Comenzamos el 2018 igual que como terminamos el 2017, saliendo temprano para buscar un taxi. Ésta vez Eduardo iba con nosotros y era quien conocía los lugares que visitaríamos. Al parecer los taxistas querían cobrar más ahora pero luego de negociar, nuestro amigo consiguió un precio igual al del día anterior. Salimos otra vez con rumbo norte aunque llegamos algo más lejos, el primer sitio a visitar era Halaltún, que se encuentra en el centro de un pequeño poblado a pie de carretera.
Llegando dejamos al taxista esperándonos en la primer calle que encontramos y subimos a una colina de suave pendiente, de inmediato vimos que en la parte alta había un terreno plano rodeado de montículos; al centro había gran cantidad de maleza, por lo que lamenté haber dejado el machete en el taxi pero Eduardo me dijo que no era necesario, pues las estructuras estaban libres.
Interior de una estructura de Halaltún
Todos los edificios de Halaltún están hoy completamente destruidos y tan solo lucen como montículos de escombros, sin embargo luego de subir al primero y descender por el lado contrario al que llegamos, nos encontramos con una entrada que al parecer había sido expuesta en un intento de saqueo. Adentro había un pasaje que pasaba de lado a lado la estructura y que por el arco que tenía era sin duda prehispánico, junto a éste pasillo había un hueco rudamente excavado que llevaba a una cámara muy dañada, ahí probablemente fue donde los saqueadores habían accedido.
Luego de recorrer éstos estrechos pasadizos salimos de nuevo al exterior, Eduardo nos dijo que el lugar había sido descubierto por Teobert Maler, quien recorrió gran parte del mundo maya pero que en ésta región no llegó más al sur que aquél punto.
Pasaje en Halaltún
Todas las estructuras rodeaban una plaza que era el espacio lleno de maleza, sin embargo en ningún otro montículo pudimos observar arquitectura expuesta, el lado poniente ya no existía pues la construcción de la carretera había abierto un tremendo boquete a través de la colina donde se encuentra el sitio, seguramente ahí era donde se encontraban las estructuras que cerraban el espacio y pudieron haber más, pues desde ahí podíamos ver el otro lado y se distinguían algunos montículos.
Estuvimos hablando sobre el significado del nombre maya y al parecer se forma de Halal-carrizo y tún-piedra, por lo que podría ser carrizo de piedra o carrizo en la piedra. Así terminamos el breve recorrido y volvimos al taxi para seguir aún más al norte unos pocos kilómetros.
Plaza principal de Dos Lagunas
El siguiente punto era otro pequeño sitio llamado Dos Lagunas. Eduardo nos dijo que ahí había menos pero se podía ver más; lo que quería decir lo descubrimos en cuanto llegamos.
Entramos en un poblado también muy pequeño, pasamos por algunas de sus calles de tierra y piedras y pudimos observar varios montículos entre las casas, finalmente paramos junto a una estructura que al parecer había sido dañada al construir el camino y por ello mostraba parte de un muro aunque eran muy pocos los detalles que se podían distinguir.
Restos de muro en Dos Lagunas
Subimos por un costado de éste montículo y pudimos ver que accedíamos a una plaza elevada que tenía una estructura en cada uno de sus cuatro lados, todas eran alargadas y bajas pero una en particular llamaba la atención pues en su cima tenía dos protuberancias gemelas, lo que daba lugar a muchas conjeturas pues podría ser un par de edificios mellizos o quizá si dejábamos volar la imaginación sería un palacio tipo Río Bec aunque más pequeño que todos los demás que habíamos visto hasta entonces.
Toda ésta plaza parecía bien cuidada por los lugareños pues la hierba estaba muy bien cortada y formaba un tapete verde que hacía que la vista fuera agradable y se distinguieran mucho mejor las formas de los montículos, a eso se refería Eduardo, pues había menos arquitectura expuesta, pero más detalles que ver que en Halaltún.
Estructuras gemelas de Dos Lagunas
Nuevamente fue un breve recorrido, regresamos al taxi por el mismo camino por el que habíamos llegado y regresamos hacia Xpujil, aunque seguimos de largo hacia el sur.
Habíamos terminado con los sitios nuevos del día (para Ernesto y para mí, Eduardo ya conocía los dos), y terminaríamos el día en un lugar que ya todos conocíamos pero que bien valía la pena por ser sumamente bello.
Cuando llegamos a Xpujil, aprovechamos que el colectivo entró por una calle a dejar a un par de turistas frente a su hotel para bajarnos ahí y caminar hacia dos grupos del sitio de Xpuhil, el cual es muy disperso al igual que otros de la zona, el conjunto I está abierto al público y tiene un famoso edificio con tres torres de tipo Río Bec, pero ésta vez no lo visitamos; el grupo III estaba a unas cuadras de nuestro hotel pero todo su contorno había sido cercado pues notamos que estaba en medio de un proyecto de excavación que ha durado varios años pero que se ha intensificado, pues de ser únicamente montículos en 2012 cuando lo ví por primera vez y tener un solo edificio excavado en 2014 que pasé nuevamente por ahí, ahora prácticamente todos los edificios estaban total o parcialmente visibles aunque algunos aún se notaba que estaban en proceso.
Estructura con cámara interna
El primer conjunto que recorrimos lleva por nombre "El Kitam" y está en la cima de una colina rodeada de casas, una de sus estructuras está excavada pero no pudimos acercarnos pues cuando caminamos hacia ella un grupo de perros corrió hacia nosotros agresivamente y preferimos evitarlos aunque yo ya había estado en aquella estructura en el 2014 y sabía que tiene algunas decoraciones en páneles junto a las puertas de sus habitaciones que ya no conservan los techos.
Algo que no había visto y que mi amigo Luis Adrián de Monterrey me había dicho es que en uno de los montículos de ese grupo había una cámara interna completa con su techo de arco falso; nos dedicamos a observar las estructuras hasta que finalmente dimos con lo que buscábamos: era a penas un orificio donde podíamos meter la cabeza pero en el interior estaba un cuarto completo con su acceso al lado izquierdo.
Cámara interna en el grupo Kitam
Bajamos por el sur de la colina y nuevamente caminamos entre las calles del poblado actual, llegando hasta su borde para ir al grupo II, el cual había visitado en 2014 y que Ernesto también había podido ver un año más tarde aunque con gran dificultad para encontrarlo.
Me pareció que todo había cambiado bastante pues había construcciones nuevas y senderos que no recordaba, sin embargo no tuvimos mayor problema para internarnos en la selva y dar de frente con el gran palacio que se encuentra ahí y que tiene grandes secciones de crestería calada sobre su techo, la cual le da nombre al edificio.
Ahí había bastante humedad así que tuvimos los mismos problemas que cuando estuvimos en Puerto Rico el día anterior: los filtros en los lentes de nuestras cámaras se empañaban y tuvimos que quitarlos para tomar bien las fotos.
Palacio de Xpuhil II entre la selva
A pesar de que había mucha maleza, estaba menos crecida que la vez anterior que estuve ahí, además entonces estaba oscuro y ahora por fín podía apreciar éste bello edificio con mucha luz diurna.
El palacio de la crestería es una construcción alargada con dos hileras de habitaciones, de la frontal quedan pocos vestigios a parte de algunos muros divisorios pero la trasera aún conserva varios cuartos, incluso algunos casi completos, la crestería superior al parecer formaba triángulos o semicírculos sobre los accesos del edificio y aún se pueden apreciar varios puntos en los que sobresale aunque también amplias secciones del techo están desplomadas.
Palacio de la crestería
Recorrimos el edificio y lo rodeamos para apreciar lo más posible, también en su parte central despejé un poco con el machete para tener mejor vista. Luego de ello volvimos hacia el poblado de Xpujil y dimos por terminados los recorridos de todo el año de 2017.
Nos
fuimos a descansar a la cabaña por un rato hasta que recibimos mensaje
de Eduardo, quien había llegado y se había hospedado en un lugar
cercano. Ya era de noche y aún nuestro amigo iría a bañarse después del
largo trayecto que había recorrido y que le tomó todo el día completo.
Finalmente
cuando ya desfallecíamos por el hambre, nos juntamos los 3 en el
restaurante de nuestro hotel, ahí pasamos largo rato conversando sobre
nuestros recorridos, también Eduardo había tenido éxito con varios
sitios en el área cercana a Yaxhá.
Cuarto colapsado con restos de crestería a los lados
Terminamos
el año temprano, pues a eso de las 9 de la noche ya estábamos cenando
espléndidamente en comparación con los días anteriores y la plática se
extendió hasta las 11, cuando ya vencidos por el sueño y el cansancio
nos fuimos a dormir sin esperar a que entrara el año nuevo, otra vez
hicimos sufrir a los encargados del hotel con montones de monedas que
usamos para pagar. Había terminado un año tumultuoso que en
exploraciones había sido bastante bueno, pero que se llevó consigo a un
buen amigo, eso no lo pudimos olvidar... sin embargo a nosotros todavía
nos esperaban tres días de viaje (y unos cuantos más en el caso de
Eduardo).
Silueta del palacio de Manos Rojas A entre la maleza
Bajamos del taxi que nos había llevado a Zoh Laguna sur y Puerto Rico y caminamos un poco por la calle principal de Xpujil; ahí nos encontramos con Samuel Cahuich, quien nos había llevado a Río Bec y luego de conversar un poco llegamos a la pequeña terminal de camiones del poblado. Justo entonces había un autobús que iba con rumbo a Campeche que estaba a punto de partir, por lo que aprovechamos para subir y salir rumbo al cercano pueblito de Eugenio Castellot de forma más económica que en taxi, también habíamos visto que teníamos poco menos de dos horas para volver a la carretera y tomar el camión de regreso, pues no habría otro hasta ya entrada la noche.
Manos Rojas A
Llegamos rápidamente a nuestro destino y bajamos del autobús; no conocíamos exactamente la ubicación de Manos Rojas, el sitio que habíamos ido a buscar, pero sabíamos que el lugar era disperso y había varios conjuntos. Nuestra intención fue preguntar a los lugareños y primero lo hicimos en una tienda en la entrada al pueblo, nos indicaron que giraramos en una calle más adelante y eso hicimos. Luego de caminar una o dos cuadras alcanzamos a un señor entrado en años a quien saludamos y consultamos sobre las ruinas cercanas. Él nos dijo que su nombre es Wenceslao Hernández Lázaro y que conocía Manos Rojas a pesar de que un dolor de rodillas le impedía subir a observar más de cerca, justamente iba para su casa que quedaba hacia ese rumbo y podía indicarnos el camino. A partir de ahí conversamos con él y pareció muy contento de poder contarnos varias anécdotas de sus casi 90 años de vida.
Entrada al pasaje interno de la torre
Pasamos por la casa de una hija suya y sus nietos salieron a saludarlo, eran niños muy pequeños y al vernos le preguntaron: ¿qué haces con esos señores tan feos? lo que nos arrancó una carcajada. Dimos vuelta en algunas calles pues el camino directo había sido cerrado, según nos explicó don Wenceslao, cuando el gobierno había reubicado no mucho tiempo antes a varias personas y tomaron el terreno por el que pasaba la brecha. Nuestro guía nos dijo que él era nativo de Cárdenas, Tabasco y que ahí conoció más ruinas (probablemente Comalcalco), tenía varios hijos y estuvo casado dos veces, aunque ambas esposas habían fallecido ya tiempo atrás. Así decidió llevarnos hasta el pie del sitio arqueológico para hacer un poco de ejercicio, pues decía que estuvo en cama algún tiempo sin poder moverse pero gracias a una medicina ahora podía salir a dar la vuelta un poco. Subimos una ligera cuesta y entonces vimos la silueta de un gran edificio prehispánico, sin duda era un palacio tipo Río Bec, pues distinguíamos claramente las dos torres en cada uno de sus extremos, don Wenceslao pareció estar contento con nuestra reacción al llegar y ver aquella mole entre la maleza, aún estuvo algunos minutos conversando con nosotros y luego de despedirnos varias veces le vimos alejarse lentamente por donde habíamos llegado, quedamos muy agradecidos con él y fue un trayecto muy agradable e interesante.
Entrada superior del pasaje
Estábamos en la base de un talud bastante dañado pero al pasar entre los árboles circundantes nos encontramos con el palacio que mostraba varias secciones de muros y otras tantas muy destruidas pero que conservaban su forma. En los extremos estaban las dos torres y en la del lado izquierdo de donde entramos se veía una gran pared que formaba parte de una habitación cuyo techo colapsó y que tenía una entrada que en la parte superior conservaba un dintel de madera, al acercarnos comprobamos que era original, bastante frágil y picado pero aún en su sitio. Entramos en el pasaje que comenzaba ahí y vimos que era un estrecho pasillo plano que daba vuelta a la izquierda y avanzaba algunos metros antes de girar de nuevo, ahí comenzaba una escalera interna que sin embargo estaba bloqueada por un derrumbe, así que no pudimos llegar más lejos. Había bastantes murciélagos y a nuestro paso un fino polvo se levantó llenando el ambiente, por lo que salimos rápidamente tratando de no respirar pues en aquellos ambientes se desarrolla el hongo de la endoplasmosis, una enfermedad que puede ser peligrosa si no se trata a tiempo.
Al centro de las dos torres habían restos del palacio central que parecía tener dos pisos con habitaciones, el primero de ellos totalmente destruido y el segundo con una pared intermedia entre habitaciones aún de pie y con una puerta que comunicaba dos cuartos a penas visible entre los restos.
Vista desde una de las torres
La segunda torre no tenía en ese lado ningún rastro de arquitectura visible, únicamente las piedras de relleno que habían perdido su recubrimiento. Subimos hasta el piso de arriba del palacio y en un costado de la primer torre encontramos una entrada que probablemente llevaba al pasaje bloqueado, aunque el derrumbe era mayor en ésta parte y no había forma de comprobarlo. Yo aún ascendí a la cima de ese lado y justo cuando llegaba ahí pude ver una gran serpiente que se deslizaba en dirección a donde yo me encontraba, me aferré a mi machete dispuesto a defenderme si el animal se lanzaba sobre mí pero en un instante pude tranquilizarme pues me dí cuenta de que en realidad estaba introduciéndose en un hueco entre las rocas, observando mejor pude ver que aquel reptil tenía unas bellas escamas lustrosas que formaban rombos y por ello, por el tamaño y mis pocos conocimientos de herpetología me pareció identificarla como un pitón relativamente jóven, pues en su edad adulta éstas serpientes son enormes.
Muro divisorio en el palacio central
Descendí de nuevo y recorrimos la parte alta del palacio central, intentábamos descender por el lado contrario pero todas las opciones parecían muy peligrosas pues el talud de ese lado era pronunciado, estuvimos rodeando hasta que nos decidimos por un sendero que tenía suficientes árboles para sostenernos y no rodar hasta el fondo, además aún estaba un poco impresionado por la serpiente, me parecía que podría encontrar más y por ello estuve un poco más cauteloso que de costumbre.
Finalmente llegamos a la parte baja y pudimos ver que ahí había más restos claros de habitaciones, algunas de ellas con secciones completas de bóvedas aún en pie. Un poco por encima del nivel del suelo pudimos ver un estrecho hueco que llevaba a uno de éstos cuartos, dentro se observaba estuco prístino completamente blanco que parecía como si se hubiera puesto hacía unas horas y no mil años antes.
Habitación de las avispas, con manos rojas
Los restos de derrumbe cubrían gran parte de la habitación y bajaban en diagonal, dejando ver cada vez más del muro, justo sobre la línea de escombros estaban dos impresiones que dan nombre a todo el sitio: manos rojas muy vívidas impresas directamente sobre el estuco. De inmediato quise entrar a observar todo lo que se podía, sin embargo la emoción me hizo olvidar lo que debía haber aprendido en Zoh Laguna Sur: revisar el techo siempre. Desde el ángulo de la entrada no era posible verlo pero una vez que pasé arrastrándome boca arriba por el estrecho hueco y ya teniendo todo el cuerpo en la oquedad, quedando solo mi cabeza afuera; ví que varios insectos salían caminando sobre el borde del hueco, estaban tan cerca de mi cara que en un principio no pude enfocar su imagen pero después quedé petrificado al comprobar que eran avispas y que había un panal a escasos centímetros de mí. Sin embargo los insectos no parecían estar alterados y comencé a moverme lo más lento que pude para salir de ahí.
Segunda habitación con impresiones
El corazón me latía fuertemente y sentía el impulso de salir corriendo pero pude contenerme y arrastrarme con mucho cuidado hasta estar afuera, en ése momento me creí a salvo y corrí para alejarme pero una avispa voló y me picó en el reverso de la mano izquierda, dejándome un intenso dolor que duró varios minutos.
Ya no quería acercarme a ninguna habitación, pero todavía al rodear una saliente que probablemente fue la escalinata que llevaba a la parte superior del edificio, nos encontramos con otro cuarto que tenía la entrada más libre de escombro y que también conservaba el estuco intacto en una parte. Ahí pudimos comprobar que no había panales y entramos, quedando sorprendidos por la blancura del recubrimiento en las paredes, también había manos rojas impresas, pero su color más pálido y unos extraños trazos en la parte baja de la pared que no parecían prehispánicos nos hicieron tener dudas de la autenticidad al menos de lo que estaba en aquél cuarto.
Segundo cuarto en Manos Rojas A
Ahí terminamos nuestro recorrido pues no vimos otros edificios en las inmediaciones, únicamente montículos en distintas partes del camino que recorrimos para llegar. En ese momento no estábamos seguros de cuál conjunto del sitio de Manos Rojas era el que acabábamos de ver pero más tarde pude comprobar que era el designado con la letra "A".
Volvimos hasta la carretera siguiendo primero el mismo camino y después una calle que nos dejaba más directamente que cuando llegamos. Ya junto a la carretera nos dispusimos a esperar al camión de regreso, que según nuestros cálculos debía pasar pronto si no se nos había adelantado. En la parada a la que llegamos habían varios hombres mas o menos de nuestra edad sentados, uno de ellos se nos acercó y nos preguntó si estábamos ahí para ver ruinas y luego de contestarle afirmativamente nos dijo que él conocía unas muy cerca de ahí y nos ofrecía llevarnos, aunque dudamos un momento por el cansancio y la posibilidad de perder el camión, no pudimos negarnos.
Caminamos por la orilla de la carretera algunos metros y luego nos internamos un poco hacia la selva, así llegamos a otro montículo que al rodearlo un poco nos dejó muy impresionados pues en una esquina mostraba un mascarón del dios Tláloc formado con mosaico de piedra aún en su lugar.
Pasaje en Manos Rojas B
Ya más de cerca pudimos ver que ésta construcción era un palacio con dos pisos, había muchas piedras con dibujos labrados que indicaban que tuvo fachadas bellamente decoradas con mascarones, tenía habitaciones a cada lado y se veía claramente la escalinata aunque no tuviera ya los escalones en su sitio.
Del lado izquierdo de la escalera había un pasaje que pasaba de lado a lado el edificio y bajo la rampa saliente había uno más, entramos a los dos mientras nuestro guía (que no paraba de hablar jamás) nos contaba historias de duendes y apariciones en ese mismo lugar, era un tanto curioso escucharlo, pues mezclaba datos que eran claramente procedentes de las investigaciones arqueológicas de la región con otros que no podían ser más que fantasía.
Mascarón de Chaac en Manos Rojas B
Subimos al piso superior que no mostraba muchos restos visibles y desde ahí escuché que pasaba el camión que habíamos estado esperando, pero por el momento no importaba. Bajamos al lado contrario y también ahí habían restos de habitaciones con las orillas de las bóvedas en su lugar pero sin decoraciones y sin fachadas en pie. Frente al edificio, finalmente, pudimos ver una gran nariz que parecía pertenecer a alguna portada zoomorfa que pudo haber estado en el templo superior de éste palacio, por lo que en sus días de esplendor debió ser sumamente vistoso y estar decorado por todas partes. Después de mi regreso a casa supe que éste edificio era el grupo B de Manos Rojas.
Terminamos ahí la exploración y regresamos muy satisfechos a la parada de autobuses, sin embargo ya más bien esperábamos un taxi. Estuvimos ahí por espacio de media hora sin que pasara ninguno y luego nos sorprendimos bastante pues llegó un colectivo desde Calakmul al que pudimos subir, más tarde supimos que salían cada cierto tiempo a raíz de que la popularidad de aquél sitio patrimonio mixto de la humanidad había subido.
Salimos de Zoh Laguna Sur y nos dirigimos al norte para luego girar hacia el este. Nuestro siguiente destino era Puerto Rico, un sitio que contiene una torre única. En un principio no sabíamos a ciencia cierta la ubicación del lugar y nuestro plan había sido ir a buscar un guía, pero gracias a Carlos Uc May ahora sabíamos el camino y ésta visita sería especial pues se convertiría en el 200 en la lista de los sitios mayas que he visitado, me parecía que no hacía mucho tiempo que había estado en Quintana Roo cuando llegué al número 100 en San Francisco (Chenchomac) tres años y medio antes. Además me encontraba contento de poder llegar a tal cifra justo antes de cerrar el año, aunque aún había un sitio más planeado para entonces.
Avanzamos por una carretera secundaria unos cuantos kilómetros y finalmente llegamos a una terracería que debía llegar al sitio luego de 2000 metros. El taxista decidió esperarnos ahí y caminamos el último tramo.
Restos de muro en una fosa de saqueo
El camino era para autos, por lo que no presentaba ninguna dificultad, tan solo tuvimos que revisar que la ruta fuera la correcta ya que había algunos puntos donde se bifurcaba. Supimos que estábamos cerca al encontrarnos con montículos bajos pero luego nos sorprendimos al topar de frente con uno mucho mayor, el cual tenía más de 6 metros de alto y era sumamente alargado, ahí el camino giraba y pasaba por todo su borde inferior; nosotros seguimos de largo un poco para ver que podíamos encontrar en esa estructura de la cual no teníamos noticia alguna y luego de inspeccionar todo lo que pudimos, solamente encontramos un agujero de saqueo que dejaba ver una pared expuesta y un hueco que no se distinguía si era parte de la trinchera o del edificio en sí.
Regresamos al camino y seguimos por él alrededor de 200 metros; seguíamos viendo montículos, nosotros únicamente esperábamos encontrar la torre, pero éste lugar tuvo mucha más arquitectura que empequeñecía dicha construcción.
De pronto a la derecha de la terracería y entre maleza baja pude ver lo que estábamos buscando y con gran gusto nos acercamos ahí. La hierba tenía cerca de un metro de altura en algunas partes por lo que usé un poco el machete para despejar la vista y finalmente teníamos frente a nosotros la torre circular de Puerto Rico.
Costado circular
Aquella construcción no se parece a otras de la zona maya, se le llama torre emblema pues es maciza y no presenta forma de subir. En el área de los Chenes se encuentran edificaciones parecidas en Tabasqueño, Nocuchich y Chanchén, aunque éstas son cuadradas mientras que la de Puerto Rico es circular. La estructura está sobre un pequeño basamento cuadrado con dos escalones en cada uno de sus cuatro lados y luego tiene un solo cuerpo cilíndrico que es macizo y liso, exceptuando una serie de pequeñas aperturas cuadradas que la atraviezan de lado a lado. Recuerda a un pequeño fortín pero no hay manera de entrar en él ni de llegar a la parte superior. Al frente de uno de los escalones bajos se encuentra una especie de pequeña pileta de piedra a ras de suelo y el conjunto completo alcanza una altura de 5 o 6 metros.
Torre de Puerto Rico
La noche anterior había llovido en la zona y ésto lo notamos bastante en la hierba que permanecía llena de rocío, al recargarme en un árbol descargó sobre mí una gran cantidad de gotas de agua y en el mismo aire se respiraba una tremenda humedad; ésto nos complicó bastante documentar la torre puesto que los filtros en los lentes de las cámaras se empañaban y nos vimos obligados a quitarlos para tomar fotografías más claras aunque temíamos que el vapor se colara en los mismos lentes o en los cuerpos de los aparatos y nos diera mayores dificultades, sin embargo aquello no pasó para fortuna nuestra.
Estuvimos rodeando la torre para apreciarla desde todos los ángulos y nos parecía una estructura enigmática y extraña, yo caminé un poco por un sendero que salía de su parte trasera y me encontré con otro montículo, lo que seguía confirmando que Puerto Rico tuvo muchas más estructuras.
La torre entre la maleza
No encontramos ningún otro resto arquitectónico visible, pero estábamos satisfechos y luego de nuestro recorrido regresamos por el mismo camino hasta el taxi. Desde ahí nos dirigimos de nuevo a Xpujil; el último sitio del año no estaba en la misma ruta y por tanto podíamos prescindir de nuestro transporte, llegando a nuestro destino final pagamos el viaje y nos dirigimos a la pequeña terminal de camiones para terminar el día con un recorrido más.
Iniciamos el 31 de enero temprano, nuestra intención era cerrar el año con 3 sitios arqueológicos nuevos y por ello fuimos a buscar un taxi que nos llevara a los primeros dos, lo conseguimos pronto ya que en Xpujil abundan, el precio fue razonable y nos esperaría mientras recorríamos cada lugar.
Ya desde antes de salir sabíamos que nuestro amigo Eduardo había salido de Flores en Guatemala y cruzaría Belice para alcanzarnos en donde nos encontrábamos y cenar aquel día juntos; no conseguimos que nos renovaran la habitación que teníamos pero nos dieron una cabaña rústica suficiente para nosotros y más económica, la cual pagamos con una bolsa llena de monedas, pues Ernesto había llevado gran cantidad de cambio que destinamos a los hospedajes y las cenas.
Restos de edificio
Tomamos rumbo a Zoh Laguna, al sur de éste poblado sabíamos por medio de Eduardo que encontraríamos un sitio muy fácil de alcanzar, yo ya lo había localizado previamente y estuve atento para no pasarnos; poco tiempo después el taxista se estacionó en la entrada de una terracería y nosotros subimos a una colina con ligera inclinación siguiendo un sendero que se perdía mucho entre las plantas, sin embargo la maleza no estaba tan cerrada como en otros lugares, por lo que ni siquiera tuve que usar mi machete en ningún momento.
Yo no esperaba encontrar mucho en éste lugar, sin embargo nuevamente fuimos sorprendidos, ya que a unos metros de comenzar nuestra caminata pudimos distinguir una serie de montículos bajos y entre la maleza se veían los restos de un muro que aunque muy destruido, aún se alzaba más de 2 metros del suelo.
Restos de habitación
El muro estaba sobre un montículo alargado y a su alrededor habían otros que rodeaban una plaza que tenía un hueco de forma redonda en el centro que no parecía una excavación, no pudimos identificar lo que era aunque probablemente se trataban de los restos de un altar.
Seguimos caminando por el área de montículos y nos encontramos con uno que tenía forma bastante irregular, al parecer se trataba de un palacio que tuvo varias habitaciones pues no tenía gran altura y en sus costados había restos de muros e incluso de cámaras abovedadas; la primera de ellas conservaba solamente una sección pequeña de muro y de techo pero la segunda era mucho más profunda. Ahí estaba una habitación que Eduardo nos dijo que buscáramos pues tenía la particularidad de que su bóveda no se parecía a las demás, sino que solamente tenía un muro inclinado y el otro era vertical, por lo que aparenta ser únicamente la mitad de una techumbre maya típica.
Cámara de la media bóveda
Me asomé en ésta habitación por el estrecho hueco que permitía ingresar y no pude ver el fondo, me decidí a entrar a pesar de no poder ver nada del techo, lo cual fue un tremendo error. Para pasar había que saltar poco más de un metro hacia abajo, con la regla de madera de Ernesto primero revolví el suelo cubierto de hojas secas en búsqueda de vívoras o de otros animales y como no apareció nada bajé hasta ahí creyéndome seguro, a penas había dado un vistazo cuando justo frente a mi cara me encontré con un gran panal de avispas y éstas comenzaron a salir, las escuchaba volar cerca de mí y de inmediato trepé por donde había entrado para salir corriendo lo más rápido que pude y esperando en cualquier momento empezar a sentir los piquetes de éstos insectos; escuchaba uno enredado en mi cabello que zumbaba furioso tratando de alcanzar la piel, sin embargo luego de casi aplastarlo con la regla se fue. Ya me sentía a salvo cuando sentí un aguijón clavarse en mi codo derecho, aunque el grosor de la piel en ese punto amortiguó bastante el dolor; me salió muy barato el error de no revisar el techo de la cámara.
El paredón de Zoh Laguna Sur
Para Ernesto fue muy gracioso verme salir huyendo de ahí, únicamente se hizo a un lado cuando pasé y ninguna avispa se le acercó; ya no nos acercamos a la cámara y no pudimos apreciar más detalles, tan sólo tomamos algunas fotografías un poco lejanas.
Cuando dejé de correr vi un montículo mayor a los que habíamos encontrado hasta ahí, así que luego de tomar aquellas fotos regresamos hacia esa estructura y ahí esperábamos encontrar lo más sobresaliente de Zoh Laguna Sur. No nos equivocábamos pues al rodear el edificio dimos en uno de los lados de un paredón que tenía más de 3 metros de alto y más de 10 metros de largo. Éste alargado muro era la pared trasera de algún edificio y además era bastante grueso a juzgar por lo que se apreciaba en uno de sus lados que estaba derrumbado.
El gran paredón
La gran estructura estaba justo al borde de la colina, por lo que desde el nivel bajo se veía aún más alta e imponente, justo al finalizar la pendiente estaba el camino de terracería que giraba rodeando la elevación del sitio y llegaba hasta donde el taxista nos esperaba, así que no tuvimos que regresar por el camino entre los edificios, sino que todo fue un pequeño paseo por una senda libre de maleza. Así llegamos de nuevo a nuestro punto de partida con la sensación de que habíamos encontrado más de lo que esperábamos en Zoh Laguna Sur y con un piquete de avispa en mi codo que no dolía pero que se convertía en una roncha que dificultaba el movimiento de mi brazo.
Nuestro siguiente punto a visitar después de Kohunlich fue Nicolás Bravo, yo había estado ahí dias antes con Adriana Leurette, vimos un solo edificio y esperamos a Ernesto para dirigirnos a 20 de noviembre; Carlos también había recorrido el lugar aunque existían aún secciones que no conocía. Ésta vez queríamos recorrer todo lo que fuera posible antes de que el sol se metiera; el sitio es muy disperso al igual que Río Bec, contiene una cantidad enorme de edificios como pudimos comprobar y al parecer estuvo poblado desde inicios del clásico o finales del preclásico y hasta el año 900 o 1000 d.C probablemente.
A diferencia de otros sitios del estilo regional, aquí pudimos apreciar incluso antes de visitarlo que existían conjuntos de gran tamaño que indicaban arquitectura más propia del estilo del Petén. Yo había visualizado en fotografías de satélite un gran cuadrángulo en la parte norte del lugar y hacia allá nos dirigimos. Pasamos por una carretera secundaria y a ambos lados pudimos distinguir montículos de diversos tamaños que indicaban la presencia de grupos de Nicolás Bravo, incluso algunos fueron partidos al construir el camino y se apreciaba la piedra de relleno. También observamos algunos ranchos que contenían edificios e incluso uno junto a una casa al cual parecía le habían sacado bastante piedra para construcciones modernas.
Cima de la torre
Dimos vuelta en la entrada hacia algún sembradío y dejamos el auto, caminamos por una terracería que indicaba por la vegetación crecida que no se usaba muy seguido. A nuestros lados comenzamos a apreciar las siluetas de estructuras muy grandes reducidas a montones de piedra, más adelante nos encontramos con un campo que parecía abandonado y giramos un poco al norte, ahí yo sabía que estábamos a pocos metros de la esquina del cuadrángulo que había observado pero la selva sumamente cerrada no permitía que vieramos nada. Avanzamos y rodeamos toda un área arbolada que contenía las construcciones visibles en el satélite pero era impenetrable hasta que por fín y cuando estábamos por desistir, encontramos un pequeño sendero que entraba hacia donde debían haber edificios.
Vista desde la torre
La sorpresa fue mayúscula, llegamos a la base de una estructura gigantesca, uno de los mayores montículos que haya visto jamás en algún sitio cerrado al público. Yo me animé a subir hasta su cima y calculé que tenía más de 30 metros de altura pues por más que ascendía parecía no llegar al final. En ninguna parte se distinguía algún resto de muro o arquitectura expuesta pero indudablemente era una estructura prehispánica por el tipo de piedra que la formaba. Desde el punto más alto a penas podía ver entre el follaje de los grandes árboles que cubrían el área, sin embargo pude distinguir al frente y al costado izquierdo de donde me encontraba otras estructuras enormes que incluso podían superar en altura a ésta en la que me encontraba. Del lado derecho era imposible ver algo pero deduje que ahí se encontraba un cuarto edificio que cerraba una plaza de forma rectangular a la que debieron apuntar todas las voluminosas construcciones del área. Debido a la poca visibilidad, aunada a la dificultad para pasar entre la maleza y la falta de restos arquitectónicos, los demás decidieron no subir y nos dirigimos hacia un peculiar edificio que es por mucho el mejor conservado de Nicolás Bravo.
Torre de Nicolás Bravo
Regresamos un poco sobre el camino por el que habíamos llegado hasta que distinguimos una elevación entre una gran cantidad de vegetación sumamente crecida, dejamos el auto y Paola nos esperó ahí. Carlos, Ernesto y yo nos dirigimos al montículo con los dos machetes que llevábamos y a pesar de que la distancia no sería mayor a 50 metros, fue uno de los trayectos más difíciles que haya recorrido. Se trataba de un pequeño llano totalmente cubierto de zacate muy alto, con más de 2 metros y algunos arbustos y plantas espinosas. Carlos y yo nos rotamos al frente para ir cortando pero parecía que al dar un machetazo aún más plantas rebotaban para volver a cubrir el sendero que íbamos abriendo y no dejarnos pasar. Con un gran esfuerzo llegamos a la base de la estructura y notamos que sus piedras de construcción estaban totalmente expuestas, pues sobre él no crecían tantas plantas como alrededor, sin embargo fue un poco decepcionante pues la tremenda inclinación nos imposibilitó trepar y un montón de ramas muy gruesas como para cortarlas con el machete cubrían el único camino que teníamos y también dejaban fuera de nuestro alcance una apertura en el muro que indicaba la presencia de un pasaje interno en el edificio. Tuvimos que bajar y rodear la base para poder intentar subir por otro costado, ésta vez lo logramos pero con gran peligro de resbalar y caer hasta la parte más baja, pues el talud era de vértigo.
Parte alta de la torre
Ya Eduardo nos había dicho antes la naturaleza de ésta estructura: se trataba de una única torre de estilo Río Bec, algo muy extraño que él no había visto en ningún otro lugar, nosotros horas antes ya habíamos observado otra construcción parecida en Mirador Chico. Sin embargo, ésta torre era más alta y mucho más compleja que la anterior, cosa que comprobamos con gran emoción al llegar finalmente a la parte alta.
Tendría esta estructura alrededor de 10 metros de altura, y unos 3 por debajo de la cima nos encontramos con una nueva apertura que daba a una delgada escalinata interna que bajaba, no entramos en ella de inmediato pues queríamos subir al punto más alto, así que trepamos por un costado, fue bastante difícil pero finalmente conseguimos llegar.
Pasaje interno
En la parte alta me encontré con la entrada a otro pasaje que comenzaba justo en la cima y bajaba hasta cubrirse con una bóveda muy delgada, luego de algunos metros descendiendo se unía formando una T a otro pasillo igualmente delgado que se extendía hacia ambos lados para llegar a dos aperturas en los costados contrarios del edificio. Éste par estaban a la misma altura y llegaban a una especie de pequeña terraza, me asomé y vi que Carlos estaba en algún punto más bajo, supe que había llegado entrando por el segundo pasaje que encontramos al llegar al edificio. Ésta entrada también se encontraba a la altura de la terraza donde yo estaba y pude llegar a ella muy fácilmente, así entré y pude ver que éste llevaba a otra serie de pasadizos que pasaban junto a los anteriores sin comunicarse entre sí por dentro de la torre, bajaba también hasta unirse en forma de cruz con dos pasajes que descendían, uno de ellos bloqueado. Un tercer pasillo llevaba a la entrada más grande de todas las que apreciamos y que era donde Carlos estaba parado cuando lo ví desde arriba. Un gran arco maya se abría hacia la parte externa del edificio y desde ahí un sendero mucho más ligero que lo que habíamos recorrido para subir comenzaba, si ésta era parte de la fachada de la torre, debió ser sumamente impresionante y una vista única entre todas las estructuras mayas conocidas. En lugar de que hubiera una escalinata saliente que llevara a la parte alta, se accedía entrando por esa gran apertura y subiendo por los estrechos pasajes internos.
Torre de Nicolás Bravo entre la maleza
Todavía quedaba el pasaje más largo por explorar, era el último de los cuatro que formaban la cruz por la que pasé, no me atreví a entrar cuando lo ví pues era un pasillo que seguía descendiendo en total oscuridad y yo no traía conmigo ninguna lámpara, tuve que ir detrás de Carlos para poder bajar por ahí. Luego de recorrer algunos metros, giramos a la derecha y pudimos ver que ahí estaba la primer entrada que vimos y a la que no llegamos debido a que estaba obstruida por gran cantidad de ramas, aún el pasillo giraba a la derecha y seguía descendiendo ya cerca del nivel del suelo, pero fue imposible saber hasta donde llevaría pues en ésta parte se encontraba totalmente derrumbado y cubierto de escombro.
Volvimos a salir al gran arco y bajamos por el sendero que ahí comenzaba, dimos un último vistazo a la impresionante estructura que habíamos visitado, el edificio era uno de los más sorprendentes que habíamos podido recorrer y estábamos sumamente satisfechos por haber podido explorarlo.
Estructura tipo Río Bec en el centro de Nicolás Bravo
El regreso al auto fue infinitamente más sencillo que la llegada, el sendero que seguimos daba vuelta y llegaba totalmente limpio hasta el camino justo frente a donde nos esperaba Paola, pero no lo vimos en un principio porque su entrada estaba tapada por carrizos de gran tamaño.
Regresamos al centro del poblado de Nicolás Bravo y ahí nos despedimos de Carlos y de Paola, pues ellos regresarían a Chetumal. Quedamos muy agradecidos con ellos por habernos llevado a cuatro sitios, aunque Carlos aún nos hizo otro favor mostrándonos el camino para otro sitio que visitamos al día siguiente, nuevamente había conocido en persona a un apasionado de los sitios mayas como yo y eso me causa una gran alegría.
Cuando Ernesto y yo nos quedamos solos y antes de volver a Xpujil, donde teníamos ya pagada la noche de hotel, fuimos nuevamente a la estructura a la que había ido con Adriana el día que dejamos al grupo, la cual es un palacio típico del estilo Río Bec, con sus dos torres en los costados. Finalmente tuvimos que tomar taxi pues no encontramos otro transporte y pasamos a cenar antes de retirarnos a descansar. Era ya 30 de enero, al siguiente día recorreríamos los últimos sitios del año.
Después de Chakanbakán, seguimos con rumbo a Chetumal y pasando Nicolás Bravo nos desviamos hacia Kohunlich; éste sitio había sido muy elusivo para mí pues nunca había podido visitarlo a pesar de haber pasado varias veces por sus cercanías: falta de tiempo, inundaciones y hasta un derrumbe me impidieron llegar hasta ahí. Ahora finalmente y gracias a Carlos y a Ernesto, que me permitieron incluirlo en el recorrido a pesar de que ya lo conocían, llegué a él y pude recorrerlo.
Carlos pensaba ir con su novia a Kinichná y luego regresar, así que nos dejó a Ernesto y a mí en la caseta de ingreso y así comenzamos con bastante calma el camino por el sitio. Kohunlich es raro hasta en el nombre, puesto que deriva del inglés y no del maya; al parecer es una forma viciada de decir "Cahun Ridge" o lomerío de corozos.
Acrópolis
Llegamos primero a una amplia explanada y a nuestra derecha vimos una gran estructura llamada "el rey", a nuestra izquierda había una unidad residencial y la acrópolis del sitio, la cual es una gran plataforma que soporta una serie de palacios. Desde ahí ya pudimos apreciar la extraña arquitectura del lugar, pues no se parece a ningún otro sitio que haya visitado y tiene su estilo propio; el único razgo familiar que pude observar fueron unas columnas empotradas a las jambas de las entradas, de un tipo que había visto solamente en fotografías que me había mostrado mi amigo Eduardo de un remoto sitio llamado Channá, en el sur de Campeche. Aquí las estructuras tenían escalinatas con poca inclinación, más parecidas a rampas, puertas muy anchas y con las mencionadas columnas empotradas y habitaciones amplias, cosas que no se encuentran en las cercanías.
Palacio de las estelas
La acrópolis tiene un patio en la parte superior, a donde convergen las habitaciones de los palacios que sostiene, ahora que no tienen techo y únicamente conservan parte de los muros, forman una traza que parece un laberinto. La planta del edificio es irregular y únicamente tiene acceso al sur, en todos los demás lados únicamente hay un gran muro de contensión casi totalmente vertical que se eleva desde la plaza principal del lugar.
Después de bajar de ahí, rodeamos el muro y llegamos a un patio muy extenso que en su lado norte tiene un edificio con parte del techo en su lugar y es llamado el palacio de las estelas, éste tiene al igual que la acrópolis unas puertas muy anchas y también muestra una sección de crestería bastante tosca y maciza sobre su techo que se ve parecida a las que se encuentran en Tikal, aunque la amplitud de espacios aparenta formar una combinación imposible, pues no parece que los muros puedan sostener algo tan masivo.
Templo de los mascarones
Frente al templo y al centro de su pequeña escalinata se encuentran tres estelas en pie y alineadas; la piedra en las tres se ve muy irregular, por lo que parece que están sumamente deterioradas, tenían un recubrimiento de estuco que ha desaparecido o eran monumentos muy rudos que más bien parecen estalagmitas; ninguna figura labrada se distingue en ellas.
Más allá nos encontramos con un patio que estaba bajo el nivel de las plazas que habíamos pasado, en sus lados no parecía haber ningún resto de edificios, otro razgo muy extraño que me hizo pensar que si había ahí construcciones debieron ser de madera y techo de palma. Siguiendo hacia el norte comienza un talud natural que está cubierto en parte de árboles, y al acercarnos pudimos ver la estructura más importante de Kohunlich en la parte más alta.
Mascarones del lado este
Nuevamente tuve una sensación de extrañeza, pues siempre me imaginé el templo de los mascarones como un edificio enorme, sin embargo es bastante más pequeño que lo que yo pensaba y no se ve tan impresionante cuando se lo tiene en frente. Lo que si es sumamente impactante son sus grandes mascarones, los cuales tienen aún algunos restos de color (sobre todo rojo) y están casi perfectamente conservados. Se pueden apreciar bien cuatro de ellos de grandes dimensiones y uno más reducido, otro pequeño está cubierto por un muro que colocaron los arqueólogos para protegerlo y al parecer existieron otros dos en el cuerpo más bajo del edificio. Todos están en pares a ambos lados de la escalinata que da acceso al templo superior y representan el rostro estrábico del dios solar K'inich Ahau.
Estuvimos ahí un buen rato yendo de un costado a otro de la escalinata para fotografiar y apreciar los detalles de éstas bellas muestras del arte maya. De pronto nos encontramos con Carlos y su novia Paola, pues desistieron de ir a Kinichná y decidieron mejor entrar a recorrer Kohunlich. Se sorprendieron un poco de que nuestro ritmo había sido muy lento hasta entonces pero a partir de ahí apretamos un poco el paso pues las nubes comenzaban a cerrarse sobre nosotros y parecía que en cualquier momento un aguacero se desataría, lo cual afortunadamente no pasó.
Templo de los mascarones
Bajamos por un costado de la loma donde nos encontrábamos y pasamos por un juego de pelota cuyos taludes no tenían mucho de particular pero si su cancha, que es una de las más anchas que haya visto en cualquier sitio arqueológico.
Más adelante llegamos a la plaza Merwin, la cual está rodeada de palacios, uno de ellos con una escalinata muy larga con grandes escalones, asimismo hay estructuras muy reducidas y con muros casi verticales que parecen cubos con una escalinata que llega a su parte superior, otro razgo bastante peculiar que no había visto en otros lugares exceptuando quizá el grupo Lothrop de Xelhá, muy al norte de donde nos encontrábamos. Seguimos nuestro camino en zig-zag ahora hacia el norte y llegamos a una gran plataforma habitacional.
Estructura en el conjunto de los 27 escalones
El conjunto donde nos encontrábamos lleva por nombre Pixa'an, y es un gran palacio que contiene muchos cuartos que al igual que la acrópolis parecen un laberinto que converge a un patio central. Desde ahí nuevamente giramos hacia el sur y luego a un camino que se alejaba hacia el este; siguiéndolo llegamos al grupo más alejado que está abierto al público: el de los 27 escalones. En un principio nos pareció que el nombre no era correcto pues la escalinata que lleva a lo alto de la plataforma que lo sostiene tiene menos peldaños, pero contando unos muy grandes que más bien parecen rampas sucesivas sumamos los que faltaban.
Éste conjunto también es una serie de palacios que rodean patios y está dividido en dos: el primero sobre una plataforma con aproximadamente 2 metros de alto parece el más importante pues su tamaño es mucho mayor que el del segundo, que se encuentra por debajo del nivel y un poco retirado.
Así terminamos el recorrido y caminamos de regreso a la entrada, yo todavía subí a la estructura "el rey" mientras que Ernesto se adelantaba. La vista desde ahí era muy bella, con algunos edificios sobresaliendo entre las palmas de corozo que dan el nombre al sitio y sobre el pasto que cubre las plazas. Me dirigí a buscar a los demás y ahí se rieron un poco de mí puesto que mi memoria para los autos es pésima y pasé frente al de Carlos, donde ya estaban todos, sin darme cuenta que eran ellos...