Mostrando entradas con la etiqueta Mexico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mexico. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de enero de 2018

Viaje por México y Guatemala pt. 1. Palenque

Templo de la calavera
Nuevamente tuve la oportunidad de visitar la zona maya al final del 2017 e inicios del 2018; éste viaje fue el último que tuve la oportunidad de planear junto a mi amigo Neftalí que en paz descanse y su compañero Fernando del grupo de arqueoviajes, pasamos varios días diseñando el itinerario y finalmente lo lanzamos para quien quisiera ir a mediados del año. Por desgracia más tarde Neftalí falleció, pero nosotros no quisimos que se cancelara el recorrido y lo consagramos a su memoria. Finalmente Fernando se encargó de la administración y yo sería el guía porque era el único que conocía la región; más tarde Quintín, del mismo grupo de arqueoviajes quedó también como guía. Pasaron los meses y se pudieron juntar 24 personas para realizar un trayecto por Chiapas, el norte de Guatemala, cruzar Belice y terminar en el sur de Quintana Roo.
El Palacio

Comenzamos el viaje tomando el autobús que nos llevaría a la parte mexicana del recorrido desde el monumento a la revolución; salimos un tanto tarde y paramos más veces para que bajaran al baño de las que hubiera esperado. 

Nuestro primer destino era Palenque en Chiapas, llegamos pasado el medio día y todavía nos detuvimos a comer pollo asado pues fue lo único rápido que encontramos; la visita en el sitio tuvo que reducirse a los principales edificios del área central. Así comenzamos el recorrido donde Quintín y yo fuimos dando algunos datos sobre los puntos que íbamos visitando, pasamos por la entrada principal y lo primero que vimos fue el templo de la calavera, las 3 veces anteriores que estuve en Palenque se podía subir al edificio pero ésta vez nos encontramos conque ya estaba cerrado al público.
Templo de las inscripciones

Unos pasos más adelante encontramos la tumba de la reina roja, la cual se encuentra en un túnel dentro del edificio junto al de la calavera; ahí si era posible entrar así que pasamos a recorrerla, se trata de un edificio antiguo que fue sepultado por el que se ve actualmente y que se adaptó para colocar un sarcófago donde se encontró el esqueleto de una mujer cubierta de cinabrio (lo que le daba el color rojo). Después pasamos frente al templo de las inscripciones, en su interior se encontró la famosa tumba del gobernante Kinich Janab Pakal, pero ésta se encuentra cerrada desde hace varios años así que seguimos de largo hacia el palacio; no pudimos apreciar todos los detalles de éste complejo edificio así que nos centramos en su peculiar torre que sobresale en uno de los patios, vimos un poco de pintura mural que representa flores y algunos de los adornos de estuco que aún se observan en las paredes y en los patios.
Torre del palacio

El siguiente punto a visitar era el conjunto de las cruces, que es mi favorito de Palenque. Ya se hacía muy tarde y una parte del grupo junto con Fernando se quedó muy atrás así que Quintín y yo no tuvimos otra opción que adelantarnos con las personas más rápidas pues los tres edificios del conjunto se pueden subir y tienen algunas de las mejores vistas del sitio. Nuevamente pude observar el bello Templo del sol, que es el mejor conservado aunque no el mayor; el templo de la cruz que es aún más alto que el de las inscripciones y el de la cruz foliada que con su basamento cubierto de pasto se ve más pintoresco y salvaje que los demás. Yo iba con calma pues conocía bien éstos edificios, pero debido a la falta de tiempo sólo pude subir al de la cruz.
Templo del sol

Los tres edificios reciben su nombre de unos tableros bellamente labrados que se encuentran en sus templos superiores, todos tienen a los lados las figuras de los gobernantes Kinich Janab Pakal y su hijo Kan Balam II, el del sol en su centro tiene un escudo con el rostro del dios solar Kinich Ahau, el de la cruz tiene una ceiba con las ramas formando el símbolo que da nombre al edificio y el de la cruz foliada tiene una planta de maíz con la misma forma que el anterior. Desde la cima de la cruz pude sentarme un momento a apreciar la belleza de las montañas frente al templo, totalmente cubiertas de selva muy tupida que hace imposible ver lo que hay detrás; al otro lado se puede ver la extensa llanura costera que desde aquí comienza y llega hasta el golfo de México.
Templo de la cruz

El plan era terminar el recorrido en el grupo norte pero cuando bajaba del templo de la cruz los custodios comenzaron a indicar que era hora de salir, de modo que lo único que pudimos ver fue el juego de pelota, el cual es bastante pequeño considerando el tamaño que tiene Palenque.

Desde ahí nos fuimos al hotel, que quedaba en el centro del pueblo del mismo nombre y luego de instalarnos esperamos un rato a que llegara mi amigo Ernesto, quien ya se había adelantado días antes y estaba visitando el sitio de Xupá, el cual yo había visto año y medio antes y por ello le indiqué como llegar. En cuanto nos alcanzó en el hotel me fui con él y con nuestra amiga Adriana a cenar y finalizamos el día regresando al hotel a dormir temprano pues el trayecto desde la ciudad fue bastante largo y agotador.


lunes, 18 de diciembre de 2017

Viaje a Tehuacán-Cuicatlán pt. 2. Santiago Quiotepec

Rumbo a Santiago Quiotepec
Desde Teotitlán de Flores Magón tomamos rumbo hacia el sur por una carretera muy sinuosa que sigue el curso de la región de la cañada, en la sierra norte de Oaxaca. Antiguamente ésta era la ruta de acceso desde Tehuacán hasta los valles centrales del estado sureño. Los paisajes se volvían cada vez más agrestes y pintorescos, la vegetación predominante seguía formada por los grandes órganos rodeados de huizaches y biznagas pequeñas a ras de suelo, de cuando en cuando veíamos la corriente de algún río en el fondo de las barrancas y pasamos por algunos pueblos no muy grandes antes de tomar la desviación de terracería hacia Santiago Quiotepec. Una vez ahí, comenzamos a descender entre los cerros hasta que llegamos a un puente sobre un ancho río; ahí Jorge nos dijo que era el mismo que deberíamos cruzar al día siguiente para llegar al sitio arqueológico de Ciudad Vieja, pero por el momento sólo nos limitamos a mirarlo desde el camino.
Iglesia de Santiago Quiotepec

Un poco más adelante la terracería volvía a ascender para rodear una escarpada pendiente y justo en el punto más alto se dominaba la vista del río, por lo que nos detuvimos para admirar el imponente paisaje que quedaba a nuestros pies; desde ahí ya podíamos ver la cúpula roja de la iglesia central de Santiago Quiotepec y supimos que estábamos cerca de nuestro último destino del viaje. Nuevamente nos pusimos en marcha y seguimos el camino que serpenteaba hasta llegar a las primeras casas del poblado. Ahí no había señal de celular, televisión o incluso de radio por lo que ya nos habíamos dispuesto a pasar el resto del día sin todos esos elementos modernos para sentirnos como en años pasados en los que aún no se inventaban; paramos en la primera casa, donde Jorge ya había estado y prueba de ello es que los habitantes de dicho hogar lo reconocieron.
Atardecer desde el mirador de la cruz

Nos sorprendió bastante que ahí tenian internet, por lo que no pasamos del todo sin tecnología; mientras pedíamos datos para rentar una cabaña y para conseguir guía que nos llevara a la zona arqueológica al día siguiente, dimos un vistazo a nuestros celulares pues era el único punto donde aquello tendría sentido. 

Nos indicaron que la mayordomía de los servicios turísticos pasaba de una familia a otra cada cierto tiempo, por lo que ellos (a diferencia de cuando Jorge estuvo ahí antes) ya no eran los encargados, pero nos indicaron que fueramos a una tienda detrás de la iglesia a preguntar así que eso fue lo que hicimos en seguida.
Cruce del río grande

Subimos de nuevo al auto para recorrer unas cuantas cuadras al centro del poblado, el cual tiene a penas alrededor de 500 habitantes. Escuchábamos música proveniente del lugar a donde nos dirigíamos y Jorge nos explicó que al no haber radio, había una gran bocina que sonaba para entretener a los lugareños. 

Llegamos a la iglesia, la cual no tenía grandes dimensiones, sin embargo se reconocía su antigüedad pues tiene características coloniales, asimismo en su fachada pudimos ver un bloque de piedra que contenía figuras labradas indudablemente prehispánicas y que casi seguramente fue llevada ahí desde la ciudad vieja al otro lado del río. El interior del templo es austero pero nos pareció bastante bonito.
Caminando hacia Ciudad Vieja

Desde ahí rodeamos y vimos algunas casas pintorescas que quizá eran las más antiguas del lugar, en sus fachadas tenían adosadas varias bancas de cemento, un lugareño entrado en años estaba descansando ahí y luego de saludarnos nos indicó la casa que buscábamos. Aprovechamos para comprar agua en la tienda y la mujer que atendía nos indicó que el encargado y el guía no se encontraban pero que podía vocearlos, lo cual aceptamos. Así pudimos observar otro uso del gran altavoz que estaba justo al otro lado de la calle, mientras nos sentamos en una de las bancas de cemento escuchamos como llamaban al guía del lugar para que acudiera a ofrecer sus servicios, sin embargo el primero que apareció en el lugar fue el encargado de las cabañas y nos indicó que esperáramos un poco para que barriera una de ellas: la más alta y con mejor vista para hospedarnos; aquél día no había otros visitantes en el pueblo así que podíamos darnos ese lujo.
Paredón en el conjunto 2 de Ciudad Vieja

Mientras eso pasaba, subimos al mirador del lugar, el cual es llamado "de la cruz" porque hay una justo en la cima. Desde ahí podíamos ver de un lado la iglesia y las casas del lugar y del otro una serie de cerros, además del curso del río. Jorge nos indicó una elevación justo en la otra rivera y pudimos ver la gran extensión que tenía, toda ella estuvo cubierta con la Ciudad Vieja de Quiotepec, construida por los Zapotecos y una de las zonas arqueológicas más importantes o quizá la más importante de la región de la cañada, en el norte de Oaxaca.

El paisaje que nos rodeaba era hermosísimo y pintoresco, tenía tonos marrones y grisáceos en el suelo que también resaltaban en los empinados acantilados que en varios lugares caían a pico hasta el río; la cubierta vegetal estaba verde por la temporada de lluvias que recién terminaba y resaltaba el color casi azulado de los enormes órganos que cubrían todas las laderas. Más abajo el río tenía un bello color aguamarina; todo enmarcado por un cielo profundamente azul surcado de nubes muy claras.
Estructura en el conjunto 3 de Ciudad Vieja

Frente al mirador estaban las cabañas, me sorprendió que a pesar de lo pequeño del poblado contara con un hospedaje tan acogedor, aquellas construcciones parecían muy limpias y sencillas pero con muy buen gusto. Nos instalamos en la que nos asignaron y poco después el guía del pueblo llegó y acordamos que saldríamos a las 6 de la mañana del día siguiente a recorrer los vestigios arqueológicos; también acudió a la casa que visitamos primero para pedirles que nos prepararan la cena para un poco más tarde.

Luego de un rato volvimos a subir al mirador pues el atardecer pintó de rojo las nubes y el horizonte, dando al cuadro que teníamos frente a nosotros una belleza aún mayor, la cual aún no terminó cuando todo se oscureció pues al mirar hacia el lado contrario pudimos ver una enorme luna casi totalmente llena que aparecía detrás de los cerros, el viento entonces era tan fuerte que hacía que perdiera el equilibrio si me mantenía de pie.
Estructuras en el conjunto 3 de Ciudad Vieja

Regresamos caminando a la entrada del poblado y ya nos habían preparado una sencilla pero muy rica cena con quesadillas, café y una salsa excelente y luego de estar ahí un rato aprovechando el internet, nos retiramos a la cabaña a descansar, yo dormí de inmediato pues me encontraba enfermo de gripe; Ernesto y Jorge se quedaron despiertos hasta ya entrada la madrugada.

Poco antes de las 6 nos preparamos para salir y encontramos a nuestro guía justo en la entrada a las cabañas, aún no amanecía y a penas empezaba a clarear el cielo, pero había suficiente luz como para caminar sin necesidad de linternas; así bajamos hasta la orilla del río, cruzando algunas calles de Quiotepec, un riachuelo con agua cristalina y una zona cubierta con pequeñas dunas de blanca arena.
Estructura en el conjunto 3

No existe ningún puente en la zona para cruzar así que debía ser a pie, ésto no se puede hacer en época de lluvias pues el nivel del agua sube varios metros. Debido a que no queríamos mojarnos los pantalones, cruzamos en ropa interior a excepción de Ernesto, quien fue el único que tomó en cuenta ésto y llevó un short y chanclas que no se fueran con la corriente. En cambio yo sufrí bastante por las piedras del fondo al pasar descalso, sin embargo fue una excelente experiencia pues nunca antes nos había tocado visitar una zona arqueológica a la que se tuviera que llegar cruzando un río a pie.

Del otro lado volvimos a vestirnos, estaba un poco nublado pero la temperatura era muy agradable, así que no tuvimos frío ni muchas incomodidades después de tan mojado inicio de recorrido a pesar de que en algunos puntos el agua nos llegó hasta el estómago.
Tumba en el conjunto 4

Llegamos a un área cubierta de arena más o menos plana que tenía ya los primeros montículos prehispánicos, esta zona baja era la más antigua de la ciudad vieja y más tarde supimos que además de plataformas habitacionales también contenía estructuras grandes y un juego de pelota.

Luego de unos 200 metros llegamos a la ladera rocosa del cerro y comenzamos a ascender hasta alcanzar un sendero señalizado que los lugareños habilitaron para la visita, a partir de ahí comenzamos a ver restos de muros con sus piedras bien alineadas, algunos montículos y escalones, de pronto nos topamos con una gran pared que tenía unas franjas decorativas muy características de los edificios zapotecas, fue el primer vistazo de una estructura excavada y desde ahí ya podíamos ver que el lugar fue muy importante en su tiempo.
Conjunto 4

El cerro formaba una rampa natural que llevaba a su parte más alta y a lo largo de ésta había algunos pasajes algo estrechos y también explanadas de distintos tamaños; en la primera de ellas nos encontramos con una tumba a la que entramos para ver que tenía forma de un pequeño pasillo con nichos en cada extremo y a ambos lados formando una cruz. Su altura era más de metro y medio, una pequeña parte de su techo había sido retirada para poder ingresar y tenía arquitectura muy sencilla.

Desde ahí ya veíamos que la ladera se hacía cada vez mas escarpada y que muchos de los desfiladeros fueron reforzados con muros artificiales que les daban mayor estabilidad y recubrían el talud en muchos lugares.
Vista desde el conjunto 4

Después de subir un poco más nos encontramos con una plaza, en cada extremo tenía un edificio con 5 metros de altura aproximadamente, el primero de ellos con una escalinata doble muy empinada que me recordó a las de edificios en los altos de Guatemala; en su parte superior había una plataforma con una sola escalinata mucho más ancha y algunos restos de lo que debía haber sido el templo que coronaba el edificio. La estructura al fondo de la plaza era muy cuadrada con una amplia escalinata y paredes prácticamente verticales. Del lado izquierdo había un edificio muy parecido a éste último pero más pequeño que en su parte trasera estaba ya fuera de la plaza y era sostenido por una gran pared que descendía por la ladera empinada. En el lado derecho no había construcciones pues la plaza terminaba en el borde de un acantilado.
Vista del conjunto 3 desde el 4

Pasando el edificio del fondo, pudimos ver que junto a él había otro más pequeño muy cuadrado también, formando un pasillo entre ellos que daba acceso a la parte más alta del sitio. Una nueva terraza contenía una tumba que debió ser enorme a juzgar por los grandes monolitos que se observaban y que fueron parte de su techo que yacía ya colapsado, por lo que no se podía acceder a ella. Nuestro guía nos dijo que por dentro tenía pasillos como un laberinto, por lo que probablemente fue parecida a las tumbas que se encuentran en los conjuntos principales de Mitla, muchos kilómetros más al sur, pero construida por miembros de la misma cultura zapoteca. Ésta parte del sitio estaba ya muy alta sobre el nivel del río y mostraba una bella vista hacia el actual pueblo de Santiago Quiotepec, enmarcado por el río grande que parecía aún más azul verdoso desde ahí.
El cerro de Ciudad Vieja al centro

Finalmente llegamos a la base del conjunto principal, estaba delimitado por una enorme pared de entre 12 y 15 metros de altura y al pie de ésta vimos otra tumba en forma de cruz con nichos en cada punta, aunque ésta tenía parte de su recubrimiento de estuco y hasta un poco de pintura mural roja. Mostraba el nicho principal adornado como la fachada de un pequeño templo y daba una idea de como debieron ser los edificios del lugar cuando estaban en pie, hoy en día no queda ningún templo, todos han caido y en su lugar dejaron montículos de tierra, solo se pueden apreciar algunos basamentos piramidales y muros.

Vista desde Ciudad Vieja
Ya en la plaza superior que coronaba todo el cerro, pudimos ver un gran juego de pelota, mayor que todos los que recuerdo en el estado de Oaxaca, que aunque no está excavado muestra sus taludes laterales y sus cabeceras muy claramente; desde ahí veíamos dos plazas con edificios sumamente monumentales: grandes plataformas con más de 6 metros de altura que delimitaban dos patios mayores que los que habíamos observado más abajo. Sobre la estructura más alta parecía haber existido un palacio con un patio pequeño al centro a juzgar por la forma de los montículos que dejaron los cuartos al derrumbarse y la vista era magnífica pues permitía ver hacia todos los ángulos, ahí pudimos ver por fín el otro lado del cerro, donde corría el río grande y se juntaba con otro más pequeño llamado río salado que bajaba por un cañón entre las montañas.
Vista desde el conjunto 4

Comenzamos a descender por el lado contrario, pasamos al borde de un gran acantilado y desde ahí podíamos ver la plaza del conjunto que vimos con las estructuras excavadas, detrás de ella el río serpenteaba hacia el horizonte dibujando una serpiente clara en el entorno rojizo y verde. La cúpula de la iglesia de Santiago Quiotepec era un pequeño semicírculo rojo que sobresalía al otro lado del río y las montañas se extendían hasta donde la vista llegaba. El paisaje natural era muy diferente al de otros lugares que hubiera visitado pero sumamente bello, no podíamos sino detenernos ahí a observar mientras el fuerte viento nos despeinaba. Así seguimos el descenso y seguimos encontrando grandes muros y restos de estructuras que no habíamos notado en el ascenso.

Llegamos hasta el río y nuevamente cruzamos, aunque el punto donde lo hicimos fue un poco más alejado del poblado, ahí el agua de pronto subía de nivel y me llegó al pecho. Regresamos al poblado y nuevamente nos esperaban para desayunar huevos con chorizo y frijoles a pesar de que ya eran las 12 del día. Luego de ello acomodamos nuestras cosas, subimos al auto y nos despedimos de todos nuestros anfitriones con una sensación de alegría y ganas de volver alguna vez. Nos dieron folletos en los que vimos que la región tiene muchos atractivos para visitar y luego nos dirigimos de regreso al poblado de Tecomavaca para buscar un museo comunal que estaba cerrado. Así tomamos rumbo a Puebla y queríamos ver la salida de la luna pero la neblina en el camino lo impidió así que seguimos de largo hasta la ciudad de México, terminaba así un corto pero memorable recorrido.



sábado, 9 de diciembre de 2017

Viaje a Tehuacán-Cuicatlán parte 1. Calipan y Cerro Colorado

Montículo en Calipan
Justo iniciando diciembre nuevamente recorrí la zona de Tehuacán-Cuicatlán, tal como lo había hecho en julio. Ésta vez fue mi amigo Jorge Díaz Henry quien sugirió visitar Santiago Quiotepec, ya en el estado de Oaxaca y también Ernesto Hernández se unió al viaje.

Nuestro recorrido comenzó temprano, saliendo de la estación Tepalcates del metro. Fue una mañana muy fría y yo estaba enfermo con una tos muy molesta pero como no me sentía tan mal decidí acudir; al llegar a la zona de Pantitlán pude ver que el oriente de la ciudad estaba cubierto por una densa neblina. Poco después de que llegué al punto de encuentro me encontré con Jorge, quien llegó en su carro, pues él sería el conductor durante todo el viaje que duraría un fin de semana. Ernesto había quedado de llegar al metro Acatitla, así que hacia allá nos dirigimos, pero tardó casi una hora en llegar, por lo que estuvimos viendo fotos en el celular de Jorge un buen rato.
Paisaje en el cerro colorado

Finalmente salimos de la ciudad cuando la neblina estaba ya disipándose, fue un trayecto sin incidentes, bastante rápido pues pasando las 11 de la mañana estábamos ya en Tehuacán y poco tiempo después nos desviamos hacia el pequeño pueblo de Calipan, donde Ernesto había detectado un montículo prehispánico.

La estructura está en una rotonda, aunque está sumamente destruido y no le queda mucha altura; sin embargo pudimos ver algunos pedazos de cerámica decorada sobre el suelo, el sitio no tenía nada de espectacular pero sabíamos que ahí cerca había una elevación llamada cerro colorado que sostenía un sitio arqueológico con pinturas murales de gran tamaño, había muy pocos datos de éste lugar por lo que no estábamos seguros de hacia dónde dirigirnos pero finalmente preguntando a un transeúnte, nos señaló una serie de cerros bajos y nos indicó que ahí era el lugar.
Paisaje en el cerro colorado

Nos acercamos lo más que pudimos en el auto, llegamos a un campo de cultivo donde estaban trabajando algunos lugareños y volvimos a preguntar; uno de ellos muy amablemente nos indicó el camino a seguir, nos dejó estacionar el carro en su terreno e incluso nos prestó su machete. Así comenzamos a caminar y al poco tiempo llegamos al pie del cerro; la subida me pareció mucho más ardua de lo que era pues mi nariz estaba muy tapada y por ello respiraba por la boca, lo que me fatigaba demasiado y me costó mucho trabajo mantener el paso.

Así llegamos al primer pico, quizás el más alto de esa zona de lomas, pudimos ver entre la maleza algunos montículos pequeños y huecos de saqueo, todo parecía indicar que estábamos cerca de las pinturas pero recorríamos la parte alta y nada podíamos encontrar más que restos sumamente dañados.
Área del cerro colorado

Llegamos al final de ésa cima y bajamos un trecho para luego subir a otro de los picos, ahí encontramos montículos más definidos pero nuevamente ningún rastro de las pinturas. En un momento Jorge se adelantó y bajó un poco por la ladera, Ernesto y yo inspeccionamos un montículo cuya cima estaba saqueada y entonces nos dirigimos a donde nuestro amigo se había ido. De pronto dí un paso y un dolor agudo invadió mi pie derecho, de inmediato bajé la mirada y me dí cuenta de que una punta de una planta espinosa como un pequeño maguey se había clavado en mi bota, la atravezó y fue a clavarse en el dedo pequeño. Me quité la bota con cuidado y lo más rápido que pude y con asombro comprobé que aquella punta era tan filosa y dura que pasó limpiamente por el cuero grueso de la bota aunque no se quedó clavada en mi dedo, podía sentirla dentro de la bota y por más esfuerzo que hice para retirarla sólo pude romper su punta, el resto quedó ahí entre el cuero y el forro y fue imposible de quitar.
Iglesia en Teotitlán de Flores Magón

Decidimos hacer un último intento yendo hasta otro pequeño pico, así que rodeamos gran parte de lo que habíamos recorrido pero ahí no encontramos prácticamente ningún resto prehispánico. Finalmente decidimos terminar nuestra búsqueda sin éxito pero convencidos de haber estado en otro sitio arqueológico debido a los restos de edificios que pudimos ver.

Una vez que subimos al auto nos detuvimos en la carretera pocos km más adelante para comprar agua y preguntamos ahí si sabían de las pinturas, a lo que el tendero respondió que creía que la zona donde se encontraban había sido cercada para que nadie pasara, de ser cierto eso nosotros no pasamos por el área donde se encontraban aquellos esquivos restos arqueológicos.
Interior de la iglesia de Teotitlán

Seguimos por la carretera y decidimos pasar a comer algo en Teotitlán de Flores Magón, cuando pudimos ver aquel poblado desde la carretera de inmediato nos llamó la atención la iglesia central, la cual sobresalía entre los cerros así que nos dirigimos hacia ahí. Sin embargo quedamos un poco decepcionados pues si era una edificación antigua fue recubierta recientemente y ya no quedaban detalles antiguos ni en su fachada ni en su interior.


lunes, 28 de agosto de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 17. Museos de Mérida

Gran museo del mundo maya
Desde un principio teníamos la intención de visitar dos museos en Mérida pero estábamos dispuestos a sacrificarlos para visitar más sitios de la selva, sin embargo nuestro último fracaso en Chansuytún nos hizo regresar a la capital de Yucatán con tiempo suficiente.

Primero nos dirigimos a la prolongación del paseo Montejo, donde recientemente fue construido el gran museo del mundo maya. Se trata de una gran construcción en un estilo bastante contemporáneo, pues tiene en su parte superior una gran estructura redondeada que parece una pelota de ligas blancas y verdes entrelazadas. Sin embargo la exposición se ubica abajo en una gran galería de color blanco y abarca la vida de los mayas desde el primer poblamiento de la región hasta la actualidad.

Tapa de bóveda de Ek Balam
Por supuesto la parte que más nos interesaba era la prehispánica, aunque hay también aspectos interesantes de la colonia, la guerra de castas, la prehistoria y la actualidad. Algunas de las piezas que más me llamaron la atención fueron una bella tapa de bóveda procedente de Ek Balam que muestra al gobernante Ukit Kan Let Tok sentado en posición de flor de loto y parece señalar algo frente a él. Los detalles y los glifos que se aprecian todos en color negro están finamente pintados, lo que le da a ésta pieza una delicada belleza que es difícilmente igualada en otras pinturas de su tipo. 

Hay también fragmentos y estelas completas bien conservadas, una de ellas es la parte inferior de la estela 1 de Dzilam González que alguna vez estuvo empotrada en la presidencia municipal de aquel lugar con un soldado grabado en su parte superior.

Sin duda la pieza que yo más quería apreciar ahí son los murales de Mulchic, pequeño sitio cercano a Santa Elena que visité en el 2015 junto con nuestro amigo Luis Adrián. En ese entonces sabíamos que éstas pinturas estaban en Mérida, probablemente en una bodega pues no habían sido mostradas en mucho tiempo pero con la inauguración de éste museo eso cambió.
Fragmento de los murales de Mulchic

Los murales están ya muy borrosos pero se alcanza a distinguir una serie de personajes que participaban en una batalla, algunos de ellos con trajes muy ornamentados. Eran mucho más vívidos cuando se encontraron y tenían tonos amarillos, rojos y azules, además de trazos negros.

Me pareció una buena exposición aunque desde afuera el museo luce inmenso y ya por dentro tuve la impresión de que es más pequeño de lo que parece, aún así es el más grande que conozco junto con el Amparo de Puebla, obviamente dejando fuera al Museo Nacional de Antropología.

Museo del palacio Cantón
Luego de salir de ahí, avanzamos unos pocos kilómetros hacia el centro de Mérida y llegamos al bello palacio Cantón, un edificio de principios de siglo que alberga el museo regional de Yucatán. Desde que el gran museo del mundo maya se inauguró gran parte de su colección fue mudada ahí pero tuvimos en suerte que poco tiempo antes habían inaugurado una exposición llamada "Lak'iin. El poderío del oriente maya", la cual reunió piezas importantes de Ek Balam, Chichén Itzá, Kulubá y algunos otros sitios de la región.

Sabía que varias piezas que no encontramos en el pequeño museo de sitio en Kulubá estaban ahí, como una cabeza de serpiente que indica la influencia de Chichén Itzá en dicho sitio pero que conserva un estilo diferente; eso complementó la visita que habíamos hecho dias antes.

Estela de Tabí
Una vez que entramos por la puerta del edificio, tuvimos frente a nosotros la bella y rara estela de Tabí, la cual es por excelencia la pieza central de éste museo; es una escultura única pues no es una piedra sólida sino una especie de marco con dos personajes a los lados y otro en su centro, cuyos espacios intermedios fueron completamente vaciados de roca, dejando ver a través de ellos. En la parte superior un arco está inscrito con una serie de glifos e igualmente tiene un espacio vacío por debajo de éstos.

En los dos pisos del edificio se mostraban una buena cantidad de piezas en piedra, oro, jade, concha, turquesa, etc. Todas de una calidad inigualable. Algunas que destaco es un pánel con jugadores de pelota que proviene del sitio de Ichmul de Morley, unos pendientes de jade de Chichén Itzá y una serie de tapas de bóveda de Ek Balam.

La exposición es una de las mejores y más interesantes que he podido ver en cualquier museo antropológico; sin embargo hace aproximadamente un mes terminó su periodo de exhibición.
Panel de Ichmul de Morley

Al terminar nuestra visita a éstos museos también terminaba el recorrido que realicé junto con Eduardo y Julio, pues ellos regresarían al día siguiente a Querétaro y la Ciudad de México respectivamente, así que solamente nos quedaba comer tarde como siempre y luego retirarnos al hotel. Todos empacamos nuestras cosas y dormimos un poco más temprano que los días precedentes. Muy temprano ellos salieron rumbo al aeropuerto y hora y media después yo también me retiré de ahí pues me faltaban algunos días para completar mi recorrido; pero ésta vez seguiría más al sur, en el estado de Campeche, donde mi amigo Wilberth me esperaría en el centro de Hecelchakán para dirigirnos a una región que yo nunca había visitado: los Chenes.

martes, 11 de julio de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 10. Kuxub, el sitio que creímos que era Xburrotunich

Vista desde la estructura principal de Kuxub
Iniciamos el 2017 levantándonos muy temprano ya que teníamos cita en el pueblo de Opichén con un nuevo guía pero antes queríamos hacer un intento de visitar Poxilá, un sitio que en el 2013 Julio y yo intentamos ver pero no pudimos debido a que se encuentra dentro de una hacienda y los dueños no permiten la entrada; sin embargo ni con el carisma de Eduardo pudimos conseguir el permiso y terminamos sin nada mas que una vista lejana del edificio principal que alcanzamos a divisar desde montículo que nos permitió subir un poco sobre el borde de la barda perimetral de la hacienda.

Aproximadamente media hora después y con un ligero retraso llegamos a casa de nuestro guía y luego de una plática sobre los vestigios de la región nos ofreció llevarnos a dos o tres sitios en su camioneta, dejando el tzuru que para entonces ya teníamos bastante sucio y maltratado. Eduardo subió en la cabina mientras Julio, Wilberth y yo nos fuimos parados en la caja, primero nos detuvimos en un terreno de nuestro anfitrión pues tenía que pasar a dar de comer a sus animales, que incluían varios borregos y guajolotes. 

Muro en pie de una estructura de Kuxub
Poco después salimos hacia Calcehtok, poblado muy cercano al gran sitio de Oxkintok, abierto al público y entramos a terracerías que en algunas partes tenían piedras tan grandes que difícilmente el auto hubiera pasado. Luego de varios kilómetros bajamos junto a un campo de cultivo y entramos un poco en la selva, observando algunos montículos que nuestro guía designó como el sitio de "el rancho". Ahí no había elementos arquitectónicos visibles así que terminamos pronto; subimos a la camioneta y unos metros mas adelante vimos más estructuras, nuestro anfitrión nos dijo que estábamos en Xburrotunich, sitio del que tenemos algunos datos, por la cercanía supimos que el rancho era parte del mismo. Incluso se nos narró la historia del nombre que significa "burro de piedra": Había un campesino que tenía su milpa en ése lugar pero los animales se comían su cocecha, entonces fue con un sacerdote y éste le dio un burro de piedra con la instrucción de que debía ponerle de comer una gota de sangre cada día y éste se encargaría de auyentar la fauna nociva por las noches. Así el burro cobraba vida nocturna y las cocechas se fueron dando hasta que el hombre dejó de alimentar al animal con la gota de sangre ordenada, por lo que el hambre orilló al burro a comerse a las personas que pasaban; luego de varias desapariciones los lugareños encontraron la figura del animal cuando de día era de piedra y la hicieron pedazos, quedando solamente un pedazo de su miembro viril tirado en el campo. 

Muro central de estructura de Kuxub
En verdad nuestro guía creía que el sitio era Xburrotunich y luego de buscar por un rato entre el maizal vimos la escultura fragmentada que habría motivado tal nombre. Sin embargo y luego de nuestro regreso Julio buscó en su amplio acervo y descubrió que era muy improbable que el lugar donde estuvimos fuera Xburrotunich, pero en cambio tenía toda la pinta de ser otro sitio llamado Kuxub, por lo que con ése último nombre lo incluímos en nuestras listas de sitios. La razón principal de darse cuenta de ello fue que en medio de los campos de cultivo se elevaba una gran estructura piramidal que subimos y tenía unos cuantos restos de piedras alineadas del templo en su cima. Mientras estábamos ahí arriba con una gran vista de los campos cercanos, Wilberth, con su cámara que tiene un gran zoom observó una mancha negra con un árbol encima que crecía sobre un montículo y nos dijo que ahí había un muro de piedra, sin embargo ninguno de nosotros le creyó, pues creíamos que sólo era un montón de hierba.

Estructura de Kuxub
Regresamos a la camioneta y por casualidad el camino pasaba junto al montículo que había señalado Wilberth, ya cerca pudimos comprobar que lo que el decía era verdad, en la cima había una estructura en pie, o al menos parcialmente.

Bajamos rápidamentede la camioneta, ni nuestro guía había estado en ese montículo así que teníamos mucha curiosidad sobre lo que encontraríamos y fue una postal bellísima y melancólica: justo en la parte más alta de aquél montículo o pequeño cerro estaba una sección del muro central de un edificio, el cual dividía dos habitaciones que estaban conectadas por una puerta central; el lado derecho desde el que creímos que era el frente estaba casi completo, pero el dintel y todo el muro izquierdo además del resto de las habitaciones habían caído, a pesar de eso las bases de las jambas que delimitaban los lados de la puerta seguían en su lugar y una gran parte de los arranques de cada muro mostraban todavía como estaban distribuídas sus habitaciones, por lo que vimos que hubo más además de las 2 que observamos en un principio. Sobre el muro que permanecía en pie crecía una planta de henequén bastante raquítica, con las pencas colgando y coronado por una gran rama saliente que poco antes debió de soportar las flores que ésta planta desarrolla para reproducirse y luego de ello secarse; junto a ella un arbusto casi totalmente seco elevaba las ramas desnudas hacia el cielo completamente azul que se encontraba poblado de pintorescas nubes blanquísimas. No podíamos dejar de fotografiar ésta bella postal y de felicitar a Wilberth por su gran vista; unos metros más abajo vimos también algunos arranques de muro que indicaban otra estructura ya derrumbada por completo.

martes, 4 de julio de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 9. Una experiencia extraña en Chunjabín y año nuevo.

Camino a Chunjabín
En Dzilam González nos dieron indicaciones para llegar a un área llamada Chunjabín, ahí se encuentran dos sitios arqueológicos con algunas estructuras visibles. Teníamos el mapa para llegar por dos caminos y a sugerencia de nuestro informante en el pueblo tomamos el primero y más largo debido a que el otro parecía estar muy cubierto de maleza.                                                    
Nunca nos imaginamos que éste recorrido sería uno de los más extraños que hayamos seguido. Avanzamos en el auto unos pocos kilómetros por carretera y luego entramos a una terracería muy pedregosa; el avance era muy lento pues en muchos lugares el carro pegaba con salientes del camino, todo el tiempo la hierba crecida se escuchaba como cepillando debajo de nuestros pies y en algunos tramos incluso teníamos que bajar para pasar trechos especialmente difíciles. El camino se mantenía en buena parte recto, con algunas curvas y muchos desniveles ligeros.

Cerca de Chunjabín
Justo después de una curva de 90° nos encontramos con una puerta abierta que servía para cerrar el paso a todo el camino, tenía una cadena con candado y frente a ella una motocicleta estacionada; sospechamos que el dueño de ésta última era el poseedor de la llave y mientras avanzábamos esperábamos verle para informarle de nuestra presencia y evitar que cerrara el paso dejándonos atrapados dentro, poco a poco fuimos alejándonos pero no hubo rastro de nadie y finalmente lo olvidamos.
Aproximadamente a un kilómetro y medio de nuestro objetivo el camino se puso tan malo que tuvimos que dejar el carro a un lado de la terracería y continuar el resto a pie. Íbamos a una zona que en la vista de satélite mostraba cuadrados de construcciones y teníamos algo de ansias por llegar para observar si eran prehispánicas; todo comenzaba de forma prometedora pues encontramos un altar formado de piedras sueltas y que contenía veladoras entre ellas, mostrando que en el lugar se llevan a cabo ritos religiosos pero al final todo fue completamente decepcionante pues en el punto que tanto buscábamos había tan sólo un pequeño montículo de piedras totalmente destruido y una serie de corrales ganaderos que formaban los rectángulos que se veían borrosos en el mapa.

Intentamos encontrar algo más entre la selva, así que tomamos el machete y tratamos de entrar en todos los senderos que encontramos pero el tiempo transcurría y no hallábamos nada, finalmente hice un esfuerzo tremendo para atravezar un área enselvada y encontré las bocas de varios chultunes pero nada más. Cuando regresaba con los demás una rama con grandes espinas se balanceó y la ví acercarse hacia mi frente como en cámara lenta, una de sus afiladas salientes atravezó mi sombrero de tela y se clavó justo donde inicia el cabello a un costado de la ceja derecha y aunque hice muchos esfuerzos por sacar la espina fue imposible y únicamente me deshice de ella mas de un mes después cuando fue expulsada naturalmente al cicatrizar la herida. 

La noche en Chunjabín
Una vez que volví con los demás, decidimos rendirnos pues la luz era ya muy poca para seguir y el cielo estaba totalmente pintado de rojo. Habíamos tardado hora y media en llegar hasta ahí por la terracería y saldríamos ya completamente a oscuras. Caminamos de regreso a donde dejamos el auto y decidimos seguir a pie mientras Julio manejaba para que no golpeara tanto con el suelo pedregoso. La noche ya era completa cuando de pronto los faros iluminaron la puerta que tenía el candado ¡y estaba cerrada!; recordamos los temores que habíamos tenido de que ésto sucediera al no encontrar al dueño de la motocicleta y comenzamos a revisar buscando la forma de salir de ahí. Lo primero que se nos ocurrió fue sacar la estaca que fijaba un lado de la puerta con todas nuestras fuerzas para luego volverla a poner en su lugar pero era sumamente pesada y no encontrábamos forma de lograrlo. Luego alguien de nosotros recordó que teníamos la lima para afilar el machete, entonces podíamos cortar con ella un eslabón de la cadena y quitarla para pasar, luego dejaríamos un poco de dinero en el lugar para que la arreglaran; el lograr ésto llevó algún tiempo pero luego de estar poco menos de media hora parados ahí finalmente limamos suficiente para que el golpe de una piedra grande botara la pieza. Al final del proceso me aljeé un poco del área que los faros del auto iluminaban y pude ver uno de los cielos más hermosos y llenos de estrellas que pude haberme imaginado, lejos de ciudades grandes y completamente en el centro de un área de campos de cultivo.

Cuando finalmente pudimos subir al auto llevábamos más de 45 minutos, de los cuales menos de 20 habíamos avanzado. Íbamos hablando de supersticiones y cosas sin explicación que suceden en lugares remotos y yo les decía a los demás que jamás había pasado por nada de eso y que no creía que aquello fuera posible aunque me gustaría vivir algo sobrenatural; finalizando con una frase que no le gusta para nada a algunos de los que me han acompañado en recorridos como ese: "si se va a aparecer el diablo que se aparezca de una vez". De pronto Wilberth dijo que sacaría su cámara pues había visto un pájaro llamado tapacaminos, el cual es nocturno y difícil de capturar en fotografía; se sabe de su presencia porque se para en medio de las carreteras y sus ojos reflejan la luz de los faros. Varias veces Wilberth vio pasar pares de luces, pero comenzó a dudar que fuera por el paso de éstas aves y Julio nos dijo que llevaba un rato viendo como aquellos puntos blancos y luminosos cruzaban el camino. Yo les dije que seguramente eran murciélagos o coatíes que habíamos visto a nuestro paso, sin embargo yo mismo pude ver el fenómeno y por la forma de moverse rápidamente y en línea recta mas de un metro sobre el camino era imposible que fueran los ojos de éstos animales reflejando la luz. Al final todos estábamos totalmente atentos para tratar de ver cualquier cosa que pasara y entonces vimos además de las luces blancas un par de rojas; unos segundos después nos dimos cuenta que éstas últimas eran un auto y que habíamos llegado a la carretera asfaltada.

Nuestra sorpresa fue grande pues no llevábamos más que alrededor de media hora de avanzar por el camino, no había forma de tomar otro ni que hubiéramos ido tan rápido; además, a excepción de las últimas luces, todas las anteriores no podían ser de autos pues había desniveles en el camino y curvas que harían imposible ver desde tan lejos la carretera. El desconcierto fue aún mayor cuando Eduardo, quien había estado contando los kilómetros avanzados en su GPS nos dijo que ahí marcaba que faltaba distancia por recorrer. Ni entonces ni ahora pudimos explicar lo que pasó pero se convirtió en mi primer y única (hasta ahora) experiencia extraña en cualquiera de mis viajes.

Una vez en la carretera nos dirigimos directamente hacia Mérida y llegamos poco antes de las 10 de la noche, suficiente para ir al centro a buscar algún lugar donde recibir el año nuevo. Fue un gran problema pues todos los lugares conocidos estaban abarrotados o tenían menús especiales muy caros. Estuvimos deambulando un buen rato con demasiada hambre, así que para calmarla compramos algunas marquesitas (especie de barquillo cilíndrico al que le ponen queso holandés en su centro o algún otro ingrediente como nutella o fruta). Más allá de las 11 pm decidimos volver al hotel por el auto y dirigirnos al paseo montejo a una taquería; la encontramos también llena aunque conseguimos mesa justo cuando se escuchaban a lo lejos los fuegos artificiales que anunciaban las 12 de la noche, así que el año nos alcanzó sin haber pedido la cena y a penas sentándonos a la mesa. La espera no fue en vano pues la comida fue muy buena y ya entrada la madrugada regresamos al hotel a dormir un rato pues al día siguiente teníamos cita con un nuevo guía que nos llevaría a algunos sitios poco conocidos al sur del estado.