viernes, 24 de noviembre de 2017

Viaje al sureste de Puebla pt. 3. Cueva de Coxcatlán

Cueva de Coxcatlán
El segundo día de recorrido por el área de Tehuacán salimos con rumbo al poblado de Coxcatlán y en sus inmediaciones Neftalí nos indicó que siguiéramos una brecha que iniciaba en un pequeño caserío y subía por una loma; luego de bajar por el lado contrario se adentraba entre la vegetación dominada por huizaches y grandes órganos que contrastaban en tonos claros y oscuros de verde; el cielo estaba nublado pero poco a poco el gris se iba fragmentando para dejar ver pinceladas de blanco y de un azul profundo que volveron a crear el conjunto bellísimo que habíamos visto el día anterior.

Llegamos hasta una intersección donde una puerta metálica impedía el paso de los autos mas no de las personas a pie, así que dejamos el vehículo estacionado en un pequeño campo abierto y comenzamos la caminata de unos cuantos km que nos llevaría a la cueva de Coxcatlán.
Órganos y nopales

El camino serpenteaba entre la vegetación que estaba totalmente verde por ser plena temporada de lluvias, por el suelo se veían surcos que indicaban que el agua corría por ahí cuando caían tormentas y conforme el sol aparecía entre las nubes pudimos apreciar que las piedras del lugar estaban cargadas de mineral de mica, lo que hacía que a cada paso viéramos pequeños destellos, reflejos de luz que provenían del la capa casi transparente que conforma la mica en las rocas.

Los órganos eran tan grandes y adquirian un tamaño tan pronunciado que incluso pudimos ver uno que se había volteado por completo y mostraba las raíces extendidas hacia el cielo pues había desarrollado tantos brazos hacia arriba que el peso venció al delgado tronco, derribándole por completo. 
Cueva del maíz

Frente a nosotros se veía una loma no muy alta pero que estaba constituida claramente por material muy poroso, luego de un rato de rodearla por el camino Neftalí señaló una oquedad en uno de los costados de la elevación natural y nos hizo saber que habíamos llegado a la llamada "cueva del maíz". Ahí subimos un poco para encontrarnos con un hueco en la roca (pues no se le puede llamar cueva a algo tan pequeño), que estaba rodeado por una cerca baja de metal pintado de amarillo con una puertita que no tenía candado, por lo que pasamos y apreciamos que el terreno ahí era más bajo, quizá debido a que justo ahí se encontró un campamento prehistórico que contenía restos de maíz arcaico: pequeñas mazorcas con unos pocos granos e incluso teocintle, su planta silvestre antecesora; con una antigüedad de casi 7000 años.
Cueva del maíz

Neftalí, Ernesto y José se quedaron inspeccionando cada detalle de la cueva y descansando un poco para el regreso, pero yo encontré un sendero que rodeaba la loma y permitía subir a su parte más alta; no dudé en querer ver aquel paisaje con verdes tan diversos desde la altura así que ascendí a pesar de que la tierra suelta hacía peligroso el paso.

Una vez arriba podía ver un mar verde claro salpicado por todas partes con el verde más azulado de los órganos; las nubes para entonces ya estaban muy razgadas y dejaban ver el cielo completamente claro, solamente en el área cercana a la carretera se interrumpía el espectáculo dejando ver áreas cultivadas y manchones amarillentos de tierra desnuda.
Vista desde lo alto de la loma

Una vez que bajé y me encontré con los demás en el frente de la "cueva", emprendimos el camino de regreso pues aún nos faltaba un último sitio en el viaje; mientras regresábamos al auto recogimos algunas piedras que tenían capas de mica sobre ellas y de pronto entre la maleza pudimos incluso encontrar un gran conejo que me miraba con los ojos completamente abiertos, oculto entre el claroscuro que formaban las ramas de un huizache. Una vez en el auto seguimos unos cuantos km más, lo que seguía era completamente una sorpresa que Neftalí había preparado para el viaje.

martes, 21 de noviembre de 2017

Viaje al sureste de Puebla pt. 2. Tehuacán Viejo

Portaestandarte en el museo
Después de dejar Santo Nombre, llegamos hasta Tehuacán y de ahí nos dirigimos a otro sitio recientemente abierto al público y con un camino complicado de encontrar: Tehuacán viejo; sin embargo nuevamente no tuvimos problemas para llegar y desde una loma pudimos ver el sitio en lo alto, lo que nos ayudó a no perder el camino. 

Lo primero que queríamos ver era el extraordinario museo de sitio; éste lugar, a diferencia de Teteles de Santo Nombre, fue abierto ya cuando se encontraba en una buena condición para recibir visitantes y contiene algunas de las piezas talladas en piedra más impresionantes que se pueden apreciar: un par de portaestandartes con figuras descarnadas, una escultura de una diosa cadavérica y una espléndida cabeza de serpiente, entre otras. El nivel de detalle que pudimos apreciar en ellas era impresionante e incluso tenían en algunas partes restos de color; se dice que Tehuacán tenía filiación popoloca, pero sin embargo nosotros vimos en todos los razgos que observamos la influencia de México-Tenochtitlán, ciudad que conquistó la región a finales del periodo posclásico, justo antes de la llegada de los conquistadores españoles. Después de recorrer el pequeño pero bello museo nos dirigimos al sitio arqueológico, el cual se encuentra en terrazas de una gran elevación que domina el valle de Tehuacán.
Museo de sitio

Subimos por una ladera no muy inclinada y luego de algunos metros pudimos ver los edificios del conjunto I, ahí se encuentran restos de varios complejos residenciales y una gran plaza que tiene su edificio principal en uno de los lados, el cual mide alrededor de 8 metros de altura; el sitio fue restaurado con un material de la región de color amarillento, dando una apariencia que contrasta con otros lugares, aunque a nosotros no nos gustó particularmente. El cielo que cubría el lugar era uno de los más hermosos que me haya tocado presenciar en cualquier sitio que hubiera visitado: las nubes blancas y grises razgaban un profundo azul, contrastando con ese color amarillento de los edificios y el del suelo formaban un cuadro pintoresco y magnífico que no podía dejar de captar con mi cámara y de mirar embobado.
Estructura principal del conjunto I

Estuvimos recorriendo un rato los edificios del primer conjunto y luego volvimos a seguir el camino que subía a una terraza más alta, en el fondo se dibujaba un gran acantilado que rodeaba la parte más alta de la montaña, sin embargo la parte más impresionante del sitio no está sobre aquella parte sino en un punto intermedio. Justo cuando pudimos ver el templo mayor de Tehuacán viejo quedamos boquiabiertos por la impresionante belleza que el cuadro de entorno, sitio y cielo nos mostraba; pero todavía no nos dirigimos hacia ahí pues nos encontramos en una camioneta al encargado del lugar, Neftalí lo conocía así que nos quedamos un momento en ése punto del camino para que pudieran conversar un poco, las ansias de seguir las sentía en las piernas pero pude contenerme.
Grupo principal

Cuando llegamos a la base de la plataforma que sostiene el grupo principal la imagen era perfecta, por lo que nuevamente estuvimos ahí otro rato detenidos mientras tomábamos fotografías. Despues de ello subimos y comenzamos a recorrer la zona. El edificio principal estaba dedicado al dios de la muerte, algo muy poco común, y contenía adornos en forma de calaveras pero actualmente están cubiertos para su conservación y no es posible apreciarlos. La forma en que fue restaurado me recordó al sitio de Zaculeu en Guatemala aunque me pareció que éste fue un poco mejor logrado aunque en ninguno de los dos me gustó mucho que digamos. 
Grupo principal

Alrededor del edificio se encuentra una serie de plataformas bajas y detrás de él hay una zona alargada más elevada que también tiene estructuras, hacia la parte baja se pueden apreciar varios montículos sin excavar y hacia arriba hay una escalinata que se dirige a un área que no está abierta al público, pero que indica que aún hay una parte de la antigua ciudad que está en una zona más alta que el templo mayor.

Nuevamente tardamos bastante tomando fotografías en el grupo principal, pero después de eso el regreso fue rápido, ya era un poco tarde y el museo había cerrado así que decidimos ir a dejar nuestras cosas a un hotel en Tehuacán para luego salir a cenar.
Iglesia de Tehuacán

Terminamos sentados en un restaurant en el centro de la actual ciudad de Tehuacán, fue un día con un clima perfecto y un cielo precioso así que estábamos sumamente satisfechos, aún nos faltaba un buen recorrido al día siguiente así que debíamos descansar bien...








sábado, 11 de noviembre de 2017

Viaje al sureste de Puebla pt. 1. Teteles de Santo Nombre

La mañana rumbo a Tlacotepec de Benito Juárez
Después de iniciar el 2017 en Yucatán y Campeche, el año no prometía muchos recorridos fuera de la ciudad; en febrero me tocó acudir como guía a un viaje por Zacatecas, del cul no escribo debido a su brevedad (sólamente se visitó La Quemada, Altavista-Chalchihuites, el cerro de la Bufa y una parte del centro de Zacatecas) y a que los acontecimientos de aquellos días detonaron mi salida poco elegante del grupo de viajes VAM, donde estuvimos trabajando varios amigos y todos terminamos de la misma manera por diferencias profundas con quienes actualmente se apropiaron de dicho grupo y de lo cual no hablaré.

Tuve que esperar hasta el primer día de julio para volver a hacer un recorrido más o menos largo por zonas arqueológicas y otros lugares, ésta vez por el sureste de Puebla. La razón del viaje fue que mi amigo, que en paz descanse, Neftalí y un compañero reciente de viajes para él: José, a quien yo no había tenido el gusto de tratar anteriormente, se pusieron de acuerdo para salir a conocer algunos sitios recientemente abiertos al público y otros que Neftalí ya conocía de antemano; José puso su auto y nos invitaron a Ernesto (quien ya había viajado conmigo a Perú y otros lugares antes) y a mí.

Iglesia en Tlacotepec de Benito Juárez

Quiero dedicarle éste relato de viaje a Neftalí, pues fue la última vez que tuve el gusto de viajar con él, fue un gran recorrido y nos regaló algunos de los paisajes y cielos más impresionantes que me haya tocado ver; como si la providencia los hubiera reservado para ser la culminación de lo que habíamos tenido la oportunidad de mirar anteriormente.

El viaje comenzó en la estación del metro Gómez Farías, ahí llegué muy temprano y todos los demás tuvieron algo de retraso; yo no tenía crédito en mi celular y a esa hora no era fácil encontrar dónde recargar. Estuve a punto de salir de la estación pero algo me hizo regresar y entonces vi a Neftalí, quien llamó entonces a Ernesto; entonces nos enteramos de que se había quedado dormido y preferimos recogerlo en el camino rumbo a Puebla; ya afuera vimos a José en su auto y subimos para iniciar el trayecto.
Edificio principal del grupo de los altares

Poco después estábamos ya los cuatro en camino saliendo por la autopista hacia Puebla, el cielo estaba cargado de nubes pintorescas y el sol comenzaba a salir por el oriente; podíamos ver la cima nevada del Iztaccíhuatl a momentos y yo me dí cuenta de que en el sensor de mi cámara había una mota de polvo que aparecía en todas las fotografías y que me fue imposible quitar hasta regresar a mi casa... sin embargo pude ocultar esa mancha al editar las imágenes. Así seguimos de largo hasta la desviación a Tecamachalco, un lugar conocido por nosotros pues del otro lado de la autopista se encuentra Quecholac y ahí viven algunos buenos amigos. A partir de ése punto recorrimos solamente carreteras federales de dos carriles hasta que llegamos a Tlacotepec de Benito Juárez.

Grupo de los altares

Una vez en el poblado paramos a desayunar quesadillas y visitamos una iglesia colonial que en su frente tenía un pequeño camposanto; Ernesto quería entrar pues en su interior existe una pieza prehispánica que fue colocada en un muro, pero las puertas estaban cerradas y al parecer el sacristán no se encontraba ahí, probablemente porque había feria en el centro del pueblo. Después de tomar algunas fotografías decidimos seguir con nuestro camino hacia la zona arqueológica de Teteles de Santo Nombre. El camino no era fácil pues no existen señalamientos y hay que dar varias vueltas por pequeñas carreteras, sin embargo gracias a haber investigado bien la ruta anteriormente y a nuestros mapas pudimos llegar sin problema a pesar de que había cambiado el acceso (Ernesto había estado ahí antes).

Vista desde el tetel principal

Llegamos a un estacionamiento y frente a nosotros se encontraba el centro de visitantes y el museo de sitio, éste lugar fue abierto oficialmente al público meses antes por el gobernador Rafael Moreno Valle, sin embargo fue la típica apertura apresurada que los políticos mexicanos suelen hacer al final de su periodo de gobierno para tomarse la foto y decir que "cumplieron": aún entonces y habiendo pasado varios meses en el museo no había electricidad y los baños no contaban con agua potable, el sitio no está habilitado para la visita pública y los principales grupos están rodeados por vallas que no permiten el paso a los recintos y prácticamente no existen los páneles explicativos; ni siquiera el sendero de visita estaba completo y el que se empezó a construir hacía más difícil caminar sobre él que sobre la tierra junto a éste.

Tetel del grupo central parcialmente excavado

Pero nosotros tomamos previsiones para ésta situación y conseguimos permiso para accesar a los grupos arquitectónicos excavados aunque sólo en uno era posible subir a las estructuras. Uno de los custodios nos acompañó y pudimos apreciar de mejor forma el lugar, que es totalmente impresionante.

Lo primero que hicimos fue entrar al museo de sitio, el cual no cuenta con muchas piezas y se pretendía tener apoyos computarizados para las explicaciones, los cuales obviamente se encontraban sin funcionar por la falta de electricidad. Afuera del recinto ya podíamos apreciar los vestigios de dos pequeños edificios que tal vez eran plataformas para casas de habitantes prehispánicos no muy acomodados.

Grupo de los fogones

Luego de una corta caminata llegamos al conjunto de los altares, el cual era un cuadrángulo del que se han excavado dos edificios; sus estructuras dan una idea del estilo de construcción del sitio y se ha dicho que parecen como si fueran miniaturas de Teotihuacan; sin embargo yo les ví un parecido mucho más marcado con los edificios de Oaxaca, especialmente de Monte Albán; éstas similitudes son en parte obvias, pues Teteles de Santo Nombre se encuentra entre éstas dos grandes metrópolis prehispánicas aunque un poco más cerca de Oaxaca que de Teotihuacan, además según la cronología al parecer fueron contemporáneas. Los dos edificios restantes se encontraban convertidos en montículos de piedras y al centro del grupo pudimos ver una gran roca que al parecer funcionó como una especie de estela y que pudo haber estado en posición vertical aunque ahora estaba totalmente apoyada en el suelo.

Caminando por Teteles de Santo Nombre

Después de salir de éste grupo arquitectónico rodeamos por un sendero hasta la parte trasera del edificio principal que habíamos visto y nos encontramos en otra plaza aún mayor rodeada de enormes montículos, uno de ellos tenía la escalinata visible y parecía haber comenzado a excavarse mientras que el más grande estaba totalmente cubierto de maleza y de cactus; a éste último subimos y desde ahí pudimos ver el grupo de los altares y también más lejos otro más pequeño llamado de los fogones; además de ello pudimos apreciar que habían muchos más edificios totalmente inexplorados, lo que le daba a la antigua ciudad una extensión mayor de la que podíamos apreciar en un primer momento. Todo estaba bastante verde por las lluvias recientes y los órganos y palmas lucían majestuosos pintando en diferentes tonos que incluso se aproximaban al turquesa en muchos rincones del lugar.

Casa del nahual

Nos dirigimos al grupo de los fogones, el único que ya se encontraba en condiciones para poder subir a sus edificios, era una versión en pequeño de las otras plazas que vimos, pues su edificio principal a penas tendría 2 metros de altura y en los lados restantes tenía únicamente plataformas bajas. Hacia un lado podíamos ver grandes montículos sin excavar y hacia el otro una planicie donde ya no veíamos grandes estructuras por lo que éste grupo fue el borde del área monumental. Lo siguiente fue caminar por un sendero que pasaba por varios edificios sin excavar y cuando subimos a uno de ellos casi sobre nuestros pies vimos una sombra negra pasar corriendo rápidamente, yo no pude apreciar detalles pero los demás afirmaron que claramente vieron un conejo. El custodio que nos acompañaba afirmó que en el campo no existen los conejos negros por lo que sólo podía tratarse de un nahual, sin embargo nosotros no somos especialmente supersticiosos y no nos tomamos tal afirmación muy en serio.
Grupo de los fogones

Sin embargo ahí supimos la razón para tal pensamiento: uno de los edificios del lugar se llama la "casa del nahual" puesto que anteriormente ahí vivió una persona de la cual se afirmaba era una especie de hechicero o que contaba con poderes sobrenaturales para convertirse en animal por las noches. Ésto no es raro entre la gente que vive apartada en el campo y lo he escuchado en muchas situaciones diferentes; al parecer en el lugar aún existen problemas territoriales de vecinos que afirman que el espacio les pertenece y han provocado altercados con los custodios del sitio, por lo que historias de éste tipo podrían ser formas de ahuyentar a la gente, aunque en verdad que le ponen a los lugares una riqueza en relatos que es digna de escuchar y que además da una atmósfera de misterio que va muy bien con los sitios arqueológicos.

Al final regresamos al museo y nos despedimos del custodio y de los encargados del sitio, así continuamos nuestro viaje regresando a Tlacotepec y luego dirigiéndonos hacia Tehuacán.




viernes, 3 de noviembre de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 28 y final. De vuelta en Sacbé, Hultún y Halal, un intento de visitar Xcambó

Sacbé
Nohpat fue el último sitio maya nuevo para mí que visté en el viaje, pero aún faltaba mostrarle a Wilberth dos más que ya había visto. El primero de ellos fue Sacbé, el cual había visitado con Julio y Eduardo días antes y que nos dió dificultades para llegar a él; sin embargo luego de los dos intentos que hicimos el camino se me quedó muy bien grabado por lo que no tuve ningún problema en guiar a Wilberth hasta el pequeño claro donde dejamos el auto y después en caminar hasta el sendero que sube a la pequeña loma que soporta los edificios que quedan de Sacbé.

Ésta vez no hubo ataques de pulgas y la visita fue más rápida, yo simplemente esperé a mi compañero y tomé unas pocas fotos extras de la estructura principal.
Montículo con jambas en Hultún

Luego de salir de Sacbé no recorrimos mucho para llegar a un hotel en las afueras de Santa Elena en cuyos terrenos se encuentra otro sitio arqueológico llamado Hultún "flecha de piedra"; ahí llegué con Luis Adrián un año antes buscando a un trabajador que nos guiara pero no lo encontramos y lo que pudimos encontrar por nuestra cuenta fue una plaza rodeada de montículos, una estructura parcialmente en pie y algunos chultunes.

Nuevamente llegamos a la recepción del lugar y de nueva cuenta no encontramos guía por lo que tuvimos que realizar lo mismo que antes: pedimos permiso para poder pasar a ver los vestigios por nuestra cuenta, a lo cual la dueña del hotel accedió amablemente.
Estructura en Hultún

Lo primero que vimos fue la plaza con montículos que yo ya conocía, aunque ahora me dí cuenta de que habían adornado su centro con flores y algunas representaciones de los cuatro puntos cardinales; de ahí seguimos un sendero que a sus lados también tenía edificios completamente destruidos y en su parte media encontramos la estructura que yo ya había visitado y que tiene un cuarto con la pared trasera y las de los lados en pie aunque toda la fachada y los recubrimientos externos de piedra se han caído. Ésta vez me tomé mucho más tiempo que la primera que llegué en observar el edificio (en aquella ocasión ya oscurecía) y me dí cuenta de que hacia la izquierda se encontraban restos que indicaban que al menos hubo dos habitaciones más.
Restos de plataforma en Hultún

Yo seguí el sendero rápidamente con la intención de peinar todo el terreno buscando senderos que entraran a la selva pues ahí mismo existe otro edificio más completo y que tenía decoraciones en forma de flecha que le dieron el nombre de Hultún; así llegué primero a un montículo que ya conocía y luego a un camino mas grande. Corrí por más de 300 metros entrando en todos los pequeños senderos que encontré pero lo único que pude ver por aquel lado fueron más montículos  y algunos chultunes; esforzaba la vista entre la maleza para buscar la silueta de alguna construcción pero no vi nada más, finalmente el camino comenzaba a bajar por una suave ladera y no pude ver ya ningún resto por lo que decidí regresar y buscar por otro lado.
Montículo bajo en Hultún

Al llegar a la estructura de nueva cuenta, seguí su contorno y llegué a un pequeño sendero que me llevó a otro camino muy ancho, ahí Wilberth me ayudó a buscar yendo hacia el lado contrario al que yo fui. Por aquél lado no pudimos ver más que los restos de una plataforma que parecía prometedora pero sobre ella tampoco encontramos ningún resto visible de edificios, en total habíamos visto varios montículos, uno de ellos con las jambas de entrada al edificio que lo coronaba todavía en su lugar; además de eso en muchos lugares pudimos ver restos de mosaicos de piedra decorados típicamente en estilo del puuc, con formas geométricas e incluso forma de herradura. Igualmente había muchas otras piezas lisas que debieron pertenecer al recubrimiento de los muros o de las bóvedas de estructuras hoy desaparecidas.
Restos de decoraciones de Hultún

Todavía intenté buscar en las inmediaciones de la primera plaza, ahí hay un chultún que ya conocía pero intenté ir más allá aunque solo encontré un pequeño sendero que me llevó a un área que funcionaba como bodega del hotel, ahí ví dos monumentos grabados en piedra pero no supe distinguir si eran originales o si se trataba de decoraciones que habían realizado para poner en la plaza que estaban adornando. Ahí terminó el recorrido nuevamente sin haber encontrado el edificio faltante.

Salimos de Hultún y todavía teníamos en mente regresar a Halal pues nuestros amigos nos informaron de que ahí había por lo menos dos dinteles grabados con glifos que podíamos ver y que no encontramos cuando estuvimos ahí. 
Dintel grabado en Halal

Decidimos parar en aquel sitio extraordinario con mucho gusto, antes de llegar a Hecelchakán, lugar donde nos separaríamos definitivamente; de nuevo subimos a la gran acrópolis que encontramos en el lugar y revisamos el área que nos indicaron, entonces dimos con los monumentos en la habitación más llena de avispas que había... sin embargo nos atrevimos a entrar con mucho sigilo. Yo no me acerqué del todo pues ya sabía lo que era ser picado y no quería revivirlo, así que solamente tomé fotos con un poco de acercamiento pero Wilberth si bajó hasta el dintel y estuvo ahí por algunos minutos que me parecieron eternos; yo estaba afuera listo para arrojar una piedra al gigantesco panal con la intención de ganar tiempo para mi compañero de escapar si las avispas atacaban y luego salir a toda velocidad de ahí aunque sabía que no tendríamos muchas posibilidades por lo empinado de la ladera. Por fortuna no pasó nada de eso.

Llegamos poco después y ya de noche a Hecelchakán y ahí yo tomé el camión de regreso a Mérida mientras que Wilberth salió en el auto rumbo a Campeche. El autobús paró en todos los pueblos que pasamos y tardé bastante en llegar así que terminé por hospedarme en el hotel más cercano a pesar de que era un poco caro, ahí ya lo único que hice fue cenar un poco y dormir.

El último día del viaje fue un completo fracaso, yo quería llegar finalmente a Xcambó, un sitio costero abierto al público; sabía que había dos formas de llegar en transporte público: una por Progreso y la otra por Motul, me decidí por la primera con la intención de meterme al mar un rato, sin embargo no pude pasar del puerto pues no encontré transporte disponible y los taxis eran extremadamente caros; además cuando me dirigía al mar comenzó a llover y el viento sopló fuerte por lo que decidí regresar a Mérida y comer lo más que pudiera. Luego de un corto paseo por el centro y de comprar algunos libros, nuevamente pasé la noche en el mismo hotel y al día siguiente salí temprano rumbo al aeropuerto, llegando a la ciudad de México antes del medio día por primera vez en todos mis viajes vía aérea.

domingo, 29 de octubre de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 27. Nohpat

Gran estructura en Nohpat desde el camino
Nohpat es un sitio que quería visitar desde el 2015, en que pasé por la zona del puuc yucateco junto con mi amigo Luis Adrián; de hecho aquella vez hicimos un intento de llegar ahí pasando primero por el sitio de Mulchic, pero equivocamos el camino y caminamos por varias horas sin llegar a ninguno de los dos, al regresar pudimos encontrar Mulchic, aunque en un primer momento no lo vimos a pesar de encontrarse a escasos metros del camino por el que habíamos pasado. Más tarde en ese mismo viaje proyectábamos intentarlo de nuevo siguiendo otro camino más corto pero el tiempo no nos lo permitió.

Ésta vez con Wilbeth decidimos intentar llegar a Nohpat por el segundo camino, el cual debía llegar por una terracería que cruzaba campos de cultivo; hacia allá nos dirigimos y aunque la ansiedad hacía que por momentos pensara que íbamos por una brecha equivocada, de pronto llegamos a un claro cubierto de maleza y pudimos ver los grandes montículos de ésta importante ciudad prehispánica.
Primeros vestigios arquitectónicos

Seguimos en el auto por el camino y éste nos llevó justo hasta la base de una estructura muy dañada que no parecía ser de las mayores del lugar, sin embargo de pronto nos encontramos con una gran piedra que tenía las caras completamente planas, indicando que podría tratarse del dintel de la puerta de una habitación caida, más adelante pudimos ver restos de las paredes internas de un cuarto; así que dejamos ahí el vehículo y comenzamos a caminar para ver éstos vestigios. Un poco al costado del primer montículo pudimos ver que se encontraba una gran plataforma que sostenía uno de los edificios principales de Nohpat. Por un viejo video de Eduardo sabíamos que al menos había dos grandes construcciones con algunos restos visibles así que asumimos que éste era uno de ellos.
Pared en estructura

Wilberth comenzó a subir a lo más alto del edificio por la cara más alta, mientras que yo subí a la plataforma más baja entre las piedras sueltas que quedaban de su talud y lo primero que encontré fue que el gran montículo que la coronaba tenía un gran muro hecho de piedras de buen tamaño perfectamente distinguible y libre de vegetación, ascendí rodeando ésta pared y desde arriba pude tener una gran vista del valle donde Nohpat se encuentra, ahí llegó Wilberth, quien había tenido muchas dificultades en su ascenso por el lado contrario al mío, sin embargo la vista le hizo olvidar su esfuerzo y además había restos de las paredes del templo superior, encontrándonos en el centro de lo que debió ser una habitación muy estrecha. 
Restos en la cima de la primer estructura
  
Del lado por donde Wilberth subió la elevación era enorme, sobrepasando quizá los 25 metros y dejando ver más a la derecha la gran mole del otro edificio principal que esperábamos ver en el lugar; yo traté de fotografiar los restos arquitectónicos desde varios ángulos pero hubo algunos muy complicados pues la inclinación junto a las paredes era tremenda.

Bajamos por donde yo había subido, pues era el lado más seguro, encontrando que la plataforma de abajo tenía una gran superficie, siguiendo un sendero que rodeaba la construcción superior me encontré con una escultura que reconocí: se trataba de una estela con un personaje de frente y burdamente tallado, éste monumento fue dibujado por Frederick Catherwood a mediados del siglo XIX y aparece en el libro de John Lloyd Stephens "Incidentes de viaje en Yucatán".
Estela en la plataforma

Ésto no era todo, ya creíamos que sólo nos faltaba ir a observar la segunda gran estructura pero estábamos completamente equivocados, la curiosidad me hizo seguir por el camino que nos llevó a la estela mientras que Wilberth la fotografiaba y lo que encontré nos sorprendió gratamente. Un poco más adelante se podía distinguir la escalinata que llevaba al cima del edificio que habíamos subido y luego de bajar de la plataforma encontré restos de otras piedras con figuras labradas que representaban rostros cadavéricos, llamé a Wilberth y luego seguí sobre el sendero que parecía dirigirse a la segunda estructura pero antes de eso vi cerca de nosotros los restos de una habitación.

Fue una gran sorpresa pues estaba más completa que lo que habíamos visto hasta ese momento, subí al montículo de baja altura que la sostenía y todavía no llegaba junto a los muros cuando al otro lado pude apreciar que se extendía una plaza ¡y estaba rodeada de un palacio completo! aunque todos los techos estaban casi completamente destruidos, por todas partes se veían paredes en pie, en algunas incluso las entradas permanecían en su lugar con sus dinteles sobre ellas.
Habitación con entrada

Pasamos un buen rato recorriendo éstas primeras hileras de habitaciones, formaban un cuadrángulo y al llegar al lado contrario del que habíamos visto primero nos encontramos con un nuevo cuadrángulo detrás, por lo que una sorpresa llevaba a la otra; ya en aquél momento sabíamos que estábamos en un sitio extraordinario que debía sin duda colocarse entre los favoritos de todo el viaje.

Examinamos de nuevo éste segundo cuadrángulo e incluso en una de sus construcciones pudimos ver un muro que conservaba una sección decorada con columnillas típicas del estilo del Puuc. Ahí pudimos ver por qué Nohpat era un paso obligado por el camino que llevaba antiguamente desde Uxmal hasta Kabah, las dos ciudades más grandes de la región.
Habitación parcialmente enterrada

En uno de los costados del segundo cuadrángulo pudimos ver que incluso existía una construcción de tres o cuatro niveles cubiertos de cuartos, algunos de ellos parcialmente enterrados pero con su techo prácticamente completo. Éste gran palacio no lo habíamos encontrado en referencias ni en los videos de Eduardo, lo cual fue la mayor sorpresa que Nohpat nos había deparado; encontrábamos una habitación tras otra, muros completos, fragmentos de decoraciones, dinteles y entradas en su lugar, fragmentos de muros con su recubrimiento externo de piedras bien labradas y lisas, algunas paredes con gran altura se alzaban junto al talud de la gran construcción y nosotros no cabíamos de la emoción e íbamos de un rincón a otro examinando lo que encontrábamos.
Paredes en la parte superior del palacio

Finalmente nos encontramos con el edificio grande que habíamos visto en un principio y subimos hasta su cima, encontrándonos con un enorme muro que tenía una altura considerable, ahí arriba había restos de habitaciones que tenían bóvedas mayas también sumamente altas y delgadas, ésto si lo reconocí por los vídeos y subimos hasta lo que fue el techo del templo superior, desde donde no teníamos una vista muy amplia debido a la espesura de la selva sobre aquel lugar.

Estuvimos ahí un rato sin poder creer todo lo que habíamos visto en el sitio, ya no habíamos visto nada más en los alrededores así que decidimos regresar desde ahí siguiendo el mismo camino por el que habíamos llegado.
Gran Montículo

A la fecha en la que escribo éste diario de viaje, Nohpat es el último sitio maya nuevo que he visitado, y será difícil que alguno en el futuro lo supere en sorpresas, sin embargo jamás se sabe del todo lo que se encontrará en éste tipo de lugares que permanecen olvidados y enterrados entre la selva. 

Sin embargo éste no fué el último lugar que visitamos, todavía recorrimos algunos sitios ya conocidos por mí aquel día, y eso lo narraré en el capítulo final de éste relato la próxima semana.


lunes, 23 de octubre de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 26. Tohcok y problemas en Yaxché-Xlabpak

Tohcok
El último día que estuve en territorio campechano con Wilberth comenzamos el recorrido muy temprano, recorriendo unos pocos kilómetros hacia las afueras de Hopelchén, donde justo junto a la carretera se encuentra el sitio maya de Tohcok, el cual fue partido al construir el camino y aunque el área visitable es bastante reducida, es un lugar mucho más grande pues en los alrededores hay varios montículos sin explorar que se encuentran en terrenos privados, por lo que no son visitables, además de estar rodeados de vallas de alambre de púas y muchos cactus espinosos.
Estructura 1 de Tohcok

La zona excavada y acondicionada para su visita incluye tan solo 2 edificios, uno es perpendicular a la carretera y tenía cuartos con pórtico de columnas redondas con capiteles, la escalinata era volada aunque la parte que quedaba sobre un arco maya está colapsada, al frente sobresalía una plataforma pequeña que llevaba al inicio de las escaleras que llevaban a la planta alta aunque igualmente se encuentra muy arruinada. Frente a ésta estructura se encuentra una plaza que quizá estuvo rodeada por construcciones en sus cuatro lados, aunque el que se encuentra frente al primero es un montículo sin excavar y el que estaba a su izquierda probablemente haya sido arrazado por la construcción de la carretera pues no queda rastro alguno de su presencia.
Estructura 2 de Tohcok

En el lado restante y frente a la carretera está la estructura 2, que al parecer era muy parecida a la primera; aunque sus habitaciones en su mayoría están mas destruidas conserva algunas secciones de techo en forma de arco maya. Pero éste es uno particular pues en lugar de terminar en una serie de piedras planas que truncan el pico superior como sucede comunmente, aquí los taludes de los lados se tocaban en lo más alto formando un triángulo agudo. La plataforma al frente de la escalinata en éste caso está mucho mejor conservada y tiene en su centro una piedra cilíndrica que sobresale, además en todos sus lados estaba ricamente decorada con figuras geométricas y mascarones de Chaac en sus esquinas, también se pueden observar decoraciones de éste tipo a los lados de la escalinata central.
Decoraciones en la estructura 2

Una vez que terminé de observar las dos estructuras, fui a la parte trasera de la segunda y pude ver un gran campo de cultivo que se extiende en aquella parte, al centro está una muestra de que el sitio contenía muchos más edificios, pues cubierto por una serie de árboles se puede alcanzar a ver al menos una habitación en pie y parte de los muros de otra construcción prehispánica, sin embargo me fue imposible pasar hacia allá por el alambre de púas y los muchos cactus con grandes espinas que rodean el terreno.

Salimos de Tohcok y tomamos el auto de nuevo, ésta vez intentaríamos llegar a un edificio que me fue imposible de alcanzar en un viaje anterior por su ubicación completamente llena de maleza.
Tohcok desde la carretera

Yaxché-Xlabpak está junto a otra carretera aunque se encuentra cerrado al público y tiene una buena cantidad de edificios en pie, sin embargo yo sólo he podido visitar uno de ellos y ver desde su base a otro, el principal se encuentra sobre un cerro mas o menos alto y tiene tanta maleza en la pendiente que antes me fue imposible escalar por ahí. 

Ésta vez confiabamos en que los machetes nos permitirían llegar, pero no contamos conque la época del año había hecho que el paisaje se viera distinto, así nos equivocamos de brecha para entrar con el auto y eso firmó nuestra derrota, pues a pesar de tener el cerro frente a nosotros fue imposible encontrar el sendero de subida.
Estructura de Tohcok en un campo privado

Empezamos caminando hasta un pequeño campo de cultivo y al darnos cuenta de que habíamos entrado un poco más al norte de donde debíamos, comenzamos a cortar camino en la maleza rumbo al sur y bordeando el cerro; avanzabamos lento pero constantemente, cruzamos algunas vallas de alambre de púas y creímos que nos acercábamos a un gran campo cultivado que estaba justo a los pies del sendero pero por más que avanzamos no vimos ni rastro de espacio abierto. Por último intentamos ascender al cerro desde ahí pero era sumamente difícil por lo que decidimos mejor regresar al auto, sin embargo nos encontramos en una situación complicada, lo más cerca que he estado de perderme pues al volver sobre nuestros pasos de pronto notamos que era imposible encontrar las huellas de nuestro paso y seguirlas.
Estructura 1 de Tohcok

Tenía que confiar entonces en la posición del sol, el cerro como referencia y mi brújula, si equivocabamos el rumbo por poco no encontraríamos el pequeño campo de cultivo y seguiríamos de largo, lo que sería un gran problema pues a pesar de no estar muy lejos de la carretera, conseguir llegar hasta ella sin un camino nos llevaría demasiado tiempo pues hacia aquel lado se encontraba lo peor de la maleza y todo estaba lleno de espinas. Cuando el nerviosismo comenzaba a crecer en mí finalmente vimos la reducida milpa aunque estuvimos a poco de alejarnos suficiente para no poder distinguirla entre la hierba. Ya no quisimos arriesgarnos de nuevo en aquel lugar, así que decidimos ir hasta territorio yucateco a un sitio que se me había escapado antes pero que tenía ubicado con toda certeza, no teníamos muchas expectativas sobre él pero resultó siendo uno de los más extraordinarios del viaje...

martes, 17 de octubre de 2017

Viaje a Yucatán y Campeche pt. 25. Tabasqueño y el intento de visitar Dzibiltún

Palacio de Tabasqueño
Después de visitar Hochob, por primera vez en todo el viaje paramos a comer durante el día, la lluvia se desató por algunos minutos y nos dirigimos hacia Dzibalchén, donde compramos un pollo rostizado que nos llevamos hasta nuestro siguiente destino que era Tabasqueño, sitio cuyo nombre le fue dado pues los terrenos donde se encuentra pertenecieron a un oriundo de aquél estado.

No tardamos mucho en llegar, aún algunas gotas caían cuando recorrimos los últimos metros de una terracería en terrible estado y estacionamos el auto en la entrada del sitio. Bajamos y utilizamos la cajuela como mesa mientras veíamos que las nubes se adelgazaban y poco a poco iba mejorando el clima. Yo ya estaba impaciente por subir a la pequeña loma que soporta el sitio pero fue bueno llevarme algo a la boca en una hora decente y no esperar hasta el anochecer para hacerlo.
Palacio de Tabasqueño

El sitio de Tabasqueño es muy pequeño y el área visitable lo es aún más, sin embargo es, al igual que Hochob, uno de los ejemplos más refinados de arquitectura de los chenes. Tanto así que aunque su edificio principal colapsó por el paso del huracán Gilberto en 1988, mediante los datos arqueológicos y fotografías existentes se restauró por completo a su estado anterior.

Para entrar al sitio subimos un corto trecho por la continuación de la terracería horrenda por donde llegamos y nos encontramos en una plaza grande que tenía montículos bajos en sus lados; la humedad era muy intensa pues la lluvia acababa de parar, ésto afectó mis fotografías pues se formó vapor dentro de mi lente angular, debido a ello en las imágenes parecería que había algo de niebla, pero al cambiar de lente la claridad aumentó significativamente.
Estructura superior del palacio

Al fondo de la plaza se veía un magnífico edificio que consta de una hilera de habitaciones en cuyo centro se alza un basamento con 4 o 5 metros de altura mostrando una ancha escalinata que llega hasta una habitación cuyo frente tiene un mascarón zoomorfo que conserva todos sus detalles, se pueden ver claramente sus fauces abiertas, su nariz puntiaguda, ojos en forma de espiral abriendo hacia afuera, dos grandes dientes de roedor sobre el dintel de la puerta, cascadas de mascarones del dios de la lluvia Chaac, dos serpientes de perfil que miran hacia el centro con las fauces igualmente abiertas y una serie de adornos geométricos que enmarcan todo el conjunto. Sobre el techo se ve parte de una alta crestería que aún se alza mostrando que era calada, dando un gran realce a todo el conjunto a pesar de estar incompleta.
Estructura 3 y torre

No subí de inmediato a la cima del palacio sino que le dí la vuelta para verlo por atrás, ahí hay otra escalinata para ascender pero no acceso a las habitaciones de la planta baja, así que seguí caminando alejándome un poco para llegar a la estructura 3, es un basamento piramidal con 4 cuerpos que muestra las paredes de su templo superior y su escalinata frontal, a su lado derecho hay una rampa que sube a una plataforma más baja y sobre ésta se ve una estructura muy particular pues solo se conocen 4 lugares mayas donde se encuentra una como ésta. Se le llama torre-emblema y además de en Tabasqueño, se pueden encontrar ejemplos en Chanchén, Nocuchich y Puerto Rico, todos en el estado de campeche y los primeros tres en territorio de los chenes, mientras que el último está ya en la zona de Río Bec.
Torre emblema

La de Tabasqueño es quizá la más sencilla de las cuatro y tiene poco más de 4 m de altura, forma cuadrangular y una especie de remate que sobresale un poco en cada lado que la corona en su parte superior, también se aprecian algunas piedras salientes que parecen bases para esculturas.

Entré a un sendero detrás de éstas estructuras y después de unos metros por la selva encontré más montículos que forman parte del grupo sur del sitio, que se encuentra sin excavar.

Regresé al grupo central y ahora sí subí al templo del palacio, de cerca el mascarón zoomorfo se veía aún más impresionante a pesar de ser más pequeño que la mayoría de los que había visto en otros lugares con el mismo tipo de ornamentación.
Lado trasero de la estructura 3

Una vez que terminamos en Tabasqueño, aún nos quedaba tiempo para intentar llegar a un sitio llamado Dzibiltún, el cual no está abierto al público. Salimos en el auto y cruzamos varias terracerías que parecían en buen estado siguiendo un croquis que yo tenía, sin embargo comencé a dudar de que nuestra dirección fuera correcta debido a la existencia de varios caminos paralelos que terminaban alejándose del sitio, cosa que se confirmó al ver en mi brújula que nos estábamos apartando. No pudimos regresar muy rápido por el lodo que la lluvia dejó pero tuvimos que comenzar de nuevo tomando otro camino paralelo; sin embargo tuvimos la mala fortuna de que luego de unos cuantos metros la terracería se ponía imposible, estuvimos a punto de atorar el auto y la distancia era muy grande para intentar caminarla a esas horas así que no nos quedó otra opción que desistir. Al final regresamos a Hopelchén un poco más temprano que lo previsto y así terminó el penúltimo día que viajé con Wilberth en Campeche, pero el último sería mucho más nutrido...