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sábado, 21 de diciembre de 2024

Estancia arqueológica en Campeche. Parte 1. Del AIFA a Mérida

En agosto de 2024 entré a estudiar la Maestría en Estudios Mesoamericanos en la UNAM, con un proyecto sobre arqueología doméstica en Calakmul. Un par de meses después de comenzar con las clases apareció la convocatoria para solicitar apoyo para hacer trabajo de campo; tuve la oportunidad de programar una estancia de cinco semanas en Campeche para analizar lítica excavada en un pozo de sondeo de uno de los conjuntos habitacionales de mi sitio de estudio. Mis asesores estuvieron de acuerdo y pedí permiso para ausentarme la última semana de trabajo y permanecer en el sureste hasta el fin de semana anterior a navidad. 

No tuve problemas para obtener el apoyo e hice los preparativos por mi cuenta, a diferencia de los primeros viajes que hice de esta manera, hace ya más de una década, ahora todo es mucho más sencillo. De una aplicación a otra y de página en página de internet conseguí rentar un departamento por 34 días y los vuelos de ida y regreso hacia Mérida, ya que ir directo a Campeche resultaba mucho más caro y no creí que valiera la pena. Por supuesto, tenía pensado ocupar los fines de semana para visitar sitios arqueológicos y desde semanas antes de partir ya había hecho algunos planes con los Williams de Mérida, con Leonardo y Juán, todos participantes en los viajes de El Mirador y El Petén, en las vacaciones de semana santa de 2023 y 2024. 
AIFA

Los últimos días antes de salir fueron bastante complicados, tenía que preparar dos ponencias, un examen y varios trabajos finales que entregaría antes que todos los demás por ausentarme sin terminar el semestre, aún así me di tiempo para ver algunos amigos y para salir con mis compañeros después de clases (alguien me dijo que parece que tengo un pacto con el diablo, porque siempre tengo tiempo para todo). El 15 de noviembre hice un examen y justo al día siguiente fui a casa de mi mamá, mucho más cerca del AIFA, desde donde saldría mi vuelo a Mérida, además de que el 16 es su cumpleaños y aprovecharía para estar ahí. Pasé la última noche en la ciudad ahí y al día siguiente estuvimos un buen rato comprando cosas, aunque aproveché para conseguirme unos tenis, la última adición a mi equipaje, que ya estaba a reventar.

Finalmente, me acompañaron al mexibús, el cual tomé hasta su terminal en el mismo aeropuerto, fue un trayecto algo complicado por la mochila grande y que el camión tardó demasiado, por lo que iba a reventar. Llegué con buen tiempo al AIFA, por lo que pude hacer mis preparativos con toda calma. Había leído muchas quejas de ese lugar pero, fuera de cuestiones políticas, me pareció un completo disparate eso de "central camionera" y los comentarios despectivos de gente generalmente elitista. Las instalaciones son muy superiores a las del aeropuerto Benito Juárez y no hubo ningún retraso ni problema, además de ser mucho más barato el impuesto por utilizarlo. Eso sí, está lejísimos y, mientras no funcione el tren suburbano, es un viacrucis ir hasta allá.

Mi vuelo salió justo antes de las 10 pm, fue sumamente tranquilo, casi sin ninguna turbulencia ni movimiento. Llegué a Mérida minutos antes de la media noche; como no había documentado nada, pude salir de inmediato del aeropuerto y pedir un taxi que me llevó al hotel. Para esta única noche había reservado en un lugar con cápsulas como las que son algo famosas en Japón, ni siquiera William sabía que eso existía aquí, y quise probar. Llegué poco después de las 12, la recepción estaba abierta pero no encontré a nadie, excepto a un tipo dormido al que intenté despertar pensando que era el encargado, aunque ni siquiera se movió. Un par de minutos más tarde apareció el verdadero recepcionista y me dijo que mi reserva había caducado después de media noche, pero yo ya había previsto eso y mandé un mensaje días antes, me respondieron que no había problema si llegaba después, así que tuvieron que hacerlo efectivo. 

El lugar fue más caro que un hostal, pero era algo menos que eso, si bien las cápsulas tienen más privacidad que las literas que hay en lugares más baratos, están más hacinadas y se comparten los baños con más gente. Me pareció sobrevalorado, por lo que quedarme ahí fue una simple curiosidad y no consideré volverlo a hacer. Dormí muy poco, a pesar de estar en un espacio muy cerrado podía escuchar a los que estaban en las cápsulas de arriba cuando se movían. Ya era madrugada y saldría poco después de las 6 de la mañana para aprovechar el primer domingo del viaje...

sábado, 6 de abril de 2024

Viaje por el noreste del Petén. Parte 1: De la ciudad de México a La Florida-Naaman

Frontera El Ceibo
El 20 de marzo por la tarde salí de mi casa con rumbo a la central de autobuses del norte, donde me encontraría con Eduardo y con Julio para salir a un nuevo recorrido por el Petén guatemalteco. Cruzar la ciudad fue una auténtica pesadilla, la hora pico hubiera provocado que un viaje en taxi fuera sumamente caro, por lo que decidí llegar por trolebús, ya que podía ir de terminal en terminal, de forma que no tuviera problemas para ascender o descender. Fui primero al estadio de Ciudad Universitaria y luego a Taxqueña. En este punto las ruedas de mi maleta saltaron de su lugar y me percaté que su soporte estaba roto, por ello tendría que cargarla cada vez que me moviera de lugar; iba bastante pesada por los implementos para acampar y una reserva de dinero en monedas, fue algo cansado, pero no representó un problema mayor. Resultó mucho más molesto el hecho de que no había llegado ni a la mitad de mi trayecto cuando ya había gastado 2 horas. Tomé el trolebús de eje central y completé casi 3 horas y media, siendo el último de los tres en llegar.

Subimos al auto de Julio y comenzamos el trayecto hacia la autopista a Puebla, paramos cerca de Santa Martha y esperamos a Ernesto y Valeria; luego de un rato el auto ya estaba lleno y todo listo para viajar toda la noche hasta la frontera de El Ceibo, límite de México y Guatemala. Para llegar ahí seguimos hacia Puebla, luego a Córdoba; más allá tomamos la desviación al sureste hasta Coatzacoalcos y luego a Villahermosa. Seguimos con rumbo a Escárcega, pero desviándonos en Emiliano Zapata y llegando a Tenosique. Más allá de las 9 de la mañana arribamos al puesto fronterizo, donde nos encontramos a Gabriel, Edgar y Jaime, quienes salieron de Chiapas para unirse a este viaje. El cruce fue lento porque nadie quiso pagar un gestor, esto obligó a que camináramos a sacar copias y depositar un impuesto en el pueblo de El Ceibo.

Monumentos en la cancha de futbol
Cuando finalmente logramos cruzar, unos minutos después que nuestros compañeros de Chiapas, todos juntos nos dirigimos a la aldea de Naranjo, a poca distancia de donde nos encontrábamos. Ahí llegamos a su parque central y giramos hacia una vieja pista de aterrizaje que parece ya no ser usada en la actualidad. Entre casas y en áreas verdes pudimos ver los grandes montículos del sitio arqueológico de La Florida-Naaman. Lo primero que fuimos a buscar fue una cancha de futbol, la cual encontramos con gran facilidad, aunque era más pequeña que el tamaño estándar de los terrenos donde se practica ese deporte. Lo primero que notamos fue que esa cancha estaba en una plaza prehispánica, rodeada de edificios que no mostraban arquitectura, ahora son solo montículos; pero lo más sorprendente fue que a un lado de una de las porterías encontramos restos de monumentos con grabados, tirados al aire libre. No pudimos identificar las figuras pero las líneas se observaban claramente, a unos metros habían más fragmentos y del otro lado del campo yacían estelas sin grabado, tal vez ya erosionadas.

Río San Pedro en la aldea de Naranjo
Ya de inicio teníamos sorpresas que no esperábamos encontrar, estuvimos un rato fotografiando y buscando en los edificios circundantes, aunque solo pude identificar algunas piedras que debieron pertenecer a una escalinata pero que ya estaban algo desordenadas. Al no encontrar nada más, preguntamos a una señora que pasaba por el destacamento militar, ya que sabíamos que cerca de ahí había algo más qué ver. Amablemente nos dijo el camino que debíamos tomar, el cual era muy corto ya que estábamos a tres o cuatro cuadras únicamente. Antes de llegar ahí vimos el río San Pedro, el cual discurre por la orilla del poblado y nos acercamos a su orilla para tomar fotografías. Después de eso, llegamos a la entrada del destacamento, donde vimos un gran montículo y varios monumentos que estaban cubiertos de cal. Hablamos con los guardias, quienes no sabían nada de la procedencia prehispánica de esas piedras y tampoco podían permitirnos pasar sin un permiso especial. A unos cuantos pasos, muy cerca de un pequeño meandro del río, vimos un techo de lámina que cubría varias estelas rotas y una de ellas completa.

Monumentos de La Florida-Naaman
Esta estela muestra un gobernante que mira hacia la izquierda, en una pose estándar, con una mano extendida que sostiene algo no muy claro frente a él y la otra con un bastón de mando casi pegado al cuerpo. Sobre la cabeza lleva un gran tocado y a los lados tiene cartuchos con glifos. Los otros fragmentos también tienen inscripciones; gracias a estos monumentos se ha identificado el nombre de la dinastía que gobernó este lugar, el cual es Naaman. 

Mientras todos tomaban fotografías, caminé unos pasos al río para mojarme un poco la cabeza, el calor era muy intenso y ya estaba cercano a los 40°C; por eso mismo después de nuestro corto recorrido nos dirigimos a la primera tienda que vimos para comprar paletas heladas. El primer sitio del viaje resultó ser bastante grande y con las primeras sorpresas, comenzábamos muy bien.



martes, 15 de agosto de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 11: San Claudio y regreso a casa.

 
Estructura principal de San Claudio
No tuve que romperme la cabeza ni hacer recorridos largos para llegar hasta la frontera y regresar a México. Al anochecer del sábado santo, la última noche que pasé en Flores, William me mandó mensaje disculpándose por no haberme avisado de su recorrido del día y me dijo que por algunos problemas tendría que regresar al día siguiente hacia Mérida. Le pregunté si era posible que me fuera con ellos hasta Tenosique y me dijo que no había problema. Hice algunas compras y me preparé para salir al medio día siguiente.

Por la mañana, acompañé a Adriana, a quien Jorge recogería en el mismo lugar donde nos había dejado el transporte de Carmelita. Estando ahí nos encontramos con Carlos, quien había tenido que ir a Melchor de Mencos, frontera con Belice, para encontrarse con su novia, quien venía desde Chetumal en auto para acompañarlo, pasaron a Yaxhá y ahora se dirigirían a Tikal. También estaba ahí Valeria, quien había llegado con Ernesto, pero él se fue a Chetumal el día anterior y se había quedado sola, pensando en regresar por su cuenta. Jorge le ofreció que ocupara el lugar que tenía yo en el viaje de ida, así que se unió a ellos y emprendieron el viaje de regreso, llegando a la ciudad por la madrugada del lunes.

Estructura principal de San Claudio

Yo regresé al hotel y mandé mensaje a William. Me avisó que estaban a punto de cruzar el lago con la camioneta en ferry, así que me apresuré para alcanzarlos en el muelle, el cual estaba cerca de donde me encontraba. Alcancé a llegar justo cuando estaban a punto de atracar en la orilla; con él venía su padre, Juan y Thomas, con la intención de ir al mercado, así que nos dirigimos hacia allá.

Encontramos muchos puestos cerrados, por lo que no compramos nada interesante. Decidimos ir al centro comercial para comprar botellas de ron y nos encontramos con una ginebra que tenía una botella preciosa con una máscara de jade de Tikal y una serie de glifos mayas. Casi todos terminamos comprando una de esas.

Nos despedimos de Juan, quien tomaría un vuelo a Cancún desde ahí y el resto de nosotros nos fuimos en la camioneta con rumbo a El Ceibo. El camino fue mucho más ligero que cuando arribé días antes, no teníamos el peso de las largas horas de carretera del rumbo contrario. Ya cerca de la frontera nos debatimos entre tratar de visitar un sitio en el lado guatemalteco o ir a San Claudio, ya en Tabasco. Decidimos ir a la segura del lado mexicano y cruzamos la frontera sin ningún problema, con un trámite bastante rápido para cruzar el vehículo.

Estructura principal de San Claudio
Poco después llegamos hasta San Claudio y paramos para hacer una breve visita. El sitio se veía diferente a cuando lo conocí, una década antes. La hierba estaba mejor cortada, pero había áreas llenas de maleza que antes estaban libres de ella. Vimos la estructura principal y Thomas caminó por un sendero que se perdía entre arbustos, regresó para decirnos que teníamos que ir ahí y nos encontramos con una hermosa vista del lago que está junto al sitio.

Regresamos a la camioneta y llegamos a Tenosique, ahí Thomas estuvo buscando sin éxito una quesería abierta. Finalmente desistió y me dijeron que seguirían el camino hacia Mérida, por lo que les pedí que me dejaran en Emiliano Zapata, ya más cerca de Villahermosa y donde podría encontrar más opciones de transporte. Luego de algunos kilómetros encontramos puestos con el ansiado queso, ahí pude comprobar el porqué de la insistencia de buscarlo, el sabor era extraordinario, aunque decidí no comprar para no cargar más, pero fue una difícil elección.

Llegamos a Emiliano Zapata pasando las 7 de la noche y me dejaron en la terminal de autobuses. Los demás fueron a cenar en algún lugar cerca y yo entré a comprar mi boleto a Villahermosa, encontrando solamente una corrida que salía entre 8:30 y 9 pm. Los demás regresaron para regalarme una torta de carne al pastor y finalmente nos despedimos; más tarde me enteré de continuaron hasta Mérida, llegando a la mañana siguiente.

Laguna de San Claudio
Mi idea inicial era visitar un par de sitios en Orizaba y luego otros en Puebla, sin embargo, empecé a revisar por internet las opciones de autobuses en Villahermosa y no pude encontrar ni una sola con lugar ni a Orizaba, ni a Córdoba, ni a Puebla, incluso no había ninguna para la Ciudad de México. En este dilema estaba cuando llegó mi autobús, ya sobre las 9 de la noche. En el camino recordé que Lizbeth estaba haciendo trabajo de campo en Veracruz. Le mandé mensaje y me dijo que saldría de regreso a la ciudad por la mañana pero que podía cambiar la hora de su boleto. Conseguí uno de los últimos lugares disponibles para dirigirme donde ella estaba, en una corrida que saldría a las 2 de la mañana y le pedí que me comprara un boleto en el mismo camión que ella con una transferencia que le mandé. Por casualidad terminamos regresando juntos a la ciudad, pero aún me faltaba un largo camino para llegar con ella.

Laguna de San Claudio
Llegué a Villahermosa por una terminal que no conocía y que estaba al otro lado de la avenida principal. Eran más de las 10 de la noche y tuve que caminar varias cuadras para llegar a donde tomaría el autobús de ADO. Esto no me gustó nada porque esa ciudad nunca me ha dado buena espina y ahí tuve una experiencia muy desagradable años atrás. La terminal estaba a reventar, ni siquiera podía pasar a la sala de espera, no había tiendas abiertas ni baño en la parte externa donde tuve que esperar, yo tenía mucha sed, pero tuve que aguantar casi 3 horas así. Media hora antes de la salida por fin me dejaron pasar, por lo que aproveché para comprar algo para el camino. El autobús salió casi a tiempo, sin embargo, y a pesar de que se suponía que era una corrida de lujo (que nunca uso porque me parece un desperdicio de dinero, ya que no hay mucha diferencia con las corridas regulares), el camión olía fuertemente a orina, algo que tuve que soportar toda la madrugada y parte de la mañana, hasta que llegué a Veracruz, pasadas las 8 am.

Laguna de San Claudio
Lizbeth ya me estaba esperando, aunque los boletos que consiguió eran para las 11 de la mañana y no eran asientos juntos. Incluso los camiones de segunda estaban completamente llenos.  Si en Guatemala tenía el problema de que no trabajaban los transportistas, en México tuve uno casi contrario, había muchas corridas, pero la cantidad de usuarios las sobrepasaba, nunca me había encontrado tanta gente en cualquiera de las terminales que pasamos.

Estuvimos sentados en el suelo y platicando por un buen rato, cuando la hora de salir se acercaba fuimos a la puerta de la sala de espera, aunque nos dijeron que nuestro autobús salía al otro lado de la manzana. Caminamos hasta ahí y media hora después habíamos abordado. Este era un autobús de segunda, que no tomaría la autopista directa, así que el viaje sería largo, aunque sin malos olores y en condiciones mucho más limpias que el de "lujo" anterior. Además, la señora que originalmente iba junto a mí aceptó cambiar su lugar con Lizbeth, por lo que nos fuimos juntos y pudimos platicar todo el camino.

La ruta que siguió el autobús fue por Cardel, con una parada, luego rodeó hacia el norte para llegar a Perote, donde hizo una segunda escala. De ahí cruzó las llanuras de Puebla y se desvió hacia Huamantla y Apizaco. Más adelante tomó la carretera hacia Calpulalpan y de ahí a Texcoco. Arribamos a la ciudad por el Peñón de los Baños y llegamos a la terminal TAPO alrededor de las 6:30 pm. Subimos al metro de la línea B (la 1 no funcionaba), y fuimos a Balderas. Mi último transporte fue un taxi, llegando a mi casa cerca de las 8 pm, varios días antes de lo planeado, pero con mucho menos cansancio que el previsto. Así terminó el viaje más esperado desde que inicié mis recorridos por el área maya, finalmente había conocido El Mirador.

miércoles, 14 de junio de 2023

La expedición más esperada: trekking al Mirador. Parte 1: De la Ciudad de México a Flores

Después de más de una década de desear visitar el ya legendario sitio maya de El Mirador y habiendo pasado contratiempos que pospusieron el viaje indefinidamente, incluso después de atravesar una pandemia mundial, finalmente llegó el 30 de marzo de 2023, día elegido para comenzar el viaje que me llevaría de regreso a la selva del Petén, en Guatemala.

Fue un día sumamente largo, tenía ya todo listo para mi partida pero primero me tocó trabajar. El cumpleaños de mi jefa, la Dra. Lourdes se acercaba y ya no la veríamos pronto, así que Romina (mi compañera y amiga) y yo decidimos que le compraríamos un pequeño pastel, siendo yo el designado para pasar a comprarlo antes de llegar. Después de mi parada en el centro comercial, acudí al cubículo donde he pasado ya casi dos años haciendo trabajo arqueológico de gabinete, mi primer empleo formal en el área. Me encontré con la novedad de que, tanto la Dra. como Romina, estaban en la clase que mi jefa imparte los jueves; no quise interrumpir, así que me quedé solo preparando la bibliografía para un artículo que tenemos en preparación.

A medio día Romina salió casi corriendo, ya que tenía un compromiso. Antes de irse pasó a despedirse de mí y a desearme un buen viaje, ella sabía bien cuánto había esperado ese día; más tarde nuestra jefa también salió y le entregué el pastel que compramos poco antes de que también se retirara. Fueron dos alegres despedidas para unas vacaciones de dos semanas, con muchos buenos deseos y abrazos cálidos. No puedo comenzar mi relato sin mencionar que este, mi primer trabajo como arqueólogo, es para mí como vivir en un sueño. Aunque es bastante humilde, alcanzó para que realizara mi viaje: yo nunca había sido feliz con ningún empleo, ahora lo soy y me siento sumamente orgulloso de compartir mi tiempo y aprender de dos personas a quienes quiero y admiro profundamente, y que trabajan tan apasionadamente como yo.

Pero ahí no termina el ensueño en el que vivo todos los días. Yo no me marché de inmediato; Perla, quien me invitó a trabajar en este lugar en primera instancia, y con quien doy algunas clases en la universidad como profesor adjunto, también saldría de viaje, así que me invitó a comer junto con las tesistas de posgrado. Después de un rato de espera, fuimos a un pequeño restaurante de mariscos y brindamos con cerveza. La plática fue muy agradable, nuevamente me sentí muy afortunado de estar ahí... a ambos nos desearon feliz viaje y luego tuve que marcharme con algo de prisa para ir a mi casa por mi equipaje. Además de mi trabajo, convivo con muchas personas interesantes con quienes tengo un trato muy amigable. Si bien la academia es un lugar donde la gente suele destrozarse entre sí, yo no estoy inmerso en ello y he venido a caer en un lugar muy agradable para mí.

Llegué a mi casa algo apresurado, apenas tuve tiempo para acomodar los últimos detalles, revisar las reservaciones de hotel y despedirme de mi papá. Dejé un tremendo desorden en mi cuarto, el cual no volvería a ver en 11 días.

No quise gastar en taxi, tendría que ahorrar todo lo posible para más tarde, así que anduve en camión para ir a encontrarme con mi amigo Jorge, quien manejaría todo el camino hasta Flores, el punto de encuentro con todo el grupo que realizaría el trekking. Esperé un poco a que saliera de su trabajo y de ahí nos dirigimos en su auto hasta su casa, donde ya nos esperaba Nath, su novia, que también iría con nosotros al viaje.

Estuvimos viendo un rato la televisión, pero había que dormir algunas horas, por lo que nos fuimos a acostar temprano, habiéndonos enterado de que Ernesto, otro de los participantes del viaje, había salido ya en autobús rumbo a Villahermosa. Yo ansiaba darle alcance, aunque teníamos que esperar aún algunas horas.

Poco después de las 2 de la mañana, Adriana, la cuarta de las participantes del viaje que viajaría en el auto de Jorge con nosotros, nos mandó mensaje diciendo que ya estaba por llegar donde nos encontrábamos. Edson, su novio y compañero nuestro en viejos proyectos, la había llevado en carro; conversamos un poco y acomodamos todo para salir a comenzar el viaje. Nos despedimos de Edson y tomamos rumbo primero hacia Tlalpan, había que pasar a recoger a Rosa, la última ocupante del auto para completar las 5 plazas. Ella es amiga de Jorge; Adriana y yo no la conocíamos hasta entonces, y había sido la última de todo el grupo del trekking que se agregó al viaje, apenas un par de días antes. Una afortunada adición, ya que disfrutó bastante el recorrido y fue una compañera agradable y entusiasta.

Finalmente tomábamos rumbo hacia Flores, en Guatemala. No podía creer que estuviera pasando por fin y pasé casi todo el tiempo mirando el paisaje y platicando. Siempre me gusta manejar, pero Jorge jamás soltaría el volante de su auto y aguantó muy bien todo el trayecto. Tomamos la salida a Puebla, atravesamos esa ciudad y seguimos hasta las Cumbres de Maltrata, las cuales estaban libres de neblina, lo que hizo bastante sencillo su cruce. Más tarde, en La Tinaja, tomamos la desviación hacia Coatzacoalcos y justo ahí nos alcanzó el amanecer. Ese tramo siempre me da sueño, así que, como buen pasajero, me quedé dormido por única ocasión en el trayecto. Desperté cerca de Acayucan y no volví a pegar los ojos, ahí Jorge llamó a Ernesto, quien nos dijo que estaba por llegar a Villahermosa, a pesar de tener muchas horas de ventaja estábamos por alcanzarlo.

Más adelante tomamos rumbo a también a Villahermosa, la cual evitamos mediante su libramiento; avanzamos hacia Catazajá y después dimos vuelta en la carretera hacia Tenosique. Nos encontramos con la faraónica obra del tren maya, de la cual no opinaré. Pasado el medio día entramos a la carretera hacia la frontera de El Ceibo, ya veíamos el objetivo mucho más cerca. Jorge y yo cantábamos a todo pulmón e incluso paramos un poco para que yo grabara el letrero de la última población del lado mexicano: Sueños de oro.

El cruce de la frontera fue un poco tardado porque había una fila de personas, pero sin mayor problema. Mientras los demás sellábamos nuestra salida en la aduana mexicana, Jorge se adelantó para arreglar el cruce del auto. Justo ahí nos encontramos con Ernesto y Valeria, quienes acababan de llegar y tomarían un colectivo hacia Flores, les habíamos dado alcance con más de 8 horas de desventaja. El transporte público es mucho más lento que Jorge manejando...


Cuando pasamos a sellar nuestra entrada a Guatemala ya todo el trámite del vehículo estaba terminado, así que volvimos a abordar para continuar a Flores. Este trayecto fue mucho más lento, a pesar de que la carretera estaba en mejores condiciones que en México, había topes (llamados túmulos ahí) sumamente altos que obligaban a disminuir mucho la velocidad. Ya era tarde cuando llegamos por fin a la capital del departamento de Petén, decidimos ir directamente a comer y nos adelantamos a todos los demás en el restaurante bar que era el punto de encuentro. Llegamos ahí justo al atardecer, por lo que pudimos grabar y fotografiar al sol poniéndose sobre el lago Petén Itzá.

Mientras comíamos, poco a poco fueron llegando los demás participantes del trekking, quienes ya habían llegado a Flores por la mañana y en días anteriores: Eduardo y Mónica, de Querétaro, Erik, de Nueva Zelanda, William padre e hijo y Thomas, de Mérida, Marcia, de Argentina, Juan, de Laredo y Leonardo, de la Ciudad de México. Ya entrada la noche, cuando estábamos por irnos (teníamos que rodear un brazo del lago en el auto para llegar a nuestro hotel), finalmente llegaron Ernesto y Valeria, luego de varias horas desde la frontera. Únicamente faltaba Carlos, de Chetumal, un viejo amigo que no había visto en algunos años, pero él llegaría al día siguiente por la tarde.

Después de un rato alcanzamos a los yucatecos, a Marcia y a Juan en el hotel, ya que estábamos hospedados en el mismo, y ellos cruzaron el lago en lancha para llegar ahí, un trayecto de 5 minutos, mientras que el rodeo en auto era de más de 20. Nuestra habitación tenía un problema con el baño, el cual se arregló al día siguiente, pero gracias a eso nos rebajaron a la mitad el precio de la primera noche. Antes de irme a dormir disfruté de una bella vista nocturna de Flores desde la orilla norte del lago. Por cuarta ocasión estaba ahí, y en el viaje más esperado desde que comencé a visitar sitios mayas en 2012.