Mostrando entradas con la etiqueta Mirador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mirador. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de junio de 2023

La expedición más esperada: trekking al Mirador. Parte 1: De la Ciudad de México a Flores

Después de más de una década de desear visitar el ya legendario sitio maya de El Mirador y habiendo pasado contratiempos que pospusieron el viaje indefinidamente, incluso después de atravesar una pandemia mundial, finalmente llegó el 30 de marzo de 2023, día elegido para comenzar el viaje que me llevaría de regreso a la selva del Petén, en Guatemala.

Fue un día sumamente largo, tenía ya todo listo para mi partida pero primero me tocó trabajar. El cumpleaños de mi jefa, la Dra. Lourdes se acercaba y ya no la veríamos pronto, así que Romina (mi compañera y amiga) y yo decidimos que le compraríamos un pequeño pastel, siendo yo el designado para pasar a comprarlo antes de llegar. Después de mi parada en el centro comercial, acudí al cubículo donde he pasado ya casi dos años haciendo trabajo arqueológico de gabinete, mi primer empleo formal en el área. Me encontré con la novedad de que, tanto la Dra. como Romina, estaban en la clase que mi jefa imparte los jueves; no quise interrumpir, así que me quedé solo preparando la bibliografía para un artículo que tenemos en preparación.

A medio día Romina salió casi corriendo, ya que tenía un compromiso. Antes de irse pasó a despedirse de mí y a desearme un buen viaje, ella sabía bien cuánto había esperado ese día; más tarde nuestra jefa también salió y le entregué el pastel que compramos poco antes de que también se retirara. Fueron dos alegres despedidas para unas vacaciones de dos semanas, con muchos buenos deseos y abrazos cálidos. No puedo comenzar mi relato sin mencionar que este, mi primer trabajo como arqueólogo, es para mí como vivir en un sueño. Aunque es bastante humilde, alcanzó para que realizara mi viaje: yo nunca había sido feliz con ningún empleo, ahora lo soy y me siento sumamente orgulloso de compartir mi tiempo y aprender de dos personas a quienes quiero y admiro profundamente, y que trabajan tan apasionadamente como yo.

Pero ahí no termina el ensueño en el que vivo todos los días. Yo no me marché de inmediato; Perla, quien me invitó a trabajar en este lugar en primera instancia, y con quien doy algunas clases en la universidad como profesor adjunto, también saldría de viaje, así que me invitó a comer junto con las tesistas de posgrado. Después de un rato de espera, fuimos a un pequeño restaurante de mariscos y brindamos con cerveza. La plática fue muy agradable, nuevamente me sentí muy afortunado de estar ahí... a ambos nos desearon feliz viaje y luego tuve que marcharme con algo de prisa para ir a mi casa por mi equipaje. Además de mi trabajo, convivo con muchas personas interesantes con quienes tengo un trato muy amigable. Si bien la academia es un lugar donde la gente suele destrozarse entre sí, yo no estoy inmerso en ello y he venido a caer en un lugar muy agradable para mí.

Llegué a mi casa algo apresurado, apenas tuve tiempo para acomodar los últimos detalles, revisar las reservaciones de hotel y despedirme de mi papá. Dejé un tremendo desorden en mi cuarto, el cual no volvería a ver en 11 días.

No quise gastar en taxi, tendría que ahorrar todo lo posible para más tarde, así que anduve en camión para ir a encontrarme con mi amigo Jorge, quien manejaría todo el camino hasta Flores, el punto de encuentro con todo el grupo que realizaría el trekking. Esperé un poco a que saliera de su trabajo y de ahí nos dirigimos en su auto hasta su casa, donde ya nos esperaba Nath, su novia, que también iría con nosotros al viaje.

Estuvimos viendo un rato la televisión, pero había que dormir algunas horas, por lo que nos fuimos a acostar temprano, habiéndonos enterado de que Ernesto, otro de los participantes del viaje, había salido ya en autobús rumbo a Villahermosa. Yo ansiaba darle alcance, aunque teníamos que esperar aún algunas horas.

Poco después de las 2 de la mañana, Adriana, la cuarta de las participantes del viaje que viajaría en el auto de Jorge con nosotros, nos mandó mensaje diciendo que ya estaba por llegar donde nos encontrábamos. Edson, su novio y compañero nuestro en viejos proyectos, la había llevado en carro; conversamos un poco y acomodamos todo para salir a comenzar el viaje. Nos despedimos de Edson y tomamos rumbo primero hacia Tlalpan, había que pasar a recoger a Rosa, la última ocupante del auto para completar las 5 plazas. Ella es amiga de Jorge; Adriana y yo no la conocíamos hasta entonces, y había sido la última de todo el grupo del trekking que se agregó al viaje, apenas un par de días antes. Una afortunada adición, ya que disfrutó bastante el recorrido y fue una compañera agradable y entusiasta.

Finalmente tomábamos rumbo hacia Flores, en Guatemala. No podía creer que estuviera pasando por fin y pasé casi todo el tiempo mirando el paisaje y platicando. Siempre me gusta manejar, pero Jorge jamás soltaría el volante de su auto y aguantó muy bien todo el trayecto. Tomamos la salida a Puebla, atravesamos esa ciudad y seguimos hasta las Cumbres de Maltrata, las cuales estaban libres de neblina, lo que hizo bastante sencillo su cruce. Más tarde, en La Tinaja, tomamos la desviación hacia Coatzacoalcos y justo ahí nos alcanzó el amanecer. Ese tramo siempre me da sueño, así que, como buen pasajero, me quedé dormido por única ocasión en el trayecto. Desperté cerca de Acayucan y no volví a pegar los ojos, ahí Jorge llamó a Ernesto, quien nos dijo que estaba por llegar a Villahermosa, a pesar de tener muchas horas de ventaja estábamos por alcanzarlo.

Más adelante tomamos rumbo a también a Villahermosa, la cual evitamos mediante su libramiento; avanzamos hacia Catazajá y después dimos vuelta en la carretera hacia Tenosique. Nos encontramos con la faraónica obra del tren maya, de la cual no opinaré. Pasado el medio día entramos a la carretera hacia la frontera de El Ceibo, ya veíamos el objetivo mucho más cerca. Jorge y yo cantábamos a todo pulmón e incluso paramos un poco para que yo grabara el letrero de la última población del lado mexicano: Sueños de oro.

El cruce de la frontera fue un poco tardado porque había una fila de personas, pero sin mayor problema. Mientras los demás sellábamos nuestra salida en la aduana mexicana, Jorge se adelantó para arreglar el cruce del auto. Justo ahí nos encontramos con Ernesto y Valeria, quienes acababan de llegar y tomarían un colectivo hacia Flores, les habíamos dado alcance con más de 8 horas de desventaja. El transporte público es mucho más lento que Jorge manejando...


Cuando pasamos a sellar nuestra entrada a Guatemala ya todo el trámite del vehículo estaba terminado, así que volvimos a abordar para continuar a Flores. Este trayecto fue mucho más lento, a pesar de que la carretera estaba en mejores condiciones que en México, había topes (llamados túmulos ahí) sumamente altos que obligaban a disminuir mucho la velocidad. Ya era tarde cuando llegamos por fin a la capital del departamento de Petén, decidimos ir directamente a comer y nos adelantamos a todos los demás en el restaurante bar que era el punto de encuentro. Llegamos ahí justo al atardecer, por lo que pudimos grabar y fotografiar al sol poniéndose sobre el lago Petén Itzá.

Mientras comíamos, poco a poco fueron llegando los demás participantes del trekking, quienes ya habían llegado a Flores por la mañana y en días anteriores: Eduardo y Mónica, de Querétaro, Erik, de Nueva Zelanda, William padre e hijo y Thomas, de Mérida, Marcia, de Argentina, Juan, de Laredo y Leonardo, de la Ciudad de México. Ya entrada la noche, cuando estábamos por irnos (teníamos que rodear un brazo del lago en el auto para llegar a nuestro hotel), finalmente llegaron Ernesto y Valeria, luego de varias horas desde la frontera. Únicamente faltaba Carlos, de Chetumal, un viejo amigo que no había visto en algunos años, pero él llegaría al día siguiente por la tarde.

Después de un rato alcanzamos a los yucatecos, a Marcia y a Juan en el hotel, ya que estábamos hospedados en el mismo, y ellos cruzaron el lago en lancha para llegar ahí, un trayecto de 5 minutos, mientras que el rodeo en auto era de más de 20. Nuestra habitación tenía un problema con el baño, el cual se arregló al día siguiente, pero gracias a eso nos rebajaron a la mitad el precio de la primera noche. Antes de irme a dormir disfruté de una bella vista nocturna de Flores desde la orilla norte del lago. Por cuarta ocasión estaba ahí, y en el viaje más esperado desde que comencé a visitar sitios mayas en 2012.


miércoles, 21 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 10. Mirador Chico

Torre de Mirador Chico entre la maleza
Antes de irnos a dormir cuando dejamos a Adriana tomando un taxi rumbo a Chetumal, nos contactamos con Carlos Uc May, quien nos alcanzaría en Xpujil al día siguiente, por lo que al levantarnos esperamos un poco su llegada.

Yo sabía de Carlos por tenerlo de contacto en facebook, pero al igual que Ernesto no lo había conocido en persona, a pesar de ello nos reconocimos fácilmente cuando bajó de su auto frente a nuestro hotel, con él estaba su novia Paola y nos dirigimos a desayunar empanadas en el lugar donde cenamos la noche anterior.

Luego de platicar un poco, armamos un recorrido para el día, pues no teníamos un plan anteriormente. El primer punto a visitar estaba a penas a 3 o 4 kilómetros de donde nos encontrábamos, por lo que llegar ahí luego de cargar gasolina, comprar agua y algunas galletas fue muy rápido.
Pared de la torre

Comparado con otros amigos que visitan sitios, Carlos lleva poco tiempo desde que comenzó sus recorridos, además de que es ligeramente más jóven que yo; no obstante su ritmo es altísimo y en poco tiempo llegó a más de 100 en su cuenta personal, además conoce bastante bien la región en la que nos encontrábamos y gracias a sus datos pudimos llegar a algunos puntos del viaje que teníamos contemplados pero sin saber su ubicación precisa previamente. Además nos propuso visitar Mirador Chico, un lugar del que no teníamos ninguna noticia y ya que había intentado llegar ahí antes, tenía mucha idea de como encontrarlo. Más tarde buscando información me enteré de que éste sitio también fue llamado en algún momento microondas, por haber estado cerca de una antena de aquel tipo.
Entrada al pasaje interior de la torre

El acceso donde dejamos el carro está en un punto peligroso de la carretera, pero entramos sin problemas a pesar de que también es algo inclinado; de ahí llegamos caminando a una pequeña planicie totalmente cubierta de plantas. Por fortuna Carlos traía un buen machete y me prestó una lima que pudo mejorar el filo del mío, por lo que pudimos pasar aunque con bastante trabajo.

Nos tomó quizá media hora cruzar aquel campo. Al llegar a la parte más elevada de una suave pendiente nos percatamos de que estábamos sobre algunos montículos bajos, claramente se apreciaban las piedras de relleno, por lo que quizá era un área habitacional, frente a nosotros había un manchón de árboles y a la izquierda se veía un pequeño cerrito del que sospeché en un principio pero no estábamos lo suficientemente cerca como para verificar si era natural o no.

Entramos al área de selva y nuestro paso se complicó por la cantidad de vegetación. Carlos marcaba el rumbo con su GPS y tuvimos que corregir dos o tres veces; de pronto nos detuvimos para verificar la dirección, miré al mismo cerrito que se divisaba más atrás, que ahora era visible porque salimos del manchón vegetal y de inmediato reconocí una gran pared que era indudablemente artificial, por ello nos alegramos mucho y tomamos un camino recto hacia ahí, cortando con nuestros machetes la vegetación que tenía una altura de aproximadamente 2 metros o más en partes.
Torre de Mirador Chico

Así llegamos a la orilla de la edificación, era sumamente inclinada y no parecía que tuviera otros restos a su alrededor, por lo que en un principio pensamos que era un basamento piramidal con unos 5 o 6 metros de altura, sin embargo nos costó tanto subir que comenzamos a pensar que era una torre del estilo Río Bec, pues una gran pared parecía indicar que era así. Para poder apreciar mejor rodeamos un poco la estructura con gran peligro de rodar hacia la base, que ya estaba 2 o 3 metros debajo de nosotros, era muy difícil pisar en las pocas salientes que encontrábamos y teníamos que sostenernos de los troncos de árboles que nacían del edificio, aunque en su mayoría fueran delgados y no ofrecieran gran seguridad. Fue imposible rodear por ahí la estructura, pues había una sección muy lisa y sin troncos, así que tuvimos que regresar al costado por el que subimos en un principio y continuar el ascenso por aquel lado.
Cámara dentro de la torre

Un poco más arriba y alrededor de dos metros debajo de la cima nos encontramos con una apertura en el muro y de inmediato reconocimos uno de aquellos pasajes que son comunes en las torres Río Bec, por lo que confirmamos con ello que ésta era una de aquellas peculiares estructuras. Para entonces únicamente había visto éste tipo de conductos en Xpuhil, Hormiguero y el que ya fue clausurado en el grupo A de Río Bec, estaba bastante limpio el paso así que me sorprendió bastante ver algo así en un sitio tan perdido como éste; se trata de un pasillo con a penas un metro de ancho y quizá metro y medio de altura con una pequeña bóveda falsa seccionada conforme iba bajando, tenía una escalera pequeñita que bajaba tres o cuatro escalones y daba a una abertura que tendría menos de un metro de altura pero que continuaba dentro del edificio; desde su entrada solo se apreciaba hasta ahí y una abertura a la izquierda que salía en otro costado de la torre. De inmediato me animé a pasar el estrecho conducto, le pedí a Ernesto que me prestara su regla y con ella estuve revolviendo las hojas secas que cubrían el suelo para asegurar no encontrarme con víboras o con otros animales dañinos, dejé mi mochila en la entrada y pasé por el pasillo casi a pechotierra, a mi izquierda pude ver de cerca la abertura que ya he mencionado y al frente habían nuevamente escaleras hacia arriba, prácticamente simétricas a las del otro lado.

Escalinata interna
Ahí el techo volvía a tomar altura suficiente para ponerme en pie y al hacerlo volaron varios murciélagos, algunos rozándome con sus delgadas alas. No necesitaba una linterna pues desde arriba me llegaba luz aunque aún no podía ver de dónde provenía y así subí los escalones de aquél lado hasta que topé con un muro que me impedía seguir unos metros más adelante, a mi izquierda caían las largas raíces de algún árbol en el exterior y al alzar la cabeza pude ver que dos metros arriba de mí estaba el piso de pequeña cámara que estuvo cerrada, pero ya no había escalones para subir y no encontré ningún punto seguro para trepar por lo que decidí no entrar ahí, además de que podía ver prácticamente toda la extensión de la reducida habitación. Era casi un cubo con techo en bóveda falsa, había varios murciélagos colgando del techo y en una esquina tenía una gran grieta que era por donde el sol pasaba y me permitía ver en el pasaje donde estaba.

Al estar ahí parado, noté que había una corriente de aire fresco que contrastaba con el calor en el resto del conducto, ésto era porque había un pequeño hueco cuadrado que llegaba al exterior, al parecer hecho a propósito, como también pude ver en otras torres del estilo de ésta. Desde ahí regresé a la única salida por la que se podía pasar, que era la misma entrada, Ernesto y Carlos me preguntaron por lo que había encontrado pero no se animaron a pasar. 
Cima de la torre

Todavía le di la vuelta a la estructura y subí hasta su cima, ahí pude apreciar lo que fue el arranque del templo simulado que coronaba la torre y donde comenzaba la escalinata impracticable que llegaba hasta él. De inmediato me llamó la atención no ver restos de estructuras alrededor, por lo que no parecía haber un palacio ni una torre gemela a ésta, aunque un manchón de árboles podía cubrir restos de algunas habitaciones que no observé por lo cerrado de la vegetación, sin embargo lo que si era casi seguro era la ausencia de otra torre, por lo que el edificio era muy peculiar, únicamente sé de otra estructura así en Nicolás Bravo.

Salimos muy satisfechos con lo que pudimos apreciar en el sitio, no teníamos idea de lo que encontraríamos. La salida fue difícil y perdimos el rumbo pero finalmente dimos con el camino que abrimos para llegar y nos dirigimos a Chakanbakán, un sitio para el cual conseguí un permiso del centro Inah Quintana Roo, gracias a su directora, la arqueóloga Adriana Velázquez, pero como el lugar está en investigación no hablaré de él hasta que el proyecto arqueológico en el lugar termine.