Al día siguiente Juan estaba peor de la gripe, por lo que no pudo acompañarnos, tampoco su hijo ni William padre. Por la mañana me levanté temprano y me dispuse a realizar el recorrido del día únicamente con Will; cuando ya iba a pasar por mí al hostal, Leonardo apareció por mensaje (otra vez estuvo en silencio desde la noche anterior) y pidió llevar a dos de sus amigos que estaban en la misma excavación en la que él se encontraba: Fabrizio y Marcos, así nos juntamos otra vez cinco, un mejor número para abrirnos paso en la selva con los machetes y para dividir los gastos. Will y yo nos fuimos en la camioneta a una gasolinera cercana a la salida para el Puuc y ahí citamos a los demás, que llegaron en un taxi.
Salimos todos juntos hacia Campeche y luego tomamos la desviación para Muna, por segunda vez comenzamos el día desayunando en el mercado de dicho poblado, donde pedí más tacos de cochinita que la última vez, sabiendo que son excelentes. Pasamos también a comprar dos garrafones de agua de 5 litros cada uno, ya que no encontramos de 10.
Estructura principal de Xkampon
Salimos hacia el Puuc, esta vez hasta Santa Elena, muy cerca de ahí nos desviamos en un camino rural que después se convierte en terracería. Ya había pasado por esa senda para ir un par de veces a Sacbé y una más a Huitzinchá, este último muy cerca de Xkampon, algo que ya sabía entonces, pero sin una ubicación exacta era sumamente complicado visitarlo porque es un pequeño conjunto rodeado de selva, fallar incluso por 10 metros significa no llegar ahí. Ahora Will tenía la ubicación del lugar, que ya habían visitado algunos de nuestros compañeros antes. Seguimos de largo de donde yo había estado antes y llegamos a una gran milpa con un apicultivo en su orilla, ahí dejamos la camioneta y nos preparamos para caminar, suponíamos que sería un complicado trayecto abriendo paso a machetazos, suponíamos bien. Los primeros metros únicamente rodeamos el campo abierto, pero al poco tiempo teníamos que pasar por un terreno en barbecho lleno de maleza, había arbustos, enredaderas, hierba pega pega y muchas espinas.
Lado trasero de la estructura principal
Pasamos la mayor parte del tiempo de camino buscando áreas más abiertas, rodeando, retrocediendo y avanzando a la fuerza entre toda esa cubierta vegetal. Ir al frente significaba un gran desgaste, era necesario machetear todo el tiempo; cuando había pastos eso era inútil, había que pasar por encima de las plantas y separarlas para abrirse paso. Después de un buen rato llegamos a la orilla de la selva, ahí la hierba disminuía mucho y se abrían espacios entre los árboles, pero cada tanto nos encontrábamos troncos caídos que tapaban nuestro avance y complicaban todo.
Will estuvo revisando el GPS en su celular, mientras que yo revisaba la brújula para comparar lo que el aparato nos decía con la dirección que estábamos siguiendo, un par de veces tuvimos opiniones diferentes sobre el rumbo que debíamos seguir, nos pasamos por algunos metros y pasamos a unos 50 metros del sitio sin haberlo sospechado; al final, el instrumento más sencillo y analógico demostró su gran utilidad aún en tiempos digitales y nos dirigió hasta nuestro destino.
Segunda estructura
Nos encontramos con un montículo que intentamos rodear, la maleza estaba sumamente cerrada, por lo que eso fue imposible. La única forma de pasar fue pasar sobre las piedras y atravesar un último tapón vegetal. Me adelanté para comprobar si estábamos en Xkampón y a los pocos metros pude ver la estructura principal casi totalmente cubierta de maleza, justo en el punto que tenía marcado Will. Llamé a los demás y al poco tiempo estábamos todos limpiando el frente del edificio para poder fotografiarlo. Esta estructura tiene forma de "L", aunque la parte más corta está casi completamente colapsada. Tiene decoraciones de zigzag llamadas Chanchimez, además de columnillas anudadas. La fachada está cubierta de grandes piedras muy bien labradas, siendo un edificio sumamente bonito. En el vértice había un panal de avispas, estos insectos no nos permitieron limpiar bien la hierba por aquel lado. A Leonardo le picaron mientras macheteaba, luego yo intenté quitar algunas ramas, cosa que logré hacer, pero al caer la primera de ellas pude ver a los pequeños guardianes volando y, aunque retrocedí y me cubrí, uno de ellos me picó en el cuello, cerca de la nuca, lo que dolió bastante por un par de minutos.
Decoración interna
Mientras los demás observaban la parte trasera del edificio y las habitaciones, que tenían partes derrumbadas por atrás, yo regresé a revisar lo que me había parecido un sendero cuando me adelanté, tenía la idea de que ahí debía haber otro edificio y no me equivocaba. A los pocos metros me encontré con otra estructura en L que cerraba el cuadrángulo, aunque esta estaba mucho más destruida, aún así se podía ver parte de las decoraciones en los muros derrumbados y en el suelo. Una entrada permanecía en pie apenas balanceándose sobre la jamba izquierda, en el muro intermedio con otra habitación había decoraciones, algo raro por encontrarse al interior de uno de los cuartos. Nuevamente llamé a los demás y estuvimos un rato ahí. Luego de ello decidimos salir por un sendero que partía de la parte trasera de la estructura principal, por lo que regresamos hacia allá.
Pudimos seguir el camino mientras estábamos en la selva, sin embargo, al salir al campo cubierto de hierba otra vez nos encontramos con espesa maleza que había que cortar a machetazos. Estuvimos un rato avanzando y retrocediendo porque parecía que aquel lado era aún peor que el de la entrada, el reloj con GPS de Will y nuevamente la brújula nos ayudaron a encontrar el paso que usamos antes, de forma que pudimos salir por lo que ya habíamos cortado, ahorrando mucho esfuerzo, gastamos mucho tiempo ubicando Xkampon, pero verdaderamente valió la pena.
Me levanté temprano el sábado 30 de noviembre, habíamos fijado la cita a las 7 de la mañana en el lobby del hotel donde Juan y su hijo estaban hospedados, unas cuadras al norte de la catedral de Mérida. Estaba listo mucho antes porque debía cruzar todo el centro para llegar ahí. Me tomé todo con calma porque por mensajes ví que los Williams llegarían un poco tarde y Leonardo no contestaba desde la noche anterior. La caminata de un poco más de un kilómetro me sirvió para soltar las piernas, que habían amanecido algo pesadas por el largo trayecto en autobús del día anterior y por el recorrido en Uxmal.
Me encontré con Juan en la esquina de su hotel, estaba agripado y buscando algún lugar abierto para tomar un desayuno o al menos café, pero había un evento llamado "la noche blanca", donde hubo eventos callejeros y conciertos (cerca de mi hostal había un gran escenario, pero yo nunca salí a ver), gracias a que los comercios estuvieron funcionando durante gran parte de la noche, abrirían tarde por la mañana, la búsqueda era inútil.
Arco de entrada a Chichén Viejo
Estuvimos platicando un rato, tanto ellos como los Williams habían viajado hasta Copán desde que los vi, recorriendo también una parte de Guatemala y cruzando por Belice. Leonardo seguía sin dar señal de vida cuando los demás llegaron por nosotros en su camioneta, decidimos que era hora de irnos y pararíamos en una gasolinera en las afueras de la ciudad. Ahí Juan aprovechó para comprar su café y, en el último momento, Leonardo finalmente mandó mensaje. Le dimos la opción de alcanzarnos en Chichén Itzá yéndose en camión, o que pidiera un taxi de inmediato y llegara a la gasolinera. No estaba demasiado lejos de nosotros, por lo que escogió la segunda opción. Aprovechamos para unirnos a Juan, yo me compré un frappé bastante azucarado. Luego de media hora llegó el último de nosotros, totalmente crudo. Subimos a la camioneta y tomamos la carretera hacia Valladolid, tomando hacia Kantunil, Libre Unión y, por último, Pisté, donde paramos a desayunar panuchos, salbutes y algunos otros platos regionales. Estábamos justo junto a la iglesia del pueblo, que tiene en sus muros varias piezas provenientes del cercano Chichén Itzá, incluyendo cabezas de serpiente que sobresalen en algunas partes altas.
Templo de la Serie Inicial, Chichén Viejo
Llegamos al sitio ya casi a las 10 am, la cita que tenía Juan para todos era a las 11, por lo que nos quedaba un poco de tiempo. Decidimos entrar para pasar ese tiempo recorriendo, aunque únicamente alcanzamos a dar la vuelta por el enorme juego de pelota principal, el más grande que se conoce, con sus templos en las cabeceras, paneles en los taludes, aros de piedra y el Templo del Jaguar en su lado oriental. Regresamos a la entrada, nos dirigiríamos a la única razón que me hizo volver hasta ahí, el conjunto de Chichén Viejo, recientemente abierto al público mediante cita o con cupo limitado. Desde 2012 había tenido como propósito no volver hasta poder entrar ahí, ya que me desagrada bastante la gestión del lugar, que lleva años convertido en un tianguis, donde los vendedores no dan descanso al visitante y, por si fuera poco, siempre lleno de gente. Para mi satisfacción, los turistas no tienen ni la menor idea de que existe ese conjunto arquitectónico, así que éramos los únicos que entrarían, por supuesto tampoco hay vendedores.
Plataforma de la Tortuga
Recorrimos un camino de más de 1 km, que fue abierto casi de manera improvisada porque el antiguo cruzaba terrenos privados por los que los dueños no quisieron dar permiso de paso. Luego de unos 15 minutos llegamos ante el gran arco de entrada al grupo. Desde ahí comenzamos a apreciar que la arquitectura es muy parecida a la del área central, aunque más pequeña, y muestra una mezcla entre el estilo del Puuc y elementos del centro de México. Por todos lados había decoraciones en relieve, tanto en frisos como en columnas, fachadas y piedras sueltas que fueron reutilizadas. Al inicio nos encontramos con una rareza: la plataforma de la Tortuga, la cual tenía dos accesos con escalinatas, cuyas alfardas eran patas de reptil, por un lado se veía una cola y por el otro la cabeza de la tortuga. La superficie alta estaba curveada, como un caparazón. Más allá nos encontramos con el Templo de la Serie Inicial, que muestra al menos dos de sus cuatro etapas constructivas.
Palacio de los Falos y de los Caracoles
La parte más lejana era la más impresionante también, ahí estaba el Palacio de los Falos, unido con el de los Caracoles, edificios muy complejos y llenos de recintos con columnatas internas. Todos los frisos estaban decorados. En uno de sus costados estaba la plaza más bella del conjunto, con varios templos pequeños en sus costados, incluyendo el Templo de los Búhos, un edificio muy sobrio y elegante, con representaciones de estas aves en su friso, cuyas cabezas sobresalían como esculturas empotradas, además de que las molduras tienen pequeñas tortugas de piedra. Hay varias plataformas y edificios que se encuentran en el recinto, al menos por dos de los lados hay una muralla o muro de piedra burda, mientras que en otro hay un bajo que delimita el lugar.
Mientras estábamos ahí, llegaron tres visitantes con un arqueólogo guía, eran dos mujeres maduras y un hombre. Nos pareció extraño encontrarlos y que no hubieran ingresado con nosotros en la visita del día. Vimos que tenían intenciones de entrar a los palacios de los Caracoles y de los Falos, áreas restringidas para su visita y escuchamos que el que los llevaba les dijo que no podían pasar si nosotros los veíamos. Will sugirió quedarnos ahí para evitar su paso, nosotros no teníamos ninguna objeción. Esperamos hasta que se fueron. Días más tarde nos enteramos de que el hombre era el expresidente Aznar, de España, una de las mujeres era su esposa. Nos vanagloriamos más entonces de habernos quedado ahí, a ninguno de nosotros nos gusta ver que haya gente con privilegios especiales por su posición.
Chichanchob
Regresamos a la entrada del sitio y proseguimos con nuestro recorrido, pasamos por la plaza principal y caminamos hacia el sur, para llegar al segundo juego de pelota y la Casa Colorada o Chichanchob, un conjunto muy sobrio que se completa con el Templo del Venado. A un costado se encuentra el famoso Caracol, edificio muy peculiar por tener cuerpos rectangulares que no están alineados entre sí, además de un templo circular con dos niveles unidos por una escalera interna en espiral. Cuenta con varias puertas y ventanas que parecen alinearse con la salida y puesta de astros, por lo que se cree que era un observatorio.
Un poco más lejos llegamos hasta la Casa de Las Monjas, un edificio muy vertical e imponente que cuenta con decoraciones geométricas. En uno de sus costados tiene un anexo ricamente ornamentado con mascarones del monstruo de la tierra. Esta ala colinda con una pequeña estructura llamada La Iglesia, tal vez la mejor conservada del sitio, totalmente decorada. Solamente es una habitación sin basamento, pero el friso y la crestería son muy altos, dando una apariencia casi completamente vertical. Frente a este pequeño pero hermoso conjunto se encuentra un camino que lleva al Akab Dzib, otro edificio muy sobrio, pero está en terrenos privados y ya ni siquiera lo encontramos en los mapas del sitio.
El Caracol
Emprendimos el regreso a la plaza principal, a partir de ahí me separé del grupo porque quería terminar mi vídeo del lugar y faltaban algunos conjuntos. Ya estaba haciéndose tarde y debía darme algo de prisa. Caminé rápidamente por el conjunto de las Mil Columnas, anteriormente había podido entrar al "Mercado", un cuadrángulo con las columnatas más altas de todo el sitio, pero ya es imposible pasar, está prohibido, uno no se puede acercar a menos de dos metros de cualquier edificio. De ahí me acerqué al Castillo, el edificio principal y más conocido de Chichén Itzá, que no necesita ninguna descripción, es sumamente conocido.
Pasé también por el Templo de los Guerreros, que estaba recibiendo retoques, por lo que habían trabajadores en sus costados, este edificio siempre me ha parecido muy interesante por sus ricos ornamentos, el chac mool en la entrada de su templo, las columnas con personajes, las paredes con relieves, entre otros. A su lado se observa el Templo de las Mesas, que ni siquiera estaba excavado la primera vez que estuve ahí, en el 2000. Ahora luce completamente liberado de escombro.
Anexo de Las Monjas y La Iglesia
Caminé por el sacbé al cenote sagrado, tenía muy mal recuerdo de este trayecto, ya que en 2012 estaba completamente cubierto de puestos callejeros y los vendedores nunca dejaron de acosarme. Esta vez no había ninguna diferencia, pero por la hora ya muchos comerciantes se estaban retirando, por lo que pude tener un poco de tranquilidad. El gran cenote me pareció más grande que lo que recordaba, además de ver mucho mejor la plataforma construida que está en un costado. Ahí escuché algún turista que tontamente se disponía a tirar una moneda y grabarlo para ponerlo en alguna red social... por algo me disgustan las multitudes.
Regresé a la plaza para observar por última vez la cara principal del Castillo, que mira al norte. También fui pasando por las plataformas de Venus y la de las Águilas y los Jaguares, muy parecidas entre si, pero con relieves diferentes. La primera con estrellas y personajes, la segunda con animales. El último edificio que recorrí fue el Tzompantli, plataforma cuyas paredes están completamente adornadas con cráneos de piedra. Ya los demás me esperaban, así que emprendimos la retirada y el regreso hacia Mérida. Juan había empeorado de su gripe, Leonardo ya no parecía tener molestias de la cruda.
El Castillo y el Templo de los Guerreros
Todavía intentamos visitar el sitio de Ikil pero, al parecer, el sendero que lleva al edificio del lugar se cerró, encontramos otro que parecía ir al mismo punto, pero era ya muy tarde y había caído la noche. Aunque verificamos con el dron que efectivamente el gran basamento se encontraba cerca de nosotros, luego de caminar había que abrirse paso macheteando, sería peligroso y muy complicado en la penumbra, así que desistimos. Regresamos a buscar donde comer, lo cual no fue fácil porque continuaba el evento de la "Noche Blanca" y habían muchas calles cerradas. Terminamos por casualidad en un restaurante de carne, algo caro pero bueno. De ahí pasamos a dejar a Juan y luego a mí en mi hostal. Los Williams y Leonardo se fueron juntos, al día siguiente volveríamos a salir a un par de sitios.
El viernes 29 de noviembre me tomé el día para ir a Mérida, Juan Flores había reservado un recorrido que recientemente se abrió al público, ahí vería también a Juan Jr., los Williams y a Leonardo, quien estaba en práctica de excavación desde algunos días antes en la capital yucateca. Aproveché el trayecto para ir a un viejo conocido: Uxmal, no había estado ahí desde 2012 y, ya que había ido también en el 2000, pensaba hacer una visita para tener un recorrido cada 12 años.
Salí del departamento a las 5 de la mañana, hora en la que no había camiones todavía, hay taxis, pero yo preferí llegar caminando hasta la terminal de autobuses SUR, a poco más de 3 km de donde estaba. Cuando comencé a caminar la madrugada estaba en su punto más oscuro y el cielo lleno de estrellas. Por las calles principales pasaban algunos autos pero, en general, todo estaba desierto. La calma se rompía con los perros que hacían un escándalo a mi paso y por uno que otro trasnochado que parecía caminar sin rumbo y erráticamente. Pasé por las murallas del antiguo casco urbano, que estaban iluminadas y se veían aún más imponentes. Un poco después llegaba a la terminal, con 15 minutos de ventaja.
Pirámide del Adivino
El autobús salió a las 6 en punto, la primera claridad del día comenzaba a asomarse por el oriente. A los pocos minutos el sol apareció pero la carretera hacia Castamay estaba cubierta por una espesa bruma que se disipó rápidamente. Así transcurrieron más de 3 horas, aunque al inicio, al pasar por Cayal, el camión estaba fallando, me di cuenta de ello porque el motor se apagaba cada vez que hacía una parada. A pesar de ello, luego de llegar a Hopelchén y detenerse bastante tiempo, no volvió a pasar lo mismo, algo arreglaron ahí. El trayecto por Bolonchén y Santa Elena fue más rápido, aunque llegamos casi a las 10 a Uxmal, cuando tendríamos que haber estado ahí cerca de las 9.
Bajé en la carretera y caminé hacia la entrada, todo se encontraba muy cambiado desde la última vez que estuve ahí, con establecimientos y museos para el creciente turismo en la zona. Las aglomeraciones no son de mi agrado, por lo que evito generalmente estos lugares, por eso no había regresado en tanto tiempo. Esta vez, a pesar de ser un viernes laborable, había varios grupos de turistas que paseaban por todos lados, haciendo difícil mi labor de fotografiar el lugar sin gente.
Cuadrángulo de las Monjas
Subí por la rampa de entrada y, de nuevo, estaba frente a la gran Pirámide del Adivino, este edificio con cinco etapas constructivas es sumamente impresionante y fue uno de los primeros que llamaron mi atención en el área maya, cuando tenía 12 años y lo visité por primera vez. Ahora comprendía mucho mejor su arquitectura y el conjunto de edificios del cuadrángulo de los Pájaros, que fue reconstruido por completo, 24 años atrás ahí solo había montículos. Pasé una hora esperando junto al arco que da entrada al complejo para poder tomar una fotografía sin gente. Era increíble como los grupos de turistas se sincronizaban para que, cuando uno terminaba su recorrido y salía del cuadrángulo, automáticamente entraba otro y comenzaba el guía correspondiente con su exposición. Aproveché los 5 minutos que estuvo libre y luego salí a ver un edificio llamado Columnata Oriente, donde de inmediato reconocí que prácticamente nada de lo que se ve es original, es una estructura que no aparece en planos antiguos y en un lugar donde nada se veía en fotografías. Esto es algo muy extraño que ha ocurrido en Uxmal, la reconstrucción total de edificios, algunos prácticamente inventados.
Pasé por el juego de pelota, donde habían trabajadores haciendo retoques, luego subí a la plataforma del Cuadrángulo de las Monjas, cuyos cuatro edificios principales están bellamente ornamentados con mosaicos de piedra. Ahí siempre hubo gente presente, por lo que abandoné mi intento de tomar fotografías libres de personas. El edificio del oriente estaba también recibiendo trabajos, aunque los demás lucían esplendorosos, ya que habían recibido trabajos recientemente y sus piedras brillaban muy limpias al sol.
Restos de ¿Arco?
A partir de ahí me di cuenta de algo que ya esperaba: el recorrido estaba mucho más restringido que en mis visitas anteriores. Antes había ido al área noroeste del sitio, ahora todo estaba señalado con cinta y había letreros que prohibían el paso hacia esas zonas. Los conjuntos de ese sector y "El Cementerio" estaban cerrados. En cambio, el camino me llevó hasta el frente del edificio de El Palomar, completamente excavado, trabajos realizados en los últimos dos o tres años. Ahí pude ver unos raros vestigios de lo que parecía un arco construido a un nivel más alto de la plaza, la excavación solo dejó un banco circular de piedra que claramente no era una construcción original. Sin la información de la excavación ni cédula en el lugar, es imposible comprender esa estructura. Por otro lado, la construcción principal del conjunto luce imponente libre de vegetación y restaurada en su lado norte. Ahí estuve esperando otra vez, pero un par de turistas que estaban sentados justo al centro del arco principal del edificio nunca se quitaron hasta que vieron llegar más gente, otra vez me fue imposible estar solo. Por otro lado, en mi anterior visita pasé al lado contrario del conjunto y llegué hasta el Templo del Sur, que tiene restos del edificio superior, aún más alto que la Gran Pirámide y con el mejor panorama de todo el sitio. Hoy está cerrado también.
Casa de las Tortugas
Justamente el siguiente punto fue la Gran Pirámide, a un costado del Palomar. Este edificio se podía subir, hoy está cerrado. Me costó trabajo fotografiarlo porque el sol estaba justo detrás de él y me daba de frente. Descansé un rato ahí y luego me dirigí a la enorme plataforma del Palacio del Gobernador. Ahora pude comprender mucho mejor la serie de edificios que están en el lado oriental, con portadas tipo Chenes y subestructuras que quedaron visibles. Subí justo frente a la Casa de las Tortugas, un edificio sumamente elegante y estuve un rato haciendo un timelapse corto de la vista desde ahí, que abarca el Juego de Pelota, el Cuadrángulo de las Monjas y la Pirámide del Adivino.
El sol caía a plomo pero no hacía tanto calor como pareciera, así que estuve caminando tranquilamente por todos lados, aunque los turistas se refugiaban en la sombra; eso me permitió tomar fotografías de los edificios vacíos. Así fui a ver el Palacio del Gobernador, considerado la cumbre de la arquitectura del Puuc. Este edificio también fue trabajado recientemente y había algunas láminas cubriendo una subestructura recientemente excavada.
Palacio del Gobernador
Nuevamente el recorrido estaba mucho más restringido, en años anteriores visité la Pirámide de la Vieja y la plataforma de los falos en la parte sureste del sitio, estas áreas están cerradas actualmente. Es así que me vi obligado a terminar el recorrido pasando por un par de edificios completamente reconstruidos, a uno de ellos le pusieron columnas redondas hechas de piedras sueltas, a diferencia de las que aparecen siempre, monolíticas. Además tiene una tapa de bóveda pintada que luce absolutamente como nueva. No me cabe la menor duda de que ese par de estructuras son una completa invención, algo inexplicable que solo he visto en Uxmal.
Terminé mi recorrido, debía regresar a la carretera a las 3 pm para esperar el camión a Mérida, eran las 2, así que me recosté en una banca que se usa como parada, dispuesto a esperar incluso hasta pasadas las 4 de la tarde, sin embargo, a los pocos minutos pasó un chavo en su mototaxi y nos ofreció a mí y a un par de turistas más llevarnos a Muna por un módico precio. Yo no dejé pasar la oportunidad, que me ahorraría al menos dos horas de camino. Así llegamos justo cuando el camión que venía de Ticul iba pasando, aunque iba tan lleno que preferí abordar una combi. Llegué a Mérida alrededor de las 5 pm y me dirigí de inmediato al hostal donde me iba a quedar un par de noches, luego salí con urgencia a comer al centro. En la noche hicimos planes para el día siguiente...
Los últimos 10 km de caminata del sábado 23 de noviembre terminaron siendo arduos. Salí de Xkalacho'n sin mucho problema y ya para entonces casi todas las semillas y hojas que se habían pegado en mis piernas desde Xcorralché de Pollock ya habían desaparecido. Avancé un par de kilómetros al norte y entré a una milpa que colindaba con cultivos de cítricos. De inmediato pude ver las paredes de un edificio maya y lo que parecía una crestería calada. Con ese vistazo lejano comprendí el nombre del sitio: X-Palomay, una mayanización de la palabra española "paloma", con un pronombre femenino "La Paloma"; existen algunos edificios y sitios con cresterías caladas que recordaron a sus descubridores los palomares, llamándoles de esa manera. Este sitio lo encontré alguna vez en un reporte y sabía muy poco de él, por lo que al principio no comprendía del todo las formas de la estructura que estaba viendo.
Edificio de cerca
Me acerqué hasta la base de la pequeña elevación sobre la que se situaba el edificio y me pareció que sería fácil llegar, ya que la maleza estaba muy baja y seca, sin embargo, al estar a unos metros no podía ver nada porque todo estaba lleno de enredaderas de pega pega, con sus odiosas semillas. Me abrí paso pero en unos cuantos segundos no solo las piernas, sino todo el pantalón estaba lleno de esas plantas urticantes, incluso buena parte de la camisa también. Maldije esa hierba que parece gustar de los sitios mayas y estuve tratando de fotografiar y de apreciar mejor la arquitectura que tenía enfrente. Se trataba de una pared intermedia entre dos habitaciones que estuvieron una detrás de la otra. En la parte superior estaba la crestería, aunque no era calada como parecía desde lejos. Podía apreciar la mitad de las bóvedas y algunas secciones de un muro lateral. Cuando quería pasar al lado trasero ya apenas podía moverme porque todos mis movimientos provocaban que las semillas se sintieran como un velcro que me mantenía inmóvil, la irritación en la piel se fue haciendo insoportable. Solo pude ver un poco de los muros del lado contrario al que llegué y comencé a buscar desesperadamente una salida, pero no hubo forma de alejarme sin pasar por un buen espacio lleno de hierba pega pega hasta el cuello.
X-Palomay entre la hierba pega pega
Prácticamente salí huyendo hacia la plantación de cítricos, pero se trataba de naranjas agrias, cuyos árboles tienen espinas muy grandes, tampoco por ahí podía pasar. Hice un gran rodeo para acercarme a las milpas del principio y me encontré con un techo de láminas que servía para guardar herramientas de los agricultores, ahí me resguardé y tuve que quitarme la ropa para tratar de eliminar todas las semillas y hojas que tanto me molestaban entonces. La camisa quedó casi libre de todo eso, pero fue imposible limpiar los pantalones, esas cosas son tan irritantes que los dedos que usé para quitarlas se me llenaron de heridas pequeñitas y mis huellas digitales prácticamente se borraron con la fricción de los pequeños pelos urticantes. Durante más de una semana ni mi celular ni mi computadora reconocían mis dedos y ese pantalón sigue inservible a la fecha, aún después de más de 5 lavadas, cepillados y remojadas en agua fría y caliente, no volví a usarlo en todo el resto del viaje. Desde ese mismo punto elevé el dron para tomar algunas fotografías más, ya no pensaba volver a acercarme ni un poco a ese edificio.
X-Palomay
Tuve que volver a vestirme y revisé la distancia que debía caminar, aún faltaban 9 km. El panorama parecía desolador, aún eran muchos kilómetros con una incomodidad casi insoportable en las piernas. Avancé con toda la velocidad que pude, haciendo esa distancia en menos de hora y media, que me pareció una eternidad. Así fue como llegué maltrecho hasta el poblado de Becanchén, con las manos ardiendo, las piernas horriblemente irritadas y agotado por caminar tan rápido. Llegué a la carretera Mérida-Campeche y tuve la suerte de que la primera combi que pasó iba directamente a mi lugar de base, justo al mercado donde tomaba el camión para volver al departamento. En poco menos de dos horas había vuelto, la molestia ya era terrible. En las rodillas tenía ampollas reventadas que supuraban líquido que escurría por mis piernas y me costaba usar los dedos por el ardor. El día siguiente prácticamente solo salí de la cama para desayunar, comer y cenar, toda la semana seguí teniendo molestias en las rodillas. Aún así estuve yendo al laboratorio, además de visitar el Centro INAH, donde la delegada Adriana Velázquez me proporcionó amablemente información de reportes en Calakmul, que me serían muy útiles para mi proyecto de maestría.
Para el sábado 23 de noviembre, salí alrededor de las 6 de la mañana del departamento y tomé un camión hacia el centro de Campeche; cerca del mercado me dirigí a la terminal de las combis que salen en dirección a Hecelchakán. Había revisado esas ubicaciones porque durante la semana pedí por internet una tapa nueva para el lente de mi cámara, que pudiera amarrarse con una correa para no volverlo a perder como en el fallido intento por encontrar Tunkuyi, por lo que pasé por el centro para recoger mi paquete. No había gente, así que el transporte salió hasta las 7, llegando a destino poco después de las 8. Ahí esperaba ver otras combis que fueran hacia Calkiní, aunque tuve que preguntar un par de veces porque caminé al lado contrario al que debía. Cuando por fin di con el lugar, no alcancé a subir a la primera que salió y tuve que esperar casi media hora. Por fin abordé una y en menos de 15 minutos estaba bajando en la entrada del pueblo de Pocboc, me preocupaba que el sol subiera demasiado porque tenía pensado hacer una larga caminata de 20 km o más, estaba comenzando pasadas ya las 9 de la mañana.
Estructura en pie
Caminé hacia el oriente, subiendo por una cuesta algo empinada, justo estaba en el inicio occidental de las colinas del Puuc, pasé directamente de la planicie costera a una serie de valles entre cerros bajos, muchos de ellos cubiertos de milpa. El camino estaba bordeado de árboles y había una brisa fresca que hizo que la caminata fuera muy agradable por muchas horas. Después de 5 km me desvié en otro camino hacia el norte y pasé junto a algunas elevaciones que forman un círculo casi perfecto, tengo la teoría de que ahí se encuentra el sitio de Xcorralché de Pollock o de Pocboc, por lo que subí a la parte más alta buscando estructuras. En efecto, ahí habían montículos muy claros, pero me fue imposible ver cualquier detalle porque todo estaba cubierto con al menos un metro de plantas pega pega. Me llené de semillas en la ropa y me irritaron la piel de las piernas, así que desistí de seguir buscando, ni siquiera traía un machete. Bajé al valle nuevamente y estuve un largo rato quitando semillas, luego de un par de kilómetros ya estaba un poco más cómodo, pero se pondría peor horas más tarde.
Edificio entre la milpa
Pasé por áreas donde sé que se encuentran algunos sitios pequeños, aunque la vegetación en las colinas me impedía buscarlos, seguí de largo hasta un campo de cultivo y pude ver un pequeño cerro cubierto de piedras, estaba llegando a un sitio que buscaba, aunque de momento no podía divisar nada de lo que quería localizar. Entré en la milpa y subí a la parte alta, que tendría apenas unos 15 metros sobre el nivel del suelo, justo ahí pude ver la parte trasera de un edificio maya. El lugar es un poco desconcertante para mí, ya que lo había encontrado con el extraño nombre de Inah-Bec, el cual casi seguro es incorrecto; investigando la zona pude saber que en esa área algún autor desconocido ubicaba un Xcacauitz, forma incorrecta de escribir el maya X-kankab-witz "La montaña de tierra amarilla" pero, días más tarde, pude ver en un libro de Lorraine Williams-Beck, que ella ubica a Xkakawitz más al oriente; por último, un mes más tarde, Gabriel Partida estuvo en el mismo sitio, pero él le llamó Xcalachón "Zopilotes gemelos" por instrucción de Stephan Merk, aunque días después corrigieron a Kukal, que bien puede ser el nombre correcto.
Independientemente de su verdadero nombre, este sitio tiene algunos montículos que están completamente sembrados de maíz, que crece aún sobre las piedras. El único edificio en pie solo conserva la pared trasera y las laterales de una única habitación, aunque pudo tener más. Se puede reconocer el estilo Puuc Temprano en su construcción y en su bóveda. Al arribar se despejó un poco el cielo y comenzó a hacer mucho calor por una hora al menos; aproveché la sombra del edificio para tomar un descanso, volar el dron y seguir quitándome restos de plantas pega pega. Aún desde las alturas no pude divisar con mi equipo ningún otro edificio visible, únicamente montículos bajos, por lo que mi visita fue corta y al poco tiempo estaba alistándome para buscar un último sitio a un par de kilómetros de ahí, para entonces ya llevaba alrededor de 12 caminados.
Comencé mi trabajo de laboratorio tomando fotografías a los materiales, así estuve toda la primer semana. Recordé la existencia de un juego de pelota en la Universidad Tecnológica del Poniente, que se encuentra en Maxcanú. Pensando que el final del semestre estaba cerca, decidí ir a visitar este lugar antes de que finalizaran las clases, así que no dejé que terminara la semana y el mismo jueves me dirigí al centro de Campeche para tomar una combi a Calkiní. Podía irme directamente en camión, pero ya sabía que tardaba muchas horas y quería regresar a trabajar un rato en el laboratorio por la tarde. En cambio, solo tuve que esperar 15 minutos para salir y en dos horas estaba en mi primer destino, ahí podía ir a preguntar si otras combis a Mérida pasaban por Maxcanú, pero decidí tomar el autobús que para en cada pueblo, ese fue un error, ya que tardó en pasar una hora. Abordé y pasé por Bécal y Halachó, después de media hora más estaba llegando a Maxcanú, ya en Yucatán. Sabía que en la entrada norte del poblado hay un edificio maya, pero estoy seguro de que fue reubicado y ya lo había visto antes, por lo que no me dirigí ahí en esta ocasión.
Juego de Pelota
La Universidad está en la orilla de Maxcanú, y tuve que caminar más de 1 km para llegar hasta ahí, cruzando primero por la iglesia principal del lugar. Crucé algunos campos deportivos y después de un rato arribé a la entrada de la UTP. Al principio me pareció que podía pasar libremente, ya que solamente vi estudiantes, pero de inmediato me salió al paso un vigilante. Mi apariencia era claramente de alguien de fuera, ya que casi nadie usa barba y se viste como arqueólogo ni ahí ni en ninguna otra parte de Yucatán o Campeche, por ello era lógico que me identificaran como un extraño. Mi condición de arqueólogo me abrió las puertas, únicamente tuve que presentarme y mostrar mi credencial del posgrado. El vigilante me llevó a la dirección y, aunque no estaba el rector, el encargado que se encontraba ahí me ofreció café amablemente y llamó a un señor de mantenimiento que había estado en la excavación del juego de pelota que se encontró en las instalaciones. Le pidió que me guiara y me explicara lo que sabía del lugar.
Juego de Pelota
El señor me llevó a la parte trasera de la universidad, donde estaban las canchas deportivas, me dijo que cuando estaban construyendo una de basquet bol, aparecieron unas paredes y luego excavaron para dejar al descubierto un muro lateral y después la cancha completa de pelota, la cual habilitaron para ser visitada por los estudiantes y por la gente que quisiera, aunque ya era muy raro que alguien entrara. Le pregunté si había otros vestigios, por lo que me enseñó un montículo bajo, el cual parecía solamente una plataforma habitacional. Me pareció muy extraño que una cancha así estuviera alejada de cualquier edificio monumental, pero el señor únicamente me dijo que había algunos montículos bajos en los alrededores.
La visita fue muy rápida, solamente pude ver una sarteneja tirada sobre la plataforma cercana y una piedra labrada que estaba en el edificio principal de la universidad, junto a la rectoría. Regresé a dar las gracias y a despedirme y caminé de regreso al centro. Ahí esperé solo 15 minutos al autobús de regreso a Calkiní, nuevamente podía seguir hasta Campeche pero preferí tomar la combi de regreso, ahorrando al menos 3 horas. Llegué a comer y fui a trabajar un rato, seguí con mi tarea de registro hasta el día siguiente, cuando incluso tenía que hacer una presentación en línea. El sábado me esperaba un largo recorrido a pie.
Abandonamos el intento de llegar a Barcohaltún de las dos Cruces pensando en ir a dos sitios más que se encuentran algunos minutos más adelante, por lo que regresamos a la carretera. Avanzamos un poco y volvimos a entrar a terracería. Algo extraño pasó con mi aplicación de mapas, porque la marca de Kansah, el siguiente sitio a visitar, desapareció de pronto y estaba dirigiéndome a Tunkuyí, que habíamos dejado para después. Debido a esa falla, le tocó a Will guiar con su celular, dando vuelta en un par de caminos. Cuando ya estábamos cerca nos encontramos de frente con una vista preciosa: el edificio en pie del sitio estaba en una ladera, resplandeciendo al sol con su decoración de columnillas en el friso, rodeado de hierba y enredaderas y dominando el valle que estaba lleno de cultivos de maíz. Paramos para que Will volara su dron, yo traía el mío en el equipaje pero recordaba que no lo había cargado y sería un desperdicio de tiempo sacar todo para no poder volarlo, así que me limité a tomar fotografías con mi cámara.
Estructura de Kansah
Luego de un rato, buscamos camino a pie, pero terminamos cruzando la milpa entre las plantas, por fortuna esto era mucho más fácil que pasar entre hierba y enredaderas, sin embargo, al llegar a la base de la ladera en la que está el edificio, el sendero se cubría de plantas y tuvimos que abrirnos paso como pudimos, la distancia era muy corta pero estaba lleno de pega pega y semillas que se adhieren a la ropa, dejando pelillos que irritan la piel. Llevaba puestos mis guantes pero quedaron inservibles con tanta semilla pegada, al final los deseché. También nuestras viboreras se tapizaron, lo que fue bastante incómodo. A pesar de todo llegamos hasta el edificio y abrimos algo de espacio con los machetes para fotografiar. Fue imposible pasar a los costados y la pared trasera.
El edificio pudo haber tenido tres habitaciones, de las que solo queda en pie la central, fue reforzada su jamba derecha con concreto ya que seguramente estuvo en grave peligro de colapso. Con lo que queda visible se aprecia que era una estructura sumamente sobria y bonita con friso liso, molduras y frisos con columnillas, todos estos rasgos del estilo Puuc Clásico, de los años 900 a 1000 d.C.
Vista de dron, foto de Will
Luego de tomar fotografías, decidimos regresar a la camioneta para intentar llegar a Tunkuyí, quedaba poco tiempo porque yo tenía que tomar el autobús hacia Campeche, desde Mérida a las 5:30 pm, para ello teníamos que emprender el regreso a más tardar a las 3. Regresamos por la misma ruta pero nos desviamos para intentar llegar a ese último sitio cruzando por un cerro cercano, sin embargo fue imposible pasar. Todavía probamos rodeando por caminos en la camioneta, llegando a más campos de maíz. Entramos en vehículo hasta donde pudimos y luego a pie, vimos una pequeña loma al otro lado de un campo, pero decidimos no seguir, se agotaba el tiempo y no sabíamos si habría sendero. Para colmo se le cayó la tapa al lente de mi cámara, con todo y un filtro polarizado que había comprado pero no intenté buscarlo, ya planeábamos regresar el siguiente fin de semana.
Emprendimos el regreso y llegamos sin problemas hasta la terminal de autobuses, 15 minutos antes de que saliera la corrida, había llovido y estaba lleno de goteras, algo que parecía bastante decepcionante, ya que esta central fue remodelada recientemente. Antes de tres horas ya estaba en Campeche y salí a tomar un taxi para que me llevara al departamento, ahí le hablé a la dueña para que me entregara las llaves y luego de 5 minutos ya me encontraba descansando en el que sería mi refugio por cinco semanas. Al día siguiente iría a la UACAM a encontrarme con quien me daría las llaves del laboratorio, donde estaría trabajando en solitario porque no había nadie más, analizando la lítica que fui a estudiar.