de Campeche, tomamos una carretera secundaria y luego de un rato reconocí el lugar aunque no pude distinguir los grandes montículos que había visto antes con Wilberth, únicamente la gigantesca acrópolis se dibujaba al fondo como un pequeño cerro.
Habitaciones del segundo nivel

Dejamos el auto justo junto al comienzo del talud del edificio prehispánico y entramos por el mismo pequeño sendero que había seguido dos años antes, subimos al primero de cinco niveles y nos encontramos de inmediato con restos de habitaciones, ahí todas las fachadas estaban colapsadas pero aún se mantiene en pie la mitad de las bóvedas, los muros traseros y algunas paredes divisorias con puertas que comunicaban internamente los cuartos; se trata de una larga hilera y estuvimos ahí por un buen rato.

Adriana y Julio se quedaron en esa zona mientras yo me abría camino con el machete para rodear toda la primer terraza de la acrópolis, no pude encontrar nada en el lado trasero pero sí comencé a encontrarme con las reinas de Halal: montones de avispas.
Habitación bajo la escalinata de ascenso en el tercer nivel

Ascendimos al segundo nivel de la acrópolis y el panorama era bastante parecido al primero: únicamente se veían habitaciones sin fachada, nuevamente le di la vuelta entera al edificio pero ahora fue mucho más complicado porque la maleza era muy cerrada y espinosa, finalmente me fue imposible seguir el contorno y tuve que subir al tercer nivel para poder volver donde me esperaba Julio y Adriana.

Esa tercer terraza es la más interesante del edificio, comenzamos visitando el lado sur, una parte que no había visto antes; ahí me encontré con restos de un chultún y luego un monumento esculpido bastante borrado porque su lado labrado está expuesto a toda la erosión del sol y la lluvia; es la sección inferior de una estela que tiene un personaje de pie aunque solo se observa hasta la mitad del torso y algunos cartuchos glíficos.
Fragmentos de estela

A unos pasos de la estela se encuentra una habitación que conserva su fachada, tiene una sola entrada pero lo que más llama la atención es su moldura "rota" que forma un medio rectángulo sobre el marco del acceso; este tipo de decoración simple es muy característico de las etapas más tempranas del estilo arquitectónico del Puuc y puede verse también en Sabacché, Kabah u otros sitios, ya lo habíamos podido ver en el pequeño edificio de Cooperativa, construido de la misma forma pero a una escala mucho menor.

Quise acercarme a la habitación para ver su interior pero aún estando a 5 metros de distancia las avispas se lanzaron a atacarme por lo que tuve que tirar mi tripié y salir corriendo de inmediato, tuve suerte de que no me picó ninguna. 
Habitación con moldura "rota"

Le dí la vuelta nuevamente a la terraza y esta vez encontré varios fragmentos de decoraciones que seguramente pertenecieron a fachadas ya desaparecidas de las numerosas habitaciones de la acrópolis.

Al llegar al lado norte del nivel me encontré con la habitación que más me gusta del sitio, también conserva su fachada y tiene un estilo bastante particular: cuenta con un friso totalmente liso aunque hay piedras que sobresalen, ignoro si así estaban originalmente o si el tiempo las ha botado de su lugar. La entrada es un pórtico con columnas cuadradas y parece tener dos habitaciones, una detrás de la otra. Nuevamente me quedé con las ganas de entrar pues hay enormes panales repletos de avispas en el interior, ni siquiera intenté acercarme.
Habitación con pórtico de columnas

Cerca de ahí observamos una habitación que estaba justo debajo de la escalinata principal de acceso al edificio, ahí se conserva una puerta que comunicaba con otro cuarto del otro lado que dejamos para el final.

Ascendimos al cuarto nivel y no encontramos ya casi ningún vestigio arquitectónico en pie, únicamente se pueden ver algunas alineaciones de piedras pues la zona más alta está sumamente destruida; pareciera que dicha terraza es la cima pero al centro aún se alza un pequeño basamento que llega más arriba aún.

Subimos hasta la cima con dificultad por las plantas espinosas y los henequenes que complicaban el paso, sobre todo Adriana tuvo muchos inconvenientes con las piedras sueltas y al comenzar la bajada incluso tuvo una caída que no tuvo consecuencias. Desde la parte alta, a pesar de encontrarse a gran altura, no se tiene una buena vista porque los árboles cubren todo.
Dintel glífico

Finalmente llegamos a la segunda habitación bajo la escalinata, nuevamente estaba custodiada por enormes avisperos pero lo que ahí se encuentra valía la pena como para arriesgarse. Entré sumamente lento y casi arrastrándome por el suelo y pude fotografiar un dintel con glifos en el frente. Cuando estaba terminando las avispas se agitaron y salí corriendo de ahí; justo afuera el talud es muy empinado y resbaloso por lo que caí y el machete que traía en la mano voló por los aires; únicamente pude ver como caía y se clavaba en el suelo a unos centímetros de mi mano, estuve bastante cerca de hacerme una herida grave porque el filo era bastante peligroso.

Con ésto terminamos el recorrido y descendimos hasta el auto; un rato antes habíamos escuchado mucho ruido de gente que parecía hacerle señas al conductor de alguna gran máquina agrícola, al llegar al auto nos dimos cuenta que me había estacionado dejando poco espacio y tuvieron dificultades para pasar por ahí. 

Aún no caía la tarde, decidimos visitar un sitio más que era muy sencillo y al cual no le había tomado fotos ni vídeo a pesar de haberlo visitado con Wilberth también hacía dos años...

domingo, 11 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 7. Dzibanché y Nicolás Bravo

Templo de los dinteles
El último día que estuve con el grupo salimos un poco tarde por aprovechar el desayuno gratis que teníamos en el hostal, pero nuevamente se acumularon retrazos pues nos detuvimos cerca de un banco para que varios del grupo pudieran sacar dinero; cierto es que yo le dejé la dirección del grupo a Quintín y ya iba como un pasajero más, pues estaba bastante desgastado y el día anterior él no había estado; por otro lado Fernando no salió con nosotros, quedándose en Chetumal; Quintín decidió que fuéramos a dejar a una de las chicas a la terminal de autobuses pues debía regresar a la ciudad, sin embargo fuimos a dar al aeropuerto y tuvimos que regresar un poco, después estuvimos esperando un rato pues el padre de la chica la fue a dejar, pero regresaría al autobús para seguir el recorrido. Así salimos rumbo a Dzibanché, pero nuevamente dimos un rodeo pues el autobús tomó el rumbo de Bacalar cuando había que ir hacia Escárcega.
Estructura en la plaza Gann

Finalmente dimos vuelta en la desviación hacia el pueblo de Morocoy y ahí Quintín, quien ha trabajado arqueológicamente en el sitio y los alrededores, bajó a buscar a un señor conocido suyo cuyo nombre se me ha olvidado, que conocía muy bien el lugar y había participado en muchas temporadas de campo pero no lo encontró, por lo que continuamos hacia la entrada de Dzibanché. Éste sitio es enorme y muy importante, estaba conformado por varios grupos de edificios distintos que se encontraban dispersos, los principales son el Dzibanché (donde nos dirigíamos), Kinichná (también abierto al público), Lamay y Tutil. 

Cuando estábamos en la entrada del sitio, el señor que Quintín había ido a buscar nos alcanzó en su camioneta y se ofreció para dar la guía del lugar. Viendo ésto y que el día anterior guié solo en Xunantunich, me sentí libre de recorrer el sitio adelantándome para que no hubiera mucha gente en las fotos, así que me separé del grupo y únicamente Adriana me acompañó pues Ernesto se había quedado en Chetumal para ir a los sitios de Limones, Chacchoben y Oxtankah.
Restos de mascarón en el edificio de los cautivos

Éste lugar lo había querido recorrer desde hacía mucho tiempo, por lo que por fín llegar ahí me puso muy contento; llegamos primero frente al edificio de los dinteles, que fue el que le dio el nombre al lugar, pues Dzibanché significa "escritura en madera" precisamente porque un dintel de chicozapote de ésta estructura tenía una inscripción jeroglífica.

Subimos a la cima de ésta estructura y pude ver que sus cuerpos parecen tener influencia teotihuacana, pues tienen el típico talud-tablero con que se construía en la gran metrópoli del centro de México. También cabe señalar que se cree que en Dzibanché estuvo instalada la importante y poderosa dinastía Kaan (cabeza de serpiente), quienes derrotaron a Tikal a mediados del clásico y que más tarde se mudaron a Calakmul.
Templo de los Cormoranes

Bajamos de éste templo y nos dirigimos a la plaza Gann, nombrada así en honor al descubridor del lugar, el médico Tomas Gann, quien recorrió la zona y gran parte de Belice a inicios del siglo XX. 

En ésta parte del sitio hay una serie de edificios bajos, sin embargo es muy importante pues en uno de ellos se encontró una escalinata jeroglífica que representaba varios cautivos atados y entre las inscripciones se pudo identificar el glifo emblema de los Kanul, lo que confirmó la presencia de la dinastía en Dzibanché. En éste mismo edificio pudimos ver los restos de un mascarón de estuco, aunque muy deteriorado. A los lados hay plataformas que al parecer tenían arriba construcciones palaciegas y del otro lado de la plaza se encuentra el gran templo de los cormoranes, que se llama así por un vaso que se encontró que tenía pintadas aves de ése tipo. 
Costado del templo de los cormoranes

Éste edificio es bastante alto y su arquitectura es peculiar, pues tiene tres arcos que sobresalen en su escalinata de acceso, la cual es muy alta; los cuerpos están construidos en talud-tablero y en uno de sus costados tiene restos de un gran friso estucado y con color que cubría todo el edificio; lo que da una idea de la belleza y complejidad iconográfica que debió haber tenido en sus tiempos de esplendor.

Estuve tomando varias fotos en ésta plaza e incluso el grupo nos alcanzó, aunque nuevamente nos separamos yendo hacia la plaza central o Xibalbá, la cual se encuentra detrás del templo de los cormoranes. Ahí de inmediato pude ver el edificio más famoso del sitio: el llamado templo del Búho, que si no me equivoco tomó su nombre de un plato que ahí se encontró. Dentro de su estructura se encontró una tumba que tenía una escalinata interna que llevaba a ella, lo cual es muy parecido a su contraparte más famosa construida por Pakal en Palenque.
Templo del Búho

Ahí podíamos subir también, así que sin dudarlo ascendimos a la cima. El cielo estaba cargado de nubes pintorescas que hacían que el panorama fuera sumamente bello, nuevamente estaba en un sitio arqueológico cubierto por un cielo hermoso, como ya se había hecho costumbre en otros lugares como La Quemada, Tehuacán Viejo o Ciudad Vieja.

Descendimos a la plaza cuando el grupo nos alcanzaba, pero por tercera vez los dejamos atrás cuando fuimos a la plaza detrás de éste último templo, ahí se encuentra la acrópolis del sitio pero está cerrada al público, por lo que no pudimos subir y únicamente rodeamos la plataforma sobre la cual se ubica. Cuando ya íbamos a dirigirnos a la salida, escuchamos que el señor que iba guiando había conseguido permiso para que pasáramos a la plaza Pom, la cual está en un costado de la dicha acrópolis, así que nos juntamos nuevamente con los demás para ir a ver.
Vista desde el templo del Búho

Ésta plaza es más pequeña que las demás y está rodeada de edificios residenciales con una maraña de habitaciones, una de ellas con restos de decoración pintada en estuco; cuando estábamos ahí unos cuantos monos aulladores estuvieron en un árbol sobre nosotros, por lo que pasamos un rato fotografiándolos mientras se balanceaban de una rama a otra.

Así terminó el recorrido por el grupo Dzibanché, por lo que regresamos a la entrada pasando por detrás del templo de los dinteles. 

Volvimos a subir al autobús y nos dirigimos al grupo Kinichná, distante pocos km de donde estábamos, yo quería ver el grupo Lamay, que se encuentra a un lado del camino al pasar, pero me equivoqué de lado en el asiento y a penas alcancé a dar un pequeño vistazo a aquél conjunto, que está muy cubierto de árboles, pero se distinguen algunas paredes de edificios.
Edificios de la plaza Pom

Cuando llegamos a Kinichná, nuevamente hicimos lo mismo que en Dzibanché; Adriana y yo nos adelantamos al grupo y nos encontramos rápidamente frente a la enorme base de la acrópolis que es el único edificio que se puede visitar en ésta área. 

En la parte baja hay una escalinata muy ancha que tiene escalones altos y gruesos, por lo que es cansado subir, en la parte más alta se encuentra el templo superior, junto con dos pequeños templitos a cada lado que miran hacia el centro, un poco más abajo se forma una explanada que al centro tiene el conjunto más alto y también a cada lado hay plataformas que soportan cada una un templo más grande que los laterales altos pero más pequeño que el superior y al igual que éste último miran hacia el frente del edificio.
Acrópolis de Kinichná

Subimos recorriendo cada nivel de la estructura, el cielo seguía espectacular, por lo que me deleité tomando fotografías; éste edificio era el que más quería visitar en la zona, por lo que en el fondo me encontraba sumamente contento, así llegamos hasta el templo superior y lo rodeamos para ver en su pared trasera una figura de estuco que ahora está ya muy dañada pero que representaba al dios solar K'inich Ahau, lo que dio nombre a éste conjunto arquitectónico, que significa "casa del sol".

Luego de ésta visita, bajamos y pudimos ver que a los lados de la base del edificio también existieron dos grandes mascarones pero ahora es poco lo que se puede apreciar de ellos. Ahí terminamos con la visita del sitio, el itinerario decía que aquél día también iríamos a Kohunlich y Quintín tenía la idea de ir, pero como de costumbre todo fue muy lento y eso no fue posible, era ya bastante tarde para ello y decidimos mejor ir a comer al cercano poblado de Nicolás Bravo.
Vista desde la acrópolis de Kinichná

No tardamos mucho en llegar a destino, pero si tuvimos algunos problemas para encontrar donde comer, pues un lugar donde vendían pollo ya no tenía suficiente para el grupo, después encontramos otra pequeña fonda que servía caldos y tamales, consultamos al grupo y aceptaron aquel menú, por lo que luego de comprar el poco pollo que quedaba, se dirigieron al segundo lugar.

Mientras ésto sucedía, Adriana y yo aprovechamos para caminar unas pocas cuadras y conocer una estructura maya que se encuentra dentro del poblado: se trata de un edificio tipo Río Bec, bastante cubierto de vegetación y rodeado por una malla metálica, pero aún se pueden apreciar las paredes de dos torres que flanquean a una serie de habitaciones colapsadas, de las que quedan solamente los muros traseros. 
Base de la acrópolis de Kinichná

En los alrededores hay muchas más estructuras pero no las visitamos aquel día pues esperábamos a Ernesto, así que alcanzamos a los demás para comer, Fernando había llegado también; al terminar fuimos al autobús por nuestras cosas y para despedirnos; Adriana y yo habíamos de quedarnos ahí, pues seguiríamos nuestro recorrido con Ernesto mientras que el resto del grupo pasaba los días restantes en la laguna de Bacalar y en la playa de Mahahual; ahí ya no se requería de un guía para los sitios arqueológicos, así que antes de comenzar el recorrido ya estaba decidido que en éste punto nos separaríamos. Así terminaba de mi parte aquel viaje en grupo que tantos meses antes habíamos imaginado Neftalí, Fernando y yo, por un momento tuve sentimientos encontrados, se logró hacer el trayecto aún con todos los problemas que pasamos y la ausencia de Nefta, Fernando hizo un buen trabajo con la logística del transporte y los hoteles y junto con Quintín también lograron juntar suficiente gente, gracias a lo cual seguimos adelante, pero por otro lado un itinerario que era perfectamente realizable que diseñé con Neftalí pensando en no ser muy cargado no se había cumplido para nada por los motivos más diversos.
Estructura maya en Nicolás Bravo

Ningún día se había completado, en Palenque no fuimos al museo, la pifia de Yaxchilán con los costros extra en Bonampak, una visita apresuradísima en Aguateca, la mitad del grupo no conoció Yaxhá y los otros no estuvieron en el Remate y no habíamos ido a Altún Ha ni a Kohunlich. Únicamente en Tikal, Dzibanché y Xunantunich habíamos tenido visitas sin apresurarnos y no hubo día en que no pasara disgustos por ver como se iba el tiempo y se imposibilitaba completar lo programado, además de los problemas con los cajeros de Flores y la estresante navidad que pasamos... cosa que jamás antes había pasado en ningún viaje en el que hubiera participado, por lo cual todo el tiempo tuve una sensación desagradable que no desapareció hasta que aquella tarde junto con Adriana bajamos del autobús, entramos a una tienda que estaba en frente y compré un machete, pues de ahora en adelante los sitios a visitar eran mucho más complicados. Vimos al grupo alejarse mientras nosotros tranquilamente nos sentábamos en una especie de parada junto a la carretera a esperar a Ernesto, quien llegó ya cuando había anochecido, ahí estuvimos platicando mientras yo intentaba afilar mi reciente adquisición, cosa que fue imposible pues como después supe, al ser nuevo tenía un recubrimiento muy duro que no dejaba actuar la lima que usaba para tal efecto.

Una vez estuvimos los tres, tomamos un taxi hacia la comunidad de 20 de noviembre, ahí yo había contactado al guía Ezequiel Cahuich, que había hecho arreglos para que al siguiente día llegaramos a un importante sitio cercano. Una vez en el poblado, nos dieron lugar en una casita casi desocupada para poner nuestras tiendas de campaña, también nos prepararon panuchos para la cena y brindamos un poco pues nos esperaba un gran recorrido y después de todo, ya habíamos llegado hasta ahí...

sábado, 3 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 5. Tikal

Acrópolis norte y Templo I
Por la mañana nos levantamos muy temprano y nuestro transporte, que había ido a Flores para cargar combustible la noche anterior, llegó por nosotros para ir finalmente a Tikal, el destino principal del viaje.

Poco antes de las 7 estábamos en la taquilla del sitio y más adelante bajamos de la camioneta para comenzar el recorrido, aquí me tocó ser el guía prácticamente único pues en Tikal hay muchos caminos, es fácil perderse del recorrido planeado y el único que había estado ahí y conocía el sitio bien era yo. Quintín estaba totalmente afónico, de modo que también casi toda la explicación recayó sobre mí. Me sorprendía como en éste viaje el grupo pedía pasar al baño demasiado frecuentemente, así que lo primero que hicimos fue entrar hasta la zona cercana a la plaza central para perder menos tiempo y que ahí pasaran a calmar sus necesidades fisiológicas, pues la extensión del lugar hizo necesario que colocaran baños públicos en los puntos importantes.
Templo II desde la acrópolis norte

Caminamos por el grupo F, que tiene unas pocas estructuras un poco ocultas por la selva y luego llegamos a la parte trasera del imponente Templo I, pasamos por un lado de éste, junto al pequeño juego de pelota que se encuentra ahí y llegamos a la plaza central. que es uno de los conjuntos arqueológicos más bellos y espectaculares del mundo: por un lado el ya mencionado e icónico Templo I, opuesto al Templo II, que está decorado con mascarones restaurados hace no mucho tiempo; en un costado la acrópolis norte, una gran masa de edificios que se fueron añadiendo con el tiempo y que fue el lugar de entierro de muchos de los gobernantes del sitio; cerrando el conjunto la acrópolis central, llena de palacios de la nobleza que regía Tikal, lugar que en la antigüedad se llamó Yax Mutal o quizá Mutulá y que fue uno de los dos reinos mayas más poderosos, junto con Calakmul.
Templo superior del edificio II

En esta plaza estuvimos un rato observando sobre todo el Templo I, una imagen que salta a la mente automáticamente cuando se piensa en Tikal, incluso es como un emblema de Guatemala que numerosos establecimientos locales muestran con orgullo. También dejé que el grupo recorriera libre la acrópolis del norte por algunos minutos y finalmente los llamé para subir a la estructura de madera que sirve de mirador en el Templo II, ahí se pueden ver los mascarones ornamentales desde muy cerca y sobre todo se tiene una vista hermosísima del Templo I; aunque la primera vez que estuve en Tikal no pude subir a mirar desde ahí debido al proceso de restauración del edificio, era la segunda que subía en ese punto preciso y me volvía a sorprender como antes aquella imagen tan esplendorosa de una cultura que aún pervive en gran parte del área pero que abandonó este lugar hace más de 1000 años.
Templo I, ícono de la cultura maya y de Guatemala

Una vez que bajamos, caminamos hacia el poniente y pasamos por la base de otro gran templo que es designado con el número III, aunque a diferencia de los otros está completamente cubierto de vegetación en su basamento, se pude apreciar su templo y la gran y esbelta crestería que lo corona si se mira desde la cima de cualquier edificio que tenga permitido el ascenso.

Pasamos también junto al palacio de las ventanas, que se encuentra sobre una plataforma y en su parte trasera tiene una enorme pared con los orificios que le dan nombre y que junto con el talud del basamento da la impresión de ser mucho más grande de lo que realmente es, ésta grandiosidad fue hecha a propósito, todo el estilo de construcción de Tikal y del área del Petén fue diseñado para ser enorme y para dar una impresión poderosa a todo el que la admirara, lo sigue cumpliendo a pesar del deterioro y de la ruina.

Pasamos por uno de los conjuntos de pirámides gemelas, las cuales ahora son sólo montículos, pero ahí se puede apreciar una estela y un altar redondo muy bellamente tallados, muestra de la gran cantidad de monumentos que se han encontrado.
Templo IV

Un poco más allá llegamos al gigantesco templo IV, el templo individual de mayores dimensiones de Tikal, aquí hay trabajos de restauración desde hace varios años, los que han dejado al descubierto la parte baja del frente del edificio y el templo superior, además de colocar una escalera de madera para poder subir y apreciar desde ahí la cima de todos los grandes edificios de la ciudad prehispánica.

En las escaleras superiores que llevan directo al templo nos sentamos a contemplar, ahí no pude hacer otra cosa que recordarles a todos que también Neftalí había sido organizador del viaje que nos había llevado hasta ahí, que yo quería traer su memoria a aquél momento pues él quería aún más que todos los que nos encontrábamos presentes conocer Tikal, recordé las tardes en las que conversamos para definir nuestro itinerario, acomodando todo para pasar por aquel lugar y no pude decir ni una palabra más porque mi garganta se hizo un nudo. Fue un momento muy emotivo pues también Quintín, su compañero en la enah, dijo algunas palabras sobre nuestro amigo a pesar de su ronquera.
Vista desde el Templo IV

Desde ahí fuimos más al sur para llegar al conjunto de Mundo Perdido, el cual es el más antiguo de Tikal y tiene una serie de edificios que rodean a la gran pirámide, un basamento cuadrangular con cuatro escalinatas -una en cada lado- que nunca había podido subir en mis visitas anteriores porque había sido cerrado poco tiempo antes. Ésta vez tuvimos mucha suerte porque le habían habilitado un mirador de madera en la parte superior que llevaba a penas una semana de haber sido abierto al público; sin dudar ascendimos y por fín pude apreciar desde ahí las cimas de los grandes templos, sobre todo el número IV, que aparecía más cercano y mucho más imponente que el resto; frente a mí podía ver el perfil muy delgado del edificio 3 y un poco más a la derecha el I y el II. Del lado derecho se apreciaba muy cerca la gran mole de árboles que cubre la acrópolis sur: el conjunto más voluminoso del lugar, aunque se encuentra totalmente cubierto por la selva y tan sólo se pueden apreciar algunos restos de edificios en su cima.
Gran Pirámide de Mundo Perdido

Después de rodear los edificios que delimitan Mundo Perdido al oriente, pasamos por una de las canchas del juego de pelota triple, una estructura única aunque tan sólo se aprecian los montículos que delimitan cada uno de los espacios de juego; delante estaba la plaza de los 7 templos, mi lugar preferido de Tikal, así que lo escogí para descansar un rato mientras admiraba las estructuras que la rodean y las que le dan nombre, las cuales son como modelos en pequeño de los grandes templos, incluso con su alta crestería rematando el conjunto, además de que todos están alineados y unidos justo en el borde de la ladera que forma el basamento de la enorme acrópolis del sur.

Ahí vi que el tiempo de recorrido había sido más corto de lo que esperaba y calculé que podíamos recorrer todos los conjuntos abiertos al público aunque dejara a la parte del grupo menos dotada físicamente en la entrada del lugar antes de ir a los lugares más apartados.
Vista desde la Gran Pirámide

Proseguimos con la caminata rodeando la acrópolis del sur y llegamos al Templo V, el más antiguo de los grandes edificios de Tikal, pues incluso presenta algunas características que lo hacen diferente a los otros, como sus esquinas redondeadas y las alfardas que bordean la escalinata de acceso, las cuales no tienen los demás edificios de su tipo.

Hasta ahí llegué en mi aterior visita pues la lluvia me impidió llegar más lejos, así que lo que seguía tenía 4 años que no lo recorría, por lo que me costó un poco de trabajo encontrar el sendero hacia el grupo G, donde se encuentra el palacio de las acanaladuras, el cual tiene un pasaje abovedado que le da acceso. 
Plaza de los 7 Templos

Ahí ocurrió un nuevo disgusto, de pronto y sin avisarme antes, Quintín le dijo al grupo que ya nos íbamos, yo le respondí que aún faltaban conjuntos qué recorrer a lo que argumentó que todos estaban cansados y que Fernando se lo había dicho. Casi la mitad de la gente (los que habían estado el día anterior en Yaxhá) me decían que querían seguir con el recorrido y a penas iban a dar las 3, así que tuve que salir del conjunto a encontrarme con Fernando, quién ya estaba bastante atrás y con mucho enojo le reclamé que no pensaba cortar ahí la visita, que cuando planeamos el viaje yo le había dicho a Neftalí que podía llevarlos al menos a todo el recorrido habilitado para la visita; me respondió que el itinerario decía que a esa hora había que salir y que había que recorrer Yaxhá, lo cual me sacó de mis casillas pues era una locura querer juntar aquellos dos lugares tan grandes en un solo día, así que le recordé que había transtornado todo al no hacerme caso y parar en el remate el día anterior (durante muchas horas además) en lugar de alcanzarnos, pues la parada en dicho pueblo quedaba en ruta con Tikal y que la visita a Yaxhá la había perdido por decidir eso, igualmente le dije lo mucho que me había molestado saber que los que nos alcanzaron lo hicieron luego de reclamarle y que pagaron la gasolina, cosa que no tenía por qué haber pasado si hubiera seguido las instrucciones. Finalmente le dije que no me iba a sacar de ahí hasta que terminara y que si quería podía esperarnos en la salida pues estabamos cerca de ahí y que los cansados podían ir a comer con él.
Templo V

Así, nuevamente con el mismo grupo que el día anterior (pues los demás optaron por esperarnos), salimos rumbo al Templo VI, distante casi 1 km de donde nos encontrábamos, éste es el más pequeño de los grandes edificios de Tikal y también el más lejano, en la parte posterior de su crestería tiene una serie de glifos de gran tamaño que por desgracia casi en su totalidad no han sido legibles para los epigrafistas; al frente tiene tres entradas, a diferencia de los otros que tienen una. Los últimos estudios indican que la entrada formal del lugar era junto a éste templo, así que debió tener un significado especial ser el primer gran edificio que los visitantes veían al llegar. Regresamos por el mismo camino y cruzamos justo junto a la entrada, siguiendo de largo y llegamos al conjunto Q de pirámides gemelas, el cuál es el único de los varios de su tipo que tiene una de sus estructuras principales excavada.
Templo VI

Hasta ahí llegaba el recorrido que había planeado, aún tenía considerada la posibilidad de llegar al grupo norte, el último habilitado para la visita, pero para ello hay que recorrer un camino largo con subidas y bajadas fuertes que las piernas ya no iban a soportar al ritmo que llevábamos, necesitábamos un descanso largo para llegar y luego para regresar, así que decidí no agregar aquel camino y salir a comer, pues bien merecido lo teníamos. 

Cuando salimos el resto del grupo estaba disperso, así que todos pudieron ir a la zona donde venden souvenirs y comida, y nuevamente tuve algo de desencanto cuando al subir a la camioneta, a pesar de la prisa que había manifestado Fernando, en un principio estábamos todos los que proseguimos el recorrido y nadie de los que salieron primero, incluso forzándonos a ir en su búsqueda pues seguían sentados comiendo sin acudir a la cita para la partida de regreso a Yaxhá.
Conjunto de pirámides gemelas Q

A partir de ahí dejé de presionarme por el grupo, me había desencantado con Fernando y con Quintín, el primero por tener una idea totalmente inversa a la mía sobre el recorrido y el segundo porque a pesar de tener gustos arqueológicos como yo, carecía de las ganas y del ímpetu que Neftalí hubiera tenido. Personas con poca energía siempre había tenido en todos los recorridos grupales, pero sus opiniones nunca habían prevalecido sobre las de la gente entusiasta, ésta vez era lo opuesto y yo sentía que estaba solo contra ellos dos, una extraña sensación desagradable me había pasado por el pecho todos los días con cada dificultad que pasábamos; ya me quedaban dos días con ellos y decidí que dejaría que hicieran lo que mejor les pareciera. En cambio, ansiaba la tercer jornada siguiente, pues ya estaría con el recorrido en mis manos y únicamente con Ernesto y Adriana.

Sin embargo tenía la idea de que si querían que les diera guía en Yaxhá a los que no estuvieron el día anterior me negaría, pero no tuve que hacerlo pues llegamos ya unos minutos antes del atardecer y directo al campamento junto al lago. Observé un poco ahí la puesta del sol pero luego me entró la locura de intentar subir al templo 216, pero la abandoné luego de correr un poco en la subida pues las piernas ya no me respondían. Mi amigo Eduardo había de llegar ese día a acampar con nosotros y yo sabía que debía estar en aquel edificio como yo estuve 24 horas antes, pero decidí regresar a la orilla del lago a ver los últimos destellos rojizos del día.

A penas regresaba a las palapas donde se encontraban las tiendas de campaña cuando escuché la voz de Eduardo acercarse, así llegó a colocar su casa en el espacio donde estábamos Adriana, Ernesto y yo; poco a poco escuchamos las voces en las otras palapas irse apagando mientras nosotros conversábamos, no estuvimos tantas horas despiertos pero me parecía como si así hubiera sido...

sábado, 27 de enero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 4. De vuelta a Yaxhá

Conjunto astronómico menor
En navidad, me desperté a las 5 y media de la mañana, habiendo dormido solamente 2 horas, me temía que Ernesto no se levantara pero luego de un rato también estaba listo para salir. Nos arrepentimos de haber madrugado pues las calles estaban desiertas, con dificultad conseguimos un mototaxi que nos llevara a la terminal del transporte público y ahí subimos al colectivo que iba para Melchor de Mencos, sin embargo tardó casi una hora inmóvil y después fue a pararse nuevamente en el mercado de Santa Elena otro rato muy largo. Éste lugar lo ví varias veces en el 2014, cuando estuve algunos días en Flores y recorrí varios sitios en los alrededores; entonces estaba atiborrado de personas y vendedores ambulantes ofrecían agua embotellada, comida e incluso medicina que llevaban en canastas y las ofrecían a todo el que pasaba, ésta vez ningún puesto estaba abierto y poca gente caminaba, casi todos esperando transporte y unos cuantos eran los mismos conductores de los distintos colectivos.
Estructura 216

Nos desesperó llevar esperando más de dos horas pero al ver que no había tampoco ningún taxi que pasara, nos resignamos y estuvimos platicando más a fondo que otras veces, he de mencionar que he visitado ya bastantes sitios junto con Ernesto; entre todo ésto recordamos a nuestro difunto amigo Neftalí y pensamos en cuánto nos hubiera gustado que en aquél momento nos acompañara a Yaxhá, pues seguramente hubiera ido con nosotros. Así dieron las 8 y media y a penas íbamos saliendo rumbo a Yaxhá. 

El camino fue bastante tranquilo, incluso nos quedamos dormidos por un rato y poco menos de una hora después bajamos en el entronque que lleva a la reserva natural, ahí nuevamente nos encontramos con un panorama desierto de autos, así que en la imposibilidad de buscar un taxi o pedir aventón decidimos caminar los 11 km hasta el sitio.
Juego de pelota y acrópolis sur

Ernesto se veía bastante novato en la caminata, había salido días antes que yo y por ello llevaba una maleta con ruedas para la ropa extra, cosa que no favorecía caminar en la terracería; por otro lado llevábamos todo nuestro equipaje pues habríamos de acampar dos noches en la orilla del lago Yaxhá, lo cual era algo que me entusiasmó bastante desde el momento en que junto con Neftalí había planeado la ruta del recorrido. 

Mientras que andamos algo así como 2 km, pasaron 3 camionetas con turistas que se dirigían al sitio, las primeras dos no nos hicieron caso cuando les hicimos señas; pero la tercera, a la cual ya no tomamos en cuenta, se detuvo unos metros adelante, bajando un hombre joven bastante alto, moreno y de cabello chino, quien amablemente nos dijo que su nombre era Estuardo, era guía y llevaba un grupo de visitantes estadounidenses e indús quienes habían aceptado llevarnos al sitio con ellos. Pude conversar un poco en inglés con nuestros anfitriones y me dí cuenta que eran bastante cultos y agradables, escuché de ellos algunos datos que incluso Ernesto y yo, que estudiamos los sitios que visitamos antes de ir, no hubiéramos recordado.
Estructura 142

Una vez que llegamos a la entrada fuimos a preguntar por un guía que nos llevara a Nakúm, un gran sitio cercano, sin embargo nos dijeron que teníamos que quedarnos a acampar ahí y nosotros debíamos esperar en Yaxhá al grupo, así que nos fue imposible; antes de irme le había indicado a Fernando que usaran el día para nadar en el lago Petén Itzá en Flores mismo, le dije que no fueran a la aldea del Remate pues eso estaba perfecto para descansar después de visitar Tikal al día siguiente; en cambio podían arreglar los asuntos monetarios (lo cual hicieron yendo a un cajero en una gasolinera que si les permitió sacar dinero) y después alcanzarnos por la tarde en Yaxhá para ver el mejor atardecer de la zona maya, para entonces nosotros tendríamos listo el espacio para el campamento. Llegando preguntamos por ello y dejamos nuestras cosas en la caseta de los custodios para recorrer con calma el lugar libremente.
Estructura 144

Yaxhá es el sitio maya que más me gusta de todos los que he tenido la oportunidad de visitar, incluso por encima de Tikal, así que tener todo el día para visitarlo no me desagradó para nada aún cuando no pudimos ir a Nakúm, que sería nuevo para mí.

Comenzamos en el conjunto arqueológico menor, que consta de un edificio con escalinatas en sus cuatro lados y una plataforma alargada con 3 templos en su cima que servían para observar la salida del sol desde la primer estructura usando como referencia la triada frente a él para determinar los equinoccios y los solsticios; más adelante nos encontramos con la acrópolis del suroeste, donde se encuentra el edificio principal: la estructura 216, que domina la vista de los lagos Yaxhá y Sacnab, que se encuentran al sur del lugar y a poca distancia; subimos un rato para observar y luego seguimos con el paseo.
Estructura 137

Un poco más allá llegamos al conjunto de pirámides gemelas, éste tipo de grupos tienen una pirámide en dos de sus lados y en los otros dos una plataforma que sostiene un palacio con 9 puertas y un recito con una estela en su interior; son típicos de Tikal y solamente se han encontrado ahí, en Ixlú y en Yaxhá, lo cual es una muestra de que éste sitio estaba bajo el control de su poderosa vecina.

El camino avanza llevando al área central del sitio, ahí hay una cantidad grande de montículos que fueron estructuras monumentales de importante tamaño, recorrimos todo lo que pudimos y llegamos al juego de pelota de la acrópolis sur, ésta última tiene unos pocos cuartos excavados que se pueden observar, los cuales visitamos también.
Estructura 1

Así llegamos a la acrópolis norte, mi conjunto favorito, tiene en uno de sus lados una serie de palacios y del otro se encuentran las estructuras 137, 142 y 144, las cuales son basamentos piramidales de gran tamaño a los que, exceptuando la primera, se puede subir y permiten ver una gran extensión de la selva y la cima del templo 216 en la distancia. Ahí nos pasamos un buen rato subiendo, bajando y sentados contemplando el lugar.

La siguiente parada fue el grupo Maler, en honor al descubridor del sitio, ahí hay 3 estructuras piramidales menores a las demás que habíamos visto, sin embargo después me sorprendí al leer que una de ellas es la estructura 1 del sitio, cuando normalmente se nombra así a la principal; aquí hay una gran calzada que se puede observar perfectamente entre la selva, lo cual es una muestra de la ingeniería que desarrollaron los antiguos mayas.

Vista desde la estructura 216
El grupo Maler es el más alejado, para seguir el recorrido hay que volver sobre nuestros pasos y luego tomar otro camino, llegando a un conjunto habitacional menor donde se encuentran algunas estructuras pequeñas que han sido excavadas y casi frente a él está el conjunto astronómico mayor, con una pirámide de más de 30 metros de altura, ahí se puede subir por unas escaleras de madera que parecen interminables. Como el primer conjunto que vimos, éste también tiene una plataforma alargada con tres templos; desde la cima se observa la acrópolis norte y parte del lago, bien vale la pena subir aunque no se pueda apreciar nada de la arquitectura pues el edificio está convertido en un montículo gigante.

Acrópolis norte
Desde ahí comienza el camino de regreso, únicamente nos faltó recorrer la calzada que baja al lago, pero decidimos no ir hacia allá para evitar la pesada subida de regreso. Nos fuimos a la caseta de custodios a descansar y a ver si el grupo había llegado, cosa que no sucedió. Habían pasado tantas horas desde que nos fuimos que por un lado temía que no hubieran podido sacar dinero y por otro que hubieran cambiado de planes, por lo que incluso habíamos pensado que si eso sucedía nos quedaba la opción de quedarnos en Yaxhá a esperar la llegada de nuestro amigo Eduardo, quien pasaría la noche siguiente con nosotros en el lugar y luego haría un recorrido diferente, así que podíamos ir con él.

Grupo Maler
Comimos algunas galletas, vimos un pequeño zorro rojo que husmeaba cerca de nosotros y cuando ya estábamos desesperándonos y pensando en bajar al lago para poner las tiendas de campaña, vimos llegar la camioneta del grupo pero fue una gran sorpresa que tan sólo iba el chofer y 8 personas junto con Adriana, con ellos estaba Quintín, pero ni rastro de Fernando. Me dió bastante coraje cuando me dijeron que no haciendo caso a mis indicaciones se habían ido a el Remate a meterse al lago, medio grupo no quería moverse de ahí y los que habían llegado exigieron ir a Yaxhá e incluso tuvieron que pagar la gasolina para que los llevaran, Quintín regresó con ellos dejándolos a mi cargo para que les diera el recorrido guiado por el lugar. Aún no podía disimular mi enojo pero me dio gusto que algunas personas tuvieran interés en visitar el que para mí era el mejor sitio de todo el viaje en grupo.

El atardecer desde la estructura 216
Así, a pesar de estar cansado, se me quitó la sensación de pesadez y nuevamente fui a visitar Yaxhá aunque Ernesto prefirió quedarse a descansar. Otra vez visitamos todos los grupos aunque a una velocidad mayor y no tratando de entrar a cada recoveco del sitio. La gente terminó encantada con el lugar y llegamos al templo 216 justo minutos antes de la puesta del sol, que desde ahí es la más espectacular del mundo maya, pues el lago Yaxhá se ilumina y justo detrás de él ocurre el crepúsculo, todo enmarcado de la exuberante selva que envuelve al sitio. Ernesto ya nos esperaba ahí. El cielo estaba cubierto de nubes sumamente hermosas; había bastante gente pero me escabullí a un rincón en el centro con muy buena vista y me quedé quieto observando como el cielo se encendía en llamas que cambiaban de forma mientras pasaban los minutos; desde que comencé mis viajes quería estar ahí en un atardecer y me encontraba sumamente complacido; todos guardaban un silencio reverencial y ésto daba un aire aún más magnífico al cuadro; así estuve abstraído del mundo hasta que el último rayo de sol se ocultó tras el horizonte. Me pasaron por la mente rostros queridos y me sentí sumamente feliz, al final mi último pensamiento fue para mi amigo Neftalí, quien hubiera estado ahí...

Tuvimos que bajar las cosas hasta el campamento por unas escaleras que parecían interminables y ya en la oscuridad, finalmente llegamos a unas palapas y ahí colocamos las tiendas; bastante más tarde  escuchamos el ruido de una camioneta que llegaba por otro camino que llega hasta el lago pero que inicia varios km antes de la entrada de Yaxhá, por lo que no lo pudimos usar nosotros; el grupo llegó sin tener idea de lo que se habían perdido, al otro día iríamos a Tikal y regresaríamos a acampar ahí mismo, ¡la mitad de todos ellos acamparon dos noches en éste lugar tan hermoso y no conocieron absolutamente nada de él!


domingo, 10 de septiembre de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 19. Haltunchón y Halal

Haltunchón
Ya en el capítulo anterior dije que desde la cima de Cacabxnuc se podía ver a lo lejos un sitio muy similar que se llama Haltunchón (pila donde se bañan los zopilotes). Ése sitio es un solo edificio en pie que también está sobre un pequeño cerro; en 2013 lo visité junto con Julio y tuvimos serias dificultades para subir pues las lluvias nos azotaron e incluso nos obligaron a desistir en una ocasión de llegar arriba pues cayeron rayos muy cercanos que provocaron que huyéramos de ahí cuando íbamos a mitad de la pendiente.

Wilberth nunca había estado en el sitio, así que decidimos ir; en ésta ocasión la maleza estaba mucho menos crecida y pudimos ver un camino que la anterior vez estaba oculto, por lo que el ascenso fue sumamente fácil.
Edificio de Haltunchón

La estructura está muy deteriorada y tiene grietas y huecos en todos los muros, así como un gran agujero de saqueo en el piso de su única habitación. Toda su decoración externa está caida y no hay restos de alguna posible crestería que lo coronara; sin embargo, hay una franja de piedras que rodea la parte alta de la pared trasera y las laterales que presentan todavía una serie de glifos pintados en rojo, algunos de ellos aún muy nítidos.

Desde ahí pudimos ver también Cacabxnuc aunque fue un poco más complicado encontrar el cerrito en donde se encuentra, al parecer en la zona había una serie de estucturas parecidas a éstas que tenían contacto visual entre sí y por ello podían enviarse señales provenientes de sitios grandes como fueron Xcalumkín al sur y Dzotchén al norte.

Frente del edificio de Haltunchón
Tuvimos algunas dudas sobre el siguiente sitio a visitar, podía ser Dzotchén pero la hora ya vespertina hacía difícil que encontráramos guía; otros sitios circundantes estaban contemplados pero el camino era tan malo que decidimos no seguirlo. Wilberth sugirió ir a un sitio conocido por él al que llamaba Yalnón por estar cerca de un campo de menonitas así nombrado y yo me inclinaba por Halal (pastizal), un lugar muy enigmático para mí pues sabía que era un sitio mayor, marcado en mis mapas como muy importante, pero no tenía referencia alguna de lo que ahí se encontraba y las imágenes de satélite no mostraban nada identificable, excepto manchones de árboles en medio de campos de cultivo, pero tan grandes que no parecían ser montículos sino áreas cubiertas de selva.

Montículo en Halal, el lado derecho que sobresale es una escalinata
Cuando tomamos el desvío que llevaba a "Yalnón", me di cuenta de que aquel lugar y Halal eran exactamente el mismo. Llegamos a un gran campo de cultivo y de inmediato vimos un gran montículo que estaba rodeado de un manchón verde de árboles y maleza. La perspectiva era muy prometedora, aunque Wilberth de inmediato la atenuó diciendo que solamente había encontrado ahí algunos restos de decoración. Así fuimos directo a entrar a la maleza para llegar a la gran estructura que tendría unos 7 m de alto; en cuanto estuve junto a su base subí con gran esfuerzo pues las piedras estaban muy sueltas y habían enredaderas que surgían de todos lados repletas de espinas. Arriba el panorama era de total destrucción, ningún resto conservaba su forma y nada indicaba que hubiera ahí un templo superior a pesar de que muy probablemente lo hubo. Aún así al revisar más detenidamente pude ver que en uno de los lados parecía sobresalir una serie de rocas derrumbadas que dibujaban la forma de la vieja escalinata que permitía el acceso y que no conservaba ningún escalón.
Restos de dintel y jambas

Estuve un buen rato revisando toda la base del edificio y sólo pude encontrar algunas piedras lisas que pudieron ser recubrimientos o dinteles de puertas; no quería irme de ahí habiendo visto tan poco, era lo mismo que cuando fracasamos en encontrar algo más en Komchén o en San Francisco, en San Diego Buenavista tampoco encontramos arquitectura en pie pero ahí habían monumentos esculpidos... Me rendí con éste edificio y salí de ahí para cruzar el camino hacia otro manchón de selva donde se veía un montículo más bajo; el resultado fue el mismo aunque más atrás pude ver otro montón alargado de piedras y en su parte alta se veía un dintel todavía sobre las jambas que formaban una entrada y algunos restos de muros. Parecía que la suerte cambiaba pero no pude encontrar nada más. 
Primera habitación en la acrópolis de Halal

Ya estábamos a punto de irnos, el sol estaba bajando en el horizonte y parecía que no encontraríamos otra cosa, sin embargo había en el fondo del camino lo que parecía un cerro alargado totalmente cubierto de árboles, le dije a Wilberth que haría el último intento de encontrar algo de arquitectura en pie subiendo ahí pues parecía que en la región era regla que hubieran estructuras en las cimas de éstas lomas; crucé una huerta y al llegar a la base de éste cerro me di cuenta de que no era natural, por todas partes se veían restos de derrumbe y por fín, algunos muros que aunque muy dañados eran signo inequívoco de que se trataba de un edificio maya. Grité a Wilberth que se acercara y entre los dos comenzamos a recorrer una de las estructuras cerradas al público más increíbles que he visto en México: entre más avanzábamos había que subir por el derrumbe y encontrábamos más y mejores vestigios: al principio restos de muro, más arriba habitaciones con media bóveda en pie, con su frente caido y así hasta completar de contar 4 o 5 niveles que estimábamos alcanzaban casi 40 metros de altura y una base frontal de más o menos 120 metros... dimensiones colosales comparables con la gran acrópolis de Ek Balam.
Restos de puerta de entrada a una habitación

Cada rincón de éste edificio tenía algo nuevo para ver, a pesar de la gran destrucción de cuando en cuando teníamos pedazos de bóveda, muros parcialmente en pie, algunas entradas a habitaciones y que comunicaban cuartos entre sí, restos de decoraciones claramente de estilo puuc: columnillas, pedazos de mascarones de Chac, motivos geométricos... no podíamos perder mucho tiempo pues la oscuridad se acercaba rápidamente, ya veía destellos rojos colarse entre los árboles y dibujarse en las piedras de los muros.

Cada vez que alguno de nosotros avanzaba un poco se producía una exclamación de sorpresa al descubrir un nuevo detalle del edificio o al darnos cuenta de que arriba del nivel en que estábamos había otro con más construcciones y entre más subíamos parecía aumentar la conservación de las habitaciones que ahí encontrábamos.

De pronto y al dar la vuelta a un muro que formaba un ángulo de 90 grados con una línea de habitaciones en el tercer nivel del edificio, ví el cuarto más bellamente conservado del lugar, el cual tenía una entrada muy ancha soportada por dos columnas cuadradas con capiteles y su parte superior probablemente era lisa, un estilo constructivo muy diferente a lo que había visto en otros sitios cercanos y que me recordó más a Chichén Itzá que al puuc donde nos encontrábamos.
Habitación con entrada enterrada

De inmediato llamé a Wilberth y revisamos más de cerca la entrada, pudimos ver que detrás habían más habitaciones pero nos vimos completamente impedidos de pasar por la presencia de enormes panales de avispas, de ahí en adelante nos dimos cuenta que éste lugar era el más infestado de éstos insectos que hubiéramos visto, pues nos impidieron pasar a todos los recintos en pie o semienterrados y sus colonias alcanzaban un tamaño muy superior a los que estábamos acostumbrados a ver.

Ya comenzaba a ponerse muy oscuro cuando nos decidimos a seguir, divisando sobre éste nivel la cumbre del edificio que sobresalía más a la derecha y era mucho más esbelta que la base, ahí no quedaba nada en pie pero en su frente se observaba claramente el lugar que la escalinata de acceso ocupaba e incluso dos cuartos que quedaban directamente bajo ésta.
La habitación mejor conservada de Halal

Desde lo alto podíamos ver el atardecer ya muy avanzado y nos dimos cuenta de que la altura era muy grande en comparación con los otros montículos que vimos en el lugar, a penas podíamos divisar la planicie entre el follaje y nos dábamos cuenta que la bajada sería difícil y peligrosa por la inclinación y porque no podríamos llegar a la base antes de que la oscuridad bajo los árboles fuera casi total; aún así nos detuvimos en una de las habitaciones bajo la escalinata y pudimos ver que contenía dos entradas a recintos más profundos, sin embargo el panal de avispas más grande del lugar junto con 3 más pequeños nos impidieron el paso de nuevo; ésta habitación tenía otro secreto guardado que supimos días más tarde y volvimos al final del viaje para verlo...
Atardecer desde la acrópolis de Halal

El cielo aún no se veía completamente negro pero ya se podían divisar algunas estrellas cuando dejamos la última habitación para descender del edificio, sin embargo ya no podíamos ver ningún detalle del suelo que pisábamos, la inclinación inicial era de vértigo y poco a poco iba suavizándose pero nos obligó a avanzar de forma lenta y titubeante pues a cada momento peligrábamos de caer a una considerable altura que resultaría muy perjudicial para nosotros. Nuevamente teníamos la muestra del gran tamaño de ésta acrópolis pues parecía que la bajada era interminable. Finalmente alcanzamos la planicie y nos dirigimos al carro; al salir de entre la maleza de inmediato el camino pareció iluminarse, así de cerrado era el follaje sobre el edificio. Todavía antes de irnos me puse a mirar la gran mole de la que acabábamos de regresar, sin duda es uno de los lugares más grandiosos y enigmáticos que he conocido.
Acrópolis de Halal desde el camino

Una vez que salimos de ahí, nos dirigimos directamente hacia Hopelchén, el corazón de la región de los Chenes, donde Wilberth nació y donde aún vive una parte de su familia, nos quedamos con ellos y nos asignaron una habitación donde tendimos dos hamacas para dormir. Estuvimos conversando un rato y cenamos; finalmente terminó un día muy productivo a pesar de haber comenzado nuestra exploración ya bastante tarde.