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lunes, 22 de enero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 3. Visita relámpago a Aguateca

Lago Petexbatún
El tercer día de viaje salimos temprano con rumbo a la frontera del Ceibo para cruzar hacia Guatemala, el puente que conducía a la carretera que va hacia allá estaba cerrado por lo que tuvimos que dar un rodeo que sin embargo me permitió ver que hay algunos atractivos naturales cercanos a Tenosique, como un balneario rústico del que jamás había oído hablar. En poco más de una hora llegamos al cruce y vimos que teníamos que esperar 15 minutos para que abrieran el paso; luego de ello Fernando bajó del autobús y junto con los conductores fueron a pedir informes para mover el camión lo más cercano a las oficinas (distantes 100 metros) y que se estacionara muy cerca de nuestro nuevo transporte que nos conduciría hasta Chetumal, no era posible cruzar con el autobús que nos había llevado hasta ahí. La espera se hacía larga y finalmente me desesperó tanta tardanza por 100 metros de caminar así que organicé a la gente para ir a sellar el pasaporte con las cosas, lo cual a final de cuentas había que hacer; eso ocasionó una primera fricción con Fernando por no esperar a que regresara. Quintín y otros dos pasajeros tuvieron que ir a tramitar un permiso para entrar a Guatemala pues tuvieron problemas con su pasaporte y no alcanzaron a tramitarlo a tiempo.
Palacio del nicho

Aún con todo, el cruce fue bastante lento, todavía esperamos a que compraran comida para el resto del día y paramos en la ciudad de La Libertad para intentar sacar quetzales del cajero, lo que fue imposible y dejamos para después. Yo temía que no llegaríamos a Ceibal, el único sitio a visitar en el trayecto a Flores, capital del departamente de Petén, al norte del país centroamericano; aunado a que había que tomar lancha pues nos informaron que el camino estaba en muy mal estado por la reciente temporada de lluvias y cerraban a las 4. Nuestro chofer fue bastante rápido en llevarnos sin ningún percance a la orilla del río de la Pasión, donde llegamos a una humilde casa a buscar a un lanchero para negociar el translado al sitio; después de platicar un poco con él decidimos cambiar el rumbo a Aguateca, ahí no había restricción de horario, aunque era más lejos no había que pagar entrada, lo que lo hacía ligeramente más barato que Ceibal. El cambio me alegró mucho pues el nuevo sitio a visitar está en una ubicación muy impresionante, con defensas naturales formidables, pues se encuentra junto a una falla geológica que abre una gran garganta que permitía una mejor defensa del lugar; Ernesto no compartía mi alegría, se molestó bastante de no poder ir a Ceibal.
Grupo del palacio

Salimos lo más pronto posible en una gran lancha de madera, recorrimos un corto trecho por el río de la Pasión, que más adelante se une al Salinas para formar el Usumacinta; luego entramos al arroyo Petexbatún, pasando por zonas cercanas a muchos sitios arqueológicos que nuestro lanchero conocía, así que al final conseguimos un buen contacto para futuros viajes. Poco después de una hora entramos a la laguna Petexbatún, donde el arroyo se ensanchaba bastante y finalmente entramos a un afluente muy delgado y serpenteante entre la vegetación que lo rodeaba, tanto que era difícil dar vuelta en las curvas y las ramas a veces pegaban dentro de la lancha, ocasionando que la gente se moviera y me hiciera temer la posibilidad de que saltaran demasiado bruscamente de su lugar, ocasionando que nuestra embarcación se volteara.
Grupo del palacio

Veía que el sol iba bajando en el horizonte y me preocupaba que no hubiera tiempo de visitar el sitio completo, lo cual sucedió, llegamos al atardecer a la orilla del lago y había que subir a la cima de una elevación considerable; antes de llegar nos encontramos con la caseta del custodio y más allá los primeros edificios de Aguateca, todos pequeños y al parecer residenciales.

Me adelanté para tomar fotografías sin gente, afortunadamente traía mi tripié pues la luz era insuficiente y el cielo se pintaba ya de rojo, así pasé por el palacio del nicho y la sala del consejo. Finalmente visité el grupo del palacio y alcancé a tomar algunas pocas fotos aceptables antes de que todo se oscureciera por completo. La gente llegó y me convencí de que sería imposible ir a la falla geológica, los miradores ni el resto de los grupos del sitio, que aunque no eran muy grandes me hubiera gustado ver.
Plaza del palacio

Aguateca fue un lugar donde la nobleza del cercano Dos Pilas se refugió cuando aquél sitio fue abandonado al final del clásico maya; aquí podían defenderse mucho mejor por la ubicación del lugar pero aún así terminó siendo destruida y hubo una gran masacre que acabó con los gobernantes. Aquí comenzó el efecto dominó que terminó por provocar el abandono de la mayoría de las grandes ciudades de la época como Copán, Tikal, Palenque, etc; ya que las rutas comerciales al caer ésta región tuvieron que modificarse, ocasionando grandes problemas económicos a los reinos lejanos a la costa; aún no se sabe a ciencia cierta el resto de factores que contribuyó a que terminara el periodo clásico, pero entre ellos pudo haber estado el cambio climático, sequías o enfermedades infecciosas.
Saliendo de noche hacia Sayaxché

Ya a oscuras regresamos a la barca, yo iba hasta el final sin ninguna lámpara y me encontré con el lanchero, ahí escuchamos algo como un grito agudo parecido al que hacen los chicleros para ubicarse entre ellos cuando entran a la selva, nos pareció bastante extraño aunque no pudimos verificar de dónde provenía. 

La luna comenzaba a asomar casi llena aunque las nubes cubrieron pronto el cielo, ocasionando incluso que lloviznara en algunos tramos del regreso, las luciérnagas encendían sus luces bioluminiscentes de cuando en cuando y el agua permanecía muy quieta; nuevamente estaba en una lancha navegando de noche, sin embargo la experiencia no fue nada parecida a cuando en el 2015 habíamos recorrido el Usumacinta con unos cuantos amigos; Ernesto y yo habíamos estado ahí y lo recordamos entonces, pero ésta vez tener un grupo de más de 20 personas, con muchas que no compartían nuestros intereses, no permitió que hubiera esa atmósfera mística que tanto nos fascinó cuando en completo silencio nos deslizábamos por el río fronterizo hasta el campamento de El Porvenir.

Llegamos a nuestro punto de partida alrededor de las 8 de la noche y de inmediato nos dirigimos a Flores, ahí nos instalamos en el hotel y comenzó un peregrinar por distintos cajeros automáticos pues descubrimos que quienes tenían tarjetas de banamex no podían sacar dinero en ninguno, incluyendo a Fernando; era nochebuena y yo estuve yendo y viniendo sin cenar casi nada y totalmente molesto y preocupado, siempre en las embajadas recomiendan no cambiar dinero en las fronteras; acatando esto, Fernando había planeado sacar dinero en los cajeros, cosa que me pareció prudente, pero éstos no permitían hacerlo a varios del grupo. Al día siguiente tocaba visitar Tikal, cosa que tuvimos que cambiar en el itinerario para permitir que se arreglara aquel inconveniente, yo estaba ya harto de aquellos problemas así que cuando Ernesto me propuso que nos fueramos a Yaxhá (mi sitio maya favorito) mientras que ellos solucionaran sus cuestiones, yo acepté sin dudarlo. Así terminamos de madrugada en la habitación del hotel, y nuestra celebración fue tomar unas cuantas cervezas con Adriana.

martes, 20 de junio de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 8. Kulubá

Palacio Puuc
El último día del 2016 lo comenzamos temprano, pues habría que recorrer una gran cantidad de kilómetros, ya sabíamos que pasaríamos el año nuevo en Mérida y teníamos cita con un guía para el primero de enero pero antes había que visitar algunos sitios del oriente y norte del estado. Estábamos casi listos para salir cuando Wilberth llegó a reunirse con nosotros y unos minutos después salimos en el auto con rumbo a uno de los sitios que yo más ansiaba conocer: Kulubá.

Julio y Eduardo ya habían estado antes en éste sitio pero el vídeo que Lalo había grabado ahí se había perdido con un celular y quería volver a capturarlo. Yo tenía la idea de como llegar pero ellos no recordaban muy bien lo que había en el camino. Llegamos a la terracería que conduce a Kulubá y nos condujo a una construcción donde no había nadie, ahí por un momento estuvimos desorientados pues el lugar no concordaba con lo que buscábamos pero luego de un rato de revisar nos dimos cuenta que el camino seguía a un lado de dicha construcción; más adelante finalmente vimos en un lado un gran edificio prehispánico y unos metros al frente el rancho y pequeño museo donde se encuentra la entrada.

Detalle del palacio Puuc
En el lugar había dos lugareños que nos pidieron registrarnos y pagar la entrada en $20, luego entramos a la palapa que usan como museo, ahí faltaban piezas pues estaban en una exposición en Mérida pero pudimos ver fragmentos de mosaicos, cabezas de serpiente, pedazos de mascarones del dios chaac con su característica nariz en forma de trompa, etc.

Desde el primer momento se podía apreciar que Kulubá es un sitio muy particular pues a pesar de estar muy lejos de zonas como el Puuc y los Chenes, tiene muchas características que lo ligan a éstos lugares: sus edificios presentan decoraciones en mosaico de piedra como en Uxmal, además de portadas zoomorfas como la que vimos en el cercano Ek Balam el día anterior pero que son más frecuentes en lugares del norte y sur de Campeche como Hochob y Chicanná, a más de 100 km de distancia.

Palacio Puuc
Nos abrieron la cerca que rodea el sitio y entramos en un llano cubierto de hierba que en algunas partes estaba crecida y que fue podada en las áreas donde se había habilitado para que los visitantes pasaran; al fondo se veía un gran edificio, el cual tendría 5 o 6 metros altura, 25 o más de largo y a penas 3 de ancho; tuvo 6 habitaciones en una sola hilera aunque la del extremo izquierdo y las dos del derecho tienen el techo parcial o completamente caído. El tamaño de las bóvedas y los accesos a cada cuarto recordaban a los que hay en el primer nivel de la acrópolis de Ek Balam, estando tan cerca un sitio del otro debían tener similitudes; pero el cuerpo superior de la fachada aunque en su frente ha perdido por completo su decoración, dejando el relleno del muro al descubierto; en su lado trasero conserva una sección con mosaico de piedra con formas geométricas y grandes mascarones de Chaac, lo que recuerda bastante al famoso palacio del gobernador de Uxmal, en un estilo totalmente puuc, además toda la base del edificio está decorada con pequeñas columnillas.

Costado del palacio chenes
Frente a éste edificio hay una reconstrucción de una parte de la decoración frontal cubierta con un techo de palma y a su izquierda, formando un ángulo recto, hay un edificio alargado que sólo conserva los muros y cuyo techo ha caído por completo. La base también está decorada con columnillas. Los muros tienen aproximadamente 2 m de altura, de largo tendrá aproximadamente 20 m con cinco habitaciones y un ancho también de 3 m aproximadamente. Los costados y el muro trasero son completamente lisos pero en el frente y alrededor de los accesos a cada cuarto tiene bellas decoraciones, sobre todo en la habitación central, que aunque incompleto, presenta un gran mascarón del monstruo de la tierra, se pueden ver los detalles de las fauces y algunos dientes; en ningún otro lugar se encuentra un edificio tan típicamente Puuc junto a otro tan característico de los Chenes excepto en Uxmal, sin embargo aquí también habían decoraciones de serpiente en las esquinas de los edificios, lo cual es más parecido a lo que se puede ver en Chichén Itzá, haciendo de Kulubá un lugar totalmente híbrido.

Palacio Chenes
Frente a éste palacio hay un área completamente cubierta de maleza a la que entramos para alejarnos un poco de la fachada y poder tomar fotografías más completas, pero fue bastante difícil pues se encuentra lleno de grandes piedras que claramente formaron parte de algún edificio prehispánico, sin embargo toda la hierba no dejaba ver si eran restos del techo del palacio Chenes que como ya mencioné está totalmente caído pero no se encuentra ahora ni dentro ni sobre el edificio o eran restos de alguna otra estructura diferente, aunque me inclino a pensar que fueron dejadas ahí con la idea de restaurar las bóvedas que cayeron.

Detalle del palacio Chenes
Frente a éstos edificios hay una mesa con sillas y una sombrilla que aprovechamos para sentarnos un momento mientras contemplábamos la belleza de la arquitectura que nos rodeaba y Wilberth aprovechaba para buscar aves y fotografiarlas. 

Aún faltaba visitar el edificio que vimos a un costado del camino cuando llegamos, así que regresamos casi hasta la entrada y nos dirigimos hacia aquella estructura que se encuentra en un área que está cubierta de árboles, unos metros más adelante pudimos ver la gran silueta de ésta construcción bastante particular: su nombre el "palacio de las U" y al mirar sus muros de inmediato se comprende la razón de tan poco habitual denominación pues en todo el costado y la parte trasera las piedras tienen canales que forman dicha letra.

Lado trasero del palacio de las U
Éste edificio tiene dimensiones muy parecidas a las del palacio Chenes, pero conserva sus bóvedas, lo que le da una altura de más de 3 metros y la habitación central tiene otro cuarto en su parte trasera que sobresale atrás del edificio y le da una planta en forma de "T". 

Cuando llegamos al edificio me dijo Eduardo que revisara toda la pared trasera y comencé a rodear el edificio observando la peculiar decoración que se extendía por todo el muro desde su base hasta el techo solo interrumpida por la base de columnillas y las molduras intermedias y superiores. Cuando llegué a la parte más lejana del muro pude ver que en los surcos de las U se podía observar claramente pintura roja todavía muy viva que se ha conservado muy bien por encontrarse en una zona hundida de la piedra.

Lado frontal del palacio de U
Toda la fachada superior del edificio ha perdido su recubrimiento, por lo que solamente se puede ver el relleno constructivo del muro. También una buena parte del cuerpo inferior se encuentra sin su cubierta pero aún se puede ver que en las entradas tenía decoraciones de tipo Chenes, que en la puerta central formaban un mascarón completo del monstruo de la tierra y en las laterales formaban fauces de serpientes.

Al frente y a los lados de éste último edificio en pie hay restos de plataformas y restos de algunos muros muy destruidos además de algunas elevaciones cubiertas de árboles que al parecer son montículos. Más tarde supe que al menos hay otros dos grupos de estructuras aunque al parecer ya no hay ningún otro edificio en pie.


miércoles, 31 de mayo de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 5. Xtohil e Ikil

Estructura en Xtohil
Empezamos el cuarto día de nuestro viaje salimos de Mérida con el equipaje en la cajuela del carro pues no había cupo en el hotel donde estábamos y pensábamos hospedarnos en otra parte del estado aquella noche. 

Ya que en los días anteriores fracasó el plan de que Xkipché fuera el sitio número 400 de Eduardo, tocó en suerte que éste número lo alcanzara en un sitio que no prometía prácticamente nada. Íbamos rumbo a Yaxcabá y de pronto pasamos junto a algunos montículos de buen tamaño, pero Julio que ya había estado ahí sabía que había una estructura excavada cerca aunque no pudimos verla entre la maleza a pesar de hallarse a pocos metros de la carretera, tuvimos que regresar por el camino cuando nos convencimos de habernos pasado y luego de regresar de nuevo en el sentido original al fín alcanzamos a ver las piedras entre la vegetación. Aunque nos pareció que el centro del sitio de Xtohil estaba unos metros atrás, ahí vimos una estructura pequeña que tenía en pie a penas algunos muros muy dañados y podía verse el espacio que ocupaba un cuarto mientras que la parte trasera seguía en ruinas convertida en montículo.
Montículos de Xtohil

Julio se esmeró en limpiar ésta pequeña estructura con el machete y luego de ello felicitamos a Eduardo por sus cuatro centenas de sitios mayas visitados pero como lo que había que ver ahí era poco, unos momentos después regresábamos por la carretera para observar los grandes montículos. En un campo despejado de árboles habían tres o más de ellos con alturas que rondaban los 5 metros, y frente a éste espacio abierto, entre un manchón de selva se veían grandes plataformas y restos de edificios más grandes. En uno de ellos encontramos pocos vestigios de paredes y nada mas, toda la arquitectura del sitio había caído en completa ruina a excepción de la habitación que vimos primero.

Escalinata volada sobre bóveda maya en Ikil
Volvimos a subir al auto para ir hasta Yaxuná, un sitio arqueológico que alguna vez estuvo abierto al público, yo sabía que íbamos a pasar muy cerca de otro lugar llamado Ikil, el cual Julio y Eduardo ya conocían, así que les pedí que nos detuviéramos ahí un rato. Su respuesta fue que no recordaban bien donde había que entrar pero que lo podíamos intentar, sin embargo les dí la sorpresa de que yo sabía exactamente su ubicación, así que sin ningún problema dimos con la terracería que conduce hasta ahí.

Dejamos el carro y avanzamos caminando los últimos metros, mis compañeros me decían que me preparara para ver un sitio increíble y sus palabras se quedaron cortas ante lo que vimos ahí: luego de una curva en el sendero dimos de lleno con una mole enorme que roza los 40 m de alto, era la estructura no abierta al público más grande que hubiera visto en todos mis viajes y aunque yo me imaginé que tendría una pendiente similar al castillo de Kukulcán en Chichén Itzá, ésta era mucho más pronunciada, tanto que me recordaba a la del templo I de Tikal. 
Entrada al templo superior de Ikil

La inclinación era tal que la subida es muy peligrosa, no crecen tantos árboles sobre los que pudiéramos sostenernos, la tierra que cubre el montículo es resbalosa y cualquier piedra que rueda llega sin problema hasta la base alcanzando gran velocidad, con lo que un golpe podría ocasionar serias lesiones y ¡qué decir de la caída si llegáramos a rodar cuesta abajo!.

A penas habíamos subido un poco cuando me mostraron un falso arco maya que pasaba por debajo de una rampa que reconocí como una escalinata, en otro de los costados había una más y más arriba otras; ya cerca de la cima ví la esquina de un templo o de un cuerpo del basamento construida con grandes piedras redondeadas.
Restos del templo superior del Ikil

Ya arriba pude darme una idea más real de cómo era el edificio: vimos restos de una pared que rodeaba el templo superior y una mole central que parecía ser maciza, al rodearla pude ver que tenía entradas en dos de sus lados; la pared externa por uno de sus costados conservaba una entrada diferente a todas las que había visto en la zona maya pues sus piedras eran enormes y tenía forma trapezoidal, algo que me recordó a las construcciones incas que había visto en Perú un mes antes; en dos de los otros lados pude apreciar que existieron entradas similares aunque ya derrumbadas y en el restante un pórtico con tres accesos que a penas se mantenían tambaleantes al borde del tremendo talud. Una vez visto todo ésto llegué a la conclusión de que el templo superior debió ser muy parecido al de Chichén Itzá, pues su planta era casi idéntica con sus entradas a los cuatro puntos cardinales y un pórtico en la principal; además de un pasillo que rodea a la habitación central cuadrada. Otra cosa que ví desde ahí es que frente a cada acceso existía una escalinata igual a las demás, con dos o tres arcos que las atravezaban por debajo en cada una. 
Pórtico del templo superior de Ikil

Éste enorme templo es superior en altura a aquél de Chichén Itzá y me pareció bastante particular por sus características únicas que parecían mezclar al famoso sitio Yucateco con los del Petén de Guatemala, además de sus extrañas escalinatas; todo lo anterior me hizo lamentar que no se haya estudiado hasta ahora gran cosa del sitio de Ikil pues debió ser muy importante teniendo una estructura de ese tamaño. 

La bajada fue aún más difícil que el ascenso pero logramos llegar sanos y salvos al piso; una vez ahí perdimos por unos instantes la orientación para llegar al sendero y tuvimos que atravezar un pequeño espacio de selva bastante complicado de pasar pero finalmente regresamos al auto y seguimos con el rumbo original con la esperanza de visitar algunos sitios desconocidos para los tres...


miércoles, 24 de mayo de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 4. Chelem, San Simón, Elewitz y Yiba

Chelem de San Simón
Cuando regresamos de Xkipché al camino a San Simón, Stephan, con su espléndida memoria, nos llevó a un sitio que él mismo reportó; incluso Julio traía consigo aquel documento sobre un lugar cercano llamado Chelem, que es el nombre de una planta parecida a la sábila.

Avanzamos algunos kilómetros hasta que a señal de Stephan nos detuvimos y entramos en un camino junto a una milpa pero luego de algunos metros no le pareció el lugar correcto así que volvimos al auto para seguir un poco más y volver a intentarlo. Ésta vez le pareció familiar la zona y nuevamente rodeamos un cultivo de maíz para después entrar en un pastizal y subir a una pequeña colina llena de maleza. Era tal la espesura vegetal que nos costó demasiado trabajo aún con los machetes de nuestro guía y de Eduardo abrir una pequeña brecha hasta encontrar vestigios de edificios mayas, se trataba solo de un montón de piedras que en algunas partes tenía señales de muros tan destruidos que no se podía observar su forma, los rodeamos por casi todos los lados que la maleza nos permitió sin encontrar mucho mas de lo que ya habíamos visto. Buscábamos un pedazo de arco que se mantenía en pie milagrosamente y Stephan comenzaba a lamentar que parecía haberse colapsado pero ya cuando íbamos a bajar de la loma rodeamos un poco más el borde del montón de rocas y ahí pudimos ver la arquitectura prácticamente en las mismas condiciones en las que fue encontrada años antes. Había restos de muros de dos habitaciones, una de ellas con un hueco que al principio confundimos con el arco, pero el real se encontraba detrás; éste era el techo de otra habitación casi totalmente colapsada pero la fracción en pie seguía balanceándose sobre a penas tres piedras muy delgadas.

Jambas sobre un montículo en San Simón
Luego de regresar al auto, llegamos hasta San Simón a la casa donde un guía de Stephan solía vivir, pero falleció hace años por lo que preguntamos por su hermano y después de algunos minutos apareció en la puerta intrigado por los desconocidos que hablaban del finado. Preguntamos por un dintel (parte superior de una entrada) que tenía glifos que se encontraba en las cercanías pero él no sabía de su existencia, aún así le pedimos que nos llevara a algunos vestigios cercanos.
Nos internamos en la selva cercana y poco después empezamos a encontrar montículos que estaban completamente destruídos, algunos incluso con fosas de saqueo; teníamos que fijarnos bien donde caminábamos porque comenzamos a encontrar chultunes (pozos en forma de botellón excavados en la tierra); buscamos en todo alrededor pero no pudimos encontrar el dintel que Stephan había visto alguna vez que visitó aquel sitio. Lo único en pie que encontramos eran dos jambas, las piedras de cada lado de una entrada a una habitación completamente destruida que permanecían de pie como único vestigio de lo que alguna vez se levantó sobre un montículo.

Muro en Elewitz
Preguntamos al hermano del guía fallecido si conocía algun otro monumento maya o vestigio y nos dijo que había una piedra con dibujos tirada en un campo cercano, caminamos hasta un área de cultivo y buscamos pero nuevamente no pudimos dar con ella por lo crecido de la maleza; por último nos dijo que había algunos muros sobre un cerro y hacia allá nos dirigimos, sobre una empinada ladera pudimos ver aquel edificio en ruinas y supimos que su nombre era Elewitz "cerro quemado". Teníamos la duda de si estábamos lo suficientemente lejos de San Simón como para considerar que era un sitio diferente pero más tarde Stephan nos lo confirmó. En aquella cima vimos los muros de un edificio que ya había caido pero aún tenían la forma de las habitaciones e incluso mostraban claramente el lugar donde se encontraban las entradas. Alrededor de la estructura había varios chultunes, la mayoría derrumbados pero uno de ellos tenía dos bocas que se abrían en el piso, algo que yo nunca había visto antes pues todos los que conocía tenían sólo una abertura.

Edificio en Yiba
De regreso en San Simón nos despedimos de nuestro nuevo guía y él muy contento nos dijo que investigaría en los alrededores para conocer los lugares donde su hermano había estado y mostrárnolos cuando volviéramos por aquel rumbo, como aún no anochecía ya cuando íbamos de regreso nos detuvimos a la orilla de la carretera en un sitio donde se veía una gran plataforma y luego de subirla pudimos ver que la coronaba otro edificio parcialmente en pie. Éste lugar lleva por nombre Yiba, yo conocía de su existencia pero no sabía lo que se encontraba ahí. La mayoría del edificio había caido dejando solo el muro intermedio entre dos habitaciones y una pequeña sección del muro trasero que muestra decoraciones en forma de herradura. Cuando estábamos fotografiando el lugar ya el sol bañaba las piedras con tonos rojos y entonces nos dimos un poco de prisa para ir a dejar a nuestro guía de Xkipché a su casa en Muná.
Detalle de decoraciones de Yiba

Eduardo y Stephan quisieron ir a Santa Elena a cenar en el restaurante Chac Mool, donde han pasado muchas veces y cuyos dueños los conocen, así que nos desviamos de la ruta hacia Mérida para llegar hasta ahí. Había algo de gente por lo que en lo que nos servían me aparté a la carretera para intentar tomar fotografías del cielo nocturno pero ninguna me pareció buena al final.

Después de algo de plática y de comer ávidamente luego de un día largo salimos ya completamente a oscuras de regreso a Mérida y llegamos ahí algo tarde. Dejamos a Stephan pensando que habría otro día en que nos acompañaría aunque ésto finalmente no sucedió y regresamos al hotel para decidir la ruta del día siguiente, el primer sitio que visitáramos sería el número 400 para Eduardo, pero eso quedará para la próxima entrada en el blog...