sábado, 16 de junio de 2018

Viaje por Veracruz y Puebla. Parte 4. La Joya, Veracruz y Villarica

La Joya
Llegamos hasta Medellín de Bravo, ya muy cerca de Boca del Río, tuvimos que pasar por varias calles y una terracería y finalmente frente a nosotros se encontraba el último sitio arqueológico que visitamos ese día: La Joya.

La Joya pertenece, al igual que El Zapotal, a las culturas remojadas del centro de Veracruz; estaba construido completamente en tierra apisonada y por desgracia por algún tiempo su grupo principal fue usado para obtener materia prima para hacer ladrillos; aún se encuentra la ladrillera en uno de sus costados aunque se rescató lo que quedaba de la estructura principal, la cual es un basamento piramidal que aún muestra parte de la escalinata que daba acceso a su parte superior y secciones de los cuerpos que le daban forma. El resto fue completamente arrasado y quedan muros que fueron reforsados para evitar que se desplomaran ante la falta de una gran parte del volumen constructivo.
Costado de la estructura principal de La Joya

La visita fue muy rápida puesto que el resto de estructuras del lugar son unos pocos montículos bajos que están entre las casas de la zona. Pudimos ver que la superficie del basamento se encuentra muy reseca y agrietada por lo que tememos que próximamente desaparezca pulverizada, leí en un reporte que se había recubierto con textiles pero no parece que eso haya sido suficiente para evitar el deterioro de este lugar.

Volvimos a subir al auto y nos dirigimos al puerto de Veracruz. Ni Ernesto ni yo habíamos estado ahí y Jorge nos dijo que había sido su lugar de nacimiento; pasamos por el malecón y nos pareció un lugar más bonito que lo que esperábamos, ya que le comenté a mis compañeros que esperaba que fuera una ciudad parecida a Coatzacoalcos, la cual no es nada atractiva para mi gusto.
Playa de Villarica

Fuimos a comer en el famoso restaurant "La Parroquia", estuvimos ahí un rato y luego salimos otra vez a carretera para llegar hasta el pequeño pueblo costero de Villarica, nuestra intención era pernoctar ahí y tomar fotos del atardecer, la salida de la luna y el amanecer, así como de la bellísima zona arqueológica de Quiahuiztlán, que está sobre un cerro que domina la vista del mar. 

Cuando llegamos a la playa el sol ya estaba bajando en el horizonte, sin embargo pudimos subir a tiempo a una saliente de tierra elevada que se adentra en el mar y estuvimos ahí tomando fotografías del horizonte por un buen rato, al bajar comenzaba a ponerse oscuro y pudimos ver una buena cantidad de luciérnagas que destellaban a nuestro paso.
Atardecer en Villarica

Fuimos a buscar alojamiento y no tardamos mucho pues a nuestra llegada habíamos visto un hotel que parecía recientemente construido, ahí me fue útil haber llevado mi colchón inflable pues solamente había una cama, así que nos ahorramos pagar otra habitación y aún así dormí cómodo. 

Un poco antes de media noche volvimos a ir a la playa para ver la salida de la luna, Jorge traía su celular con una aplicación para saber el punto exacto y ahí apuntó su cámara montada en un tripié. Logró tomar una secuencia que parecía la salida del sol y que permitía ver como las nubes al moverse cambiaban la dirección de los rayos de luz, haciendo que las fotografias se vieran realmente bellas, aunque a simple vista nosotros no pudiéramos observar casi nada de eso. 

Así terminamos un intenso primer día de viaje, nos fuimos a dormir pues el siguiente sería igual de cargado en destinos.

martes, 12 de junio de 2018

Viaje por Veracruz y Puebla. Parte 3. El Zapotal

El camino desde Santiago Huatusco fue largo pero valió la pena, salimos a la autopista que va a Veracruz y luego nos desviamos por la carretera federal en la Tinaja, después de eso tomamos otro camino hasta que finalmente llegamos a la zona de la mixtequilla y al sitio arqueológico de El Zapotal.

Éste lugar está protegido y abierto al público por el Inah, contiene incluso cédulas como cualquier otro sitio de su tipo pero por alguna extraña razón no aparece en la página de internet del instituto, por lo que no sabíamos si al llegar tendríamos que ir a pedir permiso o buscar a alguien para que nos permitiera el acceso; encontramos una entrada muy bien cuidada y el pasto totalmente podado; el custodio llamado don Mario, un señor bastante mayor, nos indicó que únicamente debíamos registrarnos en el libro de visitantes y que estaba prohibido tomar fotografías en el interior, luego de ello nos acompañó en el recorrido.
Dios de la muerte del Zapotal

En el área abierta al público se encuentran algunos montículos sin excavar, uno de ellos fue totalmente partido y casi destruido, pero en su interior se encontró una extraordinaria escultura en barro crudo que muestra a un dios de la muerte sentado que tiene actitud de ponerse en pie y ostenta un impresionante tocado que incluye cabezas de varios animales como murciélagos y jaguares; el cuerpo está descarnado y detrás de él se encuentra su trono. La figura estaba en el centro de un antiguo templo de pequeño tamaño que en sus muros tenía pinturas de varios personajes, algo que nos sorprendió ver porque no recordábamos que en los datos que habíamos visto sobre el sitio aparecieran estos detalles. Aquí se encontró también una serie de ofrendas que incluian esculturas de mujeres monstruosas o cihuateteo y figuras sonrientes que según las cédulas fueron elaboradas por las culturas remojadas del centro de Veracruz.
Dios de la muerte

Ésta parte del sitio fue protegida mediante la construcción de una gran habitación que cubre en su totalidad la escultura y su templo, en el interior se siente un calor sofocante y la iluminación es muy tenue. Lamentamos que las fotografías no estuvieran permitidas ni siquiera sin usar flash, tampoco pude grabar ahí pero en internet circulan algunas imágenes. 

El dios de la muerte de El Zapotal es una obra maestra de la escultura mesoamericana, por desgracia por mucho tiempo ha requerido intervención urgente porque al estar elaborada en barro crudo y encontrarse en un ambiente tan cálido y húmedo corre peligro de desmoronarse; al parecer no existe un presupuesto suficiente para su conservación y el poblado donde se encuentra es uno de los más pobres del estado, aunado a que no se le ha dado ninguna clase de difusión a pesar de estar habilitado a la visita.
Trono del dios de la muerte

Una vez que salimos de ahí, sumamente acalorados, pasamos a una tienda que está frente a la entrada al sitio y estuvimos platicando con el dueño por un rato, incluso le invitamos un refresco a don Mario y nos regalaron un mango bastante dulce a cada uno. 

De esta plática supimos que además del área central del sitio había varios montículos, algunos de los cuales los vimos al llegar; los principales estaban sobre una elevación llamada "cerro del gallo", además de otros más bajos en el "cerro de la gallina". Decidimos visitar los más grandes, subimos al carro y unas cuadras más lejos llegamos a una pendiente donde se podía subir con el vehículo, arriba nos encontramos con una inmensa plaza que tenía montículos de tierra circundándola. Jorge se puso a dar vueltas con el carro ahí arriba y pudimos ver que el espacio era tan grande que contenía dos canchas de futbol, aunque una de ellas de la mitad de tamaño de la otra.
Montículo principal

El montículo más grande tendría unos 10 metros de altura desde el nivel de la plaza pero cerca del doble desde el del poblado, subimos por un sendero que llegaba a la cima y tuvimos una grandiosa vista de todo el pueblo y la llanura cercana.

Respecto al cerro del gallo tuvimos cierto desacuerdo pues yo creí que se trataba de una elevación natural que fue nivelada para contener los edificios pero Ernesto y Jorge opinaban que en realidad todo había sido hecho por el hombre ya que no se veían otras elevaciones en los alrededores. De tener ellos razón, la edificación de este complejo era una obra sumamente monumental aunque ligeramente más pequeña que las de lugares como Cholula o Izamal.
Vista desde la estructura principal

Luego de visitar el cerro del gallo volvimos a salir a carretera, lo primero que hicimos fue buscar una gasolinera para revisar el nivel de las llantas, pues se había desajustado por el cambio en la presión atmosférica desde la altura de la ciudad de México a aquella región al nivel del mar. Tomamos varios kilómetros de terracería y luego seguimos hasta nuestro siguiente destino de viaje...

domingo, 10 de junio de 2018

Viaje por Veracruz y Puebla. Parte 2. Cuauhtochco

Después de salir de Palmillas, regresamos hacia Cuitláhuac y a partir de ahí entramos a una carretera secundaria, más allá dimos vuelta en una terracería y seguimos algunos kilómetros. Habíamos tenido dudas sobre el camino a tomar para llegar al sitio arqueológico de Cuauhtochco ya que éste se encuentra rodeado por el río Jamapa y es necesario cruzarlo, en nuestros mapas aparecía otro acceso que cruzaba por un puente vehicular pero varios kilómetros río abajo; Jorge sugirió que llegaramos al poblado de Santiago Huatusco y preguntáramos por el sitio antes de decidir, yo prefería ir directo en el auto hasta donde llegáramos pero sabía que cruzar el río a pie (si se podía) sería el camino más agradable y espectacular así que acepté su propuesta; a penas un poco antes de llegar al poblado ya teníamos una vista hermosísima: dimos una vuelta prácticamente en "u" para tomar la entrada a Huatusco y frente a nosotros vimos una serie de cañadas y abruptos paredones totalmente verdes, sobre la elevación más grande se distinguía la figura rectangular del gran templo de Cuauhtochco.
Río Jamapa

Comenzamos a ver un caserío donde no se distinguían muchas personas; finalmente llegamos a la plaza central de Santiago Huatusco, se trataba de un campo muy verde frente a una iglesia que en su frente se veía bastante reciente pero que en la parte trasera mostraba muros y una capilla lateral que parecían coloniales, habían dos calles junto al edificio y más allá estaban las paredes casi verticales de los cerros circundantes. Entramos a la iglesia y vimos que el interior también parecía haber sido añadido recientemente mientras que la capilla lateral estaba cerrada y servía como una especie de desván. Al salir vimos en la casa de enfrente algunos jóvenes y les preguntamos la forma de llegar al sitio arqueológico, nos indicaron que debíamos bajar al río y cruzarlo para luego ascender del otro lado; no sacamos mucha información pero al menos sabíamos que el nivel del agua era bajo y seguro para pasar.
Cruce del río Jamapa

Nos encontramos con una gran dificultad un poco más adelante cuando paramos en la única tienda que vimos en el pueblito: no habíamos comprado agua antes y ahora solamente encontramos pequeñas botellas de refresco que no serían suficientes. Platicamos con la señora que atendía el lugar y con un cliente que se veía algo crudo y nos dijeron que era posible llegar a Cuauhtochco pero que el camino era muy complicado, que difícilmente lo encontraríamos si no teníamos guía. La cosa pintaba mal pero al final nosotros decidimos ir de todas maneras con un refresco cada quien y el gps de los teléfonos celulares. Subimos al auto y seguimos por un camino cada vez más difícil hasta que vimos el curso del río reflejando el intenso azul del cielo. Un poco antes de eso encontramos un joven que se lavaba la cara en un pequeño arroyo, le preguntamos si podía guiarnos al sitio y contestó que no había desayunado pero que podía alcanzarnos después, nosotros no creimos que eso pasara así que abandonamos la idea de buscar guía y emprendimos la marcha solos.
Restos de muro defensivo

Una vez que bajamos a la orilla del río Jamapa pudimos ver que Cuauhtochco era una fortaleza impresionante: del otro lado se alzaban unas tremendas paredes verticales y el gps nos indicaba que arriba de ellas y unos metros más allá estaba nuestro destino, por consejo de los lugareños y por lo que veíamos en el mapa decidimos seguir la orilla río abajo hasta llegar a un meandro donde parecía existir una subida segura; desde un principio éste camino fue muy complicado, caminamos entre un plantío de limones que cerraba el paso muchas veces, no queríamos usar el machete y había espinas en las ramas, sin embargo el olor era sumamente agradable. Un poco más adelante nos encontramos con que el paso se estrechaba mucho y lo único que había era un sendero entre espesa vegetación que nos cerraba el paso a cada momento, el calor y la humedad eran intensos y había que subir y bajar continuamente entre las grandes piedras que cubrían la rivera. 
Montículo en la plaza baja de Cuauhtochco

Comenzamos a preocuparnos porque la dificultad para avanzar era terrible, el sudor nos corría por la cara y nuestros refrescos comenzaban a mermar, el sol ya estaba subiendo bastante y si no conseguíamos salir de esa selva lo mejor sería regresar e intentar por otro camino. 

Cuando ya estábamos considerando volver, en el mapa vimos que unos metros frente a nosotros debía haber una especie de playón o espacio abierto así que avanzamos y nos encontramos con que en una curva del río la orilla se ampliaba mucho y quedaba libre de vegetación pues estaba cubierta de cantos rodados y arena, finalmente tuvimos paso libre aunque las botas se nos hundían en el terreno, la siguiente curva que formaba el curso del agua tenía un paso donde el río pasaba sobre muchas piedras y bajaba mucho su profundidad, incluso vimos a dos lugareños que en ese momento estaban por llegar a la orilla opuesta.
Templo principal de Cuauhtochco

Pasamos por el mismo lugar sin quitarnos las botas ni alzarnos los pantalones, el calor era intenso y el agua tenía una temperatura muy agradable así que no nos importó llevar los pies mojados además de que se secaron muy rápido. Hablando con los dos lugareños que habíamos visto nos indicaron que había una senda que usaba el ganado para subir a lo alto del cerro donde está el sitio, así que a partir de ahí comenzamos a caminar por una senda muy bien marcada que parecía cruzar un espacio plano, de pronto nos encontramos con otro camino que parecía ascender así que dimos vuelta ahí, supimos que era la dirección correcta pues la pendiente se volvió pronunciada muy pronto y vimos que estábamos muy cerca de la pared vertical que caía hasta la orilla del río, finalmente nos convencimos de que llegaríamos a Cuauhtochco cuando encontramos restos de muros defensivos que alguna vez restringieron el único paso natural que llegaba al lugar por el sur.
Tarántula en Cuauhtochco

La subida era pesada, Jorge y Ernesto casi habían terminado con su respectivo refresco (aunque Jorge había encontrado un suero en su carro, fruto de algún día posterior a una borrachera), yo casi no había tomado nada pero comenzaba a tener la boca seca; tal dificultad se nos olvidó cuando vimos la cima totalmente limpia y libre de vegetación, yo esperaba ver en cualquier momento el templo principal pero el espacio al que llegamos solamente mostraba algunos montículos muy destruidos, por un instante estuve un tanto confundido pero luego levanté la vista y varios metros más adelante, sobre una elevación aún mayor se veía el edificio prehispánico que buscábamos. 

Éste primer espacio era una plaza muy amplia con montículos, casi no se veía nada de arquitectura expuesta exceptuando algunos muros de cantos rodados que permanecían en su lugar bien alineados.
Posible edificación colonial

Subimos la última cuesta y con una gran emoción llegamos frente al templo principal de Cuauhtochco. Al acercarnos vimos una buena cantidad de zopilotes que habían alzado el vuelo y se alejaron por el lado contrario al que llegamos; era increíble que el lugar estaba casi libre de maleza y el edificio mostraba sus detalles claramente, del lado por el que llegamos había también una serie de montículos bajos alineados con un costado del edificio principal. Se trata de la única estructura hecha en estilo totalmente mexica que se conserva en tan buenas condiciones y que incluso aún sostiene gran parte de su templo superior, un detalle que en otros lugares del centro de México jamás sobrevivió; además de ello aún muestra gran cantidad de su recubrimiento de estuco y algunas decoraciones en los frisos de la parte superior. Éste lugar fue documentado a principios del siglo XIX por el capitán de dragones Guillermo Dupaix e incluso se tiene un grabado que lo muestra aún más completo que ahora, por lo que fue usado como modelo para reconstruir sitios como Santa Cecilia Acatitlán o hipotéticamente incluso la gran México-Tenochtitlan.
Templo mayor de Cuauhtochco

El lugar es llamado también Huatusco o El Fortín; al llegar me senté frente al templo mayor y grabé una dedicatoria a nuestro amigo Neftalí, ahora quedaba cumplido el último pendiente que habíamos dejado antes de su fallecimiento y me costó trabajo contener las lágrimas que se agolparon en mis ojos. La voz de Ernesto me sacó de mi introspección pues le escuché decir que había encontrado una tarántula y quise ir a verla, era un animal pequeño pero muy bonito: las patas y todos sus apéndices eran negros pero el torso era rojizo y la panza mostraba líneas alternadas en negro y naranja con el centro en otro tono rojizo más oscuro, de inmediato quise fotografiarla y entonces me di cuenta que era bastante agresiva pues con cualquier movimiento se ponía en guardia e incluso incrementó la dificultad para enfocarla pues arremetía contra mí cada vez que le apuntaba con la cámara.
Vista de Cuauhtochco

Frente a donde estaba la araña vimos un gran pozo de saqueo en la pared del edificio que mostraba dos o tres etapas constructivas, dimos la vuelta y encontramos una edificación un tanto extraña que aún tenía muros sobre una plataforma, después de revisarla no creímos que fuera prehispánica aunque si parecía muy antigua, por lo que probablemente sea colonial.

Finalmente subimos por la empinada escalinata del templo mayor, sus escalones eran muy estrechos y hechos con cantos rodados que en algunas partes aún estaban recubiertos de estuco; el templo superior aún tenía incrustados fragmentos de madera que creaban un techo plano de dicho material a la mitad de la altura de las paredes, los muros parecían incluso como si hubieran sido edificados con ladrillos, algo sorprendente aunque no tenemos ningún punto de comparación al tratarse de un ejemplo único.
Vista del río Jamapa

Cuando estábamos a punto de bajar del edificio, el joven que habíamos encontrado en el camino llegó hasta ahí y nos ofreció una gran botella de agua con hielo, ya habíamos olvidado la sed pero el camino de regreso sería muy caluroso, así que nos salvó de una posible deshidratación. Su nombre es Miguel González y nos contó que el sitio está tan limpio porque a veces pasa por ahí el ejército aunque también algunas tardes y noches se escucha pasar cuatrimotos que podrían pertenecer a narcos. 

Después de bajar del edificio nos encontramos con los restos de una cabeza de serpiente que quizá decoraba el muro del templo y en la parte trasera del mismo una piedra con grabados que quizá representaban escamas y parte del rostro de otro reptil.  Emprendimos el regreso guiados por Miguel y pudimos ver en varios puntos el borde del acantilado con el río Jamapa en el fondo y una extensa vista cubierta completamente de vegetación, bajamos por el mismo camino y cruzamos por otra parte del mismo vado la corriente de agua, ahí nuestro guía rellenó la botella directamente del río y vimos que el líquido estaba muy limpio y fresco. El camino que tomamos hacia Santiago Huatusco fue casi el mismo que seguimos en el sentido contrario, por lo que vimos que no estábamos tan perdidos; el calor en los últimos metros era ya tremendo pero llegamos enteros hasta el camino donde pasamos con el auto y regresamos a la misma tienda para comprar más refrescos, ahí la misma señora que vimos en la mañana nos contó que el cliente crudo que no nos quiso llevar le había dicho que temía que lo fuéramos a secuestrar... Así terminamos el recorrido despidiéndonos de la señora y de Miguel y salimos por el mismo camino por el que llegamos rumbo a nuestro siguiente destino.

jueves, 7 de junio de 2018

Viaje por Veracruz y Puebla. Parte 1. Palmillas

Estructura en Palmillas
El año pasado mi amigo Neftalí, que en paz descanse, estaba planeando un recorrido por Veracruz para visitar al menos los sitios arqueológicos de Cuauhtochco y El Zapotal; por diversas situaciones el viaje se fue posponiendo y finalmente se cambió para diciembre, sin embargo el fallecimiento de Neftalí dejó aquel proyecto inconcluso.

A mediados de año se volvió a pensar en el viaje a Veracruz y finalmente me puse de acuerdo con mis amigos Jorge y Ernesto para ir. La fecha quedó para el fin de semana del 2 y 3 de junio de 2018; para poder aprovechar el tiempo, ya que Jorge pondría su carro como transporte, nos quedaríamos en su casa un día antes y comenzaríamos nuestro trayecto muy temprano por la madrugada.
Estructura con muros conservados

El 1 de junio por la tarde salí de mi casa y esperé cerca de ahí a que Jorge saliera de su trabajo y pasara, una vez que llegó nos fuimos a comer algo y luego a esperar a que llegara Ernesto. Estuvimos jugando mini nes un buen rato pues nuestro compañero tardó bastante; ya entrada la noche fuimos a recogerlo al metro y estuvimos sentados un buen rato afuera viendo que no era un buen lugar para esperar, observamos gente pasar drogándose, tipos malencarados e individuos de mal semblante hasta que por fín Ernesto apareció. Jorge se sorprendió bastante porque llegó mucho más delgado que la última vez que habíamos viajado y caminamos de regreso a la casa para descansar. Estuvimos platicando un buen rato hasta que el anfitrión nos reclamó por estar hablando tanto tiempo.
Palmillas

Me despertó mi alarma a las 3 de la mañana y poco después salió Jorge para levantarnos; subimos al auto y tomamos hacia la autopista de Puebla, encontrando el camino con más autos de los que esperaríamos para esa hora pero con tránsito muy fluido. 

Avanzamos muy rápido y pasamos por Chalco, Río Frío, San Martín Texmelucan y Puebla; seguimos de largo hacia las cumbres de Maltrata y en lugar de la habitual niebla de la zona nos encontramos con un paisaje despejado y espectacular en el que comenzaba el alba. El sol salió cuando íbamos por Orizaba y poco después llegamos a Córdoba y dejamos la autopista para seguir por la carretera federal donde algún tiempo después llegamos al poblado de Palmillas.
Palmillas

El sitio de Palmillas es muy poco conocido, Ernesto había encontrado fotos cuando planeábamos el recorrido y yo pude ubicarlo en el mapa así que llegamos sin problemas y luego de avanzar unos metros por terracería apareció frente a nosotros una estructura prehispánica que tenía tres terrazas que aún conservaban íntegro gran parte del muro exterior; no se observaba la escalinata pues dos de los lados estaban destruidos pero aún tenía mucho estuco original, estaba construido con cantos rodados y se encontraba en la orilla de un gran campo de caña que estaba circundado por montículos bajos. Un poco más adelante había otra estructura de similar tamaño o quizá un poco más alta pero completamente convertida en montículo y sin mostrar arquitectura en pie.
Plaza de Palmillas

Examinamos las dos estructuras mayores, primero Ernesto y yo subimos a la más destruida y desde ahí pudimos ver la primera iluminada por la luz rojiza del amanecer, el campo estaba sumamente verde y lleno de pájaros que cantaban, volviendo el ambiente pintoresco y sumamente bello. Nos dirigimos entonces al basamento con muros conservados y nos dimos cuenta que una parte de las paredes estaban desprendidas de su núcleo, quedando un hueco entre ellos, lo que quizá haga que colapse en fechas próximas. Desde la cima se veía la enorme plaza que se formaba entre los montículos restantes y a lo lejos aún podíamos observar las cumbres de Maltrata. 

Finalmente volvimos al auto pues nos esperaba el mejor recorrido del viaje unos kilómetros más adelante.

sábado, 24 de marzo de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 19 y final. La Tortuga

Caminando por la selva rumbo a La Tortuga
Es muy inusual que cierre un viaje con un recorrido fuerte, normalmente el último día hay algún sitio sencillo o ninguno pero en ésta ocasión fue muy diferente; el viaje comenzó de una manera muy complicada y terminó igual aunque por muy diferentes circunstancias. 

El último día de viaje fue el 2 de enero, despertamos un poco más tarde que otras veces pues solamente teníamos un recorrido ya decidido. Días antes, Eduardo había contactado a Ezequiel Cahuich en 20 de Noviembre para que le avisara a quien sería nuestro guía (un chiclero que vive ahí mismo y a quien todos llaman Eli) que estuviera disponible para llevarnos a un sitio que hacía alrededor de 10 años que nadie había pisado, el cual tampoco había sido muy visitado desde su descubrimiento relativamente reciente. Eli había reubicado el lugar durante su temporada de trabajo en la extracción de chicle de los árboles de chicozapote en los meses pasados y ésta era la principal razón para que Eduardo hubiera hecho el viaje hasta la zona de Xpujil: quería visitar el sitio de la Tortuga.
Restos de habitación sobrepuesta

Desayunamos en el hotel donde estaba Eduardo, dejamos nuestras cosas en su habitación pues ya no pasaríamos otra noche en nuesto hotel y luego tomamos un taxi al poblado que nos sirvió de base para visitar Río Bec días antes; en poco tiempo llegamos y nos encontramos con Eli, a quien Eduardo ya conocía pero que Ernesto y yo tan sólo habíamos oído nombrar. No había vehículos para llevarnos, así que nuestro guía nos pidió que lo esperáramos en lo que intentaba conseguir alguno; nos sentamos afuera de un pequeño recinto que solía ser el museo del poblado, que ahora fungía como biblioteca y como no teníamos nada mejor que hacer, nos entretuvimos arrojando pequeñas piedras hacia una mucho más grande, compitiendo entre nosotros para ver quién podía atinarle más veces seguidas, Eduardo ganó por mucho y yo estuve en el segundo lugar un rato hasta que Ernesto pudo rebasarme y así terminamos pues no pude alcanzarlos. 

Luego de un buen rato de espera, Eli apareció diciendo que no pudo conseguir ningún auto o camioneta, que quizá podríamos ir en bicicleta pero que las que había no estaban muy bien de los frenos; nosotros sin dudar sugerimos caminar y aunque nuestro guía estaba en un principio renuente a ello, finalmente fue la única opción que nos quedó y salimos andando nuevamente por la brecha que lleva a Río Bec.
Restos de la torre norte

El camino fue bastante largo pero la primera parte bastante tranquila, Eli jamás paraba de platicar y así recorrimos una buena parte de la senda que habíamos recorrido días antes en camioneta hasta que finalmente nos desviamos con dirección al sur. Durante todo ese tiempo, que fue de casi dos horas tuvimos noticias de varios sitios arqueológicos perdidos de la zona y del proceso de extracción del chicle, para lo cual se hacen unos cortes en zig zag a lo largo de la corteza de los árboles de chicozapote, colocando un recipiente en la parte baja que recoge la sabia que resbala por las incisiones, produciendo hasta 3 o 4 litros por vez, aunque es habitual obtener menos y algunas personas afirman haber conseguido hasta el doble de eso. La actual temporada no había sido buena por la poca lluvia que cayó en la zona.

En ésto estábamos cuando llegamos junto a una aguada, que se veía como una depresión con menos árboles grandes y gran cantidad de maleza a nuestra derecha, ahí nuestro guía nos indicó que debíamos dejar la brecha e ingresar a un pequeño sendero en la selva, así que nos internamos entre la vegetación, avanzando 200 o 300 metros, luego de ello vimos desde una pequeña elevación otro camino muy ancho y desde ahí Eli pareció extrañarse pues no debíamos encontrar nada como eso; nosotros no podíamos ubicarnos por lo cerrado de los árboles, la falta de una buena visión de la posición del sol y porque giramos varias veces en el sendero.
Crestería con mascarón estilizado

Nos dirigimos al camino grande y entonces Eduardo con un tono de broma le reclamó a Eli que no tenía que hacernos perder el rumbo porque nosotros no podríamos llevar a nadie a La Tortuga sin él, pero nuestro guía estaba firme en que algo extraño pasaba pues de alguna forma debimos haber regresado al camino por el que veníamos en otro punto diferente, así que su intención era regresar junto a la aguada, nos decía que fuéramos hacia la izquierda aunque nosotros creíamos que nuestro punto de inicio era hacia el otro lado. En esa parte vimos montículos de mediano tamaño entre la selva y eso nos hizo creer que íbamos en buena dirección y nuestro guía no quería que nos aprendiéramos la ruta, por lo que no le creímos que se había desorientado hasta recorrer 2 kilómetros, cuando Eli se convenció de que habíamos caminado mucho más que lo que se necesitaba para regresar al lugar donde entramos a la selva y llegamos a una segunda aguada diferente a la que vimos primero. Emprendimos el regreso y cuando llegamos a donde estaban los montículos, entramos un poco en la selva para ver lo que había ahí, pues nos pareció distinguir una pared, sin embargo todo estaba muy destruido y solamente se veían algunas piedras alineadas que mostraban la existencia de un muro que a penas se asomaba entre la tierra y el verdor. Éste lugar no tiene nombre y más tarde al buscarlo en mis mapas, encontré que está designado por los arqueólogos como G-24.
Las torres entre la selva

Seguimos por el camino y ninguno de nosotros estaba seguro de a dónde nos llevaría, por lo que los siguientes metros fueron un poco tensos hasta que finalmente vimos la primer aguada, Eli tuvo razón al creer que extrañamente habíamos vuelto al camino pero se equivocó de dirección para volver a comenzar la búsqueda del sendero a La Tortuga. 

Volvimos a meternos en la selva unos metros atrás de donde intentamos la primera vez, yo llevaba mi brújula en la mano tratando de verificar que no camináramos en círculo nuevamente, sin embargo luego de rodear una loma muy pequeña me fue imposible determinar en qué dirección nos habíamos movido, ¡así de difícil es moverse en una selva tan cerrada como la de la reserva de la biósfera de Calakmul!.
Restos de habitación con estuco

Eli pareció desorientado un momento y nos indicó que lo esperáramos, se internó en la selva y luego de unos minutos escuchamos su llamado en forma de grito agudo, que es la forma en la que se comunican unos con otros los chicleros y los monteros así que le respondimos y caminamos hacia donde creíamos que el sonido provenía. Así encontramos finalmente el sendero que rodeaba una tercer aguada y que Eli reconocía como el que conducía a La Tortuga.

Caminamos casi 2 kilómetros por entre la selva cuando nuevamente Eli se adelantó para buscar el edificio prehispánico del sitio, poco después nos volvió a llamar aunque ésta vez fue un poco difícil seguir el sonido y tuvo que regresar por nosotros algunos metros para luego comenzar a subir por una elevación natural hasta que a nuestra derecha vimos entre los árboles la silueta fantasmal de un gran edificio maya; después de 17 km de caminta, finalmente habíamos llegado a La Tortuga.
Restos de pintura

Lo primero que pudimos apreciar es que todo el edificio estaba sobre una gran plataforma alargada y en la parte superior se notaban claramente dos torres de estilo Río Bec y una pared que debía pertenecer al palacio que había entre ellas. 

Ésta estructura de La Tortuga debía parecerse un poco al edificio II de Hormiguero, pues al rodear un poco vimos que había una hilera de habitaciones a los lados aunque debajo de la plataforma principal, a nivel del piso; debía haber existido una escalinata que llevara a la planta alta pero no quedaban rastros de ella. El edificio se extendía de norte a sur y en ese sentido fue nuestro recorrido; lo primero que vimos fue una parte del techo de la habitación baja que sobresalía de ese lado aunque casi en su totalidad era ahora solamente un montículo, notamos que los cuartos en ese costado habían sido construidos después que el cuerpo principal del edificio pues la bóveda se veía sobrepuesta al talud de la plataforma.
Pintura mural azul

Rodeamos todo el lado norte de la estructura hacia el lado contrario al que llegamos, parecía que por ahí era el acceso al edificio y subimos por la parte central que posiblemente era donde alguna vez estuvo la escalinata para ascender, aunque ahora era imposible decirlo por la gran destrucción que había en ésta sección, todo estaba cubierto de plantas y una gruesa capa de tierra que no dejaban ver ningún detalle.

Una vez arriba y sobre la gran plataforma, se veían claramente las dos torres y en sus costados que miraban al centro del edificio se veían los restos del techo de una sola habitación que conservaba gran parte de su muro trasero; ahí estaba el primer detalle extraño que nos llamó mucho la atención pues claramente se dibujaba una entrada que había sido completamente sellada, lo que nos hizo dudar de si el frente del edificio había sido por donde subimos o alguna vez estuvo del otro lado y llegaba a la puerta clausurada.
Muro con estuco y restos pictóricos

Eduardo se adelantó junto con Eli hacia la torre sur y nos llamó pocos segundos después; llegamos hasta donde estaban ellos, la elevación de ese lado mostraba gran parte de su muro externo en buenas condiciones, tanto que se veían los cuerpos que simulaban los taludes de un templo real, parecía que ahí llegaba la plataforma pues había una pendiente bastante pronunciada más atrás, pero a menos de un metro al sur de la pared de la torre se alzaba un muro calado que tenía lo que parecía un mascarón estilizado, éste era sin duda parte de una gran crestería que estaba sobre las habitaciones bajas del lado sur, por lo que quizá, si el edificio era simétrico, los primeros cuartos que vimos del lado norte también tuvieron un remate parecido, ésto era muy extraño pues no se parecía a ningún edificio del estilo que hubiéramos visto; Eli dijo que el sitio se llamaba La Tortuga porque en ésta parte se había encontrado una especie de escultura de dicho animal aunque ya no estaba ahí. Al parecer el edificio completo era una plataforma con habitaciones rematadas con cresterías a cada lado y en su parte superior un pequeño palacio tipo Río Bec con sus dos torres empinadísimas.
Habitación de las pinturas

Pasamos entre la torre y el muro calado y bajamos por lo que parecían ser los escombros de una habitación, desde ahí se podía apreciar muy bien las paredes perfectamente expuestas de esa parte de la estructura. Ernesto y yo estuvimos ahí un rato quitando ramas que estorbaban la vista y tomando fotografías mientras que Eduardo prosiguió con la inspección del lugar; nuevamente escuchamos su llamado emocionado y nos dirigimos a la parte más baja del lado sur, donde vimos restos de otra habitación que estaba detrás de la derrumbada, el muro entre ellas era el que sostenía la crestería. Aquí había estuco bien conservado aunque de un color muy grisáceo y mostraba algunos detalles decorativos; del lado pegado a la plataforma principal había una abertura y desde ahí pude ver que llevaba a una habitación con estuco completamente blanco, y Eduardo estaba ahí dentro.
Orificio cuadrado en la torre norte

Fui el último en pasar pues dejé todas mis cosas junto a la entrada y entonces mis compañeros me indicaron que mirara las paredes: justo a mi izquierda había una esquina pintada con una franja roja y en los muros del fondo había figuras en tonos azules, amarillos y también rojos, por desgracia había secciones de muro muy dañadas y ya no se podía distinguir exactamente lo que representaban los coloridos trazos. 

Para terminar de observar todo el edificio, salimos de ésta sorprendente habitación y rodeamos hacia el lado por el que llegamos pero que aún no habíamos observado de cerca; ahí había una pared vertical que parecía elevarse desde el suelo hasta las torres y el palacio central aunque todo lo que se apreciaba eran burdas rocas que formaban el relleno del edificio, ningún recubrimiento quedaba en su sitio. Por aquel lado no había ningún indicio de escalinatas y podíamos ver la misteriosa entrada cerrada muy por encima del nivel del suelo donde nos encontrábamos, yo me imaginé que si había habido escaleras ahí seguramente fueron simuladas, Eduardo en cambio sugirió que quizá había recintos bajo la rampa de subida que colapsaron y dejaron el aspecto que veíamos, era imposible decirlo sin un estudio profundo del lugar.
Vista del edificio desde la entrada de la habitación de las pinturas

Así llegamos a las primeras habitaciones que vimos en el lado norte, Eli y yo quisimos subir a la torre de ese lado, pues parecía ser más accesible que la otra, así que trepamos usando los árboles que crecían por todas partes como apoyo y ascendimos casi hasta la parte más alta, que estaba cubierta por gruesas ramas llenas de espinas.

Ahí, aunque había mucha destrucción, se podía distinguir un poco que el templo simulado superior seguía en su lugar a pesar de haber perdido todas sus piedras de recubrimiento pues se notaba la pequeña plataforma que lo sostenía (era donde estábamos parados) y las esbeltas paredes laterales. Incluso pude ver un orificio cuadrado que pasaba de lado a lado, desconozco para qué se usaban éstos conductos pero los había visto en las torres de Río Bec y de Mirador Chico.
Torre sur y crestería

Así terminamos el recorrido por éste sorprendente lugar, estábamos sumamente contentos por haber llegado e intrigados por las extrañas características del edificio. Emprendimos el regreso, con lo que la caminata llegó a los 30 km totales, una distancia bastante considerable en la selva. Sin embargo cada kilómetro lo intentábamos recorrer en el menor tiempo posible y terminamos caminando a un ritmo fuertísimo, lo cual nos dejó cansados y con la necesidad de estirar los músculos al llegar a 20 de noviembre para podernos mover luego de parar. 

Eli nos buscó quién nos llevara de regreso a Xpujil y ésta vez tuvimos mejor suerte que en la mañana, nos despedimos de nuestro guía y nos fuimos a cenar en el mismo lugar que las noches anteriores, a penas podíamos caminar por el dolor muscular pero al terminar Eduardo nos permitió bañarnos y dormir un poco en su habitación pues Ernesto y yo debíamos tomar el camión de regreso a la 1 de la mañana, supuestamente la corrida era a las 2 pero nos advirtieron que llegáramos antes pues podía adelantarse.
Ya entrando la madrugada nos despedimos de nuestro amigo que se quedaba algunos días más y penosamente (por los músculos agotados) caminamos hasta la terminal de camiones, ahí vimos un autobús de la marca TRT, misma que nos llevaría a Villahermosa. Nos sorprendió mucho que fuera nuestro autobús y nos alegramos por un momento de no tener que esperar, la felicidad duró muy poco... Subimos con nuestras cosas y nos dimos cuenta de que no quedaba ningún lugar libre, además de ello me molestó ver que muchos asientos estaban ocupados por niños muy pequeños que bien podían ser llevados en brazos de sus madres, quienes ni se inmutaron al ver que tendríamos que viajar de pie. El panorama era horrible: eran 7 horas hasta nuestro primer destino y estábamos sumamente cansados, sin embargo una hora después alguien bajó (era una corrida de segunda, que para en todas partes) y dejé que Ernesto se sentara. Yo aún permanecí de pie hasta una hora después, cuando arribamos a la ciudad de Escárcega y gran parte de los pasajeros bajaron.

A partir de ahí nos quedamos dormidos casi todo el camino hasta que llegamos a la terminal de Villahermosa; tuvimos que esperar 4 horas hasta la salida del otro autobús que nos llevaría al término del viaje aunque teníamos la fortuna de que el mismo paraba en Puebla; ahí Ernesto se quedaría, así que podíamos seguir conversando los momentos en que estuvimos despiertos. Al medio día salimos finalmente con rumbo al centro del país y todo parecía ir muy bien hasta que quedamos atrapados en el tráfico llegando a Córdoba, Veracruz. Ernesto llegó a Puebla a las 10 pm y yo arribé a la Ciudad de México pasando la media noche. Terminó así un viaje muy accidentado pero que acabó siendo muy interesante.

Únicamente me queda agradecer muchísimo a Neftalí, quien además de haber ayudado a organizar éste recorrido (y fue nuestro último trabajo juntos), me enseñó mucho durante el tiempo en que lo conocí, aunque nunca volveré a viajar físicamente con él, permanecerá en mi memoria siempre... por otro lado también agradezco a Fernando y Quintín, quienes hicieron un buen esfuerzo para lograr sacar adelante el recorrido en grupo, a pesar de nuestras diferencias en la ejecución del mismo; así como a las personas que asistieron, en especial a Adriana porque me ayudó a sobrellevar mi frustración con tantos problemas de viaje; a Ernesto, pues gracias a él y a su ayuda pude completar todo el viaje, además de que es un excelente compañero de exploración; finalmente a Eduardo, a Carlos Uc May y su novia Paola, pues por su intervención pudimos llegar a una buena parte de los sitios del final del recorrido sin problemas y a Adriana Velázquez Morlet por el permiso para accesar a Chakanbakán. Por otro lado también debo agradecer a nuestros guías Samuel Cahuich, Eli, don Wenceslao Hernández Lázaro, y el joven de Eugenio Castellot cuyo nombre se escapa a mi memoria, también a Reyes Estuardo de León, quien nos salvó en Yaxhá de una cruenta caminata y la destrucción de una mochila de turista... (jajaja)

miércoles, 21 de marzo de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 18. Hormiguero

Estructura II
Después de Dos Lagunas, regresamos en el taxi a Xpujil, pero seguimos de largo algunos kilómetros hacia el sur hasta el poblado de Eugenio Castellot II, donde comienza un camino que lleva hasta el sitio arqueológico de Hormiguero. Éste lugar está abierto al público y los tres ya lo habíamos visitado antes pero lo incluimos en el recorrido ya que es un sitio muy bello y poco frecuentado, algo que nos gusta bastante.

El camino ha sido pavimentado en parte aunque los últimos kilómetros siguen siendo de terracería y en época de lluvias se vuelven bastante difíciles de transitar en un automóvil o en taxi. No había llovido mucho en días pasados así que no tuvimos ningún problema para llegar; el taxista se quedó en el estacionamiento para esperarnos y nosotros pasamos a registrarnos en la caseta de ingreso; se puede accesar gratuitamente, lo cual sin embargo no ha revertido la poca afluencia turística que hay.
Estructura II

Desde antes de entrar al sitio ya se pueden observar montículos, incluso uno de ellos en la entrada tiene la típica forma de un palacio de estilo Río Bec, con torres en los extremos, aunque está totalmente derrumbado y se convirtió en un montículo con una silueta peculiar. 

A partir de la caseta de entrada comienza el sendero para llegar a los edificios de Hormiguero, recuerdo que la primera vez que estuve ahí la humedad hacía que pareciera que caminara sobre hielo y estuve cerca de caer varias veces; ahora era diferente, el ambiente estaba un poco cargado de agua pero el suelo estaba seco; avanzamos 100 o 150 metros y luego de rodear un pequeño montículo, llegamos al edificio principal del lugar: la estructura II.
Portada zoomorfa de la estructura II

Éste es un gran palacio de tipo Río Bec y también es uno de los más bellos que se conservan hasta ahora, descansa sobre una plataforma que tiene entre 2 y 3 metros de altura que al centro tiene una ancha escalinata que da acceso. Tiene dos torres con accesos falsos y algunos restos de un templo simulado en la cima de cada una, sin embargo no se encuentran exactamente en los extremos del edificio, flanquean los cuartos centrales que tienen una entrada con la portada zoomorfa más grande que haya visto, representa un gran monstruo que con las fauces abiertas rodea toda la gran puerta central que da acceso a un par de cuartos alineados que tuvieron una enorme bóveda que se conserva parcialmente. Hacia los lados externos de las torres había también dos pares de habitaciones que ahora ya no tienen techo, pero a ambos lados, en el rincón más oculto de los cuartos traseros, hay pasajes muy bajos que dan a cámaras internas, la del lado izquierdo incluso tiene un pasaje vertical que llega a otro espacio abovedado encima del primero. Abajo, rodeando la escalinata, había también cuartos de los que queda muy poco en pie y en la parte trasera había un pórtico con enormes columnas de las que no queda mucho.
Cámara interna en la estructura II

El cielo tenía unas bellas nubes delgadas, por lo que estuve un largo rato fotografiando el edificio, después de ello entré junto con Eduardo en los pasajes internos que conducen a las dos cámaras, una sobre la otra, del lado izquierdo de la estructura. Ahí estaba sumamente oscuro y una buena cantidad de murciélagos dormían, los cuales comenzaron a volar hacia afuera cuando entramos; para ingresar en la primera habitación había que pasar gateando por un pasillo muy bajo que daba vuelta hacia la izquierda y llegaba al recinto abovedado que permitía ponerse en pie, hasta el fondo estaba un conducto hacia arriba, tuvimos que trepar por las salientes de las piedras y llegamos a la segunda cámara, la cual era igual a la de abajo.

Una vez terminamos de recorrer éste edificio, caminamos unos cuantos metros y llegamos a otro que tiene una serie de cuartos alineados, una sola torre lo bordea del lado derecho de la fachada y ésta sostiene un templo real con un solo cuarto que está decorado con otra bella portada zoomorfa. Ésta es la estructura V y tenía una escalinata para llegar a lo alto de la "torre" aunque ahora ya no tiene escalones, por lo que hay que trepar por un costado para llegar hasta la cima. Alrededor de ésta estructura hay varios montículos y en ésta ocasión, cuando subí al templo pude ver que habían trabajos arqueológicos en dos edificios aledaños.
Estructura V

Luego de pasar un rato sentados enfrente del mascarón zoomorfo de la estructura V, bajé para ver lo que se estaba excavando en el sitio. La vez anterior me había adentrado en la selva y encontré restos de palacios e incluso un pasaje interno que descendía a las entrañas de un gran montículo. Ahora pude ver que se estaba explorando un templo de tipo Río Bec de reducido tamaño, tan sólo parecía tener un par de habitaciones con sus dos torres mucho más pequeñas que las de la estructura II en cada costado. El terreno se encontraba marcado con estacas, claramente estaba en proceso la excavación, aunque por la fecha (1 de enero), seguramente los trabajadores estaban de vacaciones. Unos metros adelante estaba una plataforma recién terminada de restaurar, la cual sostenía un solo cuarto que no tenía ya techo, pero las paredes habían sido restituidas en su lugar.
Palacio con trabajos en proceso.

Debido a que habíamos ido a aquel sitio para relajarnos y pasar un rato tranquilo, ésta vez no volví a meterme a la selva para buscar edificios, Hormiguero era mucho más extenso que lo que se puede apreciar abierto al público; todo alrededor está cubierto de montículos, algunos de buen tamaño y muy interesantes como el mencionado de la escalinata interna, en el cual caí por uno de sus taludes cuando subí en el 2014, aunque sin ninguna consecuencia, afortunadamente.

Estuvimos un rato sentados contemplando la belleza del lugar y finalmente regresamos al taxi, emprendimos el retorno a Xpujil y de ahí pasamos a la terminal de autobuses pues Ernesto y yo íbamos a comprar nuestro boleto de regreso a la ciudad, aunque mi compañero se quedaría unos días más en Puebla y Eduardo permanecería en Chetumal.
Edificio recién excavado

Tuvimos problemas pues nos tomó por sorpresa que había gran cantidad de gente en el poblado, no había pasaje directo ni a Puebla ni a la Ciudad de México hasta varios días más tarde, entonces tuvimos que conformarnos con tomar un autobús de segunda a Villahermosa y transbordar ahí al que nos llevara de regreso. No teníamos suficiente efectivo, por lo que Eduardo nos prestó dinero y tuvimos que ir a un cajero automático en el centro del lugar para pagarle. Ahí nos encontramos con los policías que habíamos visto cuando visitamos Río Bec, nos reconocieron y platicamos un poco con ellos, enterándonos que una de sus misiones era evitar el saqueo de sitios arqueológicos, cosa que no esperábamos escuchar pero que es una buena señal de que se comienza a cuidar mejor la gran riqueza cultural del área en la que nos encontrábamos.

Portada zoomorfa de la estructura V
Después de eso fuimos a bañarnos a nuestros respectivos hoteles y más tarde nos juntamos nuevamente a cenar en el restaurante del día anterior, otra vez cenamos muy bien, aunque a mí me tardaron en servir bastante y ya el hambre me estaba torturando. Fue el último día que pagamos con montones de monedas, pues ya se estaban terminando. Al finalizar la cena, nos fuimos a dormir, el siguiente día cerraríamos el viaje con el recorrido más largo y extraordinario de todos los que hicimos en ésta ocasión.