Mostrando entradas con la etiqueta archaeology. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta archaeology. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de abril de 2024

Viaje por el noreste del Petén. Parte 3: Sacpetén y El Chal

Laguna Sacpetén
Por la mañana salimos a un pequeño recorrido apenas a 3 km de nuestro hotel, nuestro objetivo era recorrer el enigmático sitio de Sacpetén, del cual Julio y yo habíamos leído bastante, sin saber a ciencia cierta lo que se podría encontrar ahí. Fuimos en el carro y decidimos no llevar nuestro equipaje para tener menos peso. El camino no era tan bueno como el día anterior, se trataba de una terracería con muchas subidas y bajadas; sobre todo al final, nos encontramos con descensos tan fuertes que temimos que el auto no pudiera subirlas en el retorno. Decidimos bajarnos y Julio hizo la maniobra de regresar en reversa hasta una sección relativamente plana.

Tuvimos que regresar por esa gran subida para bajar agua del carro, y yo también necesitaba la cámara y el dron. Caminamos el último tramo y nos encontramos con una reja que impedía el paso a una sección que es propiedad de un hotel, mientras que al otro lado se encuentra un parque municipal que consiste en una serie de senderos entre la selva.

Estela lisa en Sacpetén
El sitio arqueológico de Sacpetén estuvo ocupado principalmente en el Posclásico y en la época de contacto, ya que la región no fue conquistada sino hasta 1697 y luego fue abandonada. Se trata de una península en la laguna del mismo nombre, la cual cuenta con dos pequeños cuerpos de agua y con un itzmo estrecho que la comunica con tierra; ahí se construyó un foso y una serie de grandes muros defensivos que impedían el libre paso al antiguo asentamiento.

De dichos muros ya no queda arquitectura visible, subimos sobre ellos con dificultad por la pendiente, pero de inmediato llegamos a un montículo de regular tamaño. Nada se veía que indicara la forma del edificio, por lo que seguimos adelante. Ascendimos por un par de plazas escalonadas que también tenían otros edificios arruinados por completo y en la parte más alta de la península nos encontramos con una plaza que tenía alrededor unos montículos alargados que en lugares parecidos han sido identificados como casa del consejo, un lugar donde se reunían quienes estaban a cargo del asentamiento, ya que en tiempos tardíos no había un gobernante que tomara todas las decisiones. Estas construcciones no conservaban piedras de revestimiento, pero la forma de los montículos aún dejaba ver que tenían dos cuerpos y unas anchas escalinatas.

Estructura circular en Sacpetén
Ya de bajada, pensando que no habríamos de encontrar ningún vestigio de arquitectura en pie, estuve revisando un poco más los conjuntos que pasábamos, por ello pude encontrar una estela lisa en un grupo intermedio. Finalmente, al llegar a los muros defensivos de la entrada, pudimos encontrar un paso menos difícil en el lado poniente, donde tal vez estuvo el acceso original, ya que la pendiente era mucho menor. En un costado de esa especie de rampa que pudo ser anteriormente una escalinata, encontramos una rara edificación que estaba sobre una pequeña plataforma bien visible sobre el talud. Al centro tenía un recinto pequeño y de forma circular, con una hilera de piedras en su base, como formando la boca de un pozo. No pudimos identificar la función de esta estructura y Eduardo y yo tuvimos un primer debate sobre si era arquitectura maya o no, yo argumentaba a favor porque me parecía muy poco probable que los españoles hubieran construido algo en ese lugar y Eduardo en contra porque nunca había visto algo como eso. Antes de irnos volé el dron, obteniendo unas tomas sumamente bellas de la laguna y la península con sus ojos de agua. Finalmente regresamos al auto, nuevamente caminando por el empinado camino, esto más tarde haría mella, sobre todo en Julio.

Decidimos pasar a comprar helados y agua a la tienda cercana al hotel y seguir de largo hacia El Chal. Este es un importante sitio a 60 km de distancia desde El Remate, donde nos encontrábamos. Llegamos hasta el poblado del mismo nombre y tomamos algunas calles, en parte sin pavimentar, hasta llegar a la cercanía del sitio arqueológico, inmediatamente al sur de las casas actuales. Primero equivocamos el rumbo porque no sabíamos dónde era la entrada, pero luego de regresar un poco, nos encontramos con el acceso,

Estela en El Chal
El recorrido es un circuito, pasando primero por la plaza principal, ahí se encuentran varias estelas y altares erosionados pero que aún muestran algunos grabados. La número 4 está de pie y todavía se alcanzan a distinguir levemente los personajes que fueron plasmados en sus dos caras principales, además de glifos laterales. Al sur hay una gran acrópolis que recorrí sorprendido por la monumentalidad inesperada de este sitio. Me encontré con dos plataformas masivas con numerosos edificios, aunque no encontré más que una pequeña sección de muro en pie. Días más tarde nos dijeron que ahí había restos de una bóveda al menos, pero no pude verla por ningún lado.

Bajé por otra plaza al suroeste, ahí habían algunos fragmentos de estelas borradas y montículos. Finalmente regresamos al principio; yo quise encontrar el juego de pelota pero estaba en una sección muy llena de maleza. Julio tardó tomando fotografías, por lo que tuve tiempo de regresar a un costado de la Acrópolis para encontrar otra estela tirada, aunque tampoco mostraba relieves visibles

Después de que todos llegamos de nuevo al punto de inicio, nos apresuramos a regresar a El Remate, porque se acercaba el tiempo de entregar la habitación de nuestro hotel. En el camino un motociclista se atravesó en un cruce sin mirar, estuvo a punto de golpear el auto de Julio o, aún peor, un tráiler que pasaba por el otro carril. Estuvo muy cerca de ser una tragedia, pero milagrosamente el imprudente conductor de la motocicleta no tocó a nadie. Con ese susto llegamos a El Remate, entregamos las llaves de la habitación un poco tarde y cargamos nuestro equipaje, aún faltaba un par de visitas en el día.




sábado, 13 de abril de 2024

Viaje por el noreste del Petén. Parte 2: La Joyanca

Palacio en La Joyanca

En la tienda de Naranjo preguntamos por información del camino a la Joyanca pero, por lo que vimos, probablemente casi nadie ahí sabía de la existencia de ese sitio arqueológico; teníamos dudas del estado de la terracería debido a que debíamos entrar en el carro de Julio. En cambio, nuestros compañeros, los Partida, tenían una camioneta 4x4, por lo que no tendrían ninguna dificultad. Para nuestra suerte, el camino era bastante bueno y pudimos avanzar por un buen rato, tomando algunas otras brechas sin señal alguna, pero yo tenía bien marcada la ruta en mi celular. Avanzamos muy bien hasta encontrarnos bajo una colina donde debía estar el sitio que buscábamos, ahí había camino hacia ambos lados. Nos decidimos por la izquierda, donde se ascendía bastante. La pendiente poco a poco iba haciéndose más pronunciada, llegando el momento que el carro de Julio no pudo subir con nosotros a bordo. Eduardo y yo nos adelantamos a ver si encontrábamos la entrada de La Joyanca, mi primer intento no fue exitoso, pero a la segunda, tanto él como yo llegamos a la caseta de los custodios del lugar.

Estructura principal de La Joyanca
Regresamos a avisarle a los demás que habíamos llegado y Julio pudo llevar su carro hasta la cima de la subida, donde lo dejó estacionado. Así comenzamos nuestra visita, La Joyanca es un sitio del que me enteré estando en el primer semestre de la carrera de Antropología; acudí a la biblioteca central de la UNAM y me dio curiosidad ver algunos libros de arqueología que ahí habían, uno de ellos trataba por completo de este sitio antes desconocido para mí; supe que algún día estaría ahí, y ahora era ese día.

Pudimos ver varios paneles con información y luego me adelanté a fotografiar. Caminé por alrededor de 300 m y llegué a la parte trasera de un par de grandes edificios que bordeaban la plaza central del sitio. A mi izquierda me encontré primero con un gran palacio alargado. Sus escalinatas tenían escalones con huella muy grande y tuvo quizá 7 habitaciones en línea. Junto a esta estructura pude ver un montículo más alto que en su lado izquierdo muestra una subestructura con una rara crestería formada por triángulos; solo uno está visible, pero debió tener más que ahora están debajo de otra etapa constructiva. Ahí dentro pude ver los restos de al menos dos habitaciones que tenían unas raras ventanas rectangulares y alargadas.

Estela en La Joyanca
Continué hacia el otro lado de la plaza, donde había un montículo elevado, me llamó la atención que en el lado más lejano había una terraza con un edificio palaciego que conservaba las partes bajas de sus paredes. Más adelante, caminé por una calzada otros 30 m, llegando a otro grupo arquitectónico más al este. Nuevamente me sorprendió que hubiera ahí otro palacio con arquitectura visible, este tenía forma de "L" y había un edificio más pequeño en su extremo abierto. Un poco más adelante vi un pequeño basamento piramidal y una estela tirada, la cual aún mostraba algunos glifos en su costado

Cuando fui a buscar la entrada del sitio olvidé sacar mi agua del auto, y en este punto del recorrido ya tenía una fuerte sed, por lo que decidí regresar a la plaza central. Mis compañeros quisieron ir a buscar la estela cuando les conté lo que había visto más adelante y yo me tendí en el suelo a descansar un poco, y a tratar de evitar sudar más y perder más agua.

Mono araña en La Joyanca
Después de un rato que me pareció muy largo por las condiciones en las que me encontraba, pude ver algunos monos araña que estaban pasando sobre donde yo estaba. Me entretuve un rato mirándolos, pero después comencé a cansarme de esperar, los demás demoraban. Cuando finalmente aparecieron, nos dirigimos a la casa de los custodios, donde firmamos el libro de registros y nos enteramos que éramos los primeros visitantes en alrededor de 3 meses.

Finalmente salimos del sitio y tomamos el trayecto de regreso a la carretera que va a La Libertad, cortando algo de camino, ya que no regresamos de la misma forma en que llegamos. Los Partida se separaron de nosotros una vez en la ruta pavimentada porque querían hospedarse en Flores, mientras que nosotros íbamos para El Remate. Habíamos pensado pasar a otro sitio más, pero para entonces ya estaba oscureciendo. Pasamos La Libertad, pero después el hambre nos hizo detenernos a cenar en San Benito, a orillas de Flores. Ya era de noche y tardamos en llegar a nuestro hotel, que ya estaba cerrado a esa hora, por fortuna nos estaban esperando porque avisé que llegaríamos tarde; no así a Ernesto y Valeria, quienes se hospedaron al otro lado de la calle, pero donde nadie les abrió. Por fortuna nuestra hospedera pudo contactar al dueño de su hotel y pudieron entrar minutos más tarde. Terminaba el largo trayecto desde la Ciudad de México, al día siguiente iríamos a nuestro lugar de reunión con todos los demás compañeros: Melchor de Mencos, en la frontera con Belice.


martes, 1 de agosto de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 9: La Florida y final del trekking

Estructura de La Florida
Es posible salir de Wakná por dos vías: una es regresando por el mismo sendero de entrada y la otra es cortar un poco de camino y llegar a la brecha principal en un punto más adelante. Ronald y Fabián nos estaban esperando con las mulas en la primera entrada, por lo que Antonio nos pidió a Jorge, Leonardo y a mí que fuéramos con ellos y camináramos hasta el cruce de un arroyo, mientras él cortaba camino con los demás. Nos reuniríamos en el cruce de un arroyo seco.

No tuvimos problemas para encontrar el punto, y ahí nos encontramos de nuevo con todo el grupo por última vez en todo el camino del día. Nuevamente Jorge apretó el paso y se repitió el patrón que seguimos a Wakná, aunque ahora únicamente quedábamos al frente él, Leonardo y yo, por ratos cortos nos alcanzaba Thomas y Nath.

Después de un buen rato de caminata, ya pasando las 2 de la tarde, comenzábamos a tener hambre, por lo que fue una bendición llegar a un claro con un pequeño toldo de plástico que es usado como punto de descanso. Ahí estaban nuestras dos cocineras, Gaby y Pily, ya esperándonos. Nos prepararon unos burritos que nos supieron a gloria, como toda la comida que ellas preparaban.

La Florida
Este fue el último descanso que tomamos, solamente esperamos a Antonio, que llegó con un segundo grupo cuando nosotros ya habíamos terminado de comer. Jorge le pidió que nos dejara adelantarnos hasta el campamento de La Florida, la meta final del día, y que nos diera indicaciones para llegar hasta ahí. Nos indicó que solo había una intersección y que más adelante podíamos encontrarnos con Gaby y Pily, que llegarían hasta allá en mula y seguramente nos alcanzarían. Solamente Jorge, Leonardo, Nath, Thomas y Erik, además de mí, teníamos el suficiente ánimo y fuerza para hacer el intento de llegar hasta la Florida antes del anochecer. No sabíamos la distancia total desde Nakbé, había datos que decían que eran 32 km, pero la verdad la tenía Carlos, quien afirmaba desde el inicio que serían 37.

Erik nos pidió bajar un poco el fuerte ritmo que traíamos anteriormente para poder seguirnos el paso, aunque esa disminución fue mínima. Nuevamente él y Leonardo resultaban sorprendentes, ya que incluso Valeria ya se había quedado atrás, nosotros imaginábamos al resto de nuestros compañeros ya deshechos.

Estructura de La Florida
Fue en las tres horas siguientes que agradecí profundamente haber entrenado tanto para realizar el recorrido. El sendero era sumamente ondulante, rodeaba muchos árboles caídos y estaba lleno de subidas y bajadas. Ya no hicimos más que algunas breves pausas y por ello logramos llegar antes del atardecer a la esperada intersección, la cual estaba muy bien señalizada y conducía a un camino mucho más grande, pero que tenía las peores condiciones. Nos encontramos con un extenso "pantano" que aún tenía bastante agua por tramos; estuvimos haciendo zigzag en senderos abiertos a machetazos en los costados del camino principal y consideramos que, después de tanta caminata, pasar por ahí teniendo que guardar el equilibrio y con mucho riesgo de torceduras, era una tortura.

En algún momento Jorge se desvió más hacia un costado y salimos a un camino que se bifurcaba, me pareció que acabaríamos dando vueltas en círculo y Jorge se adelantó un poco para ver si estábamos en el rumbo correcto. Por suerte ahí se encontró con nuestras cocineras y pudimos continuar directo hacia el campamento de La Florida, arribando justo cuando el sol comenzaba a ponerse. Logramos nuestro cometido y quedamos muy satisfechos.

La Florida
El cansancio físico ya se había hecho presente y nos acomodamos como mejor pudimos en espera de que llegaran los demás y se montara el campamento, mis pequeñas ampollas habían crecido un poco y eran más una molestia que un problema; por primera vez me dolían los músculos y me costaba acomodarme sentado en el suelo. Nos dieron algo de fruta, lo que calmó nuestra hambre por un buen rato.

Imaginábamos a varios de nuestros compañeros sufriendo en la oscuridad, por lo que nos sorprendió bastante que solamente una hora y media después que nosotros arribaran todos a La Florida. Se habían organizado muy bien para aplicar el mismo sistema de avisos de obstáculos que utilizamos de noche en el regreso de La Muralla; Adriana había subido a la mula y Eduardo hizo un último esfuerzo a pesar de sus pies lastimados. Valeria nuevamente tomó el papel de enfermera y curó el pie de Eduardo, sus uñas rotas ya estaban negras y el dedo pequeño se había convertido en una ampolla gigante. A pesar de ello, afirmaba que eso no era nada comparado con las llagas que le salieron en su primer trekking del Mirador y en la selva Lacandona, rumbo al sitio de Miguel Ángel Fernández.

Pasaje abovedado
Al final cenamos por grupos, en este campamento solo había una mesa pequeña donde no cabíamos todos, yo fui uno de los últimos en sentarse y después me fui a dormir. Nuevamente tomé un tiempo para revisar mis ampollas, las rozaduras en la pierna habían desaparecido por completo gracias a haber usado un pantalón más holgado.

Desperté observando un pájaro carpintero imperial directamente sobre mi tienda, estaba buscando insectos dentro del tronco de un árbol alto. Al poco rato se le unió otro más y estuvieron algunos minutos saltando de una rama a otra y picoteando la madera. El desayuno fue también por grupos y yo aproveché para subirme a un árbol de Anona, una fruta cuya pulpa se parece un poco a la de la Guanábana. Además de ella, en todos los senderos encontramos muchos chicozapotes, los cuales también probamos.

Nuestro último recorrido arqueológico fue por el pequeño sitio de La Florida, que tiene una única estructura parcialmente excavada. Es un conjunto habitacional con varios cuartos separados por una sección central más alta, que se ve como un montículo, pero que tiene en su interior un par de pasillos abovedados. Antes de llegar ahí vimos una gran Ceiba, árbol sagrado maya.

Luego de la breve visita, emprendimos la última marcha del trekking. Únicamente nos separaban 10 km de Carmelita, el mismo punto de inicio del recorrido, ya 6 días atrás. Este camino tenía muchas secciones del ya conocido y odiado "pantano", por lo que no fue tan fácil como se esperaría. Los últimos 2 km fueron también complicados porque cruzamos por campos donde había montículos, pero ahí no había vegetación alta que cubriera del sol y el calor era sumamente intenso.

La Florida
Llegamos todos juntos hasta la entrada de Carmelita, aunque estábamos en el extremo contrario de un aeródromo, al otro lado estaba el comedor, donde pasaríamos a comer. Íbamos caminando con calma cuando Jorge empezó a correr y me retó a que lo alcanzara. Una última vez comprobaba la efectividad de mi entrenamiento, porque no pudo aguantar por mucho tiempo y terminé llegando primero que él, con bastante diferencia, la cual se acortó porque no quise seguir corriendo con todas mis fuerzas. Era un gran contraste con otros recorridos de antaño, donde Jorge siempre tuvo mejor condición que yo.

Nos arrepentimos de haber corrido; en vez de quedar enteros, habíamos gastado muchas energías bajo el sol, pero quedamos aliviados después de comer y al encontrarnos con una buena ración de carne roja, la cual extrañábamos desde el pequeño pedazo de puerco que nos tocó en el Mirador.

Fuimos al centro de visitantes a firmar la pared y celebrar el éxito de la expedición. Después de ello abordamos una camioneta que nos llevó hasta Flores. Ahí había mucho alboroto por la semana santa, por lo que nos tuvieron que dejar en el centro comercial que está junto a la entrada al puente que lleva a la isla. Los demás tuvieron que caminar bastante y nos despedimos definitivamente de varios de ellos, pero Adriana y yo tuvimos suerte de que el hotel en el que nos quedaríamos las siguientes dos noches estaba solo a un par de cuadras de ahí y nos retiramos a descansar. Esa noche cenamos con Eduardo, Mónica, Leonardo, Ernesto y Valeria.



martes, 25 de julio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 8: Wakná

Aguada en el camino
El quinto día de caminata en el trekking de El Mirador de 6 días es sin duda el más difícil de todos. Ese día se caminan 16 km hasta Wakná, un sitio poco visitado y cuyo recorrido es muy breve; pero esa no es la meta final, en total son más de 36 km hasta el campamento de La Florida, el último de los puntos de descanso y pernocta.

Esta vez comenzamos casi una hora más temprano que el día anterior, desayunando cuando el sol empezaba a asomarse en el horizonte y saliendo alrededor de las 6:30 de la mañana.

Estructura principal de Wakná
El sendero que se toma, a diferencia de los de días anteriores, no pasa sobre ninguna calzada prehispánica, por lo que es mucho más irregular. El terreno que hay que cruzar es una auténtica sierrita de colinas, por lo que hay que hacer muchos giros, subir y bajar incontables veces. La caminata termina de complicarse por el paso en los ya conocidos "pantanos", algunos de ellos aún húmedos y otros con lodo endurecido y estropeado por las huellas de las mulas. Incluso las bestias de carga tienen dificultades para mantener el equilibrio en algunos parajes.

Pinturas en la Tumba
Desde un principio Jorge comenzó a apretar el paso, iba a un ritmo muy fuerte y se adelantaba al grupo; por un lado me ponía nervioso que se fuera a perder en uno de los tantos lugares donde un árbol bloqueaba el paso y había que rodear en secciones despejadas a filo de machete, por el otro me contagiaba las ganas de llegar más pronto a nuestra meta. Además de nosotros dos, Leonardo también iba al frente, algo sorprendente porque había dicho desde un inicio que no entrenó para el recorrido, pero demostró que era el más joven de todos. Por ratos también iban con nosotros Thomas, Nath, Valeria y Erik, quien a sus 75 años se veía mucho más entero que los demás, para mí, él es el más impresionante de todos los participantes del trekking.

Muchas veces nos detuvimos para esperar al grupo y no separarnos definitivamente de ellos. Entre el resto de nuestros compañeros, Rosa, Mónica, Marcia y los Williams parecían mantener de buena forma un ritmo más bajo que el nuestro, pero sin agotarse demasiado. Juan ya había utilizado la mula que había pedido para él, Ernesto estaba fundido, Carlos tenía dolor en la rodilla que ya le molestaba el día anterior y comenzó a utilizar un palo como bastón, y Adriana y Eduardo estaban destrozados, ya sea por el cansancio y las ampollas, o por las uñas rotas del día anterior, aunque ambos se negaban a subir a la mula. En realidad no había ninguna prisa, ya que teníamos suficiente tiempo para visitar Wakná y podíamos dejar para el siguiente día el corto recorrido en La Florida, pero nadie quería caminar de noche. Nuestro guía Antonio estaba también fundido, y no parecía tener muchas ganas de que la caminata se alargara, mientras que Ronald y Fabián se veían mucho más relajados.

Pinturas en la Tumba
Uno de los accidentes más aparatosos ocurrió en este trayecto, ya que Jorge, al ser muy alto, estaba mirando hacia el suelo y no vio una rama a la altura de su cabeza, golpeándose fuertemente. Comenzó a sangrar aparatosamente; tanto Nath como Valeria se acercaron para ayudarle y comprobaron que la herida no era tan grave, se trataba de un rasguño y una cortada no muy grande. Por fortuna Valeria cargaba con un auténtico botiquín y sacó una venda y gasas, limpió la herida y la cubrió, por lo que Jorge pudo continuar sin problemas.

Después de varias horas, casi a las 11 de la mañana, llegamos hasta una desviación señalizada hacia Wakná. Ahí Jorge y yo nos adelantamos mientras los demás esperaban al grupo. Caminamos por algunos minutos en una zigzagueante brecha y arribamos directamente hasta un gran montículo que, para variar, presentaba unas enormes trincheras de saqueo.

Tumba de Wakná
Nos separamos para buscar, pudimos ver que se trataba de una estructura triádica, a pesar de que Wakná es un sitio Clásico, posterior a los demás que habíamos visitado en días anteriores. Jorge fue el primero en percatarse de que ahí se encontraba el principal interés del sitio: una tumba que fue encontrada por los saqueadores y que aún tenía estuco prístino en sus paredes, algunas de ellas aún con pinturas murales en forma de volutas y círculos rojos y amarillos. En uno de los costados de la misma estructura encontramos otro hueco que daba paso a una subestructura que parecía ser una continuación de la tumba y que tenía el mismo tipo de estuco y pinturas. En este lugar nos alcanzaron poco a poco todos los demás y terminó formándose una fila para acceder a las tumbas. Fuera de estos elementos, es muy difícil visitar el resto del sitio por la falta de senderos abiertos, además de que solamente se observan montículos, que son de gran tamaño.

La base del edificio me pareció un buen lugar para acostarme mientras esperaba a que salieran todos los demás, así que estuve un rato relajándome, algo que fue muy útil para el resto del día, que fue el más exigente física y mentalmente, aunque nuevamente sentí que mi entrenamiento de un año había sido totalmente adecuado.



martes, 18 de julio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 7: La Muralla

Costado de la crestería
Después de comer, Eduardo, Carlos, Leonardo, Ernesto, Valeria, nuestro guía Antonio y yo salimos del campamento para intentar llegar hasta La Muralla antes de que nos alcanzara la noche. En un principio tuve problemas porque me llevé el dron amarrado en mi mochila de ataque, pero no se quedaba en su lugar e incluso estuvo por caer al suelo, tuve que improvisar para atorarlo sobre mi pecho y aguantar la incomodidad por todo el trayecto de ida, cuando la bolsa de agua que llevaba estaba completamente llena e impedía que guardara el aparato dentro de la mochila.

Primero pasamos por la Plaza Central de Nakbé y volvimos a tomar la calzada hacia el grupo Noreste. Casi llegando a los edificios de ese conjunto nos encontramos con una desviación hacia el norte que estaba señalada como el camino a La Muralla. Valeria y yo estábamos al frente y nos pidieron que alguno de los dos liderara y marcara el paso. A estas alturas estaba viendo los resultados de mi entrenamiento de un año caminando en la ciudad, subiendo cerros y recorriendo sitios; me parecía que nadie se había preparado tanto como yo y que podía recorrer el camino (que entonces creía que tenía 8 km) en apenas 72 minutos o incluso menos, pero pensé que los demás no podrían seguirme el paso. Le dije a Valeria que ella liderara y de todas maneras su ritmo fue descomunal, tomando en cuenta que para entonces ya teníamos encima más de 100 km en total, contando los recorridos por los sitios. En una hora ya habíamos recorrido más de 5 km.

La Muralla
Decidimos bajar la velocidad; tanto Eduardo como Antonio comenzaban a verse cansados, Carlos tenía molestias en una de sus rodillas y Ernesto también se comenzaba a ver mermado. Así llegamos a los 8 km, pero pronto nos dimos cuenta de que la distancia hasta el sitio debía ser más grande, ya que nos encontrábamos en medio de un "pantano" que había que pasar antes de arribar. Este terreno era terrible, sumamente irregular, por lo que no se podía caminar normalmente y las pisadas eran sobre ondulaciones de la tierra endurecida; esto, junto con mis botas ya muy desgastadas y viejas, me provocó un par de ampollas que, aunque muy pequeñas, me incomodaban a cada paso, con el avance de los kilómetros, mi pantalón comenzó a rozarme la pierna derecha, había cometido el error de usar el más ajustado aquel día.

Estructura con crestería
Luego de 10 km, vimos un par de cojolitas (pavos de monte de color oscuro) que levantaron el vuelo frente a nosotros, dirigiéndose al lado izquierdo del camino, en un terreno que se elevaba. Al voltear a verlas, nos percatamos de que habíamos llegado al sitio. Fue sorprendente que justo en ese punto nos encontráramos con esas aves.

Subimos un poco y llegamos hasta la base de un edificio terriblemente destruido, nada podíamos apreciar de su fachada ni de sus habitaciones, únicamente se apreciaba un montículo con numerosos huecos de saqueo.

Sin embargo, La Muralla fue la cereza del pastel llamado Trekking a El Mirador. Sobre esta estructura arruinada se levanta una monumental e impresionante crestería que se eleva casi 10 m y tiene un ancho que quizá supere los 20 m. Se puede apreciar las ranuras que tiene cada sección de este muro y varios segmentos en los que se aprecian decoraciones en estuco. También se distinguen piernas y cuerpos de personajes.

La Muralla
Eduardo se sentó un rato y después se quedó dormido en el suelo, mientras que los demás tomábamos fotografías y yo volaba el dron. Pude obtener varias tomas que me gustaron bastante, había suficiente espacio para el vuelo y el sol estaba por ponerse.

Cuando estuvimos a punto de irnos, pudimos ver un par de tucanes que estaban posados sobre un árbol cercano y les tomé algunas fotografías y vídeo. Así emprendimos el regreso, justo con la luz disminuyendo, pero casi todo el trayecto fue en total oscuridad. No había pasado mucho tiempo cuando Eduardo tropezó fuertemente con una raíz, lo que provocó que se rompieran tres uñas de su pie derecho, sin embargo continuó, aunque tropezó de nuevo y tuvo una aparatosa caída, afortunadamente esta no tuvo consecuencias, aparte de un fuerte golpe en su brazo.

Tucán en La Muralla
A partir de entonces nos colocamos en fila, con Antonio al frente y yo cerrando la marcha, y cada quién iba gritando a los demás cuando veía algún obstáculo en la vereda. A pesar de que el camino se estaba volviendo un suplicio para algunos de mis compañeros, podíamos ver la luna saliendo por un costado, entre la selva, y veíamos los omnipresentes ojos de las arañas que brillaban a la luz de las linternas. La experiencia fue extraordinaria, aunque convenimos en que no era una buena idea visitar Nakbé y La Muralla el mismo día, el GPS de Eduardo midió un recorrido total de 40 km, así que si en un futuro repetíamos este trayecto, habría que hacerlo en un día extra. Por último, en algún momento cerca de Nakbé, Eduardo y Leonardo afirmaron haber escuchado el canto de una mujer entre la selva, aunque los demás no lo notamos.

La mayoría de nosotros llegaron muy mermados hasta el campamento, aunque Valeria y yo parecíamos aún enteros y llegué cantando junto con Ernesto, al igual que al entrar a El Mirador. Nos encontramos con algunos de nuestros compañeros que nos estaban esperando y cenamos antes de irnos a descansar, el día siguiente era, sin duda, el más difícil de todos, y ahora tendríamos que afrontarlo con el grupo completo. Me tomé un tiempo para revisar mi par de ampollas, que ahora parecían minúsculas; y para echar talco en mi pierna rozada, la cual me preocupaba para el día siguiente, por fortuna el talco que tenía eliminó toda molestia.



martes, 4 de julio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 5: El Mirador

Templo lateral de El Tigre

Desde la Muerta, solamente faltaban poco más de 2 km para arribar al Mirador, así que apreté el paso. En poco tiempo llegué junto con Ernesto y entramos cantando al campamento. Estaba sumamente feliz de haber llegado por fin hasta ahí y arrojé mi sombrero al aire apenas llegar. No dio tiempo de hacer mucho, el atardecer se acercaba, así que poco después nos dirigimos hacia el complejo El Tigre, a un lado del campamento, para ver el atardecer desde ahí.

Una vez en la plataforma superior, me sorprendió ver el templo principal y uno de los laterales con las fachadas frontales totalmente liberadas y con algunas excavaciones cubiertas de lonas y plásticos negros. Incluso en algunas partes se veían restos de mascarones de estuco.

Estuve grabando mi vídeo utilizando una impresión 3D del edificio que yo modelé, tardé bastante y fui uno de los últimos en llegar a la cima principal, a más de 50 m por encima del nivel del suelo. Desde ahí podía ver la gran mole de La Danta, el edificio principal del sitio, ubicado a 2 km de ahí. También se podían ver las elevaciones de edificios más cercanos, con menor altura pero sumamente masivos. Más lejos se observaban los edificios de Tintal y la estructura 1 de Nakbé.

La Danta desde El Tigre
El atardecer fue muy similar al anterior, sin nubes y con una capa de humo en el horizonte. Apenas el sol se ocultó, bajé a la explanada superior para observar mejor el templo lateral. Ahí me encontré a Carlos, quien estaba esperando la oscuridad para tomar fotos con el cielo estrellado de fondo; su idea me pareció excelente y aproveché mi tripié para intentar hacer lo mismo. Nuestros compañeros se quedaron en la parte alta un rato y en mis primeras fotografías aparecieron líneas de luz que eran ellos con sus linternas, descendiendo mientras el lente de mi cámara permanecía abierto en una serie de exposiciones largas. Después de eso tomé otras imágenes iluminadas con la luz de la luna, casi llena; fui el último en bajar y le pedí a nuestro guía Antonio que nos llevara al edificio Garra de Jaguar, pues quería tomar fotos nocturnas de los mascarones, él accedió de buena gana y estuvimos otro rato en dicho lugar, utilizando todas nuestras lámparas para iluminar los detalles en estuco.

El Tigre, de noche
De vuelta en el campamento, cenamos extrañando un poco la carne, ya que el calor impedía que llevaran hasta ahí ese tipo de alimento. Nuevamente nuestro grupo se quedó platicando largo rato, pero esta vez decidí ir a dormir temprano, me levantaría a las 3 am para subir al complejo Monos, también junto al campamento, y ver las estrellas con la luna ya oculta, además del amanecer, en compañía de Antonio, Jorge, Nath y Rosa.

En este campamento había aún más gente que en el anterior, ya que hay caminatas cortas que solamente visitan el Mirador, provocando que se juntaran más grupos. Debido a ello algunas de las tiendas de campaña fueron movidas a otras áreas, a mi me tocó dormir en la plaza de un conjunto rodeado de montículos bajos, todos completamente saqueados.

Vía Láctea en el complejo Monos
Mi noche no fue tranquila, el sonido del viento era fuerte y los árboles se mecían con sus ráfagas. Había uno en especial, con un tronco largo y delgado, que se inclinaba directo sobre mi tienda; yo podía verlo claramente porque no ocupamos los toldos, dejando el techo abierto para ventilar nuestros refugios. Intenté dormir pero nunca pude conciliar el sueño pensando en que ese árbol me cayera encima en cualquier momento. Solo pude tranquilizarme saliendo a medianoche a mover mi tienda unos metros lejos del alcance de ese gran tronco.

Apenas pasaron unas horas cuando decidí levantarme, el día anterior no había recorrido el campamento y solo tenía una pequeña idea de dónde se encontraba el baño. Salí y me dirigí hacia donde debía estar, pero acabé caminando en círculo. Un guía de otro grupo me preguntó si necesitaba algo y acabó por mostrarme el sendero correcto.

Templo lateral en La Pava
Media hora después estaba cambiándome y esperando a los demás en las mesas del campamento. Eran las 4 de la mañana, pero ya había agua caliente para preparar café y algunas de las cocineras se alistaban a comenzar a preparar el desayuno. Mis compañeros llegaron y después se nos unió Antonio. Caminamos menos de 300 metros y empezamos a ascender otro gran edificio, arriba reconocimos de nuevo el patrón triádico, con un templo central y dos laterales. Este era el complejo Monos, algo más pequeño que El Tigre, pero igualmente se trata de un edificio descomunal, calculé que su volumen es similar a la pirámide de la Luna de Teotihuacan.

La vista era bellísima: la luna roja estaba bajando en el horizonte y, al irse su luminosidad, la Vía Láctea se encendió como si alguien hubiera presionado un interruptor celeste, justo el centro de la galaxia se presentaba frente a nosotros cerca de la constelación de Escorpión. Tuvimos algunos minutos para observarla y para fotografiarla antes de que empezara a notarse la primera claridad del día detrás de La Danta, el edificio principal, que teníamos frente a nosotros, hacia el oriente.

Estructura principal de La Pava
Cuando ya no pudimos ver la galaxia, decidimos movernos a uno de los templos laterales, con una vista más directa de La Danta. Jorge y yo colocamos nuestros tripiés y tomamos videos en timelapse del amanecer. A pesar de que no hubo colores demasiado espectaculares, el viento movía rápidamente las nubes bajas; una vez que el sol salió nos regaló la vista de algunos de sus rayos colándose entre los vapores matutinos.

Fui el primero en descender, regresé a mi tienda y me vestí con pantalón de vestir, camisa y chaleco; una vieja idea que tenía con Neftalí, tomarnos fotografías al estilo de los viejos exploradores en El Mirador. Ahora me sentía muy melancólico y me pesaba haber quedado solo en esa idea, pero al menos pude hacerlo. La plaza donde estaba mi tienda, junto a una de las trincheras de saqueo, me pareció una buena locación para editar una foto que pareciera del siglo XIX.

Templo superior de La Danta
Volví a cambiarme y me reuní con todo el grupo para desayunar. Más tarde emprendíamos por fin el recorrido por el resto del sitio. No me esperaba todo lo que pudimos observar, sin duda El Mirador es increíble. Nunca imaginé que existiera un sitio tan masivo y voluminoso, ni que tuviera tantos detalles ya excavados.

Comenzamos pasando por un lado del grupo de El Tigre, para después llegar hasta la muralla que bordea una parte del límite oriental del área central. Continuamos por una gran calzada hasta llegar a la base de la masiva plataforma del Complejo La Danta. Me adelanté con Jorge y subimos a su primer nivel. Pasamos junto a un gran complejo de tipo Grupo E, con una estructura axial, que tuvo escalinatas en sus cuatro caras y un montículo alargado frente a este, que sostenía tres templos superiores.

Vista desde La Danta
Aprovechamos para subir al complejo La Pava, vacío de gente. Este se encuentra en el costado sur de la primera plataforma y mira hacia el norte, a diferencia de El Tigre y Monos, que miran al oriente, y de La Danta, que mira al poniente. En la parte superior nos encontramos con uno de los templos laterales, es un edificio pequeño, pero muestra mascarones en su base, a los lados de la escalinata de acceso. En la parte más alta, el templo principal también tenía restos de mascarones, aunque más destruidos.

Bajamos de La Pava y cruzamos la plataforma, pasando junto a un gran reservorio de agua, ahora seco. Más adelante subimos al segundo nivel, donde vimos algunos montículos bajos y llegamos hasta la enorme base del edificio de La Danta, propiamente dicho. Esta enorme estructura sostiene en su plataforma superior un total de 7 templos y una pequeña plataforma central.

Mascarón de la estructura Garra de Jaguar
Ya en la parte alta, estuve tomando fotos y videos utilizando otra impresión 3D de un modelo mío del edificio. Pude ver que de los 7 templos superiores, únicamente uno de los laterales principales muestra la escalinata de acceso liberada de tierra y maleza, mientras que el edificio principal está completamente visible. Ambos con una verticalidad impresionante. Subí primero al lateral, aunque los árboles no permiten una vista muy amplia.

Fui el último en subir al templo principal de La Danta, con 72 m de altura en total. Ahí pude ver, por un lado, los grandes edificios de la ciudad: Monos, El Tigre, El León y Cascabel; mientras que por el otro se alcanzaba a divisar la Estructura 1 de Nakbé. La magnitud de la ciudad se mostraba en todo su esplendor y me pareció perfectamente comprensible que, al primer vistazo, desde el aire, los descubridores de El Mirador hayan creído que El Tigre y La Danta eran volcanes. Nunca había visto un sitio tan masivo, aunque sí conozco algunos con una extensión mayor, aunque con menor volumen constructivo.

Mascarón de la estructura El Búho
Me quedé también al final en la parte superior, ahí tuve un momento muy emotivo. Pedí incluso a los guías que me dejaran solo un par de minutos y accedieron sin problemas. Recordé a mi amigo Neftalí, a mi maestro Federico, ambos fallecidos y con quienes me hubiera gustado trabajar ahora que he cursado la carrera de arqueología. Pensé en todo lo que tuve que dejar y todo lo que he perdido. Había llevado un listón azul amarrado en el brazo, el cual perteneció a alguien más que fue muy importante para mí y que tampoco regresará; me lo puse hasta llegar al Mirador, como símbolo de lo último que me queda de mi vida anterior, y que terminará muy pronto, con mi examen profesional... verdaderamente ha sido volver a empezar de cero. Me quité aquel listón al llegar al sitio y no volveré a ponérmelo nunca más. Se me quebró la voz en el último vídeo que grabé antes de bajar y, a medio camino, no pude soportar más el sentimiento que me invadía, me apoyé sobre la madera de la escalera que ahora permite subir, y lloré por un momento.

Friso de los nadadores
Pero estar en El Mirador era un motivo de alegría y no de tristeza para mí, por lo que me recompuse de inmediato y alcancé a los demás. Ellos se dirigían a la Pava, así que Jorge y yo pedimos permiso para adelantarnos y nos dejaron ir al grupo de las estelas y esperar a los demás ahí. Pudimos observar un par de monumentos con motivos muy complicados y estilizados, además de algunos glifos esgrafiados en un estilo muy antiguo, casi parecidos a la escritura olmeca. Nos sentamos a esperar y terminé acostado en el suelo sin pensar en las garrapatas, que ya hacían estragos entre mis compañeros.

Cuando los demás nos alcanzaron, se decidió regresar al campamento a comer. Más tarde salimos de nuevo hacia el templo Garra de Jaguar, donde pudimos apreciar los mascarones que ya había fotografiado de noche. De ahí nos dirigimos a la acrópolis central, pasando por varios conjuntos menores, aunque todos construidos sobre plataformas gigantescas. Así llegamos hasta la estructura de El Búho, donde pudimos ver otro mascarón de gran tamaño, y después al friso de los nadadores, el cual ha sido interpretado como una escena del Popol Vuh, aunque esto es especulativo. Ahí se puede apreciar una escena acuática con dos personajes nadando y algunos animales y seres sobrenaturales relacionados con el agua.

Atardecer desde La Danta
Pasamos por un gran grupo E en la plaza central del sitio, cuyo edificio axial es llamado El León, aunque no lo subimos. Un poco más al norte nos encontramos con el grupo Cascabel, con un gran edificio cuya cima es sumamente estrecha. Ahí ascendimos y pudimos ver El Tigre entre los árboles. Finalmente visitamos un basamento de menor tamaño cuya cima estaba siendo excavada. Regresando de ahí, el grupo se dividió. Algunos querían ver el atardecer y la salida de la luna llena desde el Complejo Monos, mientras que unos cuantos, incluyéndome, regresamos hasta La Danta para ver la puesta de sol desde el punto más alto del sitio.

Nuevamente ascendimos todo el camino hasta ahí y estuvimos por un rato sentados en la cima. El atardecer tuvo algunas nubes, por lo que fue un poco más vistoso que los anteriores. Regresamos mientras la oscuridad se expandía en la enorme ciudad preclásica y todavía tuve una sorpresa natural que no había podido apreciar anteriormente por no traer conmigo mi lámpara de minero, o no usarla sobre la frente. Esta vez la coloqué sobre mis ojos, y ese ángulo permitió que, al apuntar la luz hacia la maleza, pudiera distinguir numerosos pares de puntos blancos. Se trataba de ojos de arañas que reflejaban la luz de mi lámpara, desde pequeñas saltarinas hasta tarántulas. Incluso algunas brillaban de todo el cuerpo, revelando que cargaban con cientos de crías diminutas.

Regresamos hasta el campamento, cenamos carne que habían traído en un tour en helicóptero, lo cual nos supo a gloria, a pesar de que a cada quién le tocó tan sólo un pequeño pedazo. Finalmente nos retiramos a dormir después de un día de ensueño, habiendo caminado más de 10 km en total.



viernes, 16 de junio de 2023

Trekking al Mirador. Parte 2: Nakum

El 1 de abril me desperté temprano para salir junto con Adriana, William padre e hijo, Thomas, Leonardo y Juan hacia el Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo. William hijo había comprado una nueva camioneta 4x4 y la usaríamos para llegar hasta Nakum, 14 km de terracería más adelante de Yaxhá.

Amanecer en Flores
Paramos a desayunar pasando Ixlú, aunque yo no comí nada, acostumbrado a desayunar poco y más tarde, prefería no sentirme pesado. Llegamos a la entrada del Parque Nacional un rato después de que había abierto, entramos en el centro de visitantes para pagar la entrada y registrarnos. Yo pregunté a uno de los guías del lugar sobre la entrada a Nakum y nos dijo que si teníamos cuidado seguramente podríamos llegar hasta ahí; así es que emprendimos el recorrido por nuestra cuenta.

El camino estaba bastante dañado, más tarde nos enteramos que fue por culpa de vehículos de rally que habían pasado poco antes. En muchas secciones la llanta de refacción, bajo la parte trasera de la camioneta, rozaba con el piso; sin embargo todo se encontraba seco, por lo que nunca hubo peligro de quedar atascados, aún así la marcha fue muy lenta, ya que William manejaba con mucha precaución.

Estructura E

Una vez que llegamos, nos registramos con los custodios y comenzamos el recorrido por el impresionante sitio de Nakum, comenzando por la plaza central, donde nos encontramos con un juego de pelota y la estructura C, un templo al estilo de los de Tikal, aunque solamente su parte superior muestra arquitectura parcialmente en pie, el basamento está convertido en un montículo, frente a ella se encuentra una estela con grandes glifos muy geométricos.

A partir de ahí nos separamos, yo subí por la estructura D, un palacio muy alargado que da entrada a la Acrópolis Sur del sitio. Este conjunto es impresionante: sobre una plataforma se encuentran 10 patios rodeados de edificios. En el primero, al lado oeste, se encuentra la bella Estructura E, una de las más vistosas del sitio, con su base, que tenía cuartos ya derrumbados, y un templo superior en forma de "C". Al fondo, en el sur del mismo patio está la Estructura G y detrás de la misma se encuentra la imponente Estructura Y, la que alcanza la mayor altura y en su explanada superior conserva restos de un palacio y otro basamento con cuartos que aún muestran grafitis prehispánicos.

Estructura G

Ahí arriba me encontré a casi todos mis compañeros y a Adriana, con quien realicé el resto del recorrido. Bajamos por el oeste y pudimos apreciar desde arriba la Estructura N, una de las más restauradas del lugar. Una vez ahí nos encontramos con un complejo edificio con varios cuartos, algunos restos de un friso del que solo quedan los colmillos de un par de serpientes, y dos detalles inusuales: un cuarto pequeño con una gran ventana circular y unas bóvedas de cañón internas. Entre las estructuras mayas, este tipo de bóveda no fue utilizado, exceptuando algunos pocos ejemplos en Nakum, Calakmul y La Muñeca, todos en el Petén.

Rodeamos la Estructura Y por su parte trasera y pasamos por los patios 5, 7, 9 y 10, en el noveno nos encontramos con los restos de varios edificios parcialmente restaurados, entre ellos un baño de vapor. Por el camino nos encontramos con los Williams y con Thomas, quienes nos dijeron que había un camino por detrás de la Acrópolis y que llevaba a otro edificio muy grande.

Estructura N
Bajamos entonces por el lado sur (trasero) y caminamos por un gran sendero muy bien marcado. Evitamos algunos caminos por las laderas porque no queríamos lastimarnos en alguna caída o resbalón. Al día siguiente comenzaríamos con la gran caminata a El Mirador.

Nos encontramos con un enorme edificio que me pareció sumamente similar al Templo III de Tikal, incluso con una estela al frente, un basamento muy vertical completamente cubierto y restos de templo superior. Esta es la Estructura U, al lado oriente del grupo sur de Nakum. Más al norte llegamos a la Estructura V, también cubierta en su parte baja, aunque queda gran parte del templo superior con su interior recubierto de estuco prístino.

Terminamos regresando a la plaza principal, la primera que encontramos, por el lado contrario al inicio. Ahí subí finalmente a la Estructura A, con un basamento alargado y un templo superior que tiene una gran crestería con algunos ornamentos visibles, una habitación en pie sumamente delgada y un par de bóvedas de cañón muy anchas que fueron rellenadas por los arqueólogos para que no colapsen. Un conjunto muy inusual.

Baño de vapor

Para terminar, me dirigí rápidamente al Grupo Norte, aunque ahí solamente me encontré con una gran plaza rodeada de montículos, algunos fragmentos de estela y un templo superior parcialmente descubierto.

El regreso hacia Yaxhá fue más rápido que la ida, ya William tenía mucha más confianza para pasar los vados. Hicimos un recorrido completo a Yaxhá, el cual es mi sitio favorito y era la tercera vez que recorría. Terminamos en la cima de la Estructura 216, mirando el atardecer, y salimos de ahí ya a oscuras. Habíamos encontrado en un momento a todo el resto del grupo, excepto Erik (quien visitó El Chal) y Carlos (quien llegó por la noche a nuestro hotel). Al final solo Jorge, Nath y Rosa se quedaron con nosotros, Adriana y yo regresamos con ellos, mientras que los Williams, Thomas y Juan regresaron en la camioneta.

Estructura A

Llegamos a nuestro hotel y cenamos muy cerca, sin cruzar a la isla de Flores. En la noche hubo muchos problemas, primero por conseguir una lancha que nos llevara a la isla y caminar lo menos posible hasta el punto de reunión para el día siguiente; y después porque Jorge no tenía donde dejar su auto. Después de mucho discutir decidió dejarlo junto a nuestro hotel, donde había cámaras de vigilancia, pero ya para entonces me había llevado un gran enojo.

 




miércoles, 14 de junio de 2023

La expedición más esperada: trekking al Mirador. Parte 1: De la Ciudad de México a Flores

Después de más de una década de desear visitar el ya legendario sitio maya de El Mirador y habiendo pasado contratiempos que pospusieron el viaje indefinidamente, incluso después de atravesar una pandemia mundial, finalmente llegó el 30 de marzo de 2023, día elegido para comenzar el viaje que me llevaría de regreso a la selva del Petén, en Guatemala.

Fue un día sumamente largo, tenía ya todo listo para mi partida pero primero me tocó trabajar. El cumpleaños de mi jefa, la Dra. Lourdes se acercaba y ya no la veríamos pronto, así que Romina (mi compañera y amiga) y yo decidimos que le compraríamos un pequeño pastel, siendo yo el designado para pasar a comprarlo antes de llegar. Después de mi parada en el centro comercial, acudí al cubículo donde he pasado ya casi dos años haciendo trabajo arqueológico de gabinete, mi primer empleo formal en el área. Me encontré con la novedad de que, tanto la Dra. como Romina, estaban en la clase que mi jefa imparte los jueves; no quise interrumpir, así que me quedé solo preparando la bibliografía para un artículo que tenemos en preparación.

A medio día Romina salió casi corriendo, ya que tenía un compromiso. Antes de irse pasó a despedirse de mí y a desearme un buen viaje, ella sabía bien cuánto había esperado ese día; más tarde nuestra jefa también salió y le entregué el pastel que compramos poco antes de que también se retirara. Fueron dos alegres despedidas para unas vacaciones de dos semanas, con muchos buenos deseos y abrazos cálidos. No puedo comenzar mi relato sin mencionar que este, mi primer trabajo como arqueólogo, es para mí como vivir en un sueño. Aunque es bastante humilde, alcanzó para que realizara mi viaje: yo nunca había sido feliz con ningún empleo, ahora lo soy y me siento sumamente orgulloso de compartir mi tiempo y aprender de dos personas a quienes quiero y admiro profundamente, y que trabajan tan apasionadamente como yo.

Pero ahí no termina el ensueño en el que vivo todos los días. Yo no me marché de inmediato; Perla, quien me invitó a trabajar en este lugar en primera instancia, y con quien doy algunas clases en la universidad como profesor adjunto, también saldría de viaje, así que me invitó a comer junto con las tesistas de posgrado. Después de un rato de espera, fuimos a un pequeño restaurante de mariscos y brindamos con cerveza. La plática fue muy agradable, nuevamente me sentí muy afortunado de estar ahí... a ambos nos desearon feliz viaje y luego tuve que marcharme con algo de prisa para ir a mi casa por mi equipaje. Además de mi trabajo, convivo con muchas personas interesantes con quienes tengo un trato muy amigable. Si bien la academia es un lugar donde la gente suele destrozarse entre sí, yo no estoy inmerso en ello y he venido a caer en un lugar muy agradable para mí.

Llegué a mi casa algo apresurado, apenas tuve tiempo para acomodar los últimos detalles, revisar las reservaciones de hotel y despedirme de mi papá. Dejé un tremendo desorden en mi cuarto, el cual no volvería a ver en 11 días.

No quise gastar en taxi, tendría que ahorrar todo lo posible para más tarde, así que anduve en camión para ir a encontrarme con mi amigo Jorge, quien manejaría todo el camino hasta Flores, el punto de encuentro con todo el grupo que realizaría el trekking. Esperé un poco a que saliera de su trabajo y de ahí nos dirigimos en su auto hasta su casa, donde ya nos esperaba Nath, su novia, que también iría con nosotros al viaje.

Estuvimos viendo un rato la televisión, pero había que dormir algunas horas, por lo que nos fuimos a acostar temprano, habiéndonos enterado de que Ernesto, otro de los participantes del viaje, había salido ya en autobús rumbo a Villahermosa. Yo ansiaba darle alcance, aunque teníamos que esperar aún algunas horas.

Poco después de las 2 de la mañana, Adriana, la cuarta de las participantes del viaje que viajaría en el auto de Jorge con nosotros, nos mandó mensaje diciendo que ya estaba por llegar donde nos encontrábamos. Edson, su novio y compañero nuestro en viejos proyectos, la había llevado en carro; conversamos un poco y acomodamos todo para salir a comenzar el viaje. Nos despedimos de Edson y tomamos rumbo primero hacia Tlalpan, había que pasar a recoger a Rosa, la última ocupante del auto para completar las 5 plazas. Ella es amiga de Jorge; Adriana y yo no la conocíamos hasta entonces, y había sido la última de todo el grupo del trekking que se agregó al viaje, apenas un par de días antes. Una afortunada adición, ya que disfrutó bastante el recorrido y fue una compañera agradable y entusiasta.

Finalmente tomábamos rumbo hacia Flores, en Guatemala. No podía creer que estuviera pasando por fin y pasé casi todo el tiempo mirando el paisaje y platicando. Siempre me gusta manejar, pero Jorge jamás soltaría el volante de su auto y aguantó muy bien todo el trayecto. Tomamos la salida a Puebla, atravesamos esa ciudad y seguimos hasta las Cumbres de Maltrata, las cuales estaban libres de neblina, lo que hizo bastante sencillo su cruce. Más tarde, en La Tinaja, tomamos la desviación hacia Coatzacoalcos y justo ahí nos alcanzó el amanecer. Ese tramo siempre me da sueño, así que, como buen pasajero, me quedé dormido por única ocasión en el trayecto. Desperté cerca de Acayucan y no volví a pegar los ojos, ahí Jorge llamó a Ernesto, quien nos dijo que estaba por llegar a Villahermosa, a pesar de tener muchas horas de ventaja estábamos por alcanzarlo.

Más adelante tomamos rumbo a también a Villahermosa, la cual evitamos mediante su libramiento; avanzamos hacia Catazajá y después dimos vuelta en la carretera hacia Tenosique. Nos encontramos con la faraónica obra del tren maya, de la cual no opinaré. Pasado el medio día entramos a la carretera hacia la frontera de El Ceibo, ya veíamos el objetivo mucho más cerca. Jorge y yo cantábamos a todo pulmón e incluso paramos un poco para que yo grabara el letrero de la última población del lado mexicano: Sueños de oro.

El cruce de la frontera fue un poco tardado porque había una fila de personas, pero sin mayor problema. Mientras los demás sellábamos nuestra salida en la aduana mexicana, Jorge se adelantó para arreglar el cruce del auto. Justo ahí nos encontramos con Ernesto y Valeria, quienes acababan de llegar y tomarían un colectivo hacia Flores, les habíamos dado alcance con más de 8 horas de desventaja. El transporte público es mucho más lento que Jorge manejando...


Cuando pasamos a sellar nuestra entrada a Guatemala ya todo el trámite del vehículo estaba terminado, así que volvimos a abordar para continuar a Flores. Este trayecto fue mucho más lento, a pesar de que la carretera estaba en mejores condiciones que en México, había topes (llamados túmulos ahí) sumamente altos que obligaban a disminuir mucho la velocidad. Ya era tarde cuando llegamos por fin a la capital del departamento de Petén, decidimos ir directamente a comer y nos adelantamos a todos los demás en el restaurante bar que era el punto de encuentro. Llegamos ahí justo al atardecer, por lo que pudimos grabar y fotografiar al sol poniéndose sobre el lago Petén Itzá.

Mientras comíamos, poco a poco fueron llegando los demás participantes del trekking, quienes ya habían llegado a Flores por la mañana y en días anteriores: Eduardo y Mónica, de Querétaro, Erik, de Nueva Zelanda, William padre e hijo y Thomas, de Mérida, Marcia, de Argentina, Juan, de Laredo y Leonardo, de la Ciudad de México. Ya entrada la noche, cuando estábamos por irnos (teníamos que rodear un brazo del lago en el auto para llegar a nuestro hotel), finalmente llegaron Ernesto y Valeria, luego de varias horas desde la frontera. Únicamente faltaba Carlos, de Chetumal, un viejo amigo que no había visto en algunos años, pero él llegaría al día siguiente por la tarde.

Después de un rato alcanzamos a los yucatecos, a Marcia y a Juan en el hotel, ya que estábamos hospedados en el mismo, y ellos cruzaron el lago en lancha para llegar ahí, un trayecto de 5 minutos, mientras que el rodeo en auto era de más de 20. Nuestra habitación tenía un problema con el baño, el cual se arregló al día siguiente, pero gracias a eso nos rebajaron a la mitad el precio de la primera noche. Antes de irme a dormir disfruté de una bella vista nocturna de Flores desde la orilla norte del lago. Por cuarta ocasión estaba ahí, y en el viaje más esperado desde que comencé a visitar sitios mayas en 2012.