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miércoles, 12 de febrero de 2020

Un mes en Campeche, pt. 2. Nohochná y Bacalar, Quintana Roo

Lado poniente de la estructura de Nohochná
Al día siguiente (29 de julio), tomamos nuestras cosas y subimos a un camión que nos llevó a Nicolás Bravo, ya en Quintana Roo. Cuando llegamos eran alrededor de las 8 de la mañana y lo primero que hicimos fue entrar en una pequeña fonda y pedir permiso para dejar nuestro equipaje, para más tarde regresar y comer ahí mismo. 

Dejamos todo excepto agua, celulares, cámara y machetes. Caminamos por un rato siguiendo la carretera y luego dimos vuelta en un camino de terracería. Por un buen rato seguimos recto y pasamos entre una cantidad impresionante de montículos. Toda la zona estaba dividida en espacios rodeados por empalizadas que contenían una pequeña plataforma que posiblemente sostuvo alguna vez las antiguas casas; podíamos darnos una idea de la enorme extensión que tuvo el sitio de Nicolás Bravo (el cual yo visité dos años antes), ya que estos conjuntos estaban uno tras otro y de cuando en cuando aparecían estructuras más grandes que posiblemente fueran públicas, aunque estaban completamente destruidas y no podíamos apreciar sus características.
Lado oriental de Nohochná

Estuve revisando nuestra posición gracias al gps del celular de Fernando y mi brújula. Nos aproximábamos a un punto donde debíamos tomar otro camino cuando vimos que una camioneta venía hacia nosotros, luego se detuvo mientras sus dos ocupantes nos saludaban y preguntaban a dónde íbamos; les respondí que buscaba el sitio de Plazuelas (como lo conocen en la zona) y amablemente nos dieron indicaciones.

Dimos vuelta en la entrada a un rancho y ahí nos encontramos con otro señor, el cual nos dijo que el camino que llevaba al sitio estaba ya desaparecido, no se usaba desde hacía muchos años, incluso una alambrada lo cruzaba justo en su inicio; sin embargo indicó que era posible llegar si lográbamos distinguir la zona por donde se pasaba anteriormente. Nos acompañó hasta el final de su terreno y de ahí seguimos por un campo un tanto complicado.
Lado poniente de Nohochná

La zona parecía haber sido quemada recientemente pero estaba llena de arbustos secos que parecían haber sido sembrados regularmente, a parte de eso no había hierbas ni pastos altos. Me fue imposible distinguir el viejo camino pero se podía pasar sin mucho trabajo a campo traviesa; nos olvidamos del sendero y nos guiamos con la brújula, verificando cada cierto tiempo la posición en el celular de Fernando. La mayor dificultad fue cruzar dos pequeños manchones de selva, pero luego de ello pudimos ver a la distancia la gran estructura que habíamos ido a buscar. El sitio había sido descubierto por Maurice de Perigny a inicios del siglo XX y no ha sido visitado casi por ningún especialista en todo ese tiempo. Su descubridor le llamó Nohochná, "la casa grande". Mis amigos Julio y Eduardo llegaron ahí meses antes pero les costó demasiado trabajo pues la maleza estaba sumamente alta y entraron por el lado contrario al nuestro, donde había más manchones de selva.
Estructura de Nohochná

Llegamos por el frente del único edificio con arquitectura visible del lugar; en un primer momento no distinguimos anda más que los restos de alguna habitación muy dañada. Al dar vuelta por el lado sur pudimos ver la parte trasera, la cual es única: se distinguía una gran torre al centro con aposentos a cada lado; dicha torre tenía las típicas escalinatas simuladas del estilo Río Bec, pero en una disposición inusitada pues había tres de ellas sobre el mismo cuerpo, el cual era sumamente ancho y que casi seguramente soportaba tres templos simulados, cada uno sobre las hileras verticales de escaleras, con el central en una posición más prominente que los otros dos. Una gran parte de la pared había caido o estaba en serio riesgo de colapso pero se podía apreciar lo suficiente para darse una idea de la apariencia antigua del edificio.

Hacía un calor tremendo pues aunque hubiera nubes el sol caía a plomo, no pasamos mucho tiempo apreciando la torre porque no había ninguna sombra. Pasamos al frente del edificio y nos sentamos bajo su cobijo a descansar por un rato, llevábamos ya más de 8 km recorridos sin parar.
Nohochná

Después de recuperar el aliento, me puse a observar el edificio para tratar de comprender su disposición tan rara. Pude ver que por lo menos hubo dos pisos de habitaciones que estaban comunicados por pasajes internos con escaleras estrechas, las cuales permitían también llegar al nivel superior de la torre, que tenía las mismas escalinatas simuladas que en su lado trasero. Sin duda se trataba de un edificio sin par y sumamente complejo, pero se estaba desmoronando rápidamente, los muros prácticamente se estaban pulverizando y en poco tiempo no quedarán más que escombros.
Bacalar

Subimos a una de las entradas de los pasajes internos, éste se distinguía claramente desde afuera por ser una cavidad abovedada que conducía quizá a habitaciones del segundo piso ya completamente desaparecidas. Llevaba a una estrecha escalera que bajaba y se internaba en la estructura, más adelante giraba a la izquierda y desembocaba en un recinto más amplio que según mis amigos tenía un hueco en el suelo que dejaba al descubierto a lo que pudo haber sido una tumba saqueada. Nosotros no pudimos pasar hasta ahí porque al aproximarnos comenzamos a escuchar un fuerte ruido que parecía el de muchas aves gritando. Había algo extraño porque el sonido era muy monótono, parecía mantenerse siempre al mismo volumen y variando regularmente. El desconcierto fue grande y tuve temor de encontrarme con fauna peligrosa, por ello decidimos salir. Días más tarde alguien me mostró por internet un vídeo en el que una cucaracha gigante hacía un ruido idéntico...
Bacalar

Después de un rato decidimos emprender el regreso por el lado contrario al que usamos para entrar; en poco tiempo nos encontramos con varios jóvenes que estaban quemando forraje, uno de ellos nos acompañó hasta un camino de terracería y gracias a ello evitamos un difícil cruce por la selva. A partir de ahí solo tuvimos que caminar recto, aunque el camino fue cada vez más arduo por el calor que aumentaba al paso de los minutos y por la acumulación de distancia que llegó a los 17 o 18 km.

Regresamos a la fonda y desayunamos con avidez. Nos apresuramos a alcanzar una combi a Chetumal y una vez en la terminal solo nos cambiamos a otra que iba a Bacalar, lugar que yo no conocía y que Fernando quería visitar.

Bajamos sobre la carretera y luego de caminar un rato decidimos entrar a uno de los balnearios públicos. Bacalar no necesita presentación, quedamos encantados por la belleza de la laguna y sobre todo por la calidez de las aguas, la cual ayudó a que nuestras piernas cansadas se reconfortaran rápidamente. 

Visitamos el fuerte y tuvimos problemas para encontrar un lugar donde comer porque ya era un poco tarde, empezó a llover antes de eso y terminamos bastante mojados. Luego quedamos atrapados en el negocio de comida por un fuerte aguacero que no duró más de media hora.

Debíamos regresar por la mañana a Campeche y eso fue muy complicado porque no encontramos transporte a Xpujil. Finalmente decidimos tomar un autobús a Chetumal, esperamos 3 horas ahí y luego pudimos llegar ya muy tarde a nuestro punto de partida del día. Nuevamente tuvimos que aguardar bastante hasta las 4 de la mañana y entonces tomamos el autobús que llevaba a Campeche cruzando los Chenes. Antes del medio día habíamos regresado.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 12. Vuelta a Nicolás Bravo

Pasaje en la torre
Nuestro siguiente punto a visitar después de Kohunlich fue Nicolás Bravo, yo había estado ahí dias antes con Adriana Leurette, vimos un solo edificio y esperamos a Ernesto para dirigirnos a 20 de noviembre; Carlos también había recorrido el lugar aunque existían aún secciones que no conocía. Ésta vez queríamos recorrer todo lo que fuera posible antes de que el sol se metiera; el sitio es muy disperso al igual que Río Bec, contiene una cantidad enorme de edificios como pudimos comprobar y al parecer estuvo poblado desde inicios del clásico o finales del preclásico y hasta el año 900 o 1000 d.C probablemente. 

A diferencia de otros sitios del estilo regional, aquí pudimos apreciar incluso antes de visitarlo que existían conjuntos de gran tamaño que indicaban arquitectura más propia del estilo del Petén. Yo había visualizado en fotografías de satélite un gran cuadrángulo en la parte norte del lugar y hacia allá nos dirigimos. Pasamos por una carretera secundaria y a ambos lados pudimos distinguir montículos de diversos tamaños que indicaban la presencia de grupos de Nicolás Bravo, incluso algunos fueron partidos al construir el camino y se apreciaba la piedra de relleno. También observamos algunos ranchos que contenían edificios e incluso uno junto a una casa al cual parecía le habían sacado bastante piedra para construcciones modernas.
Cima de la torre

Dimos vuelta en la entrada hacia algún sembradío y dejamos el auto, caminamos por una terracería que indicaba por la vegetación crecida que no se usaba muy seguido. A nuestros lados comenzamos a apreciar las siluetas de estructuras muy grandes reducidas a montones de piedra, más adelante nos encontramos con un campo que parecía abandonado y giramos un poco al norte, ahí yo sabía que estábamos a pocos metros de la esquina del cuadrángulo que había observado pero la selva sumamente cerrada no permitía que vieramos nada. Avanzamos y rodeamos toda un área arbolada que contenía las construcciones visibles en el satélite pero era impenetrable hasta que por fín y cuando estábamos por desistir, encontramos un pequeño sendero que entraba hacia donde debían haber edificios.
Vista desde la torre

La sorpresa fue mayúscula, llegamos a la base de una estructura gigantesca, uno de los mayores montículos que haya visto jamás en algún sitio cerrado al público. Yo me animé a subir hasta su cima y calculé que tenía más de 30 metros de altura pues por más que ascendía parecía no llegar al final. En ninguna parte se distinguía algún resto de muro o arquitectura expuesta pero indudablemente era una estructura prehispánica por el tipo de piedra que la formaba. Desde el punto más alto a penas podía ver entre el follaje de los grandes árboles que cubrían el área, sin embargo pude distinguir al frente y al costado izquierdo de donde me encontraba otras estructuras enormes que incluso podían superar en altura a ésta en la que me encontraba. Del lado derecho era imposible ver algo pero deduje que ahí se encontraba un cuarto edificio que cerraba una plaza de forma rectangular a la que debieron apuntar todas las voluminosas construcciones del área. Debido a la poca visibilidad, aunada a la dificultad para pasar entre la maleza y la falta de restos arquitectónicos, los demás decidieron no subir y nos dirigimos hacia un peculiar edificio que es por mucho el mejor conservado de Nicolás Bravo.

Torre de Nicolás Bravo

Regresamos un poco sobre el camino por el que habíamos llegado hasta que distinguimos una elevación entre una gran cantidad de vegetación sumamente crecida, dejamos el auto y Paola nos esperó ahí. Carlos, Ernesto y yo nos dirigimos al montículo con los dos machetes que llevábamos y a pesar de que la distancia no sería mayor a 50 metros, fue uno de los trayectos más difíciles que haya recorrido. Se trataba de un pequeño llano totalmente cubierto de zacate muy alto, con más de 2 metros y algunos arbustos y plantas espinosas. Carlos y yo nos rotamos al frente para ir cortando pero parecía que al dar un machetazo aún más plantas rebotaban para volver a cubrir el sendero que íbamos abriendo y no dejarnos pasar. Con un gran esfuerzo llegamos a la base de la estructura y notamos que sus piedras de construcción estaban totalmente expuestas, pues sobre él no crecían tantas plantas como alrededor, sin embargo fue un poco decepcionante pues la tremenda inclinación nos imposibilitó trepar y un montón de ramas muy gruesas como para cortarlas con el machete cubrían el único camino que teníamos y también dejaban fuera de nuestro alcance una apertura en el muro que indicaba la presencia de un pasaje interno en el edificio. Tuvimos que bajar y rodear la base para poder intentar subir por otro costado, ésta vez lo logramos pero con gran peligro de resbalar y caer hasta la parte más baja, pues el talud era de vértigo.
Parte alta de la torre

Ya Eduardo nos había dicho antes la naturaleza de ésta estructura: se trataba de una única torre de estilo Río Bec, algo muy extraño que él no había visto en ningún otro lugar, nosotros horas antes ya habíamos observado otra construcción parecida en Mirador Chico. Sin embargo, ésta torre era más alta y mucho más compleja que la anterior, cosa que comprobamos con gran emoción al llegar finalmente a la parte alta.

Tendría esta estructura alrededor de 10 metros de altura, y unos 3 por debajo de la cima nos encontramos con una nueva apertura que daba a una delgada escalinata interna que bajaba, no entramos en ella de inmediato pues queríamos subir al punto más alto, así que trepamos por un costado, fue bastante difícil pero finalmente conseguimos llegar.
Pasaje interno

En la parte alta me encontré con la entrada a otro pasaje que comenzaba justo en la cima y bajaba hasta cubrirse con una bóveda muy delgada, luego de algunos metros descendiendo se unía formando una T a otro pasillo igualmente delgado  que se extendía hacia ambos lados para llegar a dos aperturas en los costados contrarios del edificio. Éste par estaban a la misma altura y llegaban a una especie de pequeña terraza, me asomé y vi que Carlos estaba en algún punto más bajo, supe que había llegado entrando por el segundo pasaje que encontramos al llegar al edificio. Ésta entrada también se encontraba a la altura de la terraza donde yo estaba y pude llegar a ella muy fácilmente, así entré y pude ver que éste llevaba a otra serie de pasadizos que pasaban junto a los anteriores sin comunicarse entre sí por dentro de la torre, bajaba también hasta unirse en forma de cruz con dos pasajes que descendían, uno de ellos bloqueado. Un tercer pasillo llevaba a la entrada más grande de todas las que apreciamos y que era donde Carlos estaba parado cuando lo ví desde arriba. Un gran arco maya se abría hacia la parte externa del edificio y desde ahí un sendero mucho más ligero que lo que habíamos recorrido para subir comenzaba, si ésta era parte de la fachada de la torre, debió ser sumamente impresionante y una vista única entre todas las estructuras mayas conocidas. En lugar de que hubiera una escalinata saliente que llevara a la parte alta, se accedía entrando por esa gran apertura y subiendo por los estrechos pasajes internos.
Torre de Nicolás Bravo entre la maleza

Todavía quedaba el pasaje más largo por explorar, era el último de los cuatro que formaban la cruz por la que pasé, no me atreví a entrar cuando lo ví pues era un pasillo que seguía descendiendo en total oscuridad y yo no traía conmigo ninguna lámpara, tuve que ir detrás de Carlos para poder bajar por ahí. Luego de recorrer algunos metros, giramos a la derecha y pudimos ver que ahí estaba la primer entrada que vimos y a la que no llegamos debido a que estaba obstruida por gran cantidad de ramas, aún el pasillo giraba a la derecha y seguía descendiendo ya cerca del nivel del suelo, pero fue imposible saber hasta donde llevaría pues en ésta parte se encontraba totalmente derrumbado y cubierto de escombro.

Volvimos a salir al gran arco y bajamos por el sendero que ahí comenzaba, dimos un último vistazo a la impresionante estructura que habíamos visitado, el edificio era uno de los más sorprendentes que habíamos podido recorrer y estábamos sumamente satisfechos por haber podido explorarlo.
Estructura tipo Río Bec en el centro de Nicolás Bravo

El regreso al auto fue infinitamente más sencillo que la llegada, el sendero que seguimos daba vuelta y llegaba totalmente limpio hasta el camino justo frente a donde nos esperaba Paola, pero no lo vimos en un principio porque su entrada estaba tapada por carrizos de gran tamaño.

Regresamos al centro del poblado de Nicolás Bravo y ahí nos despedimos de Carlos y de Paola, pues ellos regresarían a Chetumal. Quedamos muy agradecidos con ellos por habernos llevado a cuatro sitios, aunque Carlos aún nos hizo otro favor mostrándonos el camino para otro sitio que visitamos al día siguiente, nuevamente había conocido en persona a un apasionado de los sitios mayas como yo y eso me causa una gran alegría.

Cuando Ernesto y yo nos quedamos solos y antes de volver a Xpujil, donde teníamos ya pagada la noche de hotel, fuimos nuevamente a la estructura a la que había ido con Adriana el día que dejamos al grupo, la cual es un palacio típico del estilo Río Bec, con sus dos torres en los costados. Finalmente tuvimos que tomar taxi pues no encontramos otro transporte y pasamos a cenar antes de retirarnos a descansar. Era ya 30 de enero, al siguiente día recorreríamos los últimos sitios del año.

sábado, 24 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 11. Kohunlich

Estructura "El Rey"
Después de Chakanbakán, seguimos con rumbo a Chetumal y pasando Nicolás Bravo nos desviamos hacia Kohunlich; éste sitio había sido muy elusivo para mí pues nunca había podido visitarlo a pesar de haber pasado varias veces por sus cercanías: falta de tiempo, inundaciones y hasta un derrumbe me impidieron llegar hasta ahí. Ahora finalmente y gracias a Carlos y a Ernesto, que me permitieron incluirlo en el recorrido a pesar de que ya lo conocían, llegué a él y pude recorrerlo.

Carlos pensaba ir con su novia a Kinichná y luego regresar, así que nos dejó a Ernesto y a mí en la caseta de ingreso y así comenzamos con bastante calma el camino por el sitio. Kohunlich es raro hasta en el nombre, puesto que deriva del inglés y no del maya; al parecer es una forma viciada de decir "Cahun Ridge" o lomerío de corozos.
Acrópolis

Llegamos primero a una amplia explanada y a nuestra derecha vimos una gran estructura llamada "el rey", a nuestra izquierda había una unidad residencial y la acrópolis del sitio, la cual es una gran plataforma que soporta una serie de palacios. Desde ahí ya pudimos apreciar la extraña arquitectura del lugar, pues no se parece a ningún otro sitio que haya visitado y tiene su estilo propio; el único razgo familiar que pude observar fueron unas columnas empotradas a las jambas de las entradas, de un tipo que había visto solamente en fotografías que me había mostrado mi amigo Eduardo de un remoto sitio llamado Channá, en el sur de Campeche. Aquí las estructuras tenían escalinatas con poca inclinación, más parecidas a rampas, puertas muy anchas y con las mencionadas columnas empotradas y habitaciones amplias, cosas que no se encuentran en las cercanías.
Palacio de las estelas

La acrópolis tiene un patio en la parte superior, a donde convergen las habitaciones de los palacios que sostiene, ahora que no tienen techo y únicamente conservan parte de los muros, forman una traza que parece un laberinto. La planta del edificio es irregular y únicamente tiene acceso al sur, en todos los demás lados únicamente hay un gran muro de contensión casi totalmente vertical que se eleva desde la plaza principal del lugar.

Después de bajar de ahí, rodeamos el muro y llegamos a un patio muy extenso que en su lado norte tiene un edificio con parte del techo en su lugar y es llamado el palacio de las estelas, éste tiene al igual que la acrópolis unas puertas muy anchas y también muestra una sección de crestería bastante tosca y maciza sobre su techo que se ve parecida a las que se encuentran en Tikal, aunque la amplitud de espacios aparenta formar una combinación imposible, pues no parece que los muros puedan sostener algo tan masivo.
Templo de los mascarones

Frente al templo y al centro de su pequeña escalinata se encuentran tres estelas en pie y alineadas; la piedra en las tres se ve muy irregular, por lo que parece que están sumamente deterioradas, tenían un recubrimiento de estuco que ha desaparecido o eran monumentos muy rudos que más bien parecen estalagmitas; ninguna figura labrada se distingue en ellas.

Más allá nos encontramos con un patio que estaba bajo el nivel de las plazas que habíamos pasado, en sus lados no parecía haber ningún resto de edificios, otro razgo muy extraño que me hizo pensar que si había ahí construcciones debieron ser de madera y techo de palma. Siguiendo hacia el norte comienza un talud natural que está cubierto en parte de árboles, y al acercarnos pudimos ver la estructura más importante de Kohunlich en la parte más alta.
Mascarones del lado este

Nuevamente tuve una sensación de extrañeza, pues siempre me imaginé el templo de los mascarones como un edificio enorme, sin embargo es bastante más pequeño que lo que yo pensaba y no se ve tan impresionante cuando se lo tiene en frente. Lo que si es sumamente impactante son sus grandes mascarones, los cuales tienen aún algunos restos de color (sobre todo rojo) y están casi perfectamente conservados. Se pueden apreciar bien cuatro de ellos de grandes dimensiones y uno más reducido, otro pequeño está cubierto por un muro que colocaron los arqueólogos para protegerlo y al parecer existieron otros dos en el cuerpo más bajo del edificio. Todos están en pares a ambos lados de la escalinata que da acceso al templo superior y representan el rostro estrábico del dios solar K'inich Ahau.

Estuvimos ahí un buen rato yendo de un costado a otro de la escalinata para fotografiar y apreciar los detalles de éstas bellas muestras del arte maya. De pronto nos encontramos con Carlos y su novia Paola, pues desistieron de ir a Kinichná y decidieron mejor entrar a recorrer Kohunlich. Se sorprendieron un poco de que nuestro ritmo había sido muy lento hasta entonces pero a partir de ahí apretamos un poco el paso pues las nubes comenzaban a cerrarse sobre nosotros y parecía que en cualquier momento un aguacero se desataría, lo cual afortunadamente no pasó.
Templo de los mascarones

Bajamos por un costado de la loma donde nos encontrábamos y pasamos por un juego de pelota cuyos taludes no tenían mucho de particular pero si su cancha, que es una de las más anchas que haya visto en cualquier sitio arqueológico.

Más adelante llegamos a la plaza Merwin, la cual está rodeada de palacios, uno de ellos con una escalinata muy larga con grandes escalones, asimismo hay estructuras muy reducidas y con muros casi verticales que parecen cubos con una escalinata que llega a su parte superior, otro razgo bastante peculiar que no había visto en otros lugares exceptuando quizá el grupo Lothrop de Xelhá, muy al norte de donde nos encontrábamos. Seguimos nuestro camino en zig-zag ahora hacia el norte y llegamos a una gran plataforma habitacional.
Estructura en el conjunto de los 27 escalones

El conjunto donde nos encontrábamos lleva por nombre Pixa'an, y es un gran palacio que contiene muchos cuartos que al igual que la acrópolis parecen un laberinto que converge a un patio central. Desde ahí nuevamente giramos hacia el sur y luego a un camino que se alejaba hacia el este; siguiéndolo llegamos al grupo más alejado que está abierto al público: el de los 27 escalones. En un principio nos pareció que el nombre no era correcto pues la escalinata que lleva a lo alto de la plataforma que lo sostiene tiene menos peldaños, pero contando unos muy grandes que más bien parecen rampas sucesivas sumamos los que faltaban.

Éste conjunto también es una serie de palacios que rodean patios y está dividido en dos: el primero sobre una plataforma con aproximadamente 2 metros de alto parece el más importante pues su tamaño es mucho mayor que el del segundo, que se encuentra por debajo del nivel y un poco retirado.

Así terminamos el recorrido y caminamos de regreso a la entrada, yo todavía subí a la estructura "el rey" mientras que Ernesto se adelantaba. La vista desde ahí era muy bella, con algunos edificios sobresaliendo entre las palmas de corozo que dan el nombre al sitio y sobre el pasto que cubre las plazas. Me dirigí a buscar a los demás y ahí se rieron un poco de mí puesto que mi memoria para los autos es pésima y pasé frente al de Carlos, donde ya estaban todos, sin darme cuenta que eran ellos...

domingo, 11 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 7. Dzibanché y Nicolás Bravo

Templo de los dinteles
El último día que estuve con el grupo salimos un poco tarde por aprovechar el desayuno gratis que teníamos en el hostal, pero nuevamente se acumularon retrazos pues nos detuvimos cerca de un banco para que varios del grupo pudieran sacar dinero; cierto es que yo le dejé la dirección del grupo a Quintín y ya iba como un pasajero más, pues estaba bastante desgastado y el día anterior él no había estado; por otro lado Fernando no salió con nosotros, quedándose en Chetumal; Quintín decidió que fuéramos a dejar a una de las chicas a la terminal de autobuses pues debía regresar a la ciudad, sin embargo fuimos a dar al aeropuerto y tuvimos que regresar un poco, después estuvimos esperando un rato pues el padre de la chica la fue a dejar, pero regresaría al autobús para seguir el recorrido. Así salimos rumbo a Dzibanché, pero nuevamente dimos un rodeo pues el autobús tomó el rumbo de Bacalar cuando había que ir hacia Escárcega.
Estructura en la plaza Gann

Finalmente dimos vuelta en la desviación hacia el pueblo de Morocoy y ahí Quintín, quien ha trabajado arqueológicamente en el sitio y los alrededores, bajó a buscar a un señor conocido suyo cuyo nombre se me ha olvidado, que conocía muy bien el lugar y había participado en muchas temporadas de campo pero no lo encontró, por lo que continuamos hacia la entrada de Dzibanché. Éste sitio es enorme y muy importante, estaba conformado por varios grupos de edificios distintos que se encontraban dispersos, los principales son el Dzibanché (donde nos dirigíamos), Kinichná (también abierto al público), Lamay y Tutil. 

Cuando estábamos en la entrada del sitio, el señor que Quintín había ido a buscar nos alcanzó en su camioneta y se ofreció para dar la guía del lugar. Viendo ésto y que el día anterior guié solo en Xunantunich, me sentí libre de recorrer el sitio adelantándome para que no hubiera mucha gente en las fotos, así que me separé del grupo y únicamente Adriana me acompañó pues Ernesto se había quedado en Chetumal para ir a los sitios de Limones, Chacchoben y Oxtankah.
Restos de mascarón en el edificio de los cautivos

Éste lugar lo había querido recorrer desde hacía mucho tiempo, por lo que por fín llegar ahí me puso muy contento; llegamos primero frente al edificio de los dinteles, que fue el que le dio el nombre al lugar, pues Dzibanché significa "escritura en madera" precisamente porque un dintel de chicozapote de ésta estructura tenía una inscripción jeroglífica.

Subimos a la cima de ésta estructura y pude ver que sus cuerpos parecen tener influencia teotihuacana, pues tienen el típico talud-tablero con que se construía en la gran metrópoli del centro de México. También cabe señalar que se cree que en Dzibanché estuvo instalada la importante y poderosa dinastía Kaan (cabeza de serpiente), quienes derrotaron a Tikal a mediados del clásico y que más tarde se mudaron a Calakmul.
Templo de los Cormoranes

Bajamos de éste templo y nos dirigimos a la plaza Gann, nombrada así en honor al descubridor del lugar, el médico Tomas Gann, quien recorrió la zona y gran parte de Belice a inicios del siglo XX. 

En ésta parte del sitio hay una serie de edificios bajos, sin embargo es muy importante pues en uno de ellos se encontró una escalinata jeroglífica que representaba varios cautivos atados y entre las inscripciones se pudo identificar el glifo emblema de los Kanul, lo que confirmó la presencia de la dinastía en Dzibanché. En éste mismo edificio pudimos ver los restos de un mascarón de estuco, aunque muy deteriorado. A los lados hay plataformas que al parecer tenían arriba construcciones palaciegas y del otro lado de la plaza se encuentra el gran templo de los cormoranes, que se llama así por un vaso que se encontró que tenía pintadas aves de ése tipo. 
Costado del templo de los cormoranes

Éste edificio es bastante alto y su arquitectura es peculiar, pues tiene tres arcos que sobresalen en su escalinata de acceso, la cual es muy alta; los cuerpos están construidos en talud-tablero y en uno de sus costados tiene restos de un gran friso estucado y con color que cubría todo el edificio; lo que da una idea de la belleza y complejidad iconográfica que debió haber tenido en sus tiempos de esplendor.

Estuve tomando varias fotos en ésta plaza e incluso el grupo nos alcanzó, aunque nuevamente nos separamos yendo hacia la plaza central o Xibalbá, la cual se encuentra detrás del templo de los cormoranes. Ahí de inmediato pude ver el edificio más famoso del sitio: el llamado templo del Búho, que si no me equivoco tomó su nombre de un plato que ahí se encontró. Dentro de su estructura se encontró una tumba que tenía una escalinata interna que llevaba a ella, lo cual es muy parecido a su contraparte más famosa construida por Pakal en Palenque.
Templo del Búho

Ahí podíamos subir también, así que sin dudarlo ascendimos a la cima. El cielo estaba cargado de nubes pintorescas que hacían que el panorama fuera sumamente bello, nuevamente estaba en un sitio arqueológico cubierto por un cielo hermoso, como ya se había hecho costumbre en otros lugares como La Quemada, Tehuacán Viejo o Ciudad Vieja.

Descendimos a la plaza cuando el grupo nos alcanzaba, pero por tercera vez los dejamos atrás cuando fuimos a la plaza detrás de éste último templo, ahí se encuentra la acrópolis del sitio pero está cerrada al público, por lo que no pudimos subir y únicamente rodeamos la plataforma sobre la cual se ubica. Cuando ya íbamos a dirigirnos a la salida, escuchamos que el señor que iba guiando había conseguido permiso para que pasáramos a la plaza Pom, la cual está en un costado de la dicha acrópolis, así que nos juntamos nuevamente con los demás para ir a ver.
Vista desde el templo del Búho

Ésta plaza es más pequeña que las demás y está rodeada de edificios residenciales con una maraña de habitaciones, una de ellas con restos de decoración pintada en estuco; cuando estábamos ahí unos cuantos monos aulladores estuvieron en un árbol sobre nosotros, por lo que pasamos un rato fotografiándolos mientras se balanceaban de una rama a otra.

Así terminó el recorrido por el grupo Dzibanché, por lo que regresamos a la entrada pasando por detrás del templo de los dinteles. 

Volvimos a subir al autobús y nos dirigimos al grupo Kinichná, distante pocos km de donde estábamos, yo quería ver el grupo Lamay, que se encuentra a un lado del camino al pasar, pero me equivoqué de lado en el asiento y a penas alcancé a dar un pequeño vistazo a aquél conjunto, que está muy cubierto de árboles, pero se distinguen algunas paredes de edificios.
Edificios de la plaza Pom

Cuando llegamos a Kinichná, nuevamente hicimos lo mismo que en Dzibanché; Adriana y yo nos adelantamos al grupo y nos encontramos rápidamente frente a la enorme base de la acrópolis que es el único edificio que se puede visitar en ésta área. 

En la parte baja hay una escalinata muy ancha que tiene escalones altos y gruesos, por lo que es cansado subir, en la parte más alta se encuentra el templo superior, junto con dos pequeños templitos a cada lado que miran hacia el centro, un poco más abajo se forma una explanada que al centro tiene el conjunto más alto y también a cada lado hay plataformas que soportan cada una un templo más grande que los laterales altos pero más pequeño que el superior y al igual que éste último miran hacia el frente del edificio.
Acrópolis de Kinichná

Subimos recorriendo cada nivel de la estructura, el cielo seguía espectacular, por lo que me deleité tomando fotografías; éste edificio era el que más quería visitar en la zona, por lo que en el fondo me encontraba sumamente contento, así llegamos hasta el templo superior y lo rodeamos para ver en su pared trasera una figura de estuco que ahora está ya muy dañada pero que representaba al dios solar K'inich Ahau, lo que dio nombre a éste conjunto arquitectónico, que significa "casa del sol".

Luego de ésta visita, bajamos y pudimos ver que a los lados de la base del edificio también existieron dos grandes mascarones pero ahora es poco lo que se puede apreciar de ellos. Ahí terminamos con la visita del sitio, el itinerario decía que aquél día también iríamos a Kohunlich y Quintín tenía la idea de ir, pero como de costumbre todo fue muy lento y eso no fue posible, era ya bastante tarde para ello y decidimos mejor ir a comer al cercano poblado de Nicolás Bravo.
Vista desde la acrópolis de Kinichná

No tardamos mucho en llegar a destino, pero si tuvimos algunos problemas para encontrar donde comer, pues un lugar donde vendían pollo ya no tenía suficiente para el grupo, después encontramos otra pequeña fonda que servía caldos y tamales, consultamos al grupo y aceptaron aquel menú, por lo que luego de comprar el poco pollo que quedaba, se dirigieron al segundo lugar.

Mientras ésto sucedía, Adriana y yo aprovechamos para caminar unas pocas cuadras y conocer una estructura maya que se encuentra dentro del poblado: se trata de un edificio tipo Río Bec, bastante cubierto de vegetación y rodeado por una malla metálica, pero aún se pueden apreciar las paredes de dos torres que flanquean a una serie de habitaciones colapsadas, de las que quedan solamente los muros traseros. 
Base de la acrópolis de Kinichná

En los alrededores hay muchas más estructuras pero no las visitamos aquel día pues esperábamos a Ernesto, así que alcanzamos a los demás para comer, Fernando había llegado también; al terminar fuimos al autobús por nuestras cosas y para despedirnos; Adriana y yo habíamos de quedarnos ahí, pues seguiríamos nuestro recorrido con Ernesto mientras que el resto del grupo pasaba los días restantes en la laguna de Bacalar y en la playa de Mahahual; ahí ya no se requería de un guía para los sitios arqueológicos, así que antes de comenzar el recorrido ya estaba decidido que en éste punto nos separaríamos. Así terminaba de mi parte aquel viaje en grupo que tantos meses antes habíamos imaginado Neftalí, Fernando y yo, por un momento tuve sentimientos encontrados, se logró hacer el trayecto aún con todos los problemas que pasamos y la ausencia de Nefta, Fernando hizo un buen trabajo con la logística del transporte y los hoteles y junto con Quintín también lograron juntar suficiente gente, gracias a lo cual seguimos adelante, pero por otro lado un itinerario que era perfectamente realizable que diseñé con Neftalí pensando en no ser muy cargado no se había cumplido para nada por los motivos más diversos.
Estructura maya en Nicolás Bravo

Ningún día se había completado, en Palenque no fuimos al museo, la pifia de Yaxchilán con los costros extra en Bonampak, una visita apresuradísima en Aguateca, la mitad del grupo no conoció Yaxhá y los otros no estuvieron en el Remate y no habíamos ido a Altún Ha ni a Kohunlich. Únicamente en Tikal, Dzibanché y Xunantunich habíamos tenido visitas sin apresurarnos y no hubo día en que no pasara disgustos por ver como se iba el tiempo y se imposibilitaba completar lo programado, además de los problemas con los cajeros de Flores y la estresante navidad que pasamos... cosa que jamás antes había pasado en ningún viaje en el que hubiera participado, por lo cual todo el tiempo tuve una sensación desagradable que no desapareció hasta que aquella tarde junto con Adriana bajamos del autobús, entramos a una tienda que estaba en frente y compré un machete, pues de ahora en adelante los sitios a visitar eran mucho más complicados. Vimos al grupo alejarse mientras nosotros tranquilamente nos sentábamos en una especie de parada junto a la carretera a esperar a Ernesto, quien llegó ya cuando había anochecido, ahí estuvimos platicando mientras yo intentaba afilar mi reciente adquisición, cosa que fue imposible pues como después supe, al ser nuevo tenía un recubrimiento muy duro que no dejaba actuar la lima que usaba para tal efecto.

Una vez estuvimos los tres, tomamos un taxi hacia la comunidad de 20 de noviembre, ahí yo había contactado al guía Ezequiel Cahuich, que había hecho arreglos para que al siguiente día llegaramos a un importante sitio cercano. Una vez en el poblado, nos dieron lugar en una casita casi desocupada para poner nuestras tiendas de campaña, también nos prepararon panuchos para la cena y brindamos un poco pues nos esperaba un gran recorrido y después de todo, ya habíamos llegado hasta ahí...