miércoles, 21 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 10. Mirador Chico

Torre de Mirador Chico entre la maleza
Antes de irnos a dormir cuando dejamos a Adriana tomando un taxi rumbo a Chetumal, nos contactamos con Carlos Uc May, quien nos alcanzaría en Xpujil al día siguiente, por lo que al levantarnos esperamos un poco su llegada.

Yo sabía de Carlos por tenerlo de contacto en facebook, pero al igual que Ernesto no lo había conocido en persona, a pesar de ello nos reconocimos fácilmente cuando bajó de su auto frente a nuestro hotel, con él estaba su novia Paola y nos dirigimos a desayunar empanadas en el lugar donde cenamos la noche anterior.

Luego de platicar un poco, armamos un recorrido para el día, pues no teníamos un plan anteriormente. El primer punto a visitar estaba a penas a 3 o 4 kilómetros de donde nos encontrábamos, por lo que llegar ahí luego de cargar gasolina, comprar agua y algunas galletas fue muy rápido.
Pared de la torre

Comparado con otros amigos que visitan sitios, Carlos lleva poco tiempo desde que comenzó sus recorridos, además de que es ligeramente más jóven que yo; no obstante su ritmo es altísimo y en poco tiempo llegó a más de 100 en su cuenta personal, además conoce bastante bien la región en la que nos encontrábamos y gracias a sus datos pudimos llegar a algunos puntos del viaje que teníamos contemplados pero sin saber su ubicación precisa previamente. Además nos propuso visitar Mirador Chico, un lugar del que no teníamos ninguna noticia y ya que había intentado llegar ahí antes, tenía mucha idea de como encontrarlo. Más tarde buscando información me enteré de que éste sitio también fue llamado en algún momento microondas, por haber estado cerca de una antena de aquel tipo.
Entrada al pasaje interior de la torre

El acceso donde dejamos el carro está en un punto peligroso de la carretera, pero entramos sin problemas a pesar de que también es algo inclinado; de ahí llegamos caminando a una pequeña planicie totalmente cubierta de plantas. Por fortuna Carlos traía un buen machete y me prestó una lima que pudo mejorar el filo del mío, por lo que pudimos pasar aunque con bastante trabajo.

Nos tomó quizá media hora cruzar aquel campo. Al llegar a la parte más elevada de una suave pendiente nos percatamos de que estábamos sobre algunos montículos bajos, claramente se apreciaban las piedras de relleno, por lo que quizá era un área habitacional, frente a nosotros había un manchón de árboles y a la izquierda se veía un pequeño cerrito del que sospeché en un principio pero no estábamos lo suficientemente cerca como para verificar si era natural o no.

Entramos al área de selva y nuestro paso se complicó por la cantidad de vegetación. Carlos marcaba el rumbo con su GPS y tuvimos que corregir dos o tres veces; de pronto nos detuvimos para verificar la dirección, miré al mismo cerrito que se divisaba más atrás, que ahora era visible porque salimos del manchón vegetal y de inmediato reconocí una gran pared que era indudablemente artificial, por ello nos alegramos mucho y tomamos un camino recto hacia ahí, cortando con nuestros machetes la vegetación que tenía una altura de aproximadamente 2 metros o más en partes.
Torre de Mirador Chico

Así llegamos a la orilla de la edificación, era sumamente inclinada y no parecía que tuviera otros restos a su alrededor, por lo que en un principio pensamos que era un basamento piramidal con unos 5 o 6 metros de altura, sin embargo nos costó tanto subir que comenzamos a pensar que era una torre del estilo Río Bec, pues una gran pared parecía indicar que era así. Para poder apreciar mejor rodeamos un poco la estructura con gran peligro de rodar hacia la base, que ya estaba 2 o 3 metros debajo de nosotros, era muy difícil pisar en las pocas salientes que encontrábamos y teníamos que sostenernos de los troncos de árboles que nacían del edificio, aunque en su mayoría fueran delgados y no ofrecieran gran seguridad. Fue imposible rodear por ahí la estructura, pues había una sección muy lisa y sin troncos, así que tuvimos que regresar al costado por el que subimos en un principio y continuar el ascenso por aquel lado.
Cámara dentro de la torre

Un poco más arriba y alrededor de dos metros debajo de la cima nos encontramos con una apertura en el muro y de inmediato reconocimos uno de aquellos pasajes que son comunes en las torres Río Bec, por lo que confirmamos con ello que ésta era una de aquellas peculiares estructuras. Para entonces únicamente había visto éste tipo de conductos en Xpuhil, Hormiguero y el que ya fue clausurado en el grupo A de Río Bec, estaba bastante limpio el paso así que me sorprendió bastante ver algo así en un sitio tan perdido como éste; se trata de un pasillo con a penas un metro de ancho y quizá metro y medio de altura con una pequeña bóveda falsa seccionada conforme iba bajando, tenía una escalera pequeñita que bajaba tres o cuatro escalones y daba a una abertura que tendría menos de un metro de altura pero que continuaba dentro del edificio; desde su entrada solo se apreciaba hasta ahí y una abertura a la izquierda que salía en otro costado de la torre. De inmediato me animé a pasar el estrecho conducto, le pedí a Ernesto que me prestara su regla y con ella estuve revolviendo las hojas secas que cubrían el suelo para asegurar no encontrarme con víboras o con otros animales dañinos, dejé mi mochila en la entrada y pasé por el pasillo casi a pechotierra, a mi izquierda pude ver de cerca la abertura que ya he mencionado y al frente habían nuevamente escaleras hacia arriba, prácticamente simétricas a las del otro lado.

Escalinata interna
Ahí el techo volvía a tomar altura suficiente para ponerme en pie y al hacerlo volaron varios murciélagos, algunos rozándome con sus delgadas alas. No necesitaba una linterna pues desde arriba me llegaba luz aunque aún no podía ver de dónde provenía y así subí los escalones de aquél lado hasta que topé con un muro que me impedía seguir unos metros más adelante, a mi izquierda caían las largas raíces de algún árbol en el exterior y al alzar la cabeza pude ver que dos metros arriba de mí estaba el piso de pequeña cámara que estuvo cerrada, pero ya no había escalones para subir y no encontré ningún punto seguro para trepar por lo que decidí no entrar ahí, además de que podía ver prácticamente toda la extensión de la reducida habitación. Era casi un cubo con techo en bóveda falsa, había varios murciélagos colgando del techo y en una esquina tenía una gran grieta que era por donde el sol pasaba y me permitía ver en el pasaje donde estaba.

Al estar ahí parado, noté que había una corriente de aire fresco que contrastaba con el calor en el resto del conducto, ésto era porque había un pequeño hueco cuadrado que llegaba al exterior, al parecer hecho a propósito, como también pude ver en otras torres del estilo de ésta. Desde ahí regresé a la única salida por la que se podía pasar, que era la misma entrada, Ernesto y Carlos me preguntaron por lo que había encontrado pero no se animaron a pasar. 
Cima de la torre

Todavía le di la vuelta a la estructura y subí hasta su cima, ahí pude apreciar lo que fue el arranque del templo simulado que coronaba la torre y donde comenzaba la escalinata impracticable que llegaba hasta él. De inmediato me llamó la atención no ver restos de estructuras alrededor, por lo que no parecía haber un palacio ni una torre gemela a ésta, aunque un manchón de árboles podía cubrir restos de algunas habitaciones que no observé por lo cerrado de la vegetación, sin embargo lo que si era casi seguro era la ausencia de otra torre, por lo que el edificio era muy peculiar, únicamente sé de otra estructura así en Nicolás Bravo.

Salimos muy satisfechos con lo que pudimos apreciar en el sitio, no teníamos idea de lo que encontraríamos. La salida fue difícil y perdimos el rumbo pero finalmente dimos con el camino que abrimos para llegar y nos dirigimos a Chakanbakán, un sitio para el cual conseguí un permiso del centro Inah Quintana Roo, gracias a su directora, la arqueóloga Adriana Velázquez, pero como el lugar está en investigación no hablaré de él hasta que el proyecto arqueológico en el lugar termine. 

sábado, 17 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 9. Kajtún y El Ramonal

Montículo en Kajtún
Al salir de Río Bec, nuestro guía Samuel me dijo que podía llevarnos a otro sitio que tenía estelas, de inmediato supe que se refería a Kajtún, que a diferencia de los grupos del sitio que acabábamos de dejar al parecer fue construido de la forma convencional por un gobernante que contaba con una gran fuerza de trabajo y es un lugar más antiguo que lo demás que se encuentra en el área. Sin dudar le pedimos que nos mostrara el sitio y entonces seguimos el camino de regreso hasta que nos detuvimos junto a un pequeño sendero que se adentraba en la selva. 

Un poco antes, cuando salíamos de Río Bec, nos encontramos con jeep que era una patrulla con policías, lo que nos pareció muy extraño en aquel lugar tan apartado, pero nos saludaron amistosamente y más tarde, al encontrarlos de nueva cuenta en el poblado de Xpujil, supimos que una de sus funciones es evitar el saqueo de sitios arqueológicos, lo que nos pareció muy bien.
Estela en Kajtún

Volviendo a nuestro camino, Samuel no conocía Kajtún, el lugar fue descubierto originalmente por un chiclero a quien llaman Eli y que más tarde fue nuestro guía en otro lugar, él se lo había mostrado a Ezequiel y a su vez éste último había instruído a su hermano para poder llegar, aunque no aseguraba que encontráramos las estelas grabadas que se encuentran ahí, por lo que íbamos con la idea de buscarlas lo mejor que pudiéramos en la selva.

Sólo habíamos caminado unos cuantos metros cuando vimos montículos de buen tamaño que parecían haber sido templos piramidales, y luego de subir a una plataforma rodeada por algunos de ellos, dimos de frente con un monumento tirado en el suelo que tenía árboles creciendo sobre y alrededor de él, sus glifos laterales sin embargo estaban muy claros a pesar de estar cubiertos de musgo fino.

Estela en Kajtún
Al ver ésta piedra inscrita, Adriana dió un grito de sorpresa, Ernesto y yo permanecimos en silencio, pero igualmente estábamos emocionados de encontrarnos algo así entre tanta vegetación. Luego de tomar fotografías comenzamos la búsqueda del resto de monumentos. Comenzamos a avanzar por el sitio, pasando junto a una buena cantidad de montículos y cruzando algunas plazas, Samuel iba al frente buscando pero yo también colaboré metiéndome a la selva en los puntos donde se veían plazas rodeadas de edificios, pues éstas son los lugares donde suelen estar las estelas, les pedía en cada incursión a mis compañeros que aguardaran en el sendero y estuvieran atentos para que me orientaran si perdía la dirección, aunque ésto no fue necesario. Cruzamos tal vez casi todo el sitio y no encontrábamos nada más que montículos, de pronto vimos uno más alto que los demás y supimos que era la estructura principal, del otro lado Samuel nos llamó pues frente a lo que fue su escalinata y que ahora era únicamente un montón de piedras se encontraban otras 3 o 4 estelas.
Estela 1 de Kajtún

Ahí pudimos ver que todas estaban muy dañadas y no se podía apreciar nada de sus grabados, exceptuando la principal, que estaba en pie frente al montículo y que en la base de una de sus caras parecía mostrar un monstruo de la tierra, aunque muy erosionado; sin embargo en sus costados tenía hileras dobles de glifos muy bien conservados  e incluso pude apreciar un glifo emblema en la parte baja, lo que definitivamente indica que en Kajtún hubo un gobernante con el poder sufieciente para levantar edificios de mayor tamaño que los grupos reducidos de Río Bec, además de perpetuar su nombre en piedra, cosa que no ocurrió con sus vecinos.

Nuevamente nos ocupamos en fotografiar éstos monumentos y finalmente regresamos a la camioneta sumamente satisfechos, yo le pedí a Samuel que nos llevara a algún otro lugar en el camino de regreso y ofreció pasar a El Ramonal, el cual yo ya había visitado en el 2014 pero que mis compañeros no conocían, así que lo aceptamos y hacia ahí nos dirigimos.

El Ramonal se encuentra muy cerca de 20 de noviembre, por lo que prácticamente estábamos ya de regreso cuando nos desviamos para llegar ahí, incluso la vez que yo lo visité antes caminé muy poco tiempo para llegar.
Pared trasera de un edificio de El Ramonal

Ahí nos encontramos con una enorme pared trasera de un edificio, éste muro tiene solamente una orilla de columnillas como decoración, todo alrededor de él estaba cubierto completamente de vegetación, aunque menos crecida que cuando estuve ahí antes. Unos metros más adelante y formando un ángulo de 90 grados con ésta pared, se encuentra otro edificio del que también se puede observar el muro trasero, pero éste tiene más ornamentos, entre los que destacan motivos en forma de cruz, que nos recordaban al logo de cierta marca de automóviles y bromeamos bastante por ello.

Luego de contemplar el edificio y de tomar fotografías, subimos a una plataforma detrás de él por uno de sus costados, así llegamos a una plaza que en dos de sus lados está delimitada por las estructuras que vimos desde el otro lado.
Segundo edificio de El Ramonal

El frente de éstos edificios al parecer era muy parecido, con dos habitaciones, una detrás de otra, aunque sus fachadas están totalmente caidas y sólo se pueden apreciar restos de los techos de dichos cuartos. En los lados restantes de la plaza hay otros edificios que también están muy destruidos pero de los que no quedan visibles tampoco los muros traseros como los primeros que vimos. 

Más tarde supe de Eduardo que El Ramonal tiene otros grupos en los campos cercanos, incluso uno de ellos conserva una estela, sin embargo en éste viaje no tuvimos la oportunidad de conocerlos.

Así regresamos a 20 de Noviembre y ahí recogimos nuestras cosas, pues aquella misma tarde Adriana debía regresar a Chetumal para hospedarse ahí y tomar un vuelo a la ciudad de México en la mañana, pues al día siguiente estaría en una boda y no podía faltar.
Estructura destruida en El Ramonal

Yo aún tenía algo de malestar en el estómago, por lo que me tendí en una hamaca que era de nuestro anfitrión Ezequiel, esperábamos algún taxi que llegara al poblado para tomarlo e ir a Xpujil pero ninguno llegaba, Adriana estaba impaciente aunque yo no quería ni moverme. Después de una hora decidí ir con Ernesto a la carretera, distante 6 km para tener mejor posibilidad de encontrar transporte, pero eso no pasó pues una familia con su camioneta pasó y aceptaron llevarnos.

En Xpujil fuimos a comer empanadas que Carlos Uc May, conocido de internet de nosotros pero no en persona hasta ese momento, le había recomendado a Adriana; luego de ello fuimos a acompañarla a tomar un taxi, ella llegó a la capital de Quintana Roo y el mismo Carlos que ahí vive, la llevó a buscar hotel. Mientras tanto Ernesto y yo nos hospedamos en el hotel Calakmul y ahí fuimos a descansar para continuar con el viaje al día siguiente.


 

miércoles, 14 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 8. Río Bec

Estructura 5N-1, Grupo A
Por la mañana Ezequiel pasó a decirnos que todo estaba listo para la visita del día y nos presentó a su hermano Samuel Cahuich, quien nos serviría de guía para ir a Río Bec, un importante sitio que da nombre a una región entera y que Adriana, Ernesto y yo deseábamos bastante recorrer puesto que era el plato fuerte del viaje para los días en que estuviéramos ya solos y el único para el cuál hicimos preparativos antes de salir. Yo estuve mandando correos para conseguir una camioneta y un guía para que tuviéramos la oportunidad de recorrer otros sitios además de él durante el día.

La camioneta era de las que tienen la caja abierta, así que Adriana subió a la cabina junto con Samuel, detrás íbamos Ernesto y yo en unas sillas que nos pusieron en la para ir más cómodos, habían machetes y una motosierra por si encontrábamos árboles caidos en el camino de terracería, pero por suerte no los requerimos.
Detalle de la decoración de la estructura 5N-1 del grupo A

Algo del día anterior nos cayó mal a Ernesto y a mí, por lo que íbamos con dolor de estómago y a mí me duró bastante tiempo; decíamos que era culpa de unas cervezas que compró Adriana aunque pudieron haber sido los panuchos o la combinación de ambos. Sin embargo el dolor no impidió que desfrutáramos todo el recorrido y la visita al sitio, pues llenó todas nuestras expectativas.

Después de recorrer 16 kilómetros en los que hubo varias desviaciones, Samuel nos preguntó si queríamos visitar el sitio siguiendo el orden alfabético, pues a pesar de que hay una infinidad de grupos arquitectónicos, iríamos a los que están designados de la A a la D y nosotros aceptamos hacerlo de esa manera, por lo que nos dirigimos al primero de ellos, el cual estaba un poco más alejado que el resto y sobre un camino diferente.
Lado trasero de la estructura 5N-1

Las estructuras de Río Bec tienen nombres como 5N-1, 6N-1, 6N-2 o 7N-1; yo no sabía en aquel momento el motivo de ello pero más tarde pude ver un mapa y me percaté que la zona fue dividida en cuadrantes cuyas coordenadas son letras para la longitud y números para la latitud, por lo que 5N, 6N y 7N son áreas alineadas de norte a sur y el número que sigue al guión es el que se le asignó a los edificios específicos según se descubrieron o siguiendo su jerarquía. Aclarado ésto, la estructura visible del grupo A es la 5N-1, por lo que podemos darnos cuenta de que comenzamos en el cuadrángulo más al norte de los 3 que he nombrado y que son en los que se encuentran los grupos que visitamos.
Estructura 6N-1, grupo B

La 5N-1 es la mayor estructura que vimos en todo el recorrido y se compone de un gran palacio que en sus extremos tiene las dos torres que caracterizan el estilo arquitectónico que lleva el nombre de Río Bec; éstas son macizas, con escalinatas que no se pueden subir por lo pequeños que son los escalones y templos simulados que no poseen ninguna habitación sino tan solo huecos que aparentan ser puertas. En los muros frontales posee páneles con decoraciones geométricas y al centro de su parte trasera hay un basamento piramidal que llega a la misma altura que las torres frontales, pero queda oculto por los cuartos del frente y se cree que era para ceremonias privadas. Es tal la cantidad de grupos dispersos en el lugar sin una planeación aparente que se cree que éstos conjuntos los construyeron grupos pequeños o familiares, a diferencia de otros sitios mayas donde un gobernante mandaba a su pueblo a erigir grandes templos.
Torre en la estructura 6N-1

En una de las torres de este gran palacio había un pasaje interno que llevaba a su cumbre, sin embargo fue clausurado recientemente por los arqueólogos que han trabajado en el sitio (principalmente franceses), así que sólo pudimos apreciar el hueco en el que se encuentra, recorrimos las habitaciones y terminamos de apreciar el edificio rodeándolo y subiendo al basamento trasero; desde aquí no hay un gran panorama de la selva pues ningún edificio de Río Bec es más alto que los árboles circundantes, pero a pesar de la ausencia de edificios voluminosos es un lugar sumamente interesante.

Subimos de nueva cuenta a la camioneta y tomamos otra desviación hacia el sur para llegar al grupo B, poco después vimos un edificio a nuestra izquierda y restos de otros a la derecha, paramos y frente a nosotros se asomaba entre la selva la estructura más bella de Río Bec: la 6N-1, la cual incluso estuvo perdida para los arqueólogos por más de medio siglo pero que ahora se puede apreciar casi en el mismo estado en que se encontró y es el prototipo de las construcciones de su estilo. Aún se puede ver la doble crestería que corona sus habitaciones, páneles decorados con cuadros y columnillas en relieve a los lados de la entrada frontal y de las otras dos puertas que tiene en cada costado, la gran pared sin entradas que delimita su parte trasera y sobre todo ello las hermosas torres que flanquean su fachada, las cuales sobresalen sobre el techo; tienen escalinatas impracticables que muestran un mascarón pequeñito sobre los últimos peldaños; finalmente los dos templos simulados que en sus costados tienen decorados en forma de cruces, la puerta falsa y sobre ella un rostro hecho en mosaico de piedra; además dichos templos falsos tienen doble vista, pues la parte de atrás muestra los mismos detalles.
Costado de la estructura 6N-1

Mis compañeros estuvieron observando cada detalle de éste edificio; yo estuve más activo, pues también me di tiempo de ir a ver los demás que se encontraban cerca y que pertenecen también al grupo B. Primero le dí toda la vuelta al 6N-1, entrando a sus habitaciones, examinando los detalles de sus decoraciones y sobre todo de las torres, además de notar que varios cuartos tenían banquetas muy altas y nichos en sus paredes. Después caminé unos metros a la derecha y me encontré con los restos de la estructura 6N-2, que posiblemente fue muy parecida a la primera, pues sus plantas se parecen mucho, pero de ésta solamente quedan arranques de muros y algunos detalles como las banquetas que había en sus habitaciones traseras.
Estructura principal del grupo C

Un poco más atrás estaba la estructura 6N-4, la cual es una pequeña habitación rectangular sin detalles en lo que queda de sus muros; siguiendo el camino por el que llegamos me encontré con el primer edificio que vimos, que era también una habitación, aunque más grande y con algunos restos de columnillas decorativas, ésta era la 6N-5 y detrás de ella se encontraba la 6N-6, otro cuarto pequeño. Regresé a la 6N-1, donde mis compañeros seguían y por un rato el dolor en el estómago fue intenso, por lo que me tiré al suelo y estuve ahí acostado algunos minutos, sin embargo la sensación no era del todo desagradable, pues tenía frente a mí la mejor vista de aquel edificio que no podía dejar de mirar, comparado con otros que he visitado era muy pequeño, pero sin embargo es uno de los más memorables y que seguramente jamás olvidaré mientras viva, y seguramente volveré a estar ahí alguna vez.
Estructura 7N-1 en el grupo D

Desde ese punto caminamos un poco hasta encontrarnos con un montículo de buen tamaño y bastante largo, estaba rodeado de otras estructuras derrumbadas y finalmente llegamos a un extremo que aún estaba en pie aunque era solamente un muro que tenía grandes columnillas decorativas, las cuales eran más anchas que las que he visto en otros lugares. No conozco la nomenclatura de aquel edificio, sin embargo sé que es el principal del grupo C. 

Finalmente regresamos al grupo B y tomamos otro camino que nos llevó hasta una plaza rodeada de edificios que mostraban parte de sus muros aunque todos los techos estaban caidos, el principal de ellos está sobre una plataforma con dos cuerpos y tiene una escalinata de acceso en el centro, únicamente tiene un recinto con dos habitaciones, una detrás de otra y su puerta a los lados tiene unos bellos páneles adornados geométricamente. Éste es el grupo D y la estructura principal es la 7N-1, ahí terminamos el recorrido por los cuatro conjuntos que visitamos, pero aún nos faltaba visitar otros dos interesantes sitios en el camino de vuelta, uno de ellos nuevo para mí...

domingo, 11 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 7. Dzibanché y Nicolás Bravo

Templo de los dinteles
El último día que estuve con el grupo salimos un poco tarde por aprovechar el desayuno gratis que teníamos en el hostal, pero nuevamente se acumularon retrazos pues nos detuvimos cerca de un banco para que varios del grupo pudieran sacar dinero; cierto es que yo le dejé la dirección del grupo a Quintín y ya iba como un pasajero más, pues estaba bastante desgastado y el día anterior él no había estado; por otro lado Fernando no salió con nosotros, quedándose en Chetumal; Quintín decidió que fuéramos a dejar a una de las chicas a la terminal de autobuses pues debía regresar a la ciudad, sin embargo fuimos a dar al aeropuerto y tuvimos que regresar un poco, después estuvimos esperando un rato pues el padre de la chica la fue a dejar, pero regresaría al autobús para seguir el recorrido. Así salimos rumbo a Dzibanché, pero nuevamente dimos un rodeo pues el autobús tomó el rumbo de Bacalar cuando había que ir hacia Escárcega.
Estructura en la plaza Gann

Finalmente dimos vuelta en la desviación hacia el pueblo de Morocoy y ahí Quintín, quien ha trabajado arqueológicamente en el sitio y los alrededores, bajó a buscar a un señor conocido suyo cuyo nombre se me ha olvidado, que conocía muy bien el lugar y había participado en muchas temporadas de campo pero no lo encontró, por lo que continuamos hacia la entrada de Dzibanché. Éste sitio es enorme y muy importante, estaba conformado por varios grupos de edificios distintos que se encontraban dispersos, los principales son el Dzibanché (donde nos dirigíamos), Kinichná (también abierto al público), Lamay y Tutil. 

Cuando estábamos en la entrada del sitio, el señor que Quintín había ido a buscar nos alcanzó en su camioneta y se ofreció para dar la guía del lugar. Viendo ésto y que el día anterior guié solo en Xunantunich, me sentí libre de recorrer el sitio adelantándome para que no hubiera mucha gente en las fotos, así que me separé del grupo y únicamente Adriana me acompañó pues Ernesto se había quedado en Chetumal para ir a los sitios de Limones, Chacchoben y Oxtankah.
Restos de mascarón en el edificio de los cautivos

Éste lugar lo había querido recorrer desde hacía mucho tiempo, por lo que por fín llegar ahí me puso muy contento; llegamos primero frente al edificio de los dinteles, que fue el que le dio el nombre al lugar, pues Dzibanché significa "escritura en madera" precisamente porque un dintel de chicozapote de ésta estructura tenía una inscripción jeroglífica.

Subimos a la cima de ésta estructura y pude ver que sus cuerpos parecen tener influencia teotihuacana, pues tienen el típico talud-tablero con que se construía en la gran metrópoli del centro de México. También cabe señalar que se cree que en Dzibanché estuvo instalada la importante y poderosa dinastía Kaan (cabeza de serpiente), quienes derrotaron a Tikal a mediados del clásico y que más tarde se mudaron a Calakmul.
Templo de los Cormoranes

Bajamos de éste templo y nos dirigimos a la plaza Gann, nombrada así en honor al descubridor del lugar, el médico Tomas Gann, quien recorrió la zona y gran parte de Belice a inicios del siglo XX. 

En ésta parte del sitio hay una serie de edificios bajos, sin embargo es muy importante pues en uno de ellos se encontró una escalinata jeroglífica que representaba varios cautivos atados y entre las inscripciones se pudo identificar el glifo emblema de los Kanul, lo que confirmó la presencia de la dinastía en Dzibanché. En éste mismo edificio pudimos ver los restos de un mascarón de estuco, aunque muy deteriorado. A los lados hay plataformas que al parecer tenían arriba construcciones palaciegas y del otro lado de la plaza se encuentra el gran templo de los cormoranes, que se llama así por un vaso que se encontró que tenía pintadas aves de ése tipo. 
Costado del templo de los cormoranes

Éste edificio es bastante alto y su arquitectura es peculiar, pues tiene tres arcos que sobresalen en su escalinata de acceso, la cual es muy alta; los cuerpos están construidos en talud-tablero y en uno de sus costados tiene restos de un gran friso estucado y con color que cubría todo el edificio; lo que da una idea de la belleza y complejidad iconográfica que debió haber tenido en sus tiempos de esplendor.

Estuve tomando varias fotos en ésta plaza e incluso el grupo nos alcanzó, aunque nuevamente nos separamos yendo hacia la plaza central o Xibalbá, la cual se encuentra detrás del templo de los cormoranes. Ahí de inmediato pude ver el edificio más famoso del sitio: el llamado templo del Búho, que si no me equivoco tomó su nombre de un plato que ahí se encontró. Dentro de su estructura se encontró una tumba que tenía una escalinata interna que llevaba a ella, lo cual es muy parecido a su contraparte más famosa construida por Pakal en Palenque.
Templo del Búho

Ahí podíamos subir también, así que sin dudarlo ascendimos a la cima. El cielo estaba cargado de nubes pintorescas que hacían que el panorama fuera sumamente bello, nuevamente estaba en un sitio arqueológico cubierto por un cielo hermoso, como ya se había hecho costumbre en otros lugares como La Quemada, Tehuacán Viejo o Ciudad Vieja.

Descendimos a la plaza cuando el grupo nos alcanzaba, pero por tercera vez los dejamos atrás cuando fuimos a la plaza detrás de éste último templo, ahí se encuentra la acrópolis del sitio pero está cerrada al público, por lo que no pudimos subir y únicamente rodeamos la plataforma sobre la cual se ubica. Cuando ya íbamos a dirigirnos a la salida, escuchamos que el señor que iba guiando había conseguido permiso para que pasáramos a la plaza Pom, la cual está en un costado de la dicha acrópolis, así que nos juntamos nuevamente con los demás para ir a ver.
Vista desde el templo del Búho

Ésta plaza es más pequeña que las demás y está rodeada de edificios residenciales con una maraña de habitaciones, una de ellas con restos de decoración pintada en estuco; cuando estábamos ahí unos cuantos monos aulladores estuvieron en un árbol sobre nosotros, por lo que pasamos un rato fotografiándolos mientras se balanceaban de una rama a otra.

Así terminó el recorrido por el grupo Dzibanché, por lo que regresamos a la entrada pasando por detrás del templo de los dinteles. 

Volvimos a subir al autobús y nos dirigimos al grupo Kinichná, distante pocos km de donde estábamos, yo quería ver el grupo Lamay, que se encuentra a un lado del camino al pasar, pero me equivoqué de lado en el asiento y a penas alcancé a dar un pequeño vistazo a aquél conjunto, que está muy cubierto de árboles, pero se distinguen algunas paredes de edificios.
Edificios de la plaza Pom

Cuando llegamos a Kinichná, nuevamente hicimos lo mismo que en Dzibanché; Adriana y yo nos adelantamos al grupo y nos encontramos rápidamente frente a la enorme base de la acrópolis que es el único edificio que se puede visitar en ésta área. 

En la parte baja hay una escalinata muy ancha que tiene escalones altos y gruesos, por lo que es cansado subir, en la parte más alta se encuentra el templo superior, junto con dos pequeños templitos a cada lado que miran hacia el centro, un poco más abajo se forma una explanada que al centro tiene el conjunto más alto y también a cada lado hay plataformas que soportan cada una un templo más grande que los laterales altos pero más pequeño que el superior y al igual que éste último miran hacia el frente del edificio.
Acrópolis de Kinichná

Subimos recorriendo cada nivel de la estructura, el cielo seguía espectacular, por lo que me deleité tomando fotografías; éste edificio era el que más quería visitar en la zona, por lo que en el fondo me encontraba sumamente contento, así llegamos hasta el templo superior y lo rodeamos para ver en su pared trasera una figura de estuco que ahora está ya muy dañada pero que representaba al dios solar K'inich Ahau, lo que dio nombre a éste conjunto arquitectónico, que significa "casa del sol".

Luego de ésta visita, bajamos y pudimos ver que a los lados de la base del edificio también existieron dos grandes mascarones pero ahora es poco lo que se puede apreciar de ellos. Ahí terminamos con la visita del sitio, el itinerario decía que aquél día también iríamos a Kohunlich y Quintín tenía la idea de ir, pero como de costumbre todo fue muy lento y eso no fue posible, era ya bastante tarde para ello y decidimos mejor ir a comer al cercano poblado de Nicolás Bravo.
Vista desde la acrópolis de Kinichná

No tardamos mucho en llegar a destino, pero si tuvimos algunos problemas para encontrar donde comer, pues un lugar donde vendían pollo ya no tenía suficiente para el grupo, después encontramos otra pequeña fonda que servía caldos y tamales, consultamos al grupo y aceptaron aquel menú, por lo que luego de comprar el poco pollo que quedaba, se dirigieron al segundo lugar.

Mientras ésto sucedía, Adriana y yo aprovechamos para caminar unas pocas cuadras y conocer una estructura maya que se encuentra dentro del poblado: se trata de un edificio tipo Río Bec, bastante cubierto de vegetación y rodeado por una malla metálica, pero aún se pueden apreciar las paredes de dos torres que flanquean a una serie de habitaciones colapsadas, de las que quedan solamente los muros traseros. 
Base de la acrópolis de Kinichná

En los alrededores hay muchas más estructuras pero no las visitamos aquel día pues esperábamos a Ernesto, así que alcanzamos a los demás para comer, Fernando había llegado también; al terminar fuimos al autobús por nuestras cosas y para despedirnos; Adriana y yo habíamos de quedarnos ahí, pues seguiríamos nuestro recorrido con Ernesto mientras que el resto del grupo pasaba los días restantes en la laguna de Bacalar y en la playa de Mahahual; ahí ya no se requería de un guía para los sitios arqueológicos, así que antes de comenzar el recorrido ya estaba decidido que en éste punto nos separaríamos. Así terminaba de mi parte aquel viaje en grupo que tantos meses antes habíamos imaginado Neftalí, Fernando y yo, por un momento tuve sentimientos encontrados, se logró hacer el trayecto aún con todos los problemas que pasamos y la ausencia de Nefta, Fernando hizo un buen trabajo con la logística del transporte y los hoteles y junto con Quintín también lograron juntar suficiente gente, gracias a lo cual seguimos adelante, pero por otro lado un itinerario que era perfectamente realizable que diseñé con Neftalí pensando en no ser muy cargado no se había cumplido para nada por los motivos más diversos.
Estructura maya en Nicolás Bravo

Ningún día se había completado, en Palenque no fuimos al museo, la pifia de Yaxchilán con los costros extra en Bonampak, una visita apresuradísima en Aguateca, la mitad del grupo no conoció Yaxhá y los otros no estuvieron en el Remate y no habíamos ido a Altún Ha ni a Kohunlich. Únicamente en Tikal, Dzibanché y Xunantunich habíamos tenido visitas sin apresurarnos y no hubo día en que no pasara disgustos por ver como se iba el tiempo y se imposibilitaba completar lo programado, además de los problemas con los cajeros de Flores y la estresante navidad que pasamos... cosa que jamás antes había pasado en ningún viaje en el que hubiera participado, por lo cual todo el tiempo tuve una sensación desagradable que no desapareció hasta que aquella tarde junto con Adriana bajamos del autobús, entramos a una tienda que estaba en frente y compré un machete, pues de ahora en adelante los sitios a visitar eran mucho más complicados. Vimos al grupo alejarse mientras nosotros tranquilamente nos sentábamos en una especie de parada junto a la carretera a esperar a Ernesto, quien llegó ya cuando había anochecido, ahí estuvimos platicando mientras yo intentaba afilar mi reciente adquisición, cosa que fue imposible pues como después supe, al ser nuevo tenía un recubrimiento muy duro que no dejaba actuar la lima que usaba para tal efecto.

Una vez estuvimos los tres, tomamos un taxi hacia la comunidad de 20 de noviembre, ahí yo había contactado al guía Ezequiel Cahuich, que había hecho arreglos para que al siguiente día llegaramos a un importante sitio cercano. Una vez en el poblado, nos dieron lugar en una casita casi desocupada para poner nuestras tiendas de campaña, también nos prepararon panuchos para la cena y brindamos un poco pues nos esperaba un gran recorrido y después de todo, ya habíamos llegado hasta ahí...

jueves, 8 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 6. Xunantunich

Estructura principal de la plaza A-3
Cuando desperté al siguiente día tenía ya por cierto que a pesar de que estaba programado ir a Xunantunich y Altún Ha, el segundo sitio no lo habríamos de visitar ya que todo había sido muy lento hasta el momento. Salimos sin embargo más rápido que otras veces, desmontamos el campamento y subimos todo a la camioneta; Quintín y los demás que no tenían pasaporte y que habían llegado hasta ahí con un permiso especial tuvieron que regresar a Flores y después a El Ceibo para alcanzar al camión que nos había llevado antes ahí para irse con ellos a Chetumal y esperar nuestra llegada al terminar el día. Ernesto, Adriana y yo nos despedimos de Eduardo, quien se quedó en Yaxhá para después visitar algunos sitios poco conocidos de la zona y habría de alcanzarnos en año nuevo en Xpujil, ya en Campeche. Nos apresuramos para comenzar rápido pero eso no sirvió de nada pues llegando a la frontera con Belice, había una tremenda fila que provocó que nos tomara 5 horas pasar al otro país vecino del sur; yo no podía creer lo que ocurría con éste viaje pues a todas las dificultades que ya he mencionado en entradas anteriores, ahora se sumaba éste inaudito retraso y además de ello nos trataron mal los agentes fronterizos beliceños, con malas caras y bromas de mal gusto sobre narcotraficantes sinaloenses...

Cuando por fín subimos todas nuestras cosas a la camioneta (la cual pasó mucho más facilmente que nosotros pues tenía placas guatemaltecas y también beliceñas) ya era un hecho que lo único que podríamos visitar sería Xunantunich. Llegamos a la orilla del río Mopán para cruzar al sitio en ferry, la camioneta se formó para subir y el conductor bajó a hablar con un policía, cosa que me pareció muy extraña, pero no tardó Fernando en darme la clave del por qué: me dijo que le ofrecían pasarnos en otro transporte con un pago extra pues la camioneta era muy grande para subir; cosa que me pareció poco creíble pues no habían mas vehículos en la fila y el ferry podía llevar hasta 4 o 6 autos, un peso que superaba el de nuestro transporte solo, definitivamente le dije que no valía la pena y que si ese era el caso recorreríamos el único kilómetro al sitio caminando ya que la visita en el lugar no sería muy larga y ya no teníamos ninguna razón para apresurarnos si no íbamos a Altún Há.
Plaza A-1

La reacción de la gente fue de desagrado aunque por distintos motivos, unos por no querer caminar la subida y los demás porque ya había abandonado todo intento de completar el recorrido programado. Me llamó la atención que Fernando no subiera al sitio y se fuera a comer junto con dos o tres personas del grupo, así me quedé solo y me pareció el kilómetro más pesado del viaje pues se sentía en el aire el inconformismo que ya he mencionado. Ernesto me ayudó un poco con el grupo y ésto evitó que mi propio descontento estallara, aunque todo ello se disipó al llegar a Xunantunich, pues la belleza del lugar y el pasto tan cuidado que cubre las plazas hizo que la gente se olvidara de lo demás, algunos querían recorrer, otros sentarse a la sombra de un árbol y por el tamaño reducido del sitio, aunado a la facilidad de encontrarlos, permití que se hicieran las dos cosas.
Costado del Castillo

Xunantunich tiene una enorme plaza alargada que fue dividida en tres por edificios intermedios; entramos por el cuadrángulo A-3, en cuyo extremo hay un basamento piramidal con varios cuartos en su base y el templo superior, sin embargo no se observa por dónde se subía  y ahí comenzamos a apreciar algo que yo no tuve mucho en cuenta la primera vez que estuve ahí en 2014: no se restituyeron elementos en la restauración y en algunas partes los trabajos eran muy deficientes pues encontramos ¡incluso muros que fueron reconstruidos con ladrillos modernos!

Avanzamos a la zona intermedia llamada A-2, ahí hay un gran edificio al que se puede subir, así que ascendimos y teníamos de frente la enorme construcción llamada "El Castillo", que con sus más de 40 metros de altura es la estructura principal del lugar, y que tiene como un "plus" que se puede acceder a su crestería por una escalera hecha por los arqueólogos.
Vista desde El Castillo

Ahí dí algunos datos del sitio, pero tuve que detenerme a seña de Ernesto, pues un guardia le había indicado que parara o que me sancionarían con una multa, pues únicamente podían trabajar ahí guías beliceños; lo mismo ocurrió con los guatemaltecos en Tikal, aunque aquí eran más estrictos y podían vigilarnos más facilmente, todo el resto del camino nos estuvieron siguiendo y preguntaban quién era el guía, a lo que la gente sólo contestaba que no llevábamos ninguno, algo que les agradecí bastante.

Subimos zigzagueando los niveles del castillo, el cual está en parte sobre la plaza y en parte sobre una gran plataforma, teniendo grandes cuartos en por lo menos tres hileras, tampoco se aprecia la escalinata que permitía el ascenso excepto por la parte más baja del edificio.

En los costados de la estructura hay unos frisos que fueron cubiertos con réplicas de fibra de vidrio, lo cual es típico en los sitios de Belice, pues los elementos de estuco siempre son tratados de esa manera. Así llegamos por la parte trasera al templo superior y subimos al techo, sentándonos un rato apoyados en los restos de crestería que quedan ahí, mirando el hermoso panorama que se muestra alrededor; se puede ver la frontera y los poblados de Melchor de Mencos y Benque Viejo, así como algunas montañas bajas cubiertas de selva. Es uno de los edificios con vista más amplia que conozco en la zona maya y a pesar de que no conocería Altún Ha, me alegraba un poco estar de nuevo en aquél lugar.

Cuando bajamos me sorprendió encontrar a Fernando, quien iba llegando junto con los que se fueron con él a comer, aunque nosotros ya casi terminábamos el recorrido y únicamente nos restaba ir a ver el juego de pelota, lo cual hicimos. Así, después de un rato de descansar en la caseta de ingreso, regresamos al ferry y a la camioneta para después pasar a comer al lugar al que Fernando había ido antes; salimos de ahí cuando el sol se metía y fuimos directo hacia la frontera con México, haciendo únicamente una parada no porque no quisieran ir al baño seguido, sino porque en ésta parte del trayecto no había otros puntos donde pasar. Así pasamos la frontera cuando casi eran las 11 de la noche, aunque en el horario de Quintana Roo ya eran más de las 12.

Ésta vez nos quedamos en un hostal, aunque Ernesto y Quintín (quien ya nos esperaba) se quedaron en otro lugar, una vez instalados lo único que hicimos fue ir a comprar agua y finalmente nos fuimos a descansar, en aquella jornada habíamos estado ya en tres países diferentes. 

sábado, 3 de febrero de 2018

Viaje a México y Guatemala pt. 5. Tikal

Acrópolis norte y Templo I
Por la mañana nos levantamos muy temprano y nuestro transporte, que había ido a Flores para cargar combustible la noche anterior, llegó por nosotros para ir finalmente a Tikal, el destino principal del viaje.

Poco antes de las 7 estábamos en la taquilla del sitio y más adelante bajamos de la camioneta para comenzar el recorrido, aquí me tocó ser el guía prácticamente único pues en Tikal hay muchos caminos, es fácil perderse del recorrido planeado y el único que había estado ahí y conocía el sitio bien era yo. Quintín estaba totalmente afónico, de modo que también casi toda la explicación recayó sobre mí. Me sorprendía como en éste viaje el grupo pedía pasar al baño demasiado frecuentemente, así que lo primero que hicimos fue entrar hasta la zona cercana a la plaza central para perder menos tiempo y que ahí pasaran a calmar sus necesidades fisiológicas, pues la extensión del lugar hizo necesario que colocaran baños públicos en los puntos importantes.
Templo II desde la acrópolis norte

Caminamos por el grupo F, que tiene unas pocas estructuras un poco ocultas por la selva y luego llegamos a la parte trasera del imponente Templo I, pasamos por un lado de éste, junto al pequeño juego de pelota que se encuentra ahí y llegamos a la plaza central. que es uno de los conjuntos arqueológicos más bellos y espectaculares del mundo: por un lado el ya mencionado e icónico Templo I, opuesto al Templo II, que está decorado con mascarones restaurados hace no mucho tiempo; en un costado la acrópolis norte, una gran masa de edificios que se fueron añadiendo con el tiempo y que fue el lugar de entierro de muchos de los gobernantes del sitio; cerrando el conjunto la acrópolis central, llena de palacios de la nobleza que regía Tikal, lugar que en la antigüedad se llamó Yax Mutal o quizá Mutulá y que fue uno de los dos reinos mayas más poderosos, junto con Calakmul.
Templo superior del edificio II

En esta plaza estuvimos un rato observando sobre todo el Templo I, una imagen que salta a la mente automáticamente cuando se piensa en Tikal, incluso es como un emblema de Guatemala que numerosos establecimientos locales muestran con orgullo. También dejé que el grupo recorriera libre la acrópolis del norte por algunos minutos y finalmente los llamé para subir a la estructura de madera que sirve de mirador en el Templo II, ahí se pueden ver los mascarones ornamentales desde muy cerca y sobre todo se tiene una vista hermosísima del Templo I; aunque la primera vez que estuve en Tikal no pude subir a mirar desde ahí debido al proceso de restauración del edificio, era la segunda que subía en ese punto preciso y me volvía a sorprender como antes aquella imagen tan esplendorosa de una cultura que aún pervive en gran parte del área pero que abandonó este lugar hace más de 1000 años.
Templo I, ícono de la cultura maya y de Guatemala

Una vez que bajamos, caminamos hacia el poniente y pasamos por la base de otro gran templo que es designado con el número III, aunque a diferencia de los otros está completamente cubierto de vegetación en su basamento, se pude apreciar su templo y la gran y esbelta crestería que lo corona si se mira desde la cima de cualquier edificio que tenga permitido el ascenso.

Pasamos también junto al palacio de las ventanas, que se encuentra sobre una plataforma y en su parte trasera tiene una enorme pared con los orificios que le dan nombre y que junto con el talud del basamento da la impresión de ser mucho más grande de lo que realmente es, ésta grandiosidad fue hecha a propósito, todo el estilo de construcción de Tikal y del área del Petén fue diseñado para ser enorme y para dar una impresión poderosa a todo el que la admirara, lo sigue cumpliendo a pesar del deterioro y de la ruina.

Pasamos por uno de los conjuntos de pirámides gemelas, las cuales ahora son sólo montículos, pero ahí se puede apreciar una estela y un altar redondo muy bellamente tallados, muestra de la gran cantidad de monumentos que se han encontrado.
Templo IV

Un poco más allá llegamos al gigantesco templo IV, el templo individual de mayores dimensiones de Tikal, aquí hay trabajos de restauración desde hace varios años, los que han dejado al descubierto la parte baja del frente del edificio y el templo superior, además de colocar una escalera de madera para poder subir y apreciar desde ahí la cima de todos los grandes edificios de la ciudad prehispánica.

En las escaleras superiores que llevan directo al templo nos sentamos a contemplar, ahí no pude hacer otra cosa que recordarles a todos que también Neftalí había sido organizador del viaje que nos había llevado hasta ahí, que yo quería traer su memoria a aquél momento pues él quería aún más que todos los que nos encontrábamos presentes conocer Tikal, recordé las tardes en las que conversamos para definir nuestro itinerario, acomodando todo para pasar por aquel lugar y no pude decir ni una palabra más porque mi garganta se hizo un nudo. Fue un momento muy emotivo pues también Quintín, su compañero en la enah, dijo algunas palabras sobre nuestro amigo a pesar de su ronquera.
Vista desde el Templo IV

Desde ahí fuimos más al sur para llegar al conjunto de Mundo Perdido, el cual es el más antiguo de Tikal y tiene una serie de edificios que rodean a la gran pirámide, un basamento cuadrangular con cuatro escalinatas -una en cada lado- que nunca había podido subir en mis visitas anteriores porque había sido cerrado poco tiempo antes. Ésta vez tuvimos mucha suerte porque le habían habilitado un mirador de madera en la parte superior que llevaba a penas una semana de haber sido abierto al público; sin dudar ascendimos y por fín pude apreciar desde ahí las cimas de los grandes templos, sobre todo el número IV, que aparecía más cercano y mucho más imponente que el resto; frente a mí podía ver el perfil muy delgado del edificio 3 y un poco más a la derecha el I y el II. Del lado derecho se apreciaba muy cerca la gran mole de árboles que cubre la acrópolis sur: el conjunto más voluminoso del lugar, aunque se encuentra totalmente cubierto por la selva y tan sólo se pueden apreciar algunos restos de edificios en su cima.
Gran Pirámide de Mundo Perdido

Después de rodear los edificios que delimitan Mundo Perdido al oriente, pasamos por una de las canchas del juego de pelota triple, una estructura única aunque tan sólo se aprecian los montículos que delimitan cada uno de los espacios de juego; delante estaba la plaza de los 7 templos, mi lugar preferido de Tikal, así que lo escogí para descansar un rato mientras admiraba las estructuras que la rodean y las que le dan nombre, las cuales son como modelos en pequeño de los grandes templos, incluso con su alta crestería rematando el conjunto, además de que todos están alineados y unidos justo en el borde de la ladera que forma el basamento de la enorme acrópolis del sur.

Ahí vi que el tiempo de recorrido había sido más corto de lo que esperaba y calculé que podíamos recorrer todos los conjuntos abiertos al público aunque dejara a la parte del grupo menos dotada físicamente en la entrada del lugar antes de ir a los lugares más apartados.
Vista desde la Gran Pirámide

Proseguimos con la caminata rodeando la acrópolis del sur y llegamos al Templo V, el más antiguo de los grandes edificios de Tikal, pues incluso presenta algunas características que lo hacen diferente a los otros, como sus esquinas redondeadas y las alfardas que bordean la escalinata de acceso, las cuales no tienen los demás edificios de su tipo.

Hasta ahí llegué en mi aterior visita pues la lluvia me impidió llegar más lejos, así que lo que seguía tenía 4 años que no lo recorría, por lo que me costó un poco de trabajo encontrar el sendero hacia el grupo G, donde se encuentra el palacio de las acanaladuras, el cual tiene un pasaje abovedado que le da acceso. 
Plaza de los 7 Templos

Ahí ocurrió un nuevo disgusto, de pronto y sin avisarme antes, Quintín le dijo al grupo que ya nos íbamos, yo le respondí que aún faltaban conjuntos qué recorrer a lo que argumentó que todos estaban cansados y que Fernando se lo había dicho. Casi la mitad de la gente (los que habían estado el día anterior en Yaxhá) me decían que querían seguir con el recorrido y a penas iban a dar las 3, así que tuve que salir del conjunto a encontrarme con Fernando, quién ya estaba bastante atrás y con mucho enojo le reclamé que no pensaba cortar ahí la visita, que cuando planeamos el viaje yo le había dicho a Neftalí que podía llevarlos al menos a todo el recorrido habilitado para la visita; me respondió que el itinerario decía que a esa hora había que salir y que había que recorrer Yaxhá, lo cual me sacó de mis casillas pues era una locura querer juntar aquellos dos lugares tan grandes en un solo día, así que le recordé que había transtornado todo al no hacerme caso y parar en el remate el día anterior (durante muchas horas además) en lugar de alcanzarnos, pues la parada en dicho pueblo quedaba en ruta con Tikal y que la visita a Yaxhá la había perdido por decidir eso, igualmente le dije lo mucho que me había molestado saber que los que nos alcanzaron lo hicieron luego de reclamarle y que pagaron la gasolina, cosa que no tenía por qué haber pasado si hubiera seguido las instrucciones. Finalmente le dije que no me iba a sacar de ahí hasta que terminara y que si quería podía esperarnos en la salida pues estabamos cerca de ahí y que los cansados podían ir a comer con él.
Templo V

Así, nuevamente con el mismo grupo que el día anterior (pues los demás optaron por esperarnos), salimos rumbo al Templo VI, distante casi 1 km de donde nos encontrábamos, éste es el más pequeño de los grandes edificios de Tikal y también el más lejano, en la parte posterior de su crestería tiene una serie de glifos de gran tamaño que por desgracia casi en su totalidad no han sido legibles para los epigrafistas; al frente tiene tres entradas, a diferencia de los otros que tienen una. Los últimos estudios indican que la entrada formal del lugar era junto a éste templo, así que debió tener un significado especial ser el primer gran edificio que los visitantes veían al llegar. Regresamos por el mismo camino y cruzamos justo junto a la entrada, siguiendo de largo y llegamos al conjunto Q de pirámides gemelas, el cuál es el único de los varios de su tipo que tiene una de sus estructuras principales excavada.
Templo VI

Hasta ahí llegaba el recorrido que había planeado, aún tenía considerada la posibilidad de llegar al grupo norte, el último habilitado para la visita, pero para ello hay que recorrer un camino largo con subidas y bajadas fuertes que las piernas ya no iban a soportar al ritmo que llevábamos, necesitábamos un descanso largo para llegar y luego para regresar, así que decidí no agregar aquel camino y salir a comer, pues bien merecido lo teníamos. 

Cuando salimos el resto del grupo estaba disperso, así que todos pudieron ir a la zona donde venden souvenirs y comida, y nuevamente tuve algo de desencanto cuando al subir a la camioneta, a pesar de la prisa que había manifestado Fernando, en un principio estábamos todos los que proseguimos el recorrido y nadie de los que salieron primero, incluso forzándonos a ir en su búsqueda pues seguían sentados comiendo sin acudir a la cita para la partida de regreso a Yaxhá.
Conjunto de pirámides gemelas Q

A partir de ahí dejé de presionarme por el grupo, me había desencantado con Fernando y con Quintín, el primero por tener una idea totalmente inversa a la mía sobre el recorrido y el segundo porque a pesar de tener gustos arqueológicos como yo, carecía de las ganas y del ímpetu que Neftalí hubiera tenido. Personas con poca energía siempre había tenido en todos los recorridos grupales, pero sus opiniones nunca habían prevalecido sobre las de la gente entusiasta, ésta vez era lo opuesto y yo sentía que estaba solo contra ellos dos, una extraña sensación desagradable me había pasado por el pecho todos los días con cada dificultad que pasábamos; ya me quedaban dos días con ellos y decidí que dejaría que hicieran lo que mejor les pareciera. En cambio, ansiaba la tercer jornada siguiente, pues ya estaría con el recorrido en mis manos y únicamente con Ernesto y Adriana.

Sin embargo tenía la idea de que si querían que les diera guía en Yaxhá a los que no estuvieron el día anterior me negaría, pero no tuve que hacerlo pues llegamos ya unos minutos antes del atardecer y directo al campamento junto al lago. Observé un poco ahí la puesta del sol pero luego me entró la locura de intentar subir al templo 216, pero la abandoné luego de correr un poco en la subida pues las piernas ya no me respondían. Mi amigo Eduardo había de llegar ese día a acampar con nosotros y yo sabía que debía estar en aquel edificio como yo estuve 24 horas antes, pero decidí regresar a la orilla del lago a ver los últimos destellos rojizos del día.

A penas regresaba a las palapas donde se encontraban las tiendas de campaña cuando escuché la voz de Eduardo acercarse, así llegó a colocar su casa en el espacio donde estábamos Adriana, Ernesto y yo; poco a poco escuchamos las voces en las otras palapas irse apagando mientras nosotros conversábamos, no estuvimos tantas horas despiertos pero me parecía como si así hubiera sido...