sábado, 25 de enero de 2025

Estancia arqueológica en Campeche. Parte 6. X-Palomay

X-Palomay
Los últimos 10 km de caminata del sábado 23 de noviembre terminaron siendo arduos. Salí de Xkalacho'n sin mucho problema y ya para entonces casi todas las semillas y hojas que se habían pegado en mis piernas desde Xcorralché de Pollock ya habían desaparecido. Avancé un par de kilómetros al norte y entré a una milpa que colindaba con cultivos de cítricos. De inmediato pude ver las paredes de un edificio maya y lo que parecía una crestería calada. Con ese vistazo lejano comprendí el nombre del sitio: X-Palomay, una mayanización de la palabra española "paloma", con un pronombre femenino "La Paloma"; existen algunos edificios y sitios con cresterías caladas que recordaron a sus descubridores los palomares, llamándoles de esa manera. Este sitio lo encontré alguna vez en un reporte y sabía muy poco de él, por lo que al principio no comprendía del todo las formas de la estructura que estaba viendo.

Edificio de cerca
Me acerqué hasta la base de la pequeña elevación sobre la que se situaba el edificio y me pareció que sería fácil llegar, ya que la maleza estaba muy baja y seca, sin embargo, al estar a unos metros no podía ver nada porque todo estaba lleno de enredaderas de pega pega, con sus odiosas semillas. Me abrí paso pero en unos cuantos segundos no solo las piernas, sino todo el pantalón estaba lleno de esas plantas urticantes, incluso buena parte de la camisa también. Maldije esa hierba que parece gustar de los sitios mayas y estuve tratando de fotografiar y de apreciar mejor la arquitectura que tenía enfrente. Se trataba de una pared intermedia entre dos habitaciones que estuvieron una detrás de la otra. En la parte superior estaba la crestería, aunque no era calada como parecía desde lejos. Podía apreciar la mitad de las bóvedas y algunas secciones de un muro lateral. Cuando quería pasar al lado trasero ya apenas podía moverme porque todos mis movimientos provocaban que las semillas se sintieran como un velcro que me mantenía inmóvil, la irritación en la piel se fue haciendo insoportable. Solo pude ver un poco de los muros del lado contrario al que llegué y comencé a buscar desesperadamente una salida, pero no hubo forma de alejarme sin pasar por un buen espacio lleno de hierba pega pega hasta el cuello.

X-Palomay entre la hierba pega pega
Prácticamente salí huyendo hacia la plantación de cítricos, pero se trataba de naranjas agrias, cuyos árboles tienen espinas muy grandes, tampoco por ahí podía pasar. Hice un gran rodeo para acercarme a las milpas del principio y me encontré con un techo de láminas que servía para guardar herramientas de los agricultores, ahí me resguardé y tuve que quitarme la ropa para tratar de eliminar todas las semillas y hojas que tanto me molestaban entonces. La camisa quedó casi libre de todo eso, pero fue imposible limpiar los pantalones, esas cosas son tan irritantes que los dedos que usé para quitarlas se me llenaron de heridas pequeñitas y mis huellas digitales prácticamente se borraron con la fricción de los pequeños pelos urticantes. Durante más de una semana ni mi celular ni mi computadora reconocían mis dedos y ese pantalón sigue inservible a la fecha, aún después de más de 5 lavadas, cepillados y remojadas en agua fría y caliente, no volví a usarlo en todo el resto del viaje. Desde ese mismo punto elevé el dron para tomar algunas fotografías más, ya no pensaba volver a acercarme ni un poco a ese edificio.

X-Palomay
Tuve que volver a vestirme y revisé la distancia que debía caminar, aún faltaban 9 km. El panorama parecía desolador, aún eran muchos kilómetros con una incomodidad casi insoportable en las piernas. Avancé con toda la velocidad que pude, haciendo esa distancia en menos de hora y media, que me pareció una eternidad. Así fue como llegué maltrecho hasta el poblado de Becanchén, con las manos ardiendo, las piernas horriblemente irritadas y agotado por caminar tan rápido. Llegué a la carretera Mérida-Campeche y tuve la suerte de que la primera combi que pasó iba directamente a mi lugar de base, justo al mercado donde tomaba el camión para volver al departamento. En poco menos de dos horas había vuelto, la molestia ya era terrible. En las rodillas tenía ampollas reventadas que supuraban líquido que escurría por mis piernas y me costaba usar los dedos por el ardor. El día siguiente prácticamente solo salí de la cama para desayunar, comer y cenar, toda la semana seguí teniendo molestias en las rodillas. Aún así estuve yendo al laboratorio, además de visitar el Centro INAH, donde la delegada Adriana Velázquez me proporcionó amablemente información de reportes en Calakmul, que me serían muy útiles para mi proyecto de maestría.



sábado, 18 de enero de 2025

Estancia arqueológica en Campeche. Parte 5. Xkakawitz/Inah-bec/Xkalacho'n/Kukal, un sitio difícil de identificar

Xkakawitz desde el dron
Para el sábado 23 de noviembre, salí alrededor de las 6 de la mañana del departamento y tomé un camión hacia el centro de Campeche; cerca del mercado me dirigí a la terminal de las combis que salen en dirección a Hecelchakán. Había revisado esas ubicaciones porque durante la semana pedí por internet una tapa nueva para el lente de mi cámara, que pudiera amarrarse con una correa para no volverlo a perder como en el fallido intento por encontrar Tunkuyi, por lo que pasé por el centro para recoger mi paquete. No había gente, así que el transporte salió hasta las 7, llegando a destino poco después de las 8. Ahí esperaba ver otras combis que fueran hacia Calkiní, aunque tuve que preguntar un par de veces porque caminé al lado contrario al que debía. Cuando por fin di con el lugar, no alcancé a subir a la primera que salió y tuve que esperar casi media hora. Por fin abordé una y en menos de 15 minutos estaba bajando en la entrada del pueblo de Pocboc, me preocupaba que el sol subiera demasiado porque tenía pensado hacer una larga caminata de 20 km o más, estaba comenzando pasadas ya las 9 de la mañana.

Estructura en pie
Caminé hacia el oriente, subiendo por una cuesta algo empinada, justo estaba en el inicio occidental de las colinas del Puuc, pasé directamente de la planicie costera a una serie de valles entre cerros bajos, muchos de ellos cubiertos de milpa. El camino estaba bordeado de árboles y había una brisa fresca que hizo que la caminata fuera muy agradable por muchas horas. Después de 5 km me desvié en otro camino hacia el norte y pasé junto a algunas elevaciones que forman un círculo casi perfecto, tengo la teoría de que ahí se encuentra el sitio de Xcorralché de Pollock o de Pocboc, por lo que subí a la parte más alta buscando estructuras. En efecto, ahí habían montículos muy claros, pero me fue imposible ver cualquier detalle porque todo estaba cubierto con al menos un metro de plantas pega pega. Me llené de semillas en la ropa y me irritaron la piel de las piernas, así que desistí de seguir buscando, ni siquiera traía un machete. Bajé al valle nuevamente y estuve un largo rato quitando semillas, luego de un par de kilómetros ya estaba un poco más cómodo, pero se pondría peor horas más tarde.

Edificio entre la milpa
Pasé por áreas donde sé que se encuentran algunos sitios pequeños, aunque la vegetación en las colinas me impedía buscarlos, seguí de largo hasta un campo de cultivo y pude ver un pequeño cerro cubierto de piedras, estaba llegando a un sitio que buscaba, aunque de momento no podía divisar nada de lo que quería localizar. Entré en la milpa y subí a la parte alta, que tendría apenas unos 15 metros sobre el nivel del suelo, justo ahí pude ver la parte trasera de un edificio maya. El lugar es un poco desconcertante para mí, ya que lo había encontrado con el extraño nombre de Inah-Bec, el cual casi seguro es incorrecto; investigando la zona pude saber que en esa área algún autor desconocido ubicaba un Xcacauitz, forma incorrecta de escribir el maya X-kankab-witz "La montaña de tierra amarilla" pero, días más tarde, pude ver en un libro de Lorraine Williams-Beck, que ella ubica a Xkakawitz más al oriente; por último, un mes más tarde, Gabriel Partida estuvo en el mismo sitio, pero él le llamó Xcalachón "Zopilotes gemelos" por instrucción de Stephan Merk, aunque días después corrigieron a Kukal, que bien puede ser el nombre correcto.

Independientemente de su verdadero nombre, este sitio tiene algunos montículos que están completamente sembrados de maíz, que crece aún sobre las piedras. El único edificio en pie solo conserva la pared trasera y las laterales de una única habitación, aunque pudo tener más. Se puede reconocer el estilo Puuc Temprano en su construcción y en su bóveda. Al arribar se despejó un poco el cielo y comenzó a hacer mucho calor por una hora al menos; aproveché la sombra del edificio para tomar un descanso, volar el dron y seguir quitándome restos de plantas pega pega. Aún desde las alturas no pude divisar con mi equipo ningún otro edificio visible, únicamente montículos bajos, por lo que mi visita fue corta y al poco tiempo estaba alistándome para buscar un último sitio a un par de kilómetros de ahí, para entonces ya llevaba alrededor de 12 caminados.

sábado, 11 de enero de 2025

Estancia arqueológica en Campeche. Parte 4. Maxcanú, Yucatán

Iglesia en Maxcanú
Comencé mi trabajo de laboratorio tomando fotografías a los materiales, así estuve toda la primer semana. Recordé la existencia de un juego de pelota en la Universidad Tecnológica del Poniente, que se encuentra en Maxcanú. Pensando que el final del semestre estaba cerca, decidí ir a visitar este lugar antes de que finalizaran las clases, así que no dejé que terminara la semana y el mismo jueves me dirigí al centro de Campeche para tomar una combi a Calkiní. Podía irme directamente en camión, pero ya sabía que tardaba muchas horas y quería regresar a trabajar un rato en el laboratorio por la tarde. En cambio, solo tuve que esperar 15 minutos para salir y en dos horas estaba en mi primer destino, ahí podía ir a preguntar si otras combis a Mérida pasaban por Maxcanú, pero decidí tomar el autobús que para en cada pueblo, ese fue un error, ya que tardó en pasar una hora. Abordé y pasé por Bécal y Halachó, después de media hora más estaba llegando a Maxcanú, ya en Yucatán. Sabía que en la entrada norte del poblado hay un edificio maya, pero estoy seguro de que fue reubicado y ya lo había visto antes, por lo que no me dirigí ahí en esta ocasión.

Juego de Pelota
La Universidad está en la orilla de Maxcanú, y tuve que caminar más de 1 km para llegar hasta ahí, cruzando primero por la iglesia principal del lugar. Crucé algunos campos deportivos y después de un rato arribé a la entrada de la UTP. Al principio me pareció que podía pasar libremente, ya que solamente vi estudiantes, pero de inmediato me salió al paso un vigilante. Mi apariencia era claramente de alguien de fuera, ya que casi nadie usa barba y se viste como arqueólogo ni ahí ni en ninguna otra parte de Yucatán o Campeche, por ello era lógico que me identificaran como un extraño. Mi condición de arqueólogo me abrió las puertas, únicamente tuve que presentarme y mostrar mi credencial del posgrado. El vigilante me llevó a la dirección y, aunque no estaba el rector, el encargado que se encontraba ahí me ofreció café amablemente y llamó a un señor de mantenimiento que había estado en la excavación del juego de pelota que se encontró en las instalaciones. Le pidió que me guiara y me explicara lo que sabía del lugar.

Juego de Pelota
El señor me llevó a la parte trasera de la universidad, donde estaban las canchas deportivas, me dijo que cuando estaban construyendo una de basquet bol, aparecieron unas paredes y luego excavaron para dejar al descubierto un muro lateral y después la cancha completa de pelota, la cual habilitaron para ser visitada por los estudiantes y por la gente que quisiera, aunque ya era muy raro que alguien entrara. Le pregunté si había otros vestigios, por lo que me enseñó un montículo bajo, el cual parecía solamente una plataforma habitacional. Me pareció muy extraño que una cancha así estuviera alejada de cualquier edificio monumental, pero el señor únicamente me dijo que había algunos montículos bajos en los alrededores.  

La visita fue muy rápida, solamente pude ver una sarteneja tirada sobre la plataforma cercana y una piedra labrada que estaba en el edificio principal de la universidad, junto a la rectoría. Regresé a dar las gracias y a despedirme y caminé de regreso al centro. Ahí esperé solo 15 minutos al autobús de regreso a Calkiní, nuevamente podía seguir hasta Campeche pero preferí tomar la combi de regreso, ahorrando al menos 3 horas. Llegué a comer y fui a trabajar un rato, seguí con mi tarea de registro hasta el día siguiente, cuando incluso tenía que hacer una presentación en línea. El sábado me esperaba un largo recorrido a pie.



sábado, 4 de enero de 2025

Estancia arqueológica en Campeche. Parte 3. Kansah

Kansah
Abandonamos el intento de llegar a Barcohaltún de las dos Cruces pensando en ir a dos sitios más que se encuentran algunos minutos más adelante, por lo que regresamos a la carretera. Avanzamos un poco y volvimos a entrar a terracería. Algo extraño pasó con mi aplicación de mapas, porque la marca de Kansah, el siguiente sitio a visitar, desapareció de pronto y estaba dirigiéndome a Tunkuyí, que habíamos dejado para después. Debido a esa falla, le tocó a Will guiar con su celular, dando vuelta en un par de caminos. Cuando ya estábamos cerca nos encontramos de frente con una vista preciosa: el edificio en pie del sitio estaba en una ladera, resplandeciendo al sol con su decoración de columnillas en el friso, rodeado de hierba y enredaderas y dominando el valle que estaba lleno de cultivos de maíz. Paramos para que Will volara su dron, yo traía el mío en el equipaje pero recordaba que no lo había cargado y sería un desperdicio de tiempo sacar todo para no poder volarlo, así que me limité a tomar fotografías con mi cámara.

Estructura de Kansah
Luego de un rato, buscamos camino a pie, pero terminamos cruzando la milpa entre las plantas, por fortuna esto era mucho más fácil que pasar entre hierba y enredaderas, sin embargo, al llegar a la base de la ladera en la que está el edificio, el sendero se cubría de plantas y tuvimos que abrirnos paso como pudimos, la distancia era muy corta pero estaba lleno de pega pega y semillas que se adhieren a la ropa, dejando pelillos que irritan la piel. Llevaba puestos mis guantes pero quedaron inservibles con tanta semilla pegada, al final los deseché. También nuestras viboreras se tapizaron, lo que fue bastante incómodo. A pesar de todo llegamos hasta el edificio y abrimos algo de espacio con los machetes para fotografiar. Fue imposible pasar a los costados y la pared trasera.

El edificio pudo haber tenido tres habitaciones, de las que solo queda en pie la central, fue reforzada su jamba derecha con concreto ya que seguramente estuvo en grave peligro de colapso. Con lo que queda visible se aprecia que era una estructura sumamente sobria y bonita con friso liso, molduras y frisos con columnillas, todos estos rasgos del estilo Puuc Clásico, de los años 900 a 1000 d.C.

Vista de dron, foto de Will
Luego de tomar fotografías, decidimos regresar a la camioneta para intentar llegar a Tunkuyí, quedaba poco tiempo porque yo tenía que tomar el autobús hacia Campeche, desde Mérida a las 5:30 pm, para ello teníamos que emprender el regreso a más tardar a las 3. Regresamos por la misma ruta pero nos desviamos para intentar llegar a ese último sitio cruzando por un cerro cercano, sin embargo fue imposible pasar. Todavía probamos rodeando por caminos en la camioneta, llegando a más campos de maíz. Entramos en vehículo hasta donde pudimos y luego a pie, vimos una pequeña loma al otro lado de un campo, pero decidimos no seguir, se agotaba el tiempo y no sabíamos si habría sendero. Para colmo se le cayó la tapa al lente de mi cámara, con todo y un filtro polarizado que había comprado pero no intenté buscarlo, ya planeábamos regresar el siguiente fin de semana.

Emprendimos el regreso y llegamos sin problemas hasta la terminal de autobuses, 15 minutos antes de que saliera la corrida, había llovido y estaba lleno de goteras, algo que parecía bastante decepcionante, ya que esta central fue remodelada recientemente. Antes de tres horas ya estaba en Campeche y salí a tomar un taxi para que me llevara al departamento, ahí le hablé a la dueña para que me entregara las llaves y luego de 5 minutos ya me encontraba descansando en el que sería mi refugio por cinco semanas. Al día siguiente iría a la UACAM a encontrarme con quien me daría las llaves del laboratorio, donde estaría trabajando en solitario porque no había nadie más, analizando la lítica que fui a estudiar.



sábado, 28 de diciembre de 2024

Estancia arqueológica en Campeche. Parte 2. Dzancab

Entrada con columnas
A las 6 de la mañana me llegaron mensajes de William, quien ya se estaba preparando para salir de su casa y recogerme en el hotel. Yo ya llevaba una hora despierto y listo para salir, había desistido de intentar dormir más y ya me había cambiado y acomodado mi equipaje nuevamente. No tuve que esperar mucho, 15 minutos más tarde ya estaba saliendo para ver a mi amigo con su camioneta, la misma con la que entramos hasta Río Azul, este mismo año. Subí y nos dirigimos a casa de su papá, que ya nos esperaba también. Por esta vez solo estaríamos nosotros tres, así que salimos a dejar algunas cosas a un terreno de Will y seguimos hacia el periférico, tomando la salida a Campeche y luego hacia el Puuc. En poco tiempo estábamos ya desayunando en el mercado de Muna, donde hacen una de las mejores cochinitas que he probado, también aprovechamos para comprar un garrafón de 10 litros de agua y salimos de ahí completamente preparados para visitar todo lo que pudiéramos.

Restos de bóvedas
Sobre la marcha decidimos comenzar con los sitios más cercanos que habíamos previsto, todo sobre el antiguo camino hacia Campeche. Pasamos por Uxmal y Kabah y cruzamos el viejo arco en el límite entre estados. Un poco más adelante buscamos una terracería y la tomamos para buscar Dzancab, un sitio que no teníamos con una ubicación tan segura como otros, pero que debía estar por esa zona. La distancia que recorrimos en la camioneta fue corta y decidimos caminar el resto. Comenzamos a ver montículos, por lo que sabíamos que estábamos en el sitio, aunque los rasgos mejor conservados se mantenían ocultos. Tanto Will como yo teníamos algunas marcas en los mapas de nuestros celulares, muy cercanas la suya y la mía, por lo que nos metimos a la selva cuando estuvimos cerca de ese punto. Aunque no se veían vestigios en los primeros pasos, casi de inmediato nos encontramos con una plataforma, subimos a su parte más alta y pudimos ver columnas en su lugar, aunque las paredes y los techos habían colapsado. Yo estuve preparando mi cámara y Will se adelantó, encontrando restos de bóveda más adelante.

Bóveda
Tardé un poco con mi cámara y el celular, pero después de alcanzar a los demás, me puse a buscar en los alrededores. Sabíamos que estábamos en el grupo principal, pero Will tenía los planos de otros, aunque la selva estaba bastante cerrada como para moverse mucho en cualquier dirección. No buscamos otros conjuntos arquitectónicos, pero quisimos buscar más a fondo en el que nos encontrábamos. Will encontró una segunda bóveda un poco mejor conservada y yo le di la vuelta a un basamento que tenía muy pocos restos visibles. Me encontré con varios montículos más, aunque sin nada de interés a la vista. Convencí a ambos Williams de salir hacia ese lado para cubrir un poco más de terreno, pero llegamos al camino de entrada sin ver más que los montículos completamente destruidos. Días más tarde Will me dijo que nos había faltado al menos otro edificio, pero tendríamos que buscarlo en temporada de secas, ya que aún estaba muy tupida la vegetación.

Regresamos a la camioneta y retomamos la carretera. Algunos km más adelante nos dispusimos a buscar un sitio con el curioso nombre de Barcohaltún de las dos Cruces. Tomamos otra terracería más larga y llegamos hasta un rancho que lucía abandonado, ahí alguna vez hubo animales domésticos, pero ahora estaba completamente vacío. Nuevamente intentamos recorrer el último tramo a pie, aunque conforme avanzábamos la vegetación se cerraba más, esta vez con enredaderas y pastos. Llegamos a un llano amplio que debíamos cruzar de lado a lado, pero nos pareció que sería un esfuerzo demasiado grande abrirnos paso a machetazos, y que tomaría demasiado tiempo. Este sitio tenía que visitarse en temporada de secas, por lo que decidimos abortar y seguir a otro lugar.



sábado, 21 de diciembre de 2024

Estancia arqueológica en Campeche. Parte 1. Del AIFA a Mérida

En agosto de 2024 entré a estudiar la Maestría en Estudios Mesoamericanos en la UNAM, con un proyecto sobre arqueología doméstica en Calakmul. Un par de meses después de comenzar con las clases apareció la convocatoria para solicitar apoyo para hacer trabajo de campo; tuve la oportunidad de programar una estancia de cinco semanas en Campeche para analizar lítica excavada en un pozo de sondeo de uno de los conjuntos habitacionales de mi sitio de estudio. Mis asesores estuvieron de acuerdo y pedí permiso para ausentarme la última semana de trabajo y permanecer en el sureste hasta el fin de semana anterior a navidad. 

No tuve problemas para obtener el apoyo e hice los preparativos por mi cuenta, a diferencia de los primeros viajes que hice de esta manera, hace ya más de una década, ahora todo es mucho más sencillo. De una aplicación a otra y de página en página de internet conseguí rentar un departamento por 34 días y los vuelos de ida y regreso hacia Mérida, ya que ir directo a Campeche resultaba mucho más caro y no creí que valiera la pena. Por supuesto, tenía pensado ocupar los fines de semana para visitar sitios arqueológicos y desde semanas antes de partir ya había hecho algunos planes con los Williams de Mérida, con Leonardo y Juán, todos participantes en los viajes de El Mirador y El Petén, en las vacaciones de semana santa de 2023 y 2024. 
AIFA

Los últimos días antes de salir fueron bastante complicados, tenía que preparar dos ponencias, un examen y varios trabajos finales que entregaría antes que todos los demás por ausentarme sin terminar el semestre, aún así me di tiempo para ver algunos amigos y para salir con mis compañeros después de clases (alguien me dijo que parece que tengo un pacto con el diablo, porque siempre tengo tiempo para todo). El 15 de noviembre hice un examen y justo al día siguiente fui a casa de mi mamá, mucho más cerca del AIFA, desde donde saldría mi vuelo a Mérida, además de que el 16 es su cumpleaños y aprovecharía para estar ahí. Pasé la última noche en la ciudad ahí y al día siguiente estuvimos un buen rato comprando cosas, aunque aproveché para conseguirme unos tenis, la última adición a mi equipaje, que ya estaba a reventar.

Finalmente, me acompañaron al mexibús, el cual tomé hasta su terminal en el mismo aeropuerto, fue un trayecto algo complicado por la mochila grande y que el camión tardó demasiado, por lo que iba a reventar. Llegué con buen tiempo al AIFA, por lo que pude hacer mis preparativos con toda calma. Había leído muchas quejas de ese lugar pero, fuera de cuestiones políticas, me pareció un completo disparate eso de "central camionera" y los comentarios despectivos de gente generalmente elitista. Las instalaciones son muy superiores a las del aeropuerto Benito Juárez y no hubo ningún retraso ni problema, además de ser mucho más barato el impuesto por utilizarlo. Eso sí, está lejísimos y, mientras no funcione el tren suburbano, es un viacrucis ir hasta allá.

Mi vuelo salió justo antes de las 10 pm, fue sumamente tranquilo, casi sin ninguna turbulencia ni movimiento. Llegué a Mérida minutos antes de la media noche; como no había documentado nada, pude salir de inmediato del aeropuerto y pedir un taxi que me llevó al hotel. Para esta única noche había reservado en un lugar con cápsulas como las que son algo famosas en Japón, ni siquiera William sabía que eso existía aquí, y quise probar. Llegué poco después de las 12, la recepción estaba abierta pero no encontré a nadie, excepto a un tipo dormido al que intenté despertar pensando que era el encargado, aunque ni siquiera se movió. Un par de minutos más tarde apareció el verdadero recepcionista y me dijo que mi reserva había caducado después de media noche, pero yo ya había previsto eso y mandé un mensaje días antes, me respondieron que no había problema si llegaba después, así que tuvieron que hacerlo efectivo. 

El lugar fue más caro que un hostal, pero era algo menos que eso, si bien las cápsulas tienen más privacidad que las literas que hay en lugares más baratos, están más hacinadas y se comparten los baños con más gente. Me pareció sobrevalorado, por lo que quedarme ahí fue una simple curiosidad y no consideré volverlo a hacer. Dormí muy poco, a pesar de estar en un espacio muy cerrado podía escuchar a los que estaban en las cápsulas de arriba cuando se movían. Ya era madrugada y saldría poco después de las 6 de la mañana para aprovechar el primer domingo del viaje...

sábado, 17 de agosto de 2024

Viaje por el noreste del Petén. Parte 16 y final: Moral Reforma y fin del viaje

Estructura 14
El sábado 30 de marzo salimos por la mañana con rumbo al sitio de Moral-Reforma, en Balancán. Tuvimos algunos problemas porque la construcción del tren maya nos cortó el paso directo por el camino que tomamos, que era en gran parte terracería. Tuvimos que dar algún rodeo y seguir de largo hasta encontrar un puente que cruzara la vía. Además de eso, no hubo otros incidentes en el camino. Nuevamente Julio quiso manejar y llegamos hasta el sitio que queríamos visitar, encontrándolo desierto.

Nos sorprendió gratamente que la señalética del sitio había sido renovada y contenía muchos datos interesantes, incluso Eduardo se animó a grabar su vídeo del lugar utilizando esa información. Se repitió el patrón de Ceibal, con Julio y yo separados de los demás para visitar el sitio a nuestro ritmo. Tuve el acierto de dirigirme primero a la Estructura 14, la más grande del lugar y que tiene una arquitectura muy peculiar, como juntando tres basamentos piramidales. 

Moral Reforma
Subí a la parte alta y a los basamentos secundarios, luego vi un edificio recién excavado en el costado poniente de la estructura 14. Después me dirigí a las estructuras 1 a 3, las cuales están en la entrada. Después de bajar decidí volar el dron para hacer algunas tomas aéreas. Mientras estaba volando el aparato, llegó mucha gente que se dirigía a las cascadas de Reforma, pero que paraba en el sitio para visitarlo de paso. Los resultados del vuelo me parecieron muy impresionantes, este sitio siempre me ha llamado la atención y me gustó mucho desde mi anterior visita en 2013. 

Dejé para el final la visita de la recién excavada Estructura 6, la cual es un cuadrángulo palaciego con varias habitaciones, aunque los techos han caído casi por completo. La visita terminó cuando nos sentamos a comer paletas de hielo por un rato y luego decidimos tomar la ruta hacia Balancán para ver si el museo regional estaba abierto.

Panel de Santa Elena en el Museo de Balancán
Luego de un corto trayecto arribamos al centro de este poblado y nos sorprendió gratamente encontrar el recinto que queríamos visitar abierto, aunque ninguno de nosotros había podido entrar anteriormente. Ahí dentro pudimos ver varios monumentos de los sitios de Santa Elena y Moral-Reforma, además de unas pocas piezas descontextualizadas.

Decidimos que empezaríamos el regreso, primero a Querétaro, donde dejaríamos a Eduardo, y luego a la Ciudad de México. En un principio se planteó que Ernesto y Valeria se quedarían en Puebla, pero pasaríamos de madrugada por ahí, por lo que no era algo viable. Julio ya estaba cansado, por lo que me tocaría manejar el primer tramo. Ya esperaba con ansias mi turno de pasar al volante, llevábamos horas escuchando a ese par completamente acaramelados con su relación clandestina y tenerlos junto en los asientos traseros ya me había fastidiado. En todos los viajes Ernesto se la pasa hablando con algunas novias o algo parecido, pero tenerlo ahí presencialmente es el colmo. 

Altar 2 de Moral-Reforma
Esta vez tomé el volante y, como siempre que me toca manejar, puse mi música, poniéndome a cantar, con lo que no escuché nada de lo que ocurría atrás. Me sorprendió que Julio no durmiera, se entretuvo viendo vídeos en YouTube, algunos de ellos míos. Tomamos el camino directo a la carretera Villahermosa-Escárcega y luego dimos vuelta hacia la capital de Tabasco, siguiendo por ahí algunas horas. Entramos a la ciudad y pasamos por el centro buscando un restaurante donde hubiera algo vegano que pudiera comer Eduardo, la primera opción estaba cerrada, por lo que tuvimos que seguir hasta una gran plaza comercial, donde él pudo ir a comer sin carne y nosotros optamos por comer hamburguesas. Luego de casi un par de horas volvimos a reunirnos y subimos al auto para seguir con nuestro camino, yo decidí seguir al frente hasta que aguantara, por lo que seguí manejando hacia Cárdenas, Coatzacoalcos y luego tomé la interminable recta de Minatitlán hasta Córdoba. Ahí comencé a sentir cansancio, pero podía continuar un par de horas más, me concentré en el camino y seguí cantando, con lo que me sentí renovado, Valeria me ayudó un poco porque tenía dulces y me ofreció algunos, los que me mantuvieron atento por todo el tiempo que fui el conductor. Pasamos Orizaba y subimos por las cumbres de Maltrata, con sus curvas bastante pronunciadas, ahí ya me fue bastante cansado seguir, aunque no podía parar, por lo que tuve que resistir la última parte y me detuve llegando a la caseta de La Esperanza, ya en Puebla. La noche ya estaba bien entrada y decidí pasar atrás para dormir un rato.

Lápida III de Santa Elena
Julio se encargó del resto del camino a Querétaro, tomó camino a Puebla y luego se desvió por el arco norte en Texmelucan. Teníamos el recuerdo de diciembre, cuando esa carretera la encontramos cerrada y tardamos horas esperando, esta vez no hubo ningún problema. Doblamos en la autopista México-Querétaro y llegamos a esa última ciudad alrededor de las 3 de la mañana, gran parte de ese tiempo estuve dormido. Eduardo bajó sus cosas y entró a su casa para darme un libro que me habían regalado y mandado mediante él, también le regaló uno a cada uno de los demás. Aprovechamos para estirar las piernas un poco, pero no tardamos mucho en salir hacia la Ciudad de México.

Yo estaba por quedarme dormido de nuevo, cuando Julio se orilló en el acotamiento, me dijo que ya no podía mantenerse despierto, por lo que tuve que despabilarme rápido y tomar el volante nuevamente. Me mantuve bien por un buen rato escuchando música y comiendo dulces que todavía traía Valeria, sin embargo me fue imposible frenar el cansancio que ya se había apoderado de mí. Estaba por llegar a la ciudad, ya a unos pocos kilómetros de la caseta de Tepotzotlán, pero decidí parar en una gasolinera para descansar. Julio tampoco se había repuesto, por lo que decidimos dormir un momento ahí. Luego de una hora, el sol comenzaba a salir y salí a comprar un café. Finalmente me sentí despierto para proseguir, por lo que en poco tiempo estábamos entrando a la Ciudad de México. Me dirigí al metro Politécnico, donde nos separaríamos, pero me dijeron que había parado en un sitio de taxis, por lo que me dispuse a regresar un poco en reversa, estaba mirando por el lado izquierdo para no topar con la banqueta cuando sentimos un golpe. Un tipo se estacionó muy salido, por lo que no lo ví por el lado que estaba mirando y no me había fijado por el lado izquierdo ni en la cámara del vehículo, ya que no estoy acostumbrado a ver en la pantalla del panel. El auto de Julio no tenía ningún daño, pero golpeó al otro con el escape y dañó la facia, por lo que tuve que pagar para poder irnos. Pedí un uber hasta mi casa, Ernesto y Valeria se fueron en metro y Julio tomó su auto para ir a su casa. Poco tiempo después terminaba mi recorrido sumamente cansado y casi directo a dormir, a pesar de ser las 7 am.