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sábado, 17 de agosto de 2024

Viaje por el noreste del Petén. Parte 16 y final: Moral Reforma y fin del viaje

Estructura 14
El sábado 30 de marzo salimos por la mañana con rumbo al sitio de Moral-Reforma, en Balancán. Tuvimos algunos problemas porque la construcción del tren maya nos cortó el paso directo por el camino que tomamos, que era en gran parte terracería. Tuvimos que dar algún rodeo y seguir de largo hasta encontrar un puente que cruzara la vía. Además de eso, no hubo otros incidentes en el camino. Nuevamente Julio quiso manejar y llegamos hasta el sitio que queríamos visitar, encontrándolo desierto.

Nos sorprendió gratamente que la señalética del sitio había sido renovada y contenía muchos datos interesantes, incluso Eduardo se animó a grabar su vídeo del lugar utilizando esa información. Se repitió el patrón de Ceibal, con Julio y yo separados de los demás para visitar el sitio a nuestro ritmo. Tuve el acierto de dirigirme primero a la Estructura 14, la más grande del lugar y que tiene una arquitectura muy peculiar, como juntando tres basamentos piramidales. 

Moral Reforma
Subí a la parte alta y a los basamentos secundarios, luego vi un edificio recién excavado en el costado poniente de la estructura 14. Después me dirigí a las estructuras 1 a 3, las cuales están en la entrada. Después de bajar decidí volar el dron para hacer algunas tomas aéreas. Mientras estaba volando el aparato, llegó mucha gente que se dirigía a las cascadas de Reforma, pero que paraba en el sitio para visitarlo de paso. Los resultados del vuelo me parecieron muy impresionantes, este sitio siempre me ha llamado la atención y me gustó mucho desde mi anterior visita en 2013. 

Dejé para el final la visita de la recién excavada Estructura 6, la cual es un cuadrángulo palaciego con varias habitaciones, aunque los techos han caído casi por completo. La visita terminó cuando nos sentamos a comer paletas de hielo por un rato y luego decidimos tomar la ruta hacia Balancán para ver si el museo regional estaba abierto.

Panel de Santa Elena en el Museo de Balancán
Luego de un corto trayecto arribamos al centro de este poblado y nos sorprendió gratamente encontrar el recinto que queríamos visitar abierto, aunque ninguno de nosotros había podido entrar anteriormente. Ahí dentro pudimos ver varios monumentos de los sitios de Santa Elena y Moral-Reforma, además de unas pocas piezas descontextualizadas.

Decidimos que empezaríamos el regreso, primero a Querétaro, donde dejaríamos a Eduardo, y luego a la Ciudad de México. En un principio se planteó que Ernesto y Valeria se quedarían en Puebla, pero pasaríamos de madrugada por ahí, por lo que no era algo viable. Julio ya estaba cansado, por lo que me tocaría manejar el primer tramo. Ya esperaba con ansias mi turno de pasar al volante, llevábamos horas escuchando a ese par completamente acaramelados con su relación clandestina y tenerlos junto en los asientos traseros ya me había fastidiado. En todos los viajes Ernesto se la pasa hablando con algunas novias o algo parecido, pero tenerlo ahí presencialmente es el colmo. 

Altar 2 de Moral-Reforma
Esta vez tomé el volante y, como siempre que me toca manejar, puse mi música, poniéndome a cantar, con lo que no escuché nada de lo que ocurría atrás. Me sorprendió que Julio no durmiera, se entretuvo viendo vídeos en YouTube, algunos de ellos míos. Tomamos el camino directo a la carretera Villahermosa-Escárcega y luego dimos vuelta hacia la capital de Tabasco, siguiendo por ahí algunas horas. Entramos a la ciudad y pasamos por el centro buscando un restaurante donde hubiera algo vegano que pudiera comer Eduardo, la primera opción estaba cerrada, por lo que tuvimos que seguir hasta una gran plaza comercial, donde él pudo ir a comer sin carne y nosotros optamos por comer hamburguesas. Luego de casi un par de horas volvimos a reunirnos y subimos al auto para seguir con nuestro camino, yo decidí seguir al frente hasta que aguantara, por lo que seguí manejando hacia Cárdenas, Coatzacoalcos y luego tomé la interminable recta de Minatitlán hasta Córdoba. Ahí comencé a sentir cansancio, pero podía continuar un par de horas más, me concentré en el camino y seguí cantando, con lo que me sentí renovado, Valeria me ayudó un poco porque tenía dulces y me ofreció algunos, los que me mantuvieron atento por todo el tiempo que fui el conductor. Pasamos Orizaba y subimos por las cumbres de Maltrata, con sus curvas bastante pronunciadas, ahí ya me fue bastante cansado seguir, aunque no podía parar, por lo que tuve que resistir la última parte y me detuve llegando a la caseta de La Esperanza, ya en Puebla. La noche ya estaba bien entrada y decidí pasar atrás para dormir un rato.

Lápida III de Santa Elena
Julio se encargó del resto del camino a Querétaro, tomó camino a Puebla y luego se desvió por el arco norte en Texmelucan. Teníamos el recuerdo de diciembre, cuando esa carretera la encontramos cerrada y tardamos horas esperando, esta vez no hubo ningún problema. Doblamos en la autopista México-Querétaro y llegamos a esa última ciudad alrededor de las 3 de la mañana, gran parte de ese tiempo estuve dormido. Eduardo bajó sus cosas y entró a su casa para darme un libro que me habían regalado y mandado mediante él, también le regaló uno a cada uno de los demás. Aprovechamos para estirar las piernas un poco, pero no tardamos mucho en salir hacia la Ciudad de México.

Yo estaba por quedarme dormido de nuevo, cuando Julio se orilló en el acotamiento, me dijo que ya no podía mantenerse despierto, por lo que tuve que despabilarme rápido y tomar el volante nuevamente. Me mantuve bien por un buen rato escuchando música y comiendo dulces que todavía traía Valeria, sin embargo me fue imposible frenar el cansancio que ya se había apoderado de mí. Estaba por llegar a la ciudad, ya a unos pocos kilómetros de la caseta de Tepotzotlán, pero decidí parar en una gasolinera para descansar. Julio tampoco se había repuesto, por lo que decidimos dormir un momento ahí. Luego de una hora, el sol comenzaba a salir y salí a comprar un café. Finalmente me sentí despierto para proseguir, por lo que en poco tiempo estábamos entrando a la Ciudad de México. Me dirigí al metro Politécnico, donde nos separaríamos, pero me dijeron que había parado en un sitio de taxis, por lo que me dispuse a regresar un poco en reversa, estaba mirando por el lado izquierdo para no topar con la banqueta cuando sentimos un golpe. Un tipo se estacionó muy salido, por lo que no lo ví por el lado que estaba mirando y no me había fijado por el lado izquierdo ni en la cámara del vehículo, ya que no estoy acostumbrado a ver en la pantalla del panel. El auto de Julio no tenía ningún daño, pero golpeó al otro con el escape y dañó la facia, por lo que tuve que pagar para poder irnos. Pedí un uber hasta mi casa, Ernesto y Valeria se fueron en metro y Julio tomó su auto para ir a su casa. Poco tiempo después terminaba mi recorrido sumamente cansado y casi directo a dormir, a pesar de ser las 7 am. 



lunes, 16 de marzo de 2020

Un mes en Campeche pt. 13. De vuelta a Edzná, playa y recorrido por museos

Gran Acrópolis de Edzná
El 20 de julio me levanté temprano, a pesar de tener un poco de cansancio en las piernas por la caminata del día anterior, salí a hacer otro largo trayecto a pie hasta el aeropuerto. Llegué casi una hora antes de que arribara el vuelo en el que venía Itzel, mi novia, a visitarme unos días (el que como de costumbre estaba retrasado). 

Cuando por fin llegó, salimos a tomar un camión al centro y luego nos dirigimos a dejar sus cosas en la casa donde me hospedaban; en un rato nos preparamos y fuimos a la terminal de autobuses de segunda, donde tomamos el transporte a Seibaplaya. 

Yo no suelo acudir nunca al mar, pero era una ocasión especial. Sabía que las mejores playas de Campeche se encontraban cerca de Ciudad del Carmen, en Isla Aguada o en Sabancuy, pero tomaría mucho tiempo llegar hasta ahí. Por ello que escogimos un punto más cercano que aunque tiene un litoral algo pedregoso, a unos metros de la línea de costa el suelo es de arena fina.
Escalinata jeroglífica en la pequeña acrópolis de Edzná

Ya en el poblado, tomamos un mototaxi a la playa, donde permanecimos algunas horas.

Ya de regreso fue el mismo camino pero al llegar al centro de Seibaplaya todo parecía estar desierto, por fortuna el conductor nos llevó a un lugar donde podíamos comer aunque no había baño y después tuvimos que pedir permiso en una cafetería que aún no terminaba de abrir para poder regresar con un poco más de calma. No encontramos ningún camión así que regresamos en una combi a Campeche y luego fuimos de nueva cuenta a donde me estaba hospedando para llevar las cosas de Itzel y algunas mías al hotel donde ella se quedaría entre el centro y la universidad, ahí me quedaría con ella y por unos días fue más fácil llegar a cualquier parte.

Al día siguiente me puse de acuerdo con Wilberth para visitar Edzná por la tarde, justo antes del cierre, cuando los turistas ya se hubieran ido casi en su totalidad. Salimos a desayunar al centro pero luego el tremendo calor que hizo aquel día nos obligó a quedarnos en el hotel hasta la hora de ir a tomar la combi al sitio.
Palacio de los 5 pisos

Tardamos mucho esperando pero pudimos subir al último transporte del día, cuando llegamos a Edzná, el custodio, visiblemente molesto, reclamó que el conductor nos hubiera llevado sin advertirnos que no encontraríamos transporte de regreso a esa hora, pero yo le dije que Wilberth estaba esperándonos (él es guía oficial en el sitio) y entonces se calmó y nos dijo que pasáramos.

Nuestro recorrido fue muy tranquilo y con un poco menos de calor que en el horario más habitual, nuevamente pasamos por casi todo el sitio abierto al público exceptuando el grupo de la vieja hechicera. 

La luz vespertina provocó que las escalinatas jeroglíficas resaltaran más y el cielo lucía igual o más hermoso que en la ocasión anterior pues estaba cubierto de nubes de distintas tonalidades. Al final del día, Wilberth nos llevó al centro de Campeche en su auto y conocimos a algunos de sus compañeros, así como a la directora del sitio.
Malecón de Campeche

Los siguientes días tuve el curso por la mañana y por la tarde visitamos el pequeño museo de la puerta de Tierra, cuyo tema son los piratas; igualmente fuimos al museo de arquitectura maya del baluarte de la soledad, al museo de la pirateria en plena plaza de armas y al museo de arqueología subacuática; comimos en el mercado y paseamos por el centro.

El último anochecer que pasamos juntos fuimos al malecón y estuvimos ahí observando el sol ocultarse en el horizonte, el viento era muy fuerte pero el mar estaba tranquilo como todos los días que lo vi durante mi estancia. La tarde siguiente dejamos el hotel y fuimos a mi hospedaje a esperar la hora para ir al aeropuerto; Fernando ya había regresado y se encontraba con Álvaro, así que estuvimos jugando UNO por un rato. Más tarde Itzel y yo nos fuimos en transporte público hasta la terminal aérea.
Con Itzel en el malecón

Cuando ella pasó a la sala de espera yo regresé a mi hospedaje, ya era algo tarde y estaba muy oscuro, temía tener que caminar pero tuve suerte de que al poco tiempo pasó un camión al centro y pude alcanzar también al que iba para la casa donde estábamos. 

Al siguiente día fue la última clase en la universidad, pero aún nos faltaba realizar un recorrido programado y teníamos algo especial para el final de nuestra estancia.

domingo, 8 de marzo de 2020

Un mes en Campeche Pt. 11. Hecelchakán, Dzotchén y Xkalumkín

Dintel de Xkalumkín
El jueves 18 de julio se llevó a cabo uno de los dos recorridos que estaban programados para el curso de lengua maya. Nos reunimos en la UACAM y subimos a uno de sus autobuses para dirigirnos a Hecelchakán; ahí pasamos a desayunar los famosos tacos de cochinita del centro y luego nos ofrecieron una visita guiada en el Museo de Arqueología Maya del Camino Real, el cual había visitado algún tiempo antes.

Antes de seguir el recorrido, algunos de nosotros pasamos al mercado, donde compré pitahayas, fruta que estaba en temporada y que prácticamente todas las semanas reabastecía debido a que nunca antes había estado en Campeche en la época en que abunda y me había encantado su sabor.

Subimos de nueva cuenta al autobús y hubo un pequeño percance en el que debido al poco espacio para salir y al retroceder un poco, el camión golpeó a un taxi y tuvimos que esperar un rato mientras el conductor llegaba a un arreglo para podernos retirar.
Palacio de los cilindros

La siguiente parada fue en el cercano pueblo de Dzotchén; ahí visitamos una primaria bilingüe donde hubo algunos juegos, recorrimos el casco de la exhacienda que se encuentra en el centro y nos ofrecieron una comida con tamales, incluso cosecharon una sandía que tenían en su huerto para compartirla con nosotros. Ahí tenía ganas de ir a visitar a Don Mariano, quien me había guiado junto con Julio al sitio de Chelemí y a algunas estructuras mayas dentro de Dzotchén pero no tuve tiempo.

Ya por la tarde subimos de nueva cuenta al autobús, aunque algunos de mis compañeros seguían en la primaria y parecían no querer irse, hasta que pasamos frente a la primaria y después de un rato pudimos seguir hacia Xkalumkín, un sitio maya que yo ya conocía pero que iba a aprovechar para sacar fotografías pues las que tenía del 2013 fueron tomadas con una cámara muy austera y la que llevaba ahora era mucho mejor.
Grupo de la serie inicial

Cuando llegamos pude ver que en la entrada habían colocado varios monumentos con grabados que no recordaba haber visto antes, entre ellos estelas, dinteles o jambas y columnas. Asimismo bajo un pequeño techo seguían las piezas procedentes del sitio cercano de Xcombec, que había visto junto con Julio en el 2013. 

Como suele ocurrir cuando hay mucha gente, y ya que mi rodilla estaba casi completamente restablecida, decidí adelantarme para tomar fotografías sin personas, aún así me sorprendió que me encontré con varias familias locales que estaban paseando por todo el sitio abierto al público y tuve que esperar varias veces para poder realizar las tomas que quería.

Primero llegué al palacio de los cilindros, el cual tiene una escalinata volada que lleva a su parte superior aunque no se observan restos de habitaciones en la planta alta, el friso está decorado con columnillas que le dan su nombre.
Edificio del cerrito

El siguiente conjunto fue una plaza rodeada por montículos destruidos, pero ahí pude ver los restos de una fachada entre el escombro. Un poco más allá llegué al grupo de la serie inicial, donde había un edificio que tenía glifos alrededor de su entrada principal, por desgracia ya no se encuentran ahí pero se pueden apreciar en el Museo de la Arquitectura Maya del Baluarte de la Soledad en Campeche, Campeche. 

Desde ahí me encontré con algunos compañeros que se habían adelantado también y seguimos el recorrido juntos. Pasamos por un cenote ya seco y finalmente llegamos al edificio del dintel, el cual solo conserva parte de la fachada. Desde ahí se ven grandes plataformas con restos de arquitectura en su parte alta, sin embargo se encuentran fuera del área abierta al público y la maleza hace que sea casi imposible acercarse; por otro lado se puede tener una idea de que el sitio es mucho más grande de lo que parece y estaba distribuido tanto en la planicie como en los cerros que la rodean.
Vista hacia el norte del sitio

Ya yendo de regreso a la entrada, Fernando y yo subimos al edificio que se encuentra sobre un pequeño cerro, el cual también tenía una escalinata volada que permitía subir a su parte alta, aunque al igual que el palacio de los cilindros no se observan cuartos ahí. Una vez arriba nos dimos cuenta de que la cima del pequeño cerrito seguía hacia la parte trasera del edificio y vimos algunos restos de paredes justo al borde de la elevación. Decidimos ir a ver a pesar de la maleza y la piedra suelta que cubría todo y dificultaba bastante caminar, cuando estábamos por llegar hasta los vestigios, nuestra compañera Zeltzin nos alcanzó en la cima y quiso pasar con nosotros; solo pudimos ver como una piedra, que ya se había rodado cuando yo pasé, se deslizó por completo y provocó que ella cayera dando incluso una rotación que hizo que pareciera desde donde estábamos que había caído de cabeza. Regresamos preocupados a ayudarle y vimos que se había raspado la rodilla, algo mucho más leve que lo que me imaginé al ver su caída pero aún así la sangre comenzó a escurrir por su pierna.

Luego de bajar nos dirigimos al autobús, donde casi nadie más se encontraba, Zeltzin se dirigió a limpiar su herida y por fortuna encontré entre mis cosas una pequeña botella de alcohol en gel que ayudó a que no se le infectara. A los pocos días su rodilla ya estaba mucho mejor. 

Regresamos a Campeche cuando ya había caído la noche, al día siguiente (viernes) no tendríamos curso, algo muy conveniente para mí pues sería el día de mi cumpleaños y quería pasarlo en algún sitio maya.

viernes, 14 de febrero de 2020

Un mes en Campeche, pt. 3. Edzná y Museo de la Arquitectura Maya

Templo de los 5 pisos
El domingo 30 de junio nuestro anfitrión Álvaro nos invitó a recorrer Edzná junto con él y Dimitri, a quien conocimos aquel día y que amablemente nos llevó en su auto. 

Salimos por la mañana y luego de menos de una hora llegamos a uno de mis sitios mayas favoritos, con el que cerré mi primer viaje en solitario en el 2012 y al que regresé menos de un año después en compañía de mi amigo Julio y sus padres. Desde entonces no había estado ahí y en ese tiempo hubo algunos trabajos que no había visto, como la liberación total del templo de los 5 pisos y la restauración de estructuras cercanas al Nohochná.

Entramos directamente al grupo principal del sitio y pasamos por el patio de los embajadores y la plataforma de los cuchillos, Álvaro nos contó que había tenido la oportunidad de hacer algunos trabajos con sus compañeros de antropología de la UACAM en esa área. 
Templo del sur

Subimos a la plataforma de la gran acrópolis y estuvimos ahí un largo rato que aproveché para tomar fotografías de detalles que antes no había apreciado. El templo de los 5 pisos se convirtió en mi principal objetivo ya que de un momento a otro las nubes crearon cuadros espectaculares que no podía dejar de mirar.

Pasamos por el juego de pelota y el templo del sur y luego nos dirigimos a la estructura de los mascarones, los cuales son más pequeños que los de otros sitios que he visto pero se encuentran muy bien conservados.

Llegamos a la pequeña acrópolis y ahí me di cuenta de que la estructura principal del conjunto tenía una escalinata jeroglífica similar a la del palacio de los 5 pisos pero un poco más tosca y posiblemente desordenada. aparentando haber sido reutilizada de algún edificio más antiguo.
La vieja hechicera

Nuestro siguiente punto a visitar fue la larga estructura llamada Nohochná "casa grande", que tiene una vista privilegiada de la gran acrópolis. Detrás de ella vimos una bonita estructura que estaba en plena restauración 6 años atrás y que ahora veía con los trabajos finalizados, me sorprendió que Dimitri me dijera que habiendo estado bastantes veces en Edzná, nunca supo de la existencia de este edificio.

Finalizamos haciendo la caminata de 800 metros hasta el grupo de la vieja hechicera, cuyo edificio principal tiene solamente el primer cuerpo libre de vegetación, aunque el templo superior se encuentra restaurado y oculto por los árboles que crecen sobre el basamento.

Regresamos a Campeche y al día siguiente comenzó el curso de lengua maya, únicamente teníamos clase de 9 am a 1 pm y el resto del tiempo estuvimos libres. Nos pasábamos buena parte de las tardes entre semana meciéndonos en las hamacas o comprando víveres.
Máscara de jade procedente de Calakmul

Después del primer martes de clase y antes de regresar a nuestro alojamiento, Fernando y yo fuimos al centro de la ciudad a visitar el Museo de la Arquitectura Maya, ubicado en el baluarte de la Soledad. 

En mis anteriores visitas no había podido visitar ningún museo así que tenía mucho interés en ir a todos los que pudiera aunque el del fuerte de San Miguel para mi mala suerte se encontraba cerrado por remodelación.

El Museo de la Arquitectura Maya es un poco pequeño pero muy interesante; en su acervo tiene numerosos monumentos y fragmentos arquitectónicos procedentes de todo el estado, divididos en salas que muestran las regiones Chenes, Puuc, Río Bec y Petén. 

La principal atracción fue la recientemente inaugurada sala explicativa que fue habilitada para presentar una impresionante máscara de jade procedente de Calakmul. Toda la museografía y en especial la de esta última sala es espectacular, quedé sorprendido gratamente por los recintos campechanos.


viernes, 22 de junio de 2018

Viaje por Veracruz y Puebla. Parte 6. Xiutetelco

Primera estructura
Pasamos la ciudad de Xalapa y seguimos por la autopista hasta Perote, prácticamente no encontramos autos que fueran en el mismo sentido que nosotros pues en aquél camino el peaje es carísimo. Salimos con rumbo a la sierra de Puebla y poco a poco fuimos encontrando un paisaje más boscoso y abrupto que destacaba por su verdor y por su gran belleza. Luego de pasar algunas poblaciones llegamos a nuestra siguiente parada: Xiutetelco, donde existen estructuras prehispánicas entre las casas actuales.

Luego de algunas curvas pronunciadas dejamos el carro estacionado junto a la carretera y caminamos una cuadra para encontrarnos con el primer edificio antiguo del lugar, se trata de un basamento piramidal rectangular que tenía 4 o 5 cuerpos bien distinguibles y al cual subimos luego de pasar por una pequeña entrada a pie de calle.
Vista desde la primer estructura

En el centro de la cima se encuentra un fragmento de prisma basáltico puesto a manera de estela, algo muy particular que nunca habíamos visto en otra parte; prácticamente todo el lugar se podía ver desde ahí y hacia el lado contrario se dibujaba el cerro cabezón de Tlatlauquitepec con su peculiar forma. Divisamos dos basamentos piramidales grandes y algunos más muy destruidos y con construcciones encima.

Bajamos por el mismo lugar por el que habíamos llegado y nos dirigimos a la plaza central del pueblo, a la que llegamos luego de pasar una gran curva; en una esquina se encontraba otra estructura prehispánica más dañada que la anterior y que en su cima tiene un campanario moderno, preguntamos por el museo comunitario y nos señalaron un edificio frente al palacio municipal, hacia allá nos dirigimos luego de subir a la estructura y mirar el campanario más de cerca.
Centro de Xiutetelco

Nos sorprendió que el recinto tuviera 4 salas, esperábamos una sola. La primera parte eran una serie de fósiles marinos que incluían conchas, caracoles y una especie de langostino; en la parte arqueológica quedamos muy decepcionados pues a pesar de que el lugar presentaba piezas que supuestamente eran de varias culturas como la olmeca, teotihuacana, tolteca y maya, pudimos notar por el estilo que tenían que casi la totalidad de ellas eran falsas aunque el encargado se empeñara en decir lo contrario (algo que ninguno de nosotros intentó discutir). Incluso había un apartado de supuestas piezas mayas que mostraban grotescas representaciones de extraterrestres que nada tenían que ver con la estética de dicha cultura; me pareció sumamente lamentable que un museo comunitario tan grande como éste mostrara éstas cosas y lo único valioso que encontramos fueron fotografías históricas de Xiutetelco que dejaban ver que el sitio había estado casi intacto en la década de los 60 y que ahora había sido arrazado casi en su totalidad.
Capilla recientemente construida sobre una estructura

Salimos de ahí con una sensación de disgusto y regresamos al carro pasando por el mercado donde nos encontramos con un puesto en el que estaban calentando tamales sobre un gran comal, decidimos parar a desayunar ahí pues no habíamos comido nada hasta entonces. Mientras degustábamos nuestra rica comida pasó una buena cantidad de gente apoyando a un candidato a algún puesto de elección popular e incluso nos regalaron gorras y el aludido nos saludó aunque visiblemente no éramos oriundos del lugar; nosotros les seguimos la corriente aunque no simpatizábamos para nada con el partido político que lo postulaba y decidimos guardar las gorras entre las curiosidades que solemos guardar de los viajes como boletos y folletos varios.
Vista desde la tercer estructura

Fuimos por el carro y nos dirigimos al último montículo grande del poblado, éste tenía una capilla en la cima y unas escaleras que rodeaban el cuerpo del edificio prehispánico hasta la parte alta. Ahí nos llevamos el último disgusto del lugar pues nos dimos cuenta que una explanada construida ahí arriba sobresalía del borde del montículo y tenía unas burdas columnas de concreto que sostenían el extremo a modo de balcón y se hundían en las entrañas del antiguo edificio, todo ello de manufactura muy reciente; para rematar la fea capilla con un mínimo espacio interno ostentaba un letrero con unas letras muy mal proporcionadas que decía "obra autorizada por el centro Inah Puebla". 

Nos fuimos de Xiutetelco con un terrible sabor de boca por la pésima labor arqueológica, de conservación y de difusión que se ha llevado a cabo ahí.