jueves, 22 de junio de 2023

Trekking a El Mirador. Parte 3: Primeros 20 km de caminata. De Carmelita a El Tintal

Por la mañana, antes de las 5, mi enojo se había esfumado por la emoción de iniciar por fin el tan esperado trekking a El Mirador. Hacía 11 años que me había enterado de su existencia y 23 desde que vi por primera vez un dibujo de aquel sitio del Preclásico, mientras me preguntaba en dónde podría encontrarse algo así. Jorge, en cambio, seguía molesto, pero esas sensaciones se fueron diluyendo después de cruzar a Flores en lancha, atravesamos la isla caminando con nuestras mochilas y nos encontramos frente al puente de entrada con Eduardo, que ya nos esperaba junto a la camioneta que nos llevaría a Carmelita, el último poblado al norte y donde se comienza la caminata.

Al poco tiempo estábamos todos en camino, recorriendo un largo trayecto por terracería y pasando un par de controles donde había que registrarse. Finalmente, llegamos hasta Carmelita, dejamos el equipaje que cargarían las mulas y pasamos a desayunar. Una vez terminada la comida, alistamos nuestra agua para el camino y nos reunimos en el centro de visitantes. Dos guatemaltecos se unieron a nuestro grupo porque no habían alcanzado al suyo, estuvieron con nosotros un par de días y luego se integraron con sus compañeros.

Conocimos a nuestros guías Antonio y Ronald, a nuestro arriero Fabián y a las cocineras que nos acompañaron en todo el trekking. Finalmente comenzamos a caminar pasando las 10:30 de la mañana.

El camino se internaba entre los árboles casi de inmediato, por lo que no tuvimos que estar expuestos al sol directo en ningún momento. Eso era muy bueno porque el calor estaba cerca de los 40°C. Este primer tramo puede ser recorrido con vehículos y esto lo aprovechan para llevar suministros al campamento de Tintal, el cual es el mejor equipado de todos los que visitamos durante el trekking; sin embargo, la desventaja es que el suelo que pisábamos estaba tremendamente disparejo y lleno de surcos de llantas que se habían hecho sobre lodo luego de alguna lluvia, y que ahora estaban duros y teníamos que pasarlos haciendo equilibrio.

Después de caminar unos 13 km, nos encontramos con un área abierta entre los árboles, ahí habían colocado sillones de madera para descansar, una adición muy reciente y que gran parte de nuestro grupo aprovechó. Yo preferí sentarme sobre un tronco partido, quería tener las menores comodidades posibles, estando en la selva en esta caminata tan larga. Ahí nos dieron algunos sándwiches que tenían un excelente sabor; aunque, para mi gusto, entre el desayuno y este aperitivo, había comido demasiado y me sentía un poco pesado.

Luego del descanso, reanudamos la marcha y comenzamos a encontrarnos con cada vez más montículos, todos llenos de trincheras de saqueo, algo que vimos en todas y cada una de las estructuras que encontramos, sin ninguna excepción.

Pasando los 18 km comencé a adelantarme al grupo, intentando llegar un poco antes para grabar mis clips de vídeo sin gente, sin embargo ahí hubo algunas bifurcaciones del camino, por lo que tenía que esperar al guía para saber por dónde seguir.

En la entrada al sitio nos reunimos todos, esperando a los más rezagados. Después volví a adelantarme, alcanzando a grabar solamente el gran juego de pelota del sitio, uno de los más grandes del área maya. Caminamos un poco por el área central, rodeada por un foso que alguna vez tuvo agua, algo muy parecido a Becán, aunque El Tintal es más antiguo, ya que data del Preclásico.

Salimos por otro camino y llegamos al campamento, ahí nos acomodamos en nuestras tiendas y luego regresamos un poco hacia el sitio para subir a la estructura Henequén, donde observaríamos el atardecer. El nombre de Tintal se debe a que en el área se encontraba una gran cantidad de árboles de palo de tinte, no hay estructuras con arquitectura visible, solamente montículos, algunos de gran tamaño.

Mientras subíamos, me quedé atrás para tomar una foto. Frente a mí pasó Eduardo y luego Mónica. Cuando iba ya detrás de ellos, Eduardo perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, comenzando a rodar sobre su espalda y llevándose consigo a Mónica. De alguna manera que no alcanzo a comprender, di un salto al frente y quedé casi tendido en el talud de la estructura, con los brazos alcancé a detener a ambos, por lo que la caída no continuó y solamente quedamos con algunos golpes. Fue un accidente peligroso, ya que había estacas en los escalones de madera para ascender y una piedra de buen tamaño me golpeó en una pierna, aunque no sentí el impacto.

Ya arriba se nos pasó el susto y miramos el primer atardecer del trekking, aunque no había nube alguna y únicamente en el horizonte se observaba una capa de humo, producto de la temporada de quema de los campos de cultivo, lo que hacía que no fuera un crepúsculo muy espectacular. Permanecimos algún rato más y tomé unas cuantas fotos de las estrellas, aunque no resultaron muy vistosas.

Finalmente regresamos al campamento, tomamos la cena, que tuvo un excelente sazón y nos retiramos a dormir ya tarde, después de estar conversando un buen rato.



viernes, 16 de junio de 2023

Trekking al Mirador. Parte 2: Nakum

El 1 de abril me desperté temprano para salir junto con Adriana, William padre e hijo, Thomas, Leonardo y Juan hacia el Parque Nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo. William hijo había comprado una nueva camioneta 4x4 y la usaríamos para llegar hasta Nakum, 14 km de terracería más adelante de Yaxhá.

Amanecer en Flores
Paramos a desayunar pasando Ixlú, aunque yo no comí nada, acostumbrado a desayunar poco y más tarde, prefería no sentirme pesado. Llegamos a la entrada del Parque Nacional un rato después de que había abierto, entramos en el centro de visitantes para pagar la entrada y registrarnos. Yo pregunté a uno de los guías del lugar sobre la entrada a Nakum y nos dijo que si teníamos cuidado seguramente podríamos llegar hasta ahí; así es que emprendimos el recorrido por nuestra cuenta.

El camino estaba bastante dañado, más tarde nos enteramos que fue por culpa de vehículos de rally que habían pasado poco antes. En muchas secciones la llanta de refacción, bajo la parte trasera de la camioneta, rozaba con el piso; sin embargo todo se encontraba seco, por lo que nunca hubo peligro de quedar atascados, aún así la marcha fue muy lenta, ya que William manejaba con mucha precaución.

Estructura E

Una vez que llegamos, nos registramos con los custodios y comenzamos el recorrido por el impresionante sitio de Nakum, comenzando por la plaza central, donde nos encontramos con un juego de pelota y la estructura C, un templo al estilo de los de Tikal, aunque solamente su parte superior muestra arquitectura parcialmente en pie, el basamento está convertido en un montículo, frente a ella se encuentra una estela con grandes glifos muy geométricos.

A partir de ahí nos separamos, yo subí por la estructura D, un palacio muy alargado que da entrada a la Acrópolis Sur del sitio. Este conjunto es impresionante: sobre una plataforma se encuentran 10 patios rodeados de edificios. En el primero, al lado oeste, se encuentra la bella Estructura E, una de las más vistosas del sitio, con su base, que tenía cuartos ya derrumbados, y un templo superior en forma de "C". Al fondo, en el sur del mismo patio está la Estructura G y detrás de la misma se encuentra la imponente Estructura Y, la que alcanza la mayor altura y en su explanada superior conserva restos de un palacio y otro basamento con cuartos que aún muestran grafitis prehispánicos.

Estructura G

Ahí arriba me encontré a casi todos mis compañeros y a Adriana, con quien realicé el resto del recorrido. Bajamos por el oeste y pudimos apreciar desde arriba la Estructura N, una de las más restauradas del lugar. Una vez ahí nos encontramos con un complejo edificio con varios cuartos, algunos restos de un friso del que solo quedan los colmillos de un par de serpientes, y dos detalles inusuales: un cuarto pequeño con una gran ventana circular y unas bóvedas de cañón internas. Entre las estructuras mayas, este tipo de bóveda no fue utilizado, exceptuando algunos pocos ejemplos en Nakum, Calakmul y La Muñeca, todos en el Petén.

Rodeamos la Estructura Y por su parte trasera y pasamos por los patios 5, 7, 9 y 10, en el noveno nos encontramos con los restos de varios edificios parcialmente restaurados, entre ellos un baño de vapor. Por el camino nos encontramos con los Williams y con Thomas, quienes nos dijeron que había un camino por detrás de la Acrópolis y que llevaba a otro edificio muy grande.

Estructura N
Bajamos entonces por el lado sur (trasero) y caminamos por un gran sendero muy bien marcado. Evitamos algunos caminos por las laderas porque no queríamos lastimarnos en alguna caída o resbalón. Al día siguiente comenzaríamos con la gran caminata a El Mirador.

Nos encontramos con un enorme edificio que me pareció sumamente similar al Templo III de Tikal, incluso con una estela al frente, un basamento muy vertical completamente cubierto y restos de templo superior. Esta es la Estructura U, al lado oriente del grupo sur de Nakum. Más al norte llegamos a la Estructura V, también cubierta en su parte baja, aunque queda gran parte del templo superior con su interior recubierto de estuco prístino.

Terminamos regresando a la plaza principal, la primera que encontramos, por el lado contrario al inicio. Ahí subí finalmente a la Estructura A, con un basamento alargado y un templo superior que tiene una gran crestería con algunos ornamentos visibles, una habitación en pie sumamente delgada y un par de bóvedas de cañón muy anchas que fueron rellenadas por los arqueólogos para que no colapsen. Un conjunto muy inusual.

Baño de vapor

Para terminar, me dirigí rápidamente al Grupo Norte, aunque ahí solamente me encontré con una gran plaza rodeada de montículos, algunos fragmentos de estela y un templo superior parcialmente descubierto.

El regreso hacia Yaxhá fue más rápido que la ida, ya William tenía mucha más confianza para pasar los vados. Hicimos un recorrido completo a Yaxhá, el cual es mi sitio favorito y era la tercera vez que recorría. Terminamos en la cima de la Estructura 216, mirando el atardecer, y salimos de ahí ya a oscuras. Habíamos encontrado en un momento a todo el resto del grupo, excepto Erik (quien visitó El Chal) y Carlos (quien llegó por la noche a nuestro hotel). Al final solo Jorge, Nath y Rosa se quedaron con nosotros, Adriana y yo regresamos con ellos, mientras que los Williams, Thomas y Juan regresaron en la camioneta.

Estructura A

Llegamos a nuestro hotel y cenamos muy cerca, sin cruzar a la isla de Flores. En la noche hubo muchos problemas, primero por conseguir una lancha que nos llevara a la isla y caminar lo menos posible hasta el punto de reunión para el día siguiente; y después porque Jorge no tenía donde dejar su auto. Después de mucho discutir decidió dejarlo junto a nuestro hotel, donde había cámaras de vigilancia, pero ya para entonces me había llevado un gran enojo.

 




miércoles, 14 de junio de 2023

La expedición más esperada: trekking al Mirador. Parte 1: De la Ciudad de México a Flores

Después de más de una década de desear visitar el ya legendario sitio maya de El Mirador y habiendo pasado contratiempos que pospusieron el viaje indefinidamente, incluso después de atravesar una pandemia mundial, finalmente llegó el 30 de marzo de 2023, día elegido para comenzar el viaje que me llevaría de regreso a la selva del Petén, en Guatemala.

Fue un día sumamente largo, tenía ya todo listo para mi partida pero primero me tocó trabajar. El cumpleaños de mi jefa, la Dra. Lourdes se acercaba y ya no la veríamos pronto, así que Romina (mi compañera y amiga) y yo decidimos que le compraríamos un pequeño pastel, siendo yo el designado para pasar a comprarlo antes de llegar. Después de mi parada en el centro comercial, acudí al cubículo donde he pasado ya casi dos años haciendo trabajo arqueológico de gabinete, mi primer empleo formal en el área. Me encontré con la novedad de que, tanto la Dra. como Romina, estaban en la clase que mi jefa imparte los jueves; no quise interrumpir, así que me quedé solo preparando la bibliografía para un artículo que tenemos en preparación.

A medio día Romina salió casi corriendo, ya que tenía un compromiso. Antes de irse pasó a despedirse de mí y a desearme un buen viaje, ella sabía bien cuánto había esperado ese día; más tarde nuestra jefa también salió y le entregué el pastel que compramos poco antes de que también se retirara. Fueron dos alegres despedidas para unas vacaciones de dos semanas, con muchos buenos deseos y abrazos cálidos. No puedo comenzar mi relato sin mencionar que este, mi primer trabajo como arqueólogo, es para mí como vivir en un sueño. Aunque es bastante humilde, alcanzó para que realizara mi viaje: yo nunca había sido feliz con ningún empleo, ahora lo soy y me siento sumamente orgulloso de compartir mi tiempo y aprender de dos personas a quienes quiero y admiro profundamente, y que trabajan tan apasionadamente como yo.

Pero ahí no termina el ensueño en el que vivo todos los días. Yo no me marché de inmediato; Perla, quien me invitó a trabajar en este lugar en primera instancia, y con quien doy algunas clases en la universidad como profesor adjunto, también saldría de viaje, así que me invitó a comer junto con las tesistas de posgrado. Después de un rato de espera, fuimos a un pequeño restaurante de mariscos y brindamos con cerveza. La plática fue muy agradable, nuevamente me sentí muy afortunado de estar ahí... a ambos nos desearon feliz viaje y luego tuve que marcharme con algo de prisa para ir a mi casa por mi equipaje. Además de mi trabajo, convivo con muchas personas interesantes con quienes tengo un trato muy amigable. Si bien la academia es un lugar donde la gente suele destrozarse entre sí, yo no estoy inmerso en ello y he venido a caer en un lugar muy agradable para mí.

Llegué a mi casa algo apresurado, apenas tuve tiempo para acomodar los últimos detalles, revisar las reservaciones de hotel y despedirme de mi papá. Dejé un tremendo desorden en mi cuarto, el cual no volvería a ver en 11 días.

No quise gastar en taxi, tendría que ahorrar todo lo posible para más tarde, así que anduve en camión para ir a encontrarme con mi amigo Jorge, quien manejaría todo el camino hasta Flores, el punto de encuentro con todo el grupo que realizaría el trekking. Esperé un poco a que saliera de su trabajo y de ahí nos dirigimos en su auto hasta su casa, donde ya nos esperaba Nath, su novia, que también iría con nosotros al viaje.

Estuvimos viendo un rato la televisión, pero había que dormir algunas horas, por lo que nos fuimos a acostar temprano, habiéndonos enterado de que Ernesto, otro de los participantes del viaje, había salido ya en autobús rumbo a Villahermosa. Yo ansiaba darle alcance, aunque teníamos que esperar aún algunas horas.

Poco después de las 2 de la mañana, Adriana, la cuarta de las participantes del viaje que viajaría en el auto de Jorge con nosotros, nos mandó mensaje diciendo que ya estaba por llegar donde nos encontrábamos. Edson, su novio y compañero nuestro en viejos proyectos, la había llevado en carro; conversamos un poco y acomodamos todo para salir a comenzar el viaje. Nos despedimos de Edson y tomamos rumbo primero hacia Tlalpan, había que pasar a recoger a Rosa, la última ocupante del auto para completar las 5 plazas. Ella es amiga de Jorge; Adriana y yo no la conocíamos hasta entonces, y había sido la última de todo el grupo del trekking que se agregó al viaje, apenas un par de días antes. Una afortunada adición, ya que disfrutó bastante el recorrido y fue una compañera agradable y entusiasta.

Finalmente tomábamos rumbo hacia Flores, en Guatemala. No podía creer que estuviera pasando por fin y pasé casi todo el tiempo mirando el paisaje y platicando. Siempre me gusta manejar, pero Jorge jamás soltaría el volante de su auto y aguantó muy bien todo el trayecto. Tomamos la salida a Puebla, atravesamos esa ciudad y seguimos hasta las Cumbres de Maltrata, las cuales estaban libres de neblina, lo que hizo bastante sencillo su cruce. Más tarde, en La Tinaja, tomamos la desviación hacia Coatzacoalcos y justo ahí nos alcanzó el amanecer. Ese tramo siempre me da sueño, así que, como buen pasajero, me quedé dormido por única ocasión en el trayecto. Desperté cerca de Acayucan y no volví a pegar los ojos, ahí Jorge llamó a Ernesto, quien nos dijo que estaba por llegar a Villahermosa, a pesar de tener muchas horas de ventaja estábamos por alcanzarlo.

Más adelante tomamos rumbo a también a Villahermosa, la cual evitamos mediante su libramiento; avanzamos hacia Catazajá y después dimos vuelta en la carretera hacia Tenosique. Nos encontramos con la faraónica obra del tren maya, de la cual no opinaré. Pasado el medio día entramos a la carretera hacia la frontera de El Ceibo, ya veíamos el objetivo mucho más cerca. Jorge y yo cantábamos a todo pulmón e incluso paramos un poco para que yo grabara el letrero de la última población del lado mexicano: Sueños de oro.

El cruce de la frontera fue un poco tardado porque había una fila de personas, pero sin mayor problema. Mientras los demás sellábamos nuestra salida en la aduana mexicana, Jorge se adelantó para arreglar el cruce del auto. Justo ahí nos encontramos con Ernesto y Valeria, quienes acababan de llegar y tomarían un colectivo hacia Flores, les habíamos dado alcance con más de 8 horas de desventaja. El transporte público es mucho más lento que Jorge manejando...


Cuando pasamos a sellar nuestra entrada a Guatemala ya todo el trámite del vehículo estaba terminado, así que volvimos a abordar para continuar a Flores. Este trayecto fue mucho más lento, a pesar de que la carretera estaba en mejores condiciones que en México, había topes (llamados túmulos ahí) sumamente altos que obligaban a disminuir mucho la velocidad. Ya era tarde cuando llegamos por fin a la capital del departamento de Petén, decidimos ir directamente a comer y nos adelantamos a todos los demás en el restaurante bar que era el punto de encuentro. Llegamos ahí justo al atardecer, por lo que pudimos grabar y fotografiar al sol poniéndose sobre el lago Petén Itzá.

Mientras comíamos, poco a poco fueron llegando los demás participantes del trekking, quienes ya habían llegado a Flores por la mañana y en días anteriores: Eduardo y Mónica, de Querétaro, Erik, de Nueva Zelanda, William padre e hijo y Thomas, de Mérida, Marcia, de Argentina, Juan, de Laredo y Leonardo, de la Ciudad de México. Ya entrada la noche, cuando estábamos por irnos (teníamos que rodear un brazo del lago en el auto para llegar a nuestro hotel), finalmente llegaron Ernesto y Valeria, luego de varias horas desde la frontera. Únicamente faltaba Carlos, de Chetumal, un viejo amigo que no había visto en algunos años, pero él llegaría al día siguiente por la tarde.

Después de un rato alcanzamos a los yucatecos, a Marcia y a Juan en el hotel, ya que estábamos hospedados en el mismo, y ellos cruzaron el lago en lancha para llegar ahí, un trayecto de 5 minutos, mientras que el rodeo en auto era de más de 20. Nuestra habitación tenía un problema con el baño, el cual se arregló al día siguiente, pero gracias a eso nos rebajaron a la mitad el precio de la primera noche. Antes de irme a dormir disfruté de una bella vista nocturna de Flores desde la orilla norte del lago. Por cuarta ocasión estaba ahí, y en el viaje más esperado desde que comencé a visitar sitios mayas en 2012.


domingo, 29 de marzo de 2020

Un mes en Campeche pt. 14. Hampolol, Dzitbalché, Nunkiní, Santa Cruz, Tankuché, El Remate y Pomuch

Entrada a El Remate
El jueves 25 de julio se llevó a cabo el segundo y penúltimo recorrido organizado dentro del curso de lengua maya (el último fue a Calakmul unos días después pero a ese yo no asistí), se trató de una serie de visitas a una serie de proyectos realizados por mujeres emprendedoras. 

Por la mañana fuimos a la universidad, llegamos unos minutos tarde pero no hubo problema. Salimos a nuestra primera parada en el cercano Hampolol, dónde ya había estado cuando fui a buscar el sitio de Cansacbé. En ésta ocasión llegamos a una casa donde se elabora una bebida muy parecida al café pero con granos de maíz tostado, ahí desayunamos dicha bebida y tamales.

De ahí nos dirigimos a Dzitbalché, donde nos hablaron sobre los cantares que se hallaron en dicho lugar y que son un documento colonial escrito en maya que narra hechos históricos y legendarios de la región, también pudimos ver algunos locales donde vendían ropa bordada típica.
El Remate

Seguimos hacia un poblado que visité en 2013 junto a mi amigo Julio, Nunkiní, el cual cuenta con un gran sitio arqueológico llamado Xkamayamul. En ésta ocasión únicamente llegamos al centro y nos mostraron como se elaboran varios productos de palma, pero principalmente los importantes petates "pop", antiguos símbolos de la realeza maya que tenían complicados diseños geométricos; un arte que casi se perdió al fallecer la única señora que los elaboraba, pero que fue recientemente recuperado de forma autodidacta por una de sus sobrinas.

De ahí seguimos hacia el parque nacional de los Petenes, primero en el casco de la vieja hacienda de Santa Cruz, donde se lleva a cabo la fabricación completa de los famosos sombreros de jipi japa (a diferencia del mundialmente conocido Bécal, donde ya no se encuentra la materia prima). Ahí pudimos entrar a ver una de las pequeñas cuevas artificiales cuyo ambiente hace que la palma sea óptimamente trabajada.
El Remate

El último proyecto que conocimos fue en Tankuché, donde se obtiene la miel de la abeja melipona y se usa para elaborar diversos productos como jabones y dulces. Esta miel es sumamente cara pero con una calidad muy superior a la normal.

Finalmente llegamos hasta El Remate, un ojo de agua cristalina cuyo fondo está cubierto de pequeñas piedras de un azul turquesa que le da una apariencia de ensueño; ahí estuvimos por un rato nadando a pesar de que la hora de cierre ya había pasado; sin embargo los encargados nos dejaron pasar.

Así emprendimos el regreso justo antes de que comenzara a llover, aún así todavía nos faltaba un último destino.
Tumba en Pomuch

Llegamos a Pomuch poco antes del atardecer, paramos en el centro y pasamos a comprar un pan llamado "de pichón", que nos habían recomendado y que pintaban como una maravilla. Se trata de un pan francés relleno de queso con un poco de picante; Fernando y yo compramos uno pero nos pareció bastante caro y su sabor muy parecido a una torta de queso de la Ciudad de México, por lo que a diferencia de otros platillos que pudimos probar en nuestra estancia, éste no nos encantó.

Para cerrar el día fuimos al cementerio a observar el ritual en el que se extraen los huesos de los difuntos para limpiarlos y luego volverlos a colocar en su nicho. Ésto me dejó una sensación de desengaño, la ceremonia siempre es difundida los días de muertos incluso en televisión internacional como una tradición que realiza todo el poblado, sin embargo nos dijeron que hay personas encargadas de llevarlo a cabo a las que se les paga y que realizan demostraciones para los turistas en cualquier época del año (junto con lo de Bécal me sentí timado). 

Regresamos ya algo tarde y a penas alcanzamos el camión para nuestro lugar de hospedaje. Ese día cerró el curso pero saldríamos de regreso hasta el martes siguiente, luego de 5 semanas en Campeche; aún faltaba la cereza del pastel que llegó el último domingo de la estancia.

lunes, 16 de marzo de 2020

Un mes en Campeche pt. 13. De vuelta a Edzná, playa y recorrido por museos

Gran Acrópolis de Edzná
El 20 de julio me levanté temprano, a pesar de tener un poco de cansancio en las piernas por la caminata del día anterior, salí a hacer otro largo trayecto a pie hasta el aeropuerto. Llegué casi una hora antes de que arribara el vuelo en el que venía Itzel, mi novia, a visitarme unos días (el que como de costumbre estaba retrasado). 

Cuando por fin llegó, salimos a tomar un camión al centro y luego nos dirigimos a dejar sus cosas en la casa donde me hospedaban; en un rato nos preparamos y fuimos a la terminal de autobuses de segunda, donde tomamos el transporte a Seibaplaya. 

Yo no suelo acudir nunca al mar, pero era una ocasión especial. Sabía que las mejores playas de Campeche se encontraban cerca de Ciudad del Carmen, en Isla Aguada o en Sabancuy, pero tomaría mucho tiempo llegar hasta ahí. Por ello que escogimos un punto más cercano que aunque tiene un litoral algo pedregoso, a unos metros de la línea de costa el suelo es de arena fina.
Escalinata jeroglífica en la pequeña acrópolis de Edzná

Ya en el poblado, tomamos un mototaxi a la playa, donde permanecimos algunas horas.

Ya de regreso fue el mismo camino pero al llegar al centro de Seibaplaya todo parecía estar desierto, por fortuna el conductor nos llevó a un lugar donde podíamos comer aunque no había baño y después tuvimos que pedir permiso en una cafetería que aún no terminaba de abrir para poder regresar con un poco más de calma. No encontramos ningún camión así que regresamos en una combi a Campeche y luego fuimos de nueva cuenta a donde me estaba hospedando para llevar las cosas de Itzel y algunas mías al hotel donde ella se quedaría entre el centro y la universidad, ahí me quedaría con ella y por unos días fue más fácil llegar a cualquier parte.

Al día siguiente me puse de acuerdo con Wilberth para visitar Edzná por la tarde, justo antes del cierre, cuando los turistas ya se hubieran ido casi en su totalidad. Salimos a desayunar al centro pero luego el tremendo calor que hizo aquel día nos obligó a quedarnos en el hotel hasta la hora de ir a tomar la combi al sitio.
Palacio de los 5 pisos

Tardamos mucho esperando pero pudimos subir al último transporte del día, cuando llegamos a Edzná, el custodio, visiblemente molesto, reclamó que el conductor nos hubiera llevado sin advertirnos que no encontraríamos transporte de regreso a esa hora, pero yo le dije que Wilberth estaba esperándonos (él es guía oficial en el sitio) y entonces se calmó y nos dijo que pasáramos.

Nuestro recorrido fue muy tranquilo y con un poco menos de calor que en el horario más habitual, nuevamente pasamos por casi todo el sitio abierto al público exceptuando el grupo de la vieja hechicera. 

La luz vespertina provocó que las escalinatas jeroglíficas resaltaran más y el cielo lucía igual o más hermoso que en la ocasión anterior pues estaba cubierto de nubes de distintas tonalidades. Al final del día, Wilberth nos llevó al centro de Campeche en su auto y conocimos a algunos de sus compañeros, así como a la directora del sitio.
Malecón de Campeche

Los siguientes días tuve el curso por la mañana y por la tarde visitamos el pequeño museo de la puerta de Tierra, cuyo tema son los piratas; igualmente fuimos al museo de arquitectura maya del baluarte de la soledad, al museo de la pirateria en plena plaza de armas y al museo de arqueología subacuática; comimos en el mercado y paseamos por el centro.

El último anochecer que pasamos juntos fuimos al malecón y estuvimos ahí observando el sol ocultarse en el horizonte, el viento era muy fuerte pero el mar estaba tranquilo como todos los días que lo vi durante mi estancia. La tarde siguiente dejamos el hotel y fuimos a mi hospedaje a esperar la hora para ir al aeropuerto; Fernando ya había regresado y se encontraba con Álvaro, así que estuvimos jugando UNO por un rato. Más tarde Itzel y yo nos fuimos en transporte público hasta la terminal aérea.
Con Itzel en el malecón

Cuando ella pasó a la sala de espera yo regresé a mi hospedaje, ya era algo tarde y estaba muy oscuro, temía tener que caminar pero tuve suerte de que al poco tiempo pasó un camión al centro y pude alcanzar también al que iba para la casa donde estábamos. 

Al siguiente día fue la última clase en la universidad, pero aún nos faltaba realizar un recorrido programado y teníamos algo especial para el final de nuestra estancia.

viernes, 13 de marzo de 2020

Un mes en Campeche pt. 12. Las Torres y Xanilá, Yucatán

Estructura oval de Las Torres
El viernes 19 de julio tuvimos día libre en el curso de lengua maya, también era mi cumpleaños así que quería pasarlo por primera vez visitando sitios mayas. Fue muy complicado hacer algún plan por no tener mucho presupuesto y porque ninguno de mis amigos estaba libre.

Me decidí por visitar Cd. Caucel y tratar de recorrer la mayor cantidad posible de sus parques ecoarqueológicos, los cuales conservan vestigios de uno o varios asentamientos que se encontraban en la zona, pero es difícil decir cuales eran sitios individuales o cuales no porque un enorme desarrollo habitacional ya ocupa casi toda la zona. Según los datos que pude reunir, al parecer los sitios principales de Cd. Caucel son Dzonot Xanilá, Xanilá y Anikabil, así que fueron esos los que decidí recorrer al no tener mejores opciones, cualquier otro sitio nuevo me sería casi imposible de visitar por la ausencia de transporte.
Estructuras habitacionales de Las Torres

Comencé por ir a la terminal de segunda y tomé un autobús a Mérida. No tenía ninguna prisa así que no importaba ir puebleando y tardar casi 5 horas, aunque decidí regresar en primera clase para poder quedarme hasta el final del día.

Llegando a Mérida me dirigí a la base de los camiones de Cd. Caucel, decidí bajarme cerca del sitio de Las Torres, el cual está a medio camino entre Xanilá y el sitio que se encuentra en el centro del viejo pueblo de Caucel; es difícil decir a cual de los dos pudo haber pertenecido Las Torres.

Yo ya había pasado por ahí junto con Eduardo y Julio pero habíamos visto únicamente lo que había en una glorieta, que supuestamente eran estructuras habitacionales pero únicamente eran hileras de piedras. Después nos dimos cuenta que a unas cuadras de ahí había edificios mucho más definidos y hacia ahí me dirigí.
Estructura redonda en Las Torres

Encontré varias plataformas redondas y una muy interesante que tenía una planta ovalada sobre lo que parecían una o dos subestructuras, revelando ser el punto más importante del sitio. Lo demás consistía únicamente en los cimientos de varios muros rectos que formaban habitaciones.

El plan original era dirigirme a Dzonot Xanilá, pero debía caminar más de 3 km de ida y regreso y el calor era tremendo. Por ello decidí caminar a Xanilá. 

Así llegué al segundo sitio, el cual es parte de una serie de pequeños asentamientos dispersos al oriente de Yucatán y que son muy antiguos (preclásico medio), éstos tienen en común la presencia de un juego de pelota abierto y una plataforma cuadrada en su lado norte. El de Xanilá es bastante largo aunque sus taludes son bajos, está parcialmente restaurado. También se aprecian algunos montículos pequeños.
Juego de pelota de Xanilá

Mi visita fue muy corta y luego decidí caminar hacia Anikabil, antes de eso me desvié un poco para llegar a Kalax, un parque muy cercano a Xanilá, por lo que debió formar parte del mismo sitio. Ahí no encontré más que un montículo medianamente grande y totalmente destruido, por lo que no tomé fotografías. 

Lo último de mi recorrido fue un largo zigzagueo en Anikabil, pero ahí no encontré más que unos cuantos montículos bajos que no mostraban ningún vestigio de arquitectura visible, por lo que ni siquiera lo agregué a mi lista de sitios visitados.

Así regresé al centro de Mérida no sin antes cruzar frente al casco de una antigua hacienda cerca de Anikabil. A penas llegué a tiempo para visitar a mi amigo Stephan Merk en su casa. Cuando llegué me puse a revisar mi celular para verificar la dirección y un par de policías en su patrulla comenzaron a interrogarme sobre el motivo de mi presencia, lo cual me molestó bastante ya que ni siquiera había hecho nada más que caminar hasta ahí; en ese mismo momento Stephan salió y me dejaron en paz.
Pequeños montículos en Anikabil

Pasamos una buena parte de la tarde platicando sobre sitios mayas en una extraña mezcla de español e inglés, y pude ver un poco del gran archivo de Stephan, quien es probablemente el mayor explorador de sitios mayas que ha existido, además de que cuenta con varias publicaciones, entre ellas dos volúmenes de su libro "The long silence".

Después de eso nos despedimos y fui al centro de Mérida a buscar libros, aunque no compré ninguno. De ahí caminé a la terminal de autobuses y regresé a Campeche, donde llegué cerca de la media noche; ya que no quería gastar mucho decidí cruzar casi toda la ciudad caminando, por lo que llegué de madrugada sin haber tenido ningún problema y con mi pierna lastimada ya totalmente repuesta. Fernando había salido también a Yucatán, así que me encontraba solo por el momento.

domingo, 8 de marzo de 2020

Un mes en Campeche Pt. 11. Hecelchakán, Dzotchén y Xkalumkín

Dintel de Xkalumkín
El jueves 18 de julio se llevó a cabo uno de los dos recorridos que estaban programados para el curso de lengua maya. Nos reunimos en la UACAM y subimos a uno de sus autobuses para dirigirnos a Hecelchakán; ahí pasamos a desayunar los famosos tacos de cochinita del centro y luego nos ofrecieron una visita guiada en el Museo de Arqueología Maya del Camino Real, el cual había visitado algún tiempo antes.

Antes de seguir el recorrido, algunos de nosotros pasamos al mercado, donde compré pitahayas, fruta que estaba en temporada y que prácticamente todas las semanas reabastecía debido a que nunca antes había estado en Campeche en la época en que abunda y me había encantado su sabor.

Subimos de nueva cuenta al autobús y hubo un pequeño percance en el que debido al poco espacio para salir y al retroceder un poco, el camión golpeó a un taxi y tuvimos que esperar un rato mientras el conductor llegaba a un arreglo para podernos retirar.
Palacio de los cilindros

La siguiente parada fue en el cercano pueblo de Dzotchén; ahí visitamos una primaria bilingüe donde hubo algunos juegos, recorrimos el casco de la exhacienda que se encuentra en el centro y nos ofrecieron una comida con tamales, incluso cosecharon una sandía que tenían en su huerto para compartirla con nosotros. Ahí tenía ganas de ir a visitar a Don Mariano, quien me había guiado junto con Julio al sitio de Chelemí y a algunas estructuras mayas dentro de Dzotchén pero no tuve tiempo.

Ya por la tarde subimos de nueva cuenta al autobús, aunque algunos de mis compañeros seguían en la primaria y parecían no querer irse, hasta que pasamos frente a la primaria y después de un rato pudimos seguir hacia Xkalumkín, un sitio maya que yo ya conocía pero que iba a aprovechar para sacar fotografías pues las que tenía del 2013 fueron tomadas con una cámara muy austera y la que llevaba ahora era mucho mejor.
Grupo de la serie inicial

Cuando llegamos pude ver que en la entrada habían colocado varios monumentos con grabados que no recordaba haber visto antes, entre ellos estelas, dinteles o jambas y columnas. Asimismo bajo un pequeño techo seguían las piezas procedentes del sitio cercano de Xcombec, que había visto junto con Julio en el 2013. 

Como suele ocurrir cuando hay mucha gente, y ya que mi rodilla estaba casi completamente restablecida, decidí adelantarme para tomar fotografías sin personas, aún así me sorprendió que me encontré con varias familias locales que estaban paseando por todo el sitio abierto al público y tuve que esperar varias veces para poder realizar las tomas que quería.

Primero llegué al palacio de los cilindros, el cual tiene una escalinata volada que lleva a su parte superior aunque no se observan restos de habitaciones en la planta alta, el friso está decorado con columnillas que le dan su nombre.
Edificio del cerrito

El siguiente conjunto fue una plaza rodeada por montículos destruidos, pero ahí pude ver los restos de una fachada entre el escombro. Un poco más allá llegué al grupo de la serie inicial, donde había un edificio que tenía glifos alrededor de su entrada principal, por desgracia ya no se encuentran ahí pero se pueden apreciar en el Museo de la Arquitectura Maya del Baluarte de la Soledad en Campeche, Campeche. 

Desde ahí me encontré con algunos compañeros que se habían adelantado también y seguimos el recorrido juntos. Pasamos por un cenote ya seco y finalmente llegamos al edificio del dintel, el cual solo conserva parte de la fachada. Desde ahí se ven grandes plataformas con restos de arquitectura en su parte alta, sin embargo se encuentran fuera del área abierta al público y la maleza hace que sea casi imposible acercarse; por otro lado se puede tener una idea de que el sitio es mucho más grande de lo que parece y estaba distribuido tanto en la planicie como en los cerros que la rodean.
Vista hacia el norte del sitio

Ya yendo de regreso a la entrada, Fernando y yo subimos al edificio que se encuentra sobre un pequeño cerro, el cual también tenía una escalinata volada que permitía subir a su parte alta, aunque al igual que el palacio de los cilindros no se observan cuartos ahí. Una vez arriba nos dimos cuenta de que la cima del pequeño cerrito seguía hacia la parte trasera del edificio y vimos algunos restos de paredes justo al borde de la elevación. Decidimos ir a ver a pesar de la maleza y la piedra suelta que cubría todo y dificultaba bastante caminar, cuando estábamos por llegar hasta los vestigios, nuestra compañera Zeltzin nos alcanzó en la cima y quiso pasar con nosotros; solo pudimos ver como una piedra, que ya se había rodado cuando yo pasé, se deslizó por completo y provocó que ella cayera dando incluso una rotación que hizo que pareciera desde donde estábamos que había caído de cabeza. Regresamos preocupados a ayudarle y vimos que se había raspado la rodilla, algo mucho más leve que lo que me imaginé al ver su caída pero aún así la sangre comenzó a escurrir por su pierna.

Luego de bajar nos dirigimos al autobús, donde casi nadie más se encontraba, Zeltzin se dirigió a limpiar su herida y por fortuna encontré entre mis cosas una pequeña botella de alcohol en gel que ayudó a que no se le infectara. A los pocos días su rodilla ya estaba mucho mejor. 

Regresamos a Campeche cuando ya había caído la noche, al día siguiente (viernes) no tendríamos curso, algo muy conveniente para mí pues sería el día de mi cumpleaños y quería pasarlo en algún sitio maya.