No tuve que romperme la cabeza ni hacer recorridos largos
para llegar hasta la frontera y regresar a México. Al anochecer del sábado
santo, la última noche que pasé en Flores, William me mandó mensaje
disculpándose por no haberme avisado de su recorrido del día y me dijo que por
algunos problemas tendría que regresar al día siguiente hacia Mérida. Le
pregunté si era posible que me fuera con ellos hasta Tenosique y me dijo que no
había problema. Hice algunas compras y me preparé para salir al medio día
siguiente.
Por la mañana, acompañé a Adriana, a quien Jorge recogería
en el mismo lugar donde nos había dejado el transporte de Carmelita. Estando
ahí nos encontramos con Carlos, quien había tenido que ir a Melchor de Mencos,
frontera con Belice, para encontrarse con su novia, quien venía desde Chetumal
en auto para acompañarlo, pasaron a Yaxhá y ahora se dirigirían a Tikal.
También estaba ahí Valeria, quien había llegado con Ernesto, pero él se fue a
Chetumal el día anterior y se había quedado sola, pensando en regresar por su
cuenta. Jorge le ofreció que ocupara el lugar que tenía yo en el viaje de ida,
así que se unió a ellos y emprendieron el viaje de regreso, llegando a la ciudad
por la madrugada del lunes.
Estructura principal de San Claudio
Yo regresé al hotel y mandé mensaje a William. Me avisó que
estaban a punto de cruzar el lago con la camioneta en ferry, así que me
apresuré para alcanzarlos en el muelle, el cual estaba cerca de donde me
encontraba. Alcancé a llegar justo cuando estaban a punto de atracar en la
orilla; con él venía su padre, Juan y Thomas, con la intención de ir al
mercado, así que nos dirigimos hacia allá.
Encontramos muchos puestos cerrados, por lo que no compramos
nada interesante. Decidimos ir al centro comercial para comprar botellas de ron
y nos encontramos con una ginebra que tenía una botella preciosa con una
máscara de jade de Tikal y una serie de glifos mayas. Casi todos terminamos
comprando una de esas.
Nos despedimos de Juan, quien tomaría un vuelo a Cancún
desde ahí y el resto de nosotros nos fuimos en la camioneta con rumbo a El
Ceibo. El camino fue mucho más ligero que cuando arribé días antes, no teníamos
el peso de las largas horas de carretera del rumbo contrario. Ya cerca de la
frontera nos debatimos entre tratar de visitar un sitio en el lado guatemalteco
o ir a San Claudio, ya en Tabasco. Decidimos ir a la segura del lado mexicano y
cruzamos la frontera sin ningún problema, con un trámite bastante rápido para
cruzar el vehículo.
Estructura principal de San Claudio
Poco después llegamos hasta San Claudio y paramos para hacer
una breve visita. El sitio se veía diferente a cuando lo conocí, una década
antes. La hierba estaba mejor cortada, pero había áreas llenas de maleza que
antes estaban libres de ella. Vimos la estructura principal y Thomas caminó por
un sendero que se perdía entre arbustos, regresó para decirnos que teníamos que
ir ahí y nos encontramos con una hermosa vista del lago que está junto al
sitio.
Regresamos a la camioneta y llegamos a Tenosique, ahí Thomas
estuvo buscando sin éxito una quesería abierta. Finalmente desistió y me
dijeron que seguirían el camino hacia Mérida, por lo que les pedí que me
dejaran en Emiliano Zapata, ya más cerca de Villahermosa y donde podría
encontrar más opciones de transporte. Luego de algunos kilómetros encontramos
puestos con el ansiado queso, ahí pude comprobar el porqué de la insistencia de
buscarlo, el sabor era extraordinario, aunque decidí no comprar para no cargar
más, pero fue una difícil elección.
Llegamos a Emiliano Zapata pasando las 7 de la noche y me
dejaron en la terminal de autobuses. Los demás fueron a cenar en algún lugar
cerca y yo entré a comprar mi boleto a Villahermosa, encontrando solamente una
corrida que salía entre 8:30 y 9 pm. Los demás regresaron para regalarme una
torta de carne al pastor y finalmente nos despedimos; más tarde me enteré de
continuaron hasta Mérida, llegando a la mañana siguiente.
Laguna de San Claudio
Mi idea inicial era visitar un par de sitios en Orizaba y
luego otros en Puebla, sin embargo, empecé a revisar por internet las opciones
de autobuses en Villahermosa y no pude encontrar ni una sola con lugar ni a
Orizaba, ni a Córdoba, ni a Puebla, incluso no había ninguna para la Ciudad de
México. En este dilema estaba cuando llegó mi autobús, ya sobre las 9 de la
noche. En el camino recordé que Lizbeth estaba haciendo trabajo de campo en
Veracruz. Le mandé mensaje y me dijo que saldría de regreso a la ciudad por la
mañana pero que podía cambiar la hora de su boleto. Conseguí uno de los últimos
lugares disponibles para dirigirme donde ella estaba, en una corrida que
saldría a las 2 de la mañana y le pedí que me comprara un boleto en el mismo
camión que ella con una transferencia que le mandé. Por casualidad terminamos
regresando juntos a la ciudad, pero aún me faltaba un largo camino para llegar
con ella.
Laguna de San Claudio
Llegué a Villahermosa por una terminal que no conocía y que
estaba al otro lado de la avenida principal. Eran más de las 10 de la noche y tuve
que caminar varias cuadras para llegar a donde tomaría el autobús de ADO. Esto
no me gustó nada porque esa ciudad nunca me ha dado buena espina y ahí tuve una
experiencia muy desagradable años atrás. La terminal estaba a reventar, ni
siquiera podía pasar a la sala de espera, no había tiendas abiertas ni baño en
la parte externa donde tuve que esperar, yo tenía mucha sed, pero tuve que
aguantar casi 3 horas así. Media hora antes de la salida por fin me dejaron
pasar, por lo que aproveché para comprar algo para el camino. El autobús salió
casi a tiempo, sin embargo, y a pesar de que se suponía que era una corrida de
lujo (que nunca uso porque me parece un desperdicio de dinero, ya que no hay
mucha diferencia con las corridas regulares), el camión olía fuertemente a
orina, algo que tuve que soportar toda la madrugada y parte de la mañana, hasta
que llegué a Veracruz, pasadas las 8 am.
Laguna de San Claudio
Lizbeth ya me estaba esperando, aunque los boletos que
consiguió eran para las 11 de la mañana y no eran asientos juntos. Incluso los
camiones de segunda estaban completamente llenos.Si en Guatemala tenía el problema de que no
trabajaban los transportistas, en México tuve uno casi contrario, había muchas
corridas, pero la cantidad de usuarios las sobrepasaba, nunca me había encontrado
tanta gente en cualquiera de las terminales que pasamos.
Estuvimos sentados en el suelo y platicando por un buen
rato, cuando la hora de salir se acercaba fuimos a la puerta de la sala de
espera, aunque nos dijeron que nuestro autobús salía al otro lado de la
manzana. Caminamos hasta ahí y media hora después habíamos abordado. Este era
un autobús de segunda, que no tomaría la autopista directa, así que el viaje
sería largo, aunque sin malos olores y en condiciones mucho más limpias que el
de "lujo" anterior. Además, la señora que originalmente iba junto a
mí aceptó cambiar su lugar con Lizbeth, por lo que nos fuimos juntos y pudimos
platicar todo el camino.
La ruta que siguió el autobús fue por Cardel, con una
parada, luego rodeó hacia el norte para llegar a Perote, donde hizo una segunda
escala. De ahí cruzó las llanuras de Puebla y se desvió hacia Huamantla y
Apizaco. Más adelante tomó la carretera hacia Calpulalpan y de ahí a Texcoco.
Arribamos a la ciudad por el Peñón de los Baños y llegamos a la terminal TAPO
alrededor de las 6:30 pm. Subimos al metro de la línea B (la 1 no funcionaba),
y fuimos a Balderas. Mi último transporte fue un taxi, llegando a mi casa cerca
de las 8 pm, varios días antes de lo planeado, pero con mucho menos cansancio
que el previsto. Así terminó el viaje más esperado desde que inicié mis
recorridos por el área maya, finalmente había conocido El Mirador.
El jueves 25 de julio se llevó a cabo el segundo y penúltimo recorrido organizado dentro del curso de lengua maya (el último fue a Calakmul unos días después pero a ese yo no asistí), se trató de una serie de visitas a una serie de proyectos realizados por mujeres emprendedoras.
Por la mañana fuimos a la universidad, llegamos unos minutos tarde pero no hubo problema. Salimos a nuestra primera parada en el cercano Hampolol, dónde ya había estado cuando fui a buscar el sitio de Cansacbé. En ésta ocasión llegamos a una casa donde se elabora una bebida muy parecida al café pero con granos de maíz tostado, ahí desayunamos dicha bebida y tamales.
De ahí nos dirigimos a Dzitbalché, donde nos hablaron sobre los cantares que se hallaron en dicho lugar y que son un documento colonial escrito en maya que narra hechos históricos y legendarios de la región, también pudimos ver algunos locales donde vendían ropa bordada típica.
El Remate
Seguimos hacia un poblado que visité en 2013 junto a mi amigo Julio, Nunkiní, el cual cuenta con un gran sitio arqueológico llamado Xkamayamul. En ésta ocasión únicamente llegamos al centro y nos mostraron como se elaboran varios productos de palma, pero principalmente los importantes petates "pop", antiguos símbolos de la realeza maya que tenían complicados diseños geométricos; un arte que casi se perdió al fallecer la única señora que los elaboraba, pero que fue recientemente recuperado de forma autodidacta por una de sus sobrinas.
De ahí seguimos hacia el parque nacional de los Petenes, primero en el casco de la vieja hacienda de Santa Cruz, donde se lleva a cabo la fabricación completa de los famosos sombreros de jipi japa (a diferencia del mundialmente conocido Bécal, donde ya no se encuentra la materia prima). Ahí pudimos entrar a ver una de las pequeñas cuevas artificiales cuyo ambiente hace que la palma sea óptimamente trabajada.
El Remate
El último proyecto que conocimos fue en Tankuché, donde se obtiene la miel de la abeja melipona y se usa para elaborar diversos productos como jabones y dulces. Esta miel es sumamente cara pero con una calidad muy superior a la normal.
Finalmente llegamos hasta El Remate, un ojo de agua cristalina cuyo fondo está cubierto de pequeñas piedras de un azul turquesa que le da una apariencia de ensueño; ahí estuvimos por un rato nadando a pesar de que la hora de cierre ya había pasado; sin embargo los encargados nos dejaron pasar.
Así emprendimos el regreso justo antes de que comenzara a llover, aún así todavía nos faltaba un último destino.
Tumba en Pomuch
Llegamos a Pomuch poco antes del atardecer, paramos en el centro y pasamos a comprar un pan llamado "de pichón", que nos habían recomendado y que pintaban como una maravilla. Se trata de un pan francés relleno de queso con un poco de picante; Fernando y yo compramos uno pero nos pareció bastante caro y su sabor muy parecido a una torta de queso de la Ciudad de México, por lo que a diferencia de otros platillos que pudimos probar en nuestra estancia, éste no nos encantó.
Para cerrar el día fuimos al cementerio a observar el ritual en el que se extraen los huesos de los difuntos para limpiarlos y luego volverlos a colocar en su nicho. Ésto me dejó una sensación de desengaño, la ceremonia siempre es difundida los días de muertos incluso en televisión internacional como una tradición que realiza todo el poblado, sin embargo nos dijeron que hay personas encargadas de llevarlo a cabo a las que se les paga y que realizan demostraciones para los turistas en cualquier época del año (junto con lo de Bécal me sentí timado).
Regresamos ya algo tarde y a penas alcanzamos el camión para nuestro lugar de hospedaje. Ese día cerró el curso pero saldríamos de regreso hasta el martes siguiente, luego de 5 semanas en Campeche; aún faltaba la cereza del pastel que llegó el último domingo de la estancia.
El jueves 18 de julio se llevó a cabo uno de los dos recorridos que estaban programados para el curso de lengua maya. Nos reunimos en la UACAM y subimos a uno de sus autobuses para dirigirnos a Hecelchakán; ahí pasamos a desayunar los famosos tacos de cochinita del centro y luego nos ofrecieron una visita guiada en el Museo de Arqueología Maya del Camino Real, el cual había visitado algún tiempo antes.
Antes de seguir el recorrido, algunos de nosotros pasamos al mercado, donde compré pitahayas, fruta que estaba en temporada y que prácticamente todas las semanas reabastecía debido a que nunca antes había estado en Campeche en la época en que abunda y me había encantado su sabor.
Subimos de nueva cuenta al autobús y hubo un pequeño percance en el que debido al poco espacio para salir y al retroceder un poco, el camión golpeó a un taxi y tuvimos que esperar un rato mientras el conductor llegaba a un arreglo para podernos retirar.
Palacio de los cilindros
La siguiente parada fue en el cercano pueblo de Dzotchén; ahí visitamos una primaria bilingüe donde hubo algunos juegos, recorrimos el casco de la exhacienda que se encuentra en el centro y nos ofrecieron una comida con tamales, incluso cosecharon una sandía que tenían en su huerto para compartirla con nosotros. Ahí tenía ganas de ir a visitar a Don Mariano, quien me había guiado junto con Julio al sitio de Chelemí y a algunas estructuras mayas dentro de Dzotchén pero no tuve tiempo.
Ya por la tarde subimos de nueva cuenta al autobús, aunque algunos de mis compañeros seguían en la primaria y parecían no querer irse, hasta que pasamos frente a la primaria y después de un rato pudimos seguir hacia Xkalumkín, un sitio maya que yo ya conocía pero que iba a aprovechar para sacar fotografías pues las que tenía del 2013 fueron tomadas con una cámara muy austera y la que llevaba ahora era mucho mejor.
Grupo de la serie inicial
Cuando llegamos pude ver que en la entrada habían colocado varios monumentos con grabados que no recordaba haber visto antes, entre ellos estelas, dinteles o jambas y columnas. Asimismo bajo un pequeño techo seguían las piezas procedentes del sitio cercano de Xcombec, que había visto junto con Julio en el 2013.
Como suele ocurrir cuando hay mucha gente, y ya que mi rodilla estaba casi completamente restablecida, decidí adelantarme para tomar fotografías sin personas, aún así me sorprendió que me encontré con varias familias locales que estaban paseando por todo el sitio abierto al público y tuve que esperar varias veces para poder realizar las tomas que quería.
Primero llegué al palacio de los cilindros, el cual tiene una escalinata volada que lleva a su parte superior aunque no se observan restos de habitaciones en la planta alta, el friso está decorado con columnillas que le dan su nombre.
Edificio del cerrito
El siguiente conjunto fue una plaza rodeada por montículos destruidos, pero ahí pude ver los restos de una fachada entre el escombro. Un poco más allá llegué al grupo de la serie inicial, donde había un edificio que tenía glifos alrededor de su entrada principal, por desgracia ya no se encuentran ahí pero se pueden apreciar en el Museo de la Arquitectura Maya del Baluarte de la Soledad en Campeche, Campeche.
Desde ahí me encontré con algunos compañeros que se habían adelantado también y seguimos el recorrido juntos. Pasamos por un cenote ya seco y finalmente llegamos al edificio del dintel, el cual solo conserva parte de la fachada. Desde ahí se ven grandes plataformas con restos de arquitectura en su parte alta, sin embargo se encuentran fuera del área abierta al público y la maleza hace que sea casi imposible acercarse; por otro lado se puede tener una idea de que el sitio es mucho más grande de lo que parece y estaba distribuido tanto en la planicie como en los cerros que la rodean.
Vista hacia el norte del sitio
Ya yendo de regreso a la entrada, Fernando y yo subimos al edificio que se encuentra sobre un pequeño cerro, el cual también tenía una escalinata volada que permitía subir a su parte alta, aunque al igual que el palacio de los cilindros no se observan cuartos ahí. Una vez arriba nos dimos cuenta de que la cima del pequeño cerrito seguía hacia la parte trasera del edificio y vimos algunos restos de paredes justo al borde de la elevación. Decidimos ir a ver a pesar de la maleza y la piedra suelta que cubría todo y dificultaba bastante caminar, cuando estábamos por llegar hasta los vestigios, nuestra compañera Zeltzin nos alcanzó en la cima y quiso pasar con nosotros; solo pudimos ver como una piedra, que ya se había rodado cuando yo pasé, se deslizó por completo y provocó que ella cayera dando incluso una rotación que hizo que pareciera desde donde estábamos que había caído de cabeza. Regresamos preocupados a ayudarle y vimos que se había raspado la rodilla, algo mucho más leve que lo que me imaginé al ver su caída pero aún así la sangre comenzó a escurrir por su pierna.
Luego de bajar nos dirigimos al autobús, donde casi nadie más se encontraba, Zeltzin se dirigió a limpiar su herida y por fortuna encontré entre mis cosas una pequeña botella de alcohol en gel que ayudó a que no se le infectara. A los pocos días su rodilla ya estaba mucho mejor.
Regresamos a Campeche cuando ya había caído la noche, al día siguiente (viernes) no tendríamos curso, algo muy conveniente para mí pues sería el día de mi cumpleaños y quería pasarlo en algún sitio maya.
Prácticamente al regresar de la práctica de campo en Tlayacapan, se presentó la oportunidad de ir a tomar un curso de lengua maya en la Universidad Autónoma de Campeche por parte de la carrera de antropología. En un principio no había decidido ir pero el ofrecimiento de transporte a cargo de la escuela y hospedaje por parte de los estudiantes de la institución anfitriona me convencieron.
El curso comenzaría el 1 de julio y por motivos de logística salimos de la Ciudad de México el 27 de junio. Pasamos todo el día en carretera parando varias veces al baño y una a comer en la Tinaja, Veracruz; llegamos hasta Villahermosa y ahí nos hospedamos en un lugar que me traía algunos de los peores recuerdos de mi vida. Dicha ciudad nunca me ha gustado y ahora estaba en una condición peor que nunca pues una buena parte del centro estaba cerrada con el pavimento de las calles levantado; al anochecer parecía locación de película de terror: silenciosa y desierta.
Estructura X, Becán
Al día siguiente volvimos a subir al autobús y llegamos sin paradas largas hasta Campeche. Ahí nos dieron la bienvenida y me dijeron que a Fernando y a mí nos hospedaría nuestro nuevo amigo Álvaro Aldahir. Nos quedamos en una casa perteneciente a uno de sus tíos donde estuvimos muy cómodos: teníamos baño, lavadero, una pequeña cocina improvisada, sillones y hamacas.
Por la tarde-noche nos juntamos casi todos en un bar del centro. Fernando y yo fuimos los primeros en retirarnos a dormir porque habíamos comprado boletos para ir a Xpujil muy temprano al día siguiente y aprovechar el fin de semana antes de comenzar el curso.
El trayecto fue bastante largo pero al medio día ya estábamos en nuestro destino. Conseguimos habitación en el hotel más cercano a la terminal y tomamos otro autobús que en 10 minutos nos dejó en la entrada de Becán.
Estructura XX de Chicanná
Era mi cuarta visita al sitio y me dediqué a tomar fotografías. Nuestro recorrido inició por la estructura IV y el pasaje abovedado de la V y de ahí subimos a los grandes edificios número XVIII y IX, el primero con sus torres gigantes de estilo Río Bec y el segundo totalmente petenero.
Dimos la vuelta al edificio X con su multitud de habitaciones, llegamos al juego de pelota y regresamos a la entrada pasando por la plaza que forman las estructuras I, II, III y IV.
Me sorprendió bastante que el área contigua al sitio había sido quemada y se podían ver claramente varios montículos que en mis anteriores visitas estaban completamente cubiertos de vegetación.
Tal como en todas las ocasiones anteriores, Becán me dejó una grata impresión pues es un sitio muy interesante y lleno de detalles.
Estructura II de Chicanná
Cuando salimos del sitio era ya algo tarde, teníamos la opción de visitar el cercano Chicanná pero necesitábamos transporte (caminando no daría tiempo). Justo en el límite de la espera pasó un taxi y le pedimos al conductor que nos esperara en la entrada de Chicanná para no tener problemas al regresar a Xpujil.
Al igual que con Becán, al ya haber estado ahí varias veces antes me dio la oportunidad de buscar mejores fotos. El recorrido es muy corto por lo que lo realizamos en poco más de media hora.
Llegamos primero a la estructura XX, la cual tenía portadas zoomorfas en sus dos plantas principales y una gran cantidad de cuartos que hoy están bastante dañados. Pasamos por las estructuras XV y XVI, que solo conservan las bases de los muros y luego llegamos a la plaza principal, rodeada de los edificios I a IV. Ahí nos encontramos con la impresionante portada zoomorfa que es la imagen más famosa del sitio.
Grupo III de Xpujil
Terminamos frente a la estructura VI, con su gran fragmento de crestería y nos dirigimos a la salida.
Aún quedaba mucho tiempo de luz de día así que decidimos hacer un recorrido por varios grupos del sitio de Xpuhil. Comenzamos por el III, el cual está muy cerca de la carretera Escárcega-Chetumal; en mis múltiples visitas pude ver el proceso de excavación y restauración desde que solo había montículos hasta ahora, cuando casi en su totalidad está liberado y muestra numerosas estructuras de tipo habitacional que rodean al menos 4 patios.
De ahí nos dirigimos al grupo conocido como "El Kitam", que se encuentra en lo alto de una loma; únicamente una estructura está restaurada y tiene algunas decoraciones de estuco; detrás de ella hay una plaza con montículos en sus 4 lados, uno de ellos con un agujero que permite observar una cámara abovedada muy bien conservada.
Grupo II de Xpuhil
Para cerrar el día caminamos al grupo II, el cual se encuentra entre la selva. Me sorprendió el avance de las construcciones actuales, las cuales se habían comido una franja de más de 10 metros que anteriormente estaban cubiertos de vegetación. A pesar de los cambios fue bastante fácil llegar porque el sendero estaba bastante más amplio que antes y el lugar se encontraba mucho más limpio de maleza.
Algo que parecía preocupante fue la gran sequía que azotaba la región, por todo el camino vimos los campos secos y la vegetación prácticamente sin follaje, lo que dejaba ver una cantidad impresionante de montículos que parecían cubrir una extensión sin fin.
Después de visitar el grupo II, con su bella crestería, regresamos al hotel y decidimos el itinerario del día siguiente, que sería complicado y nutrido.
Decidimos que no revelaríamos el nombre del siguiente sitio que visitamos para protegerlo de visitas de saqueadores ya que es un lugar excepcional y muy poco explorado, debido a ello "El Mapache" es solamente un pseudónimo.
Era un poco tarde cuando salimos de la cascada Pescaditos pero aún teníamos tiempo de visitar un sitio. Así llegamos hasta el poblado más cercano a "El Mapache" y debido a la poca información que tuvimos sobre él, juzgamos que era mejor ir a buscar a las autoridades para pedir autorización para nuestra visita en lugar de llegar directamente.
Nos fue un tanto difícil conseguir nuestro cometido: primero preguntamos por la presidencia municipal, estaba cerrada pero nos indicaron como encontrar al presidente interino; llegamos a su casa pero no se encontraba por lo que su esposa nos llevó a casa de uno de los síndicos pero ahí nos dijeron que aquello era asunto del comisariado ejidal, así, otra vez fuimos en búsqueda de alguno de sus integrantes. Encontramos a varios de ellos sentados afuera de un domicilio y luego de hablar un rato uno aceptó llevarnos al sitio. Regresamos por el auto a la casa del presidente municipal y nos dijeron que él acababa de regresar. Amablemente ofreció llevarnos en lugar del comisario ejidal y emprendimos la marcha.
Estructura principal
En primer lugar entramos a casa de la suegra del presidente municipal, ahí había un tetel bastante deteriorado pero que sobresalía sobre el nivel de las casas, todas de un solo nivel. Desde ahí nos dirigimos al centro del sitio; cruzamos campos de cultivo y luego subimos a un cerro con no mucha altura. Así llegamos a la cima y nos encontramos con los primeros montículos del lugar.
"El Mapache" no figura entre los sitios explorados intensivamente en Puebla, no creímos que hubiera ningún tipo de trabajo en la zona pero nuestro guía nos contó sobre un antropólogo que había estado visitando el lugar y registrando con dron.
El primer punto importante que visitamos fue la plaza principal; del lado este se encontraba el tetel más alto del sitio y al centro una estela lisa con una cruz de madera que estaba tirada en el suelo pero que colocamos de pie junto al monolito.
Plaza principal
Del lado poniente encontramos una plataforma alargada con restos de pisos de estuco, al lado sur había un montículo menor y al norte estaba la parte más interesante del lugar pues ahí pudimos ver una cancha de juego de pelota y un par de teteles que en un principio nos parecieron canchas múltiples adosadas a la primera; luego de una revisión más cuidadosa incluso con el dron de Jorge no nos pareció que fuera el caso. Aún así nos sorprendió la distribución de los edificios pues parecían formar una especie de vírgula o glifo que no seguía los trazados típicos de los sitios arqueológicos.
Rodeamos aquel lado norte pasando entre varios montículos bajos y así llegamos a una explanada de gran tamaño al este de la estructura principal, desde ahí subimos a dicho edificio y tuvimos una vista privilegiada hacia el poniente de Puebla. Jorge estuvo volando el dron por un buen rato y extrañamente Ernesto nunca quiso ascender a la parte más alta.
Vista desde el Tetel principal hacia el lado norte.
Estaba comenzando el atardecer y tuvimos una bellísima postal pues en el horizonte podíamos ver el volcán Popocatépetl emitiendo una fumarola que tomaba color del rojo del atardecer.
Ahí arriba pudimos ver una mojonera que marcaba los límites entre los pueblos vecinos, ahí pudimos ver dos fechas, la primera de ellas bastante antigua.
Cuando descendimos comenzaba a oscurecer así que no pudimos llegar hasta otra estructura que se veía sobre otra loma a 200 o 300 metros de distancia hacia el oriente.
Decidimos comenzar a descender, la oscuridad se adueñó del entorno muy rápidamente y en poco tiempo ya estábamos usando las lámparas de nuestros celulares para no tropezar con las piedras que de cuando en cuando sobresalían del camino.
El Popocatépetl en el horizonte
Regresamos hasta el poblado y ahí tuvimos que decidir lo que haríamos para pasar la noche; habían varias opciones pero decidimos salir de la zona para dirigirnos a Tehuacán, donde teníamos cerca varios sitios para el día siguiente y había más alojamientos.
Llegamos ya algo tarde, Ernesto y yo sugerimos el mismo hotel donde tiempo antes habíamos estado con Neftalí cuando visitamos Teteles de Santo Nombre, Tehuacán Viejo, la cueva del Maíz y la presa del Purrón pero Nath y Jorge no quisieron quedarse ahí. Nosotros no quisimos pagar algo más caro así que nos quedamos mientras que ellos se hospedaron a unas cuadras. Fuimos a cenar al centro y luego regresamos algo cansados al hotel, el día siguiente sería mucho más nutrido en sitios...
El 4 de enero comenzamos el regreso desde Mérida hacia Querétaro en el jeep de Eduardo, íbamos un tanto apretados porque también Julio y su familia venían ahí así que acomodarse fue un poco difícil. En un principio me tocó atrás mientras Julio manejaba pero eso fue por poco tiempo.
Llegamos hasta Champotón en poco tiempo y, a pesar de que Julio y Eduardo ya habían pasado por ahí, paramos en el sitio arqueológico que se encuentra en la orilla del poblado. Nos costó trabajo llegar pues tomamos una calle equivocada pero al final nos encontramos frente a una gran plataforma prehispánica totalmente megalítica que se encontraba entre algunas casas. En la más cercana vimos a una señora trabajando con otras personas, Julio la reconoció como la dueña del terreno adjunto al sitio y le pedimos permiso para que yo pasara a verlo; luego de una módica cooperación pude pasar la reja que daba acceso y comencé mi recorrido.
Vista desde la estructura de Champotón
Pude ver que me encontraba frente a una esquina de una plataforma muy amplia, justo en el vértice se encontraba una escalinata de acceso y más al fondo, sobre un nivel superior se había construido una capilla moderna.
Una vez arriba pude ver que la estructura se extendía mucho más hacia la izquierda y hacia atrás, así que empecé a caminar por el borde del área limpia; unos pasos más allá la maleza cubría por completo el edificio y tuve que abrirme paso para seguir, había restos de varios cuartos divididos por una especie de pasillos muy estrechos, lo que me hacía pensar en una especie de palacio como el de Palenque pero en estilo megalítico. Luego de cruzar una buena parte de la plataforma llegué a una enorme escalinata en otro vértice del edificio, las piedras ahí eran mayores a las que había visto hasta entonces en el lugar pero la maleza empeoraba, me costó mucho salir y pude ver que por aquel lado el sitio colindaba con un taller mecánico, el dueño me escuchó y preguntó qué hacía ahí, luego de decirle que la señora del otro lado me había dado permiso regresó a su trabajo y me dijo que entonces podía seguir.
Escalinata entre la maleza
Decidí ya no pasar por la parte alta y seguir rodeando el edificio pues alrededor de la base había menos plantas; así me encontré con otros accesos con piedras aún más grandes en cada vértice del edificio, dando una idea de la magnificencia que el lugar debió tener alguna vez. Champotón fue uno de los puntos descritos en las crónicas de los españoles que llegaron desde Cuba a principios del siglo XVI y se menciona que era una población bastante grande en ese entonces, aunque el estilo de construcción es mucho más antiguo, por lo que la ocupación debió ser muy larga.
Regresé al punto de partida y luego volvimos al jeep para seguir adelante, ahora me tocó a mí manejar, algo que me produjo cierta emoción pues nunca había tenido en mis manos un vehículo de ese tipo. Yo sugerí seguir por la carretera costera para llegar a descansar a Villahermosa por la noche pero Julio insistió en que pasáramos por el poblado de Reforma Agraria para que pudiera conocer otro de los sitios que habían visitado ellos antes de encontrarnos, así que nos dirigimos hacia allá para luego seguir por el lado de Escárcega.
Estructura palaciega de Reforma Agraria
No tardamos mucho en llegar y nos dirigimos al centro del pueblo, ahí vimos primero una estructura alargada con tres cuartos y nos estacionamos junto a ella; el edificio está bastante dañado pero aún se puede ver la base de los cuartos, entre los que el central sobresale pues es un tanto más alto y se extiende un poco más al frente, en las bases de los muros pude ver decoración con columnillas y todo descansaba sobre un basamento bajo con una escalinata de acceso.
Volvimos un momento al jeep y avanzamos a lo mucho 3 cuadras para encontrarnos con el último edificio del viaje: a un lado de la plaza central del pueblo vimos un basamento piramidal con 4 cuerpos extraños pues el más bajo parecía mucho más imponente que los demás y tenía una escalinata que cambiaba de anchura en cada sección, bordeada de grandes dados, algo que no he visto en ninguna otra parte.
Basamento piramidal de Reforma Agraria
Subí a la parte más alta y me encontré con las bases del templo superior, ahí pude ver que la parte trasera no había sido trabajada como el frente y me pregunté si en verdad la forma del edificio correspondía con la que tuvo en su esplendor o se trataba de una reconstrucción deficiente.
Así terminaron los recorridos por sitios en este viaje, volví al puesto de conductor del jeep con Eduardo, quien tenía la rodilla muy lastimada como copiloto y Julio con su familia en los asientos traseros. Manejé por varias horas hasta Villahermosa con alguna parada para ir al baño y comprar algo para calmar el hambre.
Villahermosa es un sitio de horrible memoria para mí así que llegando ahí me encerré en el hotel y no salí ni a cenar, yéndome a dormir temprano. Al día siguiente salimos conmigo nuevamente en el volante, el plan original era que cambiara de posición con Julio en Córdoba pero luego de pasar Minatitlán la carretera es tan monótona que comenzó a darme sueño y decidí ceder el volante.
El camino fue sin incidentes excepto por un tráiler que vimos en algún punto; se había salido de la carretera y avanzó varios metros por un campo yermo, por suerte para el conductor no volcó ni chocó contra ningún obstáculo. Así llegamos hasta San Martín Texmelucan, punto en el que yo me quedé pues Eduardo y los demás tomarían la carretera hacia Querétaro y me pareció mejor seguir en autobús y que ellos estuvieran más cómodos. Poco tiempo después salía rumbo a la Ciudad de México y en dos o tres horas estaba llegando a mi casa, así terminó el primer recorrido de un año que sería muy peculiar porque incluiría recorridos académicos que aproveché para visitar más sitios arqueológicos.
Después de mi última experiencia guiando en grupo no me quedaron ganas de volverlo a hacer, atrás quedaron los días en que pasaba mis tiempos libres acomodando logísticas de futuros recorridos, yendo a reuniones de planeación en las que casi nunca avanzábamos en nada pero que alimentaban nuestras ganas de salir a puntos en los que nunca habíamos estado antes.
A finales del 2018 ya hacía tiempo que nuestro viejo grupo VAM no era más que una momia despojada de alma, mucho tiempo antes prácticamente no quedaba ya nadie de los que alguna vez pusimos un poco de nosotros para levantar ese proyecto. Para mí, el breve paso que tuve en arqueoviajes en el anterior recorrido a la zona maya fue el final del último intento de revivir lo que era tener un grupo como ese; no hay ya condiciones para ello, los choques entre las personalidades contrastantes de varios de nosotros son inminentes y los que tenían la capacidad de unir tanta disparidad ya no están. Todo ello repercutió en el siguiente viaje a las tierras del mayab, el cual desde un año antes ya se había mencionado y proyectado como un hipotético recorrido en un grupo al menos de 3 y abierto a más personas... a medio año yo ciertamente dudaba que fuera a realizarse.
Casa de Montejo
Después de un montón de cuestiones se pudo hacer el viaje gracias a que por primera vez desde que empecé con mis travesías, mi amiga Adriana Leurette me pidió que fungiera de guía privado pues quería conocer nuevos sitios mayas, además de ello me dio carta blanca para escoger el recorrido e invitamos a varios amigos para vernos en el camino e incluso para explorar junto con nosotros. Fue transcurriendo el tiempo y me dediqué a recopilar información, dejando la logística como una cuestión mínima: la base del viaje sería en Oxkutzcab, Yucatán, se rentaría un carro y ya.
Por otro lado se dio el caso de que mis amigos Eduardo y Julio salieron 10 días antes que nosotros a recorrer desde Chiapas hasta Yucatán; Carlos Uc May coincidiría también ahí, incluso Ernesto andaría por los rumbos aunque un encuentro con él era improbable. Que tantos amigos coincidieran en el mismo lugar con distintos recorridos era algo que nunca había ocurrido y ciertamente también lo aprovechamos. El nuestro fue un viaje austero pero bastante nutrido y con muchas anécdotas que sin más he de contar en este nuevo diario de viaje. Además de Adriana, tuve la oportunidad de compartir tiempos variados con todos los ya mencionados y algunos más.
Montículo en Calotmul de Yaxkukul
Para comenzar, nos vimos obligados por los muy altos precios de los boletos de avión a llegar hasta Mérida en autobús, por ello tuve que salir de mi casa el 25 de diciembre con mucha anticipación para llegar a la terminal TAPO. Debido a que la ciudad estaba desierta llegué demasiado pronto y me la pasé deambulando y cargando mi celular para procurar tener la batería a tope durante el larguísimo recorrido.
Así llegó la hora en que vocearon que nuestra corrida estaba por salir y era necesario abordar, pero Adriana no aparecía. Ciertamente era algo que ya me esperaba por lo que estuve bastante despreocupado hasta que me acerqué a la puerta de abordaje y empecé a escuchar que estaban por dar el último aviso para salir. Estuve a punto de ir a hablar con el conductor para que diera unos minutos a Adriana cuando por fin la vi llegar, no hubo necesidad de correr porque había un trío de pasajeros que querían llevar sus bicicletas y estaban esperando a que los dejaran colocarlas en el portaequipaje. Finalmente llegamos a nuestros lugares y me dí cuenta que había perdido una almohada para el cuello que compré días antes, seguramente se me había caído al sacar los boletos de mi mochila...
Montículo de Calotmul
A pesar de nuestros temores, las 24 horas de viaje fueron mucho menos incómodas y pesadas de lo que esperábamos; hubo paradas en Orizaba, La Tinaja, Villahermosa, Ciudad del Carmen y Campeche y en cada una bajamos a estirar las piernas. Mientras esto pasaba yo me ponía de acuerdo con mi amigo Balta de Mérida para vernos y Adriana consiguió que nos entregaran el auto rentado la noche de nuestra llegada sin costo extra pues antes de eso teníamos previsto recogerlo al amanecer del día siguiente.
Llegamos a Mérida el 26 de diciembre poco antes de las 5 pm por lo que no había tiempo de hacer mucho, así que caminamos desde la terminal hasta el zócalo de Mérida y pasamos a dejar nuestras cosas en el hostal que se encuentra junto a la casa de Montejo y ya que dicha casa es un museo histórico que cierra a las 7 pm aprovechamos para visitarla y para observar una exposición de fotos antiguas de lugares y sitios arqueológicos yucatecos.
Restos de templo en Calotmul
Un poco más tarde y luego de pasar a la librería Dante del zócalo, (una parada obligada para mí en todas mis visitas a Mérida), llegaron nuestros amigos Balta y Nubia, a quienes les pedimos que nos sugirieran un buen lugar para cenar, así que fuimos a una famosa taquería cercana y pedimos unas papas rellenas que yo recordaba de viajes pasados y que son muy ricas.
Para terminar el día fuimos a recoger el carro a unas cuantas cuadras de ahí, nos dieron un spark bastante maltratado y nos contaron que luego de haberlo rentado a unos funcionarios del gobierno había quedado así. Para nosotros no era problema mientras nos sirviera para llegar a todos los sitios que pensábamos visitar, de los cuales yo tenía una lista de 40 probables y no teníamos ninguna idea de cuántos visitaríamos en realidad al final (como suele ocurrir en los viajes de ese tipo).
Una última dificultad me ocurrió al llegar al hostal: desde antes de comenzar el viaje decidí que para ahorrar gastos en lugar de pedir una cama para mí dormiría todos los días en mi pequeño y muy versátil colchón inflable... ¡Cuál fue mi sorpresa al descubrir que durante el viaje de llegada se había ponchado!, por fortuna era una situación prevista (aunque nunca imaginé que pasara tan pronto) y llevé algunos parches, por lo que tuve que pasar un rato arreglando el desperfecto, lo cual no resultó del todo pues al amanecer mi espalda ya estaba rozando el suelo por una lenta pero constante pérdida de aire, decidí preocuparme por ello después.
Noche en Mérida
Aún no salía el sol cuando tomamos todas nuestras cosas, las subimos al auto y salimos para nuestro primer día de recorrido de verdad. No puedo describir la emoción que me da recorrer la zona maya (en especial Yucatán), aunada a tener la ruta en mis manos y poder ir a donde mejor me parezca, y la primera parada fue una decidida justo en el instante... Tomamos rumbo a Yaxkukul y entonces comencé a fijarme en las curvas del camino, luego de una vuelta a la derecha supe que me había pasado del destino y hubo que dar vuelta en U para volver a intentar dar con el sitio deseado, cosa que no ocurrió y se repitió lo mismo pero en el sentido contrario. Como tampoco funcionó decidí que era mejor estacionarse y buscar a pie.
Luego de algunos metros dimos con un pequeño sendero y entramos por ahí, encontrando varios montículos bajos; finalmente y luego de batallar con la maleza encontramos una estructura más grande y completamente destruida. Adriana no quiso subir por la piedra tan suelta que había en las laderas, pero yo si ascendí y me encontré con los restos a penas visibles de un templo superior que consistían en dos filas de piedras que formaban un rectángulo. El sitio lleva por nombre Calotmul de Yaxkukul, fue el primero del recorrido y estaba tan enselvado que no creímos encontrar nada significativo a parte de lo que ya habíamos visto, por lo que dejamos nuestra humilde primera parada y seguimos rumbo al norte de Yucatán, a un sitio que ya se me había escapado dos años antes, a penas iba por mucho una hora de recorrido y ya tenía los brazos llenos de rasguños por las espinas...
Por la mañana Ezequiel pasó a decirnos que todo estaba listo para la visita del día y nos presentó a su hermano Samuel Cahuich, quien nos serviría de guía para ir a Río Bec, un importante sitio que da nombre a una región entera y que Adriana, Ernesto y yo deseábamos bastante recorrer puesto que era el plato fuerte del viaje para los días en que estuviéramos ya solos y el único para el cuál hicimos preparativos antes de salir. Yo estuve mandando correos para conseguir una camioneta y un guía para que tuviéramos la oportunidad de recorrer otros sitios además de él durante el día.
La camioneta era de las que tienen la caja abierta, así que Adriana subió a la cabina junto con Samuel, detrás íbamos Ernesto y yo en unas sillas que nos pusieron en la para ir más cómodos, habían machetes y una motosierra por si encontrábamos árboles caidos en el camino de terracería, pero por suerte no los requerimos.
Detalle de la decoración de la estructura 5N-1 del grupo A
Algo del día anterior nos cayó mal a Ernesto y a mí, por lo que íbamos con dolor de estómago y a mí me duró bastante tiempo; decíamos que era culpa de unas cervezas que compró Adriana aunque pudieron haber sido los panuchos o la combinación de ambos. Sin embargo el dolor no impidió que desfrutáramos todo el recorrido y la visita al sitio, pues llenó todas nuestras expectativas.
Después de recorrer 16 kilómetros en los que hubo varias desviaciones, Samuel nos preguntó si queríamos visitar el sitio siguiendo el orden alfabético, pues a pesar de que hay una infinidad de grupos arquitectónicos, iríamos a los que están designados de la A a la D y nosotros aceptamos hacerlo de esa manera, por lo que nos dirigimos al primero de ellos, el cual estaba un poco más alejado que el resto y sobre un camino diferente.
Lado trasero de la estructura 5N-1
Las estructuras de Río Bec tienen nombres como 5N-1, 6N-1, 6N-2 o 7N-1; yo no sabía en aquel momento el motivo de ello pero más tarde pude ver un mapa y me percaté que la zona fue dividida en cuadrantes cuyas coordenadas son letras para la longitud y números para la latitud, por lo que 5N, 6N y 7N son áreas alineadas de norte a sur y el número que sigue al guión es el que se le asignó a los edificios específicos según se descubrieron o siguiendo su jerarquía. Aclarado ésto, la estructura visible del grupo A es la 5N-1, por lo que podemos darnos cuenta de que comenzamos en el cuadrángulo más al norte de los 3 que he nombrado y que son en los que se encuentran los grupos que visitamos.
Estructura 6N-1, grupo B
La 5N-1 es la mayor estructura que vimos en todo el recorrido y se compone de un gran palacio que en sus extremos tiene las dos torres que caracterizan el estilo arquitectónico que lleva el nombre de Río Bec; éstas son macizas, con escalinatas que no se pueden subir por lo pequeños que son los escalones y templos simulados que no poseen ninguna habitación sino tan solo huecos que aparentan ser puertas. En los muros frontales posee páneles con decoraciones geométricas y al centro de su parte trasera hay un basamento piramidal que llega a la misma altura que las torres frontales, pero queda oculto por los cuartos del frente y se cree que era para ceremonias privadas. Es tal la cantidad de grupos dispersos en el lugar sin una planeación aparente que se cree que éstos conjuntos los construyeron grupos pequeños o familiares, a diferencia de otros sitios mayas donde un gobernante mandaba a su pueblo a erigir grandes templos.
Torre en la estructura 6N-1
En una de las torres de este gran palacio había un pasaje interno que llevaba a su cumbre, sin embargo fue clausurado recientemente por los arqueólogos que han trabajado en el sitio (principalmente franceses), así que sólo pudimos apreciar el hueco en el que se encuentra, recorrimos las habitaciones y terminamos de apreciar el edificio rodeándolo y subiendo al basamento trasero; desde aquí no hay un gran panorama de la selva pues ningún edificio de Río Bec es más alto que los árboles circundantes, pero a pesar de la ausencia de edificios voluminosos es un lugar sumamente interesante.
Subimos de nueva cuenta a la camioneta y tomamos otra desviación hacia el sur para llegar al grupo B, poco después vimos un edificio a nuestra izquierda y restos de otros a la derecha, paramos y frente a nosotros se asomaba entre la selva la estructura más bella de Río Bec: la 6N-1, la cual incluso estuvo perdida para los arqueólogos por más de medio siglo pero que ahora se puede apreciar casi en el mismo estado en que se encontró y es el prototipo de las construcciones de su estilo. Aún se puede ver la doble crestería que corona sus habitaciones, páneles decorados con cuadros y columnillas en relieve a los lados de la entrada frontal y de las otras dos puertas que tiene en cada costado, la gran pared sin entradas que delimita su parte trasera y sobre todo ello las hermosas torres que flanquean su fachada, las cuales sobresalen sobre el techo; tienen escalinatas impracticables que muestran un mascarón pequeñito sobre los últimos peldaños; finalmente los dos templos simulados que en sus costados tienen decorados en forma de cruces, la puerta falsa y sobre ella un rostro hecho en mosaico de piedra; además dichos templos falsos tienen doble vista, pues la parte de atrás muestra los mismos detalles.
Costado de la estructura 6N-1
Mis compañeros estuvieron observando cada detalle de éste edificio; yo estuve más activo, pues también me di tiempo de ir a ver los demás que se encontraban cerca y que pertenecen también al grupo B. Primero le dí toda la vuelta al 6N-1, entrando a sus habitaciones, examinando los detalles de sus decoraciones y sobre todo de las torres, además de notar que varios cuartos tenían banquetas muy altas y nichos en sus paredes. Después caminé unos metros a la derecha y me encontré con los restos de la estructura 6N-2, que posiblemente fue muy parecida a la primera, pues sus plantas se parecen mucho, pero de ésta solamente quedan arranques de muros y algunos detalles como las banquetas que había en sus habitaciones traseras.
Estructura principal del grupo C
Un poco más atrás estaba la estructura 6N-4, la cual es una pequeña habitación rectangular sin detalles en lo que queda de sus muros; siguiendo el camino por el que llegamos me encontré con el primer edificio que vimos, que era también una habitación, aunque más grande y con algunos restos de columnillas decorativas, ésta era la 6N-5 y detrás de ella se encontraba la 6N-6, otro cuarto pequeño. Regresé a la 6N-1, donde mis compañeros seguían y por un rato el dolor en el estómago fue intenso, por lo que me tiré al suelo y estuve ahí acostado algunos minutos, sin embargo la sensación no era del todo desagradable, pues tenía frente a mí la mejor vista de aquel edificio que no podía dejar de mirar, comparado con otros que he visitado era muy pequeño, pero sin embargo es uno de los más memorables y que seguramente jamás olvidaré mientras viva, y seguramente volveré a estar ahí alguna vez.
Estructura 7N-1 en el grupo D
Desde ese punto caminamos un poco hasta encontrarnos con un montículo de buen tamaño y bastante largo, estaba rodeado de otras estructuras derrumbadas y finalmente llegamos a un extremo que aún estaba en pie aunque era solamente un muro que tenía grandes columnillas decorativas, las cuales eran más anchas que las que he visto en otros lugares. No conozco la nomenclatura de aquel edificio, sin embargo sé que es el principal del grupo C.
Finalmente regresamos al grupo B y tomamos otro camino que nos llevó hasta una plaza rodeada de edificios que mostraban parte de sus muros aunque todos los techos estaban caidos, el principal de ellos está sobre una plataforma con dos cuerpos y tiene una escalinata de acceso en el centro, únicamente tiene un recinto con dos habitaciones, una detrás de otra y su puerta a los lados tiene unos bellos páneles adornados geométricamente. Éste es el grupo D y la estructura principal es la 7N-1, ahí terminamos el recorrido por los cuatro conjuntos que visitamos, pero aún nos faltaba visitar otros dos interesantes sitios en el camino de vuelta, uno de ellos nuevo para mí...