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jueves, 22 de junio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 3: Primeros 20 km de caminata. De Carmelita a El Tintal

Por la mañana, antes de las 5, mi enojo se había esfumado por la emoción de iniciar por fin el tan esperado trekking a El Mirador. Hacía 11 años que me había enterado de su existencia y 23 desde que vi por primera vez un dibujo de aquel sitio del Preclásico, mientras me preguntaba en dónde podría encontrarse algo así. Jorge, en cambio, seguía molesto, pero esas sensaciones se fueron diluyendo después de cruzar a Flores en lancha, atravesamos la isla caminando con nuestras mochilas y nos encontramos frente al puente de entrada con Eduardo, que ya nos esperaba junto a la camioneta que nos llevaría a Carmelita, el último poblado al norte y donde se comienza la caminata.

Al poco tiempo estábamos todos en camino, recorriendo un largo trayecto por terracería y pasando un par de controles donde había que registrarse. Finalmente, llegamos hasta Carmelita, dejamos el equipaje que cargarían las mulas y pasamos a desayunar. Una vez terminada la comida, alistamos nuestra agua para el camino y nos reunimos en el centro de visitantes. Dos guatemaltecos se unieron a nuestro grupo porque no habían alcanzado al suyo, estuvieron con nosotros un par de días y luego se integraron con sus compañeros.

Conocimos a nuestros guías Antonio y Ronald, a nuestro arriero Fabián y a las cocineras que nos acompañaron en todo el trekking. Finalmente comenzamos a caminar pasando las 10:30 de la mañana.

El camino se internaba entre los árboles casi de inmediato, por lo que no tuvimos que estar expuestos al sol directo en ningún momento. Eso era muy bueno porque el calor estaba cerca de los 40°C. Este primer tramo puede ser recorrido con vehículos y esto lo aprovechan para llevar suministros al campamento de Tintal, el cual es el mejor equipado de todos los que visitamos durante el trekking; sin embargo, la desventaja es que el suelo que pisábamos estaba tremendamente disparejo y lleno de surcos de llantas que se habían hecho sobre lodo luego de alguna lluvia, y que ahora estaban duros y teníamos que pasarlos haciendo equilibrio.

Después de caminar unos 13 km, nos encontramos con un área abierta entre los árboles, ahí habían colocado sillones de madera para descansar, una adición muy reciente y que gran parte de nuestro grupo aprovechó. Yo preferí sentarme sobre un tronco partido, quería tener las menores comodidades posibles, estando en la selva en esta caminata tan larga. Ahí nos dieron algunos sándwiches que tenían un excelente sabor; aunque, para mi gusto, entre el desayuno y este aperitivo, había comido demasiado y me sentía un poco pesado.

Luego del descanso, reanudamos la marcha y comenzamos a encontrarnos con cada vez más montículos, todos llenos de trincheras de saqueo, algo que vimos en todas y cada una de las estructuras que encontramos, sin ninguna excepción.

Pasando los 18 km comencé a adelantarme al grupo, intentando llegar un poco antes para grabar mis clips de vídeo sin gente, sin embargo ahí hubo algunas bifurcaciones del camino, por lo que tenía que esperar al guía para saber por dónde seguir.

En la entrada al sitio nos reunimos todos, esperando a los más rezagados. Después volví a adelantarme, alcanzando a grabar solamente el gran juego de pelota del sitio, uno de los más grandes del área maya. Caminamos un poco por el área central, rodeada por un foso que alguna vez tuvo agua, algo muy parecido a Becán, aunque El Tintal es más antiguo, ya que data del Preclásico.

Salimos por otro camino y llegamos al campamento, ahí nos acomodamos en nuestras tiendas y luego regresamos un poco hacia el sitio para subir a la estructura Henequén, donde observaríamos el atardecer. El nombre de Tintal se debe a que en el área se encontraba una gran cantidad de árboles de palo de tinte, no hay estructuras con arquitectura visible, solamente montículos, algunos de gran tamaño.

Mientras subíamos, me quedé atrás para tomar una foto. Frente a mí pasó Eduardo y luego Mónica. Cuando iba ya detrás de ellos, Eduardo perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, comenzando a rodar sobre su espalda y llevándose consigo a Mónica. De alguna manera que no alcanzo a comprender, di un salto al frente y quedé casi tendido en el talud de la estructura, con los brazos alcancé a detener a ambos, por lo que la caída no continuó y solamente quedamos con algunos golpes. Fue un accidente peligroso, ya que había estacas en los escalones de madera para ascender y una piedra de buen tamaño me golpeó en una pierna, aunque no sentí el impacto.

Ya arriba se nos pasó el susto y miramos el primer atardecer del trekking, aunque no había nube alguna y únicamente en el horizonte se observaba una capa de humo, producto de la temporada de quema de los campos de cultivo, lo que hacía que no fuera un crepúsculo muy espectacular. Permanecimos algún rato más y tomé unas cuantas fotos de las estrellas, aunque no resultaron muy vistosas.

Finalmente regresamos al campamento, tomamos la cena, que tuvo un excelente sazón y nos retiramos a dormir ya tarde, después de estar conversando un buen rato.



sábado, 29 de febrero de 2020

Un mes en Campeche pt. 9. Peor es Nada

Crestería de la estructura IV
El domingo 14 de julio Wilberth y yo planeamos realizar un recorrido en su auto, en ésta ocasión no nos acompañó su hermano Iván pero si Fernando. Salimos por la mañana y pasamos a desayunar unas tortas de cochinita; luego de ello emprendimos un largo trayecto hasta el sitio de Peor es Nada, ya cerca de Xpujil y luego de pasar por Hopelchén.

El sitio de Peor es Nada fue reportado por Eric S. Thompson y es uno de los mejores ejemplos de arquitectura tipo Río Bec, pues contiene dos edificios con torres con una regular conservación, además de otros ya muy dañados; a pesar de su fácil ubicación fue difícil de encontrar para mi amigo Eduardo, quien había estado ahí junto con Julio poco antes que nosotros. Fue gracias a Nik Contini (a quien yo había conocido en persona a penas dos o tres días antes, pues se encontraba recopilando documentación en Campeche) que tuvimos las indicaciones adecuadas para poder llegar al lugar.
Estructura IV

Entramos algunos metros por una terracería y dejamos el vehículo, frente a nosotros se encontraba un pequeño cerrito donde sospechábamos se encontraba la estructura V del sitio. Julio me había dado un croquis que indicaba 4 edificios principales numerados de sur a norte, por lo que estábamos en el extremo del sitio.

Decidimos dejar esa estructura para el final y comenzar la búsqueda de las demás. El terreno estaba en parte deforestado, por lo que vimos varios montículos, dos de ellos incluso con una disposición parecida a la de los juegos de pelota; más atrás había que internarse en la selva y eso hicimos, aunque el paso no era muy difícil pues la mayoría de la maleza estaba seca, había mucha hierba en el piso y eso obligaba a levantar mucho los pies para no tropezar, lo que me afectó bastante a la larga debido a mi rodilla aún no recuperada.
Torres de la estructura V

Encontramos una infinidad de senderos que cruzaban la selva y seguimos los que mejor nos parecían; nos encontramos varios montículos sin arquitectura expuesta, algunos con grandes agujeros de saqueo. Peinamos la zona y dimos varias vueltas para volver a ubicar los lugares donde ya habíamos pasado y ubicarnos, pero no encontramos nada destacable. 

Decidimos dirigirnos al sur y tomamos otros tantos senderos que únicamente nos llevaron a varios grupos de grandes montículos, lo que parecía un campamento destartalado y zonas donde la maleza se complicaba mucho.

Varias veces me separé de mis compañeros para abarcar más terreno, pero únicamente seguía encontrando montículos sin arquitectura expuesta, cada vez era más difícil orientarme y constantemente requería de silbar para que me escucharan y me orientaran para poder regresar a los puntos donde ellos estaban.
Torre oriente de la estructura V

Luego de horas de buscar y después de encontrar un conjunto particularmente grande sin nada destacable que observar, yo ya no podía dar un paso más y le dije a los demás que era tiempo de rendirme; Wilberth sin embargo había visto estructuras de gran tamaño delante de nosotros y quiso ir a revisarlas, ahí finalmente encontró lo que parecía una torre muy dañada con un gran agujero de saqueo. Yo pensé que estábamos en la estructura I pero meses después comprobé que en realidad nunca llegamos a dicho edificio, en realidad llegamos a la III, la cual formaba un ángulo recto con la IV, que fue la siguiente que encontramos.

Después de dar la vuelta a la estructura III, no encontramos casi nada visible, pero dimos con su estructura vecina, donde dimos de frente con un gran muro que parecía haber perdido todo el recubrimiento de piedra y mostraba el relleno de mampostería, del otro lado pudimos ver que se trataba en realidad de una enorme y maciza crestería.
Estructura V

Asumiendo que habíamos encontrado las principales estructuras y tremendamente cansados, decidimos regresar a la estructura V, que habíamos dejado pendiente. El camino fue mucho más fácil y además cruzamos por un área donde la selva había sido talada por lo que en pocos minutos llegamos al pequeño cerrito.

Solo tuvimos que caminar unos cuantos metros para ver claramente la silueta de dos torres estilo Río Bec, aunque parecía que habíamos llegado por la parte trasera. En la torre del lado oeste había un enorme tronco caído que se había llevado parte de la pared, en el lado este pudimos ver arranques de bóveda y muros de habitaciones que ya habían caido. Cruzamos hacia el frente del edificio y ahí vimos que había muchos muros en pie pero los cuartos ya se habían desplomado hacía mucho tiempo. Yo estaba agotado y me dolía la pierna, por lo que no pude subir a la parte más alta para ver más de cerca, además había olvidado mi agua y estaba sumamente deshidratado, nunca en ningún otro sitio había estado en unas condiciones tan malas como en Peor es Nada.

Finalmente regresamos al auto mucho tiempo después del que habíamos previsto, pero aún así faltaba visitar otros sitios y seguimos nuestro camino yendo ya de regreso hacia Hopelchén.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Un mes en Campeche, pt. 2. Nohochná y Bacalar, Quintana Roo

Lado poniente de la estructura de Nohochná
Al día siguiente (29 de julio), tomamos nuestras cosas y subimos a un camión que nos llevó a Nicolás Bravo, ya en Quintana Roo. Cuando llegamos eran alrededor de las 8 de la mañana y lo primero que hicimos fue entrar en una pequeña fonda y pedir permiso para dejar nuestro equipaje, para más tarde regresar y comer ahí mismo. 

Dejamos todo excepto agua, celulares, cámara y machetes. Caminamos por un rato siguiendo la carretera y luego dimos vuelta en un camino de terracería. Por un buen rato seguimos recto y pasamos entre una cantidad impresionante de montículos. Toda la zona estaba dividida en espacios rodeados por empalizadas que contenían una pequeña plataforma que posiblemente sostuvo alguna vez las antiguas casas; podíamos darnos una idea de la enorme extensión que tuvo el sitio de Nicolás Bravo (el cual yo visité dos años antes), ya que estos conjuntos estaban uno tras otro y de cuando en cuando aparecían estructuras más grandes que posiblemente fueran públicas, aunque estaban completamente destruidas y no podíamos apreciar sus características.
Lado oriental de Nohochná

Estuve revisando nuestra posición gracias al gps del celular de Fernando y mi brújula. Nos aproximábamos a un punto donde debíamos tomar otro camino cuando vimos que una camioneta venía hacia nosotros, luego se detuvo mientras sus dos ocupantes nos saludaban y preguntaban a dónde íbamos; les respondí que buscaba el sitio de Plazuelas (como lo conocen en la zona) y amablemente nos dieron indicaciones.

Dimos vuelta en la entrada a un rancho y ahí nos encontramos con otro señor, el cual nos dijo que el camino que llevaba al sitio estaba ya desaparecido, no se usaba desde hacía muchos años, incluso una alambrada lo cruzaba justo en su inicio; sin embargo indicó que era posible llegar si lográbamos distinguir la zona por donde se pasaba anteriormente. Nos acompañó hasta el final de su terreno y de ahí seguimos por un campo un tanto complicado.
Lado poniente de Nohochná

La zona parecía haber sido quemada recientemente pero estaba llena de arbustos secos que parecían haber sido sembrados regularmente, a parte de eso no había hierbas ni pastos altos. Me fue imposible distinguir el viejo camino pero se podía pasar sin mucho trabajo a campo traviesa; nos olvidamos del sendero y nos guiamos con la brújula, verificando cada cierto tiempo la posición en el celular de Fernando. La mayor dificultad fue cruzar dos pequeños manchones de selva, pero luego de ello pudimos ver a la distancia la gran estructura que habíamos ido a buscar. El sitio había sido descubierto por Maurice de Perigny a inicios del siglo XX y no ha sido visitado casi por ningún especialista en todo ese tiempo. Su descubridor le llamó Nohochná, "la casa grande". Mis amigos Julio y Eduardo llegaron ahí meses antes pero les costó demasiado trabajo pues la maleza estaba sumamente alta y entraron por el lado contrario al nuestro, donde había más manchones de selva.
Estructura de Nohochná

Llegamos por el frente del único edificio con arquitectura visible del lugar; en un primer momento no distinguimos anda más que los restos de alguna habitación muy dañada. Al dar vuelta por el lado sur pudimos ver la parte trasera, la cual es única: se distinguía una gran torre al centro con aposentos a cada lado; dicha torre tenía las típicas escalinatas simuladas del estilo Río Bec, pero en una disposición inusitada pues había tres de ellas sobre el mismo cuerpo, el cual era sumamente ancho y que casi seguramente soportaba tres templos simulados, cada uno sobre las hileras verticales de escaleras, con el central en una posición más prominente que los otros dos. Una gran parte de la pared había caido o estaba en serio riesgo de colapso pero se podía apreciar lo suficiente para darse una idea de la apariencia antigua del edificio.

Hacía un calor tremendo pues aunque hubiera nubes el sol caía a plomo, no pasamos mucho tiempo apreciando la torre porque no había ninguna sombra. Pasamos al frente del edificio y nos sentamos bajo su cobijo a descansar por un rato, llevábamos ya más de 8 km recorridos sin parar.
Nohochná

Después de recuperar el aliento, me puse a observar el edificio para tratar de comprender su disposición tan rara. Pude ver que por lo menos hubo dos pisos de habitaciones que estaban comunicados por pasajes internos con escaleras estrechas, las cuales permitían también llegar al nivel superior de la torre, que tenía las mismas escalinatas simuladas que en su lado trasero. Sin duda se trataba de un edificio sin par y sumamente complejo, pero se estaba desmoronando rápidamente, los muros prácticamente se estaban pulverizando y en poco tiempo no quedarán más que escombros.
Bacalar

Subimos a una de las entradas de los pasajes internos, éste se distinguía claramente desde afuera por ser una cavidad abovedada que conducía quizá a habitaciones del segundo piso ya completamente desaparecidas. Llevaba a una estrecha escalera que bajaba y se internaba en la estructura, más adelante giraba a la izquierda y desembocaba en un recinto más amplio que según mis amigos tenía un hueco en el suelo que dejaba al descubierto a lo que pudo haber sido una tumba saqueada. Nosotros no pudimos pasar hasta ahí porque al aproximarnos comenzamos a escuchar un fuerte ruido que parecía el de muchas aves gritando. Había algo extraño porque el sonido era muy monótono, parecía mantenerse siempre al mismo volumen y variando regularmente. El desconcierto fue grande y tuve temor de encontrarme con fauna peligrosa, por ello decidimos salir. Días más tarde alguien me mostró por internet un vídeo en el que una cucaracha gigante hacía un ruido idéntico...
Bacalar

Después de un rato decidimos emprender el regreso por el lado contrario al que usamos para entrar; en poco tiempo nos encontramos con varios jóvenes que estaban quemando forraje, uno de ellos nos acompañó hasta un camino de terracería y gracias a ello evitamos un difícil cruce por la selva. A partir de ahí solo tuvimos que caminar recto, aunque el camino fue cada vez más arduo por el calor que aumentaba al paso de los minutos y por la acumulación de distancia que llegó a los 17 o 18 km.

Regresamos a la fonda y desayunamos con avidez. Nos apresuramos a alcanzar una combi a Chetumal y una vez en la terminal solo nos cambiamos a otra que iba a Bacalar, lugar que yo no conocía y que Fernando quería visitar.

Bajamos sobre la carretera y luego de caminar un rato decidimos entrar a uno de los balnearios públicos. Bacalar no necesita presentación, quedamos encantados por la belleza de la laguna y sobre todo por la calidez de las aguas, la cual ayudó a que nuestras piernas cansadas se reconfortaran rápidamente. 

Visitamos el fuerte y tuvimos problemas para encontrar un lugar donde comer porque ya era un poco tarde, empezó a llover antes de eso y terminamos bastante mojados. Luego quedamos atrapados en el negocio de comida por un fuerte aguacero que no duró más de media hora.

Debíamos regresar por la mañana a Campeche y eso fue muy complicado porque no encontramos transporte a Xpujil. Finalmente decidimos tomar un autobús a Chetumal, esperamos 3 horas ahí y luego pudimos llegar ya muy tarde a nuestro punto de partida del día. Nuevamente tuvimos que aguardar bastante hasta las 4 de la mañana y entonces tomamos el autobús que llevaba a Campeche cruzando los Chenes. Antes del medio día habíamos regresado.

sábado, 8 de febrero de 2020

Práctica de campo en Tlayacapan. Pt. 4 y final. San José de los Laureles, Xapela y El Sombrerito

Cartucho glífico con un templo piramidal muy borrado
La semana final de la práctica de campo decidimos ir a buscar por nuestra cuenta unas pinturas rupestres de las que habíamos oído hablar varias veces y que se encuentran en el cercano sitio de San José de los Laureles. 

En dicha ocasión únicamente fuimos el equipo encargado de la nopalera y el monte (Fabiola, Yaelin, Fernando, Andreas y yo). Nos levantamos temprano para ir a tomar una combi que nos llevara al centro del pueblito. El lugar está en un terreno más elevado que Tlayacapan y desde ahí podíamos ver bastante bien los cerros que habíamos recorrido anteriormente y otros que se encuentran en las cercanías. Lo primero que hicimos fue buscar a alguien que nos diera indicaciones; luego de ello recorrimos una de las calles principales hasta llegar al campo, de ahí el camino serpenteaba un poco entre zonas de cultivo de nopal. No tuvimos mucho problema en encontrar el sendero que llevaba al sitio rupestre ya que encontramos algunas personas trabajando cerca de ahí.
El sitio blanco de San José de los Laureles

Tomamos un caminito muy pintoresco que cruzaba arroyos y pasaba junto a pequeñas barrancas llenas de vegetación; luego de un rato sospechamos que algo andaba mal puesto que no encontrábamos el sitio y nos habían dicho que se ubicaba bastante cerca, por fortuna nos encontramos con alguien que estaba arando una pequeña parcela y nos dijo que debíamos haber cambiado de sendero bastantes metros más atrás.

Regresamos y luego de desviarnos dimos con un puente bastante maltrecho que se veía peligroso pero aún así lo pasamos, más adelante llegamos a unas paredes de roca con una escalera hecha con ángulos de varilla empotrados, un poco más allá nos encontramos con el primer panel de pinturas, las cuales eran rojas y representaban personajes y cartuchos glíficos, uno de ellos tiene la representación de un templo en su parte central pero está muy dañado.
Exconvento de Oaxtepec

Estuvimos buscando un buen rato el llamado "sitio blanco", con las mayores pinturas del lugar, Fernando subió bastante en el cerro donde nos encontrábamos pero luego nos dimos cuenta que lo que queríamos ver estaba un poco más abajo. Ahí vimos un abrigo rocoso que contenía una gran cantidad de pinturas en blanco y algunos otros colores; lo más llamativo era una gran espiral, rostros, venados y círculos. Había muchos restos de rituales actuales llevados a cabo ahí y estuvimos documentando el lugar por un buen rato. Regresamos por el mismo camino y alcanzamos a llegar a Tlayacapan justo a tiempo para comer con el resto de los compañeros.

Unos días después llevaron a todos los que queríamos tomar la especialidad de arqueología a realizar recolección de material en superficie en un pequeño sitio en Oaxtepec. Primero paramos en el exconvento del poblado y de ahí llegamos un terreno baldío donde se encontró alguna vez la casa de la cacica local, que vivió ahí justo después de la conquista.
Basamento en Xapela

El sitio es conocido como Xapela y no se encontraba registrado; estaba en gran peligro por la construcción de casas que ya habían arrasado gran parte del lugar. 

Recorrimos los restos de la casa colonial y nos dividieron para recoger cerámica en el terreno. En el lado que me tocó había un montículo que sobresalía; los arqueólogos encargados creían que se trataba de una pequeña capilla caída pero luego de inspeccionarlo y de mapearlo encontramos el borde de una escalinata. Por las características y la orientación del edificio se llegó a la conclusión de que debió tratarse de un templo prehispánico sobre el cual se construyó la edificación colonial, además de ello toda la cerámica que encontramos era anterior a la llegada de los españoles, lo que recorría hacia atrás el periodo de ocupación del sitio.
Vista desde el Sombrerito

En los últimos días de práctica Andreas estuvo insistiendo en que subiéramos al cerro del Sombrerito, como ya no teníamos muchas ganas de ir se fue solo y lo que nos contó nos animó a acompañarlo. 

Este último recorrido lo realizamos Fabiola, Romina, Elizabeth, Fernando, Andreas, mi tocayo Mario y yo. Subimos por la tarde al cerro de la ventanilla y desde ahí llegamos luego de una subida algo empinada a la base de la formación que da nombre al cerro, la cual parece un sombrero de copa. Por la parte sur encontramos una escalera de metal que llegaba a la cima, pero estaba sumamente floja y se sentía bastante peligrosa. Pese a ello, y a que en la cima había un ave muerta que olía horrible, estuvimos un buen rato arriba con una de las mejores vistas de la zona. Solamente empezamos el descenso cuando el atardecer ya pintaba todo el paisaje de rojo y comenzaba a menguar la luz del día.
En la cima del cerro del sombrerito

La segunda mitad del camino de regreso fue un tanto difícil porque ya estaba bastante oscuro, incluso nos detuvimos en la ventanilla y dirigimos las lámparas que teníamos hacia el campamento y nuestros compañeros nos contestaron haciendo lo mismo desde el techo.

Así finaliza mi relato acerca de los recorridos que efectuamos en el monte y los sitios arqueológicos cercanos a Tlayacapan aunque también realizamos trabajo de campo, entrevistas, mapeo y caminatas; jugamos futbol varios días y un poco de basquetbol (en las canchas encontramos restos de navajillas de obsidiana). 

Cuando regresamos tuvimos que caminar varias cuadras para subir al autobús porque era muy difícil que volviera a entrar a las pequeñas calles del pueblo y llegamos a la ciudad a la hora de comer. 

martes, 24 de septiembre de 2019

Un día de viaje por Tlaxcala y Quecholac, pt. 2 y final. Tepeticpac y Quecholac

Estructura en Tepeticpac

Después del recorrido en Tizatlán teníamos las opciones de visitar Ocotelulco, otro sitio abierto al público, o de hacer una caminata por cerros cercanos hasta Tepeticpac; luego de consultarlo con mis compañeros nos decidimos por la segunda opción y nos dispusimos a recorrer un corto tramo hasta la entrada que lleva al sitio y a un campo de tiro.

Subimos una parte de la ladera en el auto y en cuanto nos encontramos con terracería lo dejamos estacionado para seguir a pie. Subimos por la ladera contraria al campo de tiro y pronto comenzamos a encontrarnos con terrazas que aún tenían muros bastante bien conservados. 

Mientras subíamos iba enseñándole a Alondra las viejas construcciones y cada vez teníamos una panorámica más amplia hacia el lado del volcán de la Malinche y la ciudad de Tlaxcala.
Cima del cerro de Tepeticpac

Cuando estábamos ya cerca de la cima, el camino se acercó bastante al borde de una barranca muy profunda; el suelo estaba cubierto de tierra seca y la maleza que crecía se constituía de arbustos y hierbas muy espinosas; caminábamos con cuidado para no tropezar y pegados al lado del cerro. 

Como suele suceder, por momentos parecía que llegábamos a la cima y luego nos dábamos cuenta de que en realidad faltaba todavía algún tramo más; Marisela ya se estaba cansando y por momentos hubo que cargar a Alondra.

Finalmente nos encontramos con la superficie alargada de la parte más alta del cerro, parecía que había sido aplanada intencionalmente pero se veían muy pocos montículos muy bajos, yo me esperaba estructuras más grandes pero tenía poca idea de lo que habríamos de encontrar.
Plataforma en Tepeticpac

Luego de unos metros, la superficie plana se ensanchó bastante y nos encontramos con una torre de vigilancia del INAH, estaba completamente desierta y justo atrás se veían los muros de algunas estructuras ya excavadas y restauradas.

Me llevé alguna decepción pues la restauración del sitio era una de las más horribles que había visto: la estructura más grande incluso tenía ladrillos rojos bordeando las alfardas de la escalinata; definitivamente no se utilizaron materiales parecidos a los prehispánicos para los trabajos aunque quizá no era tan malo como si hubieran cubierto todo con cemento; la estética sin embargo para mi gusto era pésima.

Desde ahí pudimos ver un muro que parecía prehispánico en lo alto de un cerro cercano con mayor altura, luego de dudar un poco nos decidimos a llegar hasta ahí y caminamos por el resto del área superior del cerro, así nos encontramos con una gran plataforma cuyo frente y costados también estaban ya restaurados.
Antigua capilla colonial

Llegamos hasta otra ladera y subimos hasta su cima, ahí ya tenía mucha sed y Marisela realmente estaba ya cansada. Nos costó trabajo volver a encontrar ese muro que habíamos visto, pero luego de revisar la cima adelantándome un poco lo encontré y llamé a los demás. Nos encontramos con una capilla colonial que después supe que era una de las más antiguas de la región, definitivamente estaba construida con piedras que pertenecieron a algún edificio prehispánico y se encontraba en la esquina de una plaza rodeada de montículos alargados que muy posiblemente fueron anteriores a la capilla.

Vimos restos de algunas habitaciones contiguas y los arcos que daban paso a ellas pero lo más interesante para mi gusto fue la puerta de entrada con un gran dintel de madera que casi seguramente era el original.

Estuvimos un buen rato ahí. Marisela se sentó a descansar bajo un bonito árbol que crecía junto al edificio, Martín y yo nos pusimos a tomar fotos y luego estuve jugando a perseguir a Alondra por el gran espacio plano de la plaza prehispánica rodeada de montículos. 

Uno de los lados de este espacio era abierto y permitía una gran vista de los valles y del sitio que se encontraba más abajo, ahora ya no se distinguía nada de esto último pues los árboles y arbustos cubrían la vista pero se podía divisar toda la ciudad de Tlaxcala.

Comenzamos el descenso, queríamos llegar a un taller sobre megafauna en Quecholac pero se hacía tarde así que procuramos no detenernos; casi todo el camino Martín llevó a Alondra cargando sobre sus hombros.
Música en el museo comunitario de Quecholac

Conforme íbamos bajando escuchábamos los balazos provenientes del campo de tiro pero estábamos bien protegidos por la ladera del cerro. Llegamos hasta el auto luego de no mucho tiempo y tomamos la nueva autopista hacia Puebla; entrando a dicha ciudad tomamos rumbo hacia Orizaba y luego de una hora aproximadamente nos desviamos hacia Quecholac.

Hacía tiempo que no estaba en este último poblado, años antes colaboré un poco en algunos eventos organizados por mis amigos de la asociación civil "Quechol-Arte y Cultura A.C." y ahora simplemente íbamos como espectadores de algunos talleres y queríamos conocer el museo que se encuentran gestionando y que recientemente habían abierto al público con algunas salas de exposición.

A pesar de que llegamos tarde, aún pudimos ver una plática sobre megafauna que le interesaba mucho a Martín y a Alondra. Luego de ello visitamos la exposición del museo que contiene una serie de piezas prehispánicas de la región y de restos de animales prehistóricos que abundan en los alrededores. 

Estuve platicando un rato con mis amigos Nohemí, Arturo, Isabel y Jorge, un poco más tarde llegó César, con ello pude ver a todos los integrantes de la asociación. 

Fuimos a comer cemitas junto a la plaza central del pueblo y luego de regresar pudimos ver un grupo de música en vivo, Alondra estaba encantada mientras que su papá estuvo muy interesado en los huesos prehistóricos, platicando bastante sobre ello,

Finalmente nos despedimos antes de que fuera muy tarde, emprendimos el regreso y nos encontramos con bastante tráfico a la entrada de la ciudad de México. Dejé a mis amigos en su casa y finalmente llegué a la mía un poco más tarde que lo que había previsto pero en una hora bastante decente. Me encontraba bastante contento de haber viajado con Marisela, Alondra y Martín, además de haber podido pasar un rato con mis amigos de Quecholac.

viernes, 12 de abril de 2019

Viaje al Puuc Pt. 14. Loltún, Yucatán

Disco de piedra
Nuestra salida de Yaxhom a Labná para pasar al baño y visitar el sitio fue inútil, a pesar de que eran ya más de las 9 de la mañana nos encontramos con el camino cerrado pues aún no estaban ahí los custodios. Nos detuvimos solo un minuto y decidí mejor ir a Loltún y aprovechar para intentar hacer el recorrido guiado de las 9:30. Nuevamente quedó pendiente Labná pues ni siquiera tengo un vídeo de la única ocasión en que estuve ahí en el 2012.

Llegamos hasta ahí 5 minutos antes de que comenzara la visita guiada (pues no se puede entrar solos), pasamos rápidamente al baño y compramos los boletos. Mientras esperaba a Adriana me puse a observar los monumentos de Yaxhom que se encuentran ahí, se trata de dos jambas o estelas con una fila de glifos cada una, además de ello hay un enorme falo de piedra y un disco con una cara de perfil que según sé proceden directamente de Loltún o de sus alrededores. 

Adriana llegó corriendo para entrar, yo tenía guardados los boletos y justo entonces no pude encontrarlos en mis múltiples bolsas, estuve corriendo buscándolos por el suelo; la gente ya había entrado e incluso cerraron la reja cuando me acerqué al guardia y le dije lo que pasaba, por suerte nos permitió pasar... los boletos estaban pegados a la pantalla de mi celular.
Petrograbado de la entrada

Alcanzamos al grupo cuando terminaba la explicación del petrograbado de la entrada y a penas nos dio tiempo de verlo un momento y fotografiarlo a detalle. Se trata de una figura humana de gran tamaño que parece ser un guerrero ataviado para la batalla, está mirando hacia la izquierda y parece tener la rodilla del lado derecho doblada sobre el suelo. Yo había visitado el lugar en el 2000 pero no tenía ninguna buena fotografía, así que no recordaba prácticamente nada; sé que la ocupación es antiquísima pues hubo personas habitando la gruta desde la prehistoria. El petrograbado de la entrada es un elemento antiguo pues data del preclásico.

Tuvimos que apresurarnos para volver a alcanzar a los demás en la entrada de la cueva, ahí nos indicaron que no debíamos retrasarnos puesto que la iluminación se iba apagando conforme se avanzaba, yo traía una gran linterna de tipo minero pero al no conocer el camino preferí no arriesgarme.

La gruta me pareció más pequeña que lo que recordaba, sin embargo las salas que la forman son impresionantes, llenas de estalactitas y estalagmitas que en algunos puntos incluso se unen formando columnas, dos de ellas son peculiares pues al golpearlas resuenan de una manera que recuerda el nombre de Lol-tún. 

Yo no recordaba que hubiera luces de colores pero en algunos puntos vimos que a momentos la iluminación cambiaba de tono, lo cual siempre da un aspecto hermoso a las formaciones rocosas, eso es algo que ya había visto alguna vez en los cenotes de Dzitnup, cerca de Valladolid.
Pasaje en la gruta

Todo el tiempo estuve adelantándome y atrasándome para colocar mi cámara sobre las rocas e intentar tomar fotos con larga exposición para que se pudiera apreciar algo, ya 19 años antes había intentado tomar capturas con mi vieja cámara de rollo y el resultado había sido un desastre, ésta vez fue diferente.

Pasamos por zonas que ya no estaban en mi memoria:
Una cámara donde había una vasija de barro en forma de cabeza sobre una gran roca, otra donde se habían encontrado entierros, entre ellos el de un niño y finalmente una donde había impresiones de manos rojas en la pared, algo que sí recordaba aún.

Después de ello llegamos a una gran sala con orificios que dejaban entrar la luz del exterior y las raíces de la vegetación de la superficie, es el punto que más me gusta de Loltún y me apresuré a fotografiarlo. Fue una tremenda sorpresa que luego de voltear a una pared me encontré conque tenía petrograbados. 
Petrograbados en la gruta

Estos últimos tenían formas abstractas y por más que buscamos no encontramos qué era lo que representaban, estaban bastante claros, justo atrás de una gran roca que aproveché para colocar mi cámara.

Nuevamente nos quedamos atrás del grupo pero ya no fue muy difícil alcanzarlo pues estábamos llegando a la parte final del recorrido. Ahí vimos una serie de terrazas artificiales que fueron construidas en la época de la guerra de castas, los indígenas sublevados usaron Loltún como un refugio y construyeron trincheras en una sección profunda que da a una pared muy empinada que finalmente da a la salida.

Ascendimos por ese lado y al poco tiempo estábamos afuera, aún teníamos mucho tiempo para recorrer más sitios pero las vueltas extra que dimos habían reducido nuestra carga de gasolina y no queríamos quedar varados en una terracería; regresamos hasta Oxkutzcab a la gasolinera más cercana y luego emprendimos el retorno para seguir adelante.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Viaje por el Puuc Pt. 5. Chacchob, Yucatán

Tipikal
El 28 de diciembre fue el segundo día de recorridos por sitios mayas del viaje, comenzamos saliendo poco después de las 6 de la mañana, ahora estábamos ya Adriana, Carlos, Paola y yo. Tomamos rumbo a Teabo y paramos en el pequeño sitio arqueológico de Tipikal.

Ya hace dos años había hecho la misma ruta, aquella vez recorrí Tipikal, Chacchob y San Diego Buenavista junto con Eduardo y Julio; en ésta ocasión repetiríamos los primeros dos ya que Adriana no los conocía.

Sin ningún problema encontramos el basamento que se conserva en el lugar y nos estacionamos unos metros más adelante. Estuve a punto de seguir el camino de acceso a un rancho queriendo evitar caminar por la orilla de la carretera pero me dí cuenta del error rápidamente y corregimos el rumbo. Encontramos la puerta de la reja que cierra el sitio abierta así que pudimos pasar para poder ver la peculiar subestructura del edificio, la cual tiene planta ovalada y está completamente visible desde lo más alto del basamento que se construyó en algún momento posterior sobre ella.
Subestructura en Tipikal

La visita fue muy rápida, tomamos algunas fotografías y luego salimos hacia la carretera con rumbo a Peto, al llegar al entronque para desviarnos, cerca de Teabo, vimos bajo un puente de reciente construcción lo que parecía una estructura maya, pensamos que era una edificación moderna por lo que pasamos de largo, días más tarde la vimos de cerca y nos llevamos una enorme sorpresa...

Avanzamos varios kilómetros y finalmente llegamos al acceso al sitio de Chacchob, el cual yo aún recordaba bien además de que Carlos había estado ahí recientemente. Decidí entrar con el auto hasta la orilla de la muralla que rodea el lugar ya que lo mismo hicimos antes pero ahora había un poco más de peso pues éramos 4 y no 3, así que varias veces la parte baja del vehículo rozó con las piedras del irregular camino, en más de una ocasión los demás tuvieron que bajar para poder pasar. Los últimos metros decidí adelantar el carro para darle la vuelta y estacionarlo junto al sitio, unos segundos después ya estábamos todos listos para el recorrido.
La silueta de la torre de Chacchob entre la maleza

Cruzamos la muralla y unos cuantos metros adelante pudimos ver ya las piedras del edificio principal, yo recordaba bien la dificultad para subir así que intenté guiar a los demás por otro camino para entrar por la plaza que se encuentra frente a la estructura pero el lugar estaba repleto de maleza, a diferencia de la relativa limpieza que encontramos 2 años antes.

Subimos al edificio pues su talud era la única parte libre de vegetación que permitía el acceso, con la información que encontramos luego de mi primera visita supimos que el lugar había sido descubierto por Teobert Maler y que la estructura en la que nos encontrábamos era una especie de palacio en forma de C, con una torre muy empinada al centro, la cual incluso era probable que tuviera escalinata impracticable, como en los edificios de Río Bec. La gran inclinación hace un tanto peligroso subir a su cima, pero sin embargo lo hicimos; bajar es aún peor, sin embargo todos pudimos hacerlo lentamente sin tener ningún incidente. Desde ese lado bajamos a la plaza y pudimos observar las dos habitaciones en pie que quedan en Chacchob. Una de ellas es un extremo de la C y está completa excepto por las piedras que formaban el recubrimiento de la fachada, la otra está justo junto a ella y tiene la entrada casi completamente derrumbada y un gran hueco en la parte trasera.
Estructuras en pie de Chacchob

Chacchob es uno de mis sitios favoritos en Yucatán, así que disfruté mucho regresar; a pesar de que la maleza estaba más crecida que en mi anterior visita pude tomar mejores fotografías con ayuda de un tripié que me prestó Carlos, ya que el mío lo olvidé en el auto. Pude comprobar que prácticamente nada ha cambiado en 2 años y el edificio sigue en la misma condición en la que estaba anteriormente.

Carlos me contó que cuando estuvo ahí había andado por caminos que yo no recorrí y se había encontrado con montículos y con una pequeña capilla probablemente colonial; yo recordé haber visto otros edificios pequeños, un pequeño sacbé y lo que parecía una gruta con entrada estrecha, sin embargo no quisimos ir a buscar nada de eso por la dificultad y porque no había mucho que ver en ello.

Salimos del sitio y regresamos al auto, el regreso fue más fácil pues ya sabíamos bien cuales eran los puntos donde habría dificultades para pasar, así salimos de nuevo a la carretera y nos dirigimos hacia Tzucacab.
Lado sur del palacio de Chacchob

Una vez en dicho poblado nos desviamos hacia la comisaría de Dzí, donde preguntamos si había posibilidad de visitar un sitio cercano pero al no conseguir un guía decidimos regresar a la carretera y seguir nuestro camino.


sábado, 23 de febrero de 2019

Viaje por el Puuc. Pt. 4. Cucá, Yucatán

Estructura II
Después de salir de Aké, tomamos rumbo de vuelta hacia Mérida, unos kilómetros antes de llegar a la ciudad dimos vuelta en un camino de terracería y avanzamos por ahí mientras las condiciones lo permitieron. Por espacio de 2 km no tuvimos problemas, aquí fue donde por primera vez en el viaje tuve que usar por completo los recursos con los que contábamos (el odómetro del auto y la brújula) así como el sentido de la orientación y los mapas con los que contaba ya que aún no tengo un gps que me facilite las cosas. 

Teníamos que entrar 3 km por la brecha pero el último de ellos decidimos caminarlo debido a que la vegetación se cerraba dejando en algunos tramos apenas espacio para el paso de una o dos personas; veíamos albarradas hacia ambos lados y en el suelo de pronto se notaba que pasábamos sobre viejos muros, lo que me confundía y hacía más difícil la orientación ya que el sitio que buscábamos, Cucá, posee dos murallas concéntricas; el nombre, según los datos que conseguí, podría traducirse como "ardilla de agua", denominación bastante extraña ya que desconozco algún animal que sea llamado así.
Fragmento de jamba, dintel o estela lisa

Cuando calculaba que habíamos completado la distancia de 3 km vimos un sendero que entraba hacia el poniente tal como las fotos aéreas indicaban, sin embargo la maleza no permitía percibir nada más allá de 4 o 5 metros y quise verificar que no fuera un camino equivocado; le dije a Adriana que esperara ahí y seguí por un buen tramo en el camino donde estábamos sin encontrar rastro de otros senderos, a lo lejos se veía una elevación llena de árboles que supuse era el centro de Cucá.

Regresé donde estaba Adriana y entonces entramos en el otro sendero, a penas habíamos avanzado un poco cuando se perdía el rastro del camino y la hierba alta, los arbustos y las espinas complicaban por completo el paso; aún no compraba un machete por lo que fue una dificultad mayor, tuvimos que avanzar abriendo paso con brazos y piernas, sin embargo aunque era muy complicado no era algo imposible como suele ocurrir en otras ocasiones.
Restos de arquitectura en la estructura V

Como el camino se perdía muy fácil, improvisé una marca quitando el folder rojo con el que protegía los datos impresos del sitio que traía conmigo, la amarré en un tronco con fibras de algunas plantas y confié nuestra suerte a la brújula y al sol. Existe una regla importante cuando se camina por bosques o selvas que dicta no salir del sendero, en éste caso eso implicaba no llegar al sitio así que decidí que la romperíamos, el camino por el que entramos en un principio nos daba la seguridad de regresar sin problema si lo buscábamos caminando hacia el este. El trayecto me costó sangre, ya que en algún momento Adriana se dio cuenta de que un hilillo rojo corría por mi brazo e incluso llegó a manchar las hojas con el mapa, fue algo muy extraño pues al limpiarme con alcohol no pude encontrar la herida.

Encontrar Cucá y su edificio con arquitectura en pie se convirtió en uno de los mayores retos con los que me he encontrado desde que comencé a explorar sitios arqueológicos... luego de avanzar muy lentamente nos encontramos con una elevación hecha de piedras que se alargaba hacia ambos lados; de inmediato me dí cuenta de que estábamos sobre la muralla externa del sitio y me ocupé en definir el punto en el que habíamos llegado usando la brújula, me costó bastante trabajo ya que en un principio había colocado el mapa al revés.
Pórtico en pie en la estructura V

Una plataforma muy destruida nos permitió saber que estábamos en la esquina noreste del lugar, el mapa fue sumamente útil ya que a partir de ahí comenzamos a saltar de un montículo a otro, cruzando la maleza que los separaba con gran dificultad, hasta llegar a la muralla interna. Unos metros más adelante nos encontramos con la enorme mole de la estructura II, la cual tiene alrededor de 15 metros de altura y un largo de más de 30, justo en el punto en el que arribamos se encontraba una gran piedra recargada en el tronco de un arbusto que crecía junto a ella; no pudimos identificar si se trataba de un fragmento de dintel, jamba o estela pero en su parte central había rastros de lo que pudo haber sido alguna figura labrada, aunque también hay una gran probabilidad de que fuera solamente una rugosidad natural producida por la erosión. Usamos la piedra como marcador para saber por donde salir del sitio más tarde.

A partir de este punto las cosas se complicaron nuevamente, yo ya sabía que solamente en un edificio había arquitectura visible aunque en el mapa no estaba indicado claramente.
Habitación con techo colapsado

Comenzamos a recorrer todas las grandes estructuras que veíamos dibujadas, la mayoría de los edificios sobrepasaban los 10 m de altura y tres de ellos llegaban a los 15 con bases bastante alargadas. Estuvimos rodeando un montículo tras otro, subiendo a varios y no encontramos ni rastro de algo en pie, únicamente los restos de derrumbe de los edificios completamente destruidos, cuyas piedras amenazaban con rodar hasta el suelo cada vez que pisábamos.

El cansancio ya estaba haciendo mella en nosotros y le dije a Adriana que me esperara en el ángulo que formaban dos estructuras que delimitaban una plaza. Llegué a un enorme edificio detrás de los ya mencionados y vi algunas piedras alineadas que marcaban la existencia de algunos muros en pie pero era realmente poco lo que se apreciaba y a pesar de subir a la cima de la estructura no pude ver nada más.

Pasé por varios montículos más, ya mis piernas temblaban por el desgaste de caminar entre piedras sueltas, tenía todos los músculos del cuerpo tensos y el estómago oprimido me daba malestar; iba diciéndome a mi mismo que el sitio me estaba exprimiendo las fuerzas e incluso Adriana me escuchó mientras lo hacía. Ya eran las 4 de la tarde, debíamos salir de ahí en menos de una hora para evitar quedar en la oscuridad, ya pensaba que sería necesario regresar a buscar al día siguiente. En mi mente conversaba con mi amigo Neftalí, recordando el día que llegamos al sitio de Rancho Ojo de Agua en Chiapas, un lugar muy problemático, incluso le pedía que me ayudara de alguna manera a encontrar la estructura en pie pues yo ya me sentía desfalleciente.
Estructura V

Al final solo faltaba revisar la estructura I, regresé donde estaba Adriana y fuimos hacia allá, ella se quedó en la base del edificio y yo subí a la cima para otra vez no encontrar nada. Le grité para decirle que me sentaría un rato pues ya no podía dar un paso más y mientras estaba ahí me di cuenta que tenía señal de celular, busqué en internet para revisar un reporte del sitio y ahí pude ver que lo que buscábamos estaba en la estructura V. Bajé de donde estaba y regresamos sobre nuestros pasos, el montículo al que nos dirigíamos era el mismo en el que había visto unos pocos restos de muros, incluso había ascendido sin ver nada pero esta vez llegamos por el lado contrario al que había visto antes. Al mirar la parte media de la pendiente ¡ahí estaba el pórtico que tanto habíamos buscado!. A una altura de aproximadamente 6 o 7 m sobre el nivel de la plaza se encontraban dos columnas que sostenían 3 grandes dinteles sobre los que había aún parte de la fachada de lo que fue una habitación, las piedras de recubrimiento y adorno habían desaparecido ya casi en su totalidad. Del lado izquierdo se alcanzaba a ver entre el escombro que hubo alguna vez otra habitación muy similar ahora cubierta. Toda la bóveda se había venido abajo pero aún se podían apreciar las paredes internas detrás del pórtico.

Maní
Estuvimos ahí un rato tomando fotografías y luego de ello tuvimos que irnos porque comenzaba a caer la tarde. La salida, como suele ocurrir, fue mucho más fácil que la entrada: llegamos a la piedra en la base de la estructura II, de ahí a la muralla interna y luego a la plataforma en el muro externo. Desde ese punto la maleza se componía de manchones de pastizal muy alto entre arbustos que hacían imposible distinguir marcas de sendero o incluso pasar en línea recta, creí que no encontraríamos el camino por el que entramos y mi marca improvisada con el folder sería imposible de ubicar, pero de repente Adriana llamó mi atención y señaló el lugar donde lo habíamos dejado. Solamente nos habíamos desviado de la ruta que seguimos al entrar por 5 m. Unos segundos después estábamos de vuelta en el camino principal.

Llegamos hasta el auto y salimos a la carretera justo cuando la última claridad del día se estaba extinguiendo, luego de ello tomamos camino hacia Peto y avanzamos cerca de 70 km hasta la desviación de Maní, llegamos hasta aquel pueblo pues queríamos ver el lugar donde en el año de 1562 fue realizado un auto de fe por órdenes de Diego de Landa en el que se quemaron cientos de códices mayas. Ahí tomamos fotos del antiguo convento y encontramos una serie de piezas sueltas en la pared de un comercio.
Piezas sueltas en Maní

Todavía pasamos a cenar, ya que no habíamos comido nada más que snaks durante el día. Por fin tuvimos la oportunidad de comer panuchos y luego de ello seguimos nuestro camino hasta nuestro hotel base en Oxkutzcab. Ahí nos esperaba nuestro amigo Carlos junto con su novia Paola, estuvimos todavía un rato revisando los sitios que visitaríamos al día siguiente y finalmente nos fuimos a dormir. A penas era el primer día de visitas a sitios mayas y había sido bastante ajetreado.