El 25 de marzo despertamos temprano y salimos directo a las camionetas, pensando en desayunar en el camino, ya que nos dirigíamos a los sitios más lejanos de todo el recorrido. La camioneta del frente seguía sin ser arreglada del todo ya que se había agujerado una manguera de combustible, introduciendo aire que debía ser purgado de la línea con cuidado para que pudiera funcionar. Nuevamente me tocó ir en la camioneta de Will, junto con William, Juan y Julio. El camino estaba en condiciones un poco más difíciles que las del día anterior, sin embargo no era nada demasiado complicado, excepto por los árboles caídos que impedían nuestro avance, pero que eran retirados con gran velocidad por los trabajadores que nos acompañaban.
Pasaron un par de horas en las que incluso hubo tramos en que el camino tenía que rodear grandes árboles que representaban un auténtico problema aún con las motosierras, ya que pesaban demasiado como para mover sus pedazos; en algún momento fue más rápido abrir brecha rodeando que retirar un tronco muy grande, aunque todos estos casos eran de tiempo atrás, nosotros no tuvimos que hacer eso.
Pasajes internos en la estructura 38
Luego de un buen rato, nos encontramos con la entrada de Kinal, sitio junto al camino por el que íbamos. Bajamos de las camionetas y entramos por una gran calzada que corría paralela al borde de una gran Acrópolis que aún tenía muros de gran tamaño en su borde; esto parece ser parte de una serie de elementos defensivos. Rodeamos toda esta mole y llegamos a una plaza que estaba en un nivel más bajo de terreno y contaba con montículos más o menos grandes. Mientras todos veían unos muros que aún estaban en pie en este conjunto, Miguel me indicó que más adelante, rodeando por completo la Acrópolis, estaba un saqueo con un mascarón, así que me adelanté para buscarlo con algunos de mis compañeros.
Estuvimos viendo los grandes muros que también aparecieron del otro lado de la Acrópolis, pero no encontrábamos nada que pareciera tener un mascarón. Llegamos hasta una gran subida, donde únicamente yo me animé a subir, diciéndole a los demás que me esperaran abajo. Llegué a la parte alta de la gran Acrópolis, encontrándome con numerosos montículos bajos y algunos restos de muro. Luego de pasar una pequeña plaza, pude ver la entrada a un pasaje interno y aunque dudé un poco en entrar, al final me arrastré con el pecho pegado a la tierra para pasar por la puerta casi enterrada. Adentro había varias cámaras y otra entrada.
Mascarón en subestructura
Era un edificio muy interesante que me llamó mucho la atención, pero ahí no se encontraba el mascarón, por lo que salí y seguí de largo aunque terminé regresando donde estaban las camionetas luego de bajar de la Acrópolis, regresé rodeando por el lado en el que había dejado a mis compañeros, aunque ya no los encontré en el mismo lugar. Caminé regresando por donde habíamos pasado y los encontré en una gran plaza, haciendo cola en un montículo bastante alto que en su parte media tenía un pequeño agujero de saqueo. Ahí le dije a algunos que había localizado algunos pasajes internos, pero no sabía si era buena idea llevar a todo el grupo por lo difícil del ascenso hacia la Acrópolis. Eduardo estaba buscando un recinto abovedado en la estructura 38 que tenía un antiguo grafiti con carácter homosexual y me mostró algunas fotografías que correspondían con lo que yo acababa de ver, por lo que de inmediato quiso ir a ver.
Arco en la estructura 38
Yo lo hice esperar un poco porque quedé bastante atrás en la cola que iba a ver el interior de ese hueco de saqueo, por lo que tuve que esperar un rato para entrar. Finalmente pude pasar y casi de inmediato, a mi izquierda, me encontré con un mascarón algo reducido, hecho con estuco muy blanco, y que muestra un personaje con tocado y pectoral, con un rostro bastante raro, por lo que parece que se hizo sin una técnica artística refinada.
Una vez que salí, volví a dirigirme a la Acrópolis con Eduardo y algunos de los demás compañeros, llegando nuevamente a la estructura con pasajes internos, que ya sin duda identificamos como la número 38, ya que vimos un arco maya que aparecía en las fotografías. Estuvimos buscando en las paredes el grafiti antiguo, pero no pudimos encontrarlo, yo salí a buscar en el montículo y pude encontrar varios accesos a otras cámaras bajo el nivel del suelo. Algunas de ellas debieron conectarse con las primeras y otras estaban quizá en otros pisos de la estructura. Me pareció que se trataba de un laberinto, tal como los que hay en Oxkintok, Toniná, Yaxchilán y Nueva Jerusalén, pero por su estado es difícil tener una idea de su distribución. En algunas de esas entradas casi me colgué de cabeza buscando paredes con estuco, pero era imposible entrar por lo estrecho o por la falta de puntos de apoyo, por lo que solo pude ver desde afuera.
Ahí terminamos nuestro recorrido y regresamos a las camionetas, donde nos esperaban con el desayuno, estábamos por salir hacia uno de los sitios más grandes e impresionantes de todo el viaje.
En aproximadamente una hora después de dejar el campamento de La Lagunita llegamos al sitio arqueológico de La Honradez, el primero de los sitios por los que se organizó este gran recorrido. Desde un inicio nos dimos una idea de la magnitud y la belleza de estos lugares en el noreste del Petén guatemalteco. Estacionaron las camionetas directamente junto a un edificio llamado el "Templo del Rey Jaguar", el cual parecía ser un gran basamento muy vertical en estilo Petén del Clásico Tardío, aunque los saqueos habían dejado al descubierto secciones de arquitectura que eran difíciles de comprender. Todos mis compañeros se quedaron ahí mientras que yo me adelanté un poco para evitar la cola que se había formado. A los pocos metros me encontré con uno de los edificios que más tenía ganas de conocer en todo el recorrido: El complejo triádico o edificio de las tres torres de La Honradez.
Interior de la habitación trasera
Me encontré con un basamento completamente cubierto de escombro y maleza, con una escalera de madera para ascender, en la parte alta pude ver claramente las tres "torres", aunque un vistazo más cercano me hizo entender que en realidad se trataba solamente de las cresterías de los tres templos que coronaban el edificio, los cuales estaban comunicados por una habitación central que ya había caído y que era donde yo estaba parado. En la parte baja del edificio central, cubierta parcialmente de vegetación, se encuentra una entrada que era en realidad el paso de la habitación derrumbada a una trasera, ahí se conservaba el dintel original de madera, apuntalado para que no se cayera. Entré y pude ver que la bóveda que cubría este cuarto era enorme, ya que abarcaba también toda la crestería, solo unas tapas separaban el espacio inferior del superior, pero estaban caídas en su mayoría.
El templo de la derecha ya tenía gran parte de la crestería caída y dejaba ver un hueco muy profundo que era un pequeño recinto y la parte que seguía en pie de dicha crestería. Ahora era peligroso acercarse, ya que la profundidad superaba los 3 m.
Templo lateral del complejo triádico
En el lado izquierdo, el pequeño templo lateral se encontraba prácticamente completo aunque en el centro del edificio se encontraba enterrado parcialmente por el escombro de la habitación central caída. Decidí bajar porque era muy difícil intentar ver las fachadas externas de los templos, las cuales se podían apreciar desde abajo del edificio. Uno de los guías me dijo que se podía llegar al templo lateral completo rodeando por un montículo que se juntaba con el templo triádico. Me ayudó a abrirme paso con su machete y me encontré con la pintoresca y espectacular fachada con una entrada que daba acceso al templito por ese lado.
Claramente se observa la fachada con el acceso formando una saliente, una moldura sencilla e inclinada y la alta y esbelta crestería, también con una saliente que sigue la silueta de la fachada, en el lado izquierdo se ve el edificio central con su crestería y su moldura muy similares, aunque de mayor tamaño. Estos edificios parecían versiones en miniatura de los templos de Tikal.
Crestería de una subestructura en el Templo del Rey Jaguar
Bajé entre la maleza para ver el ángulo trasero del edificio entre la selva y di un rodeo completo para apreciarlo. Busqué a Will y le pedí las llaves de su camioneta para volver por el dron y lo estuve volando un rato para tratar de hacer tomas de vídeo del edificio triádico. Me costó mucho trabajo ubicarlo entre la vegetación, pero pude hacer que se vieran las cresterías. Nuevamente fui corriendo a la camioneta a guardar al pequeño jaguacóptero-01 y aproveché para subir al Templo del Rey Jaguar, ahora que los demás ya habían avanzado al edificio triádico.
La subida a ese edificio era bastante empinada, con tierra suelta y un árbol caído que había que esquivar. Una vez arriba, en un hueco de saqueo pude apreciar un mascarón algo extraño en un gran muro, no pude identificar qué parte de la arquitectura de una subestructura era, más tarde Eduardo me aclaró que se trataba de una crestería, al igual que las más pequeñas del conjunto triádico tenía una saliente al centro, por lo que puedo imaginarme que todas estas construcciones debieron tener decoraciones similares.
Estela 6
Para entonces yo ya iba muy atrás del grupo, por lo que tuve que ir investigando poco a poco lo que ellos habían recorrido, de esa manera vi en algunos pozos de saqueo un muro con una franja de pintura roja sobre estuco en muy buen estado y un par de estelas con grabados bien conservados. Al final entré a una tumba que fue partida por completo por saqueadores, pero que aún tenía en su interior algunos fragmentos de huesos, pude identificar un húmero y algunas costillas.
Fui el último en llegar a las camionetas, pero me dio tiempo para recorrer todo lo que los demás habían visto. Las idas y vueltas para volar el dron me dejaron muy cansado, pero el recorrido fue sumamente interesante y satisfactorio. Volvimos a subir a las camionetas y regresamos al campamento de La Lagunita para montar nuestras tiendas de campaña y cenar. El primer día de recorrido había cerrado fuerte.
El domingo 24 de marzo comenzamos nuestro gran recorrido por la selva, antes de las 7 de la mañana ya estábamos reunidos en el lobby de nuestro hotel y poco después llegó Miguel, nuestro guía, con las camionetas y su equipo de trabajadores. Entraríamos en cuatro vehículos más la camioneta de Will. Lo primero fue acomodar todo nuestro equipaje en la parte de atrás de dos de ellos, en una más llevaban motosierras, machetes y otras herramientas y en la última el agua y la comida. Fui uno de los últimos en acomodar sus cosas y en encontrar lugar, por lo que me tocó junto con Eduardo y Miguel en la camioneta líder. Ahí mismo habrían de ir las cocineras, a quienes recogimos cerca del centro de Melchor de Mencos. Luego de esa parada corta, tomamos camino hacia el norte, justo junto a la frontera de Guatemala y Belice, hasta llegar al arco de entrada a la reserva natural. De inmediato dejamos atrás los campos de pastoreo y de cultivo para internarnos en la selva; pasamos el destacamento militar de "El Manantial", donde revisaron nuestros permisos y nos dieron acceso; un poco más adelante nos encontramos con los primeros árboles caídos, fue sorprendente ver a los trabajadores en acción con las motosierras y los machetes para despejar el paso, todos sabían lo que tenían que hacer y se sincronizaban perfectamente. Así avanzamos algunos kilómetros hasta llegar al lado Guatemalteco del sitio de El Pilar.
Corte de un árbol caido
El Pilar es un importante asentamiento atravesado por la frontera y que ha sido trabajado principalmente trabajado del lado beliceño, sin embargo en Guatemala también se ha excavado un grupo que cuenta con una gran estructura y un juego de pelota. Por desgracia el edificio principal fue partido por completo por una enorme fosa de saqueo que dejó al descubierto una o dos etapas constructivas. El resto de la estructura fue excavada y se pueden apreciar sus cuerpos rectos. El frente es mucho más bajo que la parte trasera porque da hacia una gran plataforma, mientras que el lado posterior baja hasta el nivel del valle.
Decoración escalonada
Estuvimos recorriendo este edificio, sobre todo la parte trasera de la gran trinchera de saqueo, en su parte más alta pudimos ver algunas decoraciones escalonadas y geométricas. Me adelanté a los demás y estuve fotografiando el lado frontal por un rato, para después recorrer el juego de pelota y algunos montículos cercanos. Mientras tanto, las cocineras montaron una mesa y nos ofrecieron el desayuno, siendo yo el penúltimo en llegar. Cuando estaba terminando me llamaron Thomas, Leonardo y Marvin; en un principio entendí que querían ver la frontera, la cual debía estar entre 300 y 500 metros del punto donde estábamos, pero después me di cuenta que querían llegar hasta la parte Beliceña de El Pilar, yo ya había verificado el punto de GPS del sitio y sabía que estábamos a 1 km de distancia de ahí, el sendero no parecía muy transitado y me opuse a seguir, porque tomaría mucho tiempo y ya era tiempo de irnos de ahí. Los demás decidieron volver, pero Marvin no nos hizo caso y siguió adelante; cuando volvimos con los demás se hizo un desorden por eso, pero afortunadamente él también decidió regresar unos minutos más tarde.
Estructura principal de El Pilar
Subimos a las camionetas y avanzamos otro rato entre la selva, encontramos al menos otro árbol caído, aunque el camino estaba en muy buenas condiciones. Antes de llegar al campamento de La Lagunita, la camioneta donde íbamos nosotros se apagó y decidimos visitar el cercano sitio del mismo nombre antes que cualquier otra cosa. Entramos a pie por un sendero por 200 o 300 metros y nos encontramos con un montículo de tamaño mediano y alargado, en su parte alta aún podían verse algunos restos de bóvedas y muros, pero lo más interesante fue un pasaje muy estrecho con bóveda escalonada que aparentaba ser un pasillo entre dos estructuras que fue techado en algún momento. Al entrar nos dimos cuenta que cada uno de los muros laterales daba a una habitación, una configuración muy extraña en el caso de que se tratara de dos edificios que fueron unidos más tarde, yo fui de la idea de que todo el conjunto podría haberse construido al mismo tiempo y ese pasillo abovedado no fue resultado de una ampliación.
Pasaje en La Lagunita
El corto recorrido terminó regresando a los vehículos, la camioneta no pudo arrancar y tuvimos que repartirnos en las demás. Will me llamó a la suya, así que ahí seguí en los recorridos siguientes junto con William, Juan y Julio. Así nos dirigimos al campamento de La Lagunita, donde llevaron la camioneta descompuesta jalándola con otra. No paramos ahí por mucho tiempo, faltaba el plato fuerte del día...
No paramos en Melchor de Mencos después de salir de Naranjo, seguimos de largo y nos dirigimos al cercano sitio de Tzikín Tzakán, el cual había visitado en 2014. Entramos con la camioneta subiendo el empinado camino de entrada, el cual me pareció más largo que lo que recordaba. Llegamos hasta una plaza con un montículo y yo me dispuse a buscar el palacio que recordaba en el sitio. Marcia vio un camino que descendía un poco antes de continuar hacia una cima más alta que en la que estábamos así que por ahí continuamos a pie, pero yo estaba confuso porque no reconocía aquel lugar. Llegamos a una gran plaza con montículos y encontramos uno que parecía tener todavía algunos restos de muros, pero casi completamente caídos. Recordé que en algún lado había recibido la noticia del colapso del palacio del lugar, pero creí que algo quedaría en pie, sin embargo no había sido capaz de encontrar nada y estaba seguro de que el edificio estaba justo junto al camino de acceso. Con gran contrariedad regresamos a la camioneta y ahí pudimos comprobar que el primer montículo que vimos era la estructura que buscábamos, donde no quedó en pie más que un par de hileras de piedras. Una capa de escombro sobre las raíces de un árbol que crecía en la parte alta me confirmó que ahí ocurrió recientemente un derrumbe. Nada quedó de aquel palacio.
Torre de Corozal Torre
Después de aquella mala impresión, regresamos a la camioneta y nos dirigimos a Corozal Torre, esta vez con un vehículo que podía entrar sin ningún problema en ese camino que fue imposible de accesar con el auto de Julio el día anterior. Avanzamos algunos kilómetros y nos encontramos con un potrero lleno de vacas y toros que luchaban entre sí, frente a ellos vimos los restos de un edificio que es parte de un área que se llama Quemada Corozal, aunque ya estábamos convencidos de que solo era parte del mismo sitio que Corozal Torre; más adelante vimos un corral y detrás algunos manchones de selva. La ubicación que yo llevaba no era exacta, por lo que me dispuse a buscar el sitio con el dron, sin resultados porque la selva cubría todo posible vestigio. Decidí internarme en la selva justo junto a la camioneta, pero no pude encontrar ni un solo montículo, incluso la vegetación tan cerrada me hizo desorientarme y me di cuenta de que en lugar de regresar me estaba internando más. Afortunadamente tenía la brújula y guiado por ella pude volver al punto de inicio en un par de minutos.
Decoraciones de la torre
No quería irme con las manos vacías, por lo que, junto con Will, revisamos imágenes de satélite para ver áreas posibles en donde encontrar el sitio en las cercanías. Identificamos dos zonas sospechosas a unos metros y nos dirigimos ahí. Nuevamente entré a la selva, pero lo que creía era un montículo en las imágenes resultó ser una pequeña depresión, nuevamente regresé sin éxito. Decidimos que el último intento sería al otro lado del corral, por lo que caminamos unos cuantos metros más, ya los otros estaban regresando un poco con la camioneta cuando, sin necesidad de entrar nuevamente entre la vegetación, vi claramente el edificio principal del sitio. Llamamos a todos y regresé al vehículo por mi tripié y mi cámara, no terminaríamos el día con un fracaso.
Torre de Corozal Torre
Al acercarnos nos dimos cuenta de que casi seguramente el sitio tuvo un par de estructuras gemelas, semejantes a las de San Clemente, que parecen templos de Tikal en miniatura, pero aún más pequeñas que las de su cercano vecino, distante menos de 2 km, pero por otro camino. Una de las dos gemelas había colapsado por completo, pero la segunda aún mostraba gran parte de su basamento delgado y alto, y del templo superior, con un friso decorado con mascarones. Estuvimos rodeando el edificio para fotografiarlo por todos los ángulos posibles y tuvimos la duda de si el templo superior tuvo una habitación o no. Yo subí a la parte alta y me encontré que se trataba de un único muro con un acceso simulado, no había espacio ni vestigios de ninguna habitación, en verdad se trataba de una torre y no de un templo.
La visita fue rápida porque no hay más arquitectura expuesta, así que volvimos a la camioneta y paramos para fotografiar los restos de Quemada Corozal, la distancia a la torre apenas era de unos 200 metros, definitivamente formaban parte del mismo sitio. La tarde ya estaba cayendo y nosotros iniciábamos el regreso a Melchor de Mencos triunfantes. No hubo reunión con el equipo completo para cenar, nosotros llegamos a comer tacos cerca del hotel y después vimos que algunos de los demás estaban en una fonda justo junto a donde nos encontrábamos. Finalmente habían llegado los Partida desde Flores aunque se fueron a otro hotel, también arribaron Carlos, Paola, Leonardo y Thomas, que salieron de Chetumal y cruzaron Belice. Marvin, Ernesto y Valeria habían recorrido algunos sitios en el vecino país y Eduardo estuvo escribiendo las guías para sus vídeos de los días siguientes. Finalmente estábamos todos y comenzaríamos el gran recorrido que motivó nuestra presencia en Melchor de Mencos a la mañana siguiente.
Monumentos de Naranjo en el centro de Melchor de Mencos
El 23 de marzo fuimos los primeros en salir del hotel, yendo en la camioneta de Will al centro de Melchor de Mencos. Ahí pudimos ver 3 estelas completas, un fragmento y un monumento provenientes de la gran ciudad de Naranjo, la cual ha sido terriblemente saqueada, aunque en la actualidad cuenta con un destacamento militar que vigila su acceso y ha sido trabajado arqueológicamente por varios años. De regreso pasamos a la tienda a comprar botanas y agua, estábamos cerca del hotel, por lo que Marcia pudo alcanzarnos ahí.
Comenzamos el trayecto al sitio que queríamos visitar, por lo que tomamos una serie de caminos de terracería que pasaban entre potreros y campos de cultivo. Después de casi una hora llegamos finalmente al parque nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo; por fin iba a completar la visita de esos tres sitios, ya que Yaxhá lo había recorrido ya tres veces en 2013, 2017 y 2023, y Nakum lo conocí con los mismos compañeros en 2023.
Estructura con decoraciones geométricas
Llegamos primero al destacamento militar, donde nos registramos y seguimos un pequeño trecho hasta el centro del sitio. Ya en ese camino nos dimos cuenta de la gran monumentalidad de Naranjo, estaba lleno de grandes montículos por todas partes. Nos estacionamos en el área destinada para eso, aunque la caseta de los custodios estaba vacía.
Iniciamos nuestro recorrido por la Acrópolis del poniente o grupo A. Ahí se ha excavado y restaurado parte de un par de patios, con edificios palaciegos. Destaca la subestructura de uno de los edificios, la cual tiene unas raras decoraciones muy geométricas que algunos afirman que son mascarones de Tláloc por la presencia de dos círculos que parecen anteojeras y un par de colmillos estilizados; yo no concuerdo, me parece que es una interpretación muy a la ligera. Si bien los elementos decorativos pueden ser mascarones geométricos, afirmar que se trata de la deidad de la lluvia del centro de México es excesivo. En esta acrópolis Julio y yo nos quedamos atrás fotografiando, mientras los otros avanzaban hacia la plaza central del sitio.
Acrópolis central
Luego de un rato, bajamos de ahí y subimos por un par de plazas escalonadas, pasando junto a un gran edificio que mostraba una estructura palaciega en el borde de su parte alta, se trataba de la enorme Acrópolis central, que forma parte del Grupo B, en el centro de Naranjo. Subimos por un costado por unas escaleras de madera habilitadas para la visita y llegamos al gran patio principal, ahí se puede observar el basamento que corona esta Acrópolis, situado en el oeste y al centro de la gran mole. Antes de ir ahí, recorrí el patio frente al basamento, además de otro más pequeño al norte, donde se encuentra un área residencial con edificios de pequeño tamaño. Luego de recorrer sus casi laberínticos pasillos y algunos pasajes sumamente pequeños y estrechos, subí al basamento central o estructura B-15, la cual tenía varios recintos en el frente, dando hacia el patio. En la parte alta pude ver una escalinata embebida, es decir, bajo el nivel de los cuerpos del edificio, algo que he visto en sitios del Preclásico, además de que la cima es triádica.
Cima de la Acrópolis central
Cuando bajé de ahí ocurrió un hecho extraño: al llegar había visto que se llevan a cabo trabajos arqueológicos en el área, aunque por ser semana santa no estaba presente ningún trabajador; encontramos un área donde se molía piedra caliza y se quemaba para obtener cal para la restauración, cuando bajé de la estructura B-15 me llegó un olor a quemado y me encontré con un tronco relativamente grande que estaba a punto de quemarse y sobre hojas secas. Temí que esto provocara un incendio. Julio me dijo que también lo vio y creyó que lo había apagado, pero el viento parecía haber avivado las brazas en la parte interna de la madera, yo opté por subirlo en una acumulación de cenizas y lo cubrí con ellas; me pareció que se había extinguido el conato de fuego, pero todavía le avisé a los demás para que lo revisaran cuando pasaran por ahí.
Cuerpo superior de la Estructura B-24
Bajé del gran edificio y pasé junto al grupo E del centro del sitio, aunque lo dejé para después, así que me dirigí hacia una alta estructura que es denominada B-24. Ahí se puede ascender por otra escalera de madera, por lo que subí para encontrarme con decoraciones raras y muy geométricas en el cuerpo superior del edificio. Nuevamente esto era algo que nunca había visto, aunque ni por asomo parecían mascarones. Me pareció que el estilo decorativo de Naranjo debió ser este patrón geométrico característico, con piedras en distintos niveles que logran un efecto interesante de luz y sombra. Estos adornos se repetían en todas las caras del edificio, estuve rodeando el cuerpo superior y tratando de fotografiarlo en el estrecho espacio, a unos cm de una caída bastante alta, por fortuna no tuve ningún problema para regresar a la plaza sin incidentes. Una vez ahí me dirigí al sureste para ver unas palapas que había observado desde lo alto, sin embargo se trataba de un área de trabajo de los restauradores del sitio, por lo que regresé pensando ver el grupo E, aunque desviándome un poco hacia el Este, una sección que no había recorrido.
Mirador en el Grupo C
En este lado del sitio, me encontré con un conjunto triádico no muy grande, aunque detrás de él pude ver un gran edificio sumamente vertical que seguramente tuvo arquitectura parecida a la de los templos de Tikal. A un lado de esa estructura había una sascabera con una pequeña cueva y más adelante me encontré con otra acrópolis coronada por tres grandes edificios que me recordaron a la Acrópolis Norte de Yaxhá, aunque sin excavar. Todo ese conjunto es el Grupo C de Naranjo. La estructura más grande se encuentra al este, con una al sur y otra al norte de menor tamaño. Me percaté que la última tenía una escalera de madera para subir y en su cima había un puesto de observación con una delgada escalera que subía sobre la copa de un árbol alto. Subí al ver que se encontraba en buenas condiciones, aunque la vista desde ahí solo dejaba apreciar la selva hacia el suroeste del sitio. Bajé con alguna dificultad, pero finalmente me dispuse a regresar a la plaza central y terminar mi recorrido con el conjunto de tipo Grupo E que ahí se encuentra.
Estructura B-18
Había visto el conjunto al que me dirigía y también un edificio triádico, normalmente estos complejos con edificios de esos tipos incluyen un juego de pelota, y justamente fue lo que encontré en mi camino. La cancha era cerrada y de buen tamaño, además estaba sobre una plataforma. Finalmente llegué a la estructura B-18, que era un edificio radial con escalinatas en sus cuatro lados. La B-20, en su lado oriente complementaba el conjunto de Grupo E, pues era una plataforma alargada con tres templos en su cima, aunque no cuenta con arquitectura visible. La B-18 está casi totalmente liberada y muestra un templo superior complejo con bóvedas muy altas, además se aprecia que fue modificado en tiempos tardíos, cubriendo o destruyendo parcialmente las escalinatas de algunos de los lados.
Julio se quedó atrás, por lo que me dio tiempo de ir a la camioneta y volar el dron. Aunque Naranjo tiene grandes edificios me fue difícil encontrarlos entre el mar de árboles, pero pude realizar algunas buenas tomas de vídeo.
Después de varias horas finalizamos nuestra visita, aunque aún pensábamos ir a otro par de sitios, por lo que subimos a la camioneta y emprendimos el regreso hacia Melchor de Mencos.
Comenzamos nuestro recorrido hacia Melchor de Mencos, que sería el punto de reunión del grupo completo antes de comenzar el recorrido por la selva para el que estábamos ahí. Antes de llegar habríamos de hacer algunas paradas. En primer lugar pensábamos ir al sitio de Corozal Torre, un sitio que solo Eduardo conocía y que está cerca de San Clemente, este último lo visité en 2013, pero en el carro sería imposible de alcanzar por el mal estado de la terracería que lleva a él; Corozal Torre tenía pinta de ser más fácil, pero tampoco pudimos tomar ese camino porque en el entronque con la carretera en la que íbamos, había un gran escalón que hubiera sido imposible de pasar en un compacto.
Decidimos seguir hasta la aldea de La Máquina, donde se encuentra la entrada al sitio de Holtún "Cabeza de piedra", que también había visitado en 2013. Llegamos hasta la caseta del custodio y a partir de ahí caminamos un largo sendero hasta el sitio. Parecía que la subida que lleva ahí nunca terminaba y fue algo ardua por el intenso calor que hacía. Aún así, mientras mis compañeros se quedaron en la estructura principal, yo me di cuenta de que había letreros que decían que el sitio continuaba; decidí recorrer hasta el final del sendero, ya que antes no lo había hecho nunca.
Palacio de La Blanca
Ese camino fue agotador, llegué hasta 6 plazas que no había visitado, todas con montículos y sin ningún rastro de arquitectura visible, únicamente con un chultún de doble boca en una de las primeras. Me pareció eterna la caminata, ya que no veía el final. Regresé casi corriendo porque pensaba que me había llevado demasiado tiempo, pero todavía tuve la oportunidad de fotografiar el mascarón que da nombre al sitio, en la estructura principal, dentro de una enorme trinchera de saqueo que dejó al descubierto una subestructura. Quise ver el otro lado de la estructura, pero fue algo peligroso porque pasé por un talud sumamente empinado por el que podía caer en cualquier momento si me distraía, sin embargo pude ver algunos fragmentos de muro que dejó visible el enorme saqueo, que pasó de lado a lado del edificio, aunque en ese último lado fue cerrado con piedras.
De regreso a la entrada, Julio ya estaba sumamente cansado, el camino fue algo lento por esto, pero aún así quería visitar un último sitio. Decidimos que yo manejaría, la primera vez que lo haría en Guatemala, para que él descansara; así que por primera vez en el viaje me tocó estar al volante y continuar el camino hacia Melchor de Mencos, nos desviamos por otra terracería hacia el suroeste y avanzamos por ahí cerca de una hora. Así llegamos a otro sitio que yo ya conocía: La Blanca. Este lugar ha sido trabajado continuamente por arqueólogos españoles, por lo que encontramos detalles que no vi antes, entre ellos grandes secciones de muros junto al palacio, que tiene unas enormes bóvedas sobre sus habitaciones.
Estructura en La Blanca
En La Blanca, el custodio nos acompañó a recorrer el sitio, primero el palacio, donde Eduardo estuvo buscando un grafiti de un visitante del siglo XVIII, pero no pudo ubicarlo. Después de eso fuimos a un grupo alejado que en mi anterior visita me costó mucho trabajo de ubicar. Se trata de un pequeño edificio muy interesante que tiene algunos restos de estuco en lo poco que queda de su templo.
Una vez que terminamos el recorrido por este sitio de pequeña extensión pero impresionante arquitectura, volvimos a subir al auto y yo continué manejando de regreso a la carretera principal y después a Melchor de Mencos, llegando al hotel en el que nos quedaríamos dos noches. Ahí nos encontramos con Marcia, de Argentina, quien ya había llegado. Después nos enteramos que los Partida de Chiapas, que habíamos visto en la frontera, no llegarían esa noche. Fuimos a bañarnos y a descansar un poco y luego fuimos a cenar. Ahí nos reunimos nuevamente con Marcia y llegó Marvin, de Guatemala, además de Will y William, quienes llegaron de Mérida y luego pasaron a Palenque a recoger a Juan, de Laredo, luego de que tuvo un trayecto accidentado en avión. Nos pusimos de acuerdo para el día siguiente: los Williams, Juan, Julio y yo iríamos a Naranjo; Ernesto, Marvin y Valeria cruzarían a Belice y Eduardo se quedaría a descansar en Melchor de Mencos, Marcia se uniría a nuestro grupo al día siguiente.
Por la mañana salimos a un pequeño recorrido apenas a 3 km de nuestro hotel, nuestro objetivo era recorrer el enigmático sitio de Sacpetén, del cual Julio y yo habíamos leído bastante, sin saber a ciencia cierta lo que se podría encontrar ahí. Fuimos en el carro y decidimos no llevar nuestro equipaje para tener menos peso. El camino no era tan bueno como el día anterior, se trataba de una terracería con muchas subidas y bajadas; sobre todo al final, nos encontramos con descensos tan fuertes que temimos que el auto no pudiera subirlas en el retorno. Decidimos bajarnos y Julio hizo la maniobra de regresar en reversa hasta una sección relativamente plana.
Tuvimos que regresar por esa gran subida para bajar agua del carro, y yo también necesitaba la cámara y el dron. Caminamos el último tramo y nos encontramos con una reja que impedía el paso a una sección que es propiedad de un hotel, mientras que al otro lado se encuentra un parque municipal que consiste en una serie de senderos entre la selva.
Estela lisa en Sacpetén
El sitio arqueológico de Sacpetén estuvo ocupado principalmente en el Posclásico y en la época de contacto, ya que la región no fue conquistada sino hasta 1697 y luego fue abandonada. Se trata de una península en la laguna del mismo nombre, la cual cuenta con dos pequeños cuerpos de agua y con un itzmo estrecho que la comunica con tierra; ahí se construyó un foso y una serie de grandes muros defensivos que impedían el libre paso al antiguo asentamiento.
De dichos muros ya no queda arquitectura visible, subimos sobre ellos con dificultad por la pendiente, pero de inmediato llegamos a un montículo de regular tamaño. Nada se veía que indicara la forma del edificio, por lo que seguimos adelante. Ascendimos por un par de plazas escalonadas que también tenían otros edificios arruinados por completo y en la parte más alta de la península nos encontramos con una plaza que tenía alrededor unos montículos alargados que en lugares parecidos han sido identificados como casa del consejo, un lugar donde se reunían quienes estaban a cargo del asentamiento, ya que en tiempos tardíos no había un gobernante que tomara todas las decisiones. Estas construcciones no conservaban piedras de revestimiento, pero la forma de los montículos aún dejaba ver que tenían dos cuerpos y unas anchas escalinatas.
Estructura circular en Sacpetén
Ya de bajada, pensando que no habríamos de encontrar ningún vestigio de arquitectura en pie, estuve revisando un poco más los conjuntos que pasábamos, por ello pude encontrar una estela lisa en un grupo intermedio. Finalmente, al llegar a los muros defensivos de la entrada, pudimos encontrar un paso menos difícil en el lado poniente, donde tal vez estuvo el acceso original, ya que la pendiente era mucho menor. En un costado de esa especie de rampa que pudo ser anteriormente una escalinata, encontramos una rara edificación que estaba sobre una pequeña plataforma bien visible sobre el talud. Al centro tenía un recinto pequeño y de forma circular, con una hilera de piedras en su base, como formando la boca de un pozo. No pudimos identificar la función de esta estructura y Eduardo y yo tuvimos un primer debate sobre si era arquitectura maya o no, yo argumentaba a favor porque me parecía muy poco probable que los españoles hubieran construido algo en ese lugar y Eduardo en contra porque nunca había visto algo como eso. Antes de irnos volé el dron, obteniendo unas tomas sumamente bellas de la laguna y la península con sus ojos de agua. Finalmente regresamos al auto, nuevamente caminando por el empinado camino, esto más tarde haría mella, sobre todo en Julio.
Decidimos pasar a comprar helados y agua a la tienda cercana al hotel y seguir de largo hacia El Chal. Este es un importante sitio a 60 km de distancia desde El Remate, donde nos encontrábamos. Llegamos hasta el poblado del mismo nombre y tomamos algunas calles, en parte sin pavimentar, hasta llegar a la cercanía del sitio arqueológico, inmediatamente al sur de las casas actuales. Primero equivocamos el rumbo porque no sabíamos dónde era la entrada, pero luego de regresar un poco, nos encontramos con el acceso,
Estela en El Chal
El recorrido es un circuito, pasando primero por la plaza principal, ahí se encuentran varias estelas y altares erosionados pero que aún muestran algunos grabados. La número 4 está de pie y todavía se alcanzan a distinguir levemente los personajes que fueron plasmados en sus dos caras principales, además de glifos laterales. Al sur hay una gran acrópolis que recorrí sorprendido por la monumentalidad inesperada de este sitio. Me encontré con dos plataformas masivas con numerosos edificios, aunque no encontré más que una pequeña sección de muro en pie. Días más tarde nos dijeron que ahí había restos de una bóveda al menos, pero no pude verla por ningún lado.
Bajé por otra plaza al suroeste, ahí habían algunos fragmentos de estelas borradas y montículos. Finalmente regresamos al principio; yo quise encontrar el juego de pelota pero estaba en una sección muy llena de maleza. Julio tardó tomando fotografías, por lo que tuve tiempo de regresar a un costado de la Acrópolis para encontrar otra estela tirada, aunque tampoco mostraba relieves visibles
Después de que todos llegamos de nuevo al punto de inicio, nos apresuramos a regresar a El Remate, porque se acercaba el tiempo de entregar la habitación de nuestro hotel. En el camino un motociclista se atravesó en un cruce sin mirar, estuvo a punto de golpear el auto de Julio o, aún peor, un tráiler que pasaba por el otro carril. Estuvo muy cerca de ser una tragedia, pero milagrosamente el imprudente conductor de la motocicleta no tocó a nadie. Con ese susto llegamos a El Remate, entregamos las llaves de la habitación un poco tarde y cargamos nuestro equipaje, aún faltaba un par de visitas en el día.